2: UNA RESPUESTA QUE ORIGINA INTERROGANTES

No, no podía ser cierto. Escondió la cabeza entre las manos mientras la sacudía levemente tratando de sacar la imagen de Draco de su cerebro. La visión de quien había creído perder tantos años atrás, en su salón frente a él, corpóreo, prácticamente tangible. Rogándole que lo sacase de allí… ¿de dónde? ¿Cómo podía un muerto aparecer así? Notaba las lágrimas tanto tiempo negadas acudir a sus ojos, el dolor pulsante en la garganta y todas las visiones de Draco que había tenido desde que desapareció cobraron un siniestro sentido. Rompió en sollozos, incapaz de evitarlo.

Sintió cómo las lágrimas corrían por sus mejillas, resbalando por su nariz; delicadas gotas de dolor, tristeza, rabia y frustración estallando al golpear contra el suelo de madera. Sumido en sus tribulaciones, no escuchó el "crack" de la aparición de Ginny, ni los pasos apresurados o el ruido de sus rodillas al chocar contra el suelo. Ni siquiera las palabras atropelladas. Sus sentidos estaban cerrados a cualquier estímulo. Sólo podía pensar en una cosa: Draco había permanecido encerrado en alguna parte, durante casi diez años. Y él se había resignado con demasiada rapidez a su muerte. No se planteó otra cosa, no había querido. Y ahora… quizá estaba sufriendo. Quizá se estaba muriendo y él no podía hacer nada.

Sintió a lo lejos un zarandeo que le hizo levantar la mirada y encontrarse con la cara pálida y los ojos asustados, llenos de preocupación de su esposa. Los brazos cálidos lo rodearon, inundándolo de una sensación de ingravidez que apenas mitigaba la impresión de haber vuelto a ver a Draco. Mientras se dejaba abrazar por ella y se sostenían mutuamente, su mirada volvió a fijarse en el espacio donde había visto a Draco. El rostro níveo de labios sonrosados y ojos grises increíblemente expresivos, el cuello largo, la nuez de Adán pronunciada, el cabello rubio de consistencia etérea, prácticamente blanco con reflejos dorados. Tal y como lo recordaba, sin envejecer un solo día. Exactamente igual que la noche que se separó con un "Cuídate mucho, ¿vale?".

Le hizo prometer que tendría cuidado, que no haría las cosas sin pensar. Lo había abrazado con fuerza y a él le conmovió que le costase tantísimo separarse de él una sola noche, porque al día siguiente volverían a verse. Y cuando no volvió al día siguiente, ni al siguiente, pasó una semana, otra, un mes, dos, terminó la guerra y continuaba sin aparecer… Aquellas últimas palabras cobraron un sentido que no quería que tuviesen. Y de nuevo volvía a escucharlas en su cabeza. ¿Sabría que no iba a volver? ¿Acaso le dieron una última noche de gracia antes de meterlo donde fuera que lo metieron? Ahogó un grito. Quizá sí estaba muerto, y sabía que lo iban a matar…hasta los mortífagos les dejan a los suyos elegir su último deseo. Pero no podía estar muerto, había sido tan real. Tan dolorosamente real…

Las manos de Ginny se enredaron en su pelo, masajeando con ternura el cuero cabelludo. Sintió los labios carnosos en su mejilla. El calor de ella lo envolvió y de pronto el mundo volvió a poseer sonido.

- ¡Shh!- murmuraba ella acunándolo- ¿Qué pasa? ¿Harry? ¿Qué?- trataba de aparentar tranquilidad, pero la preocupación le estaba jugando una mala pasada- ¿Están bien?

- Sí- asintió sorbiendo las lágrimas- Están dormidos…- se apartó de ella para poder mirarla a los ojos- Lo he visto, Gin- sollozó- Lo he visto.

-¿A quién?- preguntó Ginny frunciendo ligeramente el ceño para luego expandirse de nuevo en un gesto de incredulidad y temor- ¿A él?

Harry asintió dejándose llevar. Sabía que era imposible, que los muertos no regresan, pero no estaba ciego, y tampoco estaba loco. Sabía lo que habían visto sus ojos. Y aunque su mente le decía que Draco había muerto en la guerra, en su corazón latía de nuevo la esperanza de recuperar algo que nunca estuvo preparado para perder. Rompió a llorar con desesperación mientras Ginny lo acercaba a su cuerpo y lo mecía con cariño.

- Sé que no era real, pero estaba ahí…-gimió- Me habló, yo… Yo creí que estaba soñando, pero… Acababa de abrir los ojos y… - No podía continuar hablando. Sólo quería que todo hubiese sido una pesadilla, olvidarlo de una vez por todas, ser capaz de pasar página de verdad… Aunque… También quería volver a verlo. Sacarlo de donde estuviese para poder abrazarlo de nuevo, sentir otra vez esa química en una simple mirada.

