Este capítulo ya lo tenía escrito ayer, pero se me olvidó ponerlo, como sabrán, estoy escribiendo en celular, por ende, mi ortografía debe ser atroz y me tardo más, además el capí es largo para el común mío xDDD, sin mencionar que mi Internet es un asco, en fin, cuando todo se arregle seré feliz :3

Las reglas y el oficial Ludwig.

Y el niño sólo miró al hado, lo miró fijamente, habían cerrado la puerta y se miraban el uno al otro, Alfred, por su parte, observaba al menor con su cara "Pedobear", sí, ese oso perturbador y acosador de niños, y Kirkland, sólo con su cara de Scone en mal estado. Las "recompensas" que pedía Jones por los deseos quizás ni siquiera tenía que dárselas.

–Un besito…–sonrió. –No seas malo, pequeño… me morderé los labios para no profanarte tu deliciosa y pequeña boquita con mi lengua, sólo será un segundo, lo prometo…–sonrió sutilmente.

Habían pasado ya tres semanas desde que Arthur Kirkland tiene padrino pedo-mágico, y pasaron exactamente dos semanas y cinco días desde que Arthur pidió perder la memoria, no olvidar a Alfred F. Jones claro está, sino que olvidar el deseo que pidió, el que respectaba a su hermano, y le pidió encarecidamente a Jones que no se lo cumpliera nuevamente, por más que le rogara.

Así todo sería mejor… así quizás Scott sería un poco más feliz, siendo un desgraciado monstruo que no sabe qué hacer.

–No… ¡que no! porqué eres tan…r-aro…–se sonrojó un poco el niño, a lo que el hado aún pequeñito se convierte en un mini-superman.

–¡Porque estoy heroicamente enamorado de ti! –

–¡Eres heroicamente pedófilo querrás decir…!–

–Sólo tenemos doscientos años de diferencia… un poco más, nací en la independencia de Estados Unidos, soy de allá…–sonrió sutilmente. –¿Qué son doscientos años de diferencia? ¡nada! además, toda la vida he esperado encontrarte... y devorarte, y esas cosas que hacen los…–

–Pederastas y pedófilos…–suspiró el pequeño.

El pequeño de Jones se acercó, mientras los ojos del menor se incrustaban en sus ojos. Era demasiado persistente, habían logrado grandes cosas juntos, Jones siempre estaba allí, siempre, pero lo asustaba pensar que ese "siempre" era literal, la privacidad se le fue prácticamente por el inodoro y cuando Alfred lo abrazaba por la cintura…cuando lamía su cuello, cuando depositaba pequeños besos mágicos que dejaban polvitos dorados en la zona besada se estremecía, gemía un poco y se llevaba las manos a la boca para luego…

Aplastarlo, matarlo. Deseó convertirlo en mosca, y luego lo aplastó con un zapato, deseó que le cayera una bola de concreto cinco veces más pesada que la anterior, hasta deseó que Jones no lo amara, pero claro, mientras Alfred gimoteaba para que no pidiera ese deseo agitó la varita, pero hizo el típico "poof" feo, Alfred estaba enamorado de Kirkland… realmente lo estaba.

Y la magia no puede interferir con el amor verdadero, al menos, no directamente. Tampoco con el hermoso y raro amor pedófilo, ningún tipo de amor en resumidas cuentas, aparte del falso.

–¿Qué deseas? –susurró suavemente. –Hoy casi no me has utilizado Artie, sabes que si no me usas explotaré por acumulación de magia… –

–Excelente, me propondré desde hoy no pedir más deseos…–susurró bajo con una sonrisa malvada.

A Alfred se le estremecieron todos sus mágicos huesitos, no podía ser tan cruel, no era un mal padrino, era bueno y atento, siempre le gustaba mimar a ese pequeño, se escondía como la esponjita con la cual se refriega el cuerpo el menor para verlo un poco más "seguido", mirar no mata, pero sentir que frotaba ese blanco cuerpecito suavemente lo hacía delirar, hasta que se sonrojó.

Y Arthur lo vio, era una esponja de baño… que se sonroja, quiso gritar, como si hubiera visto una araña fea y malvada, no sabía qué hacer, si matarse melodramáticamente o matarlo a él, lo primero que atinó a hacer fue a arrojar a la pervertida esponja que se golpeó contra la puerta del baño, se quejó un poco, ¡lo sabía, las estúpidas esponjas no se sonrojaban! ¡era Jones, ese maldito padrino que tiene!

Oh… como lo hizo sufrir ese día.

Oh pobre y enamorada hada, ama y ama y sólo recibe una que otra patada~

Pero esta vez Alfred pondría manos a la obra, ya era suficiente de maltrato adultil por parte del maléfico, lindo y violable pequeño de los Kirkland, sí, cuando un niño maltrata a un adulto se llama así, maltrato adultil.

