CAPITULO 3
Estaba muy feliz, ahora emprendería un viaje, llamaría a Sydney y buscaríamos el hermano de Lissa.
Haría cualquier cosa para poder seguir viviendo, con mis amigos y haría el intento hasta con Dimitri.
-Iremos a Rusia?-le pregunte felizmente.
El rió.
-No tienes ganas de ver a mi familia?
-Muchísimas!
Volvió a reír, como me gustaba su risa.
-Yo también, muchas...-la verdad es que el no veía a su familia desde hacía mucho tiempo.
-Je je, no te pongas melancólico, porque yo soy una experta en hacer reír a la gente y – me aclaré la garganta- ¿puedes poner una música mas animada?
-Ay Roza- eso me paró el corazón. Cambió la emisora y puso una internacional.
Nos pasamos el viaje cantando y contando anécdotas de cuanto nos gustaría conocer a los cantantes de nuestras canciones favoritas. Me sorprendí mucho cuando sonó la canción de Aerosmith , I don't wanna miss a thing, esa canción la cantamos los dos, y fue raro porque Dimitri y yo nunca coincidíamos en la música, me alegraba de oír esa canción y tenerlo a su lado, lo miré y el izo lo mismo, nos sonrojamos. Al menos yo, el giró la cabeza con una sonrisa en los labios, esos labios...
Rose céntrate!
-¿Y ahora donde iremos?-pregunté para sacarme la vergüenza.
-Pues, Lissa me dijo que había reservado unas habitaciones en un hotel de la ciudad, allí ha enviado unos pasaportes encantados para que podamos volar a Rusia libremente sin ser perseguidos- lo izo sonar muy divertido lo de estar perseguidos.
Me reí.
-Bien, pero, ¿podemos parar en alguna gasolinera? he de ir al servicio- lo dije, haciéndolo sonar muy precipitado.
Asintió y se acercó a la primera gasolinera que vio, se lo agradecí y me dijo que cogiera la bolsa marrón del maletero.
Me acerqué al maletero cogí la bolsa y mi bolsa de preso, eso me puso nerviosa. Me encaminé al servicio y por un espejo vi como Dimitri me seguía con la mirada, le sonreí, se dio cuenta y giró la cara sonriendo.
En el servicio abrí la bolsa marrón y vi que había mi ropa mas cómoda y importante, un par de zapatos y el nazar de mi madre y la pulsera de Lissa. Dimitri había pensado en todo, me cambié, me mojé la cara para estar mas bonita, me solté el pelo y me lo peiné con la mano. Cogí mis cosas de la bolsa de la cárcel y las guardé en la bolsa marrón, al ver la rosa del sueño de Adrian sonreí, a él si lo tenia, ¿porque no lo podía amar? Él si me quería y no me hacia daño, pero yo amaba a Dimitri.
Con esos pensamientos tiré la bolsa de preso para olvidarme de la cárcel y me dirigí al coche.
-Siento que solo te he podido traer un par de cosas, pero si me veían en tu habitación el plan se rompería en pedazos. Intenté coger lo mas importante, pero soy un hombre- nos reímos- ya te compraré lo que quieras en Rusia- eso me puso contenta, Dimitri estaba dispuesto a acompañarme a comprar...como las parejas...
-No pasa nada, esta perfecto lo que me trajiste. -dije con mi mejor sonrisa.
Llegamos al hotel y nos fuimos a registrar.
-Buenas tardes, perdone, teníamos dos habitaciones reservadas de parte de Lissa Dragomir.-empezó Dimitri con su buen comportamiento.
-mm..., sí, pero lo de las dos habitaciones no me consta, solo me habían reservado una habitación doble.- dijo la recepcionista.
-¿Qué?- dijimos al unisono Dimitri y yo.
-Sí, lo siento pero la verdad es que no me quedan mas habitaciones libres, solo la que se reservó.
Dimitri, se rascó la barbilla con la mano, pensando.
-Bueno, dame la habitación doble.- Dimitri un poco preocupado aceptó la llave.
Yo estaba feliz, sabia que no íbamos a dormir juntos pero dormir en la misma habitación era mejor que nada.
Llegamos a la habitación sin decir nada. Bueno, Dimitri murmuraba cosas en ruso que yo ignoraba a unos pasos detrás de él.
