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i.

Durante largas semanas Cloud y Zack desarrollaron una profunda amistad, una alimentada por la soledad de sus infancias. Era fácil apegarse y depender de la única persona que se atrevió a romper sus distancias. En ese caso, Cloud sabía que por sí mismo nunca se habría acercado a Zack, por lo que se alegró mucho de que aquel día el idiota de Ken le levantara una mano para golpearlo. De no haber sido así, su primera amistad nunca habría surgido.

Qué rápido fue que alguien se fijara en él en Midgar y tan lejana la posibilidad en Nibelheim.

Cloud se preguntaba qué vio exactamente para que continuara hablando con él. Zack era divertido, atento y muy optimista, justo lo contrario que él. ¿No habría sido lo lógico que buscara un amigo más afín? Pero, durante ese tiempo, Cloud supo que Zack no destacaba precisamente por su inteligencia, demasiado impulsivo como para detenerse a pensar. Ni siquiera insistía ni se interesaba por su pasado, lo que ayudaba a que siguiera a su lado; mientras supiera lo menos de su pasado, mejor. Sólo a veces era muy complicado aparentar.

Fueron muchas semanas y a la vez pocas, pero ya lo había alzado a la categoría de mejor amigo. Con Zack hacía prácticamente todo. Jamás se había sentido tan valiente como cuando estaba con él, ni tampoco tan seguro. Le había tomado mucho cariño día tras día, cuando entrenaban, cuando salían y cuando hablaban. Y, con ello, Cloud se sentía como una olla a presión. Era tan torpe para expresar lo que para Zack le salía tan natural... Ojalá pudiese ser más abierto, abrazarle y depositar toda su confianza en él. Deseaba demostrarle su agradecimiento y su cariño.

Tras cuatro meses de entrenamiento en la academia, tanto uno como el otro consiguieron adaptarse a las exigencias, aunque uno más que el otro. Cloud era consciente cómo sus compañeros habían desarrollado una resistencia que en él aún costaba aparecer. Incluso era consciente del gran avance que había hecho Zack en las últimas semanas.

Durante aquel día, dentro de las instalaciones militares de Shin-Ra, su grupo pasaba por las pruebas rutinarias de cada semana. El entrenador llamaba uno a uno para demostrar el desarrollo semanal de los reclutas. El resto esperaba en las gradas a que acabara el último en hacer la prueba de resistencia y obstáculos. Era la que menos le gustaba a Cloud; siempre terminaba muy agotado.

—¡Cloud Strife! —le llamó su entrenador.

Inmediatamente se puso en pie en las gradas. A su lado, Zack lo acompañó para darle una buena dosis de confianza.

—Venga, ¡lo harás genial! —le animó con una suave palmada en la nuca.

Cloud notó cómo luego lo sacudía por los hombros y le revolvía el cabello de la coleta. No esperó a que el entrenador se repitiera y bajó a toda velocidad por las gradas, no sin antes dar un leve tropiezo en el último peldaño. Las risas sofocadas se escucharon a sus espaldas, pero las ignoró por completo.

—¡Cloud, no les hagas caso! —exclamó Zack—. ¡Concéntrate!

Giró la cabeza para verle alzar un pulgar con una amplia sonrisa. Suspiró más tranquilo y se apresuró a situarse junto a la línea de salida. Esperó a que el entrenador preparara el cronómetro y, cuando le indicó, dio comienzo la carrera.

Como ocurría en la mayoría de los casos, le costó concentrarse en hacer su mejor tiempo posible. Su baja estatura le complicaba realizar grandes saltos o correr a una velocidad media; al menos parecían tener en cuenta su edad a la hora de hacer las medias. Sin embargo, cuando dio la vuelta entera, la expresión de su entrenador hizo una mueca extraña. Cloud se detuvo jadeante y apoyó las manos en las rodillas, a la espera del resultado.

—Tienes que esforzarte más —le dijo con un respiro—. No has hecho mejora alguna en las últimas dos semanas.

No sabía de qué se extrañaba en verdad.

—Sí, señor... —dijo sin fuerzas y, mientras llamaba al siguiente, se dirigió hacia las gradas.

Allí le esperaba Zack, quien le hacía aspavientos con los brazos.

—¿Qué tal te ha ido? —le preguntó.

Cloud subió la última grada con desgana y dejó caer el trasero en ella, rendido.

—No he hecho ninguna mejora —respondió sin aire.

Mientras se pasaba una mano por la frente para retirar el sudor, Zack pasó un brazo por sus hombros y lo acercó a su cuerpo.

