Ep. 3: El primer contacto

Sakura suspiró satisfecha, mirando a su alrededor. La luz entraba a raudales por las ventanas, iluminando las paredes recién pintadas, acariciando suavemente los muebles nuevos, produciendo destellos en el suelo recién pulido, y creando una atmósfera acogedora y agradable. La imagen perfecta de un trabajo terminado y bien hecho.

Sasori en cambio la miraba a ella. ¿Por qué? Porque era lo único que reconocía natural en su ahora modernizada mansión. Ella era... una persona, de sexo femenino, en la veintena, médica, cabello rosa natural (en ningún momento la vio teñirse), y otro montón de datos que su fantasmal cerebro todavía podía procesar. Pero lo que había hecho con su casa... ¿qué era esa caja metálica de la cocina, donde metía una taza fría de café con leche y un minuto más tarde la sacaba caliente? ¿O el extraño aparato donde algunas mañanas ponía rebanadas de pan blando y éstas saltaban fuera ya crujientes? Y esa amplia y estrecha pantalla que ella llamaba "televisión de plasma"... Sasori recordaba lo que era un televisor, su último huésped antes de Sakura tenía uno, pero era una cosa pequeñita y cuadrada, en blanco y negro, y la imagen tenía muchas interferencias... claro que de eso hacía casi setenta años.

Pero en cuanto al mobiliario, el pelirrojo admitía que la joven no tenía mal gusto. Cierto que todo era de un estilo... demasiado moderno para él, muy distinto al de su época, pero viendo las habitaciones en su conjunto, el efecto final era cómodo y agradable a la vista. Debía reconocer que al principio dudó mucho de los amigos de Sakura, pues es una norma universal que mezclando amistad y trabajo nunca salía nada bueno, pero ésta bien podía ser la excepción. Todas esas personas se habían esforzado en sus respectivas tareas para revivir una mansión decrépita y convertirla de nuevo en un hogar habitable.

- Ha hecho un buen trabajo, Sakura-sama - admitió Sasori, mirándola fijamente, tratando de captar si su voz llegaba hasta ella.

Pero no hubo suerte, no esta vez. En un par de ocasiones la había tenido, su voz atravesando el abismo entre vida y muerte que les separaba, aunque era obvio que no con la nitidez necesaria para que ella comprendiese sus palabras. Siempre lo tomaba por el viento del desierto, pero al menos era algo.

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Aquella mañana, alrededor de mediodía, también llegaron un par de camiones de mudanzas procedentes de Konoha, trasladando todos los efectos personales de Sakura. A lo largo del día, Sasori la acompañó de un lado para otro de la casa mientras ella colocaba su ropa, metía la vajilla en los muebles de la cocina, colgaba cuadros en las paredes, rellenaba las estanterías con libros... muchos de los cuales fueron a parar a su ático, momento en que el difunto shinobi comprendió que ella tenía la intención de convertirlo en su estudio personal o algo parecido. Si tal era el caso, se preguntaba qué iba a hacer con la biblioteca, pero sus dudas fueron resueltas al ver que el segundo camión prácticamente todo lo que traía eran libros, montones de libros. No llenarían todo el espacio destinado, pero lo ocuparían bastante.

Eso fue un detalle que emocionó bastante el corazón (o lo que tuviera en su lugar) de Sasori. En sus doscientos años muerto, si había una sola cosa que le aquejaba, era el aburrimiento. Tras tanto tiempo, se había familiarizado lo suficiente con su estado como para aprender a dominarlo y tener la capacidad de influir en su entorno, aunque fuese mínimamente. Podía provocar cosas que serían catalogadas como poltergeist, o fenómenos paranormales. Desde luego, coger un libro y leerlo no era sencillo, pero era posible... de no ser porque no había tenido un libro en su casa desde que fue desahuciada.

- Estoy deseando que se retire a dormir, Sakura-sama, para comenzar mi recorrido a través de sus páginas - la elogió, agradecido.

Sakura se detuvo repentinamente, y por un momento, Sasori pensó que había sido uno de esos momentos en que ella le había captado... pero al acercarse más a la joven, comprobó que no era así. Lo que la había sobresaltado, o más bien paralizado, no había sido él sino el objeto que tenía en las manos: un retrato. O fotografía, como las llamaban ahora, en un sencillo marco, que mostraba a cuatro personas. En el frente había tres niños, el del medio una chica sonriente que Sasori reconoció como una pequeña Sakura, acompañada por otros dos niños y al fondo un extraño ninja con máscara y cabello plateado.

