Gracias a todos por los reviews que me estuvieron enviando. Si me quedó alguno por responder pueden tener por seguro que lo haré en cuanto pueda. Por el momento les traigo el capítulo nuevo de Rota. Me esmeré, y cada vez es más complicado. La trama se va a poner jodida a partir de ahora, ¿saben? Así que tenganme paciencia. También estudio en la facultad y se complica.
Igual saben que siempre, siempre termino lo que empiezo. Este capítulo, por cierto, es mucho más largo que el otro (ajá, ya se quejaron por eso varios xD).
PD: Si ven una página nueva en facebook que se llama "Lo dijo un NaruSaku"... sí, la cree yo xD
¡Disfruten!
Capítulo 3: ¿Qué es lo que haré?
Sasuke recorría las calles de Tokio casi sin prestar atención a lo que ocurría a su alrededor. Se rascó la cabeza inconscientemente más de una vez mientras tenía la otra mano en el volante, cosa que no hacía nunca. La mujer que estaba en ese cuarto, ¿realmente era ella? Aquella chica tan tierna, tan pesada al mismo tiempo. Esa chica molesta, la de la voz chillona pero palabras cálidas. Siempre dispuesta, siempre para todo. La del empuje, la de la voluntad, la del autoestima baja que él subió tantas veces como se lo bajó. Ella, la de los ojos alegres, la sonrisa enorme, las piernas firmes, la inteligencia superior, el alma amable.
—¡Deja en paz a Sasuke-kun, Naruto!
Fue un pequeño recuerdo que pasó por su mente sin que él lo pidiera, el que casi provoca que chocara contra un automóvil que iba delante de él. Los de atrás le tocaron bocina asustados. El semáforo estaba en rojo, pero él no había disminuido la velocidad. No estaba prestando nada de atención, así que se refregó la cara y siguió su camino lo más sereno que pudo, maldiciéndose a sí mismo por tener todavía tales imágenes en su cabeza… como si las hubiera vivido ayer.
Llegó a la enorme estación policial apresurado, con una ansiedad que pocas veces había sentido. Pasó por las grandes puertas de vidrio de la entrada con el aspecto tan firme como siempre. Los demás oficiales lo saludaron con la típica cordialidad, pero él estaba tan concentrado en su objetivo que ni siquiera los miró. La segunda puerta a la izquierda del fondo del pasillo era la habitación donde lo esperaban con los videos que habían conseguido.
Finalmente llegó y abrió la puerta. Los cinco que estaban dentro del cuarto se pusieron de pie. Sasuke los observó, todos eran oficiales de policía y había uno que parecía ser el experto en cámaras de seguridad, lo supo por su pinta sin el uniforme de los demás oficiales; por los anteojos; los largos años que aparentaba tener encima; por los apuntes que estaba tomando y porque tenía el control remoto del aparato. Como vio que había bastantes notas en esas hojas de cuadernillo tamaño oficio, supo también que ya habían visto los vídeos unas tres o cuatro veces antes de que él llegara.
—Señor Uchiha —saludó el hombre—, hemos analizado el video de la zona y otros más, porque…
—Lo sé —lo interrumpió velozmente Sasuke. La paciencia no era algo que lo acompañara seguido, y menos en esos momentos—. ¿Qué encontraron?
El señor se acomodó los anteojos con nerviosismo.
—A las tres y media de la madrugada un automóvil sin patente se detuvo a media cuadra del callejón donde la hallaron, y alguien de contextura grande pero totalmente cubierto de negro salió de allí con un bulto envuelto en una especie de manto negro. Creemos que podría ser una bolsa, —Sasuke frunció el ceño extrañado en ese momento por lo que oía. Sakura había sido hallada desnuda, sin nada que la envolviera— y luego se dirigió con el bulto al callejón. Allí adentro no hay cámaras, por lo que sólo pudimos seguir su recorrido hasta que llegó a la entrada del mismo, y salió sin nada en sus manos. Volvió al automóvil y se fue nuevamente.
—¿Pudieron seguir su recorrido después de eso, para saber de dónde salió?
El especialista sacudió la cabeza lamentándose.
—Se dio media vuelta, condujo unas calles más e ingresó en una avenida altamente transitada, por lo que lo perdimos.
