3 Chicos de alquiler.

Recargado en el alfeizar de la ventana, sus ojos azules viajaron de aquí a allá, observando la verbena que había en el interior de la casa, aunque los asistentes no parecían estar disfrutando mucho de ella. Se alejó de la ventana llevándose las manos a los bolsillos mientras caminaba por los jardines de la mansión Morelen. El sol aún estaba en el cielo. Tomaría una larga siesta en los terrenos más alejados del complejo, nadie le molestaría ahí, todo el mundo estaba demasiado ocupado para prestarle atención… aunque en realidad, en la rutina diaria, poca gente le prestaba atención. No le incomodaba, la gente así no le fastidiaba.

Iba a sentarse entre los arbustos de crisantemos pero se sintió incómodo al ver que la ventana de la sala principal ofrecía una vista directa a su lugar de descanso, no creía posible que lo vieran a través de los árboles, los arbustos y las flores, pero no le gustaba la idea de darles la oportunidad para que lo reprendieran. Caminó durante varios minutos por entre los arbustos sin importarle ensuciarse, instintivamente se movía en busca de un lugar seguro.

Delante de él estaba la parte en donde la naturaleza se volvía más densa y salvaje, Asato Ichijou decía que era porque a su abuela, le había gustado la pared que había formado la hiedra venenosa y la madre selva de forma natural. Él sabía que marcaba el límite de los terrenos ocupados por Kaname hasta hace unos días atrás; no había nadie en ese lugar por ahora. Uno de sus zapatos se hundió en el lodo, olvidaba que esa sección nunca recibía los cuidados de los jardineros, sacó su pie del charco y lo sacudió tratando de deshacerse del fango. Continuó caminando sintiendo que de cuando en cuando, su zapato se resbalaba al dar el paso.

El sitio se veía exactamente igual a la última vez que estuvo ahí, hace cinco días; nunca le había gustado el techo de fibra de vidrio, impedía la vista del cielo; ni las paredes húmedas llenas de trepadoras, asfixiaban el lugar; la mesa y las sillas de metal pintado de blanco le parecían tétricas, pero más aterradora era la fuente con esos ángeles mutilados.

—Ichijou —susurró arrastrando las vocales.

El muchacho alzó la vista del agua estancada en la fuente.

—¿También estás preocupado por él? —le cuestionó el vampiro de ojos verdes.

Senri se encogió de hombros, si el Consejo no lo había encontrado con todo el alboroto que había armado en los últimos días, quería decir que se había escondido muy bien o alguien lo estaba ayudando, aunque no sabía si alguien estaba lo suficientemente demente para hacerlo.

—Es libre —terminó por contestar. Sí, era libre para hacer lo que quisiera, en donde sea que estuviera Kaname, estaba libre de las garras de sus carceleros, era de libre de escoger el camino que deseara.

Le incomodaron los penetrantes ojos de su amigo que hasta hace un par de segundos, parecían estar demasiado distantes, Takuma le dedicó una mueca lastimera, Shiki no quería pensar en sí mismo.

—Quieren matarlo —voz quebrada del chico de ojos verdes movió algo dentro de él. Lo sabía, también había estado en esa reunión del Consejo en donde Ichijou y Rido, habían dicho mentiras sobre Kaname—. Yo…

Ya sabía que eso vendría, no habían liberado a un conejo o el lechón que iba a ser el banquete para la cena, quien había salido al exterior, era nada más y nada menos que el heredero legítimo de los Kuran. Hace un par de años habían declarado a Rido la cabeza del clan porque no existía nadie más, a los ojos de la sociedad la línea de los reyes debió ser continuada por Haruka y Juri, al no dejar hijos, entonces Rido había tomado la batuta. Con la aparición de Kaname, Rido perdería el poder que había poseído, al igual que Asato. En cuanto Kaname aclarara sus ideas… no tenía idea de lo que le haría a todos aquellos que habían jugado con él, pero seguramente no sería muy suave con ellos.