La habitación era espaciosa, grande y con tonos rojizos y anaranjados, me gustaba mucho. En el centro habían dos camas separadas a 1.5 metros de distancia, no había ninguna mesita de noche entre ellas en cambio estaban al otro lado de la cama. Había un gran armario, para la poca ropa que llevábamos y un lujoso lavabo con jacuzzi. Me imaginé a nosotros dos en el jacuzzi abrazados diciéndonos que nos amábamos. Tenia que apartar mis fantasías, estaba en la realidad.
-Tampoco esta mal...-insinué a Dimitri que ya estaba dejando las maletas sobre cada una de las camas, me incorporó en la cama mas apartada de la puerta y de la ventana, cerró la ventana.
-¿Porque cierras la ventana?- pregunté irritada con los brazos en jarras.
-Porque no quiero que te lleven de nuevo a la cárcel...-dijo con cariño mirándome a los ojos unos instantes y siguiendo protegiendo el lugar.
-Bueno, gracias-le agradecí- ejem... tengo que ir a llamar a Lissa voy a abajo al teléfono publico.
Dimitri seguía protegiendo el lugar pero me tiró el anillo para que me lo pusiera.
Me lo puse y salí al pasillo. Llamé a Lissa.
-¿Lissa?
-¿Sí...? -Lissa respondió como triste o preocupada.
-Soy yo ejem...
-Hola!- me saludó sin delatarme pero mejorando su estado de animo- ¿como estas?
-Bien – reí- ¿y tu?
-Bien.-respondió tristemente.
-Lissa, te conozco, no estas bien.
-No, la verdad estoy que hecho chispas- se puso muy nerviosa- no me dejan salir de la corte hasta que te encuentren, por ahora, cuando este en mejor situación se lo pensarán.
-Lissa, no te preocupes, lo que menos quiero es que te pongas en problemas. Yo me ocuparé de encontrar a tu hermano, y ya vendremos, ni que me tengan que meter en la cárcel, solo será por un rato. Podré aguantar.
-Vale...- no se tranquilizó- es que además estoy tan ocupada con lo de la realeza que no puedo estar con Christian, y todos quedan juntos y yo tengo que ir a las malditas reuniones.
-Lissa no te preocu...
-NO, estoy harta es que ojalá nadie hubieran matado a la reina, ni yo fuera de la realeza, ojalá fuera un humano...- se alejó del interfono unos segundos- Te dejo que ya me están volviendo a llamar para reuniones, esto es una- Se cortó.
Lissa estaba muy mal, yo tenia que absorber su mala uva, sino podría montar una en la corte... no quiero ni pensarlo. Absorbí todo su mal genio, nunca lo había hecho a tanta distancia de ella. Me sentí muy mal humarada, estaba peor que ella, colgué el teléfono de un golpe y me fui a la habitación casi temblando.
En la habitación abrí un poco la puerta y vi a Dimitri hablando por teléfono. Él no sabia que yo estaba allí. Le oí murmurar algo en el teléfono, no sabia si era ruso o inglés.
-... Te quiero...- esas dos palabras entraron en mi mente y me paralizaron, yo estaba loca por Dimitri y pensaba que el aun me amaba, pero confirmé que no. El había encontrado a alguien mejor.
Cerré la puerta con cuidado y me fui corriendo sin rumbo, llorando desesperada mente, aun tenia mucho mal humor y estaba muy herida. Además ya no tenía a nadie, con Adrian no volvería ya que le había usado con interés, nunca lo amé. El se merece algo mejor.
Salí a la calle, me quité el anillo, no quería esconder nada. Estaba harta de la vida. Todo era muy injusto.
Mi cara estaba roja por las lágrimas, grandes y pesadas caían por mis mejillas. Corrí por detrás del hotel, había un bosque.
Me perdí en él, nadie me encontraría. Si un strigoi me veía le pediría que me matara y acabara con el sufrimiento de mi vida. Estaba temblando como si me estuviera congelando.
Di vuelas sin saber donde ir, no sabía que hacer. Saqué mi estaca y empecé a clavarla en los árboles.
