EL RENACER

Disclaimer: Los personajes no son míos si no de J. solamente la trama es mía y uno de los protagonistas.


Capítulo 3: Recuerdos

Al entrar en el comedor, todo estaba bañado de negro. Por el techo y ventanas se extendían forrajes oscuros con el escudo de Hufflepuff. Melinda tragó saliva y se sentó en un asiento vacío, amargamente. El luto por Cedric había comenzado y no sabía cuanto duraría, pero tenía claro que no podría aguantar el tener que ver el deprimente estado del Gran Comedor, cuando siempre había sido un grandioso lugar, aunque, por otra parte, se sentía reconfortada, ya que su pesadumbre no tenia que aguantarla en soledad, sino que todo el colegio tendría que sufrir al menos una décima parte de lo que ella lo hacía.

-¿Sabes qué te sentaría bien, Mel?-La aludida negó distraídamente con la cabeza.-Tomarte un baño en los aseos de los prefectos. Yo estuve hace poco y te deja como nuevo, la contraseña de hoy es Pan con azúcar, si quieres pásate, tampoco es que se utilicen mucho.-A Melinda se le contrajo el estómago y tuvo que salir a prisa del comedor, ya que le sería insoportable que sus amigos tuvieran que volver a presenciar uno sus incesantes llantos.-¿He dicho algo malo?

-Ella solía ir con Cedric a los baños de los prefectos.-Hermione habló con un tono extremadamente amable, haciendo lo imposible para que Ron no se sintiera culpable por haber producido un efecto totalmente diferente al que él esperaba encontrar en la reacción de su amiga, pero Melinda no habia podido evitarlo, ya que una gran parte de los recuerdos más bellos con Cedric se habían producido entre las aguas de los aseos de prefectos, a los que Cedric la llevaba casi a diario. Le recorrió un sentimiento de agrado al comprobar que no había nadie deambulando por los pasillos, pero como no quería tentar a la suerte, se dirigió al único lugar donde tenía la certeza de que estaría solamente consigo misma: el bosque. Melinda corrió hacia las afueras de Hogwarts tambaleándose de vez en cuando, ya que tenía la visión distorsionada debido a los empañados ojos. Al cabo de unos minutos llegó, jadeante, al primer lugar que se le pasó por la cabeza y se sentó en los mismos troncos que hacía unas horas. Se tumbó en aquel rústico asiento y dejó de luchar contra las lágrimas, que acudieron veloces al exterior, impasibles e inagotables. Notaba que le faltaba el aliento y el toráx le dolía de forzarlo en cada convulsión que daba. Al cabo de unos minutos, algo parecido a un suave bufido se pronunció por encima de sus sonoros sollozos y ella levantó la cabeza con miedo, esperando encontrarse a alguna criatura espantosa, pero lo que vio fue el threstral que Hagrid les había estado enseñando aquella misma mañana. Tenebrus se acercó a ella y le pasó su cara por las mejillas de la chica, intentado así limpiar el conjuno de lágrimas y ramitas que se le habían adherido. A modo de respuesta, ella se pasó torpemente las manos por los pómulos, intentando mostrarse algo más presentable, pero lo que logró fue que sus mejillas adquirieran un tono sonrosado.

-Hola.-Le dijo, hipeando, a la criatura. Esta se sentó a su lado y se le acercó un poco más. Melinda se enterneció con tan dulce gesto por parte de un ser no humano, por lo que abrazó al escamoso pegaso y lloró junto a su rostro. El threstral se mostró asombrosamente sensible, ya que la rodeó con sus alas.

-¿Mel?-La chica reconoció la voz de Harry, así que se puso en pie e intentó nuevamente disimular su miserable estado.-¿Mel, estás ahí?-Harry apareció por entre los árboles y mostró una mueca de entre alivio y dolor.-Menos mal que estás bien, Mel, te hemos estado buscando desde que saliste del comedor. Vamos, Hermione y Ron están igual de preocupados.