—Tengo que encontrarle antes que mi abuelo —exclamó Takuma, Shiki ladeó la cabeza—, debemos ponerlo en contacto con Lord Aido, es su mejor oportunidad.

El noble que proclamaba preferir al monarquía, el enemigo número uno de Asato… en nombre de quién se le ocurría semejante cosa.

—Lo sé, es una locura —aceptó el rubio— pero es su única oportunidad para sobrevivir.

También podría fugarse al Polo Norte y nunca más volver.

—Tu abuelo no te perdonará —comentó vagamente el chico de ojos azules.

Takuma asintió con la cabeza, Senri ya se esperaba esa reacción. Sabía de los sentimientos de su amigo hacia el sangrepura, también sabía que no iba a dejarlo solo en una situación como esta. Shiki se llevó una mano a la cabeza, tenía sus dudas con respecto a poner todas sus esperanzas en Lord Aido, el noble si bien declaraba preferir la monarquía, era un padre de familia abnegado ¿estaría dispuesto a entablar una batalla en contra del Consejo? Aunque lograran poner a Kaname en manos de Lord Aido eso no resolvería el problema, tendrían que entregar algo más ¿qué pruebas le darían al noble para comenzar semejante cruzada? ¿Sólo la palabra de Kaname? Aún si Takuma decía todo lo que sabía sobre el Consejo, seguiría siendo la palabra de dos adolescentes contra el órgano que regía a los vampiros… suicida, lo que pensaba hacer su amigo era suicida.

—No sabemos a dónde ha ido —proclamó Senri—, no podemos salir a buscarle por nuestra propia cuenta… sería sospechoso, no se van a arriesgar a dejarnos rondar por las ciudades, los cazadores también representan un peligro.

—Lo sé… pero tengo que hacer algo —insistió Takuma—, no puedo esperar a que lo atrapen antes…

—No puedes salir de estos terrenos, te lo han advertido… mi tío quiere encerrarme en casa hasta que todo pase. —Esa perspectiva no le agradaba, su madre lo seguiría a todos lados—. Además ¿cómo planeas convencer a Lord Aido de que él no es peligroso? Los nobles quedaron convencidos por las palabras del Consejo, tú los viste.

—Cualquiera que vea a Kaname, verá que no es peligroso —replicó el vampiro filántropo poniendo los ojos en blanco—, sólo necesitaría un par de segundos con él para quedar convencido de su inocencia.

—No pensarás en entrar de la mano de él por la puerta principal de Claro de Luna e ir directo al despacho de Lord Aido ¿verdad? —dijo Senri sarcásticamente—. Porque no estaremos en guerra, pero la seguridad es fuerte

Takuma negó con la cabeza, eso sólo ocurría en los mangas… aunque como media desesperada lo añadiría a la lista.

—Creo que… es algo descabellado ¿sí? —Ya era descabellado el pensar ir en contra de su abuelo—. Estaba pensando en que Hanabusa podría ayudarnos —terminó de decir Ichijou evitando la mirada azul.

Shiki abrió los ojos como platos, una cosa era poner sus esperanzas en Lord Aido cuyo poder y manejo de sus relaciones políticas era intachable, pero de eso a confiar en Hanabusa había un abismo enorme, era mejor idea ir a pedirle de rodillas a Asato Ichijou que perdonara a Kaname.

—Eso es ridículo —le espetó Senri sin meditarlo.

—Si le explico a Hanabusa la situación, entonces intercederá por nosotros con su padre. No aseguro que todo salga bien, pero le dará a Kaname una oportunidad… Lord Aido… Lord Aido le protegerá.

—¿Cómo estás tan seguro? —inquirió Shiki.

—Ningún noble dejará escapar la oportunidad de tener un sangrepura bajo su custodia —habló con pesadumbre el rubio.

Básicamente, el plan consistía en que Kaname pasara del poder de un noble, al de otro.

•••

Se cruzó de brazos sobre la mesa, sopló con fuerza sobre el pastel, odiaba cuando las cosas no salían conforme él quería.

