¡Hola a todas! Hoy es mi cumpleaños y he querido actualizar algunas de las historias como sorpresa para vosotras espero que disfrutéis ;)

La historia no me pertenece al igual que los personajes, yo solo estoy haciendo la traducción.

CAPÍTULO 3

Habían estado caminando durante una hora y media sin encontrar ningún rastro de vida. Él parecía tener establecidas una serie de direcciones pero para ella todas eran iguales. Odiaba el silencio vacío, y empezó a hacer una lista de las posibles conversaciones que podía tener antes de empezar una.

-¿También cogiste un paracaídas? ¿Cómo el chico que me salvó?

Él asintió.

-¿Cómo sabías que el paracaídas estaría ahí? ¿Dónde estaban?

-Los hombres de mi hermano los colocaron exactamente donde yo los buscaría –dijo él.

-¿Tú qué?

-La gente que trabaja para uno de mis hermanos. Cuando estábamos a punto de embarcar, hubo un breve retraso.

Ella pensó en la espera del aeropuerto. Hicieron un anuncio por el interfono.

-Es verdad. Algo sobre un barrido de mantenimiento.

-Correcto. Los hombres con el uniforme de mantenimiento en realidad no eran empleados del aeropuerto. Los hombres de mi hermano colocaron la bomba, el paracaídas, asegurándose de que la puerta correcta se abriera para mí cuando necesitase saltar. Todo era parte del plan de escape.

Ella dejo de caminar. Pensaba que la explosión había sido por algún accidente.

-¿Tú hiciste esto? –demandó ella.

-¿Hacer el qué?

-¿Tú causaste el accidente? Todo el mundo está muerto por tu culpa.

-Si –dijo simplemente.

Ella se alejó unos cuantos pasos de él.

-En realidad eres un monstruo. Eres peor de lo que había pensado.

Él rodó los ojos-. Cierto. Que desgraciado soy. Vamos a rezar por todas las pequeñas e insignificantes vidas perdidas hoy en el avión, ¿de acuerdo?

-Esto no es una broma –balbuceó-. No merecían morir. Todo esto es culpa tuya. Mataste a todas las personas del avión.

-A todos menos a ti –le corrigió.

Una mirada de terror cruzó por su rostro.

-Oh dios. Oh no –susurró ella.

-¿Qué? –preguntó él.

-¿También lo mataste?

-¿A quién?

-Dijiste que alguien me salvó. Dijiste que su nombre era Niklaus Mikaelson. Pero acabas de decir que mataste a todos los del avión excepto a mí. ¿Entonces qué pasó? ¿Lo mataste una vez que llegamos a la isla? ¿Y ahora vas a matarme?

-No voy a matarte –dijo él utilizando la misma tranquilidad y el tono que siempre usaba justo antes de apretar el gatillo. Esta vez realmente lo decía en serio.

-Claro –se mofó ella.

Salió corriendo. Estaba oscureciendo y cada vez se adentraba más en el bosque. La oscuridad la escondería, pero él podía escuchar cada paso. Era inteligente correr y alejarse de él. Tenía instintos de supervivencia. No se tumbaría y moriría por él. Si él quisiera matarla, ya lo habría hecho.

Podía sentir como la seguía. Estaba corriendo más que ella. Solo le llevo un minuto, incluso con la ventaja que le había sacado al principio.

Estaba intentando tranquilizarla con sus palabras, pero ella no se dejaría engañar. Ella correría tanto como sus piernas se lo permitieran. No se lo pondría tan fácil. Su pecho ardía y sentía que en cualquier momento caería al suelo, pero nada la iba a detener.

Su mano rozó el brazo de ella. Estaba muy cerca de cogerla. El más ligero toque de él la llenó de repugnancia e hizo que se moviera más rápido si eso era posible. Se movió hacia delante, sintiendo el terror cuando los dedos de él se encontraron en su muñeca. Una rama atrapó su pie y se tambaleó, arrastrándolo con ella.

Aterrizó fuertemente contra el suelo, primero el rostro en el arbusto, y sintió otro golpe cuando él cayó con ella aterrizando en su espalda.

Se estiró intentando cogerse a algo, cogiéndose a las ramas que había a su alrededor, intentando liberarse y sacarlo de encima de ella. Estiró los brazos otra vez y él se levantó solo un poco de ella, apartando su peso, pero aun encima de ella. La cogió de los hombros y la hizo rodar hasta que quedó cara a cara con él. Sus manos la mantenían en el sitio. Ella lo miró, sabiendo que ésta podría ser la última cosa que vería. Esperó el golpe.

