Nota del autor: Como verán me ha tomado mucho mas tiempo del planeado actualizar esta historia. En parte porque fui victima de alguno de los hermosos fanfic de Brittana que andan dando vueltas por aquí, y que me distrajeron de mi trabajo. También porque me costó mucho decidir que camino seguir con la historia. Aun no estoy completamente segura de la desición que tomé. Espero que en los dos capítulos que quedan pueda cerrar la historia de manera convincente, tal como la veo en mi cabeza. Muchas gracias por la paciencia. Espero que les guste.
VIERNES
Los viernes no eran muy distintos de los jueves en la puerta del Colegio. Congestión vehicular y niños corriendo por todas partes. Cerca de las 08:20 el panorama se empezaba a aclarar, y ya sólo se veía a los rezagados, entrando a las apuradas. Brittany y las gemelas aparecieron caminando por la esquina del colegio casi a las 08:30. Ella se había ocupado de llamar previamente para avisar que un problema familiar iba a causar la demora, y en el Colegio le habían dicho que no habría problema. El panorama despejado le dio la tranquilidad que estaba buscando.
Santana no estaba aquí.
Llegó hasta la puerta y el conserje le abrió a las dos pequeñas, que estaban siendo esperadas del otro lado por una maestra.
-¡Muchas gracias!- le dijo Brittany, agitando la mano.
- No hay problema- le contestó la maestra, mientras se llevaba a las niñas.
No había que volver al colegio hasta el lunes, y eso le daba dos días mas de tiempo para pensar que hacer. Quizás podría usar el fin de semana para ir a Lima, a la casa de su madre, con las niñas. Era una opción que había empezado a tomar cada vez mas a menudo, desde que Santana había empezado a pasar mas tiempo en su casa. Sin Santana alrededor, la opción de quedarse en casa con Carl le parecía insoportable. Luego de todos estos años, basculando entre su vida hogareña y su "vida" con Santana, Brittany no se había molestado en tener amigos, o algo que se le pareciera. Había retomado el contacto con Tina, hacía no mucho tiempo, y cuando estaba en Lima gustaba pasar algo de tiempo con ella y con Mike, que pese a que llevaban ya varios años casados, no habían tenido hijos. Pero era difícil relacionarse con otras personas cuando tenías que estar todo el tiempo repasando que cosas se podía decir, y cuales había que callar.
Nada de eso pasaba con Santana, por supuesto. Brittany sintió como si una mano le oprimiera el corazón al pensar en ella. Santana conocía todo. Todo lo que pasaba en su vida, y todo lo que pasaba en su mente también. Los años las habían transformado no en dos personas cercanas, sino prácticamente en la misma persona. La misma persona, unida por una mentira. Brittany cerró el puño con ira, al recordar la conversación de la mañana anterior. Santana mas que nadie sabía lo que ella había estado esperando este momento. Las veces que habían hablado de esto no podían contarse. Sin embargo Santana nunca parecía encontrar el valor, y Brittany empezó a sospechar que la razón era porque ella estaba cada vez mas cómoda con su vida.
No se había equivocado, lamentablemente.
Sin embargo, la verdad había sido dicha, y ese era un dato que ella no podía obviar. Había otra persona en el mundo que sabía, que había visto los hilos de la farsa. Ya no eran dos en ese bote, ahora...
- Brittany.
Se frenó en seco. Tan metida en sus pensamientos estaba que no alcanzó a darse cuenta de la camioneta que lentamente se había acercado por la calle hasta ponerse a su lado. La misma camioneta de todos los jueves. Pero esta vez con otro conductor.
- Steven...
Brittany sentía que no podía mirarlo a los ojos. Se acomodó el pelo que le caía sobre el rostro detrás de la oreja y miró hacia el fondo de la calle. Tal vez podría correr.
- ¿Ya desayunaste? – le preguntó él, con calma.
Brittany trato de tragar saliva, pero un nudo se le había formado en la garganta.
- ¿Que quieres Steven?
Steven apagó el motor del SUV y apoyó el brazo en el marco de la ventanilla, de manera casual.
- Oh, bueno. Mi plan original era venir y moler a golpes al sujeto que se estuvo acostando con mi esposa. Ya sabes. Lo usual.