—Iba a salir en televisión de nuevo —se quejó.

Cain rodó los ojos, Ruka bebió su té sentada en el sillón que estaba detrás de la mesa en donde Hanabusa se quejaba una vez más, por no haber podido escaquearse de una fiesta.

—Ya has escuchado a tu padre, es peligroso salir. Hay nobles y cazadores de caza, todos están buscando a ese sangrepura —dijo Akatsuki sin moverse de la ventana.

Su primo volvió a tomar postura, recargando su espalda en el respaldo de la silla. La verdadera razón por la que todos estaban encerrados era otra, una mucho más incómoda para los tres, aunque se consolaban diciendo que no tenían ganas de salir a la frivolidad de la fiesta en donde debutaba la hija de Lord Mamoru. Se mentían diciendo serían obligados a bailar con varios jóvenes o jovencitas, deberían entablar conversaciones sin sentido con vampiros de su edad, medirían rango social, poder económico, nobleza de su sangre, si pasaban la prueba entonces se añadiría ese nombre a la lista de pretendientes y el día de hoy ninguno de los tres tenía el ánimo para pasar por eso.

Era más incómodo aceptar la realidad y admitir que no querían que a sus padres les diera un ataque de euforia y anunciaran el compromiso de manera oficial.

—Uhm, un Kuran —murmuró—. Hijo de Haruka-sama y Juri-sama, no es raro que lo hayan escondido.

Ruka le lanzó una mirada elocuente al pelirrojo.

—Las paredes oyen, Hanabusa. —El rubio movió los ojos de un lado al otro al mismo tiempo que torcía los labios. No estaban en Claro de Luna para sentirse seguros, gente cercana al Consejo se paseaba por los pasillos de la casa solariega de los Mamoru. Criticar demasiado al Consejo de Mayores en ese momento no era lo que le convenía, sus familias ya tenían problemas por no estar muy apegadas al órgano regente.

—Bien, hablemos de la toxicidad producida por la desintegración alfa, suponiendo que tenemos… —comenzó a parlotear el aludido.

—Suficiente, no voy a aguantar otra de tus charlas sobre… sabrá el Ancestro que nos intentes decir, no tenemos un título en química —protestó Ruka dejando su taza de té sobre la mesa. Cain asintió con la cabeza, aunque él sabía que escucharía más tarde a su primo hablar sobre esa toxicidad, y como de costumbre intentaría seguirle el ritmo, hasta que se diera por vencido para sólo dejarle hablar y contestar un par de "ahh" oportunos.

—La toxicidad por la desintegración alfa surge cuando… —La joven intentó detenerlo, pero el pelirrojo le indicó que era mejor dejarlo seguir hablando—. Se desintegra radiactivamente un núcleo atómico que emite una partícula alfa y se transforma en un núcleo con cuatro unidades menos de número másico y dos unidades menos del número atómico anterior. Estoy hablando de física nuclear, no de química —protestó el joven como si el tema, fuera lo más obvio del mundo.

—Genial, gracias por la aclaración. —El sarcasmo impregnado en las palabras de la noble molestaron a su primo.

—Bien, tengo otro tema —contraatacó y enseguida exclamó con mímica—: ¿viste el horrendo color azul del vestido de Madame Arakawa? ¿Cómo se atreve a combinarlo con ese lazo anaranjado?

Ruka puso los ojos en blanco.

—Eres un zopenco —exclamó enfadada con Hanabusa, no sólo la trataba de banal, sino de tonta también—, además para tu información, era ultramarino el vestido y durazno era el color del lazo.

—Durazno no es un color, es una fruta. El color…

—¡Suficiente! —estalló la chica—. No tengo idea de cómo quieren comprometerme contigo, obviamente te sacaré los ojos antes de que lo anuncien.

—Eso no es propio de una dama —respondió Aido, incómodo con el tema—. Mi cara no merece ser dañada. —Se miró las manos, antes de volver a esconder su cabeza entre los brazos, recargándose en la mesa.