-Creo que es hora de que me presente formalmente. Mi nombre es Niklaus Mikaelson. Puedes llamarme Klaus.

-¿Qué? –dijo ella-. Pero dijiste…

Él se apartó y se levantó. Extendió la mano para levantarla también.

Ella lo ignoró y se levantó. Sola.

-¿Qué hay de ese beso? –sonrió satisfecho.

En su lugar lo golpeó en el pecho.

Tomó la mano con la que lo haba golpeado, dolía más de lo que pensaba. Nunca había golpeado a nadie antes y no espera esto. No parecía nada afectado pero ella si lo estaba.

-Supongo que era esperado –él se encogió de hombros.

Le hizo ver rojo que ni siquiera le hubiera hecho un poco de daño.

-Falso, mentiroso…

-Cuidado –le advirtió.

Miró las manos de ella, aun las sujetaba juntas, intentando no temblar del dolor.

-Ven aquí –dijo cogiendo su manso.

Ella se apartó, pero él la cogió otra vez y puso la mano con la que le había golpeado sobre la suya.

-La próxima vez que vayas a darle un puñetazo a alguien, deja el pulgar fuera del puño. Mantén la muñeca recta y dirígete por los dos primeros nudillos.

Estaba jugando con la mano de ella, moviéndola en la posición correcta mientras hablaba.

-Así –dijo trazando un dedo sobre sus nudillos, sujetando su puño cerrado contra su pecho enseñándole como hacer puñetazo más efectivo.

Ella sintió como le recorría un escalofrió cuando las manos de él envolvían su puño, sujetando su mano con el pecho.

-Ahora inténtalo otra vez –dijo, soltándole la mano.

-¿Quieres que te golpeé?

Quiero que me toques y conseguiré lo que quiero. Pensó él.

-Quiero asegurarme de que has aprendido a golpear a alguien. Si sigues haciéndolo mal acabaras con la muñeca rota.

-Dolerá –le advirtió.

-Lo dudo mucho –él sonrió. Había recibido puñetazos mucho peores de los que ella pudiera darle. Había estaba atado y había sido goleado hasta darle una paliza por los hermanos Fell y Damon Salvatore. También estuvo la vez con Logan Fell y el tubo de metal. Una vez que te acostumbras al dolor de las costillas rotas golpeándose repetidamente contra tus órganos internos, nada se parece a ello. Ella solo era una chica.

-Bien –ella estuvo de acuerdo.

Formó un puño como le había enseñado, y le golpeó lo más fuerte que pudo en la mitad del pecho.

Él jadeó y cayó al suelo.

-¿Klaus? –gritó, por primera vez llamándolo por su nombre-. ¿Klaus? ¡Oh dios mío!, lo siento, no quería.

Él estaba en el suelo, parpadeando como si estuviera en shock por el dolor, con una mano donde le había golpeado.

Se tiró al suelo, y empezó a entrar en pánico. La mano de él estaba cogida a la camiseta, sobre el lugar donde ella lo había golpeado.

Sin pensarlo, ella le levanto la camiseta para mirar. Estaba un poco rojo, pero no era nada serio. No sabía que más hacer, así que deslizó las manos en el lugar donde lo había golpeado, frotando con dulzura. Trazó suavemente con los dedos la zona hasta que desapareció el rojo.

Entonces captó la sonrisa que se estaba formando en los labios de él.

-Mmm, sigue haciendo eso. Tengo otros lugares donde puedes darme un puñetazo la próxima vez si este es el trato que me darás.

-¡Gilipollas! –espetó ella-. ¡No tiene gracia! ¡Creía que te había hecho daño de verdad!

-Oh, de verdad no creíste que podías golpearme y hacerme caer al suelo, ¿verdad?

Ella lo miró con el ceño fruncido.

-Está bien saber que te preocupas. Parecías muy preocupada por mí .sonrió satisfecho.

-Cállate.

Caminaron por el bosque, él en cabeza. Ella siguió fulminándolo con la mirada y el sonreiría recordando sus pequeñas bromas.

-No mataste al hombre que me sacó del avión –dijo, mirándolo con cautela.

-No, te saqué yo.

-¿Por qué? –le preguntó ella.

-Porque quería hacerlo.

-¿Por qué querías hacerlo? –dijo ella incrédula-. ¿Eso es lo mejor que tienes?

-Es la verdad –dijo encogiéndose de hombros.

-¿Pero por qué querías hacerlo?

-Quería hacerlo porque quería hacerlo.

-Muy maduro –dijo rodando los ojos.

-Tenemos que seguir moviéndonos –dijo observando el oscuro bosque-. Podrían empezar a buscar la isla esta noche.