Brittany volvió a mirar el fondo de la calle. Puedo vencer a la camioneta en las primeras 100 yardas, pensó, luego quizás me pueda trepar a un árbol. Steven no podría alcanzarme en un árbol. Nadie podría.
- Pero después de ver como le dejaste la cara a Santana, reconsideré mi estrategia y pensé que podríamos tener una conversación.
Brittany levantó la mirada ante la mención de su nombre.
- ¿Como está ella?
- ¿Su cara? ¿O ella en general?
- Su cara.
- Estará bien. Se puso algo de hielo y para esta mañana ya se la podía reconocer.
Brittany miró el suelo acongojada.
- Yo no quise lastimarla. Me siento muy apenada.
Steven se encogió de hombros.
- Será mejor que te vayas Steven. No creo que tengamos nada que hablar.
- Me lo debes Brittany – la voz de Steven sonó seca- Tu me lo debes.
Brittany miró el fondo de la calle por última vez. Luego se bajó a la calle, dio la vuelta y se subió al asiento del acompañante, como tantas veces había hecho.
Ambos permanecieron en silencio todo el tiempo entre que la camarera de la cafetería les tomó la orden, y volvió con el pedido. Puso una gran taza de café negro delante de Steven y un te delante de Brittany. Ninguno de los dos ordenó nada para comer. Luego se retiró sin que nadie dijera una palabra. Brittany observaba la gente deambular por el boulevard del centro comercial. De golpe recordó ser pequeña, allá en Lima, y jugar con sus primos a que tenían súper poderes. A ella no le interesaba volar, ni ser fuerte como para detener aviones en el aíre, o tener visión de rayos X. Ella siempre tenía la misma habilidad. Ser invisible. Y si alguno de sus primos mas pequeños olvidaba de que se trataba el juego, y le hablaba, ella siempre lo reprendía. "No puedes hablarme" le decía "Soy invisible. Nadie sabe que estoy aquí."
- ¿Sabes una cosa? Siempre estuve muy contento que Santana tuviera una amiga tan cercana como tu. Solía hacer ese comentario, con mi familia, o en el trabajo. "Debieras ver que buenas amigas que son. Dan envidia". Supongo que ahora es medio gracioso.
Steven revolvía el café con una cuchara pequeña y sonreía para si. Brittany seguía con la vista fija en la gente afuera del local.
- Yo tuve un amigo cercano en la Universidad. ¿Te conté de él alguna vez? Jugábamos juntos en el equipo de fútbol y salíamos de parranda. Lamont se llamaba. Un gran tipo. Había tenido una infancia difícil. Cuando llegó al campus se pegó al primer negro que vio, que resulté ser yo. Los blancos le daban desconfianza, algo relacionado con crecer en Missisippi creo.
- ¿Que quieres Steven?
- Nunca me acosté con él ¿Sabes? Ni siquiera se me ocurrió.
Brittany apartó el te con el dorso de la mano, sin siquiera mirarlo.
- Discúlpame Steven si no puedo llorar por tu tragedia. Yo tengo mis propios problemas.
Steven y Brittany se miraron a los ojos por un momento. Luego Brittany volvió a contemplar la calle.
- Yo tenía una vida con ella.¿Sabías? – le dijo él.
- Yo también – le contestó ella, casi en un murmullo.
Durante el último año, a medida que las sospechas y los temores de Steven se iban acrecentando, se imaginó varias veces teniendo esta conversación. Que le diría al tipo que le estaba robando a su esposa. Que palabras usaría. Hasta donde estaría dispuesto a llegar. Ahora, sentado delante de esta joven rubia, con aire de melancolía y mirada triste, no podía recordar ninguna de las palabras que había pensado.
Una sensación extraña empezó a brotarle de alguna parte de su pecho. Algo ligeramente parecido a la culpa.
- Tengo la impresión de que tu estás tan enojada conmigo, como yo lo estoy contigo. ¿No es así?
Brittany bajó la cabeza y se concentró en los arabescos del mantel. Había uno en especial que tenía forma de corazón. Pasó la punta de su dedo por el contorno, como dibujándolo, una y otra vez.
- No estoy enojada contigo, Steven. Tu no sabías nada. Se que estás en un lugar difícil. Mi problema es con ella.
