Aclaración: Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Naoko Takeuchi. Yo los utilizo sin fines de lucro y sólo para entretener.
Nota de la autora: ¡Perdón por el atraso!...En compensación traigo un capítulo un poco más largo, ja!...En esta ocasión las cosas comienzan a ponerse complicadas. Espero que les guste. No olviden dejar sus útiles comentarios...Nos vemos! Un abrazo.
Carta n° 3: Carta de verdad y sonrisa.
"13 de noviembre de 2008.
La honestidad puede llevarte a lugares insospechados. La gente odia la verdad, o al menos, el modo cruel en que la digo. Así la gente, casi huye despavorida cuando esta máscara cortés se cae a pedazos. Las personas no son lo que parecen, en muchos casos.
No miento si digo que los hombres que se acercaron a mí es por mi lado externo, ese que no habla de mí en verdad.
Según mis amigas, aparento ser un ser angelical, que se mueve como en un nube, pero en realidad, soy un león enjaulado, encima, muerto de hambre.
No soy la persona simpática que todos creen. Muy por el contrario, la lista de las cosas que me molestan tiene un largo infinito.
De crueldad y una sensatez que roza la mala educación, irascible, obsesiva e incluso cierto egoísmo forman todo lo que soy. Definitivamente, Darien Shields no podría enamorarse de una persona así. Y agradezco que así sea.
Seiya, compañero y amigo fiel, dice que no es así. Que tengo una visión distorsionada de mí, pero yo creo que su afecto por mí, no lo deja ver con claridad.
Odio un montón de cosas…
No importa lo que haga, aunque quiera odiarte, no puedo. Y desearía en cierto punto hacerlo. Reconocer que estoy aprisionada a ti con este vínculo imaginario, es reconocer que eres mi debilidad, ante lo que caigo sin oponer resistencia.
A veces, en días de tristeza, deseo por momentos fugaces, que te lleves, aunque dure poco, mi odio para siempre.
Del amor al odio, el pequeño paso. El paso inexistente para mí; odio con la misma intensidad que puedo amarte.
Hoy es uno de esos días en que sólo pensar en tu sonrisa, cambia mi estado de ánimo. Por eso, no dejes que nada deshaga tu sonrisa. Ni aquellas personas que no somos lo que parecemos.
¿Lo ves?...Ya se me pasó la tristeza. No conozco nada más infalible para el dolor que esa sonrisa que llevas.
Gracias por sonreír así y hacer que esos momentos pocos felices no valgan la pena."
- ¿Darien?- cuando escuché la voz de Esmeralda, escondí la carta entre los apuntes de las clases de la facultad.
- Dime…
- ¿Te parece si salimos a cenar por ahí hoy?- me preguntó mientras peinaba su cabello, después de la ducha.
- Por mí, está bien.
Salimos entonces y después de dar algunas vueltas en el auto, llegamos a un lindo restaurante, céntrico, refinado al extremo, como a Esmeralda parecía gustarle.
Una vez dentro, un mesero nos entregó las cartas.
Un momento después:
-¿Qué desean los señores?-volteé a ver al escuchar esa voz.
-¿Serena?- la muchacha abrió los ojos cuando me dirigí a ella, con asombro.- ¿Trabajas aquí también?
- Profesor Shields…Sí.
- Ya veo, te estás esforzando mucho.
- Jeje…Eso creo.- Sentí el carraspeo incómodo de Esmeralda.
- ¡Ah!...Perdona…Ella es Esmeralda, mi novia.
- Ah, mucho gusto…- la joven rubia hizo una pequeña reverencia, Esmeralda sólo asintió.
- Serena, era una alumna de la facultad…
- Pero ahora es una mesera.- dijo Esmeralda, con algo de desprecio.- ¿Ordenamos de una vez?..Para mí lubina al vapor con vino blanco y aire de zanahoria, por favor.
- Eh…Yo…- realmente me sentí incómodo. ¿Qué clase de trato era ese?- Lasagna de verduras estará bien para mi.- dije sin pensarlo mucho.
- En un momento, se los traigo.
Serena cruzó erguida y firmemente el salón. Suspiré un poco aliviado, como si ese trato de recién no la hubiera afectado.
Y en efecto, sin mucha demora, la comida llegó a la mesa.
- Gracias- dije mientras Serena acomodaba los platos
- De nada, que lo disfruten.- ya se estaba retirando de la mesa cuando:
- Estas copas están sucias…¿Podrías traernos copas limpias…Por favor?
- Pero, Esmeralda, no están su-
- Darien, las copas están sucias, ¿es tan malo reclamar por un servicio que estamos pagando?- me reprochó ella.
- Ah, por favor, discúlpennos. Enseguida traigo copas limpias. – Comenzó a recoger las copas de agua y las de vino.- Disculpen las molestias, por favor.- Serena sonría aparentando calma.