Sasuke corrió la mirada hacia el piso, imaginando cada detalle que le habían contado en su cabeza y había algunas cosas que no le cuadraban. ¿Por qué Sakura apareció sin nada que la cubriera? Volvió a mirar al hombre fijamente, y éste se sobresaltó un poco del susto.
—Pon el video —le pidió, o más bien ordenó en una simple oración. El tipo no se lo pensó más y le dio click al botón del control remoto, apuntando directo al aparato que estaba frente a la mesa.
La imagen no era de mucha calidad, y obviamente se veía desde lejos, pero igual era lo suficientemente nítida. Inicialmente Sasuke permaneció sereno ante lo que veía, peores cosas habían pasado frente a sus ojos… pero luego vio el bulto que aquel alto hombre sacaba del maletero del automóvil, como si no fuese nada para él. Algo cerrado, un pedazo de carne, y la tomó en sus brazos llevándola casi sin esfuerzo hasta el callejón. Pero luego, cuando la imagen se detuvo y puso negra ante la entrada del hombre al oscuro lugar, algo en el pecho de Sasuke comenzó a bombear. Se sentía ansioso, nervioso. Quería seguir viendo, saber qué le había pasado a la pelirrosa muchacha ahí dentro. ¿Qué era lo que ese extraño y macabro hombre había hecho con ella, inconsciente y medio muerta, que no tenía nada encima cuando la encontraron? Era perverso, era enfermizo ver que la llevaba con una delicadeza y a la vez una indiferencia total a un callejón de donde probablemente nunca saldría viva en su mente.
Cerró, sin darse cuenta, el puño con furia ante la pantalla apagada y sin imagen alguna. Se sentía un incapaz declarado.
—Es curioso, ¿verdad detective? —le preguntó el hombre, sacándolo de sus pensamientos. Sasuke le dirigió una mirada seca. Parecía que bromeaba, hablándole tan indiferentemente sobre lo que acababan de ver.
—¿A qué te refieres? —le preguntó Sasuke también, sorprendiendo con su filoso tono al especialista, quien tragó saliva un tanto nervioso y confundido.
—¿No… no se dio cuenta?
El corazón de Sasuke quedó un poco tildado. Simplemente lo miró, esperando que continuara.
—Ese hombre no quería matarla —continuó ante sus ojos negros el pobre tipo. Sasuke frunció el ceño. Todos los demás a su alrededor lo miraban un poco confundidos, como si aquello fuera algo obvio.
—¿De qué demonios hablas? Quién sabe qué le hizo cuando la tiró ahí, que ella no tenía nada encima —la mirada de Sasuke se perdió en la pantalla negra, un extraño halo de luz reflejó sus sombríos ojos. Eran emociones que ni él podía comprender, que pasaban visiblemente por su cara.
Y por primera vez en su vida, ocurrió algo increíble… le sonrieron con mofa. El viejo, con sus anteojos sudados, le sonrió con mofa y exhaló aire sacudiendo la cabeza.
—La llevó envuelta en una bolsa y la hallaron sin nada. Los basureros de esa zona ingresan al callejón con un camión que toma el conteiner y vierte todo el contenido encima de la cúpula. Si realmente hubiera querido deshacerse de ella, la habría dejado con lo que la cubría por completo, para que nadie que pasara por ahí siquiera dirigiera su atención a ella. Sólo sería una bolsa más de basura, ella ni siquiera es tan alta y su contextura es pequeña, ¿cierto? Así que permanecería ahí hasta que el camión la llevara hacia el basural, y su cuerpo probablemente desaparecería por siempre en el rellenado. Pero observe que no sólo le quitó la bolsa, dejándola respirar si acaso seguía viva, sino que también la colocó de una forma que sus piernas sobresalieran del conteiner abierto. ¿Por qué haría eso alguien que la lleva en una bolsa? —el tipo cerró los ojos, suspirando— Es como si la hubiera dejado a su suerte, dejándola de forma tal que pudiera sobrevivir si la suerte estaba de su lado… Quizás estamos ante un arrepentido, o un típico caso de bipolaridad… ¿no cree?
Sasuke se quedó sin aliento, mirándolo seria y fijamente ante cada segura palabra. Los demás oficiales de alrededor cuchichearon entre sí, mirándolo con cierto asombro. Era la primera vez que alguien le explicaba algo de esa manera a Sasuke. La primera vez que un detalle como ese, algo que su ojo analítico y preparado debería haber visto, se le iba.