-Ahora iré.-La voz de Melinda sonó tan ronca que, sintiéndose culpable porque Harry tuviera que estar junto a ella en ese momento, le dio la espalda a su amigo.

-Oye.-Harry le posó una mano en el hombro.-Hermione nos ha dicho lo de los baños de los prefectos. Ron lo siente mucho, ninguno sabíamos nada.

-No, Harry, quien lo siente soy yo.-Se sorbió la nariz al tiempo que se giraba para ver a su amigo.-Vosotros no tenéis por qué estar pasando por esto. Sé que no hago más que llorar y que he cambiado mucho, que ya no soy la de antes, pero entiéndeme, por favor, para mí esto ha sido un golpe muy duro y no puedo hacer mi día a día normal. Pero siento de veras que por mi culpa vuestra rutina también se haya alterado, pero no es mi intención, de verdad, y te juro que si ahora mismo te vas me sentiré mejor conmiga misma porque no quiero que pienses que soy una estúpida llorona y débil y que tú tienes que hacerte cargo de mí.

-Melinda, nadie piensa eso, ni mucho menos. Estamos contigo porque queremos, ¿me escuchas?-La cogió por los hombros.-Nadie nos obliga y sin embargo aquí estamos, porque eres nuestra amiga, y justo en estos momentos lo que más necesitas es nuestro apoyo y por nada del mundo te dejaríamos, ¿vale?-Ella asintió y Harry la abrazó, provocando nuevamente un conjunto de sollozos y lágrimas. Al cabo de unos minutos, cuando Harry notó que su amiga se tranquilizó, la soltó.-Volvamos al colegio, ¿quieres?

-Un momento, Harry.-Melinda le cogió la mano a su amigo e hizo que los dos se sentaran en uno de los troncos, pudiendo acariar al threstral que aún se mantenía sentado.-Tú los ves porque le viste morir a él, ¿verdad?

-Sí.

-Yo los veo porque vi morir a mis abuelos.-No sabía por qué había decidido contarle eso, pero sentía la necesitad de narrar el recuerdo que nunca antes había probado sus labios.-Mis padres, aunque de sangre limpia los dos, me inculcaron desde bebé los valores muggles. Siempre decían que ante todo había que ser persona, y que eso significaba ser tanto mago como muggle, así que sé todo lo que una persona sin magia puede saber acerca de su propio mundo, pero eso no lo veía bien todo el mundo, así que, en la época del poder oscuro, mis padres fueron buscados muy duramente. Tuvieron que huir conmigo de aquí para allá, pero cuando yo tenía ocho años se les ocurrió la idea de hacer el encantamiento Fidelius, nombrando a mis abuelos como Guardianes del Secreto. Como los mortífagos no consiguieron encontrarnos, ellos también pensaron como mis padres, así que fueron tras mis abuelos, y consiguieron dar con ellos un día en el que mis padres y yo estábamos con ellos, así que nos escondimos en una trampilla. Fueron torturados por el propio Voldemort, pero como ellos no sucumbieron al dolor, optó por matarlos. Fue un resplandor de luz verde tan inteso que casi me dañó la vista.-Melinda hizo una pausa para secarse varias lágrimas que habían decidido salir al exterior.-Lo hizo mal, ya que con los Guardianes muertos le será imposible dar con nuestro paradero, pero eso no le impidió matarlos.

-Lo siento mucho, Mel.-Harry le apretó la mano con la que ella no estaba acariciando a Tenebrus.-Él no conoce la clemencia y no se detiene por nada.

-Lo sé, Harry, por eso es que toda la comunidad mágica teme incluso pronunciar su nombre, pero yo pienso que si se le muestra miedo, se le muestra respeto, y creo que alguien tan carente de sentimientos no se lo merece.

-Así es como pienso yo.-Harry volvió a estrecharle la mano.

-Cómo fue, Harry.-La chica dejó la mirada perdida.-Cómo...le mató.