La furia no se me iba. Miré la estaca, solo tuve una idea. Me la clavé ligeramente en el brazo trazando una línea casi perfecta, una línea que poco a poco se volvía roja, rojo sangre. Era un color precioso. Me la clavé en el otro brazo trazando una serpentina, me quitaba el dolor. Ahora entendía a Lissa. Esta vez fui directa al cuello, tenia la intención de clavarla mas profundamente, la sangre correría mejor. Me encaminé la estaca al cuello y cuando sentía placer solo en pensar en la sangre una mano me agarró la mía.
Me estremecí, un strigoi iba a hacer mi trabajo.
No era un strigoi.
Era Dimitri, su mano sobre la mía lo delató, en ese momento capté las sensaciones que me producía su roce contra mi mano. Su olor de aftershave penetró en mi olfato.
Me giré de golpe.
-No te atrevas a volver a dañarte- dijo mirándome fijamente a los ojos. Mis rodillas temblaron por la presión de su mano. Me caí.-has perdido mucha sangre...- me recogió antes de que tocara el suelo, estaba entre sus brazos. Rasgó su camisa y me tapó las heridas con ella. Estaba muy mareada.
-Dimitri... no lo entiendes. No estoy bien en esta vida. Ser una perseguida, Lissa está con Christian y ella cuando encuentre a su hermano será reina y tendrá mucho trabajo y otros guardianes, mi madre estará en misión y mi padre en su mafia... mis amigos estarán ocupados con sus respectivos moroii y dhampirs, tu con tu nueva pareja...-
-¿Qué has dicho? ¿Que pareja?- preguntó Dimitri aun sosteniéndome y mirándome a los ojos.
-Con la que te he escuchado hablar por móvil cuando entré en la habitación, no quería molestar y me fui.- me miró extrañado y se empezó a reír como un loco.
Aunque sabia que se reía de mi estaba feliz de oír su risa.
-Con la que hablaba, era mi madre, si oíste bien, hablaba en ruso. Como hace tiempo que estoy en América cuando dice que me quiere me lo dice en inglés y yo le respondo igual.
Me extrañé y aun no estaba convencida.
-Así que no tienes pareja...
-No!- me lo dijo alto y claro.
Aun estaba nerviosa, aunque ya no temblaba, me sentía mal y mi control sobre mis impulsos era débil. Lo abracé, no quería que se molestara pero estar tan cerca de su cuerpo... se me escaparon las palabras y las lágrimas.
-Te amo...- susurré muy bajito en su pecho.
-Roza... yo te ice mucho daño, mucho. Nunca me lo perdonaré.- dijo limpiándome las lágrimas.
-Lo siento, pero yo si te perdono y no dejaré de hacerlo. Dimitri, te amo y nada en el mundo puede hacer desvanecer mi amor, como izo el tuyo...- lloré, mucho mas fuerte. Dimitri me sostuvo sin decir una palabra.
Cinco minutos de llorar sin parar, mis lágrimas se tranquilizaron un poco y sonó el móbil de Dimitri. No reconoció el número y respondió como un humano. Después de una llamada de medio minuto Dimitri colgó.
-Eran de la recepción del hotel, tengo que ir a buscar el paquete que mandó Lissa.
-Dejame ir a mí, tengo que despejarme un poco y te prometo que no voy a usar mi estaca, ya estoy mejor. Gracias.
Me levanté de sus brazos con desempeño y caminé hacia la recepción sin interés, mas tranquila.
Allí les dije que tenían un paquete para mi habitación, me lo dieron.
Tranquilamente subí a mi cuarto, dejé la caja encima de la cama de Dimitri. Me desplomé en la mía.
Unos minutos de tranquilidad, pensé que necesitaba un re-mojón en en jacuzzi con gel y champú, por fin.
Me fui quitando la ropa hasta que me quedé en ropa interior.
Entré en el lavabo, y allí estaba Dimitri delante del espejo, con solo una toalla en la parte inferior secándose el pelo con otra. Uauu como estaba, lo había olvidado, era mi sexy mentor.
-Ui... perdón- dije vergonzosamente.
De golpe Dimitri se giró. Me estaba estudiando, yo hacía lo mismo. Caí en que iba en ropa interior. La verdad es que hasta Dimitri con su empeño de que no me amaba tenia que bajar la guardia al verme en ropa interior. Llevaba un conjunto negro que me hacía resaltar pecho, aunque no lo necesitara me quedaba fenomenal.
