Fandom: Naruto
Calificación: Mayores de 14 años.
Género: acción, yaoi, drama.
Declaración: el concepto y la idea original de Naruto pertenecen a Masashi Kishimoto.
Reseña: AU. SasuNaru, SaiGaara. Multicapítulos. Naruto siempre ha sentido que la falta de una familia propia era algo que lo hacía un ser incompleto. Gaara siempre había sentido que tener una, lo había vuelto un ser despreciable. El encuentro entre ambos les dará una nueva perspectiva.
Advertencias: a salvo. Léanlo sin ningún problema.
El zafiro azul
parte 3
Lo primero que hizo Naruto cuando llegó a su departamento, mucho más tarde esa noche, fue recoger el cuadro que había dejado botado en el piso de su entrada. Lo sostuvo frente a sí mientras caminaba con él a su sala y se detuvo ahí donde la luz daba exactamente encima y podía observar sus detalles con mayor precisión.
Recordaba que tenía un fondo más claro la última vez que lo había visto y se preguntaba si Sai había continuado trabajando en él después que se vieran por última vez. El olor a pintura no era fresco, pero ya había pasado todo un mes así que eso no era una sorpresa.
En esa ocasión, Sai le había anunciado que ya estaba terminado y Naruto lo había olvidado al salir a toda prisa después de la dolorosa confesión del pintor. Esta vez, sin embargo, se quedó examinándolo para ver si notaba algún otro cambio.
Además del fondo más oscuro, Naruto pudo ver que Sai le había agregado otros detalles como el largo de su cabello y la expresión casi plácida de su rostro. El joven no recordaba haberse visto de esa forma cuando se veía en el espejo, y se preguntaba si era algo que hacía inconscientemente. Sus ojos azules parecían estar buscando algo o esperando ver a alguien.
En sí, el cuadro le causaba malestar, decretó Naruto después que apartara el rostro perturbado. Por unos segundos más se preguntó qué hacer con él pero de improviso unos golpes en la puerta lo sacaron de sus cavilaciones. Dejó la pintura encima del mueble más cercano y se encaminó a la entrada.
Era Sasuke.
—Lo siento, solo pude dejar la oficina ahora —se disculpó, mientras Naruto lo guiaba al interior de la casa.
—No es nada —le aseguró el rubio a la vez que le indicaba que lo esperara en la sala—. ¿Quieres algo de beber?
Sasuke se había quedado parado frente al cuadro de Naruto, contemplándolo al igual que había hecho su amigo hacía un momento e inspeccionándolo con los ojos entrecerrados. El rubio terminó por pararse a su lado y esperarlo, cruzando sus brazos para rodear su propia cintura.
—¿Tú qué opinas? —le preguntó al verlo observando la pintura con tanta atención.
—El imbécil sabe pintar, eso nadie lo puede negar —le respondió Sasuke molesto.
Naruto sonrió al escuchar esto, era obvio que Sasuke jamás halagaría las habilidades de su primo bajo ninguna circunstancia. Esa relación estaba rota hacía mucho tiempo y la intervención de Naruto no había hecho más que ahondar la brecha. Recobrando un poco de su calma habitual entonces se volvió hacia la cocina.
—¿Qué quieres tomar?
Sasuke estuvo indeciso un momento y luego le respondió mientras se quitaba el saco y relajaba sus hombros.
—Café.
Cuando ambos finalmente estuvieron sentados en lados opuestos de la sala, con el cuadro en el sofá de por medio, Naruto le terminó de contar todo lo que sabía al respecto y dio sus impresiones sobre cómo había percibido a Gaara, el amante del pintor. Sasuke todavía perdía sus ojos en el cuadro de vez en cuando, aunque con una mirada molesta en su rostro después de escuchar la conversación que había tenido su amigo con el pelirrojo.
—¿Qué crees que debo hacer con él? —le preguntó Naruto al cabo de un rato, cansado del silencio de su interlocutor.
—Deshazte de él, claro —le respondió el Uchiha como si fuera la única solución posible.
El hombre más pequeño lo reflexionó unos momentos antes de asentir. Tan solo posar la mirada en él le costaba enormemente, realmente no tenía otra alternativa.
—Tendría que romperlo primero —le dijo. Sasuke pareció horrorizado con esta idea—, no quisiera que algún desconocido tuviera mi rostro colgando de su sala —le explicó entonces al notar la expresión de su amigo.
Sasuke tuvo que concordar con esto. A él tampoco le gustaría y la sola idea ya estaba creando punzadas en su estómago.
—Si quieres, dámelo a mí y yo… me ocuparé de él por ti.
