YOU FOUND ME
Falling
Mathew se removió en su cama, sin darse cuenta se había quedado dormido. Abrió los ojos y su habitación estaba obscura, veía borroso lo que indicaba que obviamente no traía sus lentes así que luchó contra la obscuridad y su miopía para encontrar sus lentes, habiéndolos hallado se los puso y miró las letras digitales rojas de su despertador, eran las tres de la mañana y en tres horas tenía que levantarse para ir a la escuela, aun algo amodorrado prendió la lámpara que estaba en su mesita de noche y cuando lo hizo pudo ver que su madre había usado el carísimo abrigo Versacce para cobijarlo.
-¿Cómo se le ocurre?- preguntó alterado Matt al ver el abrigo arrugado gracias a sus movimientos mientras dormía, quitó el abrigo y lo extendió tratando de salvarlo de un viaje a la tintorería pero no… definitivamente ese abrigo necesitaría una gran plancha de vapor para quitar las arrugas. Dando un suspiro de resignación colgó la prenda en la puerta de su armario, mañana antes de llegar a la escuela lo enviaría a la tintorería… ahora tardaría mas para ver a Francis de nuevo.
El chico se dio unas palmadas en las mejillas tras el último pensamiento ¡Llevaba un día de conocerlo! Además era sumamente raro estar pensando de esa forma en otro hombre aunque fuera uno muy interesante y raro eso no quitaba que siguiera siendo hombre… Matt ya tenía suficientes problemas siendo invisible como para además terminar siendo invisible y gay, no es que le viera algo de malo a los homosexuales era solo que su salud mental no podría lidiar con el dilema de que le gustaran las personas de su mismo sexo pero lo que más le frustraba es que a pesar de estar dando tantos argumentos aun se sentía defraudado por no poder ver a Francis pronto…
Tratando de no pensar más en cosas que ponían en duda su orientación sexual se quitó la ropa y se puso la pijama para dormir las pocas horas que aún le quedaban de descanso; pero sintiendo que no había descansado nada el sol hizo acto de presencia en lo que parecieron segundos.
-Matty- le llamó su madre desde el otro lado de la puerta sabiendo que su hijo tenía la mala costumbre de ignorar el despertador
-ya voy madre- contestó Matt que ya ni siquiera se empeñaba en fingir que estaba dormido así que saliendo de sus cobijas se revolvió el cabello bostezando, con la misma pereza se levantó para vestirse decidiendo que tal vez sus pantalones de mezclilla ya deberían ser lavados fue a su closet donde vio el abrigo colgado, un leve sonrojo le invadió la cara recordando sus pensamientos de la noche anterior pero intentando ignorarlo se vistió escuchando el típico "voy a llegar tarde" de su madre pensando que si eso seguía así pronto olvidaría el rostro de su mamá.
Siguiendo la rutina de todos los días tomó el abrigo, bajó a la cocina donde mordisqueó una manzana para después dejarla en la mesa y salir directo a la tintorería y luego a la escuela. En la tintorería casi le rogó al encargado que cuidaran ese abrigo como a su propia vida pues volvería por el al día siguiente así que el encargado solo asintió varias veces con la cabeza escuchando a Mathew decirle lo costosa que era la prenda.
El adolescente retomó su camino a la escuela en donde como todos los días nada interesante pasó, tal vez solo el hecho de que su profesor de Historia le había reñido al decirle que copiar y pegar un artículo de la Wikipedia no era hacer un ensayo lo cual empeoró cuando le entregó su ultimo examen parcial reprobado.