No había nada peculiar en la foto, en opinión de Sasori. Una imagen congelada en el tiempo, seguramente del momento en que su inquilina se graduó en la escuela ninja. Pero ella la miraba tan fijamente... y también la apretaba con fuerza, tanto que hasta sus nudillos se habían puesto blancos. Volviendo su atención nuevamente a la foto, el pelirrojo reconoció a los dos niños que estaban con ella: uno era el rubio hiperactivo que había aparecido gritando un día, y el otro... el otro era el moreno silencioso y malhumorado que le acompañaba. Y era éste a quien Sakura miraba con una expresión afligida, casi con temor.

- Sakura-sama, algo importante le ocurrió con este hombre, ¿verdad? - le preguntó, aunque sabía que era en vano.

Sin embargo, para su sorpresa, recibió una respuesta.

- Sasuke-kun, yo... lo siento tanto... - susurró Sakura mientras una lágrima se deslizaba por su mejilla, antes de colocar la foto en una estantería junto a otras - Ojalá las cosas fueran de otra manera... pero sé que nunca me perdonarás. Porque estaba todo... tan rojo que... yo ni siquiera pude...

Aquello no hizo más que espolear la curiosidad de Sasori respecto a su nueva compañera de casa. ¿Qué sombra podía haber en su memoria que implicase a aquel hombre taciturno, al punto de hacerla llorar?

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Habían pasado tres semanas desde que Sakura que había instalado oficialmente en la mansión Akasuna y comenzado a vivir en ella. Hasta el momento no había tenido ninguna queja al respecto, con tanta tranquilidad a su alrededor, y un hermoso invernadero lleno de brotes por crecer gracias a los esfuerzos de Ino... pero eso podía cambiar en los próximos minutos debido a la tormenta de arena que azotaba la casa desde hacía casi una hora. Era tan densa que hasta bloqueaba en buena medida la luz solar, por lo que había tenido que encender las lámparas.

- Por su bien espero que Shikamaru haya hecho un buen trabajo reforzando los cimientos y renovando la estructura - protestó Sakura, mirando a través de la ventana - Porque si la casa se me cae encima, mi alma en pena le perseguirá por toda la eternidad. ¡Iba a saber entonces lo que es una mujer problemática! Temari le parecería una santa a mi lado.

Sasori no conocía a la tal Temari, pero por la fastidiada expresión de la pelirrosa y la curiosa comparación, debía ser un portento de mujer.

- No le gustaría convertirse en un alma en pena, Sakura-sama. Y le hablo por experiencia.

- De todas formas, ¿de qué va todo esto? - refunfuñó Sakura para sí, apartándose finalmente de la ventana y dejándose caer sobre un sofá - ¿Cómo es posible que incluso con la tecnología actual no sea posible predecir y avisar de una mera tormenta de arena?

- Es el simoun, que nunca avisa...

- El simoun se supone que aparece entre Junio y Agosto, no a mitad de Abril.

El difunto Akasuna la miró, divertido de la situación. Era en ocasiones como éstas que casi parecían tener una conversación, con Sakura hablándole a las paredes, y él contestándole como si en verdad pudiera oírle. Coincidencias de este tipo eran poco frecuentes, pero habían ocurrido de vez en cuando.

- Es evidente que no podré salir hoy... a mi pobre coche se lo tragaría una de esas dunas volantes - se resignó - Qué remedio, subiré al ático e investigaré sobre algo...

¡CHUUF!

- ... ¡como por ejemplo, investigaré por qué demonios se ha ido la luz! - gritó furiosa la chica, saltando del sofá - Maldición, ¿dónde me dijo Neji que estaban los fusibles? No veo ni torta.

Afortunadamente, el Hyuuga resultó ser excelente en su papel de ingeniero-jefe tanto como lo era siendo ninja. Siendo cauteloso, y seguramente previendo que tarde o temprano algo como aquello podía suceder, las luces de emergencia instaladas no tardaron más de diez segundos en activarse. Desde el techo, situado en cuatro focos repartidos equitativamente por todo el salón, brotaba ahora una tenue luz violácea. Tenía el mismo aspecto difuso que el del interior de un avión, o la usada de noche en los hospitales, algo que a Sakura le provocó cierta nostalgia... era una luz demasiado tenue como para leer o hacer nada, pero al menos le permitía distinguir sus alrededores con la suficiente claridad.

- Vaya, no tenía ni idea de esto - confesó la médica, parpadeando para acostumbrase a la semi-oscuridad - Tendré que agradecérselo a Neji... por el momento buscaré una linterna.