Naruto se lo agradeció y luego de dejar su taza con té sobre la mesa en el centro de la estancia se levantó y se dirigió hacia el cuadro una vez más. Quería volverlo hacia la pared y no tener que aguantar la mirada del Naruto desde la pintura observándolo con tanta insistencia. Así que lo levantó y con decisión lo volvió a acomodar de espaldas. Pero justo cuando se iba a alejar a tomar asiento otra vez, el doblez que sobresalía de un papel incrustado entre la parte trasera del marco y el lienzo llamó su atención.
Tiró de él y obtuvo resistencia, así que utilizando sus dos manos empujó el lienzo un poco hacia delante mientras con la otra volvía a tirar del papel, esta vez tuvo éxito y el envoltorio se quedó en sus manos.
Era un paquete pequeño. Cabía en la palma de su mano pero sintió entre sus dedos que tenía algo en el interior. Sasuke no había perdido movimiento de Naruto, así que cuando este comenzó a desenvolver el papel ya estaba a su lado, observando desde su hombro.
El papel tenía algo escrito en el interior y lo que estaba envolviendo era un pequeño collar con una gema azul colgando. Naruto estuvo extrañado y se detuvo a observar el color de la piedra por cierto tiempo, antes de recordar leer el contenido del interior del papel.
"Es todo lo que pude rescatar para ti. Tu madre hubiera querido que lo tengas."
Los pulmones del joven dejaron de recibir aire por unos segundos, pero él ni siquiera lo notó. Sus manos comenzaron a temblar imperceptiblemente y entonces se dio cuenta que estaba apretando el papel con demasiada fuerza. Las palabras que había leído se volvieron a repetir entonces en su mente.
Finalmente comenzó a volver a enfocarse en el momento actual y a cambiar rápidamente el enfoque de su mirada desde el cuadro, a la gema en su mano y el papel en la otra. Debía ser una broma. No podía ser más que una maldita broma pesada.
Sasuke le había quitado la nota de las manos en ese momento y lo sostenía del hombro, tratando de entender lo que estaba ocurriendo y qué demonios tenía que ver Sai con los padres de Naruto.
Su amigo no aguantó más tiempo de pie. Se dio la vuelta y cayó pesadamente en el sillón de su sala, sosteniendo el collar en sus manos y mirándolo con atención.
—Tiene que ser una broma —dijo al fin, mientras trataba de guardar la compostura—. Me ha sorprendido tanto que no sé si reír o molestarme.
Sasuke estaba casi tan chocado como su amigo, pero volvió a recobrar la compostura más rápido que él. Cayó entonces a los pies de Naruto y lo tomó del rostro, haciendo que dejara de observar la gema del collar.
—Lo es. Conoces a Sai. Sabes que hace barbaridades tras barbaridades sin medir el daño que le hace a otros. No lo tomes en serio ni por un momento.
Naruto asintió, o trató de hacerlo, con las manos de Sasuke sosteniendo fuertemente su rostro. Claro que debía ser una broma, una de las últimas bromas crueles que Sai le hacía como despedida.
Cuando aún estaban saliendo, Naruto le había contado sobre su orfandad y como nunca había sabido quiénes eran sus verdaderos padres. Lo único que sabía de ellos eran los papeles de defunción oficiales que le enseñó un trabajador en la oficina de ingreso de su centro de vivienda central, cuando cumplió los dieciocho años y decidió mudarse solo por primera vez.
Su madre había muerto en un accidente de trenes el día que él había nacido, no llevaba ninguna identificación consigo y por eso Naruto no tenía un apellido familiar. Su cadáver nunca fue identificado y finalmente se dispuso de él en una tumba comunitaria.
Sai había escuchado todo esto y lo había abrazado entonces. Pero Naruto no supo recibir esta muestra de consuelo de ninguna forma. No entendía si estar triste por alguien que él realmente no conocía era algo que debería sentir como una obligación o no.
Aún se lo preguntaba entonces. El collar de su madre, pensó sosteniéndolo nuevamente entre sus dedos y observando la gema sin pestañear siquiera, no podía ser. Simplemente no podía ser.
Sasuke lo dejó ir cuando se dio cuenta que su amigo tenía la cabeza enfocada en otra cosa y ambos guardaron silencio en compañía, una visible nota de consternación en sus rostros mientras sus pensamientos iban por caminos muy diferentes.
El teléfono los sacó de sus contemplaciones con un sobresalto. Naruto casi corrió a contestar pero sonó decepcionado cuando le respondió a Kiba que se encontraba bien y que ahora Sasuke estaba con él.
El Uchiha, por su lado, había vuelto a tomar la nota de Sai y acercarse a leerla una vez más en la luz de la lámpara. No se imaginaba qué demonios había estado pensando su primo cuando la escribió, pero si creía que Naruto lo buscaría para preguntárselo…
¿Naruto lo buscaría para averiguarlo?
Cuando dejó caer el teléfono al cortar, maldiciendo sus torpes dedos mientras lo recogía del suelo y lo revisaba por alguna avería, su amigo había vuelto sus ojos decididos al cuadro que aún reposaba sobre el asiento del mueble.