-Señor Williams si no le interesa la escuela no me haga perder mí tiempo ni el dinero de su madre ¿Acaso no tiene consideración de nadie?- había recitado su profesor como lo hacía con todos aquellos que tenían malas notas, Matt dio un lánguido suspiro viendo su patético examen ¿A quién diablos le importaba la Guerra de Sucesión Austriaca? El que Austria se hubiera peleado con quien-sabe-quien no le interesaba en lo absoluto pero aun así no podía darse el lujo de reprobar o se quedaría otro año, de por si en sus otras asignaturas llevaba un maravilloso promedio de 6 como para arriesgarse a no salir ¡Quería largarse de ese infierno que llamaba escuela! Solo irse lejos de ahí… para entrar a otra cárcel pero con otro nombre…
Tras un pésimo día de escuela agregado a su calendario el rubio fue a su casa para repetir el endemoniado ensayo, de todos modos hasta el día siguiente podría ver a Francis… ¿Por qué se sentía tan desilusionado? ¡Llevaba un día de conocerlo por el amor de Dios! Si seguía así iba a empezar a pensar que se había enamorado de otro hombre al que solo había visto una vez en su vida… aunque fue el primero en no verlo raro… ni con lástima, lo trató de manera normal, aun con todo y su complejo de suicida…
Sacudió su cabeza sacándose esas ideas alocadas y escalofriantes de la mente e intentó concentrarse en su libro de texto, justo en la unidad que hablaba acerca de la Guerra de Sucesión Austriaca… que… era endemoniadamente aburrida, tanto que en menos de media hora se quedó profundamente dormido.
Y si, otro día llego (las noches pasan en un parpadeo) Mathew se levantó anormalmente temprano y se visitó con su ropa limpia y planchada, no porque le entusiasmara verle la cara a sus maestros sino porque ese día vería a Francis, pasaría por el abrigo e iría a entregárselo así que quería ir lo más presentable posible dado que el francés le había dado la impresión de ser una persona que dedicaba mucho tiempo y esfuerzo a su aspecto físico así que quería por lo menos intentar parecer que el suyo aun le importaba.
Como todas las mañanas no pudo alcanzar a su madre quien se despidió antes de que el chico bajara sin embargo no le dio importancia y salió volando para recoger el bendito abrigo que estaba planchado y con un leve olor a detergente que no podía compararse con el aroma del agua de rosas que alguna vez había tenido impregnado. Matt sonrió teniendo el abrigo por fin en sus manos, tenía que aceptar que había estado nervioso de que le fueran a hacer algo a la prenda, ahora solo quedaba ir a la escuela y saliendo entregarlo… pero…
-no quiero ir al colegio- dijo Matt viendo el abrigo en sus manos recordando a Francis, lo que le hizo rememorar el día y las circunstancias en que lo conoció así que le surgió una extraña necesidad de verlo y cerciorarse de que la persona que literalmente le había salvado la vida era real y no solo una ilusión que había creado su desesperación… quería verlo y hablar con él otra vez aunque fuera solo para escuchar sus extrañas pero divertidas historias. El adolescente rebuscó entre las bolsas de su mochila la tarjeta que Francis le había dado con su número telefónico; la escuela se podía ir al carajo por un día al menos sabía que nadie se iba a preocupar por no verlo en clase por lo tanto, ligeramente nervioso marcó el número y sintiendo su corazón latir rápido escuchó como su teléfono comenzaba a dar línea.
El chico dibujaba círculos en la nieve del piso con la punta de su pie esperando que Francis contestara.
-bonjour qui est ce? (Hola ¿quién habla?)- preguntó la voz de Francis y Mathew dio un saltito al reconocerla, el acento del rubio se escuchaba mucho mejor cuando hablaba francés que ingles.
-Fra… ¿Francis? Soy Mathew ¿Te acuerdas de mí?- preguntó esperando que el galo no lo hubiera olvidado.
-oh le petit Mathew, que bueno que llamas estaba empezando a creer que no me hablarías de nuevo- se sinceró el hombre -¿A qué debo el placer de tu llamada?- preguntó con esa galantería que hasta se contagiaba por el teléfono
-pues… quisiera devolverte tu abrigo ¡si tienes tiempo, claro!- agregó el muchacho reprendiéndose a sí mismo, era obvio que Francis era una persona ocupada
-para ti tengo todo el tiempo del mundo, oh permíteme un momento- le pidió el galo a lo que el chico se quedó callado escuchando el alboroto que se oía desde el otro lado de la línea, parecían gritos y golpes, parecido a una pelea.
