JONGHYUN ; Elevator
Hinata.
Un día estás bien, y al otro te dan una noticia que destruye tu mundo en cachitos en cuestión de segundos. No ves la salida, ni el rayo de esperanza que te saluda cada mañana, de repente todo se pone oscuro.
Apreté fuerte la mano de mi hermano. Mis ojos ardieron con una picazón, avisándome que lágrimas querían brotar. Por Dios que quería llorar.
Trago el nudo en mi garganta para poder decir algo.
―¿U-Un, un tumor?
Mi corazón duele aún más cuando sale de mi boca. Estoy segura de que mis ojos están rojos porque el médico me mira firme, con una mesura que te atormenta.
―Sí. Hicimos varias pruebas antes de estar seguros. La resonancia magnética lo confirmó. Los mareos, vómitos, fallas en la visión, migrañas, la parálisis del lado derecho, todo es síntoma de que el cáncer está avanzando.
―¿Hay alguna una solución? Una operación o, hay quimioterapias, si él las toma seguro que.
Me muerdo el labio tembloroso sin poder continuar. Miro a Neji de reojo, él sigue pensando, buscando con sus ojos en sus manos, como si en ellas fuese a encontrar la respuesta o una razón, o posiblemente en que va a pasar conmigo si él no está.
Le pongo atención y sé que debí darme cuenta: la pérdida de peso, el rostro demacrado…
―Primero hay que hacer algunas pruebas más, conocer el origen y el grado de la evolución del tumor. Si estamos a tiempo podemos incluso hacer una intervención quirúrgica para removerlo. Una quimioterapia neoadyuvante puede ser muy útil, claro que depende del riesgo, porque la quimioterapia en algunos casos puede matar más rápido al paciente que el mismo cáncer, solo si el cuerpo no resiste el deterioro del mismo. Y, Hinata ―Apretando los labios, soportando el llanto en mi pecho y garganta, lo miro a los ojos―. Esto cuesta, y mucho.
¡Vamos, Hinata, piensa! Tiene que haber otra salida.
―Haga lo que tenga que hacer, doctor. Si tengo que someterme a tratamientos que son riesgosos y caros lo haré.
―Neji…
Siento mi rostro contraerse inevitablemente.
―No te atrevas a llorar, Hinata, ni siquiera a tenerme lastima o mirarme con compasión. Todavía no he muerto, y no pienso hacerlo pronto. Porque no voy a dejarte sola, no voy a permitir que me venza una enfermedad, no ahora. Si es necesario venderemos la casa y algunas cosas que tenemos. Por el momento concéntrate en lo que dice el doctor.
Asiento con la cabeza despacio, observando su expresión furiosa. Está molesto, con él mismo estoy segura. Porque puedo apostar que no está pensando en él, sino en mí.
Lo admiro tanto, juro que lo hago. Pero, la idea de que puedo perderlo en cualquier momento, ¿qué voy a hacer si eso pasa?
Siempre fue difícil para nosotros. Comenzando por que somos hijos de extranjeros, a pesar de que tenemos nacionalidad, siempre ha sido un problema, para conseguir empleo, o encajar en un grupo. A pesar de todo eso, siempre me sentí segura y protegida porque tengo a mi hermano conmigo.
No voy a perder el tiempo recordando a nuestros padres ausentes, mi única familia es mi hermano y así quiero que sea por siempre. Neji es el padre que no tuve, el que me acobijaba en las noches de truenos y espantaba a los monstruos de debajo de mi cama antes de dormir, el que me preparaba mi almuerzo favorito y me ponía en el transporte escolar, el que me ayudaba con las tareas de sumas y restas, el que me cantaba La Vie En Rose cuando me sentía triste. Es más que mi hermano, es mi mejor amigo. Pensar que ya no va a estar… no quiero que eso pase. Y como dijo él, si tenemos que vender la casa así lo haremos.
―Bien, entonces los dejo solos. Hoy mismo comenzaremos con las pruebas para obtener rápido los resultados. Haremos lo mejor que podamos.
Cuando sale el doctor del cuarto me arrodillo al lado de la cama. Neji toma mi rostro, yo cubro sus manos con las mías, se siente extraño por las mangueras de la intravenosa. Une su frente con la mía y comienza a cantar en voz baja.
Hold me close and hold me fast. The magic spell you cast. This is La Vie En Rose… When you kiss me heaven sighs, and tho I close my eyes, I see La Vie En Rose…
Cierro mis ojos y entonces recuerdo cuando nuestra vecina ponía las canciones de Louis Armstrong, luego Neji se ponía a cantar por toda la casa.
Río cuando él se detiene.
―Cantas muy mal, hermano. Pero agradezco a Chiyo por enseñarte esa canción.
―Es porque no me has escuchado cantarla en francés.