Steven miró a Brittany jugar con los dibujos del mantel. Para él era común tener a jóvenes en su oficina, esquivando la mirada, incómodos ante la figura de autoridad que representaba. Brittany no parecía incómoda, sino ausente.
Sintió que dos caminos se abrían delante de él en este momento. En uno de ellos podía quedarse con su dolor, con su enojo. Nadie sentiría lástima por él, porque probablemente nadie se enteraría de lo que le había pasado, pero ser la víctima de todas estás circunstancias era de todas formas tentador.
En el otro camino, podía permitirse sentir algo distinto. Para empezar, podía permitirse sentir empatía por la persona que estaba sentada delante de él.
- Ella quiere estar contigo Brittany. Santana te ama a ti.
El dedo de Brittany se quedo congelado, a mitad de camino de dibujar el contorno del corazón por vigésima vez.
- A esta altura, no estoy segura de lo que Santana quiere.
Steven negó con la cabeza.
- Te equivocas.
Un brillo de ira encendió los ojos de Brittany.
- ¿Que sabes tu de nosotras?
- Bueno, no mucho, claramente. Pero si se algunas cosas de Santana. Aunque haya sido sólo una parte de ella la que tuve, la tuve por varios años. Y puedo decirte algo, lo que tuve, ya no lo tengo. Ella se fue de mi lado para siempre. Adonde vaya de ahí, ya no depende de mi. Depende de ti.
Brittany sintió que su corazón latía con fuerza en su pecho. Podía escucharlo claramente, bombeando. Se preguntó si él también lo escucharía. Santana había dado un primer paso. Confusa y torpemente, quizás. Pero había prendido una mecha. Ella había reaccionado con pánico y con dolor. La había culpado de tantos años de tristeza. Y la había golpeado.
- Yo hubiera esperado 10 años mas por ella.¿Sabes Steve? O 20, no se. Sólo necesitaba saber que ella pensaba en mi. Cuando me dijo que la razón por la que finalmente decidió decir la verdad, fue porque no soportaba seguir mintiéndote, me sentí destrozada. Me sentí abandonada. Yo hubiera esperado mas tiempo sólo con la certeza de que yo era la única en su corazón. Cuando me di cuenta que no era así, no pude manejarlo. Todo lo que he vivido estos años, se me vino encima. La golpee, y probablemente abrí un hueco entre nosotras, que no se si podremos cerrar.
- El lugar que yo pude haber ocupado en su corazón, Brittany, es ínfimo al lado de lo que tu representas para ella.
Brittany miró al hombre sentado delante de ella y no pudo evitar sonreír.
-Mírate Steven. Ayer nomás descubriste que tu esposa te ha engañado prácticamente todo tu matrimonio, y hoy estás aquí, tratando de convencerme de que la perdone. ¿Es que tu ya la perdonaste acaso?
Steven se acarició la barbilla, buscando una respuesta honesta.
- Pues, la verdad Brittany, es que yo la amo. Tal vez no de la forma en que la amas tu, ni por el tiempo que tu la has amado. Pero hasta ayer, ella era el amor de mi vida. No puedo odiarla así, de un momento para otro. Estoy triste, seguro, y quizás aun no haya caído del todo en lo que está pasando. Pero Dios sabe que en toda mi vida, no he visto a nadie llorar tanto, ni de forma tan angustiada, como he visto llorar a Santana estos dos días.
La idea de Santana llorando hasta el cansancio oprimió el corazón de Brittany una vez mas. En los últimos años, se habían acostumbrado a no llorar solas. Se aguantaban lo que sea, hasta estar en brazos de la otra, y sólo entonces daban rienda suelta a la tristeza. Probablemente Santana había llorado sola por primera vez en mucho tiempo.
- Yo seguiré adelante- continuó Steven- tengo mi trabajo, tengo mis hijos. Es un golpe duro, pero no es el fin del mundo para mi. Sobreviviré. ¿Santana? Si ella te pierde, no estoy seguro que pueda capearlo. Ella es la madre de mis hijos. Quiero que esté bien. La idea de estar parado delante de su tumba, explicándoles a mis hijos porqué su madre se suicidó, no me hace mucha gracia.
