QUÉDATE CONMIGO CAP 3
―Hola Katniss, nos encontramos de nuevo.
―No entiendo por qué está sucediendo esto
―Yo tampoco lo entiendo
―¿Eres real?
―Por supuesto que sí. Aquí el que no es real, eres tú― el chico decidió ignorarla olímpicamente
―¿Prim te dio una de las galletas que compró?
―Si, estaban deliciosas, pero lo que más me gusta de lo que tú haces, son los bollos de queso. Sólo los he probado una vez en mi vida
―Algún día te regalaré unos
. . .
Mi corazón está maldiciéndome porque ni siquiera puedo decir "te amo"
Mis lágrimas caen de golpe y mi anhelo por ti sigue creciendo.
Estas tristes palabras han quedado atoradas en mi garganta como una espina y permanece en mis oídos todo el día
Los días pasaban nuevamente como agua entre sus dedos y los sueños se habían vuelto a suceder uno tras otro. Peeta sólo soñaba con Katniss. Aquel sentimiento de impotencia crecía cada día, puesto que no podía decirle a ella lo mucho que la amaba, lo mucho que quería estar a su lado y tocar su suave piel. ¿Cuánto tiempo tendría que para que él por fin se decidiera a declararse? No lo sabía. Ya habían pasado demasiados años como para contar unos cuantos meses más. De alguna manera él sabía que era real. Que los sueños en realidad los unían de alguna manera. Quería tener alguna prueba, pero todo no eran más que conjeturas.
La campanilla del local sonó mientras colocaba los pasteles recién hechos en el mostrador
―Hola Peeta― La voz de Prim resonó en sus oídos. Aunque la hermana de Katniss era realmente encantadora, lo que realmente quería él era verla a ella.
―Hola Prim, que agradable verte por aquí― Mientras Prim se acercaba a él, el sonido de la campanilla volvió a resonar. Como por arte de magia, la persona que estaba esperando apareció frente a él
―Hola Katniss― La saludó sin mostrar su asombro, o su inexplicable alegría
―Hola― Lo miró inclinando la cabeza y se dedicó a ver la nueva tanda de pasteles que él recién había hecho
―Ignórala, está un poco molesta porque la arrastré a venir aquí― Le giñó un ojo y el chico no supo cómo interpretarlo―Peeta, ayúdame a elegir, por favor, quisiera algo diferente
―Por supuesto, déjame ver― Sacó una bandeja de galletas recién horneadas― Creo que éstas te gustarán, tienen chispas de chocolate.
―Fantástico, entonces me las llevaré― Peeta se dedicó a empacarlas y Prim le entregó el dinero
―Gracias por todo, estamos sumamente encantadas con nuestras galletas, nos vemos dentro de una semana― Prim se encaminó a la puerta mientras que su hermana se quedaba un poco rezagada.
―Adios Peeta― Secundó la mayor
―Espera Katniss, tengo algo para ti― Le entrega una bolsa de papel ―Tus favoritos― La chica toma la bolsa y la abre revisando el interior.
―¿Bollos de queso?
―Sí― Una sonrisa surcó su rostro. Pretendía decirle que los sueños eran reales, que él era real
―Gracias― Katniss no pareció entender la indirecta, y se fue directo a encontrarse con su hermana.
El plan había fracasado vilmente.
. . .
Era de noche. El sol se había ocultado al parecer, hacía unas horas. Las luces a su alrededor refulgían con renovado brillo e iluminaban todo a su alrededor. Miró al cielo y lo vio plagado de estrellas. La luna estaba más cerca que de costumbre, mucho más grande y brillante. Tuvo la sensación de no estar sola, así que miró hacia atrás. Unos cuantos metros detrás de ella se encontraba nuevamente Peeta, con la misma vestimenta de color blanco de la otra vez. Con las manos en los bolsillos, una postura tranquila y una sonrisa en su rostro, la saludó con esa voz que le revolvía todo su interior no más escucharla.
―Nos encontramos de nuevo Katniss― Ella se giró para verlo mejor. Estaba rodeado por esas partículas de luz. Ahora sabía que él de cierta manera era real para ella en ese mundo, en sus sueños. Ahora sólo los días que soñaba, lo hacía con él. El viento mecía su vestido, al igual que los cabellos rubios de él. Habían sostenido numerosas y productivas conversaciones, en las que él hablaba y ella lo escuchaba. Otras pocas veces, era ella quien hablaba, le contaba sobre su padre, su hermana, su madre y los lugares que visitaba cuando quería sentir paz. Nunca era tan expresiva en la vida real, pero qué importaba. Era su sueño.