-Fue Colagusano, que obraba bajo sus ódenes. Se llamaba realmente Peter Pettigrew. Fue él quien traicionó a mis padres. Le dijo a Voldemort donde se encontraban y por su culpa ellos ahora están muertos. Le hizo la maldición asesina. Él no pudo hacer nada para defenderse, Mel.

-Pero tú...tú sobreviviste a la maldición.

-Lo hice porque mis padres se sacrificaron por mí, porque mi madre se puso delante de mí para que la maldición le diese a ella y no a mí, lo que me confeccionó una protección inquebrantable.-Melinda asintió, con el labio inferior tembloroso.-Si no volvemos ahora al castillo, llegaremos tarde a las clases, vamos.-Harry se levantó y tiró suavemente de su amiga. Entraron a su primera clase de la tarde unos minutos después, pero como el profesor Slughorn tenía tanto aprecio por Harry, no le molestó que no fuera puntual. La clase pasó tranquila y aburrida, al igual que el resto de asignaturas restantes. Cuando salieron de su última clase, Herbología, los cuatro amigos se fueron directamente a la sala común de Gryffindor, donde el jaleo producido por decenas de alumnos no fue acallado por la aparión de los muchachos. Tan solo unas miradas curiosas se levantaron hacia ellos. A Melinda le embriagó el desprecio. ¿Tan rápido se habían olvidado de la muerte de un compañero?

-¿Mel?

-¡¿Qué?-Melinda no intentó responder de aquella manera a quien la había llamado, pero estaba furiosa por saber que a nadie le importase que Cedric ya no estuviera. Se giró y contempló a un indeciso Neville.-Perdona, Neville.-Suspiró.-¿Qué pasa?

-Quería hablar contigo, por favor.-Miró a Harry, Ron y Hermione.-En privado, si no te importa.

-Neville, yo...-No pudo continuar, ya que unas manos le habían empujado, obligándola a acercarse a Neville. Ella se giró y vio a Harry que gesticuló con los labios un "Ve con él".-...claro que puedo ir.-Neville la cogió por la mano y la llevó fuera de la sala común de Gryffindor.

-Quería decirte que...que lo siento. Y que yo...bueno, que yo...sé por lo que estás pasando.-Hablaba mirando al suelo, mientras daban un paseo por los pasillos del castillo.

-Agradezco tus disculpas, pero ni siquiera te acercarías a imaginar por lo que estoy pasando.-Intentó no sonar brusca, aunque no lo consiguió.

-Sí, Melinda, sí que lo sé, porque yo llevo viviendo tu situación durante toda mi vida.

-¿Qué?

-Ya sabes que vivo con mi abuela, pero lo que no sabes, y que nadie sabe excepto Harry, es el por qué.-El chicó tomó aire.-Mis padres eran aurores, ¿sabes? Y según me han contado, de los mejores. Pero una mortífaga, Bellatrix Lestrange, los torturó hasta la locura.

-Dios mío, Neville, yo...

-No, no te preocupes. No lo sabías. Y es que...no es que me averguence de ello, pero creo que no estoy preparado para que todo el mundo lo sepa, no creo que me entiendas.

-Neville, yo no sé cómo es tener a dos de tus seres más queridos en San Mungo porque no están...cuerdos, pero sí puedo decirte que yo nunca disimularía que fui la novia de...de él.-Fue incapaz de pronunciar el nombre de Cedric.-Aunque, también tengo que decirte, que en ocasiones he llegado a desear no haberle conocido nunca, ya que si hubiese sido así, ahora no tendría por qué estar sintiendo como si ya todo por lo que valía la pena vivir no estuviera.-Melinda apretó la mandíbula, ya que su voz se había agudizado tanto que sabía lo que vendría si seguía hablando.