Sólo la imagen le produjo escalofríos a Brittany. Santana no haría eso. O por lo menos eso creía.
- No es tan fácil Steven. Carl no será tan comprensivo como tu. Hace tiempo que las cosas se han puesto distantes entre nosotros. El puede hacerme mucho daño, puede separarme de mis hijas. Yo estuve pensando, pero aun no se si hay una manera de hacer esto.
- Eso es algo que tendrán que resolver ustedes. Yo ya dije lo que tenía que decir.
Steven tomó su saco y dejó un billete de 20 dólares sobre la mesa.
- Escucha- le dijo, mientras se paraba- si yo tuviera aunque mas no fuera la remota esperanza de recuperar a Santana, te juro que no habríamos tenido esta conversación. Ella es… ella es perfecta ¿sabes? Perfecta de una manera que aun hoy no puedo llegar a entender. Jamás dejaría de pelear por alguien así, jamás, si sintiera que aun tengo una oportunidad de estar con ella. Piénsalo.
Steven se puso el saco y se dio vuelta para marcharse. Brittany se puso de pie y lo tomó del brazo.
-Steven… Lo lamento.
Steven miró su reloj.
-Mira, tengo una reunión en el Colegio. Luego iré a buscar a los niños. Me gustaría llevarlos a ellos y a las gemelas al Centro Comercial, a tomar un helado. Hace mucho que esas niñas no pasan un rato con su tío Steve. Pasaré a dejarlas por tu casa a eso de las 4. ¿Te parece bien? ¿Puedes hacer los arreglos con el Colegio?
Brittany asintió. Pese a todo, una lágrima se afincó en sus ojos.
- Gracias.
Steven asintió y se marchó.
Santana se había propuesto dejar de llorar. La hinchazón en la mejilla había descendido, pero estar llorando toda la noche le había hinchado los ojos. Todo su aspecto era lamentable, sí debía ser sincera consigo misma. Tenía el pelo revuelto, producto de las mil vueltas que había dado en la cama, llorando. Vestida con una camiseta vieja y la parte de debajo de su pijama, su aspecto era el de un desecho. Bastante apropiado, pensó, mientras cerraba la puerta del placard, para dejar de ver su reflejo en el espejo. Un desecho era como se sentía, un desecho era como se veía.
Genial, finalmente algo de coherencia.
Pensó en darse un baño, pero sintió que no tenía fuerzas ni siquiera para sacarse la ropa. Trabajosamente se dirigió a la planta inferior, arrastrando los pies la mayor parte del tiempo. Los muebles, las paredes, las alfombras, todo lo que conformaba su hogar empezaba a verse extraño, ajeno. Esta era su casa, y sin embargo, de a poco, empezaba a dejar de serlo. Sintió una melancolía leve, como un dolor en la punta de un pie, lejana.
Esta pronto ya no sería su casa, pensó. Antes o después se iría. Ya fuera que Steven se marchara, o que fuera ella la que tuviera que irse, este momento de su vida se estaba transformando en pasado delante de sus ojos. Se desvanecía lenta, imperceptiblemente, pero invariablemente. Apoyó la frente en el marco de la puerta y lloró en silencio. A estas alturas llorar se le había vuelto tan común como respirar. Michael era un bebé pequeño cuando se mudaron. Yolanda nació aquí. Todo iba a cambiar. No sólo para ella, para sus hijos también.
Puso a calentar agua en la cocina, sin estar muy segura de lo que haría con ella. Armó una compresa con agua fría de la heladera y se la apoyó en los ojos. ¿Que caso tiene, pensó, seguir tratando de desinflamarme la cara, si voy a seguir llorando, aparentemente, por siempre? Aun así, dejó que la sensación fría de la compresa la calmara. Lentamente se deslizó hasta quedar sentada en el piso, con la espalda apoyada contra el mueble de la mesada. Trató de respirar de forma ordenada, exhalando e inhalando grandes bocanadas de aire. Se quedó allí, con los ojos cerrados, incluso cuando el frió del paño ya se había extinguido. No necesitaba ver a su alrededor para contemplarse sola y pequeña, sentada en el piso de su propia cocina. Podía sentirlo. Todo había pasado de manera tan vertiginosa que no podía terminar de procesar la maraña de sentimientos que le deparaba una situación, antes de verse lanzada en otra. Tenía que parar, pensar. Pero había simplemente demasiadas cosas en que pensar. Demasiadas cosas que resolver. Steven, la casa, los niños. Brittany.
