- Días después -
- ¿Dónde estoy? - se preguntó Arthur. Era de noche y en la oscuridad no podía distinguir mucho, pero cuando comenzó a caminar pudo notar unos árboles - Un bosque - pensó. Se topó con lo que parecía un camino de tierra y decidió ir por este, ya que estaba perdido. De pronto al final del camino empezó a iluminarse y Arthur apresuró el paso, pero al llegar a donde se producía esa luz, se encontró con una pequeña cabaña, que estaba incendiándose, el ojiverde quedó en trance al verla hasta que un grito desgarrador, que le resultaba familiar, lo hizo volver a la realidad. Se acercó a una de las ventanas de esta y sus ojos se abrieron de par en par al ver quien estaba dentro - No puede ser - pensó intentando abrir la puerta, pero esta estaba atascada desde dentro.
- ¡Mama! - le llamó gritando. Ella estaba tirada en el suelo, con ya algunas quemaduras y uno que otro golpe, sobre uno de los muebles de la cabaña. Con las pocas fuerzas que tenía levantó su cabeza y le miró.
- Arthur... - le logró decir, pero un crujido, que provenía de del techo, llamó la atención de Arthur.
- No... - pensó él.
- Lo siento... - dijo ella, antes de que el techo se viniera abajo.
Arthur se alejó de la cabaña, estaba en shock y las lágrimas no tardaron en salir. Mientras retrocedía su espalda se topó con un árbol, e instantáneamente se deslizo en este, abrazo sus piernas y comenzó a sollozar aún más.
- ¿Por qué...? - Arthur despertó sobresaltado y con su corazón que no dejaba de latir - Otra pesadilla - pensó limpiando las lágrimas que descendían por sus mejillas. Quedó en trance por unos minutos mirando a la nada y de pronto su teléfono comenzó a sonar. Lo tomo y atendió.
- ¿¡Arthur Kirkland donde demonios estas!? - el grito que provenía de detrás de la línea lo había aturdido, tanto que había tuvo que alejar el aparato de su oído. Era Antonio, uno de sus compañeros que trabajaba con él.
Miro el reloj del teléfono, y si era verdad, se había quedado dormido.
- Lo siento tanto me quede dormido, en unos minutos estoy ahí - le dijo y cortó la llamada, levantándose lo más rápido que pudo. Fue directo al baño, tomo una ducha rápida y cepillo sus dientes. No tuvo tiempo de desayunar, pero le restó importancia sabiendo las consecuencias que le traería. Tomó su abrigo y sus llaves, se acomodó su bufanda y abrió la puerta, pero antes de que pudiera camina se topó con cierto ojiazul.
- Alfred - le miró sorprendido - ¿Qué haces aquí?
- Buenos días para ti también - dijo un tanto serio Alfred.
- Lo siento es que estoy retrasado - se disculpó algo sonrojado - Buenos días ¿Qué haces aquí? - pregunto nuevamente
- Solo pasaba a saludarte, ya que hace unos días que no tuve contacto contigo... - dijo algo avergonzado - ...y, espera ¿Me dijiste que estabas retrasado? - Arthur asintió - ¿Quieres que te dé un aventón?
- Por favor, si no es mucha molestia.
- Claro no hay problema - le dio una cálida sonrisa haciendo que el ojiverde se sonrojara levemente
Ambos salieron y subieron al auto, Alfred comenzó a manejar lo más rápido que pudo haciendo que la ansiedad de Arthur subiera mareando un poco, el ojiazul se dio cuenta de esto y colocó una de sus manos sobre una de las de Arthur, este se sobresaltó ante el tacto y lo miro, Alfred estaba con una sonrisa mientras conducía haciéndose el desentendido de lo que había hecho, Arthur se sonrojo un poco mirando para el lado de la ventana.
Quedaron en completo silencio hasta que el estómago de Arthur había decidido gruñir
- ¿Arthur de casualidad desayunaste? - le pregunto.
- No tuve tiempo - dijo sin poder mirarlo.
- No puedes hacer eso, el desayuno es una de las comidas más importantes del día no puedes dejarla pasar por nada del mundo - Alfred dijo eso tan serio que hizo que Arthur riera - ¿Que es tan gracioso? - pregunto divertido Alfred.
- Fue gracioso como dijiste eso tan serio - le dijo sonriendo, haciendo Alfred se le quedara mirando por un largo tiempo - ¡Alfred el semáforo! - le grito y Alfred paro el auto de repente, ambos avanzaron hasta que sus cinturones llegaron al tope.
- Lo siento ¿Estas bien? - pregunto asustado Alfred.
- Si, si estoy bien, pero ¿Que fue eso tan de repente? - le pregunto desentendido.
- Sólo, me distraje - dijo con un leve sonrojo.
- Lo siento por llegar tarde - dijo algo avergonzado Arthur.