-Lo siento, lo siento mucho. Tú siempres fuiste muy buena conmigo desde el principio y yo tendría que haberte apoyado la noche en que mur...en qué pasó. Por eso te he contado lo de mis padres, para que veas que aunque no haya estado a tu lado, sé lo que se siente, y sé que no es nada fácil, pero quiero que sepas que aquí tienes un hombro sobre el que llorar, porque sé lo duro que es intentar no hacerlo.-Melinda esbozó una débil sonrisa y abrazó a su amigo. En ese momento se borró todo el rencor que había acumulado en tan solo dos días. Neville comprendía a la perfección por lo que estaba pasando, y eso, de alguna manera, le dio fuerzas.-Volvamos, ya es tarde.-El chico volvió a cogerla de la mano y anduvieron así el camino hasta la sala común de su casa. Antes de pronunciar la contraseña para que el retrato les dejara pasar, Neville le dio un beso en la mano.-Nunca más voy a dejarte sola, ¿vale? Lo siento, y no sabes cuanto.

-Neville, todo está olvidado, de verdad, ahora solo espero que por favor no incumplas tu promesa.-El chico sonrió a la vez que decía "Nunca" y le dijo la contraseña a la Señora Gorda. Cuando entraron, en la sala solo quedaban unas pocas personas, posiblemente preparando exámenes, así que Neville y ella se despidieron y subieron a sus respectivos dormitorios.

En el desayuno del siguiente día, Neville, siendo firme a su palabra, se sentó junto a Melinda y ella, por primera vez desde que murió Cedric Diggory, comió algo. Melinda se sentía mejor al saber la historia de Neville, aunque también acrecentó su estado de ánimo el comprobar que en el Gran Comedor aún estaban colgadas las telas negras con el escudo de Hufflepuff.

El día pasó rápido y, aunque Melinda se encontraba inmersa en sus pensamientos, hubo momentos en los que se ría con Hermione, Ron, Harry y Neville. De vez en cuando también se les unía Ginny Weasley, la hermana menor de Ron, pero se iba, argumentando que tenía que estudiar. En esos momentos, a Harry se le apreciaba la desilusión en los ojos, aunque siempre se mostraba servicial a acompañar a Ginny durante unos segundos antes de que se fuera definitivamente. La cuarta vez que esto ocurrió, para desagrado de Harry, todos se levantaron, ya que iba a tener lugar su última clase del día. Llegaron a las mazmorras justo en el momento en el que el profesor Snape abría las puertas y se sentaron en las últimas filas. La clase transcurrió lenta y aburrida, ya que se dedicaron a tomar notas sobre lo que Snape les hablaba, diciéndole que prácticamente todo era materia de exámen.

-Por hoy basta, guardad todo.-En la clase se pudo apreciar el alivio que esa órden conllevaba, ya que al fin dejarían descansar sus doloridas manos, pero el alivio no duró mucho.-Ahora seguiremos con la Oclumancia. Hoy cogeré a tres alumnos.-Al instante, todos agacharon la cabeza, como si eso les impidiera que el profesor los escogiera.-El primero será Longbotton.-Neville alzó la cabeza, abosolutamente blanco, ya que el muchacho le tenía auntético pavor a Snape.-Empecemos.-El profesor apuntó con su varita al pálido chico y sus recuerdos empezaron a formarse en la pantalla. Prácticamente todos eran en las clases de Hogwarts, pero hubo uno en el que se mostraba a él, Neville, junto a su abuela, en el Hospital San Mungo, según rezaba el cartel de la entrada. Neville, sentado entre Melinda y Harry, se irguió en el asiento.

-Vamos, Neville.-Melinda no podía hacer nada por detener aquello que a su amigo le ponía tan incómodo que supieran los demás.-Sé que puedes, Neville, páralo.-Pero las palabras de apoyo de su amiga no consiguieron nada, ya que Neville y su abuela avanzaban hacia la entrada del hospital.-Por favor, Neville, puedes hacerlo.-Melinda no sabía qué hacer, ya que sus palabras no resultaban de gran ayuda, así que le cogió la mano a su amigo y se la apretó.-Yo confió en ti, Neville Longbottom.-Y ahí estaba el empujón que el muchacho necesitaba, ya que el recuerdo se difumigó justo antes de que la abuela de Neville le dijera a la recepcionista a donde se dirigían.-Muy bien, Neville.