-¿Quiénes?

-Una especie de equipo de rescate. Algo así como un cuerpo que recoge gente. Nunca vienen con el tiempo de salvar a alguien.

-¿Alguien va a salvarnos? –le preguntó ella, con un toque de esperanza en su voz.

-No. Saldremos de esta isla antes de que lleguen a la costa.

-¿Dónde estaremos?

-Fuera. Primero rastrearan la zona destruida, buscando los cuerpos que no se han quemado, que se han ido a la deriva o han sido comidos por los tiburones. Después de eso, hay un protocolo de búsqueda de cuerpos que han aterrizado a unas cuantas millas, buscando por algún posible superviviente en el agua.

-¿Crees que encontraron supervivientes?

-Nunca es su intención, solo imagen pública. Es demasiado peligroso enviar a gente por la noche, como cuando el avión cayó. Es demasiado peligroso enviar a buceadores cuando hay fuego, cuando obviamente eso es lo que pasó en el accidente. Quizás digan que buscan a supervivientes pero es una farsa. Esperan diez horas para llegar al lugar. Nadie podría sobrevivir tanto en el océano.

-¿Y vendrán aquí?

-Me imagino que lo harán. Esta es la única parte en la que dentro del radio de búsqueda.

-¿Y no estaremos aquí cuando lleguen? ¿También vas a matarlos? –le preguntó.

-No, estaremos en otro sitio.

-¿Me vas a decir dónde?

-No –le respondió, observando la isla. Algo en el lado izquierdo captó su ojo y se acercó a ello.

Ella lo siguió, teniendo que detenerse cada pocos pasos. Estaba exhausta, hambrienta y dolorida. Intentando estar bien porque no quería que pensara que era débil, pero no podía seguir por mucho tiempo.

Encontró el paracaídas, la única otra cosa además de sus pasos que podía demostrar que habían estado en la isla. El viento y las hojas del suelo se encargarían de sus pasos. Dobló el paracaídas y lo colocó bajó su brazo.

Miró hacia el acantilado que se encontraba en un lado de la isla. El terreno lleno de hierba se inclinada antes ellos, crenado una fuerte subida.

-Tenemos que llegar hasta ahí, es el camino más rápido hacia donde tenemos que ir.

-No puedo. Es demasiado –ella sacudió la cabeza, mirando hacia donde tenían que ir. ¿Cuánto más podría soportar?

-Sí que puedes –dijo. Cogió sus manos entre las suyas, y la miró-. Eres fuerte. Puedes hacerlo.

-No –sacudió la cabeza-. No, no lo soy.

-Sí que lo eres. Probablemente tienes una contusión hoy y estás cubierta de cortes y moratones, pero no te he escuchado quejarte ni una vez. Sabes lo que soy pero aun así no alejas por el miedo. Sigues adelante. Eres lo suficientemente fuerte como para hacer esto.

Miró hacia lo que tenía que hacer. Aún estaba sujetando una de sus mansos, guiándola. Dejó que sus palaras se repitieran en su cabeza. Era fuerte. Podía hacerlo.

PROWL

Esther Mikaelson miró hacia fuera en el balcón. Odiaba este sentimiento, cuando uno de sus bebés estaba fuera y no podía hacer anda. El plan estaba en marcha. Elijah había hecho su parte, y en unos días Kol haría la suya.

Se recordó a sí misma una y otra vez de que Niklaus era fuerte. Lo había hecho lo más fuerte que una persona podía ser. Estaría bien. Aun así, no se quitaría el peso de los hombros hasta que no viera su rostro otra vez.

Las noticias saltaron. En varias cadenas había imágenes de los restos del avión. Un vuelo de Johannesburgo hasta Washington DC ha sido consumido por las llamas. Un accidente relacionado con la combustión de las cámaras del motor, una vez de entre un millón.

Ninguna de las cadenas había informado del hecho de que unos de los miembros más temidos de la familia criminal de los Mikaelson estaba a bordo. Su arresto se había mantenido en silencio, y los gobiernos de los dos países acordaron no mencionar nunca que estuviera a bordo. Podría poner a todo el sistema de transporte bajo una vigilancia, que no necesitaban. Habían decidido que cuando encontraran su cuerpo se inventarían alguna historia diciendo que se lo encontraron en algún lugar que no estaba relacionado con el accidente. Le dirían a todo el mundo que estaba muerto.

La gente no tenía ni idea. Aquellos que vivían en el inframundo criminal siempre lo sabían. Por ahora, todos iban paso por detrás. El mundo había conseguido poner a Niklaus a bordo, pero los tontos pensaban que estaba muerto.