No habían querido tocar el tema desde que se los habían anunciado hacía unas semanas atrás, era demasiado incómodo para todos. Habían crecido juntos, no se les veía en ningún sitio sin la compañía de los otros dos, era familiares, los únicos niños de sangre noble relacionada a los Aido. De alguna manera, se hacían a la idea de que siempre estarían juntos… sólo que no habían pensando en que TAN juntos. Evidentemente no se habían tomado el tiempo para pensar en qué sería de ellos al crecer, al menos no en ese sentido. Hanabusa estaba demasiado ocupado pensando en sus números, pruebas, teorías y leyes para preocuparse por cosas tan terrenales como el matrimonio, ni siquiera prestaba mucha atención a las chicas, se dedicaba a llenar su ego escuchando lo guapo que era o lo inteligente que era de la boca de ellas, pero jamás se interesaba seriamente por algo más que escuchar sus cumplidos. Ruka aunque sentía la presión de ser la buena esposa de su noble esposo, jamás había prestado demasiada atención a esas presiones, pasaba todo el tiempo entre sus dos primos que actuaban como muro de contención para cualquier pretendiente, y luego estaba Akatsuki quien… uhm, estaba ahí para cuando cualquiera de los dos se metiera en líos, usualmente lo ocupaba más Hanabusa.

Quizá no fuera tanto dilema si Hanabusa no tuviera consciencia de los sentimientos que Akatsuki tenía por Ruka, y si Ruka no fuera… Ruka. Eran nobles, el matrimonio no se hacía por amor ni por simpatía, se casaban para tener alianzas políticas o beneficios económicos. Esa idea la tenían metida en la cabeza desde que les dieron la plática. Al ser Hanabusa el heredero absoluto de Lord Aido, las expectativas de su matrimonio sólo podían apuntar a alguien de igual poder político y económico, cosa que sólo podría ser posible si Ichijou tuviera una nieta o si existía alguna joven heredera cuyos padres estuvieran dentro del Consejo de Mayores, sin embargo, su padre no quería tener relaciones con esas familias, aunque desde el punto de vista de las hermanas de Hanabusa existían algunas herederas menores que podrían cumplir las expectativas, lamentablemente para su madre era poco el poder que ostentaban esas familias, no daría su hijo a cualquiera. La única opción razonable era dejar el poder dentro de la familia, Ruka cumplía el requisito, además ya estaba acostumbrada al carácter voluble del siguiente líder.

Entonces de nuevo, el problema no eran los beneficios que existían al concretar ese matrimonio. Los dos sabían cómo se jugaba el asunto del matrimonio, las mujeres eran elementos a la venta del mejor postor, los hombres eran el anzuelo para nuevas alianzas. Ninguno de los dos podría ir en contra de los deseos de su familia, habían sido criados para poner en alto el nombre de su linaje. Los nobles no sueñan con las historias del amor eterno, viven para la gloria de su estirpe y eso requiere sacrificios. Un esposo atento, amable, que cumpla caprichos de tanto en tanto y no obligue a la mujer a tener más de un hijo varón, es lo suficientemente romántico para decir que le ama. Una esposa que no pregunte por la hora a la que llegue a casa y no lo fastidie con el gasto, las vacaciones o los niños, es una buena esposa.

—Yo no quiero ese compromiso —dijo el rubio—, ya se me ocurrirá algo.