Pero no podía ser. Si no estaba muerto y estaba oculto en algún lugar del que pudiese rescatarlo, no podía permitir que nada cambiase. Sí, por supuesto, lo sacaría de allí, se lo debía. Pero jamás recuperaría lo que habían tenido. Ella no se lo merecía, pensó, mirando el cabello rojo de Ginny contra su mejilla. Era su esposa y si no le debía otra cosa, sí respeto y lealtad. Ahora tenía una familia, se dijo, a la que se debía, que lo necesitaban, y a los que necesitaba. No iba a dejarlo todo por reencontrar el amor perdido. Quería a Ginny, por encima de todas las cosas, ella le daba cariño, seguridad, estabilidad. Sus hijos estaban delante de cualquier persona en su lista, lo daría todo por y para ellos. No podía abandonar a su familia por un Draco que quizá no fuese el mismo del que se enamoró, que quizá ya no sintiese nada por él.

- ¿Qué le pasa a papá?- la voz de Hector le hizo volver la cabeza. En el quicio de la puerta había dos pequeñas figuras con carita de sueño. El niño, con el pelo alborotado sostenía la mano de su hermana pequeña, que se chupaba un dedo. Colgando de la otra mano de Hector estaba el dragoncito de peluche del que jamás, en sus seis años se había separado.

- Nada, trasto- los miró tratando de esbozar una sonrisa- Venid aquí- sus hijos avanzaron cautelosos y se subieron a las rodillas de su padre. Harry los rodeó con los brazos, apretándolos contra su pecho. Hundió la cara entre las cabezas de sus pequeños y aspiró su aroma ¿Cómo podía siquiera plantarse la posibilidad de abandonarlos? Eran su vida. Esas tres personas que lo abrazaban y a quienes el mundo se les hundía porque estaba triste eran todo a lo que se debía. Por ellos había sobrevivido a una guerra, por ellos se había esforzado tanto en preservar un mundo mágico mejor para todos… Eran lo que lo mantenía en pie. ¿Por qué había tenido que aparecer? ¿Por qué su vida tenía que desmontarse siempre cuando todo comenzaba a funcionar?

- Es hora de irse a la cama- anunció Ginny pasados unos minutos- Todos- puntualizó- Cogió a Lilith del regazo de Harry y se incorporó. Él se levantó del sillón sosteniendo a Hector, que recostó su cabecita morena en el hueco de su hombro. Salieron del salón, pero antes de apagar la luz, dirigió una mirada al lugar donde había vuelto a ver el rostro de la persona amada y perdida.

Acostaron a los niños y tras darles las buenas noches, se dirigieron a su dormitorio. No cruzaron palabra mientras se desvestían y se metían en la cama. Pero cuando apagaron la luz, notó el brazo de Ginny rodeando posesivamente su cintura. Miró la cara pecosa, iluminada por la luz mortecina que entraba desde la calle, que lo miraba con preocupación.

- No dejaré que vuelvas a hundirte por él, Harry- afirmó con severidad- No lo permitiré- Besó el cabello rojo con una sonrisa triste en los labios y rodeó los hombros de Ginny con su brazo. Ella apoyó la cabeza en su pecho, y Harry suspiró.

El amanecer lo sorprendió tumbado boca arriba con los ojos fijos en el techo. Aquella noche no había podido dormir. La figura recostada sobre él se movió ligeramente. Faltaba sólo media hora para que el despertador comenzase a sonar. Cerró los ojos, tratando de concentrarse en lo que había visto y oído, por enésima vez desde que se había acostado. Tratando de poner algo de racionalidad en el hecho de la aparición momentánea de Draco.

Pero no conseguía una explicación convincente que sosegase su espíritu. Su mente se quedaba paralizada en el momento en el que ambos se miraron a los ojos, en la milésima de segundo en la que de verdad creyó que había vuelto, en esa chispa de felicidad que se apagó nada más prenderse.

Sonó el despertador impidiéndole continuar con sus tribulaciones. Apretó los dientes odiando con toda su alma aquel sonido estridente. Ginny abrió los ojos y se lo quedó mirando.

- No has pegado ojo, ¿verdad?- negó con la cabeza. Ella se incorporó y le dio un beso en los labios- No vayas a trabajar. Yo me encargaré de los niños y de avisar al colegio- la siempre eficiente Ginevra Weasley tomó las riendas de la situación con su habitual diligencia- Te traeré una poción para que descanses, y en cuanto te despiertes, te vas directamente a hablar con Hermione de esto. Es la única que puede ayudarnos.

Asintió con cansancio. Tras abrazarlo brevemente, ella se levantó y se dirigió al baño. Escuchó desde la cama el sonido de la ducha y minutos después, Ginny entraba en la habitación envuelta en una toalla. La observó secarse con minuciosidad. El cuerpo claro, salpicado de pecas de la mujer que hoy era su esposa estaba frente a él, recordándole que el tiempo sí había pasado y que habían cambiado.

No era lo mismo tener veintiún años que treinta. Comparó mentalmente el cuerpo de Ginny ahora con el de la Ginny de su noche de bodas. La piel era ligeramente más recia, las caderas más anchas, los senos más pesados, con el pezón más oscuro y la areola más grande. El vientre plano había adquirido cierta redondez y ya no podía contar sus costillas. Alargó la mano para acariciar el muslo que ella había apoyado en la cama para subirse la media, y sonrió. Le encantaba tocarla. Ella le dirigió una sonrisa dulce. Adoraba la mujer en la que Ginny se había convertido, el cuerpo que había cambiado su perfección atlética para albergar a sus dos niños, adquiriendo la perfección femenina que poseía.