Tragó saliva a la fuerza, tratando de pasar el nudo en la parte alta de su traquea. Brittany.
Revolvió en su cabeza, buscando algo mas en que pensar, algo que no le atenazara la garganta, que no le oprimiera el pecho como una pila de ladrillos.
Pero todo conducía al mismo nombre. A la misma persona.
Perdón Brittany, me equivoqué. La voz sonó en silencio, en el interior de su cabeza.
- Perdón...
Quiso repetirlo en voz alta, pero la voz le falló a mitad de camino. No puedo decirlo, sintió, no puede decir su nombre.
El silbido del agua hirviendo empezó a hacerse mas agudo. Se levantó del piso, sintiendo el gusto salado de sus lágrimas, que habían encontrado el camino hacia su boca sin pasar por sus ojos. Quería tomar algo, algo caliente, que le sacara el gusto a tristeza de la boca. Apagó el agua y buscó una taza. La suya era una taza blanca, con una foto de Steven y los niños, un regalo del día de las madres que usaba religiosamente cuando estaba en casa. No se atrevió a tomarla, así que agarró un simple vaso de vidrio. Genial, pensó, así será el resto de mi vida. No podré hacerme ni un te sin sentir remordimiento.
Me lo merezco, se respondió a si misma, desde otra parte de su cabeza.
Dejó caer el agua hirviendo sobre el saquito de te. Ningún lugar a su alrededor le parecía apropiado para sentarse a tomarlo. Los sillones de la sala, las banquetas de la cocina. Todo parecía ser parte de la casa de un extraño. Como una escenografía, en un teatro abandonado. No quería tocar nada. No quería ensuciar ninguna silla. Nada de esto le pertenecía. Se hubiera sentado en la calle, si hubiera tenido ánimo de ir hasta allí.
Caminó hasta la sala y se quedó parada delante de la ventana, con el vaso caliente entre sus manos.
Todo tiene una explicación, pensó, tratando de aclarar sus ideas. Nunca quise desprenderme de nada. Nunca pude decir adiós fácilmente, ni siquiera cuando era pequeña. Su padre la reprendía porque no quería irse a la cama, y se quedaba con ellos, escuchando conversaciones de mayores a escondidas, hasta que la descubría y la acostaba a la fuerza, entre llantos. Hasta que 15 minutos mas tarde volvía a atraparla, escurriéndose de nuevo fuera de su cama. Ella no quería decir adiós, no quería llegar al punto donde había que separarse, ni siquiera para dormir. La soledad la angustiaba. Sorbió el te caliente lentamente, en su cabeza trató de trazar una línea entre las tres personas que mas había amado, su padre, Brittany y... Steven. El miedo a perderlos había sido todo para ella. Su padre se había marchado súbitamente, en la cama de un hospital. Ni siquiera le dio tiempo de llegar a decirle adiós. A Brittany la había encadenado a su lado. Y a Steven, bueno, el temor a perderlo le había permitido ignorar el dolor de Brittany.
Había querido tenerlo todo.
Jamás pensé en nadie, razonó, jamás me importó nadie. He vivido para evitar la soledad. Felicitaciones Santana, lo lograste.
Dejó el vaso en la pileta de la cocina. Después de todo, tal vez si me de un baño, pensó. Abrió la puerta de la cocina para permitir que algo de aire limpio entre en la casa. El día seguía nublado, como el resto de los días de la semana. El aire era otoñal, fresco, húmedo. Le acaricio el rostro y le alivio el dolor que aun sentía en la mejilla. Parada allí, en el marco de la puerta que da al jardín, sintió que el aire no la odiaba. Es un comienzo, suspiró.