-disculpa, parece que estoy rodeado de simios- dijo el francés en voz anormalmente alta como si quisiera que alguien más lo escuchara –entonces ¿A qué hora sales de la escuela? Si quieres te veo ahí-
-hoy… hoy no tuve clases- dijo con una risita nerviosa, era pésimo mintiendo –yo puedo llevar el abrigo a tu casa- dijo hablando con algo de timidez pensando que aquello era demasiado atrevimiento
-mmmmmmmm, no llegaré a casa sino hasta muy tarde ¿Qué te parece si te doy la dirección del lugar en donde estoy y lo traes aquí, después te puedo invitar un café?- le propuso el francés
-¡claro!- exclamó Mathew poniéndose una mano en la boca, había sonado demasiado emocionado y al parecer Francis lo notó dado que escuchó una risita del francés que le dictó la dirección así que sin perder más tiempo Mathew se encaminó al lugar indicado.
Tardó por lo menos una hora en llegar al enorme edificio que más bien era un rascacielos, tragó saliva sintiéndose ligeramente intimidado por las personas que iban de traje y portafolio aun así se armó de valor para entrar y preguntar a la recepcionista por la sala en donde se estaba llevando a cabo la junta de las Naciones Unidas, la señorita le indicó en donde así que Matt fue hasta el elevador pulsando el botón del piso número quince.
-así que trabaja en las Naciones Unidas… sin duda Francis es una persona importante- dijo sintiéndose aun mas inferior de lo acostumbrado mientras escuchaba esa irritante música que solían poner en los ascensores que comenzaba a arrullarlo y se hubiera quedado dormido de pie si no fue porque en el sexto piso un niño de aproximadamente doce años se subió luciendo un traje de marinero y un semblante enfadado.
-Tontos, todos son unos tontos, excluyéndome de la junta- escuchaba que el niño con acento británico decía entre dientes ¿Acaso ese niño no era muy pequeño para estar ahí? Tal vez era el hijo de alguien.
Por fin llegaron al piso quince en donde ambos bajaron del ascensor, el niño a su lado parecía dispuesto a ir directo por el pasillo pero dio la impresión de asustarse cuando vio a alguien así que huyó en la dirección contraria, Matt lo miró escabullirse sin fijarse por donde caminaba así que chocó con alguien.
-disculpe- dijo el adolescente encontrándose con una persona tan solo milímetros más alta que él, de ojos azules, cabello rubio y lentes que bien podría ser su hermano gemelo perdido. La persona frente a él no dijo nada solo lo miraba con una extraña expresión estupefacta mientras una sonrisa gigantesca se dibujaba en sus labios.
-¡Iggy!- gritó la persona frente a él -¡Iggy ven aquí rápido!- seguía diciendo asustando un poco a Matt
-¿qué diablos quieres? No hagas tanto escándalo- le regaño otro hombre también rubio de ojos verdes y pobladas cejas que al igual que el niño del elevador, tenía acento británico.
-¡Mira! Este chico es idéntico a mi- dijo la persona rara pasando un brazo por el hombro de Mathew acercándolo a él intimidando al joven que no supo qué hacer o decir, en realidad no estaba acostumbrado a provocar esa clase de reacciones en la gente. El hombre de los ojos esmeralda parecía algo molesto, semblante que cambió cuando vio la semejanza entre aquellos dos.
-Wow, es verdad, son idénticos… casi me recuerda a Canadá…- dijo el ojiverde mirando más de cerca al chico que se descolocó un poco por el ultimo comentario ¿Canadá?