La miraba y le costaba llamarla Ginny, porque ese ya no era su nombre. Ginevra era el nombre que acudía a sus labios cuando hacían el amor, al discutir o al hablar con ella. Ginny era un nombre infantil que no le hacía justicia. Salió de la habitación completamente vestida y regresó con una taza entre las manos, llena de un oscuro brebaje que olía intensamente a lúpulo. Le tendió la poción para dormir, pero no quería beberla antes de que los niños se marchasen con ella. Se levantó y la abrazó con fuerza.

- Gracias por no dejarme caer, Gin. Gracias- murmuró en su pelo. Ella le acarició la espalda- Ya visto yo a los enanos- resopló- Luego me tomaré la poción y me acostaré, te lo prometo. Cuando os marchéis.

Harry fue a despertar a los niños. Lilith se quejó, haciendo que se le formase un nudo en la garganta. Por su culpa la niña no había podido dormir bien. Pasó a Hector, que le dio un beso adormilado en la mejilla y lo abrazó fuerte. Sintió ganas de llorar. Por fin pudo lavarles la cara y mientras el niño se vestía solo, él dejó lista a la pequeña. Los llevó hasta la cocina, donde, por un día, desayunaron los cuatro sentados a la mesa. Todo parecía ir bien, pero Harry sabía que las cosas estaban siendo demasiado perfectas. Y aunque le encantaba hacer bromas con los niños y con Ginny, disfrutar de una mañana sin gritos, sin prisas, sin malas caras, sabía que la falsa sensación de tranquilidad duraría poco.

Y así fue. Apenas se despidieron de él con un beso, se quedó solo con la taza entre las manos. Notando como poco a poco iba perdiendo el calor entre sus dedos. Se levantó de la silla con pesadez y cogió un pedazo de pergamino y su pluma siempre entintada para escribirle una nota a Hermione. Como bien había dicho Ginny, tenía que saber de una vez por todas qué le había ocurrido a Draco. Por más que doliese, tenía que enfrentarse a ello. Y Hermione era la única persona en la que confiaba lo suficiente como para poner el alma en sus manos, que tenía el poder de hacer lo inevitable, llegados a este punto.

Ordenó a Dobby que recogiese los restos del desayuno, aunque sabía que no era necesario. Se acostó en su dormitorio tras engullir de un solo trago la poción que Ginny le había preparado y dejado sobre la mesilla de noche. Poco después notó como el sueño se apoderaba de sus sentidos y hacía sus párpados más pesados. Cerró los ojos y se dejó llevar por la dulce sensación de seguridad que la poción otorgaba.

No habrían pasado más de seis horas cuando lo despertó un golpeteo persistente en la ventana. Un búho pardo de ojos amarillos se mantenía en el aire frente a la ventana, sosteniendo una carta en el pico. Se levantó trabajosamente, apartando las cobijas con fastidio y abrió la ventana. El búho se posó en su brazo mientras abría el pliego de papel. Era de Hermione.

Hola Harry;

Sé que te va a fastidiar que te lo diga, pero llevo años esperando esta nota. Ven a casa a las cuatro y tras el té, veremos qué hacemos para descubrir lo que le ocurrió a Draco. Blaise se llevará al Carel al cine para que estemos solos.

Un abrazo: Hermione

Miró el despertador: la una del medio día. Podría ir a por los niños al colegio y pedirle a Blaise que se los llevase con Carel y con él, pero sabía que no sería necesario. Ginny se habría puesto en contacto con su madre y sin duda alguna, la Sra. Weasley estaría más que encantada de hacerse cargo de ellos el tiempo que hiciese falta. Se metió en la ducha y abrió el grifo. El agua caliente le golpeó la nuca mientras apoyaba la frente en la pared con los ojos cerrados.

Lo intentaba, de veras que lo intentaba, pero no podía dejar de darle vueltas al hecho de que Draco le había pedido ayuda. Que lo sacase de allí ¿Qué lo sacase de dónde? Estaba muerto, y no había forma de resucitar a un muerto, menos aún cuando jamás habían encontrado el cuerpo, pero… ¿Y si no estaba muerto? ¿Dónde estaba? Ya no quedaban mortífagos que pudiesen mantenerlo secuestrado ¿Y si habían pasado por alto algún zulo y estaba allí encerrado? La sola posibilidad le encogía el corazón.

Salió del baño y comió algunas sobras antes de vestirse. Era temprano, pero no podía quedarse encerrado en casa haciendo tiempo. Hermione vivía en las afueras de Londres, en un pueblecito muggle que los tenía a Blaise y a ella por una pareja de hippies raros, así que si en lugar de aparecerse cerca de la casa, iba en tren hasta allí, cubriría prácticamente las dos horas y media que le quedaban hasta las cuatro.