Salió de la habitación sin saludar a nadie, se fue velozmente dejando a todos sorprendidos por sus extrañas actitudes. Caminó por el pasillo, ignorando todos los saludos que le hicieron, y salió a la calle sintiendo el sol en la cara de repente. Era más del mediodía y se dio cuenta de ello. Se quedó quieto un segundo, mirando al suelo y luego a la gente pasar, luego caminó inquieto a su auto apoyándose contra la puerta. Se sentía un poco ofuscado, de una manera que nunca antes había experimentado y menos en su trabajo, donde siempre había sido el gran prodigio Uchiha, un genio prácticamente.
Era Sakura… era Sakura.
Él creía que la próxima vez que sabría de ella sería cuando le enviara una invitación a su boda, con un hombre que fuera básicamente perfecto. Imaginó que algún día lo llamaría, preguntándole cómo estaba con su dulce voz, como siempre. Que le diría que iba a casarse, que fuera a la fiesta, que enviaría por él si era necesario. La imaginaba como siempre, sin cambiar nada en absoluto, con esos ojos brillando a la luz del sol en el verano, esa sonrisa reluciente como si todo estuviera bien.
Jamás esperó esta Sakura, herida, golpeada casi hasta la muerte, llena de hematomas en todos lados y violada, absolutamente violada… y triste. Traumada, histérica, irreconocible.
Sonó el móvil por enésima vez y atendió, una voz femenina pronunció, en sencillas palabras:
—Señor Uchiha, el psiquiatra despertó y quiere ingresar al cuarto de la joven.
—No lo dejes, esperen a que llegue —le ordenó el muchacho, colgando y velozmente sacando las llaves de su bolsillo.
Ingresó al automóvil, pisó el acelerador y se echó a andar. Presionó sus manos contra el volante, entrecerró sus ojos y arrugó el entrecejo, concentrado en su próximo objetivo: El hospital. Llegó, harto ya de haber pisado tantas veces en el mismo día el mismo lugar, cosa que jamás hacía. Siempre visitaba a la víctima cuando era estrictamente necesario, prefería mandar a otros a que hicieran el trabajo de interacción personal porque siempre pensó que su trabajo era investigar crímenes, no ser psicólogo de nadie.
Bajó del automóvil sin siquiera ver a su alrededor, cerró de un portazo y dio duros pasos, adentrándose por aquella bendita puerta de vidrio de nuevo. La gente se sorprendió, chocó a algunos en el camino y ni siquiera pidió disculpas. Subió las escaleras y, a lo lejos, por el pasillo, ya veía en el hall al psiquiatra hablando con las enfermeras. Podía escucharlo cada vez más fuerte.
—¿Qué no lo entienden? Esa chica me inyectó un sedante, es peligrosa —les decía, y ellas sacudían la cabeza.
Las pobres mujeres enfermeras siempre eran las que tenían que dar la cara por absolutamente todo. Si Sasuke quería saber algo, acudía a ellas. Si quería información, acudía a ellas también. Los médicos vivían en su propio mundo, se encargaban de arreglar el cuerpo y luego desaparecían. Las que cuidaban, ponían el empeño en el paciente y lo mantenían respirando cada día eran ellas, incluso involucrándose a nivel personal a veces. Los bañaban, depilaban, preparaban, medicaban, alimentaban… En momentos como este se preguntó dónde estaba el médico de cabecera de Sakura, porque hasta el momento sólo había visto a aquellas mujeres, como siempre, luchar y discutir por ella. Aunque, ¿qué podía recriminarles a esos médicos fríos, si él era peor que ellos? Como ellos mandaban a las enfermeras a hacer el "trabajo sucio", él mandaba a los oficiales inferiores a hacer el propio…
Estaban distraídos, así que Sasuke se metió al cuarto rápidamente sin dudarlo. La miró ni bien entró, allí, al costado en la cama.
—¿Quién mierda te hizo eso? —le preguntó abruptamente. Sakura estaba despierta, mirando a la nada. Su sorpresiva entrada despertó su atención, y giró la cabeza hasta él, que estaba a su lado en la puerta.
Ella lo miraba con esos ojos morados e hinchados todavía. Entreabrió sus labios, sin pronunciar palabra alguna.
—¿Quién fue? —volvió a preguntar toscamente, ya un poco impaciente.