-Iggy, ¿puedo llevarlo conmigo? ¿Puedo?- dijo en tono suplicante el otro rubio de ojos azules como si fuera un niño pequeño aun sin soltar a Matt que de verdad comenzaba a asustarse
-no hables de la gente como si fueran perros callejeros ¿Y porque me pides permiso?- le regañó el británico poniéndose las manos en la cintura
-perdón… estoy buscando a alguien- interrumpió Mathew con voz apenas audible aun siendo presa del abrazo del otro tipo que lo volteó a ver
-¿En este lugar? ¿A quién?- preguntó el de lentes
-ah… busco… a Francis Bonefoy…- respondió algo nervioso viendo como el que lo tenía abrazado lo miraba con una expresión casi incrédula mientras que el inglés parecía enfadado tras solo haber escuchado el nombre.
-oye chico no sé porque buscas al wine freak pero será mejor que no te acerques mucho a ese pervertido barbudo e idiota- le previno el británico lo que hizo que Matt se preguntara si estaban hablando de la misma persona.
-de todos modos Franci…s está ocupado y saldrá dentro de un rato, nosotros íbamos por algo de beber ¿Vienes con nosotros?- le invitó en tono alegre el ojiazul con una radiante sonrisa
-¿Yo? Pero…- intentó negarse Matt, era la primera vez que alguien lo invitaba algún lado, aunque fuera la máquina expendedora de refrescos.
-no te preocupes por Francis, él nos encontrará además quiero saber porque te pareces tanto a mi- le dijo el de lentes jalando de la mano al chico que prácticamente era arrastrado por ese muchacho que parecía tan solo unos pocos años mayor que él.
-te dije que no trates a las personas como perros callejeros- volvió a regañarle el ojiverde siguiendo a su compañero.
Sin darse cuenta como pasó Mathew ahora estaba sentado con aquellos dos, escuchando la interminable platica del rubio de ojos azules que había llegado a la conclusión de que Mathew se parecía tanto a él porque todo había sido parte de una maléfico plan de los rusos para clonarlo y hacer del canadiense un villano puesto que el americano se proclamaba a sí mismo como un héroe, mientras que el ingles parecía no cansarse de regañarlo, contradecirlo y recordarle lo idiota que era al mismo tiempo que Matt se quedaba callado escuchando a ese par que de alguna rara manera le había caído bien.
-por cierto ¿Cómo te llamas?- preguntó el americano ignorando al ojiverde que seguía diciéndole que una clonación humana aun no era posible
-Mathew ¿y ustedes?- preguntó tomando un poco mas de confianza, tal vez contagiado por la que su "clon" derrochaba
-¡yo soy el hero Estados Un…- pero antes de terminar la frase el otro tipo le dio un fuerte codazo en el estomago sacándole el aire por completo.
-Él es Alfred F. Jones, y yo soy Arthur Kirkland, mucho gusto Mathew- se presentó caballerosamente el que respondía al nombre de Arthur
-el gusto es mío- contestó el chico viendo de manera discreta la hora en su reloj, ya llevaba cuarenta minutos con Alfred y Arthur ¿Francis ya se habría desocupado?
-¿En serio esperas a Francis?- preguntó Arthur viendo como Mathew daba un saltito en su silla, odiaba ser tan transparente así que sabiendo que mentir era inútil asintió con la cabeza ¿Estaba mal haber ido ahí? -lo que te dije en el pasillo era verdad, no te involucres con ese tipo- le repitió el británico
-Fra… Francis no es una mala persona- contradijo Matt ligeramente enfadado por ese comentario, era sorprendente como se atrevía a sostener tal argumento si en realidad no sabía absolutamente nada del galo
-no te preocupes Matt, es solo que Iggy odia a Francis- le tranquilizó Alfred riendo de manera estrepitosa –pero en parte tiene razón, así que cuando te acuestes con él será mejor que lo dejes antes de que él te deje a ti- dijo por ultimo dándole un trago a su lata de refresco
-¡No me voy a acostar con él!- gritó Mathew levantándose de pronto con la cara a punto de incendiársele gracias a la vergüenza de esa frase
-¿Eh?... entonces…- tanto el americano como el ingles parecían algo sorprendidos
-yo solo vine a entregarle un abrigo que me prestó y agradecerle porque él… él… me ayudó hace unos días- dijo clavando la mirada en la mesa aun sintiendo su cara arder
-ese imbécil- masculló Arthur de mal humor –no te emociones tanto, puedo apostarte lo que quieras a que él solo te ayudó porque quiere algo más que tu agradecimiento- insistió Arthur sin embargo cuando Mathew estaba a punto de contradecir aquello alguien más se le adelantó
-mon ami siempre diciendo cosas crueles de mí- intervino Francis haciendo acto de presencia. Mathew volteó a ver al galo que en ese día llevaba su cabello recogido en una coleta sujeta con un listón negro lo cual dejaba apreciar mejor sus facciones y esos ojos azules penetrantes que bien podían competir con los de Alfred que solo se entretenía terminando su refresco.
