Hola todos ¿cómo están? Espero que bien. Ahora este es el tercer capítulo. Alguien me preguntó por dónde fue que naufrago nuestro galo favorito, entonces les respondo: los vendedores lo encuentran en las costas orientales, donde ahora sería Valencia. El pueblo de Pepe está ubicado actualmente en las cercanías de Sevilla. También me preguntaron cuánto tiempo había pasado, en el barco Astérix despertó a los tres días, pasó 5 días cuando empezó a intentar escapar, y casi 13 días, es decir casi 2 semanas, cuando cayó del barco. Ahora hasta llegar al mercado de esclavos pasaron unas dos semanas más. Y hasta ahí llego yo. Espero que les guste este capítulo.

Astérix el galo no me pertenece.

Disfruten su lectura.


Tal vez la palabra suerte no era la indicada, pero Astérix, no desaprovecho la oportunidad. Aplicaría un plan que ya había ejecutado, claro que en esa ocasión fallaron unas cuantas cosas, pero ahora el objetivo no era robar la corona del César. Dejaría que lo vendieran, y luego escaparía del lugar, iría a la aldea de Pepe, cerca de Hispalis, estaba seguro que lo ayudarían.

Llegaron al mercado de esclavos, y no era del todo diferente al que había visto en Roma. El dueño de la sucursal los acomodó en una línea de pie, Astérix se dio cuenta que muy posiblemente tenía la pierna izquierda rota, le dolía, y si rozaba algo de la superficie le dolía muchísimo más. La anciana que estaba a su lado lo ayudo a mantenerse de pie. Pasaron las horas y uno a uno los esclavos fueron vendidos, comenzando con los más pequeños, luego las mujeres, y por último los hombres. Cuando el vendedor, lo observó detenidamente para ponerle el precio, se fijó en sus múltiples heridas de batalla, y su pierna rota.

‒ ¡mierda! Eres uno de baja categoría ‒ replicó el vendedor.

‒ ¿me pondrás con descuento? ‒ preguntó Astérix sarcásticamente

‒ en casa Tifus jamás ofrecemos mercancía de baja categoría, así que tú iras a dar al desperdicio ‒

Y con eso dos de los guardias que lo acompañaban tomaron a Astérix de los brazos, y lo llevaron a la trastienda, donde lo colocaron en un poste, sacaron sus látigos y comenzaron.

‒ Las políticas son claras, cualquier mercancía con desperfectos será arruinada y eliminada ‒

‒ ¿por qué no mejor liberada? Así se ahorran el esfuerzo ‒

‒ Pero eso no sería divertido ‒

Astérix recibió varios latigazos, pero no dejó que el dolor lo consumiera, era un galo, por Tutatis, los galos jamás demuestran debilidad, ante nadie. Después de un tiempo, empezó a perder la consciencia, y lo único que podía escuchar eran susurros. Pero en realidad era otra cosa.

‒ Pero señor... ‒

‒ Pero nada, Saldos de temporalis, sí ese hombre estaba herido y con cicatrices es porque ha enfrentado grandes y valerosas batallas y ha sobrevivido. Pudiste haberlo vendido en mucho más de lo que imaginas‒ dijo un anciano Romano con larga y blanca barba. ‒ Cuando Tifus se entere... ‒

‒ ¿le dirá? Estaré arruinado si lo hace‒ dijo el vendedor.

‒ hagamos algo... yo lo compro, pero al precio de rebaja, es decir... al mínimo, ya que lo arruinaste más de lo que estaba... ‒

‒ están bueno señor... ‒

Soltaron a Astérix, y él cual bulto cayó al piso, el anciano Romano lo ayudó a levantarse, con delicadeza.

‒ ¿estás bien? ¿Puedes caminar? ‒

No hubo respuesta.

‒ no te preocupes, en cuanto te recuperes podrás trabajar como es debido ‒


Astérix despertó en una cama, sencilla, con una frazada sobre su cuerpo, su cuerpo dolía hasta más no poder. Nunca había sentido un dolor tan inmenso. Se sentó pero descubrió que no podría moverse más que eso, a su lado izquierdo estaba un anciano, de gran barba blanca, muy parecida a la de Panoramix, pero este hombre era claramente un Romano pero algo le hacía diferente.