Cuando terminó de recoger todo, se había alejado tres pasos cuando el sonido de los cristales estalló.
- ¡Ay, no!...¿Pero qué hace?- dijo molesta la rubia mientras apuntaba a Esmeralda.
- ¿Disculpa?- preguntó sarcástica Esmeralda, mientras yo me levantaba de la silla para ir a ayudarla, ví que se había cortado en el costado de la mano.
- ¿Por qué puso el pie?...-dijo furiosa mientras lloriqueaba un poco y se agachaba para recoger los pedazos de cristal.
- ¡Serena!- un muchacho, también mesero, más o menos de su edad se acercó a ella a gran velocidad.
- Disculpa Serena, te lastimaste la mano, debería ponerla bajo agua fria y…- dije, acercándome a ella.
- ¿Te lastimaste, conejo?...¿Estás bien?- le preguntó el chico- Déjalo, ya lo recojo yo. Te vas a seguir cortando. Mira esa mano.- el muchacho no me había notado.
- Estoy bien, Seiya, sólo me corté un poco…
- Déjame ver…-propuse mientras me acercaba a su mano.
- ¡No la toques!- dijo el mesero, y sentí en su mirada el odio. Se dirigió de nuevo a ella. – Vamos al baño, ya terminé con esto.- volvió su mirada iracunda hacia nosotros- otro mesero los atenderá. Disculpen las molestias.
- Está bien, no se preocupen por nosotros. Nos vamos ya, discúlpenos.- manifesté, avergonzado y un poco molesto por la situación. Todo por una aparente copa sucia. Esmeralda me iba a escuchar.
- No nos vamos. Quiero que me compensen después de esto.
- ¡Esmeralda, nos vamos!- respondí entre dientes.
Salimos entonces.
- Espero que puedas explicar qué significó esa escena…
- No era una escena.
- ¿No?- dije sarcástico- Sabes que la copa no estaba sucia.
- Bueno, si no flirtearas con esa…mesera…Yo no hubiera…
- No estaba flirteando…Te lo diré una vez; que seas heredera del grupo Tokei no te da derecho a tratar así a las personas…Detesto a las personas que se creen superiores por su condición económica…Entonces, no hagas que te deteste.
La vuelta a casa fue silenciosa.
El ambiente estaba tenso.
Sólo me dio un beso en la mejilla y se fue a dormir.
En la madrugada, con mi insomnio diario, volví a las cartas.
Leerlas me daba cierta paz. ¿Qué sería de la vida de esta persona? ¿Su amor era tan grande?
Releí la tercera carta otra vez; estaba en lo cierto. Las personas no son lo que parecen.
Llegué a casa, después de un largo día de trabajo.
Todavía la tensión se resentía en mi pecho y más aún, sabiendo las consecuencias del teatro. A pesar de eso, ella hacía que mis días resultaran más alegres y livianos. Eso sería el amor, después del amor. Su presencia formaba parte de mis días, desde hacía poco tiempo y ciertamente me había encariñado ya, al borde de que su ausencia doliera, si pensaba en eso.
Estaba molesto por el espectáculo pero, que tuviera celos, cierto miedo -infundado, claro- a perderme me hacía sentir cierta seguridad sobre sus sentimientos.
Podría perdonarla sin dudarlo, si tan sólo abandonaba ese capricho.
Aparqué el auto. Entré a la casa, podía escuchar la voz de Esmeralda venir del patio trasero. Hablaba por teléfono.
- Por favor…- su voz sonaba lastimosa- no lo hagas…Sabes que yo…Lo sé…Pero no pude evitarlo…Tú y él, tan diferentes, y…tan iguales.
Mi corazón se detuvo un instante, contuve el aire.
- Por favor, sólo dame una oportunidad…No es lo que tú estás pensando…Yo te amo…¡Yo te amo a ti!- su voz se quebró definitivamente.
Mis sentimientos también se quebraron.
- Esmeralda…¿Qué significa esto?
- ¡Darien!- cortó la llamada- Déjame explicarte…- intentó sonreir exageradamente, mientras secaba de su rostro las lágrimas.
- No soy tonto, no tienes que explicarme que estás con alguien más… ¡O que amas a otra persona!
- No es eso…¡Déjame que te explique!- se acercó a mí, intentó acariciarme el rostro.
- Por favor, no me toques…Sólo dime que no es lo que estoy pensando…Tú no lo necesitas, ¿cierto?- su silencio parecía ser toda la respuesta-
- Eso pudo ser al principio, pero ahora…Es diferente. Yo te amo, Dar.
- ¿Al principio?...¡Acabo de escucharte decir que amas a otro tipo!...¿Por qué lo haces?...¿Acaso la fortuna de tu padre no es suficiente?...¿Tienes que usar mis sentimientos para asegurarte un futuro sin privaciones?
- Darien, las empresas de mi padre-
- ¡No me interesa! ¿Qué clase de monstruo eres?...Sólo vete de mi casa, con el poco de dignidad que te queda, si es que sabes lo que eso significa.
La ví cruzar la puerta sin la menor pena.
Por segunda vez en mi vida, la historia parecía repetirse.
Otra vez, alguien se acercaba a mí por la maldición del poder y el dinero de los Shields. Otra vez, me habían utilizado sin remordimientos.
Realmente, me sentía un tonto. Sentí el nudo en mi garganta.
Intenté no llorar por lo que no valía realmente la pena, aunque quemara y doliera.
Recordé entonces la última carta: "Por eso, no dejes que nada deshaga tu sonrisa. Ni aquellas personas que no somos lo que parecemos."
Quien fuera, desde esa distancia en el tiempo y en espacio, sabía llenar de consuelo mis sentimientos.
Volví a releer desde la primera carta.
Quien quiera que fuera, su amor, podía desterrar la decepción de ese momento.
Salí a caminar en medio de la noche.
Después de lo que había pasado con Esmeralda, sentía viciado el aire de la casa.
No recuerdo en qué momento, dí con aquel bar en el que me adentré.
Lo próximo que recuerdo es haber caminado hasta un parque, y verme sentado en el banco de una plaza. Cuando una sonrisa conocida y amable, una mirada dulce, se acercaron.
Recuerdo los rubios cabellos lacios de Serena balanceándose al son del viento de la madrugada.
- Profesor Shields, ¿está usted bien?
- Bueno, en realidad, no.- levanté mi rostro y mis ojos encontraron los suyos, que me miraban preocupados.- ¿Realmente me veo tan miserable?- Ella no contestó y se sentó a mi lado.- ¿Sabes lo que significa tener en frente lo que amas, pero al final no alcanzarlo nunca?- Ella sólo escuchaba- Está ahí, aparentemente, pero a la vez, no… Así, por segunda vez. ¿Debo ser muy tonto, no?
- Bueno, yo puedo entenderlo...Siempre los que aman sufren y somos tontos, porque caemos ante los aparentes sentimientos de alguien más...Y una vez que caímos, no podemos ver nada más…Y así somos felices. Tontos y ciegos, pero felices.
- ¿Crees que haya modo de solucionarlo?
- No creo, es natural que sea así.- Ella sonrió.
Tomé mi sien, no recuerdo en qué momento comenzó dolerme tanto, que casi no me permitía mantener los ojos abiertos.
- Creo que bebió demás…
- Aghhh…Sí…Creo que un analgésico estaré bien.
- Si quiere…Mi casa está cerca, tengo algunos analgésicos allí…Le llamaré un taxi desde ahí- ella se puso de pie, esperando que la siguiera.- Que no le de pena.-sonrió. Entonces, me di cuenta de la esbelta figura de Serena.
Sin decir nada más, me puse de pie, dispuesto a seguirla.
Caminamos en silencio, un par de calles.
Abrió la puerta de su departamento, yo miré hacia la esquina.
- ¿Vives sobre la calle Manifest Destiny, cierto?...- ella asintió- ¿Antes era la calle Skylight?
- Sí, era.
Entramos a su departamento, sin querer, tropecé contra el cuerpo de Serena, sosteniéndola en mis brazos para evitar que cayera. Estaba mareado, pero pude sentir la respiración de Serena cerca de mi rostro. A pesar de la oscuridad, podía sentir su mirada celeste, sus senos contra mi pecho, la fina cintura contra mi brazo, sujetándola.
En esa opacidad, algo en mí se desató. Sentí correr mi sangre.
Mis labios golpearon los de ella.
Ella parecía corresponder.
Cada vez más, aumentaban la pasión y la cantidad de los besos. La ropa comenzó a caer.
Nuestras manos recorrieron los cuerpos.
Encontré delicioso y perfecto el cuerpo de Serena.
No podía ordenar mi juicio, no podía si quiera pensar en detenerme.
Así, besé su cuerpo entero. Ella respondió y navegó en mi cuerpo también. Hasta que nuestros sexos chocaron.
La sensación de estar dentro de ella me extasiaba, parecía necesitar cada momento más y ella correspondía apasionada.
A la pasión siguió un momento silencioso, donde las respiraciones entre cortadas llenaban el aire.
Intenté contemplar el rostro de Serena en medio de la oscuridad.
- Yo…- comencé a murmurar.
- No tienes que decir nada… Todo…Está bien.- su voz sonaba tan tranquilizadora y dulce.- Voy por los analgésicos…
- Espera- la detuve- no me hacen falta ya.
- Entonces, ¿quieres que te llame un taxi?
- ¿Te molesta si…me quedo un momento más aquí?
- Claro que no…Iré por un poco de café, ¿quieres?- la sonrisa calma de Serena sólo provocaba paz.
-Por favor.
Brisalunar- 16 /02 /2011
"No lloraré ahora que estás a mi lado.
Muchas gracias,
Por venir a mí."