Arreglos florales de compasión y tarjetas estaban rodeando la casa de Esther. Muchos eran de gente que había perdido los lazos con su familia que quería estar en su lado bueno. Había una, sin embargo, que fue enviada como una simple burla.

Las rosas amarillas eran demasiado alegres para algo así. ¿Y los claveles? Horribles. Los claveles eran vulgares. Miró la tarjeta.

Con nuestro mayor pesar

El Consejo

En un arranque ira, Esther cogió todos los arreglos y los lanzó por el balcón. ¿Cómo se atrevían a burlarse de ella? Hicieron esto solo para picarla cuando pensaban que estaba de luto. Los haría pagar. Le pediría a Niklaus mismo que les diera una visita.

El Consejo era una organización a la sombra en un pequeño pueblo de Virginia. Empezaron como un grupo de vigilancia, yendo detrás de los criminales que se escapaban de los dedos de la ley. Ahora no eran mejores que el resto de ellos. Habían crecido siendo avariciosos y corruptos con los años. Aun tenían sus misiones para encargarse de las familias del crimen organizado, pero ahora todo estaba más relacionado con el dinero y los negocios que el bien general de la población. Cuando eliminaron a los Carlisis de Chicago no fue deshacerse del arma arruinando la operación, fue tomar el control. Lo mismo pasó cuando el Consejo envío a su chico de oro, Logan Fell a Miami. Se encargó de los negocios allí y ahora todo lo que llegaba a los puertos pasaba antes por él. Eran unos hipócritas, con su farsa intentando librar al mundo de criminales como ella. Habían estado tras ella, muchas veces, pero ella era mejor.

Había pasado los dos últimos años trazando un plan para tratar con el consejo. Estaban vigilando cuidadosamente a potenciales miembros del consejo, llevándolos en su lugar a la organización de los Mikaelson.

El Consejo no era nada con lo que no se había enfrentado antes. No era solo una familia, era un conjunto de familias que habían vivido durante generaciones en ese pequeño pueblo durante generaciones. Los niños no crecían conscientes de ello. No se les permitía saber sobre el consejo hasta que tuvieran 25 años y no podían ser miembros completos hasta que tuvieran 30. La organización era como una democracia, todo era votado por todos los miembros, nadie estaba al cargo. Su sistema parecía funcionar. Habían crecido cada vez con más poder durante las décadas, siempre trayendo nueva y ansiosa gente con algo que demostrar. Los miembros jóvenes no eran tan privilegiados o perezosos como muchos de muchas familias criminales. No crecían esperando nada, así que no tenían títulos. Todos tenían que probarse. Damon Salvatore era uno en particular que había captado su atención. Por lo que había escuchado, estaba haciendo buenos pasos con el consejo en el poco tiempo que llevaba como miembro. Tendría que tener un ojo puesto en él.

Todo fue idea de Kol. Una de las pocas brillantes ideas que ha tenido. Hacerse amigo con la gente de las familias conocidas relacionadas con el Consejo. Adolescentes en sus últimos años o que acaban de cumplir los veinte años, solo un poco antes de saber que era lo que estaba pasando. Entonces escogerían a lo mejor de lo mejor, y los traerían hasta la organización Mikaelson.

Tenían a Tyler Lockwood. Era el proyecto mascota de Niklaus. Era fuerte y cruel, pero podía ser entrado para ser leal. Nadie sabía que estaba relacionado con ellos. Incluso sus padres pensaban que estaba estudiando en el extranjero. En dos años, se presentarían como miembros del consejo y le pediría que se uniera a ellos. Para ese entonces ya estaría trabajando para los Mikaelson. Si podían confiar en su lealtad, lo enviarían a espiar. Pero necesitaban más de un ojo dentro. Kol tenía al chico Gilbert. Rebekah tenía un ojo puesto en el joven hermano Salvatore, una causa perdida en su cabeza, siempre tendría lealtad hacia su hermano. Elijah había sugerido tomar también a las chicas Gilbert, haciendo las cosas más interesantes teniendo a un conjunto de hermanos de su lado. Las gemelas podían ser de mucha utilidad, pero las chicas Gilbert eran conocidas por pasar tiempo con los Salvatore. No estaba segura de que alguna vez pudieran confiar en ellas. Habían tenido suerte cuando pillaron a Jeremy en una pelea de puñetazos con Doman Salvatore, mucho mayor que él, con algo relacionado con una de sus hermanas. Kol se hizo amigo del chico al día siguiente y conectaron rápidamente por el mutuo disgusto que tenían por él.