Sasuke no permitiría que tal cosa ocurriera, no dejaría que Naruto tuviera absolutamente nada que ver con Sai ahora que por fin habían terminado su relación. La aparición de Gaara haciéndolo sentir culpable y dándole una poderosa razón para no ver más al pintor no había podido ser más oportuna para las estimaciones del Uchiha. Todo estaba saliendo a la perfección hasta ese momento.
Aún tenía que desenmascarar las pequeñas tretas del pintor, claro. Pero eso sería algo que no tendría por qué involucrar más a su mejor amigo.
Cuando Naruto volvió a su lado, Sasuke arrugó el papel con la nota de Sai y discretamente lo guardó en el bolsillo de su pantalón.
—Tengo que irme —le dijo seguidamente. El rostro de su amigo mostró decepción y seguidamente irritación—. Lo siento, olvidé que tengo que acordar una reunión para mañana con la junta de inversionistas. No puedo dejarlo para otro momento.
Naruto se rascó la cabeza como toda respuesta. Estaba acostumbrado a que Sasuke saliera de cualquier lugar con la excusa de su trabajo. Sabía que era una mentira pero no se imaginaba otra cosa para justificarla que el no querer involucrarse en la consternación que la nota de Sai había dejado en él, y el tema de su familia desconocida que siempre había sido tomada con pinzas por ambos cuando surgía en la conversación. Sasuke no quería involucrarse en algo tan mórbido, y era claro que Naruto no se lo pediría tampoco. Así que no protestó, no le hizo ninguna petición para que se quedara y simplemente lo acompañó hacia la puerta a despedirlo.
Cuando Sasuke estuvo en la calle, lo primero que hizo fue llamar al número de su hermano, mientras entraba a su auto.
Itachi no parecía muy contento por ser interrumpido y Sasuke no quería ni imaginarse qué estaba haciendo a esas horas. Seguramente torturando a una pobre alma incrédula que se había atrevido a pedirle trabajo.
—Necesito el número de teléfono de Sai —le dijo sin mayor preámbulos mientras se ponía en marcha. Quería llegar a la casa de Shikamaru antes que este se fuera a dormir y no hubiera forma de hacerlo levantarse de la cama.
—¿Para qué? —le preguntó Itachi sin muchas ganas de cooperar. Sospechaba que la llamada que le quería hacer su hermano al pintor no iba a ser una amable conversación para preguntarle cómo estaba, por lo que no estaba muy entusiasmado con ayudarlo. Ya habían tenido suficientes roces en su vida como para durarles hasta sus sepelios.
—Necesito hablar con él —le indicó Sasuke casi gritando, había comenzado a acelerar sin darse cuenta y tuvo que frenar de improviso ante una luz roja.
—¿Estás conduciendo? —le preguntó Itachi alarmado.
Sasuke apenas tuvo tiempo de responderle que sí antes de escuchar a la línea desconectarse.
Maldijo para sus adentros mientras volvía a marcar el número y giraba hacia la derecha.
No obtuvo respuesta desde ese momento pero siguió intentando. Cuando alcanzó el departamento de Shikamaru, Itachi seguía sin contestar, pero al menos vio alentadoramente que la luz de la ventana de su amigo estaba encendida.
Shikamaru pareció sorprendido al verlo. Lo dejó entrar sin decirle una palabra cuando vio que Sasuke sostenía su teléfono en el oído, pero cuando recibió el papel arrugado que Sasuke le extendía y lo terminó de leer tenía preguntas listas para hacer.
—¿Esto es…?
—Estoy tratando de comunicarme con Itachi —le explicó Sasuke mientras seguía timbrando el número de su hermano—. Estaba incrustado en uno de los lados del cuadro de Sai, junto con un collar con una especie de zafiro.
Shikamaru frunció el ceño al escuchar esto, volviendo a leer el papel en sus manos y entrecerrando los ojos mientras su cerebro se ponía en acción.
Finalmente se sentó en el sofá y luego de un segundo de indecisión, dejó el papel encima de su mesa, mientras levantaba el maletín que tenía a un lado y sacaba su laptop del interior. Sasuke seguía pegado a su teléfono y refunfuñando contra Itachi, por lo que Shikamaru no le hizo el menor caso mientras se ocupaba en buscar entre las carpetas de sus archivos.
—Si me das un buen motivo para dártelo, estaré gustoso de proporcionarte todos los datos que me pidas —le contestó finalmente Itachi justo cuando Sasuke se sentaba al lado de Shikamaru.
Sasuke guardó silencio. Completamente perdido en ese crucial momento sobre qué decir antes que Shikamaru le extendiera la mano y le pidiera que le pasara el teléfono.