‒ Oh! Al fin, querido amigo, despertaste... estaba angustiado de que no lo lograras, pero como dicen los galos son admirables ¿no? ‒

‒ ¿quién es usted? ¿Y qué hago aquí? ‒

‒ jajaja... lo lamento ese es mi feo habito, mi nombre es Aten Opus, te compre en el mercado en Casa Tifus, ahora yo soy tu amo, pero te ruego que solo me digas así cuando haya gente cerca, sino llámame Aten sin más... ‒

‒ soy Astérix, y lo siento pero... ‒

‒ obviamente aún no te recuperas, esa pierna fue muy complicada de arreglar ¿sabes? Entonces cuando lo hagas, ya podrás trabajar normalmente ‒

‒ ¿qué clase de hombre es usted? No es un típico Romano ‒

‒ ¡jajajaja! Es algo complicado, te lo explicaré otro día... ¡jajaja!... bueno solo recupérate en cuanto lo hagas podrás incorporarte con los demás‒

El romano salió de la habitación, sin dejar de reír, Astérix no entendía nada, pero descubrió que su pierna estaba unida otra vez, al parecer lo habían curado muy bien, de la misma forma las heridas de su espalda. También vio sorprendido que era el mismo Aten Opus quien le traía la comida, y de la misma forma se la llevaba. Pero el anciano no hablaba más de lo necesario.

Pasaron como volando varias semanas para que se pudiera recuperar por completo, para entonces, el viejo ya le había traído ropa adecuada, una espada, un arco y flechas. Resulta que Astérix fue contratado como uno de los guardias personales del Romano, haría equipo con otra persona.

‒ Mi querido Astérix, ¿listo para conocer a tu compañero? ‒

‒ espero que ese sujeto no me arruine los planes de escapar‒ pensó el galo rubio‒ por supuesto que sí Aten‒

‒ Bien... ¡Rena! ven por favor ‒

De uno de los pasillos salió una mujer, con el cabello oscuro, desarreglado y largo, y ojos color miel, llevaba el mismo atuendo de Astérix y las mismas armas, a excepción de un hacha que le colgaba del cinturón.

‒ Astérix ella es Rena, de madre Picta, y Padre Bretón, es una excelente guerrera, Rena este de aquí es Astérix, el galo, te lo encargo a tu capacidad ‒

‒ Esto es una broma ‒ pensaron ambos.


Para Astérix sería fácil, o al menos eso fue lo que pensó, es decir su compañero de trabajo era una mujer, que aunque no tuviera mucha gracia, al menos no como la tenía Falbalá, sería fácil usar su galantería para convencerla si fuera el caso de que le impidiera escapar.

En cambio Rena veía detenidamente a su nuevo compañero, un hombre muy pequeño, de lindos cabellos y bigotes rubios, por la mirada se podría decir que era astuto y muy inteligente; después de realizar el análisis Rena llegó a esta conclusión, un iluso que cree que por ser Galo la va a arrastras a sus pies. Pues estaría equivocado, el enanito no la tendría fácil.


‒ les dejo para que se entiendan‒ dijo Aten Opus saliendo para los jardines de su palacio.

‒ Un placer, Rena ‒

Rena esbozó una sonrisa burlona ‒ si crees que tu galantería funciona estás muy equivocado ‒

‒ ¿no tenemos buenos modales? ‒

‒ conozco a los de tu calaña, se creen una creación divina pero no son la gran cosa, no sé lo que vio el amo pero de algo si debo decirte es que él es una excelente persona, inusual para ser Romano, así que si noto o veo que intentas o lo traicionas, yo personalmente te quitaré todo el orgullo.

‒ no creo que haya ese tipo de complicaciones, porque yo no estaré por aquí mucho tiempo‒

‒ entiendo, piensas irte, sin agradecer nada de lo que ha hecho por ti, sin él los Romanos te hubieran matado ‒

‒ le estoy agradecido, pero como yo no he pedido nada en teoría no debo nada, así que no siento remordimiento alguno, y si es por dinero se lo enviaré después ‒

‒ creo que no has entendido, de aquí nadie sale sin pagar sus deudas... ‒ Y con eso Rena puso el filo de su espada en el cuello de Asterix desafiante.