CAPÍTULO 3. La amenaza

¡Clip! — el sonido del botón de la cámara sonó en su oído. La misión de ese día ya estaba cumplida. Pero solo era el inicio de lo que acontecería próximamente. Sonrió de medio lado satisfecho.

(…)

Volvió a casa un poco más tranquilo, pero ligeramente preocupado en parte porque tenía que planear con detenimiento el siguiente paso. Esperaba que todo le saliera bien. Era un novato.

Entro a su casa e iba subir apenas as escaleras cuando su madre salió de la cocina con un mandil en la cintura nada más al escuchar que la puerta de entrada a su hogar se había abierto, supuso por supuesto que había sido Inuyasha el que entró y lo saludo como siempre lo hacía.

— Hola hijo, ¿cómo te fue? — le sonrió mientras se limpiaba con el mandil sus manos sucias de salsa, la cual acompañaría la comida esa tarde.

El muchacho la escuchó muy bien pero se fue con prisa de largo a su cuarto ante la nostalgia de mujer.

A él poco le importó. Subió las escaleras y llegó hasta su habitación, arrojó con brusquedad la mochila en su cama y acercó la silla sobre la cual estaba su ropa sucia para poder sentarse en ella.

La colocó frente a su computadora de escritorio, prendió su máquina ansioso y cuando se abrió una página de inmediato buscó una aplicación. Conectó la cámara digital con el USB a su computadora y transportó las imágenes que había tomado con su cámara a su pc.

Ya hecho esto, se maravilló por lo bien que habían salido en cuanto a la calidad. Comenzó a editarlas un poco para perfeccionar algunos detalles. Lo siguiente que hizo fue meterse a una página de red social y buscar a un usuario, claro que lo encontró y muy fácilmente pero como no lo tenía agregado le tuvo que mandar un mensaje privado y este fue para su fortuna contestado 10 minutos después cuando se relajaba escuchando música con sus audífonos.

Y comenzó la charla que le cambiaría la vida:

— ¿Quién eres?

— Un amigo — respondió a secas el moreno.

— ¿Por qué me estás amenazando?

— No te estoy amenazando, te estoy advirtiendo — confesó claramente y en cada uno de sus palabras se podía notar la frialdad, provocado que se quedara mudo su contraparte — No te quedes en silencio — reprochó.

— ¿Qué es eso de que tienes en tus manos algo que me puede afectar?

— ¿Quieres ver de qué se trata?

— No quiero ver nada — afirmó con un semblante temeroso, detrás de la pantalla

— Mal por ti porque estoy te puede abrir los ojos — se inclinó hacía la máquina para buscar con mayor detalle lo que estaba escribiendo. La luz de la pantalla en ese cuarto oscuro le perjudicaba la vista pero lo toleró, la situación se tornaba emocionante como para estarse fijando en cosas insignificantes.

Con los dedos duros de sus manos, tomó el ratón de su computadora y envió una imagen a su víctima.

Se relajó en la silla, empezó a mecerse sobre ella y a estirar sus brazos hacia el techo, bostezó exageradamente y espero tranquilo alguna respuesta pero nada; seguramente el impacto había sido para esa persona tan grande como se esperaba.

Unos segundos después, el sonido que avisaba que tenía un mensaje en la bandeja de entrada lo espabilo.

— ¿De dónde conseguiste eso? ¿Es Photoshop? Ese es un truco viejo cuando quieren engañarte. No voy a darte dinero.

— No quiero tu dinero imbécil. Quiero que pagues por lo que me hiciste — confesó hastiado.

— No te conozco, así que no estés molestando — se defendió del otro lado terminando la conversación incómoda con Inuyasha al bloquearlo.

Enfurecido apretó los puños con rabia, se enderezo angustiado en su lugar y juró, que esto no se iba a quedar así.

(…)

Y a la mañana siguiente en el instituto, salió a relucir un poco el tema pero entre el cuarteto de amigas,

— ¿Así que alguien intentó extorsionarte anoche? — le preguntó Eri en el baño cuando se maquillaban las chicas frente al espejo.

— Así es — mencionó con susto, sin dar mayores detalles.

(…)

El receso comenzó y esta situación la aprovechó Inuyasha porque empezaba a despejarse el salón.