El diccionario de Jones contaba con grandes y singulares palabras.

Niñofilia: Cuando un hado mágico -no un humano- se enamora de su niño.

Pedozoofilia: El raro gusto de Alfred de vestir y/o trasformar a Arthur como animalitos lindos.

Sexo ropal: "Ropal", dícese de la palabra "ropa". Cuando Jones le da por hacerle cositas malas a Arthur siendo literalmente una "ropa", dígase bufandas, bóxer o camisas.

Ahijadofilia: Parecido al primero, pero el niño de quien te enamoras es específicamente al que le das tutoría mágica.

Pero cuando Jones se iba a decidir a vestir a su ahijado con una ropa un tanto extraña y amarrarlo accidentalmente mientras le pone orejas de conejito y aparentaba que es sólo coincidencia, pura casualidad, la varita se agitó por accidente, la mirada de Jones fue directo a su objetivo que lo miraba, sabía que algo malo iba a pasar, pero la varita estadounidense se agitó en el momento que un gran "kaboom" sonaba en su pieza.

El pobre niño ya no quería más guerra, padrinos pedófilos mágicos, ropa que habla y ahora explosiones en su habitación ¿qué mierda hacía su familia que no sospechaba de los raros ruidos de su habitación? Quizás todos se quedaron sordos misteriosamente, -y misteriosamente quiere decir que Jones lo hizo-.

Y entra las sombras, se puso ver una figura alta vestida de militar, con una sudadera y pantalones camuflados de diferentes tonos de verde, el pelo rubio echado impecablemente hacia atrás y una sensual gorra, de su pecho también colgaban placas, en una, si se veía bien decía "Ludwig" y en la otra… ¿Feliciano? sería su otro nombre… quizás su hijo, Arthur no supo explicarlo bien.

–Jones, varita en alto, preséntese…–susurró con un acento alemán el sujeto.

Jones alzó la varita mientras se despejaba el humo de la explosión con la cara más jodidamente cansada de su vida, Arthur alzó la ceja, nunca había visto tan fastidiado al americano. Tenía una cara… de un alumno cuando es humanista y está escuchando matemáticas, feas y horribles matemáticas, o en viceversa, cuando un científico que odia leer le entregan un texto de cuatrocientas páginas.

–Dije varita en alto…–entrecerró los ojos autoritariamente.

–¿Qué más alto la quieres? espera… espera ¡ya lo tengo, lo tengo! –ironizó y activó su varita, haciendo que sus brazos crecieran. –You are happy now?–

El alemán le miró desafiante, Jones siempre había sido un jodido problema, además de tonto era verdaderamente difícil de controlar o ponerle un orden, fue una batalla campal entrenarlo para ser un padrino mágico.

–Trae a la cosa…–

–¿Mi ahijado? –susurró Alfred con fea mirada.

–Sí. –

–Se llama Arthur, no "cosa", amargado. – lo miró feo, nunca había tenido buenas migas con ese tipo que se creía tan… tan eso. Además, no le gustaban los ahijados ¿cómo no le iban a gustar? ¡eran tan apretables, y lindos y comestibles y violables!, bueno, al menos para Jones Arthur era así, aunque lo de violable estaba en proceso, ya que ni siquiera besarlo en la boca ha podido.

–Vengo a mostrarle las reglas ¿las has seguido verdad? –

–Claro que sí…–susurró suavemente, por lo que él sabía, ninguna regla decía que no podías acosar sexualmente a tu ahijado ¿o sí?, y al que la inventara, el mismo Jones iría a joderle la existencia hasta que la cambiara.

–Oigan, par de cosas flotantes en mi casa… estoy aquí, existo…–

–¿El niño detrás de las cejas es tu ahijado? –susurró el alemán serio.

Arthur tuvo ese impulso de arrojarle un zapato por el comentario, pero ese tipo parecía más rudo y menos paciente que Jones.

–¡Sí! si vienes a buscar un ahijado este es propiedad mía…–Jones alzó la varita, y en la frente del muchacho se podía leer "Propiedad de Alfred F. Jones, si se pierde, devolver a Alfred F. Jones, sólo acosable por Alfred F. Jones, no lo toques maldito cabrón"

Arthur contó hasta treinta, sonrió un poco con una risa desquiciada, estaba que los mataba, lastima que él no volaba por los cielos, no tenía magia, sino, podía jurarlo, los mata. Estaban hablando de él como si nada, no era sólo un par de cejas delante de un niño -sí, el comentario le había dolido-, le había llegado directamente a las cejas, digo, corazón.

–¿A cumplido las reglas niño? –observó la casa el alemán, no había nada raro, abrió el closet, vio todo tipo de trajes raros, de bombero, de conejo… de mucha cosas, todos para el tamaño de un niño.

