3. EL INTERROGATORIO

El trío de amigos volvió al Gran Comedor, al traspasar el umbral de la puerta, los chicos notaron que algo estaba pasando. Había un buen numero de magos y brujas vestidos con túnicas negras con el emblema del Ministerio de Magia bien visible a la espalda. Eran los aurores del Departamento de Fuerzas Especiales, que estaban hablando con Kingsley Shacklebolt. El trío se acercó al Primer ministro y oyeron que decía:

—... me sabe mal, pero habrá que detenerlos, Dawlish los tiene vigilados.

—Podemos llevárnoslos ahora, antes de proceder con los cadáveres.—dijo un mago fornido de pelo entrecano.

—Sí, supongo que sí. Los Malfoy no creo que armen mucho escándalo. Al fin y al cabo el Señor Tenebroso a caído y se podían esperar que los detuvieran.

—Voy a avisar a los aurores y nos iremos enseguida.— el mago hizo ademán de marcharse pero Kingsley lo paró.

—¡Un momento, Cardigan! No quiero tentar a la suerte. Vais desapareceros por separado y los vais a llevar esposados. Si se escapan, la Comunidad Mágica me va a crujir vivo.

En ese momento se les acercó otro auror de cabello rubio pajizo y semblante muy serio.

—Señor Ministro, los hermanos Carrow ya han llegado a Azkaban. Ahora ya podemos proceder con los cadáveres, señor.

—Sean discretos, muchachos. No hay que exhibirlos como si fuesen un trofeo de caza— dijo el Ministro.

—No se preocupe Señor Ministro— dijo el rubio, y el auror se marchó hacia la habitación del fondo del entarimado. Entonces Harry aprovechó para hablarle a Kingsley.

—¡Kings... Señor Ministro!— lo llamó.

—¡Potter!¿ Qué puedo hacer por ti?

—Verá señor. Necesito hablar a solas con Draco Malfoy.

—¿A qué viene esto ahora Harry?— le dijo Kingsley.

—Tengo que hablar con él. Es un asunto muy importante.— Harry vio la cara de escepticismo de Kingsley y añadió— Es muy importante, señor. Un asunto de vida o muerte.

—¿Tiene que ver con ese misterioso asunto que os lleváis entre manos?

Los tres amigos se miraron, como diciendo "¿quién se lo habrá dicho?" y Shacklebolt los sacó de dudas diciéndoles:

—McGonagall me contó que reclutasteis a Slughorn y que se ha encerrado en su despacho desde entonces sin decir nada a nadie.— el Primer Ministro los miró a los ojos, uno por uno, como si quisiese entrar en sus mentes. Al cabo de un minuto habló de nuevo— Está bien Harry. Haré que lo lleven a una de las aulas del pasillo este y podréis hablar con él. ¿Media hora será suficiente?

—Creo que sí, pero todo dependerá de Malfoy— dijo Harry sonriendo abiertamente.

Kingsley los dejó y fue a hablar con el auror del pelo entrecano. Los chicos vieron como dos aurores se les acercaban con Lucius y Narcisa, que iban atados con las manos en la espalda, Kingsley les decía algo y no fue hasta que se marcharon que no vieron a Draco, que había estado detrás de sus padres. Kingsley cruzó algunas palabras con el joven Malfoy y luego le dijo algo a Dawlish, señalando hacia el vestíbulo. A los pocos segundos, Dawlish salió con Draco y Kingsley se reunió de nuevo con ellos.

—Dawlish ha llevado a Draco al aula numero tres. Id con cuidado, no quiero ningún incidente.

Harry, Ron y Hermione fueron hacia el aula y se pararon frente la puerta.

—Tranquilo Harry— lo animó Hermione.

—Seguro que sacaremos algo en claro, tío— le dijo Ron.

Harry suspiró ruidosamente, puso la mano en la manecilla de la puerta y la abrió con energía. Era un aula pequeña, como un aula de estudio. Draco estaba sentado en una silla, sus codos encima de las rodillas y la cara entre sus manos. Al oír que alguien entraba, levantó la vista y miró a Harry a los ojos. Los ojos de Draco eran puro hielo y odio.

—¿Qué haces aquí, cara cortada?— le espetó Draco.

—Queremos hablar contigo Malfoy.

—No tengo nada que decirte Potter.— le dijo Draco secamente, con su peculiar manera de arrastrar las palabras.

Harry lo miró a los ojos y medio esbozó una sonrisa. Harry sí sabía lo que él tenía para él, y se lo iba a dar, tanto si quería como sino.