—Habla Shikamaru Nara, soy amigo de Naruto también —le explicó pausadamente, mientras no dejaba de moverse entre sus archivos de la computadora—. Pues ya lo sabes. Lo que no sabes es que Kiba conoció a Sai después del incidente con la pintura naranja en cierto gato negro.
Itachi estuvo muy comunicativo después de escuchar eso último.
—Mira esto —le dijo Shikamaru después que hubo anotado todos los datos que Itachi le daba y le colgara agradeciendo su cooperación.
—¿Qué es? —le preguntó Sasuke mientras examinaba los archivos, eran imágenes de las fotocopias de la partida de ingreso de Naruto al orfanato y su partida de nacimiento.
—Naruto me dijo que lo que le habían explicado al salir del orfanato e independizarse era que no tenía un apellido propio porque en su partida de nacimiento no aparecía ninguno de los nombres de sus padres —Shikamaru le mostró una imagen agrandada con el nombre del firmante como padre por el apellido del notario que había expedido la partida—. Decidieron dejarle ese apellido por motivos legales pero le explicaron que su madre había sufrido un accidente en un tren camino a Tokio de Yamaguchi. Asumían que iba a salir de viaje en Narita solo porque era extranjera —en ese momento le mostró recortes de periódicos anunciando el accidente—, no cargaba con ningún documento que la identificara y después de dar a luz, murió.
Sasuke se quedó mirando los recortes de periódicos leyendo todo el contenido.
"Accidente en el tren bala de Shinjuku. Hasta el momento se han contado 26 muertos, entre ellos un extranjero indocumentado, las operaciones de rescate de los heridos atrapados…"
—Cuando ingresé a trabajar en la oficina de inteligencia, claro, —continuó Shikamaru— averigüé todo lo posible sobre el caso. En los archivos policiales no figura más que un detalle de la madre —Shikamaru procedió a mostrarle el expediente que también tenía almacenado— una fotografía de ella en la morgue —Sasuke se cubrió la boca al verla—. No era algo que le podría enseñar a Naruto —se recriminó Shikamaru al poco, Sasuke volteó a mirarlo asintiendo con su decisión—. Fue cremada y después de un mes, sus cenizas fueron arrojadas al mar. No tiene ni siquiera una tabla mortuoria porque se desconocía su nombre.
El silencio se impuso entre ambos, hasta que Shikamaru volvió a levantar el papel con la nota de Sai en su mano.
—Si esto va en serio sería la primera pista que tiene Naruto en toda su vida sobre su familia.
Sasuke negó enfáticamente con la cabeza. Le dolía pensar que Naruto se hiciera falsas esperanzas solo para entrar en algún juego estúpido del maldito pintor.
—No puede ser. No hay manera que Sai sepa algo más de lo que tú has averiguado hasta ahora.
Shikamaru se levantó al poco y regresó con el teléfono en sus manos, tomando asiento frente a Sasuke esta vez.
—Veamos, ¿quieres? —le dijo mientras marcaba el número que le había proporcionado Itachi.
-…-
Sai estaba almorzando en el restaurante de su hotel cuando el teléfono sonó, apenas empezaba la tarde en Las Vegas. Temari, la hermana de Gaara, miró atenta al novio de su hermano antes de que escucharlo discutir en su idioma natal volviera su atención a su plato de comida una vez más.
—¿Shikamaru? —le preguntó extrañado y sin ocultarlo—. Es una sorpresa…
Luego estuvo escuchando por un largo rato antes de dejar brotar una de sus ya conocidas sonrisas enigmáticas y mirar de reojo hacia Kankuro y Temari, que seguían conversando sobre sus asuntos.
—Ya veo… —le respondió al poco sin mostrar mayor gesto—. Sí, no lo puse yo pero… creo que sé de dónde viene todo esto. Te llamo en un par de horas, ¿de acuerdo? Estoy almorzando con compañía ahora. Sí, adiós. Saluda a mi primo, entonces.
Colgó el teléfono y lo sostuvo frente a sus ojos un momento antes de volver a sonreír y guardarlo en su bolsillo. Temari había vuelto su atención hacia él cuando lo vio colgar, e inmediatamente inquirió sobre la persona con la que había estado hablando.
—¿Tu primo? —fue su primer intento. Sai no conversaba con nadie de su país a no ser que fuera Itachi, y todos lo sabían muy bien.
—Oh, sí, era un asunto familiar. Ya sabes, acabo de dejar Japón y ya me están acosando.
Temari asintió poco convencida pero no le pidió más explicaciones. Sin embargo, antes de poder volver a prestarle atención a su comida, la siguiente pregunta del pintor la puso en alerta.
—¿A qué hora me dijiste que volvería Gaara de su reunión en Chicago?
De todas formas, miró su reloj aparentando, antes de responderle.
—En unas doce horas aproximadamente.