Escribió a Ginny una nota que dejó sobre la mesa de la cocina y salió de casa sin olvidarse la mochila que siempre lo acompañaba. Dentro llevaba, más por costumbre que por necesidad, la capa de invisibilidad. Además de una libreta, varios bolígrafos, una botella de agua, caramelos, su móvil, calculadora, la cartera y un pequeño botiquín (indispensable cuando tienes niños pequeños)

Se apareció cerca de la estación de Victoria y bajó las escaleras color chocolate. Observando una vez más con horror los murales que anunciaban la Tate Gallery. Esperó en el andén unos diez minutos hasta que llegó el tren que necesitaba. Se acomodó junto a una ventanilla y sacando la libreta y un par de bolígrafos que lo ayudarían a pasar la casi hora y media de viaje.

Estuvo escribiendo absorto prácticamente todo el viaje y cuando la megafonía anunció su parada, guardó a regañadientes sus útiles de escritura en la mochila y pulsó el botón para solicitar la parada. Contempló el verde paisaje al tiempo que el tren ralentizaba su marcha. La estación era bonita, de madera oscura que todavía desprendía cierto aroma a brea. Flores alegres en torno al edificio y una avenida adoquinada que se adentraba en el pueblo. Siguió aquella hasta casi el final. Hermione vivía ligeramente alejada del pueblo, pero quería llevarle algo agradeciendo el favor que iba a hacerle. Por ello paró en una pastelería y compró algunas pastas para el té.

Se desvió por una de las callejuelas de aquel pueblo, sintiendo que si no fuera por los coches asomando dentro de los garajes, habría podido decir que se había trasladado a algún punto del pasado. Caminó sin rumbo aparente hasta que sus ojos encontraron una casa antigua, aunque alegre, que se erigía sobre la colina. El corazón latía violentamente contra su pecho. Temeroso por un lado y deseoso por otro de obtener respuestas a todas las preguntas que le abigarraban el cerebro. Sabía que sería la peor tarde de su vida, pero, irónicamente, era lo único que podía hacer para no hundirse de nuevo, como lo había hecho hacía casi diez años.

Subió los escalones del porche y tiró de la cadenilla que hizo sonar una campana, avisando a Hermione de su presencia, aunque no dudaba que ella ya lo sabía. Escuchó unos pasos acercándose a la puerta, que al abrirse reveló la melena siempre alborotada de la chica y la sonriente cara de su amiga tras unas gafas de pasta.

- ¡Harry!- exclamó haciéndose a un lado para dejarlo pasar, al tiempo que un gato atigrado le pasaba entre las piernas- Félix - el animal se alejó hacia el interior de la casa con arrogancia mientras ella le daba un abrazo rápido- ¿Cómo estás?- preguntó mirándolo clínicamente- Bueno, por lo menos has dormido.

- Sí, poción mediante, pero sí- ella hizo un gesto desdeñoso y cerró la puerta tras él- He traído algo para el té- anunció entregándole la bandejita de cartón.

- ¡Oh, Harry!- sonrió ampliamente- Me alegro, porque para la cocina soy un absoluto desastre…realmente, para la casa en general- suspiró.- Por eso lo mío con Ron no podía ser…- la mujer avanzó cojeando hacia la cocina apoyada en un bastón.

- Por eso, y porque es un bala perdida, Hermione, que no se te olvide ese detalle- rió.

- Es cierto, es cierto- asintió dejándose caer en una silla de la impoluta cocina- Menos mal que Blaise se conforma con la comida que hacen los elfos…

- ¿Con la comida de los elfos?- fingió escandalizarse bromeando Harry- ¡Hermione!

- ¡Bah! Cállate, que les pago- la tetera que estaba al fuego comenzó a silbar.- ¿Puedes poner tú el té?- lo miró suplicante frotándose el muslo izquierdo.

- Claro- sacó el bote de té del armario sobre el fregadero y vertió tres cucharadas en el pocillo de la tetera- ¿Te sigue doliendo?- la miró con el ceño fruncido a la vez que apagaba el fuego.

- Bueno, haber estado sin pierna dos semana no es moco de pavo, ¿eh?- sonrió con amargura.- Los sanadores no la colocaron bien, y se me ha quedado tocado el nervio ciático. De vez en cuando, muy de vez en cuando, me duele.

- Lo siento- la miró compungido. Hermione había pagado muy cara su participación en la guerra. Alcanzada por multitud de maldiciones, se había debilitado mucho, y la batalla final casi fue mortal para ella. Le fracturaron la mayoría de los huesos largos del cuerpo y hubieron de seccionarle la pierna izquierda para poder curarle la articulación de la cadera. Luego la volvieron a colocar en su sitio, pero la falta de conocimientos anatómicos de los sanadores hizo que una mala conexión de nervios, dejase su nervio ciático dañado de forma irreversible.

- No digas estupideces- se levantó para abrazarlo. El aroma familiar de su amiga lo envolvió y ocultó el rostro en la espesa mata de pelo- Me metí allí porque quise, ¿de acuerdo? Nadie me obligó, Harry- la apretó con fuerza. Había estado tan cerca de perderla a ella también- Además, gracias a los ocho meses de reposo, y a lo que me aburrí en San Mungo, afloraron mis poderes ocultos- ambos rieron.

