Clasificación M por lenguaje y futuros lemmons.
Todos los personajes son de Stephenie Meyer, la historia es mía.
Capítulo 3.
-¿Es que tú no escuchas nada de lo que te digo, mujer? Si dejo que te vayas, Paul irá detrás de ti. Convertiste lo que pudo haber sido una extracción medianamente segura de un enemigo, en un completo escándalo al enfrentarte a uno de los hombres más peligrosos el país golpeándolo e insultándolo en frente de cincuenta personas; ahora, y por como lo dejaste en el sótano, va a buscar la manera de cobrarse la humillación. Lo más sensato es mantenerte cerca de mí para evitar que él llegue hasta ti.- hablaba tranquilamente, como si yo fuera una cría de seis años, el problema era que yo no tenía seis años y tampoco era una cría… aunque a veces me comportara como una. Además me estaba comenzando un horrible dolor de cabeza.
-¿Estás culpándome a mí por mi propio secuestro? Discúlpame, pero en primer lugar estaba demasiado absorta viendo como cuatro tipos armados se llevaban a un asesino en mis narices, en segundo lugar, ese hombre no tiene ninguna consideración por las mujeres...- me levanté de la cama con rapidez para darle más énfasis a mis palabras - y en tercer lugar, yo jamás te pedí que… ¿por qué hay dos tú en la habitación?- un mareo me recorrió y me desplomé al suelo con un golpe sordo.
Un fuerte aroma en mi nariz me despertó. Cuando abrí los ojos, un Emmett algo borroso y con cara de preocupación me devolvía la mirada.
-¿Qué pasó? Me duele la cabeza.
-Tiene lógica, te desmayaste y golpeaste tu cabeza contra el suelo. – Emmett tenía el ceño fruncido mientras me contestaba, cosa que le daba un toque interesante a su bonita cara. – ¿Cuándo fue la última vez que comiste?
Diablos….-Hummm, un día antes del secuestro. Esa mañana no había podido desayunar, por eso estaba en el restaurante. Esperaba a una amiga para almorzar.
La cara de Emmett era justamente la que mi madre habría puesto si le hubiera dicho eso. Ahora que estamos en eso, realmente tenía hambre, mucha. – Además, te recuerdo que desde que estoy aquí, ni siquiera me han ofrecido agua. Lamento decirlo amigo, pero tu hospitalidad es una mierda.
-En un momento van a subirte el desayuno, Rose. Mientras tanto puedes tomar un baño o ver la televisión. Yo tengo que irme, por favor, no salgas de la habitación hasta que yo vuelva. - ¿Qué? Ohh no no no, eso no.
-Emmett, no me pidas que me quede aquí, por favor déjame ir. No sé si piensas que no tengo a nadie que me espera en casa, pero si es así estás equivocado. – soy yo o la palabra "casa" le provoco un reflujo. En lo único que podía pensar era en Leah, mi pequeña debe estar asustada y estresada y hambrienta y extrañándome. –Además, ni siquiera tengo ropa limpia, y puedes apostar a que no voy a ponerme unas bragas sucias de nuevo. No. Tengo que ir a mi casa.
-¡De ninguna manera, Rosalie! Vas a quedarte aquí y no hay opción, puedes irte olvidando de ese novio que te espera en casa y de tus bragas limpias. Te quedas aquí así tenga que amarrarte de nuevo.- Whooooooaaa… ¿novio? Ni siquiera procese la amenaza de ser atada otra vez.
Sin querer hacerlo realmente, comencé a reírme. Esto era demasiado para mí, y más si acababa de despertar de un desmayo.
Emmett se cernió sobre mí acorralándome entre sus brazos y el colchón, mientras me daba una mirada que en otra persona probablemente habría dado pánico pero que por alguna extraña razón, a mí me encendía. Esto no era bueno.
-¿De qué te ríes?- Dios, pero si este hombre no tiene sentido del humor. Si seguía hablándome así, iba a terminar soltando un gemido.
-Lo siento. Es que no sé de donde sacaste la estupidez de que tenía un novio esperándome.- mi voz era un pequeño murmullo que no se habría escuchado si nuestras caras no estuvieran a veinte centímetros de distancia.
-¿Entonces a qué te refieres con que alguien te espera en casa? –si seguía frunciendo el ceño, se iba a quedar así de por vida.
-Tengo una Husky Siberiana que es el amor de mi vida, y como no contaba que iban a llevarme contra mi voluntad – rodó los ojos ante este último comentario –no le deje comida servida. Tengo que sacarla a pasear. La extraño. Déjame ir, por favor. Si quieres protegerme de Paul, aunque no entiendo muy bien por qué lo haces, puedes vigilarme o algo así. Por favor.
Si no hubiera estado atrapada entre él y la cama, probablemente habría rogado de rodillas.