—¿De qué te ríes, idiota? ¿Te estás riendo de mi desgracia o estas pensando en que pronto estaré en Azkaban?

—Ninguna de las dos cosas, Malfoy. Solo necesito que me des una información.

—¡Olvídame Potter!—gritó Draco levantándose de la silla— Antes me comería un plato de vainas de snargaluff a tenerte que decir nada.

Harry se acercó peligrosamente a Draco y le dijo, con voz controladamente peligrosa:

—No juegues conmigo, Malfoy, que no estoy de humor para jueguecitos y se nos agota el tiempo.

—Ya puedes irte por donde has venido, Potter, que no te pienso decir nada.— dijo Draco.

—Si no sabes de lo que te queremos preguntar.—intervino Ron.

—¡Cállate comadreja traidora a la sangre!— gritó Malfoy.

Antes de que Ron pudiese intervenir, Harry sacó su varita, cogió a Malfoy por el cuello y lo estampó contra la pared más cercana, apuntándolo con la varita entre sus ojos y gritó:

—¡DAME UNA SOLA RAZON PARA NO MATARTE MALFOY!

Los dos estaban uno muy cerca del otro, con las narices casi rozándose. Draco miraba a los ojos a Harry. Los ojos grises de Draco tenían un matiz casi negro a causa del odio que sentía hacia el Gryffindor. Y los ojos verdes de Harry refulgían como dos esmeraldas donde se reflejaba una llamarada de fuego, el fuego de la ira que Harry sentía en esos momentos ante la impotencia de no poder controlar su genio hacia su enemigo. Ninguno de los dos rompía el contacto visual y respiraban agitadamente.

—¡Mátame Potter!— le gritó Draco— ¡Mátame y así me ahorrarás el viaje a Azkaban!

Ron se abalanzó sobre Harry, tirando de su amigo con fuerza.

—¡Harry déjalo! No vale la pena que arruines tu vida por una sabandija como Malfoy.— le dijo Ron.

Harry se zafó de Ron y sin decir nada más salió del aula. Ron lo siguió pero Hermione se había quedado pensando en lo que había acabado de pasar y tuvo una idea y salió detrás de sus amigos cerrando la puerta a sus espaldas.

Cuando Harry estuvo en el pasillo dio un puñetazo a la puerta de enfrente, apoyándose después en la misma con las manos. Ron y Hermione se le acercaron y la chica le dijo:

—Déjame a mí, Harry. A mí no me afectan ya sus insultos, estoy mas que acostumbrada.

Harry la miró y vio determinación en ellos y algo más peligroso que no pudo descifrar y pensó que sería la única que podría sacarle algo a ese mal nacido.

—Hermione no creo que sea... — Ron se interrumpió a media frase al ver que Harry levantaba la mano haciéndolo callar.

—Déjala probar, Ron. Creo que lo conseguirá.

—Gracias Harry— le dijo ésta y antes de entrar se giró –Sobretodo no entréis si oís gritos, es parte de mi plan.— dijo esto mirando a Ron que asintió no muy convencido.

Hermione entró de nuevo en el aula. Draco no se había movido de la pared, tenía los ojos cerrados, todo el cuerpo en tensión, con los puños fuertemente cerrados y respiraba agitadamente. No oyó a Hermione entrar, pero sí sintió su presencia, la sintió como una descarga eléctrica. Abrió automáticamente los ojos y la miró a los ojos, unos ojos color miel que rezumaban fuerza y determinación.

_¿Qué quieres de mí, asquerosa sangra sucia?— fue lo que dijo Draco.

Los ojos de Hermione llamearon y de pronto Draco se dobló sobre sí mismo aullando de dolor. Hermione miró como se retorcía gritando en el frío suelo y le vino a la mente la terrible experiencia vivida en casa de los Malfoy bajo la varita de Bellatrix Lestrange.

—¡Finite! — dijo al fin Hermione, acabando con el sufrimiento de Draco— Ahora sabes que sentí yo aquella vez en tu casa, cuando Bellatrix me torturó por puro placer, sin varita para defenderme. Te sientes inferior, como un desperdicio— Hermione caminaba alrededor de Draco –Así es como me siento yo cada vez que tú me insultas Draco Malfoy.

Draco se levantó lentamente del suelo, resollando con dificultad:

—¿Cómo te has atrevido, Granger?— Dijo Draco escupiendo al suelo antes de decir el apellido de Hermione.