Proveniente del jardín se escucho un crujido metálico. Reconoció ese ruido fácilmente. Es un columpio, sostenido por una estructura de caños, que ha estado en el jardín desde el comienzo prácticamente. Los niños le prestan escasa atención y ella se sienta allí ocasionalmente, para pensar. Recuerda a Brittany sentada en él, muchas tardes, cuando pasaban los días juntas, viendo a crecer a sus hijos. Brittany se sentaba en el columpio mientras ella lo hacía en pasto. Entre risas y consejos, le acariciaba las piernas, y descansaba su cabeza en las rodillas blancas, para que Brittany le pudiera acariciar el cabello. La prisión, la vieja celda, se ve lejana ahora, y todo lo que tenía de aterrador pareciera empalidecer. Santana se encuentra extrañando la vida que tenía.
El columpio vuelve a crujir. Hay una brisa suave, insuficiente para mover la vieja hamaca. Ese sonido es el de los caños sosteniendo el peso de una persona.
Hay alguien sentado en el columpio, pensó.
Esto no es las afueras de Lima. Acá la gente no huye corriendo a llamar al 911 cada vez que escucha un ruido en su casa. Todo siempre tiene una explicación sencilla y cotidiana, pensó, mientras caminaba lentamente hacia la parte de atrás de la casa. El aire está quizás un poco mas fresco de lo que parecía, por lo menos para este atuendo. Sintió como la piel de los brazos se sensibilizaba por el roce frio del aire de Septiembre.
Una persona se encuentra sentada en el columpio. Aunque sólo le puede ver la espalda, Santana no necesita ver mas para saber de quien se trata.
Su corazón deja de latir súbitamente.
Las manos de Santana empiezan a temblar, y eso la devuelve ligeramente a la realidad. El frío vuelve a punzar en la piel de sus brazos, lo cual ella asume que es prueba irrefutable de que no está soñando.
Brittany verdaderamente está ahí.
- ¿Quieres tomar algo?- preguntó Santana
- No- contestó Brittany, cerrando la puerta detrás suyo- estoy bien así.
Brittany fue a pararse junto a la barra de desayuno, como indecisa entre permanecer de pie, o sentarse.
- Te amo Brittany.
Las palabras se escabulleron de la boca de Santana.
Brittany sonrió apenas.
- ¿Por qué me dices eso?
Santana se mordió el labio y cerró los ojos. Por favor, pensó, no quiero llorar, solo diez minutos sin llorar. Necesito pensar.
- Porque has venido hasta aquí a decirme algo, y temo que después que lo hagas ya no tenga oportunidad decírtelo de vuelta.
Santana abrió los ojos. Brittany seguía sin mirarla. Su mirada perdida en los detalles de la pared de la cocina.
- Todavía no se que voy a decirte San. No he podido pensar lo suficiente.
Santana asintió.
- ¿Por qué no me dices lo que estabas pensando recién, en el columpio, y empezamos por ahí? ¿Quieres?
Brittany asintió suavemente. Apoyó ambas manos sobre la barra, como probando la textura de la superficie por primera vez.
- San, voy a dejar a Carl.
Santana se quedó inmóvil. Por un momento sintió el tibio calor de una esperanza.
- B, no se que decirte.
Brittany se encogió de hombros, como si estuviera hablando de algo sin importancia.
- Está bien. Tu sabes como son las cosas. No tiene ningún caso que yo siga ahí ahora. No con lo que pasó. No te estoy culpando a ti ¿Sabes? Yo elegí quedarme. Debí haberme ido antes, pero… ya sabes… siempre pensé que ibas a venir por mi…
Santana sintió la pila de ladrillos sobre su pecho.
- Britt, yo…
- Olvídalo. Ya está.
Santana se acercó y se sentó en la banqueta, del otro lado de la mesa.
- ¿Qué vas a hacer Britt? ¿Dónde vas a ir?
Brittany se encogió de hombros.
- No lo se. Es lo de menos. Le pediré a Carl que se vaya supongo. No lo se. Estuve pensando en irme a Lima, pero todavía quedan dos meses de escuela y no puedo mover a las gemelas.
Santana sintió un escalofrió. La mentira había extendido sus raíces profundamente bajo los pies de ambas. De la misma manera que su vida parecía extinguirse delante de sus ojos, la vida de Brittany estaba cambiando. Todo representaba un precio demasiado alto, producto de una verdad que había demorado demasiado tiempo en ser desenterrada.
- Lo lamento Britt.
Brittany levantó la mirada y le sonrió tímidamente.
- Lo se- le contestó.