Por ahora tenía la esperanza de que sus hijos supieran lo que estaban haciendo. Tenía que confiar en ellos para ser lo que ella los había entrenado para ser. Niklaus estaba fuera solo, y necesitaba a su familia.

PROWL

Caroline miró el borde del acantilado. Había rocas afiladas. No quería admitir que estaba cansada y exhausta, estaba empezando a sentir que caería en cualquier momento. No le diría que podía sentir las ampollas formándose en sus pies, haciendo casa paso más difícil cuando sus zapatos rozaban su piel. No le daría la satisfacción. Cualquier bonito acto que hacía era eso solo un acto. Tenía los peores cambios de humor. Probablemente volvería otra vez con las amenazas o intentaría meterse en sus pantalones en cualquier momento.

-¿Cuánto tiempo más durará esto? –preguntó.

-No lo sé, solo sígueme.

-¿Seguirte a dónde?

-Solo sígueme.

-¿Por qué no me dices a dónde vamos?

-No sé qué crees que piensas que te debo explicaciones, Caroline. Creo que lo deje bastante claro, yo estoy al mando aquí.

-¿Al mando de qué? No paras de decir que tienes algún tipo de plan. Quiero saber qué pasa. Al menos dime cual es mi parte en todo esto.

-Tu parte es hacer lo que yo diga y no causar ningún problema. Veras, planeo salir de aquí en los próximos días, y puedo hacerlo contigo o dejar que te pudras.

-¿Qué? –exclamó.

-Pensé que te haría un poco más amable –sonrió él-. ¿Creías que tendrías una escolta de la policía en la isla? Mis hermanos van a venir a recogerme, y no tengo porque llevarte.

-¿A dónde te van a llevar?

-Lejos de aquí. No estarán contentos de verte. El principal beneficio de todo este desastre era hacer que todo el mundo creyera por un momento que estaba muerto, y así podría encargarme de la próxima gran tarea de la familia, tomado por sorpresa a algún desafortunado oponente.

-¿Qué me harán? Cuando me vean.

-¿Quieres decir si te ven? ¿Si deciden dejarte con vida y llevarte conmigo? Oh, estoy seguro que matarte será discutido durante los primeros minutos. No muchas otras opciones, de todas formas, ninguna que te gustara.

-¿Así que ya está? ¿Morir aquí o morir en cualquier sitio en unos días? ¿Esas son mis opciones?

-Como dije, exactamente no planee sacarte del avión. Aun no había pensado para más adelante.

-Bueno, ¡sugiero que lo hagas ahora!

-Estoy trabajando en ello.

-No, ¡eso no es suficiente! Si vas a dejarme morir entonces mátame ahora mismo. No voy a pasar los siguientes días dándote compañía para que puedas disponer de mí.

-No quería… -empezó él-. Caroline cálmate.

-¿Qué me calme? Quieres que me calme, ¿solo porque tu estás calmado sobre acabar con mi vida? Obviamente para ti no soy una persona, solo soy algo con lo que jugar, algo para entretenerte hasta que vuelvas con ellos. Bueno, no voy a ser tu juguete.

Miró hacia el acantilado. No estaba muy lejos. La caída la mataría al instante. Si tenía que elegir por una muerte instantánea o por una lenta, la instantánea parecía mejor.

Captó la mirada en su rostro. Iba a hacerlo, todo su cuerpo se llenó de miedo. Salió detrás de ella y saltó sobre su espalda antes de que pudiera acercarse más. Estaba seguro de que estaba de farol. No tenía ninguna razón para pensar que él la pararía.

-¿Qué estás haciendo? –demandó él-. ¿Estás loca?

La había apartado del borde y la golpeó contra el suelo, echándose encima de ella para intentar que no corriera otra vez.

-Sé que tú lo estás –le espetó ella-. ¿Qué debería importar si yo también lo estoy?

Intentó sacárselo de encima, pero no se movía. La estaba mirando furioso.

-¿Ibas a saltar por el acantilado? ¿Cómo podrías hacer eso?

-¿Por qué me detuviste? ¿Para que pueda entretenerte más? ¿Hacerte compañía? ¿Por qué quieres algo con lo que jugar hasta que lleguen tus hermanos?

-¡No! No lo entiendes.

-Lo entiendo perfectamente, Klaus. Me lo has explicado perfectamente. Si estoy viva, soy una carga para ti. Eventualmente me tendrás que matar. Solo quería ganarte en ello.

-No –él sacudió la cabeza-. No tenía que haber dicho eso, solo estaba intentado hacer que cooperaras, eso es todo.

-Quieres decir ¿qué me acostara contigo por voluntad propia? ¿Crees que intentaría salvar mi vida siendo útil para ti? Has dejado bastante claro cuál es tu interés por mí.

