Lo prometido es deuda. ;D
Disfruten!!
CAPÍTULO 3
Ginny se humedeció los labios y parpadeó repetidas veces y esperó y esperó y cuando por fin pareció que él estaba realmente cerca y empezó a cerrar los ojos sintió sus labios… en su mejilla.
—Gracias por la bufanda —Le susurró al oído y suavemente casi como si no lo quisiera dejó sus mejillas libres.
Y Ginny inmediatamente se alejó un paso disimuladamente sintiendo sus mejillas arder. Se quitó un mechón de cabello de la cara mientras observaba a cualquier lugar excepto a donde estaba el detective. Hasta que se sintió con la capacidad de juntar dos letras y formar palabras coherentes se atrevió a intentarlo.
—De… de nada.
—Creo que debería regresársela —La desilusión en su tono de voz hizo a Ginny sonrojar.
—Por supuesto que no —Dijo al fin enfrentándose a su mirada que extrañamente también la evadía a ella—. Fue un regalo —Le recordó.
—Sí, pero… —Enfocó su mirada a ella y al verla con la mirada fija sobre él tosió falsamente y dio dos pasos hacia atrás—, pero soy un total desconocido, no creo que…
—No va a despreciar un regalo que alguien le hace de corazón, ¿verdad? —Las palabras, para su desconcierto, realmente salieron de su corazón—, me lastimaría mucho que lo hiciera.
Él sonrió suavemente y agachó la cabeza.
—¿En verdad lo haría?
—Sí, y mucho.
—Entonces, mi bella damisela —Hizo una reverencia muy del siglo pasado—, no seré el bellaco que desprecie un hermoso regalo como este —Y agarró con una de sus grandes manos una de las de ella y se la llevó a los labios para darle un suave beso en el dorso—. Gracias, milady.
Muuuuuy del siglo anterior.
Pero también muy hermoso.
Ginny quería desmayarse en ese mismo momento.
—Tengo que irme —Dijo cuando al fin su mano le fue devuelta y empezó a caminar a la puerta.
—Al parecer siempre termina huyendo de mí, ¿no es cierto?
Sonrió aferrando la manivela de la puerta con la mano.
—Mi madre dice que una mujer jamás huye —Volteó sobre su hombre y le guiñó un ojo—; simplemente se retira de una manera espectacular.
Y así salió corriendo del consultorio no sin antes escuchar la suave voz del detective mientras decía:
—Hasta la próxima vez, Ginny.
Ella caminó tres largos pasos hasta ver la puerta de un armario de utensilios de limpieza y sin pensarlo mucho entró en él cerrando la puerta rápidamente tras su entrada y terminó recostada sobre la madera de la puerta y sin tener más fuerzas su espalda resbaló hasta quedar sentada sobre el frío piso de cemento.
Ginny no creía en el amor a primera vista.
Era una tontería, una historia inventada por las mamás que querían crear la ilusión en sus hijas, el sueño de que algún día verían a un hombre, lo verían a los ojos y lo sabrían, simple y sencillamente sabrían que es él con quien quieren pasar el resto de su vida.
Ginny nunca había creído en eso. Era una total y completa locura. Pero de una cosa estaba segura. Si creyera en ese cuento de princesas y príncipes aunque fuera un poquito, tendría que decir que temía pensar que acababa de enamorarse. Pero ello no creía en nada de eso. Así que pronto esos encuentros se borrarían de sus recuerdos, o ella haría que se borraran.
Aunque fuera realmente difícil.
—Hasta la próxima vez, Harry…
Aunque su ilusión deseara despertar.
* * *
Tuvo toda la intención de besarla.
Había querido hacerlo.
Mientras salía del hospital y caminaba para tomar un taxi que lo llevara a la comandancia no pudo dejar de pensar en todo lo que acababa de pasar.
Era alucinante.
Era pasmoso.
Era increíble.
No podía esperar a volverse a topar con ella. Aunque sabía que de una manera tan inusual jamás volvería a verla. De hecho la realidad era que no volvería a verla a menos que él la buscara en el hospital, pero si se le ocurría hacerlo, tampoco sabía su horario así que tendría que rogar porque acertara en su visita. Y es que su sonrisa, su frescura, su mirada… todo en ella le parecía maravilloso. ¿Quién iba a decir que volvería a encontrarse con ella dos veces en un mismo día y de maneras tan extrañas ambas veces? La verdad era alucinante; y sería todavía mas alucinante que hubiera una tercera. Aunque, ¿a quién engañaba? No iba a haber una tercera vez.
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Eran las seis de la tarde y estaba a punto de terminar su informe. Estaba harto en verdad, pero como se lo habían dicho esa misma tarde; el informe era parte de su trabajo. Aun recordaba sus palabras, su suave voz, sus delicadas mejillas, sus luminosos ojos, el pequeño hoyuelo que se le formaba en la mejilla derecha y lo que recordaba eran sus labios rozados y carnosos, llenos y delicados, listos para besarse.