-pues no hay mucho que se pueda decir de ti- contestó Arthur de manera agresiva viendo con ojos venenosos al francés
-no le hagas caso a este tipo Mathew, vámonos antes de que te quiera convertir en un delincuente también- dijo teatralmente burlándose del británico
-¿A quién le dices delincuente, cara de sapo?- le reclamó Arthur molesto
-¡no me digas cara de sapo, cejotas!- contestó el ojiazul
-deja mis cejas en paz, son normales- respondió el inglés comenzando una pelea de insultos. Mathew parecía asustado ante la repentina escena
-Deténganse- les pidió el joven viendo temeroso como en cualquier momento comenzarían a golpearse
-no te espantes siempre son así, se detendrán cuando se cansen- le tranquilizó Alfred que miraba a los tipos como su fuera la cosa más normal del mundo
-pero…- intentó discutir Matt siendo interrumpido por americano
-mejor dame tu numero mientras estos dos terminan de pelearse- le pidió Alfred sacando su teléfono celular
-eh… ¿para qué?- no es que Mathew desconfiara del otro joven sino que le parecía realmente sospechoso que alguien pidiera su teléfono
-pues para poder comunicarnos, me caíste bien además puedes llevarme a pasear por aquí antes de regresar a mi casa- explicó –al parecer nos quedaremos un bueno rato aquí así que sería bueno tener un gruía-
-e… está bien- accedió Mathew aun no muy convencido pero tenía el presentimiento de que Alfred era un buen tipo.
-¡oye, deja de querer ligarte a Mathew!- dijo entonces Francis separándose de Arthur
-no me estoy ligando a nadie, además al único al que quiero es a Iggy- respondió molesto Alfred logrando sonrojar a Arthur y de paso a Mathew por la repentina confesión del yankee
-¡deja de decir idioteces!- le regañó el británico dándole un golpe en la cabeza al ojiazul aun con la cara colorada
-es nuestra oportunidad para escapar- dijo Francis tomando del brazo al chico y huyendo lejos del par de anglosajones que aun estaban concentrados en su repentina discusión. Los dos corrieron hasta el elevador para ir a la planta baja e irse lejos de ese lugar.
-hasta que pudimos salir de ahí- dijo aliviado Francis –espero no te haya hecho algo ese par-
-no, en realidad son muy agradables aunque… Arthur me dijo que no debería acercarme mucho a ti- dijo algo desilusionado e inseguro de si debía contarle aquello al galo pues pensaba que era algo injusto que el ojiverde dijera tal cosa cuando Francis había sido la primera persona (después de su madre) en ser amable con él sin parecer tenerle lástima. El francés soltó una risa amarga, como si ya esperara aquello.
-no lo culpo, él y yo nunca nos hemos llevado bien, podría decirse que nos odiamos- explicó el franco
-¿Y eso porque?... ¡No tienes que decirme si no quieres!- se adelantó Matt suponiendo que ya se estaba tomando demasiada confianza.