Sai la miró satisfecho. Los hermanos de Gaara se dieron cuenta inmediatamente que, después de todo, Sai no había recibido una llamada de su primo y lanzaron un suspiro desalentador cuando el pintor volvió a coger sus utensilios de comida y prosiguió engulléndola sin tener nada más que decir, perdiéndose en sus propios pensamientos.
-…-
Sasuke estaba furioso con su primo y quería volver a llamarlo, pero Shikamaru había declarado que lo mejor sería si le dieran el beneficio de la duda por el momento. El pintor sonaba interesado en ayudarlos.
—Si él no lo puso, ¿entonces quién? —preguntó por enésima vez Sasuke.
—Tal vez el mismo que se lo hizo llegar a Naruto.
El Uchiha dejó de pasearse por la habitación al escuchar esto. Shikamaru miró la hora en su reloj haciendo un cálculo matemático, era muy tarde ya. Sai no había tomado en cuenta la diferencia horaria entre los dos países.
—¿Crees que deberíamos decírselo a Naruto? —le preguntó al poco.
Sasuke no parecía muy entusiasmado con la idea.
—¿Para qué? ¿Para que escuche más de sus mentiras? —le respondió Sasuke negando rotundamente.
—Para ponerlo sobre aviso —le corrigió Shikamaru—, por si algo fuera a pasar.
Sasuke lo pensó unos segundos antes de volver a responder.
—No, no quiero que Naruto tenga otra vez contacto con Sai.
Shikamaru lo miró pensativamente unos segundos esta vez.
—Y eso, ¿por qué es?
—¿Como que por qué? —le volvió a preguntar inmediatamente exaltado—. Después de todo lo que Sai le hizo… ¿cómo puedes querer exponerlo a él otra vez?
Shikamaru sonaba muy calmado cuando le respondió.
—Naruto parece haber dejado todo eso atrás ya.
Sasuke no estaba para nada de acuerdo con este razonamiento. Obviamente ninguno de los amigos de Naruto conocía todavía toda la extensión de las barbaridades que el pintor solía cometer. Su carácter era algo para ser aislado y encerrado en un lugar muy lejano, tomando todo tipo de precauciones.
—De todas formas, ¿es solo por eso?
Sasuke se tensó visiblemente al escucharlo, olvidando por un momento todo el odio contra su primo y otorgándole a su amigo una mirada comprometedora. Shikamaru decidió no preguntar más.
—Ustedes dos son tan problemáticos.
-…-
Gaara odiaba volar. Era más que eso, odiaba estar confinado a espacios pequeños mientras estos se encontraban en movimiento. Especialmente cuando no tenían nada que soportara sus pesos desde el piso.
La sola idea lo ponía nervioso y casi siempre se inventaba cualquier excusa para no hacerlo. Cuando no le quedaba de otra llevaba un frasco lleno de pastillas para dormir para así poder estar inconsciente la mayor parte de la travesía.
Pero ese viaje a Japón había sido tan repentino que se había olvidado de todas estas precauciones. El insomnio había hecho que mostrara las ojeras más marcadas que de costumbre por lo que la sobrecargo se acercaba regularmente a preguntarle si se encontraba bien, de paso impidiéndole dormir por más que lo intentara.
Cuando el teléfono incrustado a un lado de su asiento comenzó a repiquetear, Gaara ya estaba al borde de la desesperación. No había querido un teléfono cuando había tomado el avión de regreso, pero como sus hermanos lo habían embarcado en primera clase no le había quedado de otra.
La voz de Sai fue lo primero que reconoció cuando puso el auricular en su oído. En su mente cansada maldijo a sus hermanos y lo poco fiables que eran todo el tiempo.
—¿Qué quieres? —le preguntó de muy mal humor. Daba igual, Sai conocía lo mal que se sentía durante los vuelos.
—Gaara, querido, ¿sabes lo que pasó con el cuadro de Naruto? El que tenía en mi estudio —le preguntó dando rodeos al asunto. Gaara entornó los ojos.
—Lo rompí y lo boté a la basura, por supuesto —le dijo solo para herirlo. En realidad no estaba de humor para los juegos de su compañero.
—Eh, es una lástima —dijo Sai del otro lado casi riendo—. Y entonces, ¿qué hacías en Japón?
Gaara siseó un poco al responderle, conteniendo la rabia.
—Mi reunión se alargó…
Sai se rió después de escuchar esto y Gaara lo hubiera matado de haber estado frente a frente.
—¿En serio? —preguntó Sai, fingiendo sorpresa—. Debió ser una reunión muy importante para hacerte subir en un avión.
Gaara decidió guardar silencio y esperar a que su novio le dijera hasta dónde sabía ya.
—¿Tenía algo que ver con los padres de Naruto?
Le colgó inmediatamente al escucharlo. Sai se quedó mirando su teléfono antes de decidirse y marcar el número que lo había llamado unas horas antes.
—Hola, Shikamaru.