Ella siguió mirándolo afligida, como si el alma estuviera por salírsele del cuerpo en cualquier segundo. Sakura sentía que en cualquier minuto iba a dejar de respirar, que ya no tenía vida por dentro. Sasuke se sintió abrumado por sus ojos, ese verde apagado y oscurecido por su tristeza. De pronto los nervios lo invadieron, y no pudo más.
—¡Dímelo! ¡¿Quién te tocó, quién te arrastró a ese bote de basura?! —le gritó finalmente, y ella cerró la boca y corrió la cara por un segundo.
Sasuke expulsó un bufido que hizo eco en todo el cuarto.
—Bien —le dijo, molesto y en un tono áspero—, mientras tú decides hablar yo tendré que ir a sacarte ese psiquiatra de encima.
—Espera —lo detuvo ella sorpresivamente, en un suspiro.
Él volvió a voltear lentamente a su cuerpo. Sus pequeños labios temblaban, como si tuviera algo atravesado en su garganta que no pudiera expulsar.
—Ino… —escupió finalmente— Ino… ¡Ino! ¡La mataron! —le dijo, y Sasuke abrió sus ojos como bolas.
Apenas podía recordar a esa chica, pero la recordaba al fin y al cabo. Siempre estaba con Sakura, caminando de aquí para allá tendida de su brazo, gritándole tonterías en el pasillo de la escuela, llamándola a cada rato.
—¿La Yamanaka? —pronunció él, cada vez más confundido— ¿Cómo, quién? ¿Estaba contigo? —demasiadas preguntas en muy poco tiempo para Sakura. Ella sacudió la cabeza aturdida.
—Busca a Sai, búscalo —le rogó, casi con la voz partida—, él no sabe nada de esto. Debes decírselo, por favor Sasuke-kun, por favor —rogó de nuevo, y por primera vez en años escuchó el "Sasuke-kun" de nuevo de ella.
Sasuke también estaba confundido, ella le hablaba como si él tuviera que recordar cada rostro, olvidando que no debería ser más que un detective en el caso, alguien que no debería tener por qué conocer nada de eso. ¿Realmente estaba haciendo bien en seguir en su caso, como le había asegurado a Danzou… o sólo estaba complicándolo todo, a pesar de la información extra que tenía en su cabeza?
Hizo memoria, aquella tan brillante con la que había nacido, y recordó el rostro de un chico inexpresivo y de cabello oscuro como él.
—Ayúdame, debes ayudarme —le siguió pidiendo, con algunas finas lágrimas cayéndole por las mejillas, perdiéndose en las sábanas blancas.
A Sasuke le partía el corazón verla así, aunque su simple forma de ser le impidiera exteriorizarlo demasiado…
—¡Tienen que dejarme entrar a ese cuarto y sacar a esa chica de ahí!
O quizás no.
El psiquiatra gritaba afuera, en el hall que estaba frente al cuarto, unos pocos metros más lejos. Sasuke cerró su puño, apretó duro las uñas contra la piel, pero al mismo tiempo trató de serenarse mientras le daba la espalda a Sakura y nuevamente salía del cuarto sin decirle nada más.
—¿Qué hacía usted ahí? —preguntó el tipo, mirándolo sorprendido y a la vez confundido. Las enfermeras ya no sabían que excusa ponerle para evitar que hiciera un diagnostico desfavorable, que ingresara a ver a la paciente.
—No puede entrar —le dijo Sasuke ni bien estuvo a dos metros de distancia, sacando su placa antes de que le preguntara quién era.
—¿Por qué? Soy un especialista y tengo un trabajo que hacer —respondió el tipo, mirándolo de arriba abajo con sus anteojos de viejo antipático.
—Yo también tengo un trabajo que hacer —Sasuke permaneció serio, pero su voz se endureció y las enfermeras lo notaron un poco inquietas—, déjeme ver a la paciente otro rato.
—¿Está loco? Esa mujer es un peligro, lo atacará —replicó el psiquiatra al instante.
—Está bien —interrumpió una de las chicas—, ella no reacciona así frente a él —el psiquiatra levantó una ceja curioso cuando oyó eso. Sasuke le dirigió una mirada mortal a la mujer, pero no podía culparla por decir la verdad.