—Acerté —Una voz y un manotazo en su hombro lo sacó de sus pensamientos.
Levantó la vista de su escritorio y vio la familiar cara de Ron acechándolo. Era pelirrojo y con pecas llenando la línea de sus ojos con una nariz respingada y una sonrisa burlona prácticamente incrustada en sus labios para siempre.
—¿Qué acertaste?
—Al hecho de que seguirías en la oficina.
—Estoy trabajando, ¿Dónde mas debería de estar?
—No estoy seguro —Dudó—, por un momento pensé que estarías en mi casa.
—¿En tu casa? —Repitió dejando los papeles a un lado y prestándole mas atención a la expresión de Ron.
—Bueno, de hecho en casa de mi madre, pero tu lo entiendes —Se sentó frente a Harry y empezó a hojear algunos papeles.
—Creo que me estoy perdiendo de algo —Aseguró.
—Y yo creo que eres un maldito bastardo convenenciero.
—¿Eh? —Algo en esa conversación no estaba para nada bien.
—Te encanta hacerte el desentendido y olvidadizo solo cuando te conviene.
—¿Eh?
Ron lo observó atentamente. Harry solo fruncía el entrecejo. Algo se estaba saliendo de su perspectiva.
—En verdad no lo recuerdas ¿no es así? —Preguntó al fin desconcertado, hasta incrédulo se podría decir. Se dejó caer sobre el respaldo de la silla y paso una mano por su cabello.
—¿Recordar qué? —Insistió Harry empezando a enojarse.
—No me lo puedo creer. Esto sí que no es propio de ti —Sonrió y empezó a carcajearse—. Es propio de ti el hacer hasta lo imposible por evitar tus compromisos, pero jamás lo habías… olvidado —Parecía como si la última palabra la hubiera dicho con cierto desconcierto.
—Maldición, Ron, ¿podrías hablar claro? —Preguntó enojado.
—Lo siento —Se disculpó, pero la diversión aun brillaba en sus ojos—, es que es increíble que en verdad hayas olvidado algo.
—Y ¿Qué carajos olvide?
Detestaba que se rieran de él y mucho mas cuando no sabía por qué era.
—La cena de navidad en casa de mi madre.
Ahora el desconcierto lo sintió él.
—¿Cuál cena?
—La que mi madre prepara cada año y a la cual te invitó y tu accediste a ir. Incluso diste tu palabra —Se quedó observándolo tratando de ver el momento exacto en el que su mente al fin recordó sus propias palabras.
"Por supuesto que iré, tiene mi palabra"
—¿Qué traes en la cabeza hoy?
Y en su recuerdo una cabellera pelirroja, unos labios deliciosos y una mirada ensoñadora aparecieron.
—Muchas cosa, Ron —Empezó a revolver los papeles que tenía sobre el escritorio tratando de quitarse el recuerdo de la mente—, primero perseguí a Sinclair por medio Londres y solo unas horas después estuve en otra persecución que me llevó directo al hospital —Le enseñó su brazo y las casi treinta puntadas que fueron necesarias.
—Sí, ya me habían comentado algo al respecto —Dijo observando la herida.
—Entonces podrás comprender porque…
—Ah no —Lo interrumpió de inmediato—, no lo vas a hacer —Objetó.
—¿Hacer qué?
—Buscar excusas para evadir la invitación de mi madre —El reproche en su voz le hizo sentir una punzada de culpabilidad, y mas al haber hecho mención de su madre.
Llevaba conociendo a Ron apenas seis meses; desde que había sido transferido desde el departamento de homicidios al de Investigación Criminal para formar parte de su equipo. Y aunque era relativamente poco el tiempo que llevaban de conocerse adquirieron una afinidad inmediata en lo que se refiere a resolver los casos. Estaba seguro de que algunos cuantos meses mas y podían ser considerados el mejor dúo del departamento. Y sí, tenía que reconocerlo, se llevaban muy bien como personas, eran incluso amigos. Harry le guardaba gran aprecio e incluso había visitado varias veces su casa para cenar donde conoció a Hermione, su esposa, una persona también sumamente encantadora. En una de esas visitas a su casa, hacía dos semanas, fue cuando conoció a Molly Weasley, su madre. Realmente una encantadora mujer a lo que no era fácil negarle algo y mucho menos fácil era mentirle y por eso cuando le preguntó qué haría en navidad y su franca respuesta fue: "trabajar" ella lo obligó a hacer esa promesa.