La voz del amigo de Naruto se escuchaba muy lejana a través de la conexión telefónica. Pero cuando le devolvió el saludo, Sai respiró muy hondo.
—Al parecer Gaara sabe algo —le dijo al rato, figurándose que ya todos en Japón conocían de quién estaba hablando.
—No fuiste tú, entonces —le dijo Shikamaru como para confirmarlo, Sasuke a su lado no se veía muy contento con esta nueva situación.
—No tengo idea cómo consiguió la dirección de Naruto. Lo único que sé es que sus hermanos también están involucrados. Para ellos obtener información es mucho más sencillo.
Shikamaru decidió que por ahora le creería.
—¿Y Gaara?
Sai guardó un momento de silencio antes de responderle.
—Me colgó en cuanto se lo pregunté —le dijo Sai riendo—. Está en un avión de regreso en este momento. En cuanto llegue veré si le puedo sacar algo más.
Shikamaru sopesó esto por un momento.
—No, será mejor que no le digas nada más al respecto.
Sasuke no perdía palabra de la conversación y cuando escuchó esto le preguntó qué era lo que planeaba.
—Y ¿cómo averiguarán más cosas? —le preguntó Sai a su vez.
—Mantenlo cerca de ti. Uno de nosotros irá a hablar directamente con él.
Sai no creía que esta fuera una buena idea para nada. Obviamente Gaara se había controlado en Japón, si alguno de ellos supiera de lo que el pelirrojo era capaz cuando se enojaba no estaría pensando en "hablar" como una posibilidad certera.
—¿Están seguros de lo que están haciendo? —le preguntó Sai indeciso.
—Eso es todo por ahora —le dijo Shikamaru antes de colgar el teléfono y volverse a Sasuke—. Es gracioso, no puedo odiar al idiota por más que haya sido un bastardo con Naruto.
Sasuke entrecerró los ojos al escucharlo. El Uchiha estaba seguro que él podría odiarlo lo suficiente por ambos si era necesario.
—Además necesitaremos su ayuda de aquí en adelante.
—Yo iré —le dijo Sasuke al cabo.
Shikamaru negó tajantemente con la cabeza.
—No, tú te quedarás en Japón hasta que yo diga lo contrario —Sasuke lo miró irritado. No estaba acostumbrado a recibir órdenes de nadie y obviamente no iba a comenzar ahora—. Yo no puedo ir, sería muy problemático por mi trabajo. Eso descarta a Sakura y Kiba también.
—¿Entonces quién? —le preguntó Sasuke cruzándose de brazos—. No piensas enviar al mismo Naruto, ¿verdad?
Shikamaru pareció reflexionar esto por un momento.
—Esa no sería tan mala idea, ¿sabes? —Sasuke se puso de pie de un salto—. Pero no en esta ocasión, ya tengo a la persona en mente.
—¿Quién?
Shikamaru se frotó los ojos para ver la hora en su reloj. Pasaban de las dos y media de la mañana y al día siguiente tenía que ir a trabajar.
—Te lo diré en cuanto la convenza, por ahora regresa a casa. Tengo que irme a dormir.
Sasuke mostró su descontento una vez más antes de tomar su saco y colgárselo sobre el hombro. Shikamaru lo acompañó a la puerta.
—¿Se lo dirás a Naruto? —le preguntó Sasuke antes de salir, preocupado por lo que pensara hacer Shikamaru.
—No por ahora —le aseguró mientras bostezaba—. Dejo a Naruto en tus manos. Mientras, yo me ocuparé del resto.
A Sasuke le pareció una buena idea así que se despidió y salió sin protestar por nada más.
Shikamaru se metió a su dormitorio inmediatamente después. Mientras se ponía unos pantalones para dormir y dejaba toda su ropa tirada en una silla al lado de su cama comenzó a reír un poco ante la situación del Uchiha.
—Tal vez no sea tan sencillo recuperarlo para ti después de todo este tiempo.
Y luego se recostó en su cama sin molestarse en meterse en las frazadas y quedando dormido en el acto.
-…-
Neji no pareció demasiado contrariado por salir de viaje de esa forma improvisada. Shikamaru le había contado cómo estaban las cosas y aunque el primo de Hinata aún creía que lo mejor sería que Naruto estuviera al pendiente de la situación, no se rehusó al plan de Shikamaru una vez que este le pidió que intercediera en nombre de todos ellos.
Además había recibido una muy larga llamada de Sasuke en el momento en que estaba en el aeropuerto, diciéndole que no dudara en hacer todo lo necesario para sacarles la información que tuvieran, incluso a golpes. Después de eso, Neji entendió por qué Shikamaru lo había elegido a él para ir y no al Uchiha.