— Oye Inuyasha — se colocó pensativo frente a su compañero, estaban los dos solos en el salón — tenemos junta en el club para planear la cobertura que le daremos al festival.

— Si pero llegaré un poco tarde Shippo — avisó

— Tenemos solo 20 minutos para organizarnos — le recordó molesto porque Inuyasha hoy estaba menos dispuesto a trabajar con ellos. Nunca era indisciplinado pero hoy era la excepción.

— Ya te dije que estaré ahí en menos de 5 minutos, espérame allá.

— De acuerdo — se levantó de su silla — pero cada vez me convenzo más que no mereces el puesto de jefe de fotografía y periodismo.

Inuyasha indignado lo siguió con la mirada hasta que se aseguró de que desapareciera de ahí. Pero bueno a él que le importaba lo que opinara el enano ese, su atención se centraba en otra cosa mucho mejor.

En ese momento empezó el plan "b", si esa persona no creía que las cosas con él iban en serio, empezaría por emplear mejores métodos para convencerla.

Arrancó rápidamente una hoja de su cuaderno, tomó un labial rojo que robó a su mamá para escribir un mensaje, así nadie sospecharía que el autor era un hombre.

Terminó de escribir un pequeño texto y dobló la hoja, la colocó en el interior de la mochila de su víctima y se dirigió a su club.

(…)

— Inuyasha, ¡Inuyasha! — llamaba con insistencia al chico de cabello negro

— ¿¡Qué!? ¿¡Qué pasa!? — se alteró al oír su nombre volteando varias veces hacia los dos polos buscando a quien le hablaba.

— Estoy hablándote desde hace rato — frente a él le contestó enfadada una muchacha de anteojos

— Oh lo siento — se disculpó apenado.

— No sé qué tienes hoy o que es lo que te preocupa pero necesito saber qué opinas de lo que propuso Kōga y yo.

— ¿Qué opina Kōga y tú? — les preguntó a los dos inocentemente.

Se quedaron incrédulos y mudos. De verdad que Inuyasha no estuvo atento a la conversación

— Inuyasha…— un joven medianamente fornido recargo con pesadez sus brazos en la mesa redonda que estaba en el salón donde se reunía su club de notaba a leguas que estaba tenso; si por él fuera ya hubiera zarandeado a su compañero para que reaccionara ante algo tan importante — Sango y yo— hizo una breve pausa, tomaría el suficiente aire para disipar su enojo — estábamos diciendo — tomó de nuevo aire — que pensamos — una vez más, aire — que podríamos pedir ayuda a los chicos del club de artes para poder trabajar el día del festival con mayor creatividad — y logró por milagro hablar con tranquilidad.

— ¿Ah sí? — Exclamó irónico tomando una pluma para colocársela en la boca como si fuera una paleta — ¿Y cómo nos pueden ayudar? — definitivamente Inuyasha no estaba valorando el inmenso sacrificio que hacía ese chico por contenerse.

— Arreglando las fotos en collages enormes — intervino la chica castaña de nuevo — colocándolas en marcos que ellos pueden hacer manualmente, ya sabes, ya le pregunté al director y el cree que ese marco de buenas medidas se vería bien en la entrada del instituto todo el mes festivo. Nosotros tomaremos muchas fotos como cada festival que hay, pero solo las mejores serán elegidas para estar en el collage.

— ¿Es un hecho? — preguntó dudoso. La verdad los muchachos de artes no le caían para nada bien, pensaba que eran la competencia directa de su club. Los dos líderes trataban de demostrar quién de los dos clubes hacían proyectos más bellos, más artísticos, una obra de arte.

— Es una propuesta idiota — el hombre refunfuñó trayéndolo de vuelta a la tierra — necesitamos que nos des el visto bueno. Como jefe del club debes de firmar este papel — le acercó rápido una hoja rayada con un párrafo — donde conscientes que se haga este proyecto, solo faltaría que el jefe de club de artes también lo firme si es que está de acuerdo en hacer una alianza con nosotros. Luego le llevaremos las firmas al director para que se dé por enterado

— Ah ok

Se quedó callado de nuevo, viajando en un abismo profundo de su mente.

— ¿Y? — se le quedó viendo el joven.