-No quiero eso. Te lo dije, nunca quería estar con alguien que no quiere. Eso incluye el hecho de acostarte conmigo para salvar ti vida. Nunca intentaría manipularte con algo así.

-¿De vuelta a actuar como el chico bueno? ¿Intentado fingir que había alguna razón para sacarme del avión aparte de follarme? Tus cambios de humor me están molestando.

-¿Y si te saqué de ahí porque pensé que eras atractiva? Porque si, en el momento no quería nada más que tenerte. Porque hay algo único y precios en ti y no podía dejar que cayera con el avión. ¿Qué más da? Te salvé, ¿no? ¿No significa eso que hice algo bien?

-No, si solo me salvaste para jugar conmigo unos días, antes de matarme.

-No voy a matarte.

-Tú lo dijiste. No puedo estar viva. Si no lo hace tú, lo harán tus hermanos.

Él la levantó por lo que ahora estaba sentada y él sentado delante de ella, sus manos a cada lado del rostro de ella, forzando a que lo mirará.

-Necesito que me mires. Necesito que sepas que no estoy mintiendo. No voy a matarte. No dejaré que mis hermanos te maten. Todo lo que dije, solo estaba intentando que dejaras de hacer preguntas, nunca esperé que reaccionaras así. No es cierto. Nunca consideré en dejarte aquí o en acabar con tu vida.

-¿Pero cómo puedes decir eso? Sabes que soy una carga. No me conoces. No tienes ningún problema en matar gente. ¿Por qué tendría que creer en tus palabras?

-Porque es cierto.

Ella lo miró y puso las manos sobre las de él. Lentamente él las apartó de su rostro y entrelazó los dedos con los de ella, sujetándola como si fuera a salir corriendo hacia el acantilado si la soltaba. Ella empezó a llorar. Le creía y se odiaba por ello. Solo haría las cosas peor. No podía apegarse a él. No podía confiar en él. Y ahora estaba mostrando debilidad y no la podía esconder. Nunca había querido que la vise llorar.

-No quiero morir –sollozó-. No quería saltar. Solo que no sabía que otra cosa hacer. No puedo quedarme sentada y esperar a que me mates. Si vas a hacerlo, por favor hazlo ahora. No me hagas esperar.

Él estaba sorprendido por su coraje. No tenía miedo de morir ni de quitarse la vida. Solo no quería ser atormentada por ello. Había algo en ella, el fuego de sus ojos, que le decía que había pasado por cosas peores que ésta, y que no lo iba a hacer otra vez. Algo le había pasado y él se había propuesto averiguarlo.

-Escúchame, Caroline. No voy a dejar que te pasa nada. Estás a salvo. Estás a salvo conmigo. ¿Lo entiendes?

Ella asintió.

Él la miró, asegurándose de que el mensaje había sido entendido, entonces la puso en pie, sin soltar su mano.

Ella miró hacia donde él sujetaba su mano, preguntándose porque no se la había soltado aun.

-No voy a dejar que corras hacia más acantilados –sonrió él-. Voy a mantenerte cerca hasta que volvamos al nivel del mar.

PROWL

Kol y Jeremy tenían asuntos de los que ocuparse. Niklaus había hecho la limpieza infinitamente más fácil activando los detonadores cuando fue arrestado, pero había unos cuantos rezagados.

Jeremy sujetó los dos bates de béisbol, uno de madera y otro de aluminio.

-¿Cuál? –preguntó.

Kol señaló el de manera, y Jeremy se lo lanzó

-Verás, Jer, siempre empieza con el hueco de las rodillas –dijo Kol, dándole en la rodilla derecha del hombre, haciendo una pausa para asegurarse de que Jeremy lo veía antes de hacer lo mismo con la izquierda. El segundo golpe causó que el bate se astillara.

-Odio cuando pasa esto –Kol señalo el bate-. Lo que pasa es que los de aluminio no tienen el mismo efecto, Pero, creo ahora lo hará.

Jeremy le pasó el segundo bate.

-Primero las rodillas, el estómago, la espalda y entonces la cabeza –dijo Kol-. De esta manera sienten más dolor, les da un poco más de tiempo para hablar, si estas intentado conseguir información.

-No estoy hablando –gruñó el hombre.

-Por supuesto que no –sonrió Kol-. No me importa lo que tienes que decir. Solo quiero ver tu cerebro en el suelo. Volvió a golpearlo otra vez.

PROWL

Habían llegado hasta el otro lado de la montaña, y Caroline casi no podía mantenerse de pie. Estaba exhausta, cubierta de sudor, hambrienta.