—¿Usted está investigándola y también la conoce? ¿Qué tipo de relación íntima tiene con ella? —sus preguntas eran insoportables.
—Señor, déjeme hacer mi trabajo. Le pido diez minutos nada más, luego podemos hablar de lo que usted necesite.
—De ninguna manera —volvió a responder el tipo, con ese tono rebuscado de profesionalismo barato—, ella no puede ver a nadie, a absolutamente nadie, me inyectó un sedante… ¿y usted cree que lo dejaré pasar como si nada? Esa chica necesita estar bajo vigilancia y medicamentos que la controlen, tenemos que tratarla adecuadamente. No permitiré que ningún paciente de este hospital ponga en peligro a los demás o a sí mismo, además…
—Ella no es peligrosa —interrumpió abruptamente Sasuke, con una tonalidad tan asesina que las enfermeras lo miraron. Ellas lo conocían demasiado bien como para saber cuándo él estaba actuando normal, y cuándo no.
—¿Qué, acaso usted es su novio? —le preguntó el hombre, riéndose casi en una burla. Sasuke quería borrarle la sonrisa de la cara como pudiera— Lo siento mucho, pero la chica se irá conmigo. La cuidaremos muy bien en mi piso, no se preocupe… Podrá ir a visitarla cuando quiera, la mantendremos calmada y quieta.
La tonalidad de aquel hombre se había vuelto más y más insoportable desde que empezó a hablar. Eso fue todo. Sasuke no pudo contenerse, no quería, su pecho se lo impedía. Rechinó los dientes toda la conversación, tratando de contenerse lo más que pudo, pero ya no iba a hacerlo. Él no lo merecía. La forma en que se reía, hablaba de ella como si fuera una simple cosa. Era Sakura.
Cerró los puños, y pudo observar que el señor siguió pronunciando más palabras y explicaciones médicas sobre la condición inestable mental de ella, pero no escuchó nada. Sus labios se movían, pero no les prestaba atención. Lo único que escuchaba era un eco muy lejano, y un pitido en sus oídos que ensordeció todo. La sangre le llegó a los ojos de la furia, ardiéndole la cara, enrojeciendo su usual pálido.
—¡Cierra la puta boca!
Su cabeza se puso en blanco, y otro silbido seco sonó en el vacío… hasta que se lanzó a él. Sasuke respiró profundamente antes de arrojarse a él con los ojos llenos de furia, de un brillo rojo que atemorizaba a cualquiera. El psiquiatra cayó al suelo, y Sasuke sobre él golpeándolo en la cara un par de veces. Las enfermeras se asustaron y exaltaron, pero lo detuvieron a tiempo. No lo dejaron darle más de dos golpes, todas tuvieron que interponerse para detener a la bestia de Uchiha. Sasuke se contuvo solamente por ellas, cuyos molestos cuerpos inocentes se interponían entre él y su objetivo… porque de haberlo querido podría haberlo matado en un segundo.
Bufaba descontrolado, jadeando con la fuerza de un animal enfurecido y salvaje.
—¡Señor Uchiha, deténgase por favor! —rogaban las enfermeras, sin darse cuenta que él se había detenido por sí mismo mucho antes.
Sasuke ni siquiera las miraba, solamente miraba al psiquiatra que tenía enfrente fijo a los ojos, mientras éste arrastraba alejándose por el piso varios metros, asustado como un gusano y temblando, tocándose la cara escandalosamente. Le salía un poco de sangre de la nariz.
—¡Enfermo, usted está tan loco como ella!
Sasuke quiso arremeter contra él de nuevo cuando escuchó eso, y las enfermeras pudieron detenerlo a duras penas unos segundos, hasta que llegó la guardia del hospital y lo sostuvo por la fuerza, arrastrándolo lejos de allí, lejos del hospital…
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La oscuridad de la celda era más tenebrosa de lo que él habría imaginado… probablemente porque siempre había estado del otro lado de los barrotes, y no en una de esas mugrosas jaulas. Había solamente una cama en la cual parecía haber dormido alguien sólo segundos antes de que él llegara… algún conductor ebrio seguramente, porque también había bastante vomito en el inodoro y alrededor. El olor era nauseabundo, así que Sasuke simplemente se sentó contra los barrotes y dejó descansar la cabeza sobre ellos mientras miraba la pequeña ventanita de adelante, toda enrejada. Apenas entraba la luminosidad de la luna… ya era de noche. Y aunque las horas se le deberían haber pasado mucho más lento, en realidad ni siquiera las sintió.