—No te preocupes —dijo para tranquilizarle—. Ya verás como la próxima vez te saldrá mejor.

Ojalá estuviese en lo cierto, pero éso mismo le había dicho las veces anteriores y no había ocurrido nada. Quizás le faltaba tener más confianza o que se estaba relajando mucho.

Hasta que no llamaron a Zack para su prueba, los cuchicheos de sus compañeros no dejaron de clavarse en la mente de Cloud. Era molesto, sobre todo cuando no era capaz de entender qué decían. Zack parecía muy tranquilo durante esos minutos, como si no le afectara o simplemente no se daba cuenta de que se estaban burlando de ellos.

Así lo confirmó Cloud cuando Zack bajó las gradas. La risa de Ken destacó entre las otras y, sin verlo venir, Cloud notó que le tiraban de la coleta. Aquéllo le hizo ponerse nervioso, lo que controló con una respiración controlada; no quería crear un alboroto otra vez.

—Lo harás genial, Cloudy —se escuchó a su espalda con un tono burlón—. Y por la noche te daré muchos besitos.

Recibió otro tirón en el pelo y, sin poder aguantar más sus tonterías, se giró hacia ellos con el ceño fruncido.

—Callaos —les mandó.

Su tono no resultó demasiado convincente y las risas volvieron a suceder.

—¿Zack también te tira de la coleta por las noches?

Entonces Cloud se levantó de las gradas con los puños apretados y le asestó a Ken el primer golpe, uno que muy fácilmente paró con el antebrazo.

—Oye, tranquilo —se puso serio—. ¡Que sólo era una broma!

Pero a Cloud no le importaba en absoluto; ya se había burlado de ellos lo suficiente y no iba a tolerar una risa más. Quería demostrar que sabía defenderse solo, por lo que acabó dirigiéndole una patada en la entrepierna. El grito ahogado de Ken llamó la atención del resto, quienes se apartaron de la pelea a toda velocidad. Entonces Ken le devolvió la patada a Cloud en una pierna y le hizo caer y rodar por las gradas hacia abajo.

El alboroto finalmente hizo que el entrenador detuviera la carrera de Zack para intervenir.

ii.

Acabó en arresto por una semana entera. No podía salir del establecimiento ni de su habitación, sólo cuando tocaban los entrenamientos. Por seguridad, también lo cambiaron de grupo por el mismo tiempo. A Cloud le enfadaba que a Ken no lo hubieran sancionado por su actitud tan infantil, pero aún así, no había acumulado tantos avisos como él en los últimas semanas. ¿Qué pensaría Zack de todo aquello? ¿Le creería también culpable?

Estaría una semana sin poder hablar con él, el tiempo suficiente para que otros le convencieran de que en realidad era un imbécil. No podía dejar que eso ocurriera; valoraba demasiado su amistad como para permitir que se estropeara por una estúpida pelea. Pero si tan estúpida fue, no se habría metido en ella. Entonces aquéllo le hizo pensar entonces.

Era cierto que Zack era muy zalamero, pero jamás imaginó que éso hiciera pensar al resto que había algo más, excepto por una cosa. Desde su desconocimiento e ingenuidad, barajó la posibilidad de que Zack pudiese... No, era imposible. Era una estupidez creer que hubiese algo más. Simplemente él era así, lo aceptaba. Y le gustaba en cierta medida, pero era por esa razón que no podía dejar que Ken usara su forma de expresarse para mofarse de ellos.

Cloud se levantó de su cama de golpe y buscó sus tijeras entre las herramientas del equipo militar provisional. Después se metió en el cuarto de baño y se miró en el espejo. Estaba tan enfadado con todo aquello... Ladeó un poco la cabeza para poder verse la pequeña coleta que crecía de su nuca y se la acarició. Pensó en si debería hacerlo. Se había dado cuenta de que Zack reiteraba mucho en acariciarle el cabello y, hasta ese momento, no vio nada de malo en sus afectuosos gestos. Le hacía verse demasiado pequeño, como si aún fuese un niño; no le gustaba verse así, ni que el resto entendiera otra cosa que no era. Y, antes de que se arrepintiera de dejar ese sentimiento a un lado, lo hizo. Cortó el mechón de pelo con las tijeras y lo tiró al lavabo. Después se preocupó por aparejar los mechones que se quedaron sueltos y se contempló frente al espejo.

No sabía qué demonios pretendía con eso; pareció que en verdad le dio la razón a Ken y se avergonzó del cariño de Zack.

iii.