Se acercaron con confianza y se sentaron juntos, uno al lado del otro observando el firmamento.
―¿Te gustaron lo bollos que te regalé?
―Mucho, gracias― Confundida le preguntó ―¿Cómo lo adivinaste?
―Ya me lo habías dicho, ¿No te acuerdas?
―Sí, pero cómo hiciste para adivinarlo en la realidad
―Soy real Katniss
―Como sea.
―Aun no me crees
. . .
Se vio a sí mismo correr entre el bosque. El paisaje era sumamente diferente al de su distrito. Era de noche, el viento era cálido pero algo tétrico. Traía un arma, y Katniss delante de él llevaba un arco en sus manos. La desesperación se arraigó dentro de él cuando escuchó los gruñidos de un animal acercándose peligrosamente a ellos.
―Rápido Katniss, casi nos alcanza― Dijo casi sin aliento por la carrera.
Levantó los ojos y vio una estructura de metal levantándose en el claro, Katniss ya la había visto así que se encaminaron hacia allá para tratar de refugiarse de lo que fuera que estaba detrás suyo. La chica subió primero con su ayuda, pero cuando él intentó subir, esa cosa tomó su pierna izquierda y lo haló con fuerza. Sintió desgarrarse toda su piel y un grito de dolor estalló en el aire
―¡Peeta!
Se despertó agitado y angustiado. Tocó su pierna, la misma que ese monstruo había desgarrado en su sueño. Suspiró al sentirla aun con él. Nunca antes había tenido una pesadilla junto a Katniss. El dolor se sintió tan real que casi casi pudo haber jurado haberlo vivido en carne propia.
Asumió que se había dejado llevar por el inicio de los nuevos juegos del hambre en su octogésima edición. Para esta ocasión, habían elegido dos chiquillos de 12 y 13 años que habían muerto al iniciar los juegos en el baño de sangre.
Se recostó nuevamente en su cama para esperar el amanecer. Pensó en Katniss, ella siempre era su primer y último pensamiento del día.
Ya llevaban varios meses así, soñando el uno con el otro y nada en la vida real cambiaba para ellos. Se estaba desesperando, la Katniss de la realidad, no le hablaba a menos que fuera necesario, y la de sus sueños, hablaba y hablaba, pero no creía que él fuera real. Peeta no tenía idea de cómo decirle que él era real en sus sueños, que él se había dado cuenta de la conexión entre ellos desde la primera vez que la vio allí, en ese mundo onírico. Necesitaba decírselo, pero no hallaba la manera.
. . .
―Hola Peeta
―Hola Katniss. ¿Te has dado cuenta que siempre que nos vemos, es una hora diferente del día?
―Si, lo había notado.
―¿Es extraño, cierto?
―Bastante, pero no es importante― No quería hablar de eso, ese era su momento. Era un momento precioso para ella que él estuviera ahí, acompañándola. Que Sólo estuvieran los dos contemplando el horizonte.
Sus emociones se calmaban cuando lo tenía cerca. No quería admitirlo, pero estaba sintiendo algo más por aquel chico de sus sueños. Empezó a tener la mala costumbre de acompañar a su hermana cada semana para comprar sus dichosas galletas, y de paso ver el arte en los pasteles del chico.
―Hoy estas un poco distraída
―¿Qué?
―He estado llamándote y no me has respondido, hasta tuve la intención de tocarte, pero no lo hice
―¡No lo hagas!― Fue una petición algo desesperada, pero ya lo habían hecho otras veces, y al hacerlo, se desvanecían como la primera vez. Estaba claro que no podrían hacer más que hablar estando en ese estado.
―Está bien― Sonrió de medio lado ―No lo iba a hacer, sé lo que sucedería si lo hiciera. Y aún no quiero despertar.
Ese pensamiento volvía a su mente, ¿Él también estaría teniendo estos sueños? O ¿Sólo eran producto de su loca imaginación? Dentro de ella quería que fuera real, pero al mismo tiempo, se asustaba de sólo saber que podía llegar a amar a alguien que no estaba a su alcance. A pesar de todo, ellos pertenecían a dos mundos diferentes. De nuevo estaba pensando barbaridades. Ella no quería tener a nadie a su lado. Antes de él no había necesitado tener a nadie a su lado.
―Me gustaría que fueras real― Lo dijo con un deje de nostalgia. Las palabras le salieron sin pensarlo, no había querido decirlo y tapó su boca con la mano. Esto era malo, muy malo. No era posible que se hubiera expuesto de esa manera
―Soy real katniss, es solo que tú no has querido aceptarlo― La miró intensamente, luego desistió de lo que fuera que quisiera decir
―Ahora despierta
―No, Peeta, espera― Peeta tocó su rostro suavemente y el mundo frente a ella desapareció mandándola a la realidad.