—No es eso Ron, lo que pasa es que…
—Lo diré de la manera sencilla —Lo cortó Ron cansado—. Mi madre me sentencio a que si no te obligaba a cumplir tu promesa y te llevaba a pasar navidad con nosotros no obtendría cena de navidad y amigo —La advertencia en su voz era bastante clara—, déjame decirte una cosa —Se puso de pie y un dedo acusador cayó sobre Harry—: no estoy dispuesto a perderme esa cena por nada del mundo, ni siquiera por tus tonterías de: tengo trabajo —Trató de imitar su voz poniendo un énfasis de reproche en todo momento—, estoy ocupado, acaban de surgir otros planes… —Arrugó la nariz— entre otras excusas que estoy seguro puedes inventar y que sabré inmediatamente que son mentiras —Sonrió suavemente y se enderezó—. Soy muy buen detective para oler las mentiras —Harry deseó que esa fuera una mentira—. Esta vez me importa un comino tus excusas —Rodeó el escritorio y poniéndose a un lado de Harry lo tomó bruscamente del brazo y lo obligó a levantarse—, te vienes a casa de mi madre en este mismo momento, y conmigo.
Harry no pudo hacer otra cosa tras haber escuchado ese discurso. Y tampoco era como si hubiera podido haber otra cosa, como su hubiera tenido elección.
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La familia Weasley era realmente muy simpática y ya había escuchado antes de todos ellos de labios de Ron.
Primero estaba Bill, reconocido agente financiero, con su esposa Fleur, modelo de pasarelas retirada, con su pequeña hija Victoria de nueve años y Arthur de seis. Seguía Charlie, zoólogo amante de su trabajo, con su esposa Cassandra, veterinaria encargada de un zoológico. Después estaba Percy, trabajador del gobierno en el departamento de asuntos exteriores, con su esposa Penelope, aclamada maestra de kínder, con su pequeña hija de cuatro años: Molly. Continuaba con los gemelos George y Fred, empresarios con varias tiendas de artículos de broma en todo Londres. Y por último estaba Ron y su esposa Hermione.
En cuanto llegó, tenía que ser sincero, se sintió incomodo con todo ese ambiente familiar que reinaba en la sala, era como ser un intruso. Pero en cuanto la señora Weasley (quien le insistió hasta que terminó llamándola Molly) lo vio y lo abrazó como si fuera uno mas de su familia se sintió como si realmente perteneciera ahí. Y después el señor Weasley le palmeó la espalda y empezó a hacerle toda clase de preguntas sobre el trabajo porque él siempre quiso dedicarse a eso. Y luego cuando empezó a platicar con los demás se dio cuenta de que realmente podría llevarse bien con todos, aunque Ron le hizo una clara advertencia cuando terminó las presentaciones.
—Ten cuidado con los gemelos —Le dijo en voz baja—, por lo general las reuniones familiares son su fecha preferida para probar sus nuevos artículos de broma.
Harry asintió estoicamente y abrió sus sentidos ante cualquier amenaza que pudiera observar.
A las nueve de la noche lo inesperado ocurrió mientras todos estaban sentados en la pequeña salita donde la mayoría se apañaba para tener un espacio en el cual sentarse.
El señor Weasley estaba sentado en un sofá individual reclinable observando al completo a su familia. Los gemelos estaban casi tirados en el suelo jugando con sus sobrinos Arthur y Molly mientras que Bill y Percy mantenían un juego de ajedrez con Charlie como el réferi. Ron estaba a un lado de él. Mientras que las mujeres estaban en la cocina ayudando a una renuente Molly a prepara lo que les dejaran.
—¿Mamá, a qué hora vamos a comer? —Gritó uno de los gemelos, aun no tenía total seguridad a la hora de identificarlos.
—Sí madre, tenemos hambre —Apoyó el otro gemelo.
—Mucha —Agregó Ron y escucho los murmullos de los demás hermanos apoyando la noción.
Harry no los podía culpar. Hasta ese lugar se percibía el delicioso aroma que provenía de la cocina donde estaba la deliciosa cena.
—Tendrán que esperar un poco mas —Se escuchó la contestación desde la cocina.
—¿Por qué? —Un coro de seis voces se escuchó en armonía y también con aflicción.
—Porque quiero que sea una cena de navidad perfecta y hay que esperar a su hermana.
Las mismas seis voces que habían hecho de coro soltaron un gemido lastimero.
Harry, por su parte, había enarcado una ceja.
—¿Tienes una hermana? —Le preguntó a Ron.
—¿Nunca te lo había dicho?
—Me imagino que si te lo estoy preguntando quiere decir que no.
—Uh, pero que delicado te pones —Rodo los ojos—. Me parece que no te había hablado de ella porque en verdad ya hablo demasiado contigo de todos mis hermanos —Eso era verdad, pero por alguna razón las anécdotas de sus hermanos, que en un principio detestaba, después las sentía parte del día a día y le parecía muy extraño que haya omitido todo lo referente a su hermana.
