Thomas se aferraba a que el tiempo cambiaría a su hijo. Todo el mundo comete alguna rebeldía y se aferra a ella como capricho contra los adultos en la adolescencia y,sobre todo, su hijo tenía un carácter naturalmente desafiante. Era un buen niño, le había educado las cosas que a él le enseñaron como correctas, le transmitió su visión del mundo como a él habían hecho y por eso no comprendía que Craig lo quisiera cuestionar todo. Sólo quería hacer de él un buen hombre, responsable y capaz de proteger y proveer a una familia. Porque sólo existe un tipo de familia, un tipo de amor. No comprendía a su hijo negando algo tan claro como lo " natural"
Pero seguro sólo necesitaba un poco de tiempo para superar esa etapa. No podía estar realmente enamorado de ese chico loco y nervioso. No podía ser uno de ellos, y no era que estuviera mal, no tenían la culpa de no haber contado con una figura paterna fuerte, con un correctivo en el momento adecuado y haber crecido de esa manera. Pero Craig había sido educado correctamente y por eso no era posible que realmente tuviera esa clase de gustos. No era cuestión de gustos, era cuestión de tiempo. Así que le dio su espacio y procuró no darle motivos para que siguiera a la defensiva, usando esa vieja táctica de " haré creer a mi hijo que pienso que esto es cool para que renuncie a ello"
Pero después de la universidad todavía no había señal alguna de que su relación fuera a acabarse y comenzaba a preocuparse. El tiempo se iba acabando, si pasaba de los treinta soltero, estaba condenado. Porque aunque viviera con ese tal Tweek, no era una relación formal, sólo eran dos muchachitos confundidos. Un rayo de esperanza llegó con una llamada algo misteriosa pidiendo permiso para pasar una semana en casa.Los labios fruncidos de su esposa al contárselo, le hicieron saber que ella no solo estaba al tanto de aquello, sino que conocía una parte que él no, pero conociéndola, ni bajo tortura se lo diría. Cuando lo vio entrar solo no tardó en abrazarlo con una sonrisa falsamente comprensiva. Le dio su tiempo para que se instalara pero sí o sí esa noche saldrían al bar con los chicos. Porque su hijo ya era un hombre de veintiocho años y podía beber con su padre. Craig no protestó, con una actitud rozando en lo sumisa que le sorprendió pero le agradó. Todavía tenía un par de años para no caer en la maldición de los treinta.Quizá al calor del alcohol y las horas, después le propondría ir a algún lugar de alterne, sólo claro si juraba no contárselo a su madre. Pero el chico no salía de los monosílabos y los tragos como respuesta a sus preguntas. No estaba deprimido, estaba nervioso, si lo sabría él que lo había visto crecer. No quiso presionarlo, pero al darle una rápida mirada evaluativa cuando comenzó a arremangarse la camisa, notó una mancha de tinta en su antebrazo derecho. "Adhara"
-Es un nombre de mujer- exclamó, ganándose una mirada acorralada y un marcado sonrojo. Intentó volver a cubrirse, pero su padre le sujetó el brazo y exclamó con mayor orgullo-¡Es un nombre de mujer!-
-Sí- se soltó, esquivando la mirada- ya deben estarnos esperando con mamá- sus dedos comenzaron a temblar sobre la botella- ¿Quieres ir a conocerla?- preguntó tan bajito que Thomas apenas lo escuchó. Apenas le dio tiempo de respirar al tomarlo del brazo y jalarlo hacia la salida. Lo sabía, él sabía que sólo era cuestión de tiempo. Ah, la imaginaba. Hermosa, refinada. Una dama, sin duda, digna de llevar el apellido de esa familia. Digna de haber robado el corazón de Craig. Sin decirlo, notaba el brillo en los ojos de su hijo. Su nerviosismo aumentó cuando aparcaron - lo único que te pido es que no pierdas la cabeza ¿ Está bien? Son mi familia, papá-
Son. No es. Son. Sus ojos se abrieron más y un calor le volcó cada órgano en una fiesta. En cuatro años sin haberlos visitado podían haber cambiado tantas cosas. En esos cuatro años que apenas se habían hablado porque Thomas se negó ferreamente a aceptar que Tweek fuera a casa de su abuela en navidad. Abrió la puerta, entrando corriendo para detenerse confundido al ver a su esposa sentada en la sala, riendo con ese niño loco y nervioso que tantos dolores de cabeza le había dado. Volteó a todos lados, buscando, pero sólo estaban ellos dos. Craig entonces se adelantó a él, saludando a su madre, besando a Tweek y metiendo los dedos en el montón de mantas que tenía el rubio entre brazos y apenas había notado. Por primera vez en toda la noche, se atrevió a mirarlo, dando un paso delante de Tweek sin dejar de mirarlo fijamente a los ojos.
-Sé que nunca haz estado conforme con mis elecciones, papá, que eso nos ha ido distanciado con los años porque sigues esperando que cambie, pero esta es mi vida. Esta es mi familia y realmente no espero que lo aceptes. Me enseñaste a ser un hombre con ciertas costumbres y por eso es que quiero ser recto con esto, nada más- respiró profundamente- Tweek y yo nos casamos el año pasado.Ante la ley ya no puedes negar que somos pareja - ladeó su sonrisa ante la cara pálida de Thomas y la sonrisa orgullosa de su madre- y… este año adoptamos a Adhara- su tono se suavizó al pronunciar el nombre de su hija, volteando a mirar el montón de mantas. Para volver la vista a un congelado Thomas, esperando cualquier reacción.
Craig estaba un paso adelante, con el brazo ligeramente extendido ante Tweek y con la mirada bien fija en él. Protector. Thomas supo entonces que el único que necesitaba tiempo había sido él. Tiempo para comprender que Craig era un hombre capaz de proteger, de amar. No importaba si rompía sus creencias, Craig se había convertido en un hombre mejor del que pudo haber soñado.
¿Cuánto tiempo había perdido esperando que el tiempo hiciera algo imposible? Sus labios temblaron ligeramente, mirando con timidez el montoncito de mantas que comenzó a moverse.
-¿Puedo...puedo conocer a mi nieta?- su tono fue bajo, queriendo dejarle en claro a Craig que no era una amenaza. El pelinegro volteó a ver a Tweek. Con ese gesto calmado que le había dado la madurez, se incorporó, caminado hacia Thomas. Sonriéndole sin rencores, extendiendo los brazos. Thomas sujetó entre sus brazos la delicada carga. Removió una manta para descubrir el pequeño rostro apiñado, redondo. Los enormes ojos verdes de la niña lo notaron y comenzó a reír, estirando sus manitas.
-Es preciosa- estaba tan sobrecogido que no le importó que la voz se le quebrara cuando las manos de la niña se cerraron en su dedo, balbuceando algo ininteligible- Así es, yo soy tu abuelo, mucho gusto- agitó el dedo, ganándose otra risa de la pequeña- ¿ En serio ibas a negarme verla crecer?-
-El que me convenció de traerla fue Tweek- confesó con desgarbo, ganándose una mirada igual de reprobatoria de parte de Laura y Tweek. Thomas y Craig se miraron cómplices y comenzaron a reír.
Tenían mucho tiempo por recuperar.