Hermione volvió a lanzarle otra maldición imperdonable y Malfoy volvió a caer de rodillas al suelo, pero esta vez no gritó de dolor, sino de rabia.

—¡¿QUÉ QUIERES DE MÍ?— Gritó Draco en medio del dolor.

—¡Finite! — dijo Hermione— Solo quiero que nos ayudes a salvar a una persona de la muerte más horrible que he visto.

—¿Y que puedo saber yo sobre eso? ¡Yo no he matado a nadie!— le dijo Draco.

—Lo sé, Draco. Sé que no mataste a nadie. Sé que si no pudiste matar al mago más grande de todos los tiempos, tampoco podrías matar a una persona normal como tú o como yo.

Draco se levantó de golpe del suelo y se abalanzó sobre Hermione, lanzándola al suelo con violencia. Malfoy la cogió de las muñecas y se las inmovilizó por encima de la cabeza, sin preocuparse de quitarle la varita. Se puso a horcajadas sobre el abdomen de ella y acercó su rostro a unos pocos centímetros de la de ella y le dijo:

—No te atrevas a pronunciar mi nombre, sangre sucia, ni mucho menos compararte conmigo, no te lo permito.

Sus miradas se cruzaron y los dos se perdieron en la mirada del otro. Hermione fue consciente del calor que desprendía el cuerpo de Draco. Sintió sus manos que la sujetaban firmemente y el cuerpo de Draco encima del suyo, que irradiaba fuerza. Draco respiraba fuertemente y ella sentía el cálido aliento de él que acariciaba su rostro. Se perdió en sus sentidos. Hasta ahora no se había dado cuenta de que Draco olía muy bien y que era agradable. El olor de Draco era una mezcla de mar y sándalo, que le gustaba mucho. Lo miró a los ojos y se sorprendió del color. Eran grises como el hielo de un glaciar, pero en lo más profundo tenían un matiz azul oscuro precioso.

Draco, por su parte, se dio cuenta de dónde estaba. Estaba muy cerca de la cara de Hermione y sus ojos color miel lo miraban intensamente. De pronto el aroma de la chica inundó sus fosas nasales. Olía a flores silvestres y a cuero viejo, tal vez debido al contacto reciente con los libros de la biblioteca. Hermione se removió nerviosa bajo su cuerpo y Draco pudo sentir las suaves curvas del cuerpo femenino, los pechos de Hermione rozaban su pecho y él tuvo conciencia por primera vez que ya no se enfrentaba con una niña de segundo año, sino con una mujer muy hermosa que lo estaba perturbando en todos los sentidos. Por primera vez Draco Malfoy sintió deseos de besar a una sangre sucia, y se despreció por ello.

Hermione, mientras tanto, había aprovechado el momento de distracción de Draco para recuperar la varita que se le había escurrido de la mano, y con una leve sonrisa maléfica le lanzó una ultima maldición:

—¡Crucio! —exclamó Hermione y sintió cómo todo el cuerpo de Draco se tensaba y se le cortaba la respiración.

Hermione no supo porque había reaccionado de aquella manera, pero tener a Draco tan cerca la alteraba de una manera que no había sentido antes. Sabía que Draco tenía un atractivo que era irresistible para la mayoría de chicas y que era extremadamente apuesto, pero para ella todo ese atractivo desapareció cuando empezó a meterse con su ascendencia. Pero tenerle a tan pocos milímetros de ella le hizo sentir una extraña sensación en el estómago que nunca antes había sentido por nadie. Aquellos ojos la hipnotizaban y la dejaban paralizada. Se sentía confundida y tenía que poner orden a sus pensamientos.

Draco estaba perdido en aquella cara hermosa. Le gustaron aquellos ojos color miel y esos labios llenos que le sugerían manjar de los dioses, y cuando Hermione le sonrió levemente su pulso se aceleró. Lo que no esperaba era otro ataque de aquellas características, sintió cómo si su cuerpo ardiera por dentro y se le clavasen mil cuchillos a la vez, odiaba aquella sensación, ya que le recordaba sus comienzos como mortífago, cuando el Señor Tenebroso estaba enfadado con su padre y quería venganza. Se juró que no gritaría y a duras penas pudo quitarse de encima de Hermione y hacerse un ovillo en el suelo junto a ella y esperar dolorosamente que terminase la agonía.

Cuando sintió que Malfoy se quitaba de encima, Hermione se levantó rápidamente del suelo y lo apuntó con su varita y dijo:

—¡Finite! — Hermione se agachó junto a Draco y le tendió una mano—¿Ahora me escucharás o voy a tener que volver a maldecirte?