—Ah… —Harry estaba seguro que había otra razón escondida tras esa renuencia por hablar de su hermana.
—¡Familia! —Escuchó la exclamación desde el pasillo de entrada a la casa llamando la atención de todos— ¡Ya llegué!
Algo dentro de Harry lo hizo levantarse de inmediato. Nadie vio extraña su actitud ya que todos estaban haciendo lo mismo.
—¡Al fin! —Exclamaron los gemelos.
—¡Tuve mucho trabajo! —Respondió.
Su corazón empezó a tamborilear en su pecho. Conocía esa voz, lo había estado atormentando toda la tarde, o incluso toda su vida.
—Hubo una emergencia en el hospital y me retuvieron un poco mas del tiempo previsto.
—Sí, lo que digas —Interrumpió Fred, ¿o era George?—. ¡Mamá —Gritó—, Ginny ya llegó! ¿Podemos comer ya?
Enseguida la diminuta Señora Weasley salió desde la cocina para llenar de besos a su hija mientras que Harry no le quitaba la vista de encima.
Era ella.
La Doctora Ginevra Weasley. Ginny. Nunca, ni en sus mas descabellados pensamientos de cómo podría volver a encontrarse con ella, había pensado en algo así.
Ginny Weasley.
Su cabeza debió de haber recibido un golpe mas fuerte del que pensó. Aun no podía creer que no se hubiera dado cuenta de la relación de los apellidos, pero es que no estaba pensando en nada mas que en su figura, su cara, su mirada. Algo lo idiotizaba cuando estaba cerca de ella.
Todos empezaron a saludarla mientras los gemelos insistían en que se apresuraran. Y entonces siguió el turno de su presentación.
—Ginny, quiero que conozcas a alguien —Dijo Ron llamando su atención y atrayéndola hacia ellos— Mira, te presento a Ha-
—Detective Harry James Potter —Interrumpió ella clavando la vista sobre él.
Vio la sorpresa en su mirada, él mismo estaba seguro que su cara misma reflejaba toda la sorpresa del momento, y si alguien mas a parte de ellos dos conocieran lo que había pasado a lo largo del día afirmarían que aun así su expresión de asombro debía de ser aun mas grande.
Ese era, en definitiva, el día mas extraño que hubiera tenido alguna vez. Todos se habían quedado en silencio y suponía que no hacían otra cosa que mirarlos detenidamente, pero Harry no le prestó atención a eso, prefirió prestar atención a su mirada. Era una mirada de reconocimiento y estaba segura que la frase "No lo puedo creer" recorría sus pensamientos tan rápido y tantas veces como lo hacía en el de él mismo. Y es que eso pasaba: No lo podía creer. Deseo que eso pasara, pero, ¿Quién podía imaginar que la persona con la que había estado soñando despierto durante todo el día y quien no había podido sacar de sus pensamientos y por quien batalló tanto para redactar un maldito informe porque no lograba concentrarse en nada, estaba frente a él en esos momentos y resultaba ser la hermana de su amigo? ¡La hermana menor de su mejor amigo!
El mundo si que estaba de cabeza.
Extendió la mano hacia ella.
—Doctora —Dijo y sus labios se curvearon en una sonrisa.
—Detective —Aceptó el saludo y sonrió ligeramente.
Y ahí, en medio de mas de diez pares de ojos que los observaban, se echaron a reír. Una risa profunda y sonora que no tenía ninguna intención de parar.
La observó mientras se reía, sus ojos se cerraban, pero por momento se abrían y destellaban de alegría y por supuesto de diversión, mucha diversión. Se encogía de hombros para contenerse y movía su cabeza de un lado a otro logrando que varios mechones de cabello se desprendieran de su peinado mientras ella se regocijaba de alegría. Era la mas hermosa visión que había tenido el placer de ver en su vida.
En algún momento en que su risa se hiciera mas profunda ellos habían terminado acercándose mucho mas y la mano de Ginny había acabado reposando sobre el hombro de Harry y él había posado la mano en la cintura de Ginny. Fue algo que no planearon, pero que no pudieron evitar. Y si querían echarle la culpa a algo por su postura, sería a la risa.
—¿Ya se conocían? —Preguntó alguien y ellos volvieron a echarse a reír, porque, bueno, no podían hacer otra cosa.
y bien¿?
que les pareció¿?
lo sé, lo sé, no hubo beso, decepcionados¿?
la verdad es que hubiera sido demasiado pronto xD
J0r, macaen, yani, magda, ginalore28, mariel85, Black Andro, Nat Potter W, Madame Delacourt, Carmen muchisimas gracias por sus reviews y espero que este nuevo cap les guste.
nos vemos el jueves gente. cuidense y dejen muchos reviwes *.*
rosa . chosolate