Dejo de sonreír cuando recuerdo en donde estamos, y el motivo por el que estamos. Trago saliva duramente y aprieto los ojos. Intento separarme de mi hermano pero él no lo permite.
―Vamos a salir de esto, Hina, te lo prometo. No voy a dejarte sola.
No quería separarme de Neji, pero tuve que hacerlo. Tengo casi dos días con la misma ropa, no he comido bien, no he dormido bien. Ahora voy de camino a casa para darme un baño rápido, comer un sándwich y regresar al hospital, aunque dijo el doctor que no tenía caso que estuviera allí. Y creo que tiene razón, ahora debo enfocarme en algo también importante, cómo vamos a conseguir el dinero para pagar el hospital y los tratamientos.
―Hola Neji. ¿Cómo va la pesca?
Escucho la voz arrastrada de mi vecina. Me detengo frente a su cerco chirriante y me sujeto de él. La saludo con la mano mientras la veo mecerse en la poltrona usando un vestido con flores de noche buena, unas medias Rojas y unas sandalias de playa.
―Hola abuela ―dije, esta vez sin aclararle que no soy mi hermano. ¿Me pregunto si a él lo confunde conmigo?
―¿Sabías que un ratón rosa vive en mi refrigerador? Le puse Lucy. Lo alimento con ralladura de limón verde, amarillo no porque le da gases.
Por lo menos ya no es una oruga, me digo a mi misma.
―Entonces procure no darle limón amarillo.
―Ralladura, hijo. También me dijo que tú y la dulce Hinata tienen problemas. Sabes, cuando estás tocando fondo es porque algo maravilloso te espera al subir, pero es tu decisión si te quedas abajo.
―Pues a menos que me espere la cura contra el cáncer no valdrá la pena subir. Ah, y un trabajo bien pagado.
―Neji, mi niño, ¿me harías un favor? ¿Puedes revisar mi correspondencia? Si hay un tazón de espagueti te lo puedes quedar.
Suspiro. El buzón de la señora siempre está vacío.
¿Correspondencia? ¡Amigo por correspondencia! ¡Eso es! El tonto empleo de Neji, si tomo su lugar podremos tener el dinero para pagar una parte de los gastos sin tener que vender nuestro hogar.
―Gracias por la idea, abuela. Nos vemos más tarde.
―Pórtate bien, ten cuidado con los alcatraces porque muerden.
Tuve que renunciar a mi orgullo y dignidad cuando esta idea vino a mí, pero por la salud de Neji estoy dispuesta a todo incluso dar mi propia salud mental al pensar que mi ex novio me puede ayudar.
Tengo que admitir que, ver a Sasuke, si bien ya esté superado, hará que algo dentro de mí se remueva. Porque él hizo que mis inseguridades, que de por sí ya eran muchas, crecieran aún más. Fue como patear mi autoestima una y otra vez, y escupirle en el suelo. Por fortuna fui más lista que él, me di cuenta de que valgo más de lo que pensaba, y que nadie me va a convertir en alguien que no soy. Sin embargo, voy a dejar los recuerdos atrás, solamente por hoy.
Y cuando pienso que este día no puede empeorar, una gota de lluvia en mi frente me dice "ah, ah, no tan rápido perdedora". Un aguacero comienza a caer cuando estoy a dos cuadras de llegar al edificio donde vive Sasuke Uchiha, o vivía. Maldición, espero que siga viviendo allí.
Pongo el gorro de mi suéter sobre mi cabeza, en estos momentos es cuando agradezco mi decisión y poco gusto por la moda de usar ropa exageradamente más grande que mi talla porque puede cubrirme de la lluvia.
Doblo la esquina para entrar al estacionamiento del edificio, lo bueno es que el portón está abierto. De tan rápido que entro no me doy cuenta de que un carro salía al mismo tiempo. ¡Estuvo a punto de arrollarme!
Escucho el ruido de las llantas al frenar, y queda a unos centímetros de mi cuerpo.
―¡Ten cuidado, imbécil! ―grito y golpeo con el puño el cofre de la camioneta. Por Dios, a qué poderoso narcotraficante llevan en ese auto. Seguro cuesta más que mi casa.
Suena el claxon y me hago a un lado, la camioneta con vidrios polarizados pasa y sigue su camino, y yo el mío. Entro al edificio y le pregunto al guardia de seguridad por Sasuke. Suspiro de alivio cuando me dice que se encuentra en casa. Después tomo el elevador hasta el onceavo piso y se detiene, camino hasta el departamento 110 y toco el timbre. Transcurre medio minuto cuando un sorprendido Sasuke se aparece al abrir la puerta.