Draco miró la mano que le tendía Hermione y luego la miró a los ojos y dijo:

—No sé que es lo que yo te puedo aportar, y mucho menos para ayudar a un miembro de la Orden del Fénix.— Draco la miró intensamente— Si es para ayudar al chucho lunático ya puedes olvidarlo, Granger.

—No es para Remus la ayuda— dijo Hermione asiéndole la mano a Draco y tirando de él para levantarlo del suelo. Le indicó unas sillas y se sentaron— Sino para una persona a la que tú le tenías algo de respeto. Alguien que te ayudó a ti y a los de Slytherin, mientras que a nosotros nos odiaba a muerte y siempre que podía nos quitaba puntos a los de Gryffindor.

Draco la miraba incrédulo, pensó en Snape pero lo descartó porque había abandonado el barco y no había participado en la batalla de Hogwarts.

—¿Aun no sabes de quien te estoy hablando?— le preguntó Hermione.

—Ve al grano de una vez, Granger.

—Quiero que nos ayudes a salvar la vida del profesor Snape, Malfoy.

Draco le miró con los ojos muy abiertos, como si acabase de decir una barbaridad y le dijo:

—¿Snape? El no esta muerto, seguramente ha escapado como muchos otros mortífagos han hecho. Además, es un traidor, nos ha traicionado a todos, se lo merece.

—¿Cómo puedes decir eso después de lo que te ayudó y lo que hizo por ti el año pasado, pronunciando el Juramento Inquebrantable a tu madre y arriesgando así su vida? ¿Crees que ahora estarías aquí? Voldemort quería vengarse de la ineptitud de tu padre con el fracaso del ministerio y la profecía, y que mejor manera que reclutar al primogénito de los Malfoy y encomendarle una misión imposible bajo la amenaza de matar a sus padres si fracasaba.

—Pero el Señor Tenebroso no nos mató.

—Porque quedó satisfecho con el trabajo de Snape, que previamente ya había acordado con Dumbledore ¿Pero qué pasó después de eso Malfoy? Os convertisteis en sus criados, en sus títeres. Voldemort os conservaba porque teníais una mansión que era perfecta para hacerla el Cuartel General de los Mortífagos y sobretodo era digna de un Lord.

—Pero Snape nos traicionó—dijo de nuevo Draco.

— Voldemort nunca se dio cuenta de la traición porque el profesor era un gran oclumántico, para él fue fácil ocultarle esa información a Voldemort. Tú has oído decírselo a Harry, pero Voldemort no lo sabía hasta que él se lo dijo, lo ha matado por codicia. Snape no ha huido Draco, ha sido asesinado de la manera más vil y horrible que te puedas imaginar.— una lágrima se deslizó por la mejilla de Hermione y Draco estuvo tentado a borrarla con su mano.— Voldemort lo ha matado a sangre fría. Pero no se ha manchado sus manos con su sangre, esta tarea se la ha dejado a Nagini, que le ha desgarrado la garganta de un solo bocado y lo ha dejado desangrándose en la Casa de los Gritos.

Draco no podía creer lo que estaba oyendo, Snape era la mano derecha del Señor Tenebroso, solo confiaba en Snape y en sus criterios, había confiado ciegamente en él y lo había matado, había matado a su padrino, la única persona que lo había ayudado cuando se lo pedía. Draco nunca pensó que Voldemort mataría a Snape, pero lo había hecho, creía a Hermione, la miró a los ojos y dijo al fin:

—¿Por qué lo ha hecho?— preguntó Draco al fin.

—Por que Voldemort pensaba que Snape era el poseedor de la Varita de Saúco, su auténtico dueño. Pero lo que él no sabía era que la varita ya había cambiado de dueño hacía un año, cuando, en la Torre de Astronomía, un alumno muerto de miedo desarmó a Albus Dumbledore, que era el poseedor de esa varita. Fuiste tú Draco el que consiguió la varita, pero Voldemort nunca lo supo hasta poco antes de morir. Voldemort quería la varita para ser invencible y derrotar así al niño que sobrevivió, al Elegido. Pero Harry ya era poseedor de esa varita, la consiguió el día que nosotros escapamos de tu casa, cuando Harry te desarmó.

—Entonces, Snape ha muerto inútilmente, ya que él no tenía la varita... —Draco se quedó callado un momento y luego estalló—¡MALDITO HIJO DE ...!— Draco se tapó la cara con las manos y se mesó el cabello con gesto cansado. Cuándo abrió los ojos miró a Hermione— ¿Qué queréis saber? Os ayudaré.

