Hola, Hola…

¿Cómo están?

No tengo mucho que decir, excepto, Gracias a todos los que siguen la historia.

Como tengo algo de tiempo, ademas de subir el capitulo uno; voy a estar subiendo el capitulo dos.

Tampoco quiero aburrir demasiado, asi que de nuevo les agradezco y les deseo que disfruten de la lectura.

Nos vemos.

Declamier: Ninguno de los personajes de Naruto me pertenece, como tampoco la historia, ni ninguno de los hechos que aquí se narran.

Esta es una historia con contenido sexual explicito, si bien no en este capitulo, si en la mayoria de las escenas. Si no son afines a este tipo de historias, por favor absténganse de leer.


Capítulo 1

Somerset, Kentucky.

Octubre, Un Año Después

Sasuke Uchiha sentado silenciosamente en el jeep, observaba mientras Hinata Hyuga transportaba el equipaje al hotel que había reservado en el pueblo. El Suits era justo eso. Un bonito hotel que ofrecía una variedad de suits para alojarse, con una habitación, un pequeño salón y una cocina para aquellos que tenían que permanecer en el pueblo durante una temporada.

Hinata se registró para dos semanas pero el equipaje que llevaba no habría sido suficiente para una mujer ni para cuatro días. Una sola maleta grande, un neceser y un maletín de portátil. Definitivamente viajaba ligera.

Con los ojos sombreados detrás de las lentes oscuras de sus gafas de sol, se frotó la incipiente barba al lado de la mandíbula y consideró este nuevo acontecimiento.

Había pasado un año desde que estuvo en el pueblo. Un año desde que apretó el gatillo y enterró una bala en la cabeza de su primo. Y verla otra vez le trajo recuerdos de vívidos detalles que intentaba suprimir.

Deidara había sido una desgracia. Había planeado el secuestro del envío de un misil así como la venta de armas, e intentó cargar con la culpa a una joven de la que su otro primo Sai Uchiha estaba enamorado. Y para colmo, entonces intentó matarla cuando averiguó que Sai le había descubierto.

Salvar a Ino no había sido fácil, y Sasuke lo supo, mientras conducía hacia el punto de encuentro donde Deidara se encontró con su amante y cómplice, al que Deidara no dejaría con vida. Sasuke se hizo una promesa. Itachi y Sai eran su familia, como nadie más. Si no hubiera sido por ellos y el padre de Itachi, Shisui, Sasuke no habría sobrevivido a la confusión de su propia vida cuando era joven.

La gente que conocía a los Uchiha sabía que no podías golpear a uno de ellos. Si lo hacías todos venían corriendo. Y las mujeres de Itachi y Sai, Sakura e Ino, eran totalmente intocables. Intocables o Sasuke saldría de caza.

Deidara debería haber tenido mejor criterio. Debería haber sabido que Sasuke estaría esperando con una bala para él. Pero el pequeño cabrón se había convencido que podía salir de esta sin que nadie se enterara.

Su muerte había finalizado la investigación. Los misiles habían sido recuperados, los posibles compradores arrestados, y se suponía que todo estaba bien en esta pequeña parte del mundo. No es que Sasuke durmiera tan tranquilo por la noche, pero había encontrado algo de paz. Esa paz había sido ganada con mucho esfuerzo durante los últimos cinco años, y la había disfrutado muchísimo.

Hasta el año anterior.

Observó como Hinata desaparecía dentro del hotel. Hinata era la agente preferida de Kakashi Hatake, el agente especial al mando de las investigaciones. Era su niña de los recados y luchadora, y tanto como irritaba a Sasuke el ver que seguía las órdenes del sarcástico hombre, todavía la consideraba bastante inteligente. Tan lista que él había tratado de permanecer bien lejos de ella.

Tal vez no era tan lista como había pensado. Porque estaba de vuelta, y que lo maldijeran si alguna de sus fuentes lo había advertido de alguna operación encubierta.

Lo que esa operación era, o nadie lo sabía, o nadie se lo había contado.

Se frotó el labio inferior y miró fijamente la entrada del hotel en la que ella había desaparecido. No parecía feliz por regresar… parecía rendida, cansada, como si hubiera dormido tanto como él en el pasado año. Lo cual sumaba menos que nada. Y estaba condenadamente buena, para comérsela. Desafortunadamente, ella no había sido más que un tentempié para él.