Miro al chico, tenía gustos raros. Aunque claro, nunca supuso que Jones tenía otros planes con su ahijado.

–Creo que sí…–

–No te veo sonriendo…–susurró entrecerrando los ojos.

El americano, por detrás ponía carteles fosforescentes y destellantes que decían "Arthur, sonríe… sonríe" "Smile", etc. Arthur Kirkland no captó el mensaje, no podía sonreír de la nada, ni que fuera estúpido como su padrino.

–¿No eres feliz con él? he venido a revisarlos, si el ahijado humano no es feliz, el padrino deberá ser reemplazado y volver a la Magi-academia…–

Jones se palmeó la cara, por eso su Artie tenía que sonreír, se hizo grande al igual que el alemán y tomó al inglés en brazos, apretándolo suavemente con dulzura, una voz sensual en su oído que estremecía al muchacho se hizo presente, el alemán miró al padrino mágico, si es que se fijara un poco más en las relaciones hado-humano quizás hubiera notado que esos toqueteos eran todo menos normales.

–Di que eres feliz, Artie, por favor dilo…–

–No soy bueno mintiendo, Alfred…–susurró con algo de sarcasmo.

–¡Me quitarán de tu lado, please, di que eres feliz! –

–Jones, no puedes obligar a que tu ahijado te quiera, si dice que no es feliz…yo…–susurró seriamente. –Le asignaré a Cupido…–

–¿A cupido? ¿A CUPIDO? ¿Estás loco Lud? ¡Francis me lo viola! ¡ME LO VIOLA! malvado y pervertido cupido…–susurró llorando. –Déjame hablar con Artie en privado, por favor…–

–Cinco minutos…–

–¡Gracias, sólo por eso le diré al hado de los dientes que quieres "agitarlo" ¿no es cierto? ¡tú amas agitar seres mágicos! pero más que nada a Feliciano, el más coqueto hado de mundo mágico, muchas hadas andan detrás de él, deberías cuidarlo y pedirle su mano en matrimonio pronto amargado, o morirás solo con treinta gatos voladores…–rió pícaro Jones.

Y por primera vez el sujeto presente se puso rojo, sujetando el malvado medallón del cuello. Arthur abrió los ojos, el mundo mágico debía ser verdaderamente raro, debería llamarse Gayland… ¡TODO LO QUE SE MOVÍA CON ALAS ERA GAY! al menos hasta ahora. Los cuentos de hadas quizás le dieron un concepto equivocado de cómo eran realmente los seres mágicos.

Y ambos salieron, encerrándose en el baño.

–Artie, di que eres feliz conmigo…–

–¿Feliz? ¿feliz? ¡me siento violado a tu lado! –

–Por favor, no quiero que me separen de ti, te juro que si lo hacen, lucharé en contra de las reglas sólo para volverte a ver…–susurró seriamente, tomándolo de los hombros.

–Er-res raro…e-enserio…–la distancia se hacía pequeña, casi diminuta, los ojos azules lo miraban con cariño, uno que le estremecía el cuerpo, el primero que lo hizo sentir especial…querido…verdaderamente amado, ese era Jones.

–I love you…–

–Shut up…–esas palabras no le dejaban pensar bien, no le dejaban tomar la decisión correcta.

–Mi vida tiene sentido…sólo si la junto con la tuya…–susurró Alfred besando suavemente la frente del menor. –Aunque ahora no pueda, te lo prometí, y un hero nunca rompe sus promesas, te haré feliz…–

Y sintió un suave beso en sus labios, pequeño e indirecto mientras la sonrisa de Alfred parecía triste, porque aunque se tuviera que ir, quería tener un dulce beso de los labios del pequeño, cuyas piernas le temblaban suavemente, era su primer beso, se sofocó un poco, terminó luego, sintiendo los brazos del mayor recorrer la espalda con ternura.

Y lo golpeó, vaya que lo hizo…

Y aún así, cuando Ludwig se marchó para ir a darle una pequeña visita al hado de los dientes…Arthur miró a su lado, y no había otro padrino, no existía un reemplazo para Alfred. Estaba ojeando el libro de reglas, había algunas raras que no comprendía.

Una le llamó la atención.

Regla 23: No se deberá interferir con los anti-padrinos aunque así lo desee el niño.

¿Anti-padrinos? ¿qué cosa era eso?, no le importó, sólo buscaba una donde dijera "los padrinos no pueden acosar sexualmente a sus ahijados" pero en ninguna salía eso, se sonrojó suavemente tocándose los labios al tiempo que miraba a Jones, la suplica de Alfred le dio el momento exacto a Jones para que lo besara…

Lo habían besado, un adulto…un hombre, un ser flotante medio raro se había robado su primer beso. Arthur no sabía muy bien si Jones estaba haciendo su vida más patéticamente gay o más feliz.