Era la primera vez que estaba en la cárcel, que lo habían detenido por algún disturbio similar. No era más que una detención, una especie de prisión preventiva… pero una cárcel al fin y al cabo. Y era muy gracioso que lo hubieran llevado sus propios oficiales, aquellos oficiales con los que sólo horas antes había hablado. Aquello no podía ser más humillante. El respeto era tal que no lo esposaron, y fue de buena gana, caminando sin mirar a nadie y con la frente en alto. Pero no dejaba de ser una situación absolutamente escandalosa para él… y para todos.
Sasuke rezongó en la oscuridad, cerró los ojos y se maldijo a sí mismo.
—¿Qué mierda me pasa…? —se susurró, y luego volvió a mirar la ventanita de arriba.
No se había dado cuenta de que era una medialuna, y de pronto un recuerdo fugaz le vino a la mente. Esa noche, la última que ellos hablaron… esa era la luna que estaba sobre sus cabezas.
—Sakura… —volvió a susurrar.
Los ruidos de las llaves sobre su cabeza le impidieron seguir recordando más. Levantó la mirada y lo vio desde abajo.
—Danzou-sama… —dijo, alejándose para ponerse de pie frente a él.
Danzou esperaba tranquilamente que el oficial abriera la celda y lo dejara pasar. Una vez lo hizo el hombre se fue, y Danzou quedó a solas con el muchacho. Sasuke no decía nada, pero la cara de Danzou era bastante juzgadora. Lo observaba seriamente, con esa aparente tranquilidad que desesperaba a cualquiera. ¿Qué le pasaba por la cabeza a ese hombre?
—He movido mis contactos para sacarte de aquí —le dijo finalmente. Sasuke asintió con la cabeza.
—Gracias, Danzou-sama.
—No he terminado —Sasuke asintió de nuevo, esperando con el respeto que le debía a que hablara—. ¿Qué demonios crees que haces, Sasuke? —le preguntó finalmente— ¿Por qué golpeaste a ese psiquiatra?
Sasuke no sabía qué responder. Realmente… ¿por qué lo había hecho? Mientras estaba allí, en esa celda, había evitado pensar demasiado en ello porque no llegaba a las conclusiones lógicas y razonables con las que siempre se había movido en su vida. Había hecho algo por impulso, sin pensar en las consecuencias. Hacía demasiado tiempo que no sentía un impulso como ese, el actuar de manera imprudente sin pensar en nada. Pero en realidad, en el fondo, él sabía bien por qué lo había hecho.
Cuando no escuchó más al psiquiatra, cuando lo vio sonreír y pronunciar el nombre de Sakura con esa burla en la cara… no vio más al profesional que tenía en frente. No vio a ningún doctor, ni a ningún profesional del hospital a quien le debiera respeto. Vio a Sakura, vio su rostro amoreteado, sus cortes, sus heridas, sus lágrimas, aquellas vendas que cubrían tanto en ella… su dolor. Y lo que vio en el psiquiatra no fue a nada, fue a una cosa. Vio al violador, al que la había arrastrado hasta ese conteiner, el que había hecho que cayera de algún lugar alto y se hiriera de esa manera. Vio al que se metió en su cuerpo sin que ella lo pidiera, el que la hizo gritar y sufrir por días, semanas, quién sabe cuánto.
Sasuke solamente quería matar a ese hombre, al que había lastimado así a esa mujer, quería destrozarlo con los puños y que le salpicara la sangre en la cara si era posible. No se dio cuenta de que ese no era ningún violador, ni ningún asesino o secuestrador… era sólo un psiquiatra que se había pasado un poco en sus palabras y sus maneras.
—No lo sé —la mentira de Sasuke era evidente, pero su voz fingió serenidad.
Danzou suspiró largamente, sacudiendo la cabeza.
—¿No fuiste tú el que me prometió que no pasaría nada, que sería mejor que lo siguieras…? Creo que me equivoqué contigo, Sasuke. No debí darte tanta libertad…
—Está equivocado, ella…
—No, no. Basta ya de tus explicaciones, Sasuke —lo interrumpió Danzou, haciéndole un gesto con la mano—. Te metiste demasiado. Dejaste que te afectara. Se volvió personal. Jamás debe volverse personal. Ese hombre no presentará cargos. Debes agradecer que conociera a tu padre. Trabajó en algunos casos con él, ayudándolo con algunos criminales con disturbios mentales. Escribió grandes obras gracias a los casos en los que ayudó a tu padre, metiéndose en la mente enferma de muchos de esos asesinos. Debes estar agradecido.