Antonio estaba con sus brazos cruzados delante de él - Arthur ¿Sabes la hora que es?
- De enserio lo lamento, mi alarma no sonó, creo.
Antonio río - Descuida, lo entiendo, pero que no se vuelva a repetir - Arthur asintió y se colocó su uniforme, el cual consistía nada que en un delantal con el nombre de la tienda - y Arthur... - Antonio le llamó la atención mientras movía unas macetas - ¿Quién era el sujeto que te trajo?
- U-un...amigo - dijo Arthur tartamudeando.
- ¿Sólo un amigo? - le pregunto sonriendo.
- Si, solo eso - contesto algo sonrojado.
- ¿Y entonces por qué tartamudeas? - dijo riéndose ante la reacción de su amigo - ¿Y ese sonrojo qué?
- Ca-allate no estoy sonrojado - le golpeó levemente el brazo sonrojándose más aún.
Antonio río aún más y miró por la puerta - Hablando de Roma mira quien está en la puerta.
Arthur cerró sus ojos y giró lentamente para encontrarse con la persona que menos quería ver ahora, Alfred estaba en la puerta con una bolsa esperando que alguien le diera el paso hacia la tienda. Antonio presiono el botón que estaba detrás del mostrador, que le permitía abrir la puerta y Arthur lo fue a "atender".
- ¿Alfred qué haces aquí?
- Como me habías dicho que no llegaste a desayunar, decidí ir a comprarte algo.
A Arthur le brillaron los ojos - Gracias - le dijo tomando la bolsa y escondiéndose detrás de la bolsa, ya que tenía un gran sonrojo y no quería que le viera Alfred.
- Y, además, quería saber a qué hora salías para venir a recoger - Alfred dijo esto girando su cabeza hacia otro lado.
- No hace falta, puedo tomar el autobús o pedirme un taxi.
- Vamos, sería un gasto menos ¿No lo crees? - insistió.
Arthur vaciló por unos segundos - Está bien, salgo a las 7.
Alfred sorprendió sonrió - De acuerdo, entonces a esta hora vendré, nos vemos - le saludo con un beso en la mejilla y salió de la tienda lo más rápido que pudo.
El sonrojo que tenía Arthur en ese momento era indiscutible, este solo suspiro ante tal acto.
- ¿Así que amigo nada más? - le dijo sonriendo Antonio.
Arthur solo le dio una mirada fulminante haciendo reír aún más a Antonio.
El día pasó de lo más normal, la misma cantidad de cliente de casi siempre, unos llevando flores para regalar a seres queridos, otros para sus parejas y otros para gente difunta. Un italiano entró a la tienda llamando la atención de Arthur, que este estaba sentado detrás el mostrador con uno de sus tantos libros.
- Buenas noches Lovino - saludo dejando el libro.
- Buenas noches - le saludo sonriendo - ¿Cómo has estado? - preguntó refiriéndose a ese tema, que sólo uno que otro amigo de él lo sabía.
- Cada día es más complicado - suspiro bajando la mirada
- ¿Encontraste alguna ayuda?
- Estoy concurriendo a un psicólogo, que espero que de algo sirva, si no…creo que me voy a tener que internar - que tuviera esa segunda opción le dolía demasiado pensarlo.
De pronto la voz de Antonio se escuchó - La voz que escuchó es la de Lovi~ - dijo desde el depósito.
- ¿Dónde está? - pregunto Lovino.
Arthur señaló hacia la puerta que estaba atrás, Lovino solo suspiro.
- Seguro te está preparando otro ramo de rosas.
Lovino se sonrojo ante ese comentario - C-cierra la boca - Arthur río ante su reacción. De pronto Antonio salió y abrazo fuertemente a su querido novio. El menor se resistió al principio, pero luego de unos segundos le correspondió al abrazo.
- Te extrañe - le dijo Antonio cálidamente.
- Pedazo de tonto - le dijo sonrojado - Yo también te extrañe - dijo casi en un susurro, pero igual el Antonio logró escucharlo y lo abrazó aún más - Me lastimas.
- Lo siento - río y le dio un pequeño beso en los labios haciendo sonrojar, más de lo que ya estaba, a Lovino.
- Las muestras de afecto a otra parte por favor - les llamó la atención un ojiverde que estaba sentado detrás del mostrador mirando atentamente la situación, ambos rieron.
- ¿Nos vamos? - pregunto Lovino.
- Sí, claro - respondió Antonio - ¿Arthur podrías cerrar la tienda? tengo algo que hacer - Antonio miró a Arthur guiñándole el ojo ganándose un golpe por parte de Lovino - Eso duele - dijo sobándose el brazo - No tienes problema, ¿No?
Arthur negó y les dedicó una pequeña sonrisa - Diviértanse.
- Nos vemos mañana - ambos salieron tomados de las manos, dejando al ojiverde con algo vacío en su interior.