Nunca soltó su mano. Lo había dicho porque quería mantenerla cerca en caso de que intentara lanzarse hacia el acantilado otra vez, pero no la soltó, no siquiera cuando sus pies tocaron otra vez la arena.

-Ya estamos aquí –dijo observando la orilla.

-Se ve exactamente igual que el otro lado –dijo ella.

-Las apariencias engañan –dijo él

-¿Y ahora qué?

-Ahora tenemos que esperar a que la marea vuelva. Debería ser en unas cuantas horas –dijo mirando los indicios en la arena, intentado saber la hora. Solo funcionaria si era a la hora exacta la marea tenía que estar lo más baja posible.

Él la miro y pudo ver que se estaba balanceando un poco mientras estaba de pie.

-Necesitas descansar.

-Estoy bien –dijo ella.

-No lo estás –le dijo él-. Necesitas dormir.

Ella lo miró con cautela. Quedarse dormida delante de él parcia una idea terrible.

Él leyó su expresión-. No voy a hacerte daño -le recordó-. Puedes dormir. Estarás a salvo.

-Soy demasiado lista para creerte –le dijo ella.

-Bueno, eso es por lo que me gustas –le dijo él.

Ella sintió como su estómago daba un vuelco. ¿Le gustaba? No, él no quería decir eso. Céntrate, Caroline. Solo quería tumbarse. Pero que haría él, si ella cerraba los ojos.

-¿Sigues sin creerme? –le preguntó-. Muy bien, vamos a ver qué podemos hacer.

Ella vio como pensaba para buscar una solución.

-Cachéame –le ofreció.

-¿Qué?

-Cachéame, busca un arma si temes cerrar los ojos delante de mí.

Ella le lanzo una mirada cuidadosa. Él abrió los brazos como si ella fuera un agente con uno de esos detectores de metales.

-Vamos –le ofreció.

Vacilante se acercó a él, y palmeó sus costados.

-Muy bien, lo tengo, no hay armas.

-Vas a tener que hacerlo un poco mejor. Ni siquiera te has molesta en buscar en mis bolsillos.

Palmeó rápidamente sus bolsillos traseros y se alejó. Él sonrió satisfecho, disfrutando de su incomodidad por abierta invitación a ser tocado. Él movió la cadera hacia ella, como recordatorio para que revisara sus bolsillos delanteros también.

Titubeante, pero con cuidado deslizó la mano en su bolsillo delantero manteniendo lo más fuera posible. No quería acercarse demasiado a nada. Él movió la cabeza para que hiciera lo mismo con el otro bolsillo, sonriéndole como si se estuviera divirtiendo con toda la situación. Odiaba que él lo estuviera disfrutando.

Él sintió la pequeña mano deslizarse en su bolsillo delantero izquierdo y rápidamente salir. A pesar de que la sensación fue solo momentánea, tuvo los ojos cerrados y pensó en algo para distraerse. Si se concentraba en las manos que se deslizando por él, la sangre empezaría a correr hacia un lugar muy cercano a donde estaba la mano, y eso haría que la situación fuese un poco incomoda.

-Bien, estás bien –balbuceó.

-¿Estás segura, no quieres seguir buscando? –bromeó-. Estoy seguro de que podría estar escondiendo un arma en muchos más sitios.

-Bueno no es como si importara, podrías matarme fácilmente solo con tus manos –le dijo ella.

Vio el miedo y la aprensión. Estaba en lo cierto. Sería fácil. Un cuello tan delgado. Solo tendría que utilizar una mano para romperlo. Pero ese pensamiento nunca había pasado por su cabeza hasta ahora. No quería hacerlo.

-No lo haré –le aseguró-. Te lo dije, estás a salvo conmigo.

Ella vaciló. Él podía ver que estaba exhausta. Necesita dormir antes de arrastrarla al siguiente viaje.

-Vas a dejarme aquí para que muere si me duermo –susurró.

-No.

-No puedo confiar en ti –le dijo.

Él la miró. Aun plagado por el pensamiento de arrancarle la ropa, de recorrer las manos por todo su cuerpo desnudo, de estar dentro de ella. Pero ahora había otras cosas que se unían a esas pequeñas ideas. Era inteligente, cautelosa, valiente. Tenía fuerza y era diferente. Había discutido con él, y le gustó. Le gustaba que no fuera a acobardarse ante él. Pero al mismo tiempo había una nueva necesidad que ardía dentro de él. Necesitaba que confiara en él.

-¿Así que si puedo convencerte de que no te dejare ni que te mataré, entonces accederás a dormir un poco? –le ofreció.