¿Entonces por qué la señorita Hyuga actualmente tomaba residencia en su bonito pueblo otra vez? Tenía que ser bajo órdenes, porque él la había advertido, que no estaba a salvo aquí, y menos de él. Si quería mantener esa cama suya fría y solitaria, entonces debería haber encontrado otro pueblo para dormir.

Estaba absorto en su contemplación cuando su primo Itachi aparcó el pickup al lado del jeep. Al otro lado, Sai, detuvo su negro de doble cabina ocupando el espacio y sonando como el poderoso vehículo que era.

Echó un vistazo a cada lado, viendo a sus primos mientras salían de los vehículos. El viento se movía a través del pelo negro de Sai, el cual no era ni de cerca tan largo como solía llevarlo, pero el pelo de Itachi, de un negro idéntico, era más largo.

La vida de casados los mantenía decentes de muchas malditas maneras. Sai tenía un corte de pelo decente, e Itachi se dejó crecer el suyo. Sai era más ancho que su otro primo, unos pocos años mayor. Ambos eran tan malditamente fuertes e irritables como siempre.

E irritables como podían ser. Casados, con grilletes y atados tan estrechamente a sus esposas que si un hombre simplemente respiraba en la dirección de esas mujeres, se enfurecían. Pero todavía venían cuando los llamaba, y pensar en eso tiró de algo en su interior. Uno de esos pedacitos de emoción que luchaba por mantener enterrados y ocultos.

Cuando se acercaron al lado del jeep, Sasuke abrió la puerta y salió lentamente, la mirada todavía clavada en el edificio. Había llamado a la chiquilla de servicio en la recepción antes de llegar, para asegurarse de que a la señorita Hyuga le fuera entregada la habitación apropiada.

Una que diera directamente sobre la zona de estacionamiento. Quería que lo viera, quería que supiera que estaba siendo vigilada.

— ¿Qué se cuece, Sasuke? —Sai se inclinó contra el pickup gris de Itachi, los brazos cruzados sobre el amplio pecho.

Sasuke alzó una ceja mientras asimilaba los pantalones planchados y la camisa blanca que su primo llevaba. Tan malditamente diferente de la agujereada y desaliñada apariencia que su primo había tenido antes de liarse con Ino Uzumaki el año pasado.

—Elegantes porquerías, primo —sonrió Sasuke—. ¿Ino te las plancha con sus propias manitas?

Sai le frunció el ceño en respuesta, pero sus ojos negros, idénticos a los suyos, llamearon con impaciente excitación ante la mención de su esposa.

—Limpieza en seco —gruñó por fin Sai—. Y no creo que nos llamaras para discutir mi colada.

—Míralo, Sasuke —sonrió Itachi, sus ojos negros chispeando, con arrugas de regocijo en los costados—. Sai siempre ha sido un pelín desordenado con la colada. Ino se impuso sobre las arrugadas y agujereadas camisetas que le gustaba llevar en la tienda. No le dejará jugar más al desinteresado propietario.

Sai gruñó mientras Sasuke sonreía ausente y echaba un vistazo hacia el hotel.

—Esa llamada que hiciste antes, sonaba a algo importante, tonto del culo —Sai suspiró mientras se dirigía otra vez a Sasuke—. ¿Qué demonios pasa?

Sasuke se giró hacia él, mirando furiosamente a su primo por el mote que se había vuelto más frecuente.

—Sigue llamándome "tonto del culo", y voy a partirte la cabeza.

Sai gruñó y fue su turno de sonreír.

—Pienso que te pega. Te trasladaste del barco, para estar solo sobre ese maldito garaje, y empiezas a actuar como un hombre que ha crecido con algunos principios, empiezo a preocuparme por ti.

Las fosas nasales de Sasuke se ensancharon mientras la furia empezaba agitarse en su interior. Maldito Sai. No necesitaba sus malditos consejos o sus sarcásticos comentarios, lo cual describía a la perfección por qué su primo le insultaba. Porque se negaba a escuchar a nadie.

—Hatake tiene otra operación en el pueblo —les contó a los otros dos hombres antes de dejar que la furia se apoderara de él. El resto de la acusación la ignoró completamente.

No necesitaba cabrearse ahora mismo. Había pasado muchos años atrapando esa emoción tan profundamente en su interior que ya no le quemaba las entrañas. Mantenerla allí era importante. Retenerla allí mantenía la respiración segura y la conciencia de Sasuke clara.