Ubicar a Sai fue fácil. Se encontraba hospedado en el mismo hotel que Itachi le había indicado a Shikamaru unos días antes. Neji no le hizo notar su presencia, lo había visto pocas veces cuando andaba con Naruto por lo que no creía que el pintor lo reconociera. Mientras tanto, esperaba la oportunidad precisa cuando lo viera con Gaara.
Esta se presentó dos días después de llegar, cuando lo vio entrar en el recibidor del hotel y encontrarse con Sai. Estaban a punto de salir cuando Neji se les acercó y se presentó.
—Disculpen las molestias —les dijo como si se entrevistara con algunos de sus clientes—. Mi nombre es Neji Hyuga —les explicó extendiendo la mano directamente a Gaara. Este la tomó mientras Sai finalmente hacía una seña de reconocimiento—, quisiera hacerte unas preguntas… Gaara.
El pelirrojo miró al hombre y luego a Sai sin comprender.
—¿Sobre qué? —le preguntó con atención.
—Naruto —le respondió Neji sin dudarlo.
Gaara no tuvo más reacción que dejar la mano de Neji y quedarse muy quieto. Luego de unos segundos, sin embargo, trató de escabullirse de entre los dos. Sai no se lo permitió y lo sujetó del brazo, mientras Neji los dirigía hacia los elevadores.
Una vez encerrados en el cuarto del pintor, a Gaara no le quedó de otra que cruzarse de brazos y mirar irritado a ambos hombres.
—Pensé que te habías olvidado de todo ese asunto —le dijo al poco a su pareja, molesto al darse cuenta que Sai aún estaba involucrado de cierta forma con Naruto. A pesar de todas las advertencias que él personalmente les había hecho a ambos.
—Fue idea de Shikamaru, uno de sus amigos —le respondió sonriendo. Gaara se paró inmediatamente frente a él y lo tomó del cuello, tratando de ahorcarlo—. No creía que te lo tomarías a bien tampoco…
—El caso es —prosiguió Neji, separando a Gaara de Sai y sosteniendo al pelirrojo a unos metros de distancia— que estamos preocupados porque sea una broma de mal gusto o tu manera de vengarte de Naruto.
—¿Y qué si lo es? —le dijo Gaara, esta vez dirigiendo su mirada asesina hacia Neji— ¿Acaso piensas que te diré algo ahora?
Neji tomó aliento antes de seguir hablando.
—Naruto no es la persona que tú crees que es —comenzó a explicarle, soltando finalmente al pelirrojo—. Él en verdad no sabía la clase de hombre que era Sai cuando comenzó a salir con él.
El pintor se alejó unos metros más de Gaara por seguridad y Neji continuó hablando.
—Y la prueba está en que dejó de verlo en cuanto se enteró de ti —luego se dirigió hacia Sai, lanzándole una mirada fría—, ¿no es eso cierto?
—Sí, sí… —le respondió el pintor sin muchas ganas—. Yo he tenido toda la culpa, ¿está bien?
Gaara bajó la mirada ante esto, por lo que el Hyuga aprovechó la oportunidad para seguir hablando.
—Es por eso que si sabes algo de los padres de Naruto. Tú serías la primera persona durante todo este tiempo en poder dar una pista sobre ellos —como Gaara proseguía con la cabeza gacha, Neji se le aproximó para cerciorarse que sus siguientes palabras llegaran a él nítidamente—. Naruto se crió solo sin conocer quiénes eran sus padres o a una familia de verdad durante toda su vida. Nos tiene a nosotros y es por eso que sabemos lo importante que es para él todo eso. Por favor, intenta ayudarlo solo por esta vez.
Gaara no reaccionó solo hasta después de unos segundos. Apretó fuertemente los puños entonces y se dirigió a Sai.
—¿Qué quieres que haga?
El pintor decidió también acercársele ante esto. Parecía que Neji estaba a punto de lograr algo.
—Naruto no es una mala persona —le dijo Sai tratando de decir las cosas calmadamente para no alterar a su volátil pareja—. Si sabes algo, deberías decirlo.
Gaara solo levantó la mirada un instante para cerciorarse que Sai estuviera en el lugar que él sospechaba para luego formar un puño en su mano y un instante después derribarlo de un golpe certero en la cara.
—¡Pues claro que quieres que lo ayude! —le gritó mientras se le ponía encima y lo agarraba del cuello de la camisa—. ¡Eso te ayudaría tremendamente a ti para cuando volvieras a tirártelo, ¿no es cierto?
Sai comenzó a excusarse tratando de explicarle que ese no era el caso, pero sin la ayuda de Neji que los separó una vez más no creía que hubiera logrado quitárselo de encima o que dejara de golpearlo.
De todas formas, esa tarde Neji no logró obtener ninguna respuesta. Gaara simplemente se rehusó a hablar al respecto por más que el Hyuga le asegurara que Naruto nunca recibiría a Sai de vuelta ni en un millón de años.
Finalmente, no le quedó de otra que llamar a Shikamaru y comentarle sobre el fracaso en las negociaciones.