— ¿Qué? — quitó la vista de la ventana

— ¿¡Estás consciente de lo que estoy tratando de decir!? — lo golpearía si le decía que no, estaba ahora sí furioso. Era desesperante.

— ¡Hay Inuyasha! — Se desesperó el pequeño Shippo que estaba recargado en la ventana. Estaba harto de que estuviera atrasando el plan que tenían por su falta de interés — ¡concéntrate con un carajo! solo di sí o no.

— ¡Si estoy de acuerdo! — Respondió fastidiado levantando la voz, al momento que tomó la pluma de su boca y firmó con coraje la hoja — ¡hagan su maldito proyecto y ya! ¡Y a mí déjenme en paz! — arrojó ambas cosas a la mesa y salió enojado de ahí

— ¿Qué le pasa? — les preguntó incrédula a todos la única mujer de ahí.

(…)

— Ahora no estoy para eso — pensó frenético mientras caminaba tenso por todo el patio de la escuela — no puedo estar tranquilo sino sé que demonio está pasando ahora mismo. ¿Ya se habrá dado cuenta de la hoja? ¿O simplemente soy tan bueno para nada que ni siquiera puedo llevar a cabo bien una venganza? — La autocrítica era una cosa común en su vida; él mismo se encargaba de subestimarse — toda la gente me toma como burla — observó con mucho detenimiento y remordimiento a cada estudiante de la escuela que estaba a la alcance de sus ojos. Para él todos eran odiosos, desde el chico que estaba jugado con su celular hasta el que asestaba los balones de basketball en la cancha que estaba más adelante — nada de eso me importaría si él estuviera conmigo — se detuvo y miro nostálgico al cielo nublado — aunque si supiera quien soy ahora se avergonzaría — se limitó a decir con pena y agachó de nuevo la mirada, resignado — pero no me conformo con ser un simple fotógrafo. Al menos hasta donde pude intente pasar desapercibido para no buscarme problemas, pero ahora quiero ser alguien en la vida. Significar algo para alguien, que se acuerden de mi aunque sea por el odio que me tienen — y lo tenía bien claro desde hace dos días, seguro completamente de que eso es lo que quería, el problema era su inexperiencia; no sabe cómo actuar, que hablar, con quien estar, como conseguir el respeto de la gente, ¡cómo ganárselo!

(…)

Se terminó el descanso y todos volvieron molestos a sus salones, reanudaron las clases que les hacían falta, ese día el examen se suspendió por que el profesor tuvo que salir de emergencia, al parecer según contaban su madre cayó en enfermedad y estaba en el hospital.

Las clases transcurrieron con una lentitud desesperante, todos ansiaban por salir y divertirse cada uno por su lado si en dado caso no querían regresar aún a casa.

Los deseos de todos se volvieron realidad cuando culminó la última clase del día en la escuela.

Kagome acomodaba sus útiles en su mochila ya lista para salir y sus tres amigas la esperaban en el salón, recargadas en el muro de la ventana esperando a que terminara de guardar todo.

Sacó su mano de su mochila ya para marcharse y cerrar la bolsa pero una de sus amigas se percató de algo interesante:

— Kagome, ¿¡qué te hiciste en la mano!? — Yuka exclamó alterada señalando la mano de su amiga.

— ¿Qué tiene mi mano? — alzo su extremidad y se asustó por un segundo. ¿A qué hora se accidentó? Que ni siquiera dolor sintió. Su mano estaba roja y la sangre parecía estar seca así que ya llevaba mucho tiempo así.

— Te cortaste Kagome — se acercó con cuidado Ayumi y tocó su mano con delicadeza, agarro un pedazo de papel que tenía en su bolso y empezó a limpiar la mano de la muchacha pero no pasó desapercibido el hecho de que ese tinte rojo proveniente de la mano quedaba plasmado en el papel con solidez y no con su estado líquido como se suponía debía estar la sangre — oh no — detuvo la acción — espera — jaló con nula compasión el brazo de la chica de cabello largo lastimándola.

— ¡Oye! — se quejó por la poca delicadeza de Ayumi.

Pero la otra joven ignoró y aproximó su mano a su rostro, a solos unos centímetros de sus ojos, estudiando detalladamente sus dedos y la palma de su mano.

— Esto no es sangre Kagome — sacó una rápida conclusión soltando la mano de la chica.