. . .
¿Por qué tienes que ser tú?
¿Por qué terminé amándote?
Aun si sacudo mi cabeza,
aun si trato de negarlo.
Es muy tarde para dejarte ir
El otoño se estaba haciendo presente, las hojas de los árboles comenzaban a desaparecer y el frío se intensificaba cada día. ¿Cuántos meses habían pasado desde su primer sueño con ella? Se sentía atrapado, desesperado en aquella burbuja que él mismo había creado. Sabía que ella era real, que los dos eran reales en ese mundo idílico, pero ella no quería aceptarlo. No quería creer que lo que ellos tenían allí era real. Pero la culpa era completamente suya, porque a pesar de que ella iba cada fin de semana con su hermana a la panadería, él jamás le dijo una sola palabra de lo que quería con tanto anhelo decirle.
―Buenos días― No había notado que alguien había entrado al local, estaba tan distraído, que sólo lo hizo cuando Katniss lo saludó. Un momento, ¿Katniss?
―Hola Katniss, qué sorpresa tenerte por aquí
―Sí, es cierto. Vine para encargar un pastel de cumpleaños
―¿Para Prim?
―Sí, quisiera que fuera una sorpresa para ella
―¡Claro que sí, Katniss! ¿Qué tienes pensado para ella?
―Quisiera algo que le recordara su nombre. ¿Es posible que sea para mañana en la noche?
―Una excelente idea. Puedo tenerlo para mañana mismo
―¿Puedo pedirte un favor?
―Claro que sí Katniss― Su sonrisa se ensanchó
―¿Puedes llevarlo a mi casa? Es una pequeña fiesta sorpresa, yo estaré entreteniendo a mi hermana afuera mientras mi madre hace los preparativos.
―¿A las 7 pm está bien?
―¡Perfecto!
―Entonces no te preocupes más, el pastel más hermoso del mundo estará allá muy cumplido
―Gracias, espero no sea una molestia para ti
―Para nada, hasta entonces Katniss.
―Hasta entonces
. . .
Te amo, te amo para siempre,
incluso si no me ves,
aun si lo digo miles de veces no lo sabrías.
Siempre espero por ti pero no lo sabes
no lo sabrías aun si esperara en el mismo lugar
Estaba sentado en el pasto viendo el amanecer. Los colores se mezclaban y entrelazaban en una danza única y hermosa.
―¿Qué piensas?― Preguntó curiosa
―En el pastel más hermoso jamás hecho por mí― La saludó con una deslumbrante sonrisa. El corazón de Katniss dio un pequeño brinco no más de verlo allí.
―Debe ser algo importante.
―Es para tu hermana, por supuesto que es importante.
―¿Qué piensas hacer?
―No te pregunté. ¿Tú qué querrías que fuera?
―Me gustaría que tuviera algunas primrose, lo demás lo dejo a tu creatividad.
―Hecho, tus deseos son órdenes para mí― De pronto se quedó callado, pensando en quién sabe qué cosa.
Los minutos fueron pasando interminablemente, la necesidad de saber qué era lo que estaba pensando, obligó a Katniss a averiguarlo.
―¿Peeta, estás bien?― Él no respondió de inmediato, pero cuando lo hizo, su expresión cambió totalmente.
―¿Sabes que todo lo que hago, lo hago pensando en ti?― La chica se empezó a poner nerviosa, la conversación iba por un rumbo peligroso.
―¿A qué te refieres?
―Te he amado toda mi vida, Katniss― Sus ojos azules se clavaron en los de ella ―Siempre me he sentido como un cobarde por no decírtelo, pero ya que crees que no soy real, no me importa que lo sepas― La voz profunda del chico se grabó en su cabeza, y resonaría por bastante tiempo.
―Yo, yo no sé qué decir.
―No digas nada por favor, no quiero escucharte decir que no sientes lo mismo que yo, no lo soportaría. Déjalo así.
―Peeta…― Susurró.
―Desde que te vi cantando por primera vez cuando éramos niños, no puedo sacarte de mi mente. Te amo Katniss, nunca amaré a nadie más que no seas tú.
Bajó la mirada, no podía entender cómo un chico como él estaba interesado en ella. ¿Quién era ella para que él pudiera amarla?
No pudo ver al chico acercándose, de repente una sensación cálida invadió sus labios. Eran los labios de Peeta que la acariciaban con dulzura. Un beso tierno y fugaz, que la dejó con la necesidad de más.
―Ahora despierta.