-Sí, pero no veo como… -acordó ella.

Él asintió, entonces cogió sus manos.

Él cayó de espaldas en la arena, así que estaba tumbado sobre su espalda y la atrajo a él. Ella tropezó un poco, sorprendida por ello, e intentó apartarse de él.

-¿Qué estás haciendo? –balbuceó.

Sus manos estaban en una de las piernas de ella, intentando que se quedara tumbada así que estaba sentada a horcajadas encima de él.

-Solo relájate, Caroline, no estoy intentando nada.

-¿Te importaría explicarme que estás haciendo entonces? –titubeó, intentando apartarse, pero él la tenía bien cogida.

-Mira estás encima de mí. No puedo irme sin que tú lo notes. Si intento apartarme cuando estas dormida, te despertaré.

-Oh –dijo ella.

Cuando estuvo convencido que se quedaría quita, apartó las manos de ella y las puso en la arena a su lado. Esto iba a resultar más difícil de lo que había imaginado. Ella estaba apretada contra él, la cabeza descansando en su pecho. Las piernas enroscadas en su lado y las caderas estaban presionándose contra las suyas de una manera inconveniente. Ella se movió un poco para acomodarse y la fricción hizo que él se mordiera él labio y formará un puño con sus manos, intentando no pensar en lo bien que ella se sentía contra él.

Piensa en algo asqueroso. Piensa en ancianas en ropa interior. Piensa en ese cadáver con todas las lombrices que encontraste el año pasado y en como olía. Algo. Algo para dejar de pensar en cómo ella se siente contra ti, el calor que desprende, en como si estuvieras en la misma posición pero sin ropa, podrías… ¡No! ¡Ancianas! ¡Lombrices! ¡Vamos!

-Aun podrías matarme mientras duermo –susurró. Él la pilló mirando sus manos. Manos que habían matado antes, pero que no la matarían a ella.

Vacilante él apartó las manos de sus lados, y las deslizó por debajo de la camiseta de ella, para que estuvieran en su espalda baja, sus dedos estaban en la piel suave. Él la miro, esperando a que dijera algo, decirle que apartara las manos de ella. En lugar de eso, solo lo miró confusa.

-¿Sientes mis manos? –le preguntó.

Ella sintió en su pecho.

-Bien. Puedes dormir. Te despertarás si sientes mis manos moverse. No puedo hacerte daño si mis manos están aquí.

-Por favor no me mates –murmuró medio dormida.

-No lo haré. Duérmete.

Él estuvo perfectamente quieto mientras veía como se quedaba dormida. Su respiración incluso se acompasaba a la de él, su cabeza descansaba en su pecho. De manera ausente empezó a trazar su espalda con los dedos.

Ya había tenido mujeres hermosas que se habían dormido encima de él. No es como si prefiriera que pasaran la noche, normalmente era mejor si se iban, pero había veces en las que no podía hacer nada. No era tan terrible, tener a una mujer desnuda dormida con la cabeza en su hombro o pecho, aun sonrojada y sudorosa por el placer que le había dado. Siempre se iban por la mañana. No era del tipo de desayuno y de intercambio de números. Había perdido la cuenta de la cantidad de mujeres con las que había estado. Todas eran especímenes exquisitos, bellezas, y todas caían en pedazos ante su toque. Pero las mujeres hermosas normalmente eran criaturas superficiales, aburridas, simples. Nunca tenían nada en sus preciosas cabecitas. Nunca había pensado dos veces en ellas después de ver como se marchaban.

Ahora, la chica que estaba encima de él era algo diferente. Nunca había estado en una posición tan íntima con algo con el que hubiera tenido sexo. Se preguntó si alguna vez pasaría con ella. Seria sublime, con todo su coraje, estaba seguro de ello. Era como si ella lo quisiera a veces, pero se echaba atrás. Él estaba intentando engatusarla pero sin presionarla. Nunca presionando. Tenía que ser su elección, o no tendría sentido. No estaba acostumbrado a esperar tanto tiempo para conseguir lo que quería. No es que le importara, podría esperar el tiempo que hiciera falta si eso significaba conseguir ver cómo era. No siquiera quería imagina como su fiera personalidad seria en la cama, como de asombroso seria estar finalmente con alguien que lo desafiara. Sintió la piel de ella contra sus manos y le dolían más, no podía soportar esta tortura. La podía sentir, estaba justo ahí. Si solo las cosas fueran distintas, si alguna vez lo permitiera.

Él la miro, dormía tranquilamente, tumbada encima de él. Tenía unas cuantas horas. Se podía permitir cerrar los ojos.

Antes de darse cuenta, se había quedado dormido.