DISCLAIMER: Solo la trama me pertenece, lamentablemente Killian no.
Bueno, mis lectoras hermosas. Sólo quería decirles que os agradezco infinitamente por todo el apoyo que me han dado.
Este es el último capítulo que escribi (hace unos meses), ¿creen que deba haber un cuarto capítulo?
Muchas gracias por la paciencia!
UN MES DESPUÉS…
Estaba sumiéndome en un maravilloso sueño (por fin habíamos logrado que Leo se duerma temprano, lo que significaba mas horas de sueño para nosotros) cuando oí un llanto.
Maldición.
¡Se había dormido hace dos horas!
—Killian…
—Killian no esta—Respondió en un susurro.
—Es tu turno—Le recordé.
—¿Por que?—Gimió contra la almohada, sin moverse. El llanto continuaba.
—¡Porque yo lo hice dormir!—Exclame en voz baja. Killian dijo algo ininteligible y se levanto, saliendo de nuestra habitación hacia la de Leo.
Desde que me había besado en aquel ascensor, nuestra relación había mejorado muchísimo.
Nos mudamos juntos a la casa de Mary Margaret y David (cuyos nombres aun me costaba pronunciar en voz alta) e intentábamos ser los mejores tutelares posibles (ambos habíamos concordado que jamas nos llamaríamos padres, porque no lo eramos, sino mas bien tíos).
El llanto continuaba y podía oír los pedidos de Killian a Leo.
Como si fuera a hacerle caso pensé.
—Vamos, pequeño, duerme de nuevo. Mañana te daré puré de manzana—Me reí. Leo adoraba la manzana.
Al rato, escuche una melodía de piano y a Killian tarareándola. Me levante, intrigada por lo que sucedía en la otra habitación. Camine por el pasillo oscuro y me apoye en el marco de la puerta, que se encontraba abierta.
Lo único que iluminaba la habitación era una lampara con un dibujo de Nemo que se proyectaba en las paredes celestes de la habitación.
La imagen que vi me enterneció el corazón: Killian sostenía a Leo mientras le frotaba la espalda, mientras que Leo apoyaba su cabeza en el hombro de Killian.
—Ya se durmió—Dijo en un susurro apenas audible.
—¿Que estas oyendo?—Pregunte, también susurrando.
—Claro de Luna, es Debussy—Susurro en respuesta.
—¿Desde cuando te gusta la música clásica?—Inquirí. Jamas me lo había mencionado.
—Desde que era niño. Luego crecí y empece a inclinarme por la guitarra, aunque yo tocaba el piano.
—¿Sabes tocar el piano?—Dije con una sonrisa. El asintió con la cabeza, devolviendome la sonrisa.
—Un día te lo mostrare.
Empezó a caminar hacia la cuna de Leo y lo deposito suavemente allí, apago la lampara y tomo su celular.
Me tomo de la mano y sin decir nada me guió hasta nuestra habitación. La melodía había empezado a sonar nuevamente.
—¿Me concede esta pieza, Milady?—Se inclino levemente y me ofreció la mano.
Me eche a reír suavemente.
—Es medianoche—Apunte.
—¿Eso no lo hace mas romántico, amor?—Tome su mano y el me atrajo, posando una de sus manos en mi cintura. La luz de la lampara de noche de mi lado de la cama estaba prendida, pero había poca luz.
—No se bailar—Confesé, sintiendo como mis mejillas se tornaban rojas.
—Te diré un secreto, hay una sola regla para bailar: elegir un compañero que sepa lo que hace—Me guiño un ojo y luego empezó a moverse lentamente, siguiendo la melodía.
Apoye mi cabeza en su pecho, oyendo los latidos calmados de su corazón. Era tan relajante estar así, tan unidos. Sentí que dejaba un suave beso en mi frente.
—Creo que deberíamos dormir—Dijo haciendo que sus labios rozaran mi piel al hablar.
—Si, deberíamos—Concorde aunque no quería moverme. Apago la música.
Ambos volvimos a acostarnos a la cama, yo me acurruque contra su pecho.
—¿Crees que lo estamos haciendo bien?
—Claro que si—Me respondió
—Me gusta esto, podría acostumbrarme—Dije casi sin pensarlo. El empezó a acariciar mi cabello.
—Un día seré todo tuyo, te lo prometo—Respondió con una sonrisa y yo me pregunte a que se refería con eso
Esperen…
¿Casarnos?
No lo se, yo no había tenido buenas experiencias con mis antiguas parejas. Estuve a punto de casarme una vez pero el resulto ser totalmente opuesto a como creí que era y lo deje.
—¿De verdad?—Pregunte.
—Por supuesto, amor. Ya soy todo tuyo, solo estoy esperando para no asustarte—Respondió y el corazón se me encogio.
¿Como podía ser tan dulce cuando hace un año me parecía un completo idiota?
—Creo que no tengo miedo…
—Esta bien, puedo esperar. Ademas, creo que ya te asuste.
—Claro que no.
—Vale, como quieras.
Sonreí por su gesto, pero yo decía la verdad.
Ya no tenia miedo.