— ¿Ah no? — le dijo masajeándose el hombro pues por el estirón de brazo que le dio Yuka la lastimó.

— No claro que no, a menos que te duela… ¿te duele?

— En absoluto — negó convencida, tan convencida que incluso pensó que si bien no estaba herida al menos si tenía dislocado su hombro gracias a la inocente, Ayumi.

— ¿Entonces de que te manchaste? — volvió a preguntar.

— No lo sé, hace rato no lo traía — dijo sin importancia.

— ¿No será que en tu mochila se derramó algo? — le cruzó por la cabeza esa idea.

— ¡Ah! — gritó apurada pensando que efectivamente cabía la posibilidad de que en este momento el interior de su bolso se encontrara manchado de tinta roja. Sacó rápidamente todos sus útiles colocándolos de nuevo en la paleta de la banca del salón, sacudió su mochila para que saliera eso que la había ensuciado — No hay nada. ni un marcador — les dijo confundida a sus amigas. Pero en eso una hoja de papel doblada más manchada de rojo que sus cuadernos voló al exterior hacia abajo, hasta asentarse en el piso

— ¿Qué es eso? — se preguntó la misma Kagome.

— No sé, ¿por qué no lo averiguas? — le propuso Eri, porque para ella era lo más lógico del mundo

Antes de que Kagome levantara del suelo esa hoja sospechosa, Yuka se adelantó y la recogió, la desdobló por simple curiosidad para averiguar que era. A lo mejor podía hallarse con una carta de amor que por vergüenza Kagome había escondido.

— Vaya así que ya agarraste la costumbre de no contarnos tus secretos eh, Kagome — le sonrió con burla pero de inmediato esa sonrisa se disipó cuando empezó a leer los primeros renglones — oh no espera — su semblante tomo una actitud seria — ¿Quién carajo escribió eso? — frunció el ceño la chica de cabello corto

— ¿Qué es? — le pregunto la otra chica una que traía una diadema en la cabeza y cuyo nombre era Eri.

— ¿Están amenazándote? — Le dirigió una mirada dura a la muchacha que ingenua y ajena al motivo que causó el repentino cambio de humor de Yuka se preguntaba que decía esa nota — ¿y no nos dijiste?

—…. ¿Por qué lo dices? — se acercó nerviosa a su amiga con la intención de leer un mensaje en la hoja que apareció en su mochila sin haberse dado cuenta

— Porque aquí dice — insistió sacudiendo desesperada la hoja ya maltratada.

— Oh no — exclamó con asombro Ayumi llevándose las manos a la boca y poniendo más tensa a la morena quien ya se había colocado a un lado de su temperamental amiga.

— Es verdad Kagome, ¿porque desconfías de nosotras? si nos hubieras dicho antes de seguro hubiéramos planeado algo para solucionar el problema — insistió Yuka.

— Espera un momento — leyó con más detenimiento una frase — yo no sé quién la escribió, es la primera vez

— ¿Entonces eso quiere decir que ignoras al autor de esta carta? — arqueó pensativa la ceja.

— Así es — confirmó.

— ¿Qué podemos hacer? — se cuestionó a ella misma, Eri

— La letra Kagome — mencionó la que se consideraba la más lista de las tres — vamos a compararlas con la escritura de nuestros compañeros

— Eso es imposible — intervino Ayumi, quien por primera vez se mostraba negativa desde que la conocían, pues solía ser la más alegre y optimista — porque quizás esa carta la escribió alguien de otro salón. Me parece una tarea imposible recabar todas las escrituras de los alumnos de esta escuela y luego compararlas con esta.

— Sí, es verdad — le dio la razón Kagome — porque estoy segura de que esta carta alguien la colocó en mi mochila cuando no había nadie en el salón, en descanso seguramente; ya que ha sido la única vez que hemos salido desde que llegamos y no puede ser que alguien cerca de mi casa se haya colado a mi recamara para ponerla entre mis pertenecías ayer.

— Eres hija única es lo que más nos complica las cosas, no creo que tu madre o tu padre la hayan puesto ahí. Te creería si hubiera sido tu hermano o un niño pequeño para tenderte una broma de mal gusto como una travesura, pero no es así — se lamentó con coraje Yuka.

