Geez!, perdon perdon!... ultimamente, mi compu no sirve y estoy en la computadora de mi hermanita... me cuesta mucho trabajo, aveces estoy en el psvita leyendo pero me da por publicar y es una eternidad la que me paso escribiendo. asì que perdon, subire capitulo cada que pueda & tambien, espero mi compu se arregle. sin mas demora el siguiente capitulo este es puente, de aqui en adelante espero que les guste.
Asphyxia
Los sueños, aquellos sueños que no lo dejaban en paz desde que había visitado la casa, esos que intentaba evitar a toda costa. Esos sueños que parecían reales, en donde el protagonista de la historia era Arthur. Todos comenzaban con él, recorriendo las calles de lo que parecía el viejo pueblo, con algunas casas quemadas, muros dañados entre otras cosas sin gran relevancia… hasta que se escuchan gritos, las luces parpadeaban, y el miraba como todas las calles comenzaban a romperse, las casas a des hacerse y la pintura de estas a arrancarse, quedando un mundo totalmente paralelo a lo que hubiese visto antes, sus orbes azules miraban a todos lados, los gritos seguían se hacían más fuertes, hasta que lo veía, a Arthur en la oscuridad, llorando, un niño corriendo, y a alguien tras el que lo asfixiaba hasta matarlo, una y otra vez.
-¡Arthur!—el pequeño pasaba con una mirada, el también era arrastrado—espera…
Sobresaltado despertó, mirando el reloj, eran las cinco de la mañana, se tomo de la cabeza, estaba sudando, suspiro, era el mismo sueño de hacia unas semanas atrás, ¿Qué es lo que pasaba?... miro al buro donde estaba la foto, había cambiado… ¡ ¿Cómo es que aquella foto había cambiado?! No se lo explicaba ahora mostraba a un chico, y lo que parecía ser su hermano mayor o padre junto a él, vistiendo un taje, la misma fotografía estaba desgastada y ambos estaban serios. Bufó no había mucho que hacerle, se dispuso a simplemente devolverse a la cama a seguir durmiendo, pero otra vez las pesadillas le atacaban.
Ese pequeño, el mismo de la foto estaba paseándose por la calle, sin nadie que estuviese con él, ¿Dónde están sus hermanos?, o sea quien sea ¿qué le cuidaba?, decidió seguirlo el pequeño parecía no notarlo. Esas luces parpadeantes de nuevo, esos gritos, esos gritos de mujer.
Otra vez esa oscuridad que invadía cada parte del pequeño pueblo, la pintura desgarrándose, dio unos cuantos pasos para atrás, esa pesadilla, de nuevo. Miro a todos lados, en busca de protección, y el niño… estaba caminando hacia la oscuridad, quería ir tras el pequeño pero nada… y lo vio. Arthur llorando abriendo sus orbes para que se apagasen.
Se levanto con miedo. Sabía que ya no volvería a dormir, se desperezo y bajo a desayunar.
-Alfred… ¿te encuentras bien?—pregunto Matthew desayunando sus panckakes—te ves cansado y –
-Ah estoy bien… Matt—le había interrumpido el mayor con una sonrisa estúpida en el rostro, si el pobre Matthew supiera que su hermano no estaba para nada bien—ah panckakes!... gracias—dijo desayunando.
La mañana paso desapercibida por ambos, siendo que el mayor se la paso tratando de dormir sin éxito, para luego jugar videojuegos, era claro que estar de vacaciones le dejaba mucho tiempo libre. Miro el reloj, eran las seis y media, su turno comenzaba a las siete en la cafetería del demonio pervertido francés de Francis, tomo una ducha y se fue, como siempre con todo el dolor de su alma se puso ese atuendo que mostraba mucho más de lo que debía mostrar, comenzó su turno.
A las dos horas, un joven rubio, un albino y lo que parecía ser un danés entraron a la cafetería llevándose la sorpresa de ver a Alfred vestido de mesero enseñando el trasero cada que se daba la vuelta y a las chicas embobadas mirándole. Comenzaron a reír.
-¡Alfred! ¿Trabajando en lugares como estos?! Kesesese~-rio el albino de ojos rojos-
-Oh vamos Gilbert—Alfred reacciono a la risa y se dio media vuelta, ahí estaban Ludwig, Gilbert y Matías, sus amigos- Fue Francis, ese pervertido mal nacido—contesto entre dientes, capaz y que si lo escuchaba el francés le haría andar en traje de Adán por la cafetería dos semanas—
La plática se dio, comenzaron a hablar acerca de lo que habían hecho y de la apuesta ocurrida con el francés, ya o quedaban clientes y a la una de la mañana los tres chicos tomaron caminos diferentes al del americano. Este último estaba caminando por las calles sintiendo un poco de frio, sintió su celular vibrar, era un mensaje, no tenía ni nombre "cuídate" eso era todo, ¿quién cojones lo pudo haber enviado?, metió su celular al bolsillo, y alzo la vista.
Lo que estaba ante él era algo sin nombre, era el cuerpo de una mujer, con varios torsos unidos, no tenía cara, tenia brazos por todas partes y lo peor de todo era que parecía retorcerse como cuando le cortan el aire a uno. Dio ligeros pasos hacia atrás notando que la criatura se acercaba, un grito brutal, como si fuese una mujer intentando avisar algo retumbo en sus oídos y luego salió corriendo.
Corrió hacia la cafetería que para su desgracia estaba cerrada, ese moustro estaba detrás de el, a unos cuantos metros, paso su vista desesperado, y encontró la puerta, la mansión, corrió hacia ella la abrió y cerró al instante, su frente topo con la puerta y suspiro, no sabía que era esa cosa y por qué le perseguía, pero ahí estaba a salvo… o eso pensaba el americano. Giro, sus ojos se abrieron como platos, la casa de Arthur… lo había llevado directamente a esa maldita dimensión de mierda, aquella que había visto en sus sueños, camino con pasos lentos hacia dentro, quería pensar que se había quedado dormido y listo, su pesadilla terminaría. Grata fue su sorpresa al ver a un pequeño de cabellos rubios, cejas pobladas y ojos jade, vestido con un chaleco una camisa de manga larga bajo este, y pantalones cortos con zapatos y calcetines largos pasar.
-He… ¡espera!—Grito el ojiazul sin ser escuchado por el niño, corrió en su dirección hasta que lo alcanzo, lo tomo por el brazo cosa que enfado y asusto al pequeño—
-¡S-Suéltame!—Grito asustado—¡Auxilio… mami!
-Espera no te are daño—comento el ojiazul, el pequeño parecía calmarse ante la situación— ¿qué haces en un lugar peligroso como este?, podría pasarte algo…
-Busco a mi mama…-comento serio el chico, frunció sus cejas gruesas—no sé donde esta mum, y quiero encontrarla—
-Oh tu mamá, ya veo, ¡te ayudo!-claro el era un héroe, ayudaría a todos, y más si es un niño, comenzó a ver al infante, lo había visto de algún lado, pero no sabía dónde—
-G-g-gracias—logro articular con dificultad el pequeño, no sabía por dónde comenzar la búsqueda de su amada madre, miro al mayor y corrió—
El americano le siguió sin mucho éxito, perdiéndolo en el camino, ese chiquillo lo había dejado solo… volteo, ahí estaba un radio, parecía estar roto, puesto que no funcionaba. Lo dejo y siguió su camino. Comenzó a escuchar los gritos, esos odiosos y horribles gritos.