Serían infelices los tres porque Hanabusa no quería a Ruka de esa manera, ella era su prima, su amiga, no lograba visualizarla como su mujer. Le daba escalofríos de sólo de pensar en el asunto de los niños, le daban una ganas enormes de gritar eeeww. Ruka… Hanabusa no sabía qué diantres pasaba por la cabeza de las mujeres, pero seguro guardaba sentimientos por Akatsuki, lo sabía porque se le iluminaba el mundo cuando Cain le decía te ves bonita, aunque fuera el mismo cumplido que le hacía desde que eran niños y ella siempre le servía primero el té a Cain, luego se acordaba de él, si es que se acordaba. Y Akatsuki… ah, él estaba perdidamente enamorado de ella desde… siempre, le había visto cuidar de su prima como si fuera lo más preciado de este mundo cada día de su vida. Su primo lo odiaría, Akatsuki lo odiaría si se casaba con Ruka, no se lo diría de frente e incluso nunca se lo demostraría, pero en su mirada, en el fondo del corazón lo haría y se odiaría más a sí mismo por no haber hecho nada al respecto. Hanabusa se odiaría a sí mismo por dejar que los adultos arruinaran los lazos entre ellos tres y Ruka… Ruka odiaría a todo el mundo por hacerla tan infeliz.

—No te gastes demasiado el cerebro, los genios deben usar su mente en cosas más productivas.

Lo sabían, no tenían ninguna forma de impedir la unión entre ambos, no existía un solo argumento razonable para detener la decisión tomada por sus padres. Los tres estaban en las manos de los adultos, ellos harían lo mejor para los jóvenes, aunque en este momento ninguno de los tres lo apreciara.

•••

Al cerrar la puerta creyó haber dejado la tormenta atrás, el invierno ese año parecía estar dispuesto a matar a cualquiera que saliera de casa. Se apuró a quitarse las botas húmedas por el largo recorrido que había hecho a pie en la nieve, luego procedió a dejar la gabardina en el perchero. La casa olía a encerrado y frío. Sobre la madera el rastro de agua se perdía hacia la sala, evadió la nieve al caminar. El sonido de una botella siendo destapada llamó su atención.

Kaito estaba sentado en el sillón para uno, el líquido ámbar resbaló del recipiente al old fashioned con presteza haciendo poco ruido al verterse, se sirvió poco más de un cuarto del vaso, el cazador tapó la botella y el sonido reverberó en las paredes. Dejó el licor en la mesa de centro antes de tomar el vaso.

Las bebidas alcohólicas no eran del agrado de Zero, la sensación ardiente que dejaban en la lengua y la garganta le disgustaba. Su compañero se bebió el contenido de un solo trago, su cuerpo se estremeció sintiendo el calor expandirse de su garganta al resto de su cuerpo.

—¿Quieres? —le invitó alzando el vaso en su dirección—. Es de una buena cosecha de Dublín, muy suave.

Negó con la cabeza, ni siquiera le era apetecible el vino tinto, no creía congeniar con el whiskey. Kaito se encogió de hombros antes de dejar el old fashioned en la mesa, sin embargo, Zero todavía podía sentirle temblar por la baja temperatura.

—¿No tienes frío? —le cuestionó mientras se encorvaba para guardar más calor debajo de la gruesa chamarra que portaba—. Olvidaste dejar la calefacción encendida, esto parece un iglú.

Lo había olvidado, el último en salir era quien debía ocuparse de esas cosas, pero había salido a toda prisa en su loca cacería por el sangrepura.

—Lo siento —contestó Kiryuu inmóvil desde su lugar—, la próxima vez, aunque lleve mucha prisa lo recordaré. —El joven de cabello castaño alzó una ceja—. ¿Por qué volviste?

La otra ceja del cazador se alzó.

—Yo debería preguntar eso —terció Takamiya—, creí que estarías detrás de esa bestia hasta haberla exterminado. —Ese en realidad era el plan que había ideado Zero—. Pero estás aquí… ¿por qué?

Kaito volvió a agarrar la botella para servirse otra copa, su cuerpo aún temblaba de frío, en tanto que Kiryuu se encogía de hombros. Zero se metió las manos a los bolsillos y se fue a sentar en el sillón que estaba enfrente de su compañero. El frío de la nieve derretida en la madera penetró sus calcetines húmedos por la larga caminata, un escalofrío recorrió su cuerpo, debía cambiarse de ropa o se enfriaría. Era casi imposible para un vampiro pillar un resfriado, sin embargo la suerte de Zero era tal, que no estaba por demás prevenir esas situaciones.