Cuando acabó la semana de arresto y se presentó ante sus compañeros, notó las miradas posarse en él con insistencia. Algunos porque hacían tiempo que no lo veían aparecer, otros por el cambio que decidió tomar, pero tal vez fue la mirada de Zack la que tuvo más peso. Cloud lo vio sorprendido y después una sonrisa se dibujó en sus labios. Le saludó y, como cupo esperar, le dio la bienvenida con una afectuosa sacudida. Sin embargo, el día transcurrió de un modo extraño. Nadie había señalado su aspecto, ni siquiera insinuado nada. Las risas desaparecieron; era como si ya no existieran para el resto de compañeros.

Llegó la media hora de descanso a media mañana y todos se marcharon a tomar algo a la cafetería, excepto por ellos dos. Cloud había quedado muy agotado como de costumbre y Zack le sugirió descansar unos minutos cerca del área de entrenamiento. Sentados en las gradas, vio a Zack girarse hacia él y buscar su mirada. Cloud la evitó. Sabía que acabaría sacando el tema ahora que tenían un momento para hablar con tranquilidad.

—Pensé que me echarías más de menos después de estar una semana sin vernos —bromeó Zack con su simpática sonrisa.

Cloud respondió inmediatamente con un meneo de cabeza.

—No... no es eso —quiso tratar el tema con seriedad—. Estaba deseando que acabara la semana.

—¿Para enseñarme tu nuevo look? —le señaló la ausencia de coleta—. Te queda bastante bien, pero me gustaba mucho tu coleta. Voy a tardar en acostumbrarme.

El rubor de Cloud no tardó en aparecer y se ocultó con una mano. No sabía si decirle la verdad, pero aquéllo lo haría ver aún más ridículo. Quiso abrir la boca para explicarlo. No sabía por qué, pero sentía la necesidad de hacerlo con Zack.

—Oye —le interrumpió—, ¿puedo preguntar qué fue lo que pasó? El entrenador les dio una buena reprimenda cuando te arrestaron y, desde entonces, no han vuelto a decir ni kue.

—Se burlaron de nosotros —confesó con un farfullo—. Ya no aguantaba más.

Aquéllo dejó a Zack en silencio absoluto. Era bastante raro viniendo de él, por eso, Cloud se atrevió a alzar la mirada para verle. Tenía el ceño fruncido y parecía algo enfadado.

—Lo siento... —se disculpó Cloud, pues creía que no le gustó su actitud tan inmadura.

Zack se frotó el rostro con ambas manos y suspiró con pesadez.

—Sé bien que se ríen de nosotros —admitió también después de relajar su expresión—. Si no lo hubieses hecho tú, lo habría hecho yo. Mi paciencia también tiene un límite.

Cloud respiró tranquilo al confirmar que no estaba molesto con él, pero nada podía cambiar su remordimiento; el hecho de que Zack le dijera que le gustaba su coleta le hizo sentir mal.

Entonces, tras otro silencio, Zack volvió a hacer una pregunta.

—¿Y qué fue lo que dijeron? —preguntó con los brazos apoyados en las rodillas.

La pregunta paralizó a Cloud por unos segundos. Era cierto que se habían reído de ellos dos de un montón de maneras. Desde su torpeza hasta por la candidez de Zack, pero jamás llegaron hasta el punto de insinuar que mantenían una relación más íntima. En cualquier caso, no era el hecho de que lo creyeran, sino que lo usaran como arma para burlarse.

Cloud temía que, si se lo contaba, su relación cambiaría, que Zack se distanciaría de él para no alimentar más aquellas burlas y creencias. Por eso, sólo se le ocurrió pensar en una mentira.

—Nos llamaron fracasados —como tantas otras veces.

—Bah, no creo que vuelvan a meterse con nosotros —respondió Zack tras dirigirle una mirada y sonreír al fin—. Al final ese arresto tuyo ha servido para algo.

Le dio un suave golpe a Cloud en el brazo y él no pudo más que sonreír de vuelta.

—Alguno de los dos tendría que acabar con eso, ¿no? —dijo Cloud con un falso orgullo.

—Me alegro de que hayas sido tú —se sinceró Zack—. ¡Éso demuestra que tienes principios que quieres defender!

Por desgracia, no sabía que Cloud había mentido para un beneficio propio. No creía que eso fuera de alguien con principios firmes; sólo podía rezar para que no acabara enterándose. Quizás ese era el precio que debía pagar para mantener su amistad intacta, incluso conseguir la aprobación de Zack.

No se sentía muy orgulloso de lo que acababa de hacer.