-Bueno, Longbottom, al menos ha conseguido pararme después de diez minutos.-Los alumnos de Slytherin rieron, pero a Neville no le afectó, ya que lo importante es que había conseguido seguir manteniendo su secreto a salvo.-Ahora cogeré a uno de mi propia casa, y espero que no tarden tanto en frenarme como Longbotton.-Los alumnos de Slytherin apartaron la mirada de su profesor.-Nott.-El elegido se enderezó.-Tu padre me ha hablado mucho de tí, Theodore. Veamos si lo que hace no es alardear demasiado de su hijito.-Snape apuntó a su alumno y en la pantalla se reflejó al joven comiendo en un banquete con su padre. El recuerdo tan solo duró unos segundos, ya que, aunque el muchacho fuera enclenque y presentara un aspecto conejil, parecía que tenía buenas dotes.-Bien, por ahora. Pasemos al último alumno.-El profesor desvió la mirada hacia los alumnos de Gryffindor.-Doris.-La chica alzó la cabeza, con expresión neutra.-Preparada y...¡Legeremens!-En la pantalla se reflejó a la chica durmiendo, pero se despertó con un sonoro gemido y la cara anegada en lágrimas. A su lado, Hermione se despertó y la abrazó, pronunciando, cansinamente, que había vuelto a tener una pesadilla. Los chicos de Slytherin rieron y Melinda se concentró por sacar al profesor de su mente, pero solo consiguió que el reflejo se volviera algo borroso antes de ser reemplazado por otro. En esta ocasión se la vio a ella junto a Cedric Diggory y estaban apunto de besarse, pero para cuando ella cerró los ojos la figura del chico se transformó en un Cedric putrefacto, lleno de orificios y gusanos por todas partes. Melinda abría los ojos justo a tiempo de no tocar el rostro del cadáver viviente y la imagen se borró.-Y aquí tenemos la pesadilla por la cual la señorita Doris grita y llora descondoladamente.-Slytherin volvió a ensordecer al resto de alumnos con sus risas.-Continuemos.-Melinda y Hermione se encontraban en el dormitorio de las chicas.

-Por favor, podrás colársela a él, pero a mí no me engañas, Hermione.

-Y si ya lo sabes, para qué quieres que te lo diga.

-Porque quiero oírlo pronunciado de tu boca. Vamos, Hermione, dime el nombre del chico que te gusta, que no es tan difícil.-La Hermione real dio un bote en su asiento y aguantó la respiración. Melinda, a su lado, no podía dejar que aquel recuerdo siguiera.

-Es una tontería, Mel, si ya lo sabes.

-Hermione, si no me lo dices ahora mismo lo gritaré en mitad de la sala común.

-No serías capaz.

-No me tientes. Vamos, hazlo. Si solo me lo tienes que decir a mí. Venga, Hermione.

-Está bien, pero mira que eres pesada.-La Hermione del recuerdo abrió la boca, pero su imagen se borró de la pantalla. Melinda estaba sudando por el esfuerzo, ya que ella nunca había practicado Oclumancia antes.

-Creo que nos ha dejado a todos con la intriga, Doris.-Snape la miró, insatisfecho.-Pero si no quieres que veamos eso, seguiremos indagando a ver qué encontramos.-A un movimiento de varita, toda la clase los contempló a ella y a Cedric en un gran baño. Melinda tenía las manos de su novio tapando sus ojos, pero el chico las apartó y ella pudo ver la estancia.

-Vaya, ¿dónde estamos?