Harry se separó de su amiga y la ayudó a tomar asiento de nuevo. Vertió el té ya reposado en las dos tazas y desempaquetó la bandeja con las pastas. Hermione cogió una y la saboreó con delicia. Quedó claro que durante el té se establecería una especie de tregua en la que no harían ningún comentario sobre lo que vendría después. Ambos se miraron a los ojos, y sin decir nada supieron que se aferrarían a ese momento, temerosos de no tener ningún recuerdo agradable de aquella tarde.

- Carel va a gusto al colegio, ¿verdad?- preguntó por hablar de algo.

- ¿A gusto?- Hermione elevó las cejas divertida- Ese niño ha salido a sus padres, no hay duda. La otra noche, antes de leerle un cuento, me preguntó cuantas horas faltaban para volver al colegio- rió tras beber un sorbo de té- Y cuando se lo dije preguntó: ¿Tantas? Mamá, ¿no puedes hacer que el tiempo vaya más rápido?

- Jajajaja- rió Harry- Recuerdo el primer año de Carel- el hijo de Blaise y Hermione había sido el primer niño que apuntaron a la escuela que él había fundado- Todos los niños lloran al llegar, pero él lo hacía al salir.

- Pues anda que tu niño- sonrió involuntariamente, cualquier mención a su hijo le provocaba aquella reacción. Pensar en el pequeño y revoltoso crío hacía que una cálida sensación invadiese su cuerpo- Ginny me contó que en su primer día le dijo a la maestra que era muy tonta, porque no se sabía todos los colores. Él conocía el ocre, terracota, aguamarina… ¡jajajaja!

- Sí, lo recuerdo. Cuando era más pequeño, antes de empezar el colegio, por las tardes pintábamos juntos y le decía nombres de los colores de la caja de pinturas de…-su rostro se ensombreció. Aquella caja de pinturas había sido una de las pocas cosas que se llevó de las habitaciones que compartió con Draco en Malfoy's Manor durante un par de años, hasta que se desató la guerra abierta- de Draco.

Se quedó callado mirando el líquido ambarino en su taza, empujando la rodaja de limón hacia el fondo para observar cómo ascendía de nuevo. Algo que él era incapaz de hacer sin ayuda. No podía flotar desde donde estaba a la superficie. Ahora comprendía que nunca lo había hecho. La sensación de seguridad y felicidad no era más que un aporte de oxígeno desde el exterior. Realmente, nunca había vuelto a aflorar a la superficie tras la guerra. Hermione le cogió la mano que descansaba sobre la mesa y la apretó.

- ¡Hey!- alzó la cabeza. Hermione le sonreía consoladora- Dentro de poco podrás preguntarle qué le parece que un crío revoltoso haga rayotes con sus lápices de colores- Pensar que en unos pocos minutos quizá pudiera hablar con él, casi le paró el corazón. Si lograban dar con él significaría que estaba muerto, y por muy horrible que pudiese parecer, una parte de él lo deseaba fervientemente. Si estaba muerto, podría pasar página de una vez por todas.

No podía soportar la tensión, la incertidumbre, los recuerdos de los últimos meses de la guerra. El horror al que tuvo que enfrentarse, la muerte de Voldemort. Había necesitado más que nunca el calor de alguien a su lado por las noches, las caricias, los besos, el cariño de Draco…y no lo había tenido. Su depresión duró más de un año y le costó salir al mundo de nuevo. Revivir todo aquello lo llenaba de una profunda angustia. Le hacía sentir vulnerable y en peligro de nuevo. Hundió la cabeza entre los brazos aterrorizado. Consciente por primera vez de a lo que se iba a enfrentar aquella tarde. A la verdad. A lo que realmente había ocurrido. ¿Y si era distinta de lo que él siempre había creído? ¿Y si no podía soportar que la realidad difiriese de lo que él había imaginado? Ahora sabía que no estaba seguro de querer saberlo, pero… ¿y si sí había traicionado a Draco? ¿No se esforzó lo suficiente en buscarlo? ¿Por qué se dio por vencido tan pronto? ¿Por qué no insistió más y probó todo en el momento en el que se dieron cuenta de que había desaparecido? ¿Acaso no confiaba en él? (isa tiene razón, esto hay que explicarlo mejor)

- No puedo esperar más, Hermione- gimió temeroso de que si alargaban el tiempo de espera se arrepintiera. No sería justo para Draco si hiciese eso. Ya no era justo que hubiese esperado tanto tiempo para hacerlo- Tenemos que hacerlo ya- la miró a los ojos castaños. Ella suspiró.

- Tienes razón- Se había levantado y apoyaba una mano en su hombro- No tiene sentido demorarlo más. Creo que nueve años de incertidumbre han sido más que suficiente. Para todos.- Se apoyó en el bastón- Vamos al ático, que es donde lo tengo todo- Subieron las escaleras despacio. Ella apoyándose en él, siendo el soporte que Harry necesitaba para encarar el futuro, ocurriese lo que ocurriese.