— ¿Qué demonios hace ese jodido canoso? —Sai se enderezó y echó un vistazo hacia el hotel con evidente animosidad—. ¿Está allí?

—No. Todavía no. La señorita Hinata Greta Hyuga está allí ahora mismo, y si mi suposición es correcta, nos está observando desde la habitación tres o cuatro. ¿Crees que tal vez ha descubierto que la vigilamos?

— ¿Cómo lo averiguaste? —Itachi estaba observando a Sasuke.

Sasuke odiaba cuando Itachi lo observaba así. Como si supiera algo, o viera algo que Sasuke no quería ver.

—Una llamada anónima —Sasuke hizo una mueca—. No, no es broma. Una llamada al móvil hace una hora, imposible de rastrear, dejándome saber que ella había traspasado la línea del condado y estaba aquí para la DSN. Si Hatake ha perdido más misiles, chicos, tendré que matarle.

Estaba bromeando. Más o menos.

—No hemos oído nada. —Sai se frotó la mandíbula recién afeitada mientras echaba un vistazo hacia la ventana de la habitación de Hinata.

Ella prefería el nombre de Greta, pero ese nombre no le pegaba. Con su pelo de múltiples matices negros y exquisitos rasgos, era tan exótica como una flor tropical. Hinata le pegaba. El nombre se deslizaba por la lengua, y en las más oscuras noches, cuando se masturbaba con la imagen de ella en su cabeza, el nombre sonaba como una oración mientras derramaba su liberación en la mano.

—No he oído nada de mis contactos tampoco —murmuró Itachi—. Ni un rumor de que un agente del DSN iba a venir al pueblo.

Lo cual significaba que Kakashi estaba manteniendo lo que sucedía en el más estricto secreto. Y eso era una cosa muy mala. Cuando el pequeño bastardo rabioso mantenía la boca cerrada, entonces es que las cosas se estaban poniendo feas.

El pensar en eso le hizo volver a mirar hacia el hotel. Hinata era una agente muy buena, pero no ponía su corazón en ello. Sasuke lo había visto el año anterior. Ella no había querido estar en Somerset, y no quería participar en los juegos de Hatake.

—Se suponía que había renunciado —murmuró, los ojos entornados por el brillo de la luz del sol otoñal sobre sus cabezas—. Oí que entregó los papeles después de la operación de aquí.

No fue consciente de las miradas curiosas que le lanzaron sus primos. Itachi miró a Sai inquisitivamente, pero todo lo que su primo tenía por respuesta fue un leve encogimiento de hombros.

Sasuke nunca se interesaba por nadie excepto por sus primos, sus mujeres, su hermana, y el padre de Itachi, Shisui, para averiguar algo de alguien. A menudo proclamaba cuando se trataba de la gente, que no detendría el descarrilamiento de un tren, porque era demasiado divertido ponerse cómodo y observar el amontonamiento de coches.

No había estado tan divertido con el papel que Kakashi había obligado a tomar a la señorita Hyuga. La había puesto en peligro, y eso había cabreado a Sasuke. Al igual que Kakashi había puesto sus traseros en la línea de fuego.

— ¿Qué necesitas de nosotros? —Itachi se giró hacia su primo menor, con el pecho oprimido como siempre tenía, cuando miraba al otro hombre durante mucho tiempo.

Ahora Sasuke tenía casi frío. Había estado descendiendo durante un rato, pero a veces tenía miedo de ese frío que había tomado completa posesión de él, y lo enfriaba hasta el alma.

Sasuke pareció obviar la pregunta, como si a él tampoco le importara, o no estuviera seguro de lo que necesitaba.

— ¿No trabaja aquí la pequeña Moegui? —Preguntó entonces Sai—. Trabaja en la recepción, ¿no?

Sasuke asintió ante la pregunta. Moegui era una prima tercera por parte de su madre, una dulce chiquilla, pero a veces era un poco demasiado lista para su bien. Había puesto a Hinata en la habitación que él quería, pero había sido curiosa con el porqué la quería allí.

—Entonces espera hasta que salga y te cuelas en su habitación. Lo compruebas todo y vemos si es tan minuciosa como solía ser con sus notas —sugirió Sai.

Sasuke lo miró furioso.

—No es tan estúpida, Sai. Esas notas, si las tuviera, estarían firmemente seguras en ese portátil y ninguno de nosotros es un hacker.