Hermione sonrió triunfal. Sabía que había ganado aquella pequeña batalla y le explicó:

—Creemos que la contra maldición del sectumsempra nos podría ayudar a cerrarle las heridas. ¿Te acuerdas de algo?

—Sí. Fue la tarde en la que Potter me lanzó la maldición en los lavabos de Myrtle la llorona. Creo que... ¡Sí, ya lo tengo! Es vulnerasanentum estoy seguro.

De pronto Hermione se levantó de la silla pero el chico la cogió de la muñeca y la retuvo:

—¿Cómo vais a salvar a Snape si ya está muerto, Granger?

Hermione sonrió levemente.

—Es muy sencillo. Harry ha encontrado un gira tiempo que nos permitirá retroceder en el espacio-tiempo y nos ocuparemos de salvar a cuantos podamos y de paso matar a unos cuantos mortífagos.

Draco la miró intensamente y supo que estaba mintiendo, que no matarían a nadie ya que podían alterar el futuro. Sonrió levemente y le dijo:

—Espero que tengáis suerte, la vais a necesitar.

—Gracias Malfoy.

Hermione se dispuso a marcharse pero se giró de nuevo y le dijo a Draco:

—Si necesitas ayuda de algún tipo, no dudes en pedírmela, Draco, te voy a ayudar. Te debo un favor— y sin darle tiempo a contestarle se dispuso a salir del aula, pero no antes de sentir como los dedos de Draco se deslizaban suavemente por la palma de su mano, haciendo que corriese entre ellos una corriente eléctrica que hizo que Hermione cerrase los dedos instintivamente y le cogiese la mano.

Draco sintió la electricidad emanando entre ellos y de pronto la mano de ella se cerró sobre la suya. Los dos miraron las manos unidas, pero Draco fue más rápido y la atrajo hacia él, rodeándola con sus brazos. Hermione no tuvo tiempo de reaccionar y se encontró entre los brazos de él. No sabía que pretendía aquel mortífago, solo sabía que aquellos ojos grises se clavaban en los suyos y que cada vez estaba más cerca de su rostro y apenas unos milímetros de sus labios él le dijo:

—Lárgate Sangre Sucia si no quieres lamentarlo. No nos conviene ni a ti ni a mí— su voz fue apenas un susurro que la hizo temblar de pies a cabeza.

Hermione se quedó paralizada y temblando como gelatina al sentir el cálido aliento de Draco sobre sus labios, el dulce aroma embriagador de él la envolvió por completo y se perdió en las profundidades de hielo de aquellos ojos. Las palabras de Draco tardaron unos segundos en entrar en su cerebro embotado por sus sentidos y de pronto volvió a la realidad. Se separó de él rápidamente, sintiendo como sus mejillas se teñían de rojo, y salió del aula cerrando la puerta a sus espaldas.

En el pasillo se encontró a Ron muy nervioso y a Harry que la miraba seriamente.

—¿Qué ha pasado ahí dentro Hermione?— preguntó Ron— He estado a punto de entrar cuando he oído gritar a Malfoy, pero Harry no me ha dejado.

—He tenido que usar unos métodos un tanto ilegales para hacerlo hablar.

—¿No lo has matado verdad?— preguntó Ron cogiéndola por los hombros.

Hermione puso los ojos en blanco y le dijo:

—No está muerto Ron, no te voy a dar esa satisfacción.— se burló ella.

Ron quiso abrazarla pero ella se apartó bruscamente de él, intentando disimular haciendo ver que había visto a Dawlish que se acercaba, pero Harry vio que como su amiga evitaba cualquier contacto con Ron y supo que algo había pasado allí adentro y que tendría que averiguar que era lo que había pasado, pero cuando todo este lío se hubiese solucionado.

Dawlish se acercó a ellos y les dijo:

—¿Ya me puedo llevar al chico?

—Sí señor, ya hemos terminado— dijo Hermione.

Dawlish entró en el aula y sacó a Draco amarrándolo por el brazo. Las miradas de Harry y Malfoy se cruzaron y un odio feroz surgió entre ellos. Dawlish empezó a caminar arrastrando a Draco hacia la salida del castillo, cuando iban a salir, Draco miró a Hermione, se paró y dijo:

—¡He cara cortada, SUERTE!

Los tres amigos se miraron incrédulos.

—¿Suerte?— dijo Ron— Hermione, lo has dejado completamente loco.— y los tres se echaron a reír con ganas.