Nunca había estado en aquel ático, ya que hasta el momento no había recurrido a su amiga por motivos referentes a su profesión. Lo que vio le sorprendió. La faceta de vidente de hermione era para él como la cara oculta de la Luna, sabía que existía, pero jamás la había visto. La estancia esta repleta de libros sobre Adivinación, una mesa baja sobre la que se sostenía una inmensa bola de cristal, diversas barajas de tarot, una bandeja con Runas y una pizarra abarrotada de fórmulas aritmánticas. Obviamente, había decidido saberlo todo sobre su nuevo Don, y lo había conseguido.

Durante los meses que Hermione pasó postrada en una cama en San Mungo, sin más ocupación que mirar al techo, el cerebro necesitado de retos de la chica se aburría soberanamente, así que, misteriosamente, afloraron unas facultades de videncia que ya las habría querido para sí la profesora Trelawney. Según los estudios que llevaron a cabo en ella, ese poder siempre estuvo ahí, pero jamás había estado el cerebro lo suficientemente relajado como para permitirle despertar.

- ¿Qué es lo que ha ocurrido?- preguntó mientras tomaba asiento en una cómoda butaca.- Me has hablado de sueños y extrañas visiones- Harry asintió nervioso. Y se sentó frente a ella, al otro lado de lado de la mesa con la bola de cristal, junto a la que la chica había dejado plegadas sus gafas.

- ¿Por qué llevabas años esperando que viniese a hablar de esto?- cuestionó a su vez tragando saliva. Si Hermione sabía algo y se lo había estado callando, jamás se lo perdonaría.

- Pues porque no has hablado de esto con nadie, ni siquiera con Ginny. Has rehuido el tema de Draco desde que desapareció- sonrió con tristeza- Y no es porque pueda ver cosas que otros no ven, sino porque soy tu amiga, sabía que algo raro estaba pasando y sabía que no te lo habías quitado de la cabeza.- Lo miró con seriedad y una ligera preocupación- Harry, voy a hacer todo lo posible para saber qué le ha ocurrido, exploraremos todas las posibilidades y no saldremos de esta habitación hasta que tengamos alguna certeza sobre lo que le pasó, ¿de acuerdo?- asintió de nuevo sintiéndose estúpido por no haber acudido a ella antes- Pero antes que nada, quiero que me cuentes qué ha ocurrido para que hayas acudido a mi. Y quiero todos los detalles, porque ni voy a juzgarte ni nada de lo que me digas saldrá de esta habitación por mi parte. Primero por amistad y segundo por respeto al secreto profesional o de confesión, cómo tú lo veas, que me obliga.

Respiró hondo y hundió la cabeza entre las manos. Carraspeó mientras ponía en orden sus ideas. ¿Cuándo comenzó todo? ¿Fue el día de su boda? No, sabía que la cosa venía de más atrás. La presencia de Draco junto a él había comenzado al mismo tiempo que desapareció. Siempre pensó que era una estrategia de su inconsciente para impedirse olvidarlo, y se había escudado en ello cada vez que le parecía verlo.

Le contó a Hermione cada sueño, cada visión. Todas y cada una de las sensaciones extrañas que relacionaba con él. Habló por primera vez de su última noche juntos, de lo que había dicho Draco y del significado que había tenido para él en aquel momento y el que había cobrado ahora. Expresó sus teorías y miedos sobre cuál era el misterio que envolvía todo aquello. Ahora que había comenzado a hablar, no podía parar. Ni siquiera fue consciente de que su amiga había comenzado a tomar apuntes a vuelapluma. Relató despacio, desgranando las palabras, los hechos de la noche anterior. La voz se le cortó al repetir la súplica de Draco…

- No puede estar muerto, ¿verdad?- preguntó con la esperanza de que Hermione hubiese desentrañado lo ocurrido sólo con lo que le había contado. Que escondiese en la manga la maravillosa solución que siempre había tenido a punto cuando se les presentaba una encrucijada- Si…Si estuviese muerto, no tendría ningún sentido que me pidiese ayuda, ¿no?

- No parace muy lógico, desde luego, pero… No sé qué decirte, Harry- se encogió de hombros- No hay que dar nada por supuesto- la chica respiró hondo y exhaló el aire con un profundo suspiro- Bueno, creo que lo más sensato sería empezar por lo peor y descartarlo cuanto antes.

- ¿Empezar por lo peor?- el corazón se le encogió de terror- No te referirás a…

- Voy a hacer una invocación- explicó- A los muertos- un escalofrío le recorrió el cuerpo- Llevo desde que soy capaz de hacerlo, deseando que su madre o tú vinieseis a pedírmelo, Harry. Le tomé aprecio cuando lo conocí, pero necesitaba un vínculo terreno más fuerte que yo, alguien a quién él se sintiese ligado y que se sintiese, a su vez, ligado a él. Si está muerto, no tendrá más remedio que aparecer.

- ¿Y si no acude?- el corazón le latía a toda velocidad. Había sabido desde un principio que aquello era lo que harían, pero hasta ahora no lo había visto como algo real, algo que pudiera hacerse. - ¿Cómo sabremos que le pasa? ¿O donde está?

