Ciego en la Oscuridad
Acluofobia: Miedo a la Oscuridad
He cambiado, no puedo regresar a lo que era.
"Respira con normalidad y dime lo que ves."
Habían pasado los meses desde que había empezado a trabajar para Interrogación y Tortura, su aprendizaje había sido tan acelerado como Tsunade-sama había predicho, llegando a rango Chunin como la mujer había prometido con ascenso de campo y aun a la espera de si iba a ascender a Tokubetsu, cosa que dudaba por su dependencia a un animal de asistencia, o eso decía su madre al menos.
Su cumpleaños número 14 llegó y se fue ya meses atrás, sin notar que había pasado más de un año en que había perdido su equipo sin recordar donde lo había dejado.
"Nada, la madriguera está oscura y no hay olores destacables fuera de la humedad y el moho."
Le habían tomado seis meses a Kiiromaru y ella para llegar a un entendimiento que les permitía trabajar en equipo, aunque trabajar en equipo no significaba trabajar como una pareja Inuzuka ya solo los de ese clan tenían derecho a las técnicas secretas, aunque había comenzado a aprender las técnicas de su mamá, estas eran complejas y usaban mucho chakra, cosa que estaba construyendo, suponía que en un par de años más cuando despertara el Byakugo no in podría usarlas, mientras tanto...
"Deja de jugar en la oscuridad y muévete, Sakura-san. No tenemos tiempo, debemos regresar a Konoha lo antes posible."
"Hai." La palabra sonó cortante, usando algo de ese nuevo fastidio que sentía para demostrar que no le gustaba ser interrumpida mientras pensaba.
En los últimos Ocho Meses, desde el supuesto colapso, había logrado crear una nueva 'voz interna', la cual no era la verdadera, probablemente la nueva fuera como la conciencia de cualquier persona, aun no funcionaba del todo bien, era como un injerto de piel nueva: Se veía algo diferente, se sentía algo diferente, pero cumplía su función y ese era su objetivo.
Aun había momentos en los que corría a su madre y demandaba ser abrazada como una chiquilla, aun llamaba 'perrito' o Kiiroi a Kiiromaru y en general tenía actitudes bastante infantiles, pero la euforia juvenil se había calmado afortunadamente.
Alzó la cabeza al escuchar algo a su costado, una mano posándose en la cabeza de Kiiromaru quien se posicionó para defenderla. Eran un buen par, pero no pertenecían al clan, Kiba por amabilidad se había esforzado para enseñarle el aumento de los sentidos que usaban los Inuzuka, cosa que no era una técnica secreta ya que varios ninja con rasgos animales usaban formas similares de dirigir el chakra a sus sentidos para aumentar el rango de percepción, pero técnicas como el Colmillo sobre Colmillo o Doble Colmillo de Lobo o las transformaciones Humano-Bestia eran tristemente inalcanzables para ellos.
El olfato siempre fue el más molesto de los sentidos para aumentar tristemente.
"Madera, grasa, metal y sangre vieja. Hay alguien aquí, Ibiki. No parece habernos detectado aun, está más adelante en la caverna."
"Retrocede de inmediato."
"No, yo puedo..."
"Sakura, este no es momento para berrinches, estamos muy cerca de Amegakure, debes retroceder."
"La orden fue clara, mocosa. Atrás." Aclaró el animal tomándola de la ropa para tirar hasta poder salir de la cueva, depositándola frente a Ibiki como la había traído.
Aparentemente en plena oscuridad la joven había tenido que arrastrarse por el suelo para no perder el equilibrio en la negrura, así que sus ropas más que grises parecían marrones por la tierra, un escarabajo colgando de su hombro y susurrando maldades en su oído, varios rasguños y abrasiones en sus manos y rostro.
"Ibiki-kun, ¿puedo...?"
"No..."
"¿Y si...?"
"Tampoco."
"Pero..."
"¡Ya te dijo que no, mocosa! ¡¿Cómo pueden causar tanto ruido en una misión secreta?!"
Ante el grito del cánido los dos humanos se giraron al escuchar sonidos provenientes de la cueva subterránea y algo que parecía una explosión menor, comenzando a correr aun antes de detectar la amenaza inminente, porque sabían, que si un perro gritaba, todos a varios kilómetros a la redonda serían capaces de escucharlo.
"¡Kiiroi-kun! ¡Sabes que debes hablar bajito!" Exclamó la adolescente, causando que su compañero de célula se tomara por la frente sin siquiera preocuparse por que estaban saltando de árbol en árbol a toda velocidad. ¿Sutileza? ¿Sigilo? Sakura-san solo usaba esas cosas cuando a ella le convenía, y evidentemente este no era uno de esos momentos.
Tardaron media hora en poner suficiente distancia, asegurándose que no eran perseguidos. Con algo de suerte la persona estuviera demasiado dentro de las cavernas como para no haber escuchado ni sentido todo el ajetreo fuera.
"¿Que información tienen?" Preguntó directo, ya acostumbrado a los cambios de expresión de la pelirrosa, que en este momento portaba la calma y alegre sonrisa acostumbrada.
"Marionetas." Aclaró la chica con la misma simpleza de siempre.
"Explica a que te refieres." En lugar de responder de forma directa lo que hizo fue sacar de su bolsillo algo que era evidente había conseguido en medio de la oscuridad, una pequeña marioneta de escala con cabello castaño la cual estaba atada con hilos, en su cabeza un mechón de cabello lo adornaba cual muñeca voodoo.
"Marionetas con pedazos humanos." Aclaró ella, levantando un dedo para acariciar la 'cabellera' de la marioneta, la cabeza de esta siguiendo el gesto de Sakura de mirar a Ibiki. "Probablemente un laboratorio entero por el olor. Debajo debe haber un médico ninja, solo un médico puede hacer estas preciosidades." Agregó acercando su mejilla a la diminuta marioneta que abrió la boca para lanzar un senbon demasiado cerca de la oreja de Ibiki.
"¿Llamas precioso a un pedazo de persona muerta adherido a un trozo de madera?" Comentó el hombre incrédulo. Realmente la niña lo sacaba de carácter, sus gustos comenzaban a preocuparle seriamente. Especialmente cuando le mostró por primera vez con orgullo sus invocaciones.
Para empezar, aun no sabía de donde había sacado el contrato para dos invocaciones y tampoco por que estas eran tan... repelentes.
"¿Por que siempre es tan amargo? ¡Hiru-sama es un respetable miembro del Bosque Shikkōtsu para su información!"
"Hiru-sama será un respetable miembro, pero también es desagradable, ¿ya has hablado con los Aburame sobre tus contratos de invocación?"
"No, aun no he visto ningún Aburame..."
"Quizá si fueras al campus familiar de los Aburame podrías encontrar alguno."
"¿Donde estaría lo divertido en ello?"
Como un resorte alzó la cabeza, escuchando movimiento entre el follaje húmedo de la zona. Estaban dentro de Ame no Kuni, cerca de una de las pequeñas aldeas que rodeaban Amegakure no Sato, un lugar donde aun se podía apreciar una abundante vida vegetal, contrario a la zona más industrializada que era el centro. El lugar era en varias formas parecido a los alrededores de Hi no Kuni, aunque su flora variaba en la cantidad de humedad que había disponible.
Sin contar lo difícil que era ver en la llovizna delgada, la tenue garua que se pegaba a la piel para dejarla pegajosa.
"Saca el arco, yo guiaré tus tiros." Habló el hombre colocándose delante de ella, que sin dudar de él hizo dos sellos con las manos antes de tomar los pequeños pergaminos que colgaban a ambos lados de su cintura. Del primero, con elegancia salió un arco largo, mucho más alto que su altura, razón por la que no podía cruzarlo en su espalda.
6 meses de empezar a entrenar, Sakura e Ibiki habían encontrado un ritmo aceptable. Nadie entendía realmente a ese par, pero a ellos les iba bien como estaban, Ibiki llegaba temprano en la mañana para comenzar a organizar los papeles y el día, Sakura llegaba tras el almuerzo, a tiempo para comenzar las rondas médicas siendo guiada por él que ya sabía quienes habían recibido el amable 'trato' de Konoha por las mañanas.
Tras las rondas médicas solían salir a los campos de entrenamiento ANBU para que ella fuera instruida. La joven Haruno estaba fascinada por las maravillas que aun tenía por aprender.
Esa fue la primer revelación de que algo estaba mal con la chica fuera de la memoria perdida o las emociones desbordantes o ausentes, y ese algo era precisamente su entrenamiento. La primera vez que le pidió que le demostrara como ella había cargado su muslera, faltriquera y bolso comenzó a tener dudas sobre la capacidad mental de ella, cuando descubrió que a pesar de no recordar a varias personas sí recordaba las enseñanzas, pasó a dudar de las capacidades de Hatake: El jonin no le había enseñado el como debía empacar, así que se había movido hasta ahora con lo aprendido en la academia que era algo limitado y las órdenes de la Hokage, quien no tenía tiempo para esas nimiedades.
"En la academia se enseña de forma estandarizada la mayor parte de las cosas, inclusive el empaque: No puedes esperar que un Akimichi que depende de las calorías que consume constantemente empaque igual que un Inuzuka que son perfectamente capaces de vivir de la cacería o un Hyuga que depende principalmente de su Taijutsu sin armas que un especialista en armas precisamente." Le explicó viendo con desagrado el apenas útil montón de utensillos. Los kunai parecían tener un par de años, solo un puñado de shuriken y ni un senbon, eso sin hablar de alguna especia de veneno como para untar en los filos de las armas. El bolso médico tenía lo básico, apenas hilo dérmico y aguja, desinfectante y algo de algodón. "En tu caso, estás empacando mucho menos de lo que deberías y estos kunai... no sirven, si los usas combinados con tu fuerza solo puede haber dos salidas, o rompes los kunai o te rompes tu, pero nada bueno puede salir."
"¿Entonces? Si mis armas no sirven, ¿que debo hacer?" Preguntó curiosa, mirando sus kunai tratando de ver que era lo que hacía que la expresión de Ibiki se mostrara tan amarga. No les veía nada malo así que comenzó a creer que simplemente se trataba de la sopa de la noche anterior, debe haberle caído mal. ¿O el color? Porque que recordara se había bañado esa misma mañana, así que eso no podía ser.
Fuera de las mil suposiciones que la chica se estaba planteando, la pregunta permanecía, ¿que clase de disciplina podía inculcarle a una joven para mejorar su estado físico y mental? Y si se lo planteaba así, era claramente una disciplina de armas lo que necesitaba, ya habían tratado de incorporarla en las rutinas de Maito Gai tras el incidente, y si bien su Taijutsu hacía justicia a su rango como médica ninja al estar centrado en su esquiva, se había recargado tanto en la nueva fuerza que le estaba enseñando Tsunade que corría el riesgo al no estar aun del todo controlada de que quedara con poco chakra en un combate muy prolongado. Aparte, necesitaba un estilo de pelea que le complemente, eso significaba...
"Kyūdō." Explicó él de repente.
"¿Arquería militar? ¿Cree que funcione?" Preguntó como quien habla de un proyecto, no quien se dedicaría por el resto de su vida a un tipo de entrenamiento físico.
"Probaremos un par de veces a la semana a ver si logramos centrarte en el objetivo."
No había sido fácil, pero al menos había logrado que se centrara en el objetivo y que atinara en él. Lástima que Sakura era una prodigio de forma mental, su control del chakra siendo ayudado en ese sentido, pero el entrenamiento físico era un tema completamente diferente.
No sabía si en ese tema agradecía o maldecía la habilidad de la chica de ser tan... positiva. Gracias a la ayuda de Maito Gai había logrado alcanzar un nivel promedio de velocidad, recién la estaba empezando a introducir a las pesas más altas, necesitando su soltura para poder manejar con mayor facilidad el arco Yumi y la velocidad de disparo.
Pero a pesar de todo, no se arrepentía de introducirla a este estilo de ataque. Un tiro, una vida, las distancias alcanzadas eran mucho mayores que las de un simple kunai aunque más difícil manejarlas, lo ideal para un médico, el no estar en medio del combate y si se sincroniza lo suficiente con su compañero, sus ataques pueden llegar a ser letales. Era consciente de que Sakura estaba tratando de dominar el sello Fuerza de un Centenar, sin embargo, prefería verla detrás que luchando al frente.
"Primer 'Haya' a las 02 45º 156m" Fue lo que dijo, al momento pudo sentir el movimiento de chakra desde detrás suyo antes de alzar un muro de tierra delante. Antes de que las rocas se alzaran pudo ver con el diminuto brillo en la punta de la flecha iluminaba al enemigo antes de atravesarlo en limpio.
Era una marioneta. Debían salir de aquí a velocidad porque donde había una marioneta, había dos, los especialistas en ese arte mínimamente solían manejar dos marionetas al mismo tiempo, así que podía contar con tres enemigos simultáneamente, uno de los cuales podía fácilmente nunca presentarse.
"No siento la presencia de un enemigo real, interrumpí los hilos de chakra del marionetista." Aclaró la chica a la espera de que el hombre diera la orden, presintiendo que esto no sería tan fácil como habían suponido.
"Prepara la otoya, no dispares hasta que no te indique." Le recordó, a lo que la chica con el tacto buscó la flecha femenina, sosteniéndola entre dos dedos y alistándose para el disparo. El anterior había atravesado el 'corazón' de la marioneta, haciendo interferencia con los hilos de chakra, sin embargo, para no poder sentir la presencia del enemigo de carne y hueso implicaba una habilidad superior, a tal punto que esta persona podía manejar marionetas a kilómetros de distancia fácilmente.
Si era así, debía haber algo con que los debería estar viendo.
"4 60º 40m" Ordenó, causando una reacción automática de parte de ella que se giró levemente hacia atrás para disparar, nuevamente el chakra iluminando por un instante la punta de su flecha antes de golpear lo que parecía un ojo adherido en una marioneta pequeña de madera.
Iba a hacer un baile de victoria antes de que Ibiki tomara el arco de sus manos y se lo cruzara él antes de subirla o mejor dicho arrojarla al lomo del perro gigante.
"Vamos, no descansaremos hasta las fronteras de Hi no Kuni."
No hubo más intercambio de palabras, Ibiki cubriendo la espalda de su compañera mientras el perro trataba de usar sus sentidos para registrar el camino de antemano. Fue varios kilómetros de distancia, a poco de cruzar la frontera al País del Fuego cuando se detuvieron por anuncio de Kiiromaru.
"Un grupo, de Konoha, al frente." Aclaró reconociendo los olores, a lo que bajaron de las copas de los árboles para no parecer amenazantes.
"ANBU." Comentó la chica al aumentar sus sentidos e identificar los olores por un grupo de enmascarados de la aldea, a lo que el hombre posó el arco en manos de ella con un gesto significativo: Serían ANBU y serían de Konoha, pero hasta no estar en los límites de la aldea no se acababa la misión, por lo que debía mantenerse en guardia ante una posible amenaza.
"Morino Ibiki." Habló un hombre de cabello castaño al frente del equipo, ojos negros viéndose entre las rendijas de los ojos de la máscara que recordaba algún tipo de felino.
"Tora-san." Asintió el hombre, apenas mirando de costado a un miembro del equipo que se presentaba ante ellos, el distintivo cabello plateado que desafiaba la gravedad y el único ojo oscuro que se podía vislumbrar. Aunque el estudio del hombre para los presentes no parecía siquiera llamar la atención de la joven de cabello rosa quien hablaba por lo bajo con su compañero animal, al cual abrazaba por el cuello, su cuerpo completamente extendido en el lomo del cánido.
"Estamos camino a una misión, ¿necesitan asistencia médica?" Preguntó el ANBU acercándose para verles más de cerca, el sujeto de cabello plateado caminando directo a la chica que no se enteraba lo que pasaba hasta que vio la espalda de su compañero quien bloqueó el paso del ANBU, desatando una guerra de miradas entre ellos.
"Sakura-san es médica, no necesitamos asistencia aunque agradeceríamos una Hyōrōgan si tienen disponibles." El hombre observó al grupo, notando como dos permanecieron más atrás, un Hyuga por lo que pudo notar, el cual se quedó vigilando el perímetro permitiendo que Inu y Tora se hicieran cargo del duo.
Sin dudarlo, Tora sacó una píldora de soldado de su bolsa, extendiéndola a Ibiki el cual la inspeccionó de cerca antes de colocarla en la boca de la obediente pelirrosa, la cual mordió y quitó un trozo para ofrecerle al perro que le cargaba.
"Ibiki-kun, ¿tu no necesitas?" Preguntó la chica con intención de partir otro trozo y pasarlo a él, el cual le golpeó en seco en la boca causando que dejara de hablar y tragara al punto de atorarse y ponerse roja.
"No necesitamos más, seguiremos nuestro camino." Anunció el jefe de interrogación con un asentimiento de la cabeza antes de indicar a su compañera, la cual evidentemente seguía sin enterarse de como un único ojo oscuro analizaba sus movimientos.
El reporte había sido largo, por suerte su compañera era prolija y ordenada, aunque sus reportes no podían ser presentados directamente a la Hokage desde la vez en que uno de ellos fue titulado, el título del reporte fue 'El heroico rescate de la doncella de la ensalada, el escape del zorro y el dios del Mar', en medio de su reporte comenzó a contar como tuvo un sueño donde un dios Shinto había tratado de domar un zorro de varias colas ("Estaba muy preocupada como para contarlas, pero tenía más de dos.") y como el zorro estuvo tratando de salvar a una doncella... el resto no llegó a leerlo, la Hokage le dijo que no quería volver a leer tonterías al respecto, que debía hacerse cargo de los reportes a partir de ese momento...
De los reportes de ella, además de los de él, porque necesitaban de los dos. Así que concluyeron que él dictaba y ella escribía, aunque a veces algunas cosas se le escapaban a la vista, como un sutil pedido de mantener la pequeña marioneta hallada en el refugio de Ame no Kuni. La cual para desgracia de ellos descubrieron tenía un sello muy particular.
"Akasuna no Sasori..." Comentó la Hokage mientras inspeccionaba la pequeña marioneta que parecía tener vida propia en manos de la pelirrosa. "Debo suponer que se ha aliado con Amegakure, no creo si no que pudiera permanecer tan cerca en un lugar tan evidente sin ser atacado pro los Shinobi de esa aldea con el precio a su cabeza."
"Hubo otra técnica antes de que nos fuéramos, se trata de explosiones, debe tener un aliado allí fuera." Explicó el hombre, la chica dedicándose a usar técnicas de sanación con chakra en el perro, el cual ya resignado tras medio año de lo mismo se dejó ser.
"Muy bien, pueden retirarse."
"Sakura-san, ve a casa, mañana te espero a la hora de siempre en la oficina. Yo me quedaré un poco más que tengo algo que discutir con Hokage-sama." El hombre le dirigió una media mirada al perro para asegurarse de que este se llevara a la chica.
"Ibiki, ¿que necesitabas hablar?" Preguntó la mujer rubia con una mirada entrecerrada en sospecha.
"Nos cruzamos con el equipo ANBU de Hatake. No estoy del todo cómodo con el hecho de que interactúen aun." Las palabras eran tensas incluso para el intimidante hombre que se cruzaba de brazos en un intento de ocultar el espasmo de sus músculos.
"Kakashi no sabe nada del asunto, así que a menos que ella haya abierto la boca y como siempre haya dicho algo vergonzoso, no creo que sospeche nada."
"Me llamó Ibiki-kun..." Casi ladró, sus ojos rasgados entrecerrándose aun más.
"Probablemente no quieras lidiar con Kakashi ni hoy ni nunca por las dudas, nunca entendí lo que pensaba ese hombre, no creo que comience a entenderlo hoy, pero siempre me ha dado vibra de que no será fácil lidiar con él cuando se entere lo que está pasando." La respuesta a las palabras de ella fue un gruñido de molestia de parte del hombre que se dio media vuelta con el objetivo de retirarse de ese lugar, sin siquiera llegar a ver la media sonrisa que la Hokage portaba a sus espaldas.
"Dime que hay una buena razón para que estés aquí."
No iba a mentir diciendo que su departamento era el más seguro. La sola idea de que él viviera allí era una garantía a la privacidad, ya que solo idiotas entrarían voluntariamente al lugar. Más de una vez había visto ladrones señalando el modesto departamento como el menos seguro a los alrededores solo para ver el nombre en la puerta y salir corriendo como las niñas que eran.
Nadie entraría allí, nadie salvo una persona.
Había entrado, dejando las botas acomodadas, notando unas botas ninja arrojados desordenados, resignándose a tomarlos y dejarlos a un lado. Caminó a la cocina solo para descubrir los utencillos sucios y un plato torpemente armado de arroz salteado con carne y huevo el cual comió, alegrándose de que en comparación a la última vez, este plato se encontraba con gusto agradable, quizá no perfecto pero mucho mejor. Con el estómago lleno pasó por la sala con rumbo a la ducha, un enorme perro que se encontraba recostado en el sillón siendo acariciado por una marioneta diminuta. Se asomó en su baño y notó su ducha húmeda, el trapo que guardaba para secar los azulejos mojado, aceptando que al menos se había tomado el trabajo de limpiar tras ducharse, pero debiendo mover el pato de goma que descansaba a un lado de la bañera y el jabón al igual que un nudo de cabello largo, por suerte también había dejado preparada la ropa para dormir, unos pantalones de algodón y ropa interior. Finalmente caminó a la habitación para descubrir su cama en uso, haciendo que se sintiera como el viejo cuento de Risitos de Oro; en este caso eran Risitos de Cerezo, ya que la cabeza de melena rosada se asomaba por debajo de la manta en su cama.
"Mama y Papa no están en casa. Mama se fue a una misión y papa se fue a ver a su familia al País de las Fuentes. No me gusta la noche cuando mama no está." Explicó, los grandes ojos verdes asomándose entre los abrigos, sin preguntarle se movió un poco al costado para hacerle espacio sin pensar en todo lo que podía estar mal de que su superior y compañero de equipo durmiera en la misma cama que ella. Y la verdad, no tenía ganas de decirle precisamente eso, realmente estaba agotado de solo pensar en que Hatake se metiera en medio de ellos.
Esa línea de pensamientos fue interrumpida de golpe, solo para recomenzar. Si, era un bastardo egoísta, no había tenido un compañero de equipo en años, al menos no uno que no se escondiera, el positivismo irritante de la chica era agradable, el hecho de no poder intimidarla y que fuera capaz de aprender a buena velocidad para no tener que ir más lento era algo que realmente apreciaba. Solo tenía que asegurarse de que Hatake no interviniera, ni él ni el chico Uzumaki.
"Ibiki-kun, ¿puedes dejarme la lucesita con forma de perro?, ya es hora de dormir." Declaró la chica, dando media vuelta y tapándose bien para indicar que ya estaba lista para la noche. "¿En que te quedaste pensando?"
"Debo arruinar la vida a alguien." Declaró de golpe, decidido a que si él iba a sufrir la inutilidad del Jonin-sensei de su compañera de célula, entonces él se iba a hundir con él también.
"¿Una vida de misiones clase D?" Preguntó ella mientras se acomodaba, dando unas palmadas a su lado, el hombre sintiéndose como un gran pervertido pero sin poder evitar el ceder ante la chica que no parecía tener sentido de la auto-preservación.
"Algo así..." Se recostó dándole la espalda. Más que Rango D, Hatake se iba a encontrar en una interesante línea de misiones.