—No sabía en donde más buscarlo, la tormenta es muy fuerte, pensé que no sería mala idea… esperar un poco a que se calme el clima.

Esperaba que la excusa no sonara muy estúpida, al menos podría creerle lo de la tormenta. Se quitó los calcetines sintiendo el frío en sus entumecidos dedos, le dolió flexionarlos. Una ducha caliente, eso era lo mejor, después tonkotsu ramen y algo bueno para beber.

—Ajá. —Kaito no se había creído lo que él le había contado, pero tampoco parecía dispuesto a ir más a fondo, eso tranquilizaba el joven de ojos lilas lo suficiente para planear la manera de plantearle la situación real sin… decirle la verdad. Eso iba a ser complicado—. Zero ¿qué te sucede? —le preguntó mientras volvía a dejar el vaso de whiskey vació sobre la mesa.

—Nada —contestó frunciendo el ceño.

—¿Nada? —replicó haciendo un gesto de incredulidad—. Regresas aquí, aunque hay una orden expresa de asesinar a un sangrepura, algo por lo que has estado esperando mucho tiempo, no pareces estar molesto por no haber encontrado alguna pista de esa bestia, estás más callado de lo normal y ¿vienes a hacerme striptease?

Que él estaba tratando de hacer ¡¿Qué? Interrogó a su compañero con la mirada para recibir un señalamiento hacia su persona con el dedo. Se encontró a sí mismo con media parte del tronco sin ropa, bueno… él estaba tratando de quitarse el suéter, sólo el suéter, no todo a la vez. Perplejo, escondió su desconcierto tras el suéter ahora atorado en su cabeza o que él había atorado en la cabeza en realidad. Él no intentaba hacer nada, uhm, sólo…

—Sólo quería estar más… —La mirada de Takamiya le indicaba que dijera lo que dijera, sonaría ilógico— caliente, err… cómodo, sí cómodo —se corrigió dándose cuenta de su error. Kaito alzó una ceja mientras una sonrisa burlesca se estampaba en su rostro. Lo que Zero quería decir es que iba a quitarse la ropa para tomar una ducha y así estar más caliente, sin ninguna doble intención o interés.

—Y yo creí que tal vez el whiskey estaba demasiado fuerte —dijo observando la botella en su mano—, parece ser que no —la suave risa en el tono de su voz, obligó al de cabello claro a bajar la mirada azorado por sus inocentes palabras—. Es mejor idea que el whiskey para el frío.

Al acercarse a Zero, Takamiya dejó la botella en la mesa de centro.

Su tacto era gélido, sus labios amargos, su cabello olía a viento salado, barro húmedo, paja vieja y cemento. El viajero distante. Los dedos de Kiryuu aprensaron la chamarra de lana húmeda, se separó un poco de los labios de Kaito para respirar profundamente, el aliento alcohólico inundó su garganta, ascendiendo por la nariz y golpeando su cerebro, mareándolo. Seco, el sabor seco y suave de la cebada se diluía en su cuerpo.

Su abdomen se contrae por el escalofrío, las manos heladas recorriendo los músculos del tronco le hacen estremecerse, abre los labios para jalar el aire que se le escapaba. Entrecierra los ojos mientras siente la lengua de su compañero explorar la sensibilidad de su cuello tatuado, chupándole aquí, mordiéndole allá y él sólo puede apretar los ojos con fuerza al tiempo que se muerde los labios para no gemir. El aliento caliente del cazador sobre el pezón izquierdo le hace retorcerse en el sillón, la saliva humedeciendo la zona le obliga a apretar los dedos del pie a manera de reflejo y luego Kaito sopla despacio, le hace sentir un poderoso escalofrío, su cuerpo responde extendiendo sus piernas y agarrándose de los brazos del sillón, la habitación ahora sí le parece helada. El cristal resuena, la tormenta afuera debía seguir cayendo.