- Será un poco más laborioso, y requerirá muchas más conjeturas- inclinó la cabeza pensativa- pero lo encontraremos, Harry, te juro que lo encontraremos.

Con parsimonia ritual, Hermione corrió las cortinas atenuando considerablemente la luz de la habitación. Prendió las bujías con los dedos y trazó un círculo que los incluyó a los dos. El incienso abotargaba los sentidos, y por unos instantes, Harry creyó estar de vuelta en el aula de Adivinación de Hogwarts. Entonces Hermione comenzó a recitar la invocación.

Mientras su amiga entonaba aquel cántico adormecedor, apenas un murmullo en una lengua extraña, Harry estaba atento, manteniendo un silencio tenso, a algún cambio en el ambiente que le indicase si la invocación estaba funcionando o no. Ella tenía los ojos cerrados y las manos se apretaban contra los brazos del sillón con tanta fuerza que sus dedos estaban blancos del esfuerzo. Se balanceaba suavemente hacia delante y hacia atrás, y de pronto, calló. Contuvo la respiración. La observó murmurar sin apenas mover los labios y sin emitir sonido alguno. Veía los globos oculares girar tras los párpados, como cuando estamos sumidos en un profundo sueño.

Tragó saliva. Ahora estaba mucho más preocupado de que Hermione estuviese bien que de cualquiera que fuese el resultado de aquella invocación. No podría nunca afirmar el tiempo que transcurrió hasta que Hermione exhaló un profundo gemido y se dejó caer sobre el respaldo del sillón. Temblaba como si fuese presa de un frío intenso y respiraba de forma irregular. Se acercó a ella y cuando se arrodilló a su lado, abrió los ojos, fijando su mirada desenfocada en él. Por primera vez, temió que la invocación hubiese funcionado, que estuviese muerto. No quería tener que asumir que se había marchado de verdad. Ahora que las dudas habían vuelto a aflorar, ahora que existía una posibilidad de volver a estar cerca de él… no quería volver a perderlo.

- No está muerto- afirmó con voz queda, entrecortada por el castañeteo de sus dientes. Aquellas palabras tardaron un instante en penetrar a través de su cerebro, durante el cual su corazón se olvidó de latir. Cuando lo recordó, bombeó la sangre con fuerza, enviando a Harry una oleada de calor que le eliminó parte del frío interno que llevaba años invadiéndolo.

- ¿Qué?- exclamó tendiéndole un vaso de agua, que su amiga bebió con avidez. La mujer respiró hondo varias veces y se frotó los brazos- ¿Cómo lo sabes?

- Porque…- comenzó tras unos instantes de silencio, durante los cuales enfocó su mirada en el rostro de Harry- con esta invocación sondeas el mundo de los muertos y no está allí. No está muerto- afirmo de nuevo, esta vez con vehemencia.

- ¿Y cómo sabemos que le pasa?- el corazón le latía con violencia, mezcla de miedo y excitación- ¿O dónde está?

- No lo sé…- con un movimiento de la varita apareció una manta en la que se envolvió- Mientras realizaba la invocación creía que iba a funcionar, porque lo veía junto a ti, cada vez con más claridad- cerró los ojos con fuerza y volvió a abrirlos, cómo si tratase de poner en orden sus ideas- Pero cuando he terminado…él ha desaparecido, y al adentrarme en el plano de los espíritus, no lo he encontrado por ninguna parte.

Harry la abrazó, tratando de infundirle parte del calor que se había apoderado de él. No estaba muerto. ¡No estaba muerto!, pero… ¿dónde estaba entonces? ¿Cómo darían con él? Ahora el camino de búsqueda que se extendía ante ellos era muchísimo más complejo de lo que había imaginado. No sabía como terminaría aquello, ni qué encontrarían al final. Lo único que sabía, es que esta vez no se daría por vencido hasta que no obtuviese una respuesta, por desesperanzadora que fuese.

- ¿Y ahora que vamos a hacer?- preguntó con desolación. Hermione lo miró a los ojos con seriedad y sonrió suavemente.

- Tengo una corazonada- anunció. Harry se apartó de ella.- He estudiado mucho sobre los planos, los distintos tipos, sus características…y por lo que he visto durante la invocación, el hecho de que haya aparecido junto a ti mientras lo invocaba, pero que luego no haya podido encontrarlo entre los muertos…. Creo que está aquí, Harry, ahora mismo, en esta misma habitación…pero en un plano de realidad alternativo…

La miró estupefacto. Mudo. Ni siquiera podía ordenar sus pensamientos de forma coherente. Tan solo podía pensar que "estaba aquí, en aquella habitación". Probablemente, ya que si había alguien que sabía de todo aquello era ella, estaba en lo cierto. Un plano de realidad alternativo. Tragó saliva ¿Siempre había estado allí? ¿Y cómo lo devolverían al plano de realidad, real?

- ¿Qué quieres decir con un plano de realidad alternativo?- preguntó titubeante.