Sasuke volvió a apretar su puño, no tenía ni idea de quién era el psiquiatra ni tampoco le interesaba. Detestaba estar en esa situación por haber sido un impulsivo imbécil.
—Le pasaré el caso a otra persona.
—Nadie es mejor que yo. Usted lo sabe. Este caso no es para cualquiera. No hablamos de un típico caso japonés, de un delito común. Ella fue trasladada de otro país, la privaron de su libertad, la violaron. ¿Cree que todo eso lo hizo cualquiera? —Sasuke devoraba a Danzou con la mirada, y éste también lo miraba fijamente a él.
—No eres apto. Tengo más hombres además de ti, no eres el único que puede…
—¡Deje de decir eso! —Danzou se sobresaltó un poco con el grito de Sasuke. Él se dio cuenta inmediatamente después de lo que acababa de decir y suspiró, calmándose solo— Hay otra chica muerta.
Danzou en este momento cambió su cara. Claramente se sorprendió y se vio turbado, frunciendo el ceño consternado.
—¿Qué? —le preguntó, finalmente. Sasuke asintió.
—Ino Yamanaka. La conocí. Sakura habló un poco más hoy —Danzou se sorprendió de nuevo de las palabras de su subordinado. Sasuke había avanzado más de lo que creía.
El silencio imperó unos segundos. Claramente el viejo se lo estaba pensando…
—Hay un prestigio que mantener, Uchiha —dijo finalmente, mirándolo serio.
—Lo sé —respondió a regañadientes Sasuke, pero Danzou le hizo un gesto con la mano y lo calló.
—Fuiste entrenado. Yo mismo supervisé tu entrenamiento —comenzó el tipo con su voz avejentada—. De todos en la agencia eres el que más en alto nos ha dejado. Pero ese entrenamiento tenía pautas muy claras, y los sentimientos no están implicados en esas pautas. ¿Te queda claro? Guarda tus sentimientos para ti, y enfócate. Si llegas a arruinarlo… no lo pensaré de nuevo. Pondré a otro en tu lugar. Es la última oportunidad que te daré.
Sasuke no pudo hacer otra cosa que asentir en silencio.
—Contrólate —susurró Danzou, dándole una palmada en la espalda mientras se daba la vuelta y se iba—. ¿Vienes? —lo llamó a lo lejos, y Sasuke reaccionó.
Se tronó el cuello y caminó a él, lentamente…
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Sasuke llegó a su casa y lo primero que hizo fue ducharse. Vivía en una casa bastante grande, una que una vez perteneció a su familia. Era oscura y casi nunca prendía más de un par de luces. Estaba acostumbrado a caminar en la oscuridad. Todo estaba pulcro y limpio, apenas tenía algunas plantas que siempre olvidaba regar. Un patio vacío, una cocina de tamaño mediano y una gran sala con una pantalla grande y un sillón en el medio. Había una mesita de cristal donde posaba la fotografía de su familia; sonriendo juntos frente al sofá de descanso donde solían ver televisión en la noche.
El piso era de mármol; blanco y brillante… otra prueba de lo solo que estaba. No limpiaba nunca y aun así todo estaba limpio. Ni siquiera comía en su casa. Pasaba más tiempo afuera que allí.
El vapor salía del baño fuertemente, ni siquiera cerraba la puerta para ducharse. El agua le caía por sus pectorales desnudos, quitándole la mugre de la cárcel. Nunca se había sentido tan sucio en su vida. Abría los ojos en medio del agua, pensando una y otra vez en el rostro de Sakura pidiéndole que lo ayude.
Finalmente cerró el grifo y salió, descalzo, dejando algunas huellas en el suelo. Lo primero que hizo fue ponerse ropa limpia en su gran cuarto. Él dormía en la planta baja, arriba había tres cuartos a los que no entraba hace años.