Después de largos segundos de sostenernos la mirada, Emmett dijo –Voy a ir a tu casa y le daré de comer a tu perra. La dejaré a cargo de alguien. No vas a irte Rosalie Hale, lo juro.
Bueno, algo era algo. Solo esperaba que de verdad le diera de comer y quizás me trajera unas bragas. Detesto no tener ropa limpia. Ni siquiera me cuestioné por qué sabía dirección y mi nombre completo, tenía mi bolso y con ella mis identificaciones.
Tres pequeños golpes en la puerta hicieron que Emmett se levantara y fuera hasta ella. Reconocí al chico que llevaba una bandeja llena de alimentos, su nombre era ¿Zac? ¡Seth!. Bien, estoy muriendo de inanición, así que puede llamarse Zac si eso va a hacer que me alimente. Seth entró y dejo la bandeja en la mesita de noche y salió con un asentimiento hacia Emmett. Alcance a gritar un "¡Gracias!" antes de que la puerta se cerrara de nuevo.
Mi desayuno se conformaba de 3 panqueques con miel y mantequilla, un omelette con queso y jamón, tocino en tiras, salchichas, un tazón con fruta y yogurt, café y jugo. Se me hacía agua la boca, nunca he comido tanto en un desayuno, pero por esta ocasión especial, tal vez termine con todo. Me senté con la espalda recargada en el cabecero de la cama y ataqué los panqueques mientras veía al enorme hombre recargado en la puerta. -¿Qué pasa?
-Nada. Termina todo el desayuno- ¡Oh chico, no hay problema! -hay televisión por cable, puedes verla mientras tanto. Volveré en unas horas, habrá alguien vigilándote así que se tan amable de no matarlo si intentas escapar.- y con esto, se dio la media vuelta y salió de la habitación, cerrándola con llave por fuera. Al menos no me ató de nuevo.
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Había terminado mi desayuno en menos de lo que esperaba y encendí la televisión de plasma que se encontraba colgada en la pared frente a la cama. Inmediatamente puse el canal de noticias, hacía dos días que todo el restaurante vio como sacaban a James de ahí y a mí me llevaban inconsciente, así que debe de haber algo; al cabo de media hora por fin apareció una nota. Un presentador de saco azul chillón y peluquín hacía un recuento de la noticia principal del día de ayer…
-Nada se sabe aún de las dos personas que fueron sustraídas hace dos días del restaurant La Bella Italia, situado en una de los vecindarios más concurridos de la zona.- una fotografía mía que Jasper había tomado en la última cena de acción de gracias, y otra de James salieron en pantalla junto a nuestros nombres. –Los federales sospechan de la familia McCarty, uno de los principales grupos de la mafia dedicados al tráfico de armas del país, pues anteriormente el hombre de 36 años asesinó a un miembro del clan y había logrado escapar, permaneciendo bajo el radar de cualquiera que lo buscara; por lo visto fue un paso en falso el que hubiera sido atrapado la primera vez que se le veía en público. El secuestro de la joven enfermera se considera como un daño colateral, ya que no se encontraron conexiones entre ellos. Recordemos que no se conoce la identidad del líder del clan McCarty ni a sus miembros directos y al ser únicamente un sello distintivo el escudo que se imprimen en las armas, hace imposible que se rastreé a las cabezas de la familia…
¡UN JODIDO DAÑO COLATERAL! ¡Colateral mis ovarios! Estoy aquí porque un mastodonte de dos metros creyó que puede salvarme de un asesino, un asesino que está a sus órdenes. ¡Es estúpido!
Seguí viendo el noticiario, pero no había nada más. No hablaron de mí más de lo mínimo, pero sabía que mamá, Jasper y las chicas estarían muriendo de angustia por no saber en dónde estoy. Necesitaba llamarlos y calmarlos, esperaba con todo mi corazón que Emmett me permitiera hacerlo en cuanto llegara.
Dejé la televisión encendida mientras me dirigía al baño a tomar una ducha, no podía pensar en nada más que en mi familia. La bañera me llamaba a gritos para tomar un baño relajante pero no estaba aquí por gusto y placer, y ese era un lujo del que podía prescindir alegremente si podía salir de aquí pronto. Más pronto que tarde de preferencia.
Me desvestí y doble mi ropa en un pulcro montículo, regulé la temperatura del agua y entré. Estaba tan distraída -cosa absolutamente normal en mí- que no había pensado en cómo iba a lavarme si el baño no tenía ningún producto de uso diario ayer por la noche, pero al girarme para cerrar las llaves me encontré con una gama de tratamientos para el cabello que en mi vida había visto, shampoo, acondicionador, ampolletas para antes y después del lavado, un gel de ducha con aroma a lavanda, una esponja y una maquinilla de afeitar. ¿Pero qué….? Bueno, como sea, necesitaba urgentemente un poco de limpieza en mi mugre de dos días, así que podía ser simplemente una barra de jabón y yo estaría feliz.