Su amigo no estaba muy contento al escuchar esto, pero de igual forma le pidió a Neji que lo intentara al día siguiente también y que si las cosas no iban bien hasta entonces, regresara con toda la información que pudiera conseguir sobre Gaara y le pidiera a Sai que lo mantuviera cerca de él por el momento.
Sasuke fue el segundo en enterarse de la testarudez del novio de Sai. Entre dientes tuvo que admitir que ambos encajaban a la perfección mutuamente.
—¿Qué haremos ahora? —le preguntó mientras firmaba los papeles que su secretaria le había dejado para terminar el día en la oficina, que era donde Shikamaru lo había localizado.
—Haré un poco de investigación de Gaara por mi cuenta y cuando Neji regrese iremos a hablar con Naruto.
Sasuke cesó toda actividad al escuchar esto.
—¿Con Naruto?
—Es muy problemático si la persona en cuestión sigue sin saber nada —le dijo Shikamaru—, yo podría hacer un par de cosas más, pero arriesgarme de esa forma sin saber si es lo que Naruto realmente quiere es tremendamente problemático.
Sasuke quería protestar, todavía no le agradaba para nada que Naruto tuviera la posibilidad de encontrarse con Sai otra vez, pero tenía que admitir que Shikamaru tenía razón en esa ocasión.
Neji regresó dos días después sin mayor novedad que los datos obtenidos del novio de Sai.
Gaara Sabaku era, junto con sus hermanos, dueño de los principales casinos y hoteles de Las Vegas. Había conocido a Sai cuando su hermana Temari lo había contratado para pintar unos cuadros para su hotel y desde entonces habían llevado una relación clandestina. Más que nada porque el padre de Gaara estaba en contra de hacer pública esa relación a sus contactos directos, ya que podrían alejar a sus socios de negocios.
El muchacho había sido institucionalizado por un problema de adicción cuando era adolescente, pero había sido dado de alta al poco tiempo y declarado como recuperado.
Fuera de unos reportes menores sobre advertencias por embriaguez o actividades escandalosas en la vía pública, su expediente de ahí en adelante estaba limpio.
Neji no creía que eso fuera del todo veraz, siendo testigo de lo descontrolado que se mostraba cuando se enojaba. Pero se imaginaba que la familia de Gaara se ocupaba de limpiar su registro con regularidad también.
Shikamaru estaba trabajando en su laptop mientras Neji les terminaba de comentar el comportamiento de Gaara y Sasuke se deleitaba escuchando que al menos alguien le había dado unos buenos golpes al pintor.
—Al final pareció entender que no era culpa de Naruto —prosiguió Neji mientras secaba su cabello con una toalla. Acababa de terminar de ducharse cuando sus dos amigos tocaron a su puerta y se acomodaron en su sala—. Pero de todas formas no quería ayudarlo a descubrir nada porque creía que Sai aprovecharía eso para volver a… bueno, ya me entienden.
Sasuke lo entendía y tal perspectiva no le hacía la menor gracia.
—Es gente peligrosa además —les dijo Shikamaru finalmente dejando de tipear en su teclado—. Al parecer son un clan como los Hyuga y los Uchiha, pero tienen demasiadas conexiones sin probar con la mafia de ese país. Dudo que estén libres de todas esas acusaciones.
—Si son peligrosos, no puedes esperar que Naruto se meta en el medio de ellos —le dijo inmediatamente Sasuke—, sería como sentenciarlo.
Shikamaru volvió a contemplar seriamente al Uchiha. Entendía a la perfección por qué rumbos iban las precauciones de su amigo y francamente ya lo estaban hartando. Ahora entendía a lo que Naruto se refería cuando les había dicho que no soportaba lo egoísta que era Sasuke.
—Naruto necesita saber lo que está pasando y a lo que se enfrenta antes de tomar una decisión.
Parecía muy convencido de esto, aunque ni Neji, ni Sasuke concordaban del todo con esta idea.
—Shikamaru, tú no estuviste ahí —le repitió el Hyuga—, la presencia de Naruto no hará más que provocar a ese psicópata. Sasuke tiene razón.
Ninguno de los tres pudo decir nada más porque en ese momento la puerta del apartamento de Neji se abrió y unos segundos después se asomó Ino, mirándolos intrigada mientras el Hyuga se ponía de pie para recibirla y Shikamaru cerraba a toda prisa la pantalla de su laptop.
—No te esperaba tan temprano —le dijo Neji aparentando normalidad.
Ino, por supuesto, no le creyó nada.
—¿Qué está pasando?
Sasuke se pasó una mano por la cara, sabía que esto significaba el principio del fin de sus planes de mantener a Naruto al margen.
Se me hizo un poco tarde, pero en buena hora para todavía ser viernes. La próxima semana un nuevo capítulo, espero que más temprano.