-En el baño de los prefectos.-La Melinda que estaba sentada en las mazmorras ahogó un sollozo. Hacía demasiado que no escuchaba la voz de Cedric, y eso la impulsó a que el recuerdo continuara, aunque, por otra parte, si lo hacía, no solo ella lo vería, y eso era algo a lo que no estaba dispuesta.

-Me encanta.-Melinda se giró hacia Cedric y le dio un tierno beso en los labios. Cedric posó su mano en la espalda de su acompañante y comenzó a andar. El beso no veía fin, pero la pareja andaba a tientas hacia una enorme y lujosa bañera.

-Mira.-Cedric le dio un golpe de varita a los grifos y estos comenzaron a desprender agua de diferentes colores.-Te deja como nuevo, y quería que tú los probaras conmigo.-Con una pícara sonrisa, el muchado se quitó la camiseta y besó a Melinda, mientras que la despojaba también de su camiseta.

-Basta, por favor.-Le suplicó al profesor Snape, quien esbozó una envenenada sonrisa. En la pantalla, la pareja se estaba riendo, abrazada. Melinda sabía que la parte que venía a continuación era algo que solo podrían conocer Cedric y ella, así que apretó los puños y se esforzó por expulsar a Snape de su cabeza, y, por un momento, lo consiguió, pero al segundo siguiente, todo el mundo podía ver a la pareja girando en el agua mientras se besaban con una pasión incontrolable.-¡Pare!-Melinda dio un puñetazo en la mesa y, de la fuerza con la que lo hizo, se cayó de la silla. La clase prorrumpió en risas, pero Melinda no les hizo caso, ya que, al fin, la pantalla estaba en blanco, pero ella, tendida en el suelo, se acurrucó y comenzó a llorar. Hermione saltó de su asiento y la abrazó. Sabía que Melinda se había derrumbado por aquellos recuerdos con Cedric, después de que, al menos, durante aquel día, no hubiese derramado ni una lágrima.

-Shh, shh.-Hermione le acariciaba el pelo.-Ya está, cariño, ya ha parado.

-Estaba ahí.-Le salió una voz chillona.-Estaba ahí, Hermione, estaba ahí.

-Lo sé, cariño.-Hermione la besó en la frente.-Ya está, ¿vale? Ya ha parado.

-Enternecedor.-Snape estaba de pie a un par de metros de ellas.-Sumamente enternecedor.-Los miembros de Slytherin eran los únicos que seguían riendo.-Levántense, ahora.-Hermione tiró de su amiga y ella se enjugó las lágrimas.-Está claro que necesita practicar más, señorita, y eso solo se consigue con...¡Legere...!

-¡Protego!-Melinda fue más rápida que Snape, ya que no se lo esperaba. La fuerza de su hechizo hizo que el profesor retrocediera unos pasos. Toda la clase la miró, mientras que ella, con la varita aún levantada y respirando con dificultad, observaba a su profesor.

-Fin de la clase.-Anunció Snape sin apartar la mirada de Melinda, quien bajó su varita, pero no se movió de su posición.-He dicho fin de la clase.-El tono tan autoritario que utilizó hizo que Melinda fuera hasta su sitio y cogiera sus cosas para salir casi corriendo de la sala en la que estaba. Solo cuando se hubo alejado lo suficiente, dejó de andar tan rápido y miró a sus amigos, que la habían seguido en todo momento.

-Guau, eso ha sido una auténtica pasada.

-Por favor, Ron, ¿no ves lo asustada que está?

-Venga ya, Hermione, le quitas la emoción a todo.

Sus amigos no pudieron continuar su discusión, ya que Melinda divisó a su profesor de Defensa Contra Las Artes Oscuras y esta vez echó pies en polvorosa hacia la sala común de Gryffindor.


Este capítulo me ha resultado fácil de escribir, ya que lo tenía pensado desde el principio, y espero que a vosotros os guste como a mí. Si estáis siguiendo la historia, muchas gracias, y disculpad si el cuarto capítulo se demora demasiado. =)