-Mathew, no quiero darte una mala impresión de mí pero no soy tan bueno como parezco- el chico volteo a verlo sin entender a que venía aquel comentario, Francis dio una larga inhalación para seguir hablando metiendo sus manos en los bolsillos de su saco mientras seguía caminando.
-Arthur y yo nos conocemos desde niños pero jamás nos hemos soportado excepto en algunas ocasiones sin embargo hubo una vez en especial en que Arthur me quitó algo muy importante para mí así que a cambio yo le arrebaté algo igual de valioso sin pensármelo dos veces- rememoró Francis con su voz mortalmente seria, inundándose en recuerdos de siglos atrás.
Inglaterra estaba arrodillado en el fango con sus manos cerradas llenándose de tierra mojada, su uniforme militar lleno de lodo y empapado por la lluvia torrencial que caía en ese momento y que golpeaba al británico que se aferraba al suelo de aquel lugar.
-Angelterre mon ami, estás hecho un desastre- dijo Francia sin importarle estar mojándose también, vio la espalda de Inglaterra haciéndose más pequeña ante el solo sonido de su voz.
-¿Pudiste despedirte de tu pequeño?- le preguntó el galo con saña; Inglaterra se levantó del suelo tan rápido como pudo con su mosquete en la mano, casi resbalando por lo irregular del terreno corrió hacía Francia apuntándole
-¡Fue tu culpa, tú le metiste esas ideas en la cabeza y lo ayudaste! ¡Todo esto es tu culpa!- le gritó Inglaterra con el dedo en el gatillo reprimiéndose para no meterle una bala en la cabeza a Francia que casi parecía divertido.
-pero si él fue quien quiso independizarse, yo solo le di mi apoyo ¿No será acaso que se hartó de ti?- Inglaterra abrió mucho sus ojos, bajó el mosquete y le soltó un puñetazo débil en la cara a Francia
-No es cierto… él no se hubiera ido si tú no lo hubieses ayudado; a pesar de que tienes un montón de problemas en tú casa le diste tu apoyo ¿Porqué?- preguntó el ojiverde desesperado sintiendo de pronto la mano fría de Francia pasando por su mejilla limpiándole las gotas de lluvia que se mezclaban con sus lagrimas, como si fuera un amigo consolando a otro.
-Angleterre hace siglos te perdoné lo de Juana porque sabía que no fue tu culpa pero aun así tú me quitaste a Canadá así que ahora yo de cierta forma te quité a tu querido América- Inglaterra volvió a caer sobre sus rodillas… al final sólo se trataba de venganza.
-¿Ya te sientes mejor entonces? América me dejó y otra vez estoy solo… ¿Eso te hace feliz?- dijo la Gran Bretaña sintiendo la lluvia helada calándole hasta los huesos y su ropa volviéndose cada vez más pesada gracias a lo empapada que estaba.
-Ya sabía de antemano que esto no me haría sentir bien- Francia se acuclilló frente al británico clavando sus zafiros en las esmeraldas del otro –en realidad quería que sufrieras igual que yo. Al parecer lo logré- le dijo alargando las palabras, por último se levantó alejándose de ahí dejando a Inglaterra sumergido en su propia tristeza incontenible.
Francis sonrió amargamente, volteó a ver a Mathew que no decía nada y sólo seguía caminando a su lado como pensando en algo muy seriamente.
-finalmente en esa ocasión apliqué el "ojo por ojo" y terminé lastimando profundamente a Arthur, hasta me atrevo a decir que fue ese día en que él comenzó a odiarme de verdad- el galo seguía viendo a Matt pensando que este estaría desilusionado pues la imagen de galante caballero que tenía de Francis estaba desapareciendo.
