Disclaimer: La trilogía Los Juegos del Hambre no me pertenecen, todo es de Susanne Collins (por desgracia). Lo único que es mío es la variación de ideas y situaciones.

Este fic participa en el Reto "Pecados Capitales y Sentimientos" del foro Días Oscuros.

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Es la cuarta botella que abre el día de hoy.

La primera que vació fue justo después de ver subir al Chico a ese tren que, como cada semana, lo lleva al Capitolio para convivir con esas personas en fiestas, reuniones, inauguraciones… en habitaciones.

La segunda, le costó un poco más terminarla, ya que venía de visitar al resto de la familia del Chico, como un favor especial que le pidió él de proveerlos de dinero o cualquier cosa que necesitarán durante su ausencia. Cada trago le supo amargo porque su mente no podía sacar las miradas de completa tristeza y desolación que embarga al resto de los familiares de Peeta: la muerte accidental del patriarca de los Mellark fue un golpe duro para todos; devastador para su Tributo porque sabe que fue una advertencia por parte de Snow sobre lo que podía pasarle a sus hermanos, a su histérica madre, a sus amigos, incluso al propio Haymitch y a la mismísima Katniss, si no acataba las ordenes… y el Chico aceptó.

Da un largo trago porque se imagina que en este momento, mientras él bebe, Peeta estará… Ni siquiera puede terminar de pensarlo. Es demasiado grotesco, incluso para él.

La tercera botella la terminó acompañada de maldiciones hacia la que fuese el Tributo más estúpido que le haya tocado conocer. Preciosa sólo tenía dos malditas cosas que hacer: esperar y, en el momento indicado, prestar su imagen. Nada más, y dejar que los demás hicieran el resto. Pero no, a la muy idiota se le ocurrió la grandísima idea de esfumarse junto a ese falso primo suyo, y condenarlos a todos al caos que se desató en Panem al saberse que huyó con su amante.

Las personas del Capitolio que la admiraban, ahora la aborrecen por jugar con sus sentimientos y los de Peeta; los rebeldes de los Distritos la odian por no quedarse a luchar y demostrar que no es más que una cobarde; el Distrito 13 y el resto de la Resistencia, simplemente, están furiosos, y buscando desesperadamente una solución. La única persona que se benefició de esto fue Snow.

La cuarta botella se esfuma como agua y la quinta y sexta hacen acto de aparición. Bebe una y otra vez, más y más, porque se siente profundamente decepcionado por no ser un buen Mentor, un buen integrante de la Resistencia, por no poder ser mejor persona, por no poder haber hecho lo necesario por proteger a su familia, por no poder darle una palabra de aliento al Chico cada vez que lo ve llegar un poco más roto, por no haber hecho algo para evitar que Katniss se fuera, por no ser más que un borracho que intentó pelear contra el Capitolio –a su manera- y falló estrepitosamente.

Decepcionado porque, pese a todo, el alcohol lo hace sentirse mejor.

Cómodamente decepcionado sabiendo que una séptima botella, y otras tantas más, es lo único que necesita en este infierno llamado Panem.