―¿Hinata? ―Me mira con el ceño arrugado, recorriendo mi cuerpo con la mirada, buscando una explicación lógica del porqué estoy ahí o creyendo que se trata de un sueño―. ¿Qué haces aquí?
Me abrazo a mí misma sobando mis brazos por el frío que siento gracias a la lluvia. Giró mi cabeza para un lado.
―Sasuke, yo…
―Estás empapada. Pasa, ven, te daré algo para que te seques.
Me lleva hasta el sofá, rodeándome con su brazo. Me sienta y enseguida corre al baño, regresa rápidamente con una toalla que pone sobre mi cabeza y la frota, después por mis brazos y la deja en mi espalda.
Verlo me trae recuerdos, recuerdos no muy agradables. Sasuke es buena persona, eso no lo puedo negar, pero he de decir que no fue el mejor novio del mundo, no es la persona con la que quisiera compartir mi vida. Todavía sus fuertes palabras retumban en mis pensamientos.
"Si vas a salir conmigo tienes que ponerte algo más decente". "Arréglate el cabello antes de salir a la calle". "Si usaras un vestido te verías más femenina". "Si sigues comportándote tan infantil jamás vas a conseguir un trabajo".
No es el tipo de apoyo que una chica espera en el noviazgo, mucho menos en el matrimonio, por eso tuve que rechazarlo cuando me ofreció el anillo la noche de navidad de hace un año. Después de eso, lo más lógico era que diera fin a nuestra relación.
―Te traeré algo de ropa, quiero decir, la que dejaste la última vez que estuviste aquí.
―Gracias, Sasuke, en realidad me vendría bien.
Luego de unos minutos y ponerme un pantalón de mezclilla azul marino y una camisa polo blanca estoy sentada en el mismo lugar de antes. Sasuke me entrega una taza de té que preparó mientras me cambiaba, para que no me enferme o eso dijo él. Dejo la taza a un lado y decido comenzar a hablar.
―Sasuke… es Neji, él… ―Me relajo. Porque a pesar de tratar de ser fuerte, el solo decirlo me lastima―. Neji tiene un tumor en la cabeza ―le suelto con firmeza en mi voz. Lo veo abrir los ojos grande y la boca ligeramente antes de volver a cerrarla y parpadear varias veces.
―¿Qué? Hinata, no sé qué decir… ¡Mierda! Como lo siento. ¿Hay algo que pueda hacer por él? Quiero ayudarlos, en lo que sea.
Toma mis manos entre las suyas, estoy tan cansada mentalmente que no evito que las tome ni hago el intento de soltarme.
―Si en realidad te importa mi hermano un poco, necesito que me ayudes a tomar el lugar de Neji en Amigo Por Correspondencia.
Su mirada es expectante y al mismo tiempo desértica, me suelta y se retira hacia atrás sin dejar de mirarme.
―No.
―¿No? ¿Por qué no?
―Porque no puedes, Hinata. El cliente pidió exclusivamente a Neji de entre una lista bien detallada de más de mil candidatos. Además él no, ¿cómo te explico?… No puedes porque a él no le gustan las mujeres.
―No tengo problema porqué sea gay, además cuando era niña me gustaba imitar a Neji, puedo fingir que soy él.
―No, no comprendes. El cliente no es gay, es solo que… agh, no importa, no lo vas a entender.
Un recuerdo viene a mi cabeza: Yo estaba con Sasuke cuando hablaba con su amiga Sakura, conversaban sobre cosas de su trabajo de ingeniería, me interesé en el tema y entonces pregunté. ¿Su respuesta? No te molestes en explicarle, Sakura. Hinata no va a entender.
Detesto que me creyera una chiquilla inmadura y tonta. Y al parecer lo sigue pensando. Ahora lo sé, fue un error venir a pedir ayuda a la persona que siempre me daba la espalda. Tomare los restos de mi dignidad y me iré con la cabeza en alto antes de que sea demasiado tarde. Ya veré como resolver esto sin la ayuda de Sasuke.
―Yo, no debí venir ―Me puse de pie, con los brazos rectos a los costados―. Me sigues tratando como una niña y piensas que no soy lista. Me sigues viendo como una mala imagen de mujer, pero ¿sabes? Algún día voy a encontrar a alguien que me acepte por lo que soy. De igual forma, gracias por atenderme.
Me doy la media vuelta, quería correr a la salida más me limité a caminar de prisa. Normalmente no suelo hablarle pesado a la gente, porque mi tono de voz no me ayuda, pero con Sasuke… él saca lo peor de mí.
Cuando agarro el pomo de la puerta, él me detiene del codo.
―Espera. ―Lo siento respirar en mi cuello, el aire caliente y fuerte―. Te voy a ayudar. Pero con una condición, tienes que hacer exactamente lo que yo te diga, y lo vamos a hacer a mi manera.