-n… no justifico lo que hiciste- comenzó a decir Mathew con sus ojos en el piso frotándose los brazos para entrar en calor pues la brisa de aquel día soplaba con fuerza y con un frío aun más penetrante que otros días –pe… pero lo entiendo; yo sé cómo se siente querer lastimar a los demás, estar enojado porque ellos son felices y tú no porque sabes que es injusto que ellos puedan estar sonriendo como si nada mientras que otros apenas si podemos seguir respirando… así que quieres quitarles esa felicidad para estar más tranquilo y saber que no eres el único que es miserable- decía el chico frunciendo el seño a cada palabra enterrando sus dedos en sus brazos sintiendo sus sentimientos mezclarse con el frío que se colaba por cada abertura de su ropa erizándole la piel.
-Mathew, si sigues hablando así voy a pensar que quieres aventarte de un puente otra vez o ir a matar a alguien- le bromeo Francis pasándole un brazo por la cintura acercándolo a él lo que hizo que el adolescente se pusiera algo nervioso pero aun así estaba un poco más tranquilo, no por saber que Francis era una persona vengativa sino porque ahora estaba seguro que el francés era real: un humano con emociones, sentimientos y pensamientos tan corpóreos como el mismo Matt y no solo una alucinación producto de su depresión que comenzaba a convertirse en esquizofrenia.
-sin embargo lo que acabas de decirme me trae recuerdos de algo, mejor dicho de unas palabras que alguien cercano a mi me dijo una vez, así que te las diré a ti y espero las tomes como un consejo- dijo Francis aun tomando con fuerza la cintura del chico a quien comenzaban aumentarle los nervios por la cercanía con el francés, aunque aun así quería escuchar palabras de aliento de él, cosa rara pues Mathew ya estaba enfermo de esas frases cursis y melosas que intentaban dar ánimos. Pero si venían de Francis quería escucharlas…
El francés puso sus manos en el rostro de Matt que sintió el calor del galo transmitirse a su cara ¿O era acaso que estaba poniéndose rojo otra vez?
-Sonríe sin importar que el mundo se esté desmoronando a tus pies, sonríe aunque duela… porque llegará un momento en que lo harás sinceramente así que sonríe para que cuando llegue ese momento no olvides como hacerlo- recitó jalándole las mejillas al rubio forzándole a sonreír
-ouch- se quejaba Mathew sintiendo los dedos de Francis jalándole los cachetes
-mientras lo intentas vamos por un café- le dijo adelantándose unos pasos a la vez que Mathew se frotaba las mejillas tratando de aliviar el dolor
-Seguramente la persona que te dijo eso no tiene idea de lo que es estar triste- replicó Matt sintiendo sus mejillas hinchadas por el reciente jalón.
-Es verdad que a primera vista esa persona parece un loco optimista adicto a la pasta… pero sí que sabe lo que es el dolor, lo que hace aun más efectivo su consejo- dijo por último el francés caminando en reversa sonriéndole a Mathew abiertamente mostrándole todos sus dientes contagiando un poco al rubio que soltó una leve risita.
Porque Francia aun recordaba a un pequeño Italia sonriendo con lagrimas en sus ojitos que decían todo lo contrario, a pesar de saber que alguien irremplazable se había ido de su lado prometiéndole regresar, siguió haciéndolo hasta que de nuevo lo hizo de forma sincera… hasta que juntó la fuerza necesaria para reír con honestidad.
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Wiiiii, tercer capítulo y gracias por aun estar leyendo este montón de cosas depresivas, también muchas gracias por todos sus reviews y a quienes preguntaron ¿Qué pasa con Matt y Canadá? Bueno, creo que fallé en no mencionar que aquí Matty es un humano común y bien corriente, mientras que la representación humana de Canadá es alguien más (yo bien de a jefa inventando personajes) pero bueno, esto ya irá tomando sentido a la vez que la historia avance así que no se quiebren mucho la cabeza con esto.
Espero hayan disfrutado la aparición del Hero y de Iggy además de un pequeño flash back de Francia (habrá muchos de estos). En el próximo capítulo ¡El Bad Friend Trio reunido! Así que espero sigan leyendo y comentando además de tenerle paciencia a esto.