- Pero no tenemos ningún candil aquí - comentó Sasori, ignorante de la moderna existencia de las pilas, mientras la seguía por un pasillo.

- Creo que dejé una en el armario de la esq-...

Sakura se detuvo de sopetón, su cuerpo entero congelado en la posición de caminar, pero no se movió. Unos pasos detrás de ella, Sasori la miró extrañado, no sabiendo qué ocurría ahora. Sus ojos jade estaban muy abiertos, sus facciones rígidas como talladas en piedra, y su mirada fija en un punto delante suyo, lo cual él podía ver fácilmente incluso en la penumbra morada que les rodeaba. Mirando en la misma dirección, todo lo que el pelirrojo vio fue un simple espejo al final del pasillo, apenas a unos metros de distancia... pero en su pulcra superficie, y a pesar de la escasa luminosidad que proyectaban las luces de emergencia, Sakura se reflejaba... y él también.

Su sorpresa no fue menor que la de ella. ¿Qué clase de hechicería era aquella, que hacía visible lo invisible?

La joven médica debía estar pensando lo mismo, pues empezó lentamente a reaccionar. Un paso tembloroso, luego otro, y otro... hasta llegar frente al espejo. Allí se detuvo y alzó una mano, siguiendo con los ojos el movimiento de su doble en el cristal. Sasori, intuyendo lo que ella trataba de comprobar, caminó despacio hasta llegar a su lado, e hizo una pequeña reverencia a modo de saludo. No quería asustarla o hacerle pensar que pretendía causarle daño. Sakura, por su parte, no apartó la mirada de aquella figura ajena que se reflejaba junto a la propia.

Entonces, muy pausadamente, se dio la vuelta y enfrentó a Sasori cara a cara. Él simplemente se quedó quieto, expectante de lo que había de suceder, pues era evidente que bajo esa extraña luz ella podía verle. ¿Se pondría a gritar? En su época, la mayoría de las mujeres civiles estaban aterradas con la idea de los fantasmas... pero su inquilina era una mujer moderna, kunoichi, y además instruida. No le sorprendió entonces cuando Sakura volvió a alzar la mano, esta vez dirigiéndola hacia su rostro, y trataba de tocarle suavemente para comprobar si de verdad estaba allí... y por supuesto, atravesándole como si de una nube se tratase.

- Muy bien - habló Sakura, su voz denotaba que estaba un poco ida - Mi especialidad es la cirugía, no la psiquiatría, pero diría que no llevo aislada el tiempo suficiente como para empezar a tener alucinaciones. No, todavía me queda mucho para delirar, definitivamente.

- No está delirando, Sakura-sama - fue todo lo que Sasori pudo decir para ayudarla.

- Tu boca se mueve con el sonido del viento. Suena como... un cántico a través de la arena, no puedo entender bien lo que dice. Pero... no eres un producto de mi imaginación, ¿verdad?

El shinobi negó con la cabeza. Eso, al menos, ella podía verlo.

- Ya veo - dijo la Haruno, e inspiró profundamente - Hace un momento, pensé que un ladrón había entrado, pero... ni siquiera eres sólido. ¿Realmente estás aquí? ¿O eres un extraño efecto de mi mente producido por esta extraña luz y la sombra?

Sasori volvió a negar con la cabeza.

- Tu ropa... se ve muy antigua, y creo reconocerte de alguna pintura. ¿Eres... eres Akasuna Sasori-dono?

Esta vez, el pelirrojo asintió, feliz de saber que ella le conocía.

- Comprendo - Sakura, en contra de su voluntad, comenzó a hiperventilar - Sin embargo, Sasori-dono murió hace cerca de doscientos años. Si esta era su casa, y tú que eres él estás aquí... eso significa que e-eres un... ¿espíritu? ¿Alma? ¿Fantasma?

Y esta vez, el shinobi volvió a asentir.

- De acuerdo, Sasori-dono - la voz de la chica se debilitaba - Debe usted saber que mi extremadamente racional mente no es capaz de procesar de forma adecuada esta situación, así que permítame desmayarme durante un rato. Por favor, no se sienta ofendido.

Y dicho y hecho, Sakura se desplomó a los pies de Sasori, antes de que él pudiera hacer nada por evitarlo.

- Bueno, al menos ya sabe que estoy aquí - se encogió de hombros - Con su permiso, empezaré a revisar los libros de su biblioteca, Sakura-sama. Le deseo que se encuentre mejor cuando despierte.