Terminé y me envolví en una toalla enorme que encontré al lado del retrete y sequé mi cabello con otra más pequeña. Me miré en el espejo de las encimeras y…. ummm, me veía igual que siempre; creí que esto de estar secuestrada me iba a cambiar un poquito, pero nope, seguía igual que otros días. Miré a mi alrededor, y me di cuenta que Emmett o Seth o quien fuera, había surtido la habitación con todo lo que pudiera necesitar en el baño, inclusive maquillaje totalmente nuevo y de la marca que yo utilizo; esto significaba que no iba a irme en un tiempo, el solo pensamiento me deprimió instantáneamente. Abrí las puertas de abajo del lavamanos, vi papel higiénico, fijador para el cabello, cremas para el rostro y cuerpo, peines y cepillos variados, tampones ¿tampones? Oh, qué vergüenza… tomé un cepillo y cerré las puertas. Cepillé mis dientes y mi cabello… y ahora venía lo bueno… no tenía absolutamente nada que ponerme. Revisé el vestidor de arriba abajo pero nada, estaba vacío. Pues entonces, por su bien, esperaba que Emmett me trajera algo de ropa. Enserio.
Salí del vestidor y la cama ya estaba hecha, no había rastros de la bandeja del desayuno.
Me senté aún envuelta en nada más que la toalla y espere a que llegara el Jefazo a buscarme viendo televisión. Debí de haberme dormido, porque lo siguiente que recuerdo es a alguien tratando de abrir la puerta, si era Paul yo no podría hacer nada, ahora estaba completamente lúcida y medio desnuda, no iba a poder hacer mucho por mi seguridad a menos que pudiera neutralizarlo con fijador de cabello. Me levanté y me escondí en debajo de la cama tratando por todos los medios de que no se me cayera la toalla mientras me deslizaba, mentalmente me di una patada por no haberme puesto ni siquiera mis bragas, justo ahora no me importaba que estuvieran sucias. Me acurruqué el extremo más alejado de la puerta con la esperanza de que el edredón me tapara un poco, sabía que me veía absurda, pero en otro momento mi ropa me daba algo de valor. Ahora era una gallina.
La puerta se abrió y alguien entró, dejó algo en la mesita de noche y entró al vestidor. Me estaban buscando. Se escuchó la puerta del baño y la cortina de la ducha, los pasos regresaron y se movían de un lado a otro. Jesús, que no me encuentre, que no me encue…. ¡AAAAHHH! Me tomaron de un tobillo y me jalaron fuera de mi escondite súper secreto. Mientras tiraban de mí, la toalla se me subió dejando mi culo al aire y restregando mi pubis en el suelo, creo que acabo de quedar con la depilación brasileña, por Dios.
Comencé a patalear sin darme cuenta a quién estaba golpeando, entretanto trataba desesperadamente de volver debajo de la cama, tomé la pata de la cama para poder impulsarme hacia adentro pero no contaba con que ese alguien iba a tirarse encima de mi cintura inmovilizándome al instante. –Deja de retorcerte, Rosalie.- dijo Emmett en mi oído.
-¡Eres un imbécil! ¡Cómo se te ocurre no avisarme que eres tú antes de jalarme y dejar todo mi frente como coche recién pulido! Bájate de encima, carajo.-
-Si no te hubieras escondido como niña pequeña, no te habría jalado. Creí que habías escapado de nuevo. Además, ¿por qué no traes bragas? no es que me moleste, claro.- sus brazos estaban extendidos a ambos lados de mi cabeza y hablaba muy cerca de mi oído, demasiado para que mis pensamientos no se fueran a él encima de mí restregando su polla en mi trasero.
-Emmett, me estás aplastando.- eso no era totalmente cierto, pero estaba convirtiéndose en una situación algo incómoda para mí.
Se deslizo por mi cuerpo pasando sus manos por mi silueta, estaba a punto de soltar un vergonzoso gemido cuando sus manos llegaron a mis caderas y contrario a lo que creí que haría –apretar mi trasero, por ejemplo- solo bajaron la toalla tapándome el culo. Diablos.
Me levanté una vez que comprobé que la toalla estaba asegurada, me di la vuelta y lo miré.
-¿Viste a Leah? ¿Le diste de comer? ¿Con quién la dejaste? Espero que no fuera con la Sra. Cope, ya es mayor para lidiar con una perra de ese tamaño. ¿Pudiste entrar a casa? ¿Había gente vigilando? Vi las noticias…. – no pude continuar mi perorata porque él no me prestaba atención. Estaba mirando fijamente mi cuerpo semi-cubierto con ojos entornados, y se tocaba las yemas de los dedos con el pulgar. –Emmett… ¡EMMETT!- grité chasqueando los dedos en su cara para que reaccionara, pero sólo golpeó mi mano quitándola de su camino y antes de que me diera cuenta, me había levantado en volandas y me presionaba contra la pared sosteniéndome con las manos por debajo del culo a la altura de su cintura. Esto era… caliente, jodidamente caliente. Rodeé su cintura con mis piernas, únicamente para estabilizarme y no caerme, nada más, pero el movimiento hizo que la toalla se abriera y mi coño rozara directamente con sus jeans.