Abrió su notebook e ingresó al sistema, a la base de datos a la que estaba autorizado meterse. Buscó el nombre de ese chico de cabello corto y ojos oscuros, y lo encontró. Su foto no había variado mucho… seguía teniendo la misma expresión de muerto viviente.
—Sai —dijo, ingresando a sus datos—, te tengo.
Allí saltó su dirección, número de teléfono fijo, de celular. Aparentemente había estudiado ciencias políticas después de graduarse. Vivía en Osaka igual que Sakura.
Sasuke se puso de pie y tomó el teléfono de su casa. Marcó el número que se indicaba, y cuando estaba por llegar al último se detuvo… tomando conciencia de lo que estaba haciendo realmente. ¿Cómo se lo iba a decir? Nunca había hecho eso. Ese era el trabajo de otro. Él llegaba cuando ya se había avisado a todos los familiares…
Comenzó a sonar la espera… y los minutos se hicieron eternos.
—¿Diga?
Mierda.
Era él.
—¿Eres Sai? Soy Sasuke Uchiha —contestó, tras un segundo de silencio. Sai estuvo callado del otro lado, probablemente haciendo memoria.
—Oh, ya te recuerdo, de la escuela… eres tú —dijo, un poco sorprendido—. Pero… ¿por qué llamas?
Antes de que hablara Sasuke pudo escuchar la respiración de Sai acelerarse un poco. Siempre había sido un chico bastante inteligente y rápido, y recordaba bien a qué se había dedicado Sasuke. Aquel compañero de la secundaria que nunca más se apareció… ¿para qué más iba a llamarlo?
—Es por Ino Yamanaka —sentenció Sasuke al fin.
Respiración.
No escuchó nada. Sai no gritó. No le preguntó nada. Ni siquiera hizo un ruido con su garganta… solamente respiraba. Respiraba fuertemente. Sasuke sintió su desesperación a la distancia. La pudo sentir tan fuerte que cerró sus ojos y se sentó, colocándose la mano en la sien.
"Ella murió".
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—¡Ino! —exclamó Sakura, despertando de repente, sobresaltada.
No necesitó mucho tiempo para darse cuenta de que estaba en el hospital, en aquella habitación oscura todavía. Respiró, calmándose sola. La imagen de Ino vino a su mente, despertándola de su sueño. No dormía demasiado, le costaba mucho hacerlo. El poder hacerlo algunas horas era más bien un efecto de los medicamentos. Luego imágenes horribles venían a su cabeza, y despertaba corroborando que no había nadie con ella… que estaba lejos de todo eso ahora. Pero esta vez no fueron esas imágenes lo que la despertaron, fue el rostro de Ino… viniendo a su cabeza una y otra vez mientras dormía.
—Ino… —musitó, hundiendo el cráneo en la almohada de nuevo. Viró la cabeza, mirando por la ventana.
La medialuna se asomaba silenciosa y brillosa entre las nubes. Recordó el rostro de Sasuke, mirándola cuando hablaron a la tarde.
—Sasuke-kun… —musitó, insegura— ¿Qué es lo que haré?
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Él finalmente colgó, en medio de su oscura y silenciosa casa. Colocó el teléfono de nuevo en su lugar, y lo miró unos segundos tratando de recuperar su cabeza. Sentía demasiadas cosas en tan poco tiempo, mucho por procesar para él. Había estado como en un estado de congelamiento, de parálisis emocional por años. Y ahora, finalmente, todo eso le estaba pasando factura sin que él lo pidiera. No podía evitarlo. Y al mismo tiempo sabía lo que Danzou le había dicho, y lo que su trabajo implicaba. Tenía que dejarlo de lado, luchar contra ello, reprimirlo.
Siempre había sido excelente reprimiendo todo… pero esta vez era más fuerte, más difícil de contener. La bestia en su corazón luchaba por salir. Porque era Sakura…
Y Sasuke se dejó caer en el sofá, mirando a la ventana que daba al patio de atrás. La medialuna seguía ahí, resplandeciendo su luz tenue e iluminando vagamente las dos o tres plantas que tenía por ahí. Volvió a verla a ella, sonriéndole, diciéndole "Sasuke-kun", aquella Sakura de antaño que dejó ir brutalmente…
—¿Qué es lo que haré?
"La luna es lo que nos une, el satélite por el que todos suspiramos.
Cuando estamos lejos podemos mirarla al mismo tiempo, y seguir amándonos a través de ella"