Inconscientemente fui tirando para atrás, paso a paso, paso a... Resbalé con el agua del suelo, producí un grito ahogado y antes de que sintiera el dolor del suelo duro contra mi trasero estaba en brazos de Dimitri, siempre me salvaba de las caídas, excepto por las que me producía él en los entrenamientos.
Se acababa de duchar y tenía el pelo mojado, su olor de aftershave era mas fuerte porque también se había afeitado. No sabía como le había dado tiempo de ducharse cuando fui a buscar la caja, puede que me perdiera en mis pensamientos. Pero en ese momento estaba en ropa interior entre sus brazos, nos miramos a los ojos, esos momentos eran eternos, pero preciosos. Sus dedos estaban contra mi espalda directamente y su torso desnudo estaba casi rozando el mio, su semblante se distanciaba del mio a menos milímetro que en la cárcel, su pelo mojado rozaba mi cara, sus mechones rebeldes que ahora eran poco importantes le hacían muy atractivo.
La calor del vaho me inundó y izo que mi auto-control decayese a nada. Me daba igual si no me amaba , yo sí.
Puse mis brazos en su cuello ágil mente y lo besé, lo besé apasionadamente, con furia, no nos besábamos desde hacia casi un año y yo lo necesitaba, él era quien hacia que mi mundo fuera perfecto.
El respondió a mi beso, en ningún momento anterior se separó y ahora me besaba con furia al igual que yo, nuestros cuerpos se necesitaban, nos necesitamos mutuamente, nuestras fuerzas nos llamaban a permanecer juntos. En ese momento me olvidé de todo, de que estaba perseguida, de que él ''supuesta mente'' no me amaba, de los problemas de Lissa que me habían causado esa furia, que ahora se manifestaba en forma de amor.
Lo abracé, no me iba a separar de él nunca, yo lo amaba y el también. Lo sabia.
Nuestro beso aumentó, pero yo me separé unos milímetros.
-Dimitri, dime la verdad,- dije entre fuertes jadeos- ¿tu amor ha desvanecido?¿tú me amas? Yo te perdono no me hagas sufrir más...
Me volvió a besar fuertemente con una sonrisa, después se separó.
-Roza, te amo!, nunca se ha desvanecido, ni se desvanece, ni nunca jamás se desvanecerá mi amor por ti.- respondió él también entre respiraciones pesadas.- Ahora me estoy dando cuenta que te estoy haciendo mas daño que él que te hice cuando... - no quiso recordar- bueno además me estoy auto-destruyendo si no te puedo amar. Y el día que te dije que no te amaba, después en mi habitación casi me mato a golpes, y lloré mucho.
conmovida lo atraje hasta mi y lo volví a besar.
-Nunca más te separes de mi, nunca.- le hice jurar.
-Te lo prometo.- me prometió.
El me cogió en brazos y me llevó a la cama.
Sí, tuvimos sexo, nuestros cuerpos se fundieron en uno, todo era perfecto solo del simple hecho de estar con él, era mi salvación y esta vez fue hasta mejor que la primera, diferente. No paraba de repetir que me amaba y no quería separarse mas de mi, se me rompió el corazón con tanto cariño. Como lo había echado de menos...
Cuando todo acabó, me abracé mucho a Dimitri y apoyé mi cabeza en su pecho.
-Te amo Roza.
Reí.
-Me lo has dicho ya muchas veces, pero me encanta que me lo repitas.
-Porque es verdad.
-Yo también te amo.- le dije.
Nuestro amor aumentaba solo por estar juntos.
-¿Mañana iremos a Rusia?- pregunté levantado la cabeza para miralo.
Me besó en el pelo y asintió.
-Sí, ahora toca descansar, duerme Roza.
-Sí, pero, de paso podíamos haber pedido la habitación con la cama de matrimonio, no es que me moleste dormir en una cama individual contigo.-dije mientras le acariciaba los abdominales- Pero me sabe mal por ti...
-No te preocupes Roza- dijo con una sonrisa- yo estoy bien donde tu estés. Ahora a dormir, mi amor.
Y mientras él me acariciaba el pelo me quedé dormida profundamente, no tuve sueños, salvo alguno en que estaba con Dimitri viviendo en una fantástica casa. Iba a ser una noche relajada.