—Cuélate en su habitación y la seduces hasta que te dé la información —Sai sonrió ante eso—. Eres bueno en esos asuntos. Hazla hablar, luego envías su trasero a casa.

Era una idea, excepto que él sabía algo que ellos no. Hinata no tenía un hogar.

—¿Qué demonios te pasa con esto, Sasuke? —le preguntó entonces Itachi—. La conociste antes de que viniera aquí; no lo niegues. Ahora está de vuelta sin ninguna razón evidente de por qué. Tal vez haya vuelto para verte.

Sasuke negó con la cabeza lentamente. No, no había vuelto para verle. Le traía recuerdos, y Sasuke sabía exactamente cómo funcionaba eso. Esos recuerdos eran demasiado dolorosos, y repletos con demasiadas emociones para que Sasuke o Hinata estuvieran dispuestos a tocarlos ni con un palo de tres metros.

—No está aquí por mí —dijo finalmente, preguntándose por el pesar que lo pinchaba—. Esto es una operación, chicos. Una llamada anónima, una bonita agente, y sin chismes de la agencia. Kakashi intenta apartarnos de algo y quiero saber qué demonios es.


Hinata contemplaba a través de las diáfanas cortinas a los tres hombres reunidos en el estacionamiento. No había muchos coches aparcados fuera, y era tan claro como las gafas oscuras en el rostro de Sasuke que estaban allí por ella.

Por un instante, solo por un instante, pudo oír los gritos en su cabeza. Desesperados, sonidos punzantes que rebotaban en ella, destrozando su bien ganada compostura y que la tenían meciéndose lejos de la vista de Sasuke y paseando por la habitación.

No eran solo sus gritos los que oía en su cabeza. La sensación de llamas lamiéndola, el horror y la fetidez de la muerte se vertían en sus sentidos y la dejaron temblando.

Tuvo que tragar con fuerza, apretar los puños y obligarse a sí misma a apartar los recuerdos, al igual que tuvo que obligarse a no volver a esa ventana y contemplar a los hombres que de vez en cuando miraban hacia su habitación.

Ya sabían que estaba aquí. Se acabó el elemento sorpresa en lo que se refería a Sasuke. Había esperado sorprenderle con su aparición, esperando desequilibrarle un poquito.

Resopló ante eso, antes de caminar de vuelta hacia la ventana, atraída, a pesar de sus mejores esfuerzos, por la visión de él.

Sasuke Uchiha. Era casi una leyenda en los Marines. Había sido admitido en la instrucción de francotirador directamente desde el campo de entrenamiento. En cuatro años tenía una relación de muertes que la hizo estremecerse al pensarlo. Luego, una trampa del destino, o como a Kakashi le gustaba decir, una trampa de Sasuke, una bala perdida había impactado en su hombro, poniéndolo fuera de juego.

Durante años se rumoreó que Sasuke nunca había recuperado la habilidad de manejar un rifle otra vez. El año pasado, se habían enterado de algo distinto. Sasuke era igual de silencioso, e igual de mortal, como había sido siempre.

Se estremeció cuando él giró la cabeza y la contempló. Seguramente no la podía ver detrás de las cortinas, pero sabía que estaba allí. Sabía en qué habitación estaba, y sabía que una vez lo viera allí fuera, no sería capaz de apartar la mirada.

— ¡Agacha la cabeza! Joder, cierra los ojos, Hinata. Por Dios. ¡Ten piedad! No mires, nena. No mires.

Cerró los ojos. Sentirlo sobre ella, sujetándola a pesar de sus forcejeos, sus gritos, todavía la despertaba por la noche.

Muy poca gente en el mundo sabía que ella y Sasuke tuvieron una historia. Rogaba porque sólo ella y Sasuke lo supieran, porque si Kakashi se las había arreglado para descubrir exactamente lo que había pasado antes de que ella entrara en el DSN, entonces nunca la dejaría marchar. Y tendría la ventaja que necesitaba para arrastrar a Sasuke dentro del Departamento de Seguridad Nacional, en vez de simplemente utilizar a los primos Uchiha como agentes contratados cuando podía apañárselas para enredarlos.

Abrió los ojos y miró fuera de la ventana otra vez, esas gafas oscuras escudaban sus ojos, el pelo demasiado largo retirado en la nuca, la ferocidad de sus rasgos más pronunciados de lo que habían estado un año atrás.