Santana tomó la mano de Brittany y la oprimió suavemente.
- ¿Qué vas a decirle a Carl?
Brittany rio y meneó la cabeza, pero no retiró la mano de entre las de Santana.
- Puedes estar segura que cualquier cosa menos la verdad. Si Carl llega a enterarse de esto… No se que podría hacer. Temo que quiera quitarme a las niñas.
Santana asintió.
- Si… si, te entiendo, Tienes razón. Debemos ser cuidadosas.
Brittany acercó su otra mano y tomo las de Santana. Su mirada quedo fija en los dedos entrelazados. Los de Santana tensos, suplicantes, los suyos, tranquilizadores, cálidos.
- Respecto de eso San...
- Ya lo se – la interrumpió Santana- esta es la parte en donde me dices que no hay nosotras, ¿verdad?
Santana trató de sonreír. Quería ser fuerte en este momento. No quería que Brittany sintiera la soledad que ella sentía en cada fibra de su cuerpo en ese momento. Piensa en ella, se repitió a si misma. Solo por hoy, piensa en ella.
- Yo lo entiendo Brittany. Haremos lo que sea mejor para ti. Haré lo que haga falta.
- No. No es así San. Siempre habrá un nosotras. Siempre. Aunque este sea el último día que pasemos juntas, siempre seré tuya. Nada podrá cambiar eso. ¿Recuerdas cuando Lord Tubbington murió? Yo pensé que todo cambiaría. Pero no fue así. Sigo encontrando cenizas de cigarrillo aquí o allá, y pienso que es él, que no lo dejan fumar donde esta, entonces viene a fumar a escondidas a mi casa. Yo las limpió y a veces pienso que de alguna forma nada ha cambiado. Que todo es como antes. Hay cosas en la vida que llegan para quedarse, que ya no las puedes dejar atrás, no importa lo que pase.
- ¿Tu quieres dejarme atrás Britt?
- No, no quiero. Pero no se como seguir adelante. No se como podremos estar juntas.
Santana se puso de pie y rodeo la mesa sin soltarle las manos.
- Brittany, nada ha cambiado para mi. Te amo como te he amado siempre.
Brittany la miró a los ojos.
- Eso es algo que temo Santana. Que me sigas amando igual. De la misma manera en que me amaste hasta ahora. No quiero eso.
Santana se quedó en silencio. Su cabeza se inclinó lentamente hasta que las frentes se encontraron.
- Britt…
- Yo se que tu me amas, que de verdad lo sientes. Pero… ¿Qué pasará cuando vuelvas a sentir miedo? ¿Qué pasará cuando la gente no entienda? Yo… tu amor, el que dices que sientes por mi ¿Estará ahí cuando lo necesite? ¿Por qué mañana si, sí hasta ayer no estuvo?
La voz de Brittany era un susurro. Un escalpelo delgado, abriendo heridas profundas en todo el ser de Santana.
- Brittany… no… Este no tiene que ser el final. No…Yo puedo cambiar. Yo te lo prometo…
La mano de Brittany se posó en la mejilla lastimada, acariciándola suavemente.
- San, esta no es la primer promesa que me haces.
Santana se mordió el labio.
- Tu no puedes protegerme San. No puedes cuidarme. No importa cuanto te mientas a ti misma. Estás demasiado confundida. Yo no puedo esperar a que lo resuelvas. Debo seguir adelante. Debo empezar a vivir mi vida.
Santana retrocedió. Su cuerpo temblando. No, esto no puede ser posible. No es para esto que hicieron tantos sacrificios.
- No Brittany. No. Te equivocas. Yo… si tu te vas a Lima, yo me voy a ir contigo. No me voy a esconder mas. Me iré allí con los chicos, o se quedaran con Steven, no me importa. Podemos hacer esto juntas. Vamos a vivir juntas, vamos a salir adelante. Enfrentaremos a Carl juntas si es necesario. Hoy mismo. Ahora.
Brittany se levantó del asiento y la rodeo con ambos brazos, apretándola contra su pecho. Las lágrimas de Santana corrían por sus mejillas. Brittany podía sentirlas contra su cuello. Acarició su cabello con ternura.
