Hola a todos, perdón por no actualizar el fic antes, pero es que he tenido una semana bin agetreada. Gracias por la espera. Nos leemos pronto, espero con ansias alguna review.
Allí se encontraban ambos guardianes Vongola, a las cuatro y pico largas de la madrugaba, fumando cigarrillos mentolados en el saliente del pasillo exterior en el jardín de los dominio de la nube como si nada.- Hibari, estaba sentado con sus piernas recogidas, de una forma muy formal, con sus ojos cerrados, fumando de forma elegante ese cigarrillo. A su lado, pero dejándole espacio, estaba Takeshi, recostado en una de las columnas de madera, sentado en el suelo con las piernas abiertas y sus codos apoyados sobre sus respectivas rodillas, las palmas de sus manos hacía adentro, mordisqueando la boquilla del cigarrillo, algo ansioso, ante una visión tan… perfecta, por así decirlo, del presidente del antiguo comité estudiantil de Namimori.
El más alto exhaló una calada de menta, mientras miraba fijamente, de arriba abajo, como buscando algún punto flaco de la imagen de Hibari, pero no encontraba nada. Aquel hombre, siempre le había producido una sensación extraña, como de querer alejarse de él, pero querer atraerlo a la vez y una sensación de como decía su sempai, '' morderle hasta la muerte'' pero de una forma menos agresiva que el mayor. Entonces se puso a gatas, tirando previamente, con mucha puntería la colilla al cenicero y se acercó como gatito cauteloso al moreno, de acercó mucho, demasiado, quizás para un simple mortal.
Sempai…- susurró de forma suave, como si temiera despertar a la bestia, mirándole fijamente.
… - como ya era habitual, el otro no respondió, sabía que acabaría cansándose.
Sempai…- volvió a decir aún más cerca… no me ignores…- dijo en tono de leve suplica.
…- se estremeció un pelín por ello, últimamente, ese chico, muy de vez en cuando provocaba eso a su cuerpo. '' Que molesto es…'' – pensó Hibari.
Quiero algo sempai… ¿me dejas hacerlo?.- sisó con la voz algo enronquecida.
¿Qué quieres?.- dijo con fingido interés.
Quiero morderte sempai…- suspiró contra la piel de la mejilla ajena.
No.- dijo de forma rotunda, como si fuera un amo riñendo a su perro.
Ñam…- el otro hizo caso omiso y apretó sus dientes contra la mejilla ajena.
La cara de Hibari debió de ser un poema por que la risa de Takeshi fue muy musical. El más mayor, no podía creerse que, Takeshi Yamamoto, le hubiera mordido, a él, a un carnívoro, acababa de morderle la mejilla y ahora se estaba riendo en sus propias narices. Era muy humillante para él, así que, a sabiendas que no tenía sus tonfas al alcance, su mano en forma de puño quiso impactar en la mejilla del exbaseballista, pero este la detuvo con sus grandes manos, así que pensó en darle una patada en los morros, pero su pierna corrió la misma suerte que su mano. Eso enrabietó mas a la nube, que intentó a ultimas darle un codazo, pero sólo consiguió que el menor, le pusiera bajo su cuerpo y le inmovilizase, mientras, en acto impropio del de las tonfas, repetía una y mil maldiciones para el deportista y amenazas, relacionadas con sus partes nobles, que se le hacían al espadachín la mar de divertidas.
Así estuvieron unos largos diez minutos en que sus cuerpos se frotaban inconscientes entre si por el forcejeo, Hibari podía sentir el poderío de aquel cuerpo tan grande que le rodeaba cai por completo, era una sensación asfixiante, eso de sentirse así era nuevo para él, era algo, que había sentido antes, cuando peleaba entrenando con potro, pero no era la misma sensación, quizás por el atributo de la lluvia, que le hacía tranquilizarse más deprisa, hasta dejar de moverse totalmente.
Pronto, lo único que se escuchaba eran las dos respiraciones, la de Takeshi algo acelerada por el esfuerzo de mantener a esa bestia dominada para que n ole moliera a tonfazo limpio y la otra tranquila de Hibari, medio anestesiado por el cansancio de la misión. Poco a poco el de encima le soltó, viendo como el más bajo, estando entre una cosa y otra, a dos palmos de su futón, se arrastraba a este y le miraba cansado.
¿ A qué viniste?.- susurró la alondra adormilado.
Quería tabaco…- respondió como si nada.
Ve a robárselo a smoking bomb… - dijo sin ganas.
…- entonces al oír ese mote, una mueca dolida atravesó por un momento los labios del más alto-… me gusta as al marca de Hibari-sempai.
Fumamos los mismos… - le mira apoyado en el cojín.
Los de sempai saben mejor- mostrando una de sus características sonrisas, ahora completamente falsa.
Hibari no era idiota, se notaba desde hacía días, más bien años en el ambiente, que el chico sushi, se sentía atraído por smoking bomb, esa relación que tenía no era normal para nada.
Él no se metía para nada en los asuntos de esos dos, pero tampoco era que no se diera cuenta, que Gokudera usó a Yamamoto para desahogarse físicamente, hasta que pudo tener alguien a quien amar, y conociendo al otro idiota del baseball, este lo habría dado todo. Eso era lo que Sasagawa decía un día con Kusakabe, si esos os tenían mucho complejo de abuela cotilla.
Sempai… me preguntaba, si? te molestaría que durmiera aquí hoy?.- le estaba pidiendo meteré de pleno en su guarida. Hibari casi le responde con un '' pues si me importa maldito herbívoro idiota''- La habitación huele mucho a él. – dijo como último recurso.
…- suspiro largamente, había algo en su interior que le decía que fuera indulgente por una vez, y dejase a ese herbívoro dormir en su habitación- No voy a prepararte una cama…- dijo algo más molesto acotándose y dándole permiso con esas palabras.
Pues duermo contigo en tu cama sempai – dijo más animado, acto seguido esquivó una zapatilla del mayor- Era broma era broma… - se rascó la nuca.
El baseballista, se acostó en el tatami, se puso su chaqueta por encima y usó su brazo de cojín. No estaba cómodo pero maldita sea era peor estar en un lugar que le recordaba demasiado a aquel idiota. Él se fue unos meses fuera a una misión y por no sé qué problema de Giannini, se rompió la tubería de la habitación de Gokudera, la inundó y este había dormido en su habitación hasta dos días antes. Entonces el más alto sintió que algo golpeaba su espalda se giró y vio una manta, de la cama ajena, Hibari, a su estilo se la ofrecía. El otro había leído no sé dónde que los herbívoros se enfermaban rápido y no quería que le pegase nada. Sonrió y se tapó con esta usando su chaqueta de cojín. Solo susurró un '' Oyasumi sempai'' y cayó rendido.