La nieve acumulándose, un chico sentado observando la nada, una pistola reflejando la luz de las farolas de una plaza solitaria. Había venido a casa a aclarar sus ideas, intentar averiguar que debía hacer con lo que había visto, afuera existía un mundo en movimiento, no esperaría a que él terminara de acomodar sus prioridades.

—Espera —murmura tratando de recuperar el aliento y tomando a Kaito por los hombros ¿a dónde había ido su chamarra?—, yo… hay algo que…

—Ya sé que no eres virgen, Zero —se mofa el cazador. El aludido baja la cabeza tratando de no sonrojarse por el comentario, huele a whiskey, parecía que su camarada exudaba alcohol.

—No es eso —tartamudea.

Takamiya suspira.

—Ya lo sé, sería bizarro que lo dijeras —exclama haciéndole sentir con su tono de voz que estaba diciendo tonterías—. Sólo trataba de… no importa.

Zero alzó la mirada, Kaito le esperaba expectante, no le apuraba, no se burlaba de él, tampoco le recriminaba, sencillamente esperaba, siempre le daba su tiempo y espacio.

—¿Qué te está rondando aquí adentro? —Las manos de Kaito tocaban su cabello enredándose en sus pensamientos—. ¿Qué hay aquí que te molesta? —Sus labios recorriendo su piel desde la oreja hasta su mentón lo sacaban del contexto.

—Espera —volvió a pedir, deteniendo con sus manos cualquiera avance de su camarada por placentero que fuera—, espera, hay algo que necesito preguntarte.

El cazador se separó de él, Zero pudo respirar tranquilo por unos segundos pero ¿qué le diría ahora? ¿Cómo le plantearía la situación? Para empezar ¿qué debería decirle? Ni siquiera él tenía idea de los planes de Kaien ¿Era justo pedirle confianza ciega? Todo el recorrido hasta casa lo había pasado pensando en la situación, se había planteado varias ideas, había ideado un plan para saber las respuestas que necesitaba, pero ahora que lo tenía delante de sí, no sabía ni siquiera lo que debía pedirle. Dudas, las dudas se le enredaban en sus piernas ascendiendo por sus muslos, apoderándose de su pecho, sofocándolo.

—Dilo —dijo con un tono amable el de cabello castaño—, sea lo que sea, dilo, como puedas.

¿Por qué se sentía como un chiquillo perdido? Estaba en casa, estaba en donde tenía paz ¿por qué esa intranquilidad? ¿Por qué tenía miedo de contarle sobre Kuran?

Suspiró, tiempo, necesitaba tiempo para poder plantear la situación de manera que no rompiera su promesa de no decirle nada a Kaito sobre el sangrepura. Sin embargo, las uñas de él acariciando su corto cabello de la nuca no le dejaban asentar su decisión.

—Espera —suplicó levantándose del sillón, deshaciéndose de las manos de Takamiya que estaban sobre su cuello. Lo rodeó por la izquierda evitando mirarle a los ojos, mirando la pared de lado contrario, requería de un cambio de ambiente. Una vez más el fuerte aroma del whiskey atestó sus sentidos.

—Bien, ahora sí me tienes preocupado ¿qué sucede? —le preguntó su compañero mientras se sentaba en el sillón y se cruzaba de brazos.

Se giró para obsérvale, ahora sí debía decirle algo o no lo dejaría tranquilo hasta que confesara todo.

—Me encontré con Yagari… —contestó finalmente Kiryuu.

—¡Ahm! —exclamó, el cazador ya estaba haciendo elucubraciones. Sabía que el maestro de Zero no le tenía mucha estima, sabía que desaprobaba su relación— ¿y?

De nuevo se encogió de hombros el joven de ojos lilas.

—Es sólo que hablamos un poco y… —comentó al tiempo que se sentaba al filo de la mesa de centro.

—Te dijo algo sobre nosotros. —Zero negó con la cabeza—. Ajá, bueno no me importa. —Kaito se levantó del sillón—. Realmente no importa lo que él piense de de esto.