Abrí la boca al sentir el roce, ahora que yo estaba a su misma altura nos miramos fijamente durante unos segundos, yo no pensaba demasiado en la postura lo único que quería era que me besara hasta dejarme inconsciente, pero como mi suerte no ha sido la mejor últimamente lo que hizo fue recargar su frente en mi hombro y maldecir.
-Chico, tú tienes una fijación con levantar en brazos a las personas- susurré para aligerar el ambiente. –Aunque claro, eres gigante, no es que no puedas hacerlo.- Solté una risita tonta y él se tensó. –Quizás sería buena idea que me bajaras.
Bajé mis piernas y me dejó en el suelo. Mi inconsciente hizo pucheros cuando se alejó.
Emmett se dirigió a la mesita de noche y señalo una bandeja con mi comida. –Come antes de que se enfríe.- dijo con voz estrangulada.
Iba a salir por la puerta cuando recordé que no me había contestado anteriormente. –Emmett, respóndeme por favor. ¿Viste a mi loba? ¿En dónde está?- pregunté mientras sujetaba la toalla a mi alrededor.
Se volvió a mí como si lo hubiera recordado de pronto.
-Come primero, en unos minutos vuelvo, ¿de acuerdo? Te traje unas cosas.- solo esperaba que fueran bragas.
-Pero…. – él ya se había ido.
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Comí aunque no tenía mucha hambre. Quería salir de aquí y ponerme algo de ropa, no tenía que ser en ese orden precisamente. Emmett se había ido hace quince minutos, y apenas estaba volviendo. Tocó antes de entrar y se anunció para que supiera que era él. Llevaba una bolsa de viaje que me era vagamente familiar, ¡hey, es mi maleta del gimnasio!
-Pudiste entrar. Creía que había policías fuera de mi departamento.
-Los había.- dijo como si nada.
-¿Y…? ¿Cómo entraste?
-¿De verdad quieres saberlo?- sonrió como niño travieso. ¿Enserio? Claro que quería saber.
-¡EMMETT!...
-Bien, te diré. Había una patrulla vacía afuera de tu edificio, entré al lugar, subí a tu piso por las escaleras y una mujer de unos sesenta años me vio. Me presenté como un detective que buscaba pistas sobre tu paradero y me informó que ella tenía a Leah en su casa, dos agentes fuera de tu apartamento me dejaron entrar cuando les dije quién era y a qué iba… ni siquiera dudaron- dijo con suficiencia –te traje esto.- dejó la bolsa en la cama y la abrí. Había vaciado todo mi cajón de ropa interior. Gracias al cielo. Encontré dos pares de jeans, un jersey azul, dos camisetas y un par de botas de combate que adoraba, ¿solo esto?
Mientras hurgaba en el bolso a ver que más me encontraba, se dirigió a la puerta y la abrió. Salió un instante pero no estaba prestando atención, no es como si pudiera salir de todos modos, ¿cierto? Abrí todos los cierres y no había nada. De repente el repiqueteo de una cadena me distrajo y volteé a donde procedía el sonido.
Sin esperarlo una bola de pelos gigante atravesó la puerta y se tumbó sobre mí lamiendo mi cara y lloriqueando de alegría. -¡Leah! Mi preciosa, ¿cómo estás?- rasqué sus orejas con alegría y la abracé. La extrañaba tanto. –Déjame levantarme, pequeño demonio.- la empuje suavemente y me senté, la deje recargarse en mi regazo mientras la acariciaba y ella lamia mis manos.
Emmett nos veía con una sonrisa desde el marco de la puerta. Mis ojos se llenaron de lágrimas y solté un ahogado -¡Gracias!
-De nada. Vas a aspirar mi auto.
Bueno, si ese era el precio por ver a mi chica de nuevo… No hay problema.
¿Qué les pareció? Me tardé un poco en subir este capítulo porque había estado teniendo problemas inspirativos, por eso es un poco más corto. Jajajajaja. Déjenme saber cualquier opinión en sus reviews, me da un montón de felicidad verlos aunque sean poquitos, pues así sé que les está gustando. Aún no sabemos que le hizo Emmett a Paul, pero no desesperen, ya aparecerá de nuevo. Por lo pronto hizo su buena acción llevando a Leah con su ama solo para hacerla feliz.
Nos leemos pronto. Besos! :*