- La vida en la Tierra está dividida en varios planos, el plano de los muertos, el plano de ciertos seres fantásticos, el plano de las almas no nacidas…. Llamamos "plano real" al que contiene la vida físicamente hablando, en el resto de planos, la existencia no es corpórea, es espiritual.

- ¿Y él en qué plano está?- frunció el entrecejo y se sirvió un vaso de agua de una jarra que ya estaba allí cuando subieron. Se sorprendió del sabor fresco.

- Pues…- alargó la mano hacia la mesilla y cogió las notas que había tomado mientras Harry le contaba su historia. Las repasó en silencio, manteniéndolo, inconscientemente, se dijo Harry, en ascuas. Varios libros volaron hacia a ella con un movimiento de su varita. Los hojeó febrilmente, tomando algunas anotaciones sobre los apuntes que mantenía en sus rodillas. Cerró los ojos pensativa y repasó todo de nuevo, como creando un esquema invisible tras sus párpados- Creo que "fabricó" un plano- habló por fin.- Y por lo que me has contado, y lo poco que he podido ver, es un plano que está anclado a ti.- meneó la cabeza insegura. – Por eso, a veces, has podido vislumbrarlo, bien porque eres emotivamente más sensible, bien porque en ciertas épocas del año, la línea que separa unos planos de otros es más delgada….

Anclado a él… ¿eso quería decir que la presencia que intuía como Draco era real? ¿Qué no era ninguna estrategia de su subconsciente? Suspiró. Draco siempre había estado a su lado, en todo momento… De pronto sintió una profunda pena por su antiguo amor. Diez años preso dentro de algo que creó él mismo. Debía de ser frustrante. Aunque, si el lo había creado y realizado el ritual para entrar en él, ¿cómo es que seguía allí? ¿No había diseñado otro ritual para anular el plano y volver a la "realidad?

- ¿Y por qué no puede salir?- Hermione levantó la mirada y se encogió de hombros.

- Seguramente porque cometió algún error al realizar el hechizo para salir…- el corazón se le encogió de miedo.

- ¿Podremos sacarlo?- se había levantado y caminaba de un lado a otro de la habitación nervioso, retorciéndose las manos de angustia. Ahora que ya casi sabían lo que había ocurrido, ahora que ya sabían que seguía vivo, sería mucho más terrible saber que no podrían sacarlo de allí, y que estaría atrapado para siempre.

- Sólo si sabiendo cual fue el ritual que preparó, detectamos el fallo y hacemos el ritual inverso…- resopló. No iban a poder sacarlo de allí, y jamás se perdonaría tener que dejarlo allí encerrado.

- ¿Y cómo vamos a saber qué ritual diseñó? Es más, Hermione, ¿cómo vamos a detectar cuál fue su error?- se sentó y hundió la cabeza entre los brazos con desesperación- Es imposible…

- No desesperes, ¿vale?- Hermione se acercó a él y lo abrazó- Probablemente tendrá el ritual trazado en su Libro de las Sombras…en su casa.

- Hermione- la miró con amargura- Hace casi diez años que desapareció. ¿De verdad esperas que su madre no lo haya tirado?- sabía que estaba siendo absurdamente negativo. Él conocía a Narcisa, había convivido con ella y sabía que era más que posible que ella no hubiese tocado absolutamente nada de las habitaciones de su hijo, pero no quería hacerse ilusiones sobre algo que, como era habitual para él, acabase truncándose en su mejor momento.

- Siempre podemos ir a ver…- su amiga le acarició el pelo- Harry, si algo le pasara a Hector o a Lilith… ¿tú tirarías sus cosas? ¿Te desharías de algo que hubiesen amado, o que les hubiese servido de utilidad?- Negó con la cabeza. Hermione tenía razón. Era su hijo, al que había amado por encima de todas las cosas, por el que se había arriesgado hasta el punto de poner en riesgo su vida, perdiendo todo cuanto había conseguido. Seguro que conservaba de él todo lo que pudiese ayudarla a que estuviese siempre presente en la casa.

Pero volver allí…. Tragó saliva. Desde que Draco había desaparecido, nunca había sido capaz de volver a aquella casa, de recoger sus cosas de las habitaciones que había compartido. Fue Narcisa quien se las envió. Se sintió culpable por no haber visitado a la mujer que lo había acogido en su hogar, con la que había compartido el cariño de su hijo, noches junto a la chimenea, pero no se había sentido con fuerza de revivir algo que le era tan doloroso. Sabía que Narcisa comprendería que no podía verla sin recordar a Draco, y que no quería recordarlo para evitar hundirse más todavía en aquel pozo oscuro que le impedía vivir. Pero ahora, no tenía más remedio que volver para intentar sacar a Draco de aquel plano.

La luz que entraba por los resquicios de las persianas bajadas era ya mortecina, y tras consultar su reloj, Harry descubrió que, en efecto, se había hecho bastante tarde. Ayudó a Hermione a bajar de aquella habitación que ahora se le antojaba siniestra y de nuevo en la cocina, dieron cuenta, hambrientos, de las pastas que debían acompañar al té, que se había enfriado abandonado en las tazas.