No tuvo tiempo para replicar, la fuerza de su beso lo lastimaba, raspaba y quemaba, como el licor barato. Demandaba hasta el último halo de su aliento, de su pensamiento, de su ser, lo sofocaba hasta el punto de asfixiarlo. Respiró por la boca, sintiendo el fuerte sabor del whiskey en la garganta, desagradable y sin embargo, aunque el aroma del alcohol impregnaba las caricias y mimos de su compañero, no podía negarse a beberlo.

—Él preguntó por cómo estabas —intentó romper la cadena que lo confundía.

Kaito rió con esa risa en la que se exhala aire, esa que es incrédula y absurda. Sus ojos penetrantes se clavaron en el color amatista, pidiéndole dejar de ser tan bueno, condescendiente, así como mal mentiroso. Volvió a acercarse a Zero, quien está vez se hizo hacia atrás.

—Es en serio, no miento —proclamó con firmeza, o eso creía Kiryuu.

—No tienes que decir cosas falsas. —Los labios del menor se abrieron para protestar, pero su cuerpo se preocupó más al sentir la rodilla del cazador veterano entre sus piernas. El joven se recorrió sobre la mesa, casi montándose en ella.

—¡Agh! —profirió, al tiempo que el cristal se restregaba sobre la madera. Zero levantó una mano, estaba empapada de alcohol, con la otra agarró la botella por el culo.

Kaito se limitó a reír al verlo en semejante estado. Las cejas claras se juntaron en la frente casi como si quisieran darse un beso.

—No es gracioso —se quejó mientras jalaba la botella—, ¡Buaj! —No se había dado cuenta que el recipiente no tenía el tapón puesto. Genial, sencillamente, genial, ahora estaba lleno de whiskey, con lo mucho que le agradaba el olor.

Ahí estaba Zero con las piernas semi-abiertas, el pantalón a media cadera con la cremallera abajo, el trasero sobre un charco de whiskey irlandés que se chorreaba hacia el suelo, todos los demás atributos al desnudo y el frío erizándole la piel. Sensualmente inocente, enredado en sus propios demonios. Irresistible, a los ojos de Kaito era imposible no tomarlo en ese estado, no sabía que se estaba cociendo en su cabeza, ni que lo traía fuera de este mundo, pero ya tendría tiempo de averiguarlo.

—Está bien —le susurró con esa voz grave y suave que a veces poseía Takamiya—, realmente está bien.

El gesto huraño no había desaparecido de su rostro, se intentó levantar para salir de este desastre pero dos manos lo volvieron a sentar, una vez más trató de alzar la voz y una vez más fue acallado con besos querellantes. Las manos de Kaito le obligaron a alzar las suyas por encima de la cabeza, no escuchó el cristal romperse pues estaba más preocupado al encontrarse de pronto con la espalda sobre la mesa, mojándose con el resto del whiskey que se había derramado en el mueble.

Está bien, recordó las palabras cálidas de Kaito. Palabras, siempre palabras tocándole el alma, haciéndole cerrar los ojos para decirse que su significado era verdadero, porque se sentía bien, porque quería estar bien, porque Kaito le decía que estaba bien.

Frases coherentes navegando por su piel, encendiendo sus emociones, manoseando su sensibilidad; comas que cosquilleaban sobre sus hombros, sobre sus costillas; puntos erógenos dándole fin a discursos sobre su condición sobrenatural; espacios entre letra y letra que se arrastraban por sus muslos; punto y coma le besuqueaban rincones que le avergonzaban; dos puntos enmarcaban, acentuaban y abrían… era mejor no decirlo.

Todo se inscribía en él, guardando la calidez de quien con sus dedos le dedicaba bella poesía, le daba igual si la métrica era la correcta o si la ortografía era buena, incluso de vez en cuando los tachones hechos con los labios en la piel sobre los errores de escritura, se sentían bien. Lo malo es que los fisgones alzaban la ceja de mala gana al leer el nombre del autor; éste se reía del escándalo impreso en los ