HEX
Hubo un intercambio de miradas entre Omi, Raimundo y Kimiko. "¿Se conocen o no se conocen?". Los otros dos agentes miraban según quien hablaba en el momento. Era un clímax de tensión que se produjo en el ambiente. Kimiko jadeó, bajó la cabeza.
-Nos conocemos –Raimundo se acercó a donde estaba Kimiko y le entregó en efectivo sus servicios por lo de la otra noche así como también su teléfono- Ella fue mí chofer y quien amablemente me llevó a medio camino hasta mi casa, se fue sin su paga –Kimiko no sabía si botarle el dinero por la cabezota o solo aceptarlo frente a todo los agentes. No quería relacionarse con él de esa forma, lo harían parecer muy dudoso. Solo se quedó paralizada, apretando el dinero en shock, solo pudo mirar de reojo a Omi.
-Bien, omitiendo las escenas que ocurrieron brevemente, prosigo –Continuó Omi- Nosotros damos nuestros servicios a la gente, pero fundamentalmente por la vida de la familia del presidente, ya tenemos agentes encubiertos en su casa y que persiguen a todas partes a sus mismos miembros por evitar que alguien atente contra su vida, empero no hemos podido proteger a uno de la familia, no porque todo el tiempo le lanzan balas sino por cuestiones de cartas de renuncio... Srtas. Kimiko y Keiko, ustedes se ocuparán de esa personita, serás sus guardaespaldas personales y evitarán que algo malo le pase o será sus culpas, no es porque quiera sino porque son órdenes inmediatas superiores, ya tiene un horario establecido para su entrenamiento y el resto del día estarán con esa persona cuando salga... Eh, al menos que la necesitemos para otros asuntos –Musitó, entregándoles unos informes- En cuanto a usted Sr. Jermaine Marsden, usted se quedará conmigo como asistente –Dijo finalmente.
-¿Y esa persona a la que cuidaremos, es un "ella" o no tiene nombre? –Preguntó Keiko.
-Megan, es la hija del presidente –Contestó Omi. Pasado los segundos, habían llegado a la casa del presidente Dashi que las recibió gratamente. Era una hermosa casa que estaba casi fuera de la ciudad. Contaba con unos hermosos jardines llenos de arbustos con rosales y otros podados de una forma especial, una fuente en el centro, cerámicas que figuraban un sendero hasta una casa estilo zen. Había campanillas y siempre pegaba un olor a incienso en cada habitación que por poco no habían puertas si no arcos de entradas, sirvientes que vestían glamorosos trajes de seda que recordaban a la antigua y la bella tradicional China, muchos objetos de cerámica como el jade que decoraban como otros artilugios decorativos.
-Les agradezco que estén aquí –Dijo, según habían oído, el presidente era un "fanático" a la cultura de su país y un tanto excéntrico, algunos aseguraban que tenía "alma de niño"- Ella les encantará recibirlos, le gusta tener nuevos amigos, si grita es porque todavía no supera el problema de su madre y no ha tenido buenos días en el colegio... –Los llevo hasta su cuarto, tocó su puerta- Megan, tienes visitas...
-¡No quiero tener visitas a estas horas, no estoy de humor, puedes decirles que se vayan por donde vinieron!
-Megan, no seas grosera, dales una oportunidad… –Dashi abrió la puerta, bajó la cabeza al mismo tiempo que se hicieron a un lado Kimiko, Keiko y Raimundo cuando les arrojó algo.
-No quiero más guardaespaldas, no necesito protección.
-Debes entender que es por tu bien, hija, no tienes que comportarte de esa manera.
-Antes de ser el presidente, eras mí padre, antes de ser tú reino, ¡Era mí reino! ¡No quiero a unas guardaespaldas así sea que no tenga que salir jamás de mí casa! –La habitación de Megan era una habitación rosa chillón por todos lados, estantes con peluches y muñecas, un tocador para maquillarse a una esquina, un armario electrónico, una tablet y un escritorio.
-Sí quiere guardaespaldas –Dashi se volteó sonriendo rígido- Tiene el sentido del humor de su padre, no le hagan caso –Rió nerviosamente, bloqueándole la vista a los agentes.
-¡Yo no dije que quiero guardaespaldas, si vuelves a manipular todo lo que digo, te juro...! –Megan lo acusó con un dedo con actitud vanidosa, pero se dio cuenta de la presencia de Raimundo entre sus guardaespaldas- Oye, a ti no te había visto, ¿Serás mi guardaespaldas?
-No, el Sr. Pedrosa está aquí solo de paso, sus esbirros serán las Srtas. Kimiko y Keiko… -Megan soltó un berrinche, arrojándoles otra almohada, volvió a esconderse en sus sábanas.
-Creo que no nos quiere –Susurró Keiko. Kimiko soltó una risita, asintiendo con la cabeza.
Luego de haber hablado un poco con el presidente se despidieron, de regreso a la base. Pues habían acordado dar un pequeño adiestramiento en el salón con el Maestro Fung. Fueron guiados hasta un enorme salón espacioso. El piso de madera, paredes de papel y colchones extendidos. Una decoración de pergaminos con tinta china. Y de un lado el maestro.
-Tengo el honor de presentarles al Maestro Fung, es el "entrenador" que pone en forma a todos nuestros agentes y un gran maestro en el arte de la meditación, no solo en el arte marcial, para mí es más que eso, es como un padre… –Susurró Omi. Los agentes ofrecieron su mano, pero el viejo zen prefirió dar una reverencia. Decidieron responderle de la misma forma. No era una persona de muchas palabras y si abría la boca era para decir algo sabio.
Él decidió ponerlos en parejas para que lucharan entre ellos y mejoraran sus tácticas, luego de darles el gi (un kimono y un pantalón holgado). Para sorpresa de Kimiko, su pareja para el enfrentamiento fue Raimundo: Oye, si tú... –Hizo un gesto con las manos. Ella lo tomó por el brazo, ejerciendo el peso de fuerza sobre su hombro, lo volcó. Raimundo estaba en el suelo, sorprendido. Kimiko le dio una sonrisita.
-Para ser menudita, eres fuerte, ¿Cómo pudiste hacer eso? –Raimundo se levantó.
-¿Qué cosa? ¿Esto? –Lo volvió a volcar- ¿Te refieres a eso? Un pequeño truco que aprendí, soy una muchacha que vive en la ciudad, tengo que defenderme... Y "ese" fue por dejarme como lunática frente a todos –Gruñó, le extendió la mano. Raimundo la tomó, lo ayudó a subir: ¿Y cómo era ese truco? Me gustaría que me enseñaras –Kimiko asintió.
-Así –Kimiko tomó su brazo, a punto de volverlo a volcar. Raimundo interpuso en su pie en el tobillo de la chica, intercambiando posiciones. Kimiko cayó al suelo. Chillando. Sentía el dolor fuertemente, creyó que se había lesionado. Todos los practicantes corrieron hacia donde estaban ellos. Creyendo que Raimundo la había volcado. Éste lo negó, aludiendo que Kimiko había "tropezado", pero estaba dispuesto a "enmendar su error".
-¿Cómo? ¿A enmendar tu error? ¡De ninguna manera! –Kimiko se levantó, pero se volvió a sostener de los estudiantes, Raimundo sonrió y levantó a Kimiko en brazos- ¡Bájame! ¡Yo estoy muy bien, puedo caminar sola! –Chilló Kimiko. Pero Raimundo no la bajó por mucho que pataleara. La metió en su coche, conduciéndola directo a su casa, luego de que estuvo un rato tratando de convencerla que era el único que podía llevarla, era una oferta única que hacía ya que era una mujer. Apenas llegaron a puerta de su edificio. Bajó del auto, cojeando se dirigió a las escaleras, incluso se desmoronó chillando. Raimundo no dudó en "ofrecer sus servicios", llevándola personalmente a su apto.
-¿En qué piso?
-El último.
-¿Por qué tan lejos?
-Estoy coja por tú culpa –Gruñó. Raimundo llevó a Kimiko hasta verla completamente a salvo dentro de su apartamento, sentada sobre su sofá. No era un lugar muy lujoso a decir verdad, cómodo y sofisticado. Algunos electrodomésticos, equipos electrónicos, muebles cómodos, una cocina a la derecha a simple vista y un constreñido pasillo que seguramente conducía a otras habitaciones. Raimundo soltó un comentario: "Bonito". Kimiko lo miraba fijamente, parecía enfadada, masculló algo entre dientes.
-Ahora ponte un hielo, conduce con cuidado y no te lastimes -Kimiko gesticuló con la boca, pero no pudieron salir palabras sino ligeros susurros que fueron parte del viento, contempló cómo se alejaba. Raimundo bajó rápidamente las escaleras. Ya anochecía. El momento era perfecto para infiltrarse al cuarto de expedientes. Miró su celular, sonrió, por suerte podía ir a tomar una foto. Montó sobre su vehículo, haría una parada antes de ir a casa. Estacionó su vehículo cerca. Se bajó. Se dirigió al edificio y repitió el procedimiento de siempre.
Notó que todas las luces estaban apagadas. Según el mapa que le mostró Omi, el cuarto se hallaba detrás de ésta habitación, un lugar escondido, un pasadizo secreto anti-chismosos. Fue hasta la computadora. Oprimió unos botones, pero no supo como entrar. Hasta ver a la enorme escultura de SPX. Se acercó un poco más. Notando un botón rojo, en el lomo de la S. Lo oprimió. Una pared desocupada mostro acceso a unas escaleras secretas. Subió.
Era un cuartico con una ventana, poco espacioso y repleto hasta muebles de archivos. Cada gaveta tenía enmarcada una letra. Fue primordialmente a la "J", abrió la gaveta y comenzó a registrar cada informa de las carpetas de manila que tenían anotado el nombre en la parte superior.
-Jack, Jack, Jack... –Buscó, justamente halló un documento que tenía la inscripción de: Jack Spicer. Lo sacó, luego sacaría el de los otros tres. Jack Spicer era su primera misión. Abrió el expediente. Sacando un bolígrafo que venía instalado con una lucecita que le sirvió como linterna, revolviendo los papeles. Observó su foto. Soltó un resoplido. Siguió viendo todo, sacó su celular empezó a tomarle fotografías a cada página. Mientras leía por encima. Fue el último miembro en ingresar en la organización anterior. Aportó más cabeza que acciones físicas, por lo visto era un inútil. Se especializó por cubrir gasto que necesitaban como dar artefactos tecnológicos que beneficiarían a la SPX, parece que de cuna fue un niño rico. Se separó de la organización un año después del "pequeño incidente borrado". Sus relaciones con los demás miembros parecieron romperse puesto que jamás volvió hablar con ellos. Se dedicó por completo al servicio de su empresa, realizó muchas donantes para caridad y misteriosamente contrajo convenios con HEX.
-Ese nombre otra vez, estaba inscrito en la bala de mí padre, Dyris lo mencionó... La última vez no pudo responderme porque cayó dormida luego de las copas, tendré que salir con ella una vez más si quiero saber qué es eso –Decidió.
Kimiko despertó muy temprano para ir a su trabajo, no se movió después de que Raimundo la dejara en su sofá, tomó una sábana vieja y se la puso encima. Para cuando se levantó, el dolor era más leve. Recordó con decepción que tenía que atender a la pretensiosa hija del presidente, pero si quería ese empleo debía de hacer todo lo que le pidieran. El coche negro de la SPX pasó a recogerla puntualmente al haber bajado las escaleras, la ventana medio se abrió, ahí estaba Keiko: Nena, ¿Qué te pasa? Tu cabello está alborotado, deberías peinarte.
-Supongo que eso es lo que pasa cuando duermes en un sofá –Dijo rascándose la cabeza.
El coche pasó a recoger a la condescendida hija del presidente, su próxima parada sería la universidad. Megan soltó un comentario hosco al aspecto desliñado de Kimiko: Pareces una campesina, pero eso es lo que eres –Kimiko decidió contener su enojo, Megan entró al auto.
En la universidad, Megan se sentó en la última fila. Kimiko y Keiko se posicionaron detrás de ella. Atendiendo a una aburrida clase. De seguida al terminar, una muchacha se acercó.
-Megan, aquí tienes... –Kimiko la derribó Incontinenti cuando se acercó atropelladamente hacia la hija del presidente- ¡Por favor, no me lastimes!
-¡¿O sea cuál es tu problema mental? ¡Déjala en paz! –Megan empujó a Kimiko, ayudando a subir a su compañera que le entregó sus apuntes, diciéndole gracias por dejarla copiarse en el examen, luego se dirigió a sus guardaespaldas wudai- Oigan, por la misma razón en la que las tengo a ustedes, es porque no tengo amigas, papá no entiende eso, pero no solo soy la hija de él como todos dicen sino también una adolescente normal que también necesita su espacio personal –Gruñó Megan, luego de que salieran de la universidad y se dirigieran al auto. Kimiko se sintió un poco culpable por lo hecho anteriormente. Se disculparía.
-Oye, Megan, siento mucho lo que pasó, prometo que no volverá a suceder... Son solo...
-Sí, solo órdenes, es todo lo que todas dicen, pero eso no va a cambiar nada, ¿Verdad? –Dijo ella con voz chillona, Kimiko bajó la cabeza- Oh, vamos, quita esa cara... Si vamos a ser amigas, debemos perdonarnos en todo momento, he planificado una actividad en la que nos podemos divertir las tres juntas, ¡Tengan! –Megan les entregó dos bolsas de compras, al abrirla eran vestidos coquetos lujosos- ¿No pretenderán que vayan con esas fachas?
-¿A dónde vamos? –Inquirió Keiko, examinando el vestido.
-A la disco –Sonrió Megan. Cuando dijo que iban a la disco, no bromeaba. Kimiko y Keiko se habían puesto los vestidos cortos que les llegaban un poco más arriba de las rodillas, ella lo había hecho apropósito. Se habían sentado en una mesa, con sus posturas de guardianas, viendo a Megan bailar. Kimiko estaba un poco incómoda, era la primera vez que estaba en una discoteca, no creía que era lo adecuado, pero se lo toleró porque era cierto lo que había dicho esa mañana. Las luces le reflejaban en la cara, la música resonando hasta romper los tímpanos, la gente bailando hasta tarde, el licor pasaba entre las meseras, mesitas por allí y la locura era quien llevaba la corona y batuta de esa noche.
-¿Qué les pasa? ¡Están en una discoteca, no pueden quedarse ahí como estatuas cuando la diversión está aquí, vengan!... –Keiko fue la primera en levantarse, por ser quien lo dudaba desde un principio, lo primero que hizo fue mecerse- ¡No, querida, la cadera, el truco está en la cadera! ¡Tienes que verme cuando me muevo de verdad! ¿Kimiko, no vienes?
-Prefiero a polvearme la nariz, con permiso –Kimiko se levantó al baño. Para cuando se dio la vuelta, se percató que ellas no eran las únicas que estaban allí. Raimundo y Dyris estaban sentados en una mesita en otro acto de besuqueo. No entendía porque tenía una sensación de incomodidad al verlos, se dio la vuelta, marchándose. Raimundo estrechó a Dyris entre sus hombros: ¿Así que dime, amor? ¿Qué es tan importante para tu novio haya dejado a un bombón como tú, qué hace ahora que no pueda estar contigo?
-¿Pelusita?... Yo que sé, rompí con él anoche, porque tú me gustas mucho más que él... Eres mejor que él en todos los sentidos, la otra noche me sentí muy viva, Rai –Sonrió Dyris. La sonrisa de Raimundo se opacó. Entonces sus servicios no eran útiles. Perdió su tiempo.
-Cómo lo siento, pero aún más lo siento, cuando te cuente una verdad aún peor...
-¿Qué verdad? –Inquirió un poco seria, besando sus labios.
-Tengo novia –La miró a los ojos, Dyris frunció el ceño y apretó los nudillos: "Mientes"- No, es la pura verdad, soy un hombre comprometido... Ahora rompamos nosotros –Kimiko salió del baño, dirigiéndose hacia donde estaba Keiko. Que estaba bailando, percibió que no estaba Megan por ninguna parte. Tocó su hombro, deteniéndola.
-¿Y la hija del presidente?
-Ah, está aquí... –Señaló a donde no estaba nadie. Miró a Kimiko con cara de horror. Las 2 se lanzaron desesperadas en su búsqueda. Kimiko dijo que la buscaría por la discoteca, y la otra buscaría a las afueras de la discoteca. Kimiko fue en busca por todo el lugar, veía a un montón de jóvenes adultos bailar, pero no estaba Megan con su chaqueta rosa imparable. Y justamente cruzaba hacia ella, Raimundo con Dyris por detrás, estaban discutiendo.
-¿Y sí es así? ¿Dónde está tú novia? –Chilló Dyris.
-Raimundo que bueno que te encuentro, ¿Has visto a Megan? –Indagó Kimiko desesperada. Raimundo no dijo nada si no que tomó el rostro de Kimiko entre sus manos, dirigiéndolo hacia él, sus labios se encontraron en un apasionante beso frente a millones de personas. La chica puso los ojos desorbitados, no podía creer que estaba haciendo. Dyris echaba humo. Raimundo se separó de Kimiko, sintiendo su aliento cerca de él. Kimiko estaba en shock.
-Hola, amor –Dijo él con voz seductora, Kimiko tenía los ojos desorbitados y en la misma pose, ese beso había arrancado todas las palabras de su boca. Dyris estaba llorando rabiosa.
-¡Bien, disfruta tu vida con tu novia! –Dyris jaló a Raimundo hacia ella y lo cacheteó. Él se tocó la mejilla, viéndola contonear las caderas mientras se dirigía furibunda hacia la salida. Keiko vino agarrando a Megan del brazo bruscamente, llamando a Kimiko.
-¡Kimiko no tienes que preocuparte, amiga, la encontré escabulléndose con sus amigas tras un árbol, creo que está pasada de copas!
-Eso no es verdad –Chilló Megan. Kimiko no pareció oír nada, solo miraba a Raimundo sin poder parpadear, sin poder respirar, sin poder decir nada.
-Gracias Kimiko, aquí está mi gratitud por tus servicios–Raimundo tomó su mano, dándole un dinero. Kimiko tragó saliva, parpadeó, su habla había vuelto a ella, ahora lo recordaba todo. Ella le votó el dinero por la cabeza, parecía indignada.
-Entiéndeme: No soy tú chica ni quiero que me pagues, no todo se soluciona con dinero, el dinero no ha podido solucionarme la vida porque no quiero... No es así –Gruñó Kimiko.
-No te pongas así, ¿No me digas que ese fue tu primer beso? –Rió Raimundo. Kimiko llevó las manos a su boca, prefirió no responderle, solo fue hasta donde estaba Keiko.
-Vámonos, es hora de llevar a casa a Megan, yo conduzco... Ustedes han bebido mucho –Le dijo. Kimiko llevó a Megan a su casa sana y salva, sin recordar los indecorosos ocurridos y a Keiko, igualmente. Kimiko después fue hasta su casa, cerrando la puerta tras ella, suspiró profundamente, volvió a deslizar sus dedos por sus labios, recordando cómo se sentía. Aún no sabía cómo describir lo que sintió en ese momento: Rabia, incomodidad o felicidad. En verdad, ese sí fue su primer beso.
Omi estaba comiendo trituras de papitas mientras monitoreaba a CosmosXiaolin. La puerta se abrió tras de él, alguien se acercaba. Actuó como si nada. Era un día posterior.
-Mí señor, llegó un reporte desde varios centros de salud...
-No es mi problema que haya insuficiencia en los doctores o que los equipos que manejan sean un disparate...
-Desastre.
-¡Eso también! Como sea para eso existen los tipos que dirigen esta ciudad para remediarlo.
-Pero este no es cualquier reporte y no es por los hospitales sino las personas que llegan a él –Dijo Jermaine. Omi mordió la papita mientras lentamente se volteaba hacia él. Le arrebató el sobre de manila, leyendo los informes detalladamente. Sus ojos se pusieron desorbitados.
-Vaya, vaya... Esto es interesante, llamen a todos los agentes, necesitamos una reunión.
Jermaine asintió con la cabeza, oprimió una tecla y dictó el mensaje para todos. Ellos tenían un intercomunicador para comunicarse con noticas de gravedad, ellos recibieron la noticia y partieron de inmediato. Todos los agentes se mostraron por delante de la pantalla donde estaba Omi. El primero en asistir fue Raimundo. Kimiko, Keiko, también estaban ahí. Clay se presentó de último.
-Lamentos de sacarlos de su rutina diaria, pero lamento informarles una noticia de gravedad –Omi oprimió una tecla, inmediatamente la pantalla mostró un gráfico- El siguiente gráfico muestra un índice de personas que han sido afectadas por una grave alergia que ha azotado a nuestra pequeña comunidad paradisiaca, esta alergia es un poco más complicada según las fuentes de hospitales que han comprobado que la presión arterial de las personas disminuye y una palidez amarillenta que denotan una falta de energía en las personas, debilitándolas en pocas palabras, hay una cosa que hace que esto sea producido y nuestros médicos ya han descubierto la causa... –Omi presionó una tecla, mostrando un logotipo de una empresa que se le hizo muy familiar a Raimundo: HEX- ¿Reconocen esto?...
-¿Qué es HEX? –Preguntó Raimundo en voz baja.
-HEX... Es Harina Exprés –Dijo Omi como si hubiera leído la menta de Raimundo- Una compañía que ha sido últimamente "patrocinada" o mejor dicho, una compañía creada por la mente dueña de Spicer Compañías. O como se llame... Para averiguar qué demonios está pasando, he escogido a dos agentes para que vayan e investiguen esto yendo al corazón de esta compañía: Raimundo Pedrosa y Kimiko Tohomiko, ¿Nos harían los honores? –Indagó Omi- Creo que sí todo sale como pienso, el Sr. Spicer será sometido a una investigación en que dudará por cuántos días seguirá paseando por las calles a una estadía larga en la carmel.
-Cárcel.
-¡Eso también! Pueden retirarse –Ordenó Omi, él se volteó, dándoles la espalda.
Kimiko estaba muy sorprendida que el líder los había puesto junto con Raimundo. Pero él ya había dicho: "Yo dicto las órdenes y ustedes las cumplen". Raimundo y Kimiko fueron al estacionamiento.
-Yo conduzco –Dijo Raimundo. Tomaron asiento y se dirigieron hacia la compañía HEX.
El auto ya tenía las coordenadas para dirigirse hacia la compañía, así que no fue necesario que condujera. La fábrica estaba un poco afuera de la ciudad. Parecían varias torres, una más grande que la otra. Tres desde la más grande hasta la más pequeña, las otras parecían un "cuadrado" recto por tener el mismo tamaño. Ambos entraron en las oficinas principales y fueron conducidos a la "torre norte" donde estaba el cerebro de todo. Vieron como los operadores fabricaban la harina a simple vista no se veía dañino, pero todo era diferente una vez ingerida en el buche. Un hombre ocupaba la oficina principal. Rubio con una pollina que cubría su mirada, corpulento, con una camisa rosa y pantalón café de cuero, tenía un acento notable como Clay, salvo que éste era ruso. Se presentó como Vlad. Kimiko empezó sutilmente insinuando que según fuentes "creíbles", muchas personas llegaban a hospitales presentando síntomas de alergia por haber consumido su harina, más que todo era niños y personas pobres. Vlad desmintió todos aquellos rumores, nada malo estaba ocurriendo con su harina y no entendía semejante interrogación.
-Porque nos preocupa la salud de nuestra gente, no quiero ver a las funerarias inundadas por muertos a causa de un error humano –Comentó Raimundo, cruzando los brazos.
-Esta harina viene de nuestros mejores lugares de extracción, su calidad es cien por ciento asegurada que no hay nada malo en ella, si esos miserables se mueren... Es a lo mejor que tienen las manos tan sucias que contaminan la harina, el Sr. Spicer ha hecho una generosa contribución con aportar comida a centros de orfandad, por ejemplo y los malagradecidos le pagan inventando chismes sin fundamento... Y yo les advierto que si ustedes no abandonan esta oficina –Vlad cerró frente su nariz una carpeta cuando asomaba la mirada- Llamaré a los guardias para que les pateen el culo directo hacia la calle, llévese esto, Srta. –Dijo Vlad al entregarla a una mujer la carpeta que fisgoneaba Raimundo, él captó a donde la llevaba.
-Oiga, nosotros venimos de buena gana y por voluntad de nuestro jefe, no tiene derecho a…
-Kimiko, déjalo...
-Pero...
-¡Déjalo, ahondamos lo suficiente: Tiemblan ante nuestra presencia en este lugar, vámonos! –Raimundo la llevó del hombro, directo a la salida. Kimiko aún buscaba su mirada. Él la enfocaba hacia Vlad, que al poco tiempo de irse, pareció enviar un mensaje por fax a cierta persona. Raimundo sospechó que estaba alertando a Jack. Kimiko se zafó de Raimundo.
-Un momento, tengo que ir al baño de mujeres –Murmuró Kimiko antes de irse. Raimundo medio sonrió, eso le daba el tiempo de apoderarse de esa misteriosa carpeta, pero primero tenía que sacar a toda esa gente en el edifico. Y tenía una idea. Raimundo se dirigió hacia el primer cubo de basura que halló. Por suerte llevaba un encendedor en el bolsillo, lo prendió y echó sobre el cubo de basura. Lo empujó. El humo de la quema de basura emprendió a bombardear el edificio, alertando a las personas. Raimundo activó la alarma de emergencia. La gente salió corriendo como loca, huyendo del edificio. Kimiko tuvo que evacuar como desesperada mientras la pisoteaba la gente. Buscando a Raimundo. Él tomó un riesgo, al agarrarse de la barandilla del otro lado, caminando hasta rodear el piso y luego pasó por el otro lado. Llegó hasta el cuarto donde la secretaria llevó la carpeta. La reconoció entre los estantes. La abrió y ojeó por encima, sacó su celular, tomándole foto a cada página.
-A juzgar por las páginas, meramente esto es un registro de cada transacción y movimiento de la empresa que le cuenta Vlad a Jack; si todo es como pienso, este asunto es mucho peor de lo que parece o de lo que piensa Omi... Solo una palabra para esto: Contrabandistas.
A/N: Sí, mis capis realmente son muy largos y este iba a ser más largo, pero para no abrumarlos, decidí dejarlo hasta aquí.
En mi punto de vista como visitante, diría que se está poniendo bueno y no sé como iría la cosa, solo es sabido dos cosas: Hay algo raro en la harina que hace que la gente se enferme y parece ser que esto va mucho más allá.
En mi punto de vista de autora, diría que no te pierdas el próximo capi pues que Jack Spicer saldrá después de tanto tiempo a enfrentar una rueda de prensa, pero todo toma un giro desprevenido cuando Spicer haga su primer movimiento... ¿Podrá Raimundo vengarse del exitoso empresario? ¿Podrá Omi ingeniárselas y ser más rápido que Jack? ¿Podrá Jack caer en la celada de SPX o escapará como otras veces? Todo eso en el capi que viene.
Aclaro que Megan es oriunda del capi Hear Some Evil, See Some Evil, Vlad hace su primera aparición en el capi The Crystal Glasses, de la segunda temporada, y sí es... Un ruso y es contratado por Jack, Keiko es un personaja nombrado por Kimiko y que domina como su mejor amiga japonesa y Jermaine apareció en el episodio "My Homey Omi" y "Sometimes Jermaine", y es el mejor amigo de Omi originalmente, él tiene una participacion muy importante a medida que vamos pasando esto. Cualquier duda, hablen. Cualquier crítica (porque me esfuerzo para hacer coherente cualquier cosa que diga sobre el mundo del crimen como los terroristas, contrabandistas... soy solo una personita que quiere hacerlo real) la aceptaré. Si quieren decir que les encanta por un review, me harán feliz. Hasta otra mis agentes.