Siempre le pareció un oscuro ángel vengador. Pero ahora, parecía un guerrero salvaje. Sabía que si se sacaba esas gafas sus ojos la perforarían, oscuros, y llenos de conocimiento e ira.

Tanta ira. Y no podía culparle. En lo más mínimo.

—La has hecho esta vez, Hinata —murmuró en el silencio de su habitación.

Y lo había hecho. Le había permitido a su jefe chantajearla en otra misión que la arrojó directamente en el camino de Sasuke. Gran error. Un gran, gran error.


Itachi entró a grandes zancadas en las oficinas de arriba de la tienda de Suministros de Madera y Construcción de Uchiha. Miró furioso a Sai mientras su primo sacaba una cerveza de la nevera y se arrojaba en la gran silla de cuero detrás de la mesa.

—Alguien necesita contarme un secreto —le soltó mientras cerraba la puerta de golpe—. ¿Qué demonios pasa? ¿O ha pasado?

Sai se recostó en la silla e inclinó la cerveza hacia sus labios pensativamente. Un largo trago después dejó la botella sobre la mesa y contempló a Itachi.

—Ya veo, esperaba que tengas las respuestas a esas preguntas —se pasó la mano por la mandíbula antes de sacudir la cabeza con evidente confusión—. Está actuando más raro con ella que el año pasado. Cada vez que está a su alrededor la mira a hurtadillas o la observa. ¿No crees que es poco atractiva para él?

Itachi se trasladó a una de las cómodas sillas de cuero frente a la mesa y se sentó en ella mientras consideraba la pregunta de Sai.

—Tiene un pelo bonito —dijo banalmente, con la expresión arrugada en masculina contemplación.

—Es poco atractiva —gruñó Sai.

Itachi resopló ante eso.

—Has estado diciendo eso de cada mujer con la que nos hemos cruzado desde que Sakura e Ino nos echaron el guante. Admítelo, Sai; tenemos prejuicios.

Sai le miró furioso.

—Reconozco a una mujer bonita cuando la veo. Simplemente porque tú estés tan ciego como un murciélago no significa que yo lo esté.

Itachi sacudió la cabeza.

—Supongo, que se ve bien. No puedo decir lo mismo de esas ropas holgadas y la manera en que se aparta el pelo de la cara.

—Fuma —Sai golpeteó la mesa con los dedos, con expresión preocupada.

—Le encuentras defectos a todo. ¿Cuál es el problema de verdad, Sai? —Itachi inclinó la cabeza hacia delante, observando atentamente a su primo—. No es propio de ti encontrarle defectos a todo.

Sai apretó los labios, luego los frunció pensativamente.

—Sasuke sacó a una mujer del desierto iraquí en la última misión, de seis semanas, que hizo. ¿Sabes que siempre se iba de golpe y se tomaba su buen tiempo para volver al punto de extracción, así podía espiar un poco más al enemigo?

Itachi asintió.

—Se dice que Sasuke logró contactar con un agente del Servicio de Inteligencia del Ejército. Femenina. Golpeada, torturada. La sacó y el equipo de extracción los recogió a ambos. Después de eso, nadie dijo nada. Algo pasó después, Itachi. Algo que volvió a Sasuke más oscuro que nunca.

—Una agente, golpeada y torturada —Itachi frunció el ceño—. No tuvo tiempo de romperle el corazón, Sai. Nos ocurrieron un montón de cosas en los Marines. No es lugar agradable en el que estar.

Sai negó con la cabeza.

—No. Algo malo pasó, de lo que Sasuke no quiere hablar, y creo que ella estaba allí. Sasuke la reconoció al instante en que nos encontramos con el equipo que Kakashi trajo el año pasado. Esa noche se emborrachó como no lo había visto desde que destrozó el restaurante de su papaíto.

Itachi se reclinó en la silla e hizo un gesto ante la información. No había formado parte de esa misión. Sus condenados primos parecían pensar que necesitaba unas vacaciones después de ocuparse del asesino en serie que había tratado de matar a su esposa.

Pero Sai tenía razón, algo había cambiado en Sasuke el último año, algo que les preocupaba a ambos desde hacía un año.

— ¿Está enamorado de ella? —reflexionó Itachi.

Era tan difícil de imaginar. Sasuke enamorado de alguna mujer. Parecía que le gustaban todas por igual. Pero aquí había algo diferente por como actuó el año pasado en el exterior del spa del pueblo.