Regla 41: Si el niño no cree en la magia, los padrinos mágicos deben irse.

Eso explica porque puede tenerlos, además de las primeras, en que dicen que el ahijado tiene que ser un chico desgraciado y miserable, eso no le sonaba muy lindo usando ese criterio en él. Suspiró, mirando nuevamente a Jones, quien lo miraba eufórico, cuando recordó….que se había comido el postre de Scott, sentía sus pasos malvados hacía la habitación, miró a Jones, quien no atinaba a hacer nada.

–¡Deseo que seas un muñeco…indestructible… y que le digas cosas feas a Scott! –sonrió sutilmente.

Jones obedeció, el mayor entró con su sonrisa malvada, el niño lo miró con desprecio.

–Te comiste mi postre desgraciado…–susurró. –Tendré… que romper algo tuyo para quedar a mano ¿no lo crees? –sonrió sutilmente.

Kirkland quería sonreír ante la sensual sonrisa confiada del escocés, quien vestía de negro, estaba apunto de salir con sus amigos. Tomó el juguete, justo lo que quería Kirkland que tomara. Y le tiró la cuerdita al juguete.

–Scott, eres tan cejón tan cejón, que insultas a tu hermano para sentirte menos deforme…–

–¿Qué mierda? –susurró con los ojos abiertos, luego, abrió un poco la boca, para arrancarle un brazo, pero por más que jalaba no salía, se estaba desesperando.

Y la cuerdita aún no se acababa, Kirkland pediría palomitas si es que pudiera, ver desesperado a su hermano era épico.

–Te crees muy macho, pero todos saben que gustas de ver My little Pony en HD por youtube…–

El escocés estaba entrando en colapso ¿cómo mierda sabía eso? No es que a él le gustara, sólo que una chica de su curso se lo envió y se veía… un poco interesante, sólo un poco, agarró al peluche, lo pateó y demás, pero no le pasaba nada, sintió los gritos de sus amigos llamándole, esa guerra no había terminado, algún día rompería ese juguete.

Puto muñeco, estadounidense tenía que ser.

El escocés lanzó el peluche a la pared gritándole al pequeño, diciéndole "allí tienes tu puto juguete, métetelo por el culo", el juguete… raramente sonrió, si se entiende la extraña indirecta. El menor se acerca al pequeño juguetito de cuerda, indestructible…raramente indestructible, suspira un poco, no podía creer que había aceptado quedarse con él.

–Ya, Alfred…se fue, vuelve a ser tú…–

Pero el peluche no decía nada, a Kirkland se le hinchó una vena, maldito juguete, no se haría de rogar.

–Hazlo…o…o nunca te daré otro beso…–el juguete se removió un poco, pero no dijo más nada. Arthur Kirkland no sabía que le pasaba, típicamente Alfred se hubiera vuelto adulto y se tiraría a sus brazos para no soltarlo por horas, pero ahora estaba allí, calladito… ¡calladito! quizás se había muerto, ese tipo nunca guarda silencio.

Y pensó en algo… tirar la cuerdita. Y por fin habló el peluche.

–Gracias Arthur…por quedarte comigo, I love you…–

El menor se sonrojó con suavidad, desvió la cabeza del peluche, dios mío, por la Reina de Inglaterra, quien lo viera lo tildaría de loco… y raro, raro porque le permitió quedarse.

–Idiot…–susurró, pero el peluche no habló, volvió a tirar de la cuerdita.

–Really…Really I Love you... –repitió el peluche levantando su pequeña manita y tomando la del pequeño.

El inglés entrecerró un poco los ojos, sin soltar al muñeco, luego pasó sus manos por el cabello de género que tenía el divertido y lindo peluche de ese rubio extraño, abrió los ojos frunciendo las cejas un poco más y jaló una vez más la cuerda, no sabía porque lo hacía, pero quería escucharle una vez más decirle eso… decirle que lo ama.

N.A: Y así es, Alfred se quedará con nuestro niño, esto tiene influencia de varios capítulos de la serie si lo notaron, al sensual hado de los dientes sólo lo puede agitar Ludwig (?) ya saben xD, y pronto vendrá el siguiente capítulo de Arthur y su extraño, niñofilico, pedozoofilico, y ahijadofilico padrino mágico :3, lo de Scott…el problema que tiene, no se ve en estos capítulos, así que esperen :3

PD: Mari, si lees este fic, te amo y te extraño, también a ti Cami, no puedo contestar bien en celular D;

Próximo capítulo: La caza-padrinos, Natalia.

Algo le está llamando la atención a Arthur, está siendo vigilado, claro, Alfred siempre lo está vigi-acosando, pero no era su padrino mágico, era una sombra extraña que se reía en la oscuridad, pero la tipa loca de bielorrusa no iba por el pequeño inglés, sino por su despistado y muy enamorado padrino mágico.