— Mi hermano si solía hacerme eso — recordó con tristeza — nos podíamos llevar mal, pero muy dentro sabíamos que nos queríamos mucho. Por eso me pesó tanto su muerte — sus labios temblaron al rememorar ese cruel momento.

— Este no es momento para llorar — Yuka se compadecía de ella porque se ponía en sus zapatos, pero este no era el lugar ni el momento de afligirse porque había algo más importante que hacer. Quizás una de sus mejores amigas estaba en grave peligro por esa amenaza y protegerla era su misión ahora.

— No debes de ser tan brusca Yuka — la regañó Eri defendiéndola — pero por otro lado, tienes razón. Tenemos que centrarnos en descubrir la identidad del maniaco que está atormentándola.

— Ese tipo no sabe con quién se está metiendo — estrujó la hoja que sujetaba con gran fuerza, demostrando así que tan enfadada estaba. ¡Quien se metía con Kagome, se metía con todas!

(…)

Ninguna de las cuatro sabía que alguien escuchaba con cierto temor las advertencias por parte de las mujeres.

El mismo Inuyasha estaba arrepintiéndose de haber llevado a cabo así el plan, fue algo muy apresurado, debió haberlo pensado mejor por lo menos hasta que se le ocurriera una idea más efectiva porque creía que lo único que había provocado con su precipitación era la furia de todas ellas cuando su verdadera intención era que todo quedara en absoluta discreción, que solo Kagome y él supieran de la amenaza, que ella sintiera tanto miedo a su persona que se quedaría callada y se sometería a sus caprichos, en venganza por haberlo condenado a una humillación ante Bankotsu.

(…)

Las amigas salieron todavía tensas por lo sucedido pero trataban de recuperar la paz conversando de cosas triviales, incluso la propia Kagome quien se suponía debía ser la más incómoda de todas actuaba como una persona despreocupada, para ella seguía siendo una broma de mal gusto el acoso que desde ayer empezó, podía ser también que estaban tratando de extorsionarla con trucos baratos como utilizando Photoshop en simples fotografías falsas para obtener dinero a cambio, lo sabía bien porque luego de que murió su hermano mucha gente ambiciosa, deseosa de sacar dinero se aprovecharon de su desgracia ajena como lo fue la muerte de su hermano , estas personas intentaron cobrar una recompensa que ofreció su padre a cambio de que le dijeran las características físicas del asesino para dar con él. Quienes se presentaron para hacerlo no tenían fuentes verídicas, mentían para cobrar porque deseaban hacer leña del árbol caído.

Varios llamaron a su casa insistentemente en esos tiempos difíciles cuando la herida aun no cerraba, asegurando que sabían la identidad de la persona que había causado la muerte al menor en un accidente, ya que el culpable se había dado a la huida de inmediato, huyendo como un fantasma al percatarse de lo que había provocado y nadie sabía su paradero, sus pobres padres esperanzados caían en sus juegos ya que la misma gente nada tonta pedía dinero a cambio para dar información, para develar el nombre del implicado, claro que sus padres sin dudarlo accedían, ya que la pérdida de su miembro más querido les había afectado demasiado y deseaban hacer pagar al responsable de su muerte.

Tantas fueron las ganas de hacer justicia que incluso sus padres se deshicieron de sus cosas para obtener dinero, su padre llegó hasta hipotecar la casa la cual todavía no recuperaba pero seguían viviendo en ella. Su mamá cambio por su parte totalmente, sumiéndose en lo que ella consideraba una fuerte depresión, ya no hacía caso a su familia, prefería pasar el tiempo sola, ni siquiera le gustaba compartir la mesa con ellos y lo único que salía su boca cuando rara vez se dirigía a Kagome eran palabras frías y toscas.

No era tan nuevo es como dijo antes. Su hermano Sota siempre fue el hijo preferido de la pareja.

Nunca la maltrataron, pero la forma tan indiferente de comportarse con su hija mayor la lastimaba más que los golpes. Se sentía más desdichada, ¿quién dijo que su vida era fácil?

Y ahora llegaba este extraño metiéndose en su vida y tratando de arruinar la poca felicidad que le quedaba. Ella veía a sus padres pese a sus defectos, como gente decente, muy recta. Y no permitiría que un idiota como ese, le cambie la perspectiva que tiene de ellos.

Continuará...