Sai e Itachi se habían encontrado con Sasuke allí, mientras Sakura e Ino iban por sus cosas de chicas. No se habían sentido lo suficientemente seguros para dejar a las mujeres sin protección. Y Greta Hyuga —no, Hinata, Sasuke dijo que su verdadero nombre era Hinata— había ido allí siguiendo a Sai y a Ino.

Sasuke había sido incapaz de permanecer lejos de ella y ninguno de ellos actuaba con normalidad alrededor del otro.

—Está en una operación —masculló Sai—. Puedo sentirlo. Algo está a punto de hundirse y ella va a arrastrarlo dentro.

—Demonios —no necesitaban eso. Itachi conocía a Sasuke. Su primo podía ser muy impulsivo, y rara vez pensaba en cubrirse las espaldas hasta que era demasiado tarde.

Itachi se puso de pié y caminó por el interior de la oficina. Conocía la operación que había sucedido el año anterior y todavía lo mantenía despierto por la noche.

— ¿Qué cabo suelto se dejó? —se giró hacia Sai—. La operación del año pasado, el dinero que Deidara consiguió como pago de los misiles, ¿lo encontraron?

—Que va —gruñó Sai—. Hatake se tiró de los pelos cuando no apareció.

Kakashi Hatake, ese pequeño bastardo rabioso de agente al mando. Debería dispararse con su propia arma. Itachi había tenido el extremo disgusto de encontrarse con él varias veces. Todavía no le gustaba.

—¿Quién más ayudaría a Deidara, Sai? —le preguntó entonces Itachi, la voz profunda, el pecho todavía oprimido, incluso después de todo este tiempo.

Deidara había sido su primo, y los había utilizado a todos ellos. Los habría matado a todos si hubiera podido. Definitivamente había planeado matar a la mujer de Sai. Él y su amante, Kisame.

—Atraparon al equipo que Deidara utilizó para robar los misiles —dijo Sai—. Deidara y Kisame están muertos, y sólo ellos sabían dónde estaba oculto el millón del pago. Mierda, ¿Qué nos dejamos?

—Olvidamos algo —sugirió Itachi.

—¿Qué demonios nos pudimos haber dejado? —maldijo Sai—. ¿Su agente regresa y Sasuke recibe una llamada anónima informándole del hecho? No tiene sentido, Itachi. Si la chica regresa para ponerse cachonda y sudorosa con Sasuke, ¿por qué la llamada?

Itachi frunció el ceño ante la situación. Si no hubiera sido por la llamada de teléfono, habría asumido que ponerse cachonda y sudorosa era exactamente lo que tenía en mente la señorita Hyuga. ¿Pero por qué alguien le llamaría para avisarle?

Itachi sintió el vello de la nuca erizarse en advertencia, y se lo frotó irritado.

—Sí, también es mi respuesta —admitió Sai—. Me hormiguea el cuello como el infierno. Algo está a punto de hundirse.

—Y la agente Hyuga está poniendo a Sasuke directamente en el centro de esto —terminó Itachi—. ¿Así que vamos a cubrirlo?

—¿Y si nos dispara por eso? —gruñó Sai con sorprendida incredulidad—. Sabes lo que le gustan las sombras, Itachi. Trataremos de cubrirlo y él tratará de patearnos el culo.

Eso dejaba una última opción.

—Tengo algunos contactos que puedo llamar —Itachi extraía los nombres de su cabeza mientras hablaba—. Veré qué puedo averiguar.

Sai asintió.

—Haré lo mismo cuando termine. Llamar a algunos de los antiguos agentes de la operación del año pasado y ver qué tienen que decir.

—Alguien tiene que vigilar a Sasuke —insistió Itachi—. Al menos echarle un vistazo.

Sai lo miró con recelo.

—Bien, lo harás tú. Has tenido a Sakura durante más tiempo del que yo he estado con Ino. Me gusta que mi cuerpo funcione perfectamente ahora mismo.

—Tú y yo.

Sai exhaló bruscamente.

—¿Tiramos una moneda o hacemos turnos?

Itachi se arrojó a la silla otra vez.

—Supongo que hacemos turnos —se estaba imaginando el dolor cuando Sasuke los atrapara. Era un demonio peleando, y definitivamente habría pelea.

Sai se hundió más en su silla.

—Mataré a Kakashi.

Itachi gruñó.

—Dale tiempo a Sasuke; él lo hará por ti.

Y eso era de lo que ambos tenían miedo.