- Debemos volver a empezar San. Desde el principio. Todo este tiempo pensamos que sería fácil. Que cuando llegara el momento simplemente el tiempo volvería atrás y seríamos aquellas que éramos en la preparatoria. Pues resultó ser que mientras esperábamos que ese momento llegara crecimos. Cambiamos. Y dejamos de ser las mismas. No podemos recrear lo que teníamos. Yo estuve confundida todos estos años pero ahora lo veo claro.
-¿Tu… ya no me amas?
- Si, si te amo. Y eso es lo peor de todo. Pero ahora tenemos casi 30 años Santana. Tenemos hijos, maridos, trabajos. Fue el precio que aceptamos pagar ¿Recuerdas? Las dos. No estoy diciendo que no podamos estar juntas. Es tan sólo que no así.
La mano de Santana se posó en la mejilla de Brittany y atrajo su cara hacia si. Sus labios se encontraron, primero tiernamente, apenas un roce. Luego firmemente. Santana sintió una fuerza subiendo por su estomago y brotando por su boca, mientras sus labios se enterraban ferozmente en la boca de Brittany. Nuestro primer beso, pensó Santana, nuestro primer beso fuera de la mentira. Y quizás nuestro último. La certeza la lleno de desesperación. No quería soltarla. Atrapó su labio inferior con furia, mientras un gemido se escurría de la boca de Brittany. Igual a tantos besos, y único.
-San…- la voz de Brittany salió disfrazada de gemido, cargada de deseo, y de miedo.
- Por favor, no me sueltes todavía- Santana susurró entre sus labios- sólo un beso mas.
La resistencia de Brittany cedió. Su boca arremetió contra ella mientras sus manos la sostenían por la parte de atrás de su cabeza. Santana sintió la barra de desayuno clavarse en su espalda mientras su mente se derretía por el empuje de los labios de Brittany. Sintió la presión de su cuerpo, atrapándola. Brittany jaló la cabeza de Santana hacia atrás y beso su cuello expuesto. Santana dejó escapara un grito sordo, mientras su cuerpo se hundía en la presión del estomago de Brittany contra su propio estomago. Sus manos bajaron por la espalda hasta sus caderas, atrayéndolas contra su centro.
- Brittany…- tembló su voz- quiero sentirme tuya una vez mas… por favor…- suplicó.
Brittany dejó de besar su cuello y levanto la vista para mirarla a los ojos.
- Sólo sufrirás mas. No quiero que llores mas Santana.
- Eso ya no puedes evitarlo.- le contesto, sollozando- sólo hazme el amor otra vez. Quiero volver a sentir lo que sentía antes de todo. Una última vez Brittany.
Las lágrimas corrían por su cara silenciosas. Brittany las atrapo con sus labios, al llegar a la comisura de su boca. Santana reaccionó gimiendo una vez mas y abriendo su boca para recibirla.
Entonces Brittany la soltó. Sus manos se apartaron, y luego su cuerpo, dejando a Santana apoyada contra la barra. Sola.
- Pero yo no Santana.- los ojos azules se nublaron por las lágrimas- Yo no quiero volver a sentir lo mismo. Ya no.
Santana sintió como la fuerza se iba de sus piernas, mientras se iba deslizando, derrumbando, lentamente hacia el piso. Quedó apoyada de rodillas, con la cabeza vuelta hacia el piso, y los brazos caídos a los costados. Sentía que quería abrir los ojos, pero por alguna razón no podía.
- Vete.
- Santana… esto no es fácil para mí… ¿crees que quiero verte así? ¿Crees que yo me siento mejor? ¡Tu siempre tomaste las decisiones por nosotras! ¡Y mira donde estamos!
Santana sentía la voz quebrada por las lágrimas de Brittany, pero aun así no podía levantar la cabeza. No podía seguir pensando mas. Ya no mas.
- Sólo vete Britt. Déjame sola.
Santana ya no lloraba. En silencio permanecieron en la cocina durante un minuto. Luego Brittany dio un paso en dirección a ella.
- Te dije que te fueras. Ya dijiste lo que viniste a decir. Sólo déjame saber como te fue con Carl.
Brittany giró y limpió las lágrimas de su mejilla con el reverso de su mano. Luego tomo el picaporte de la puerta.
- Nos vemos Santana.
- Si Brittany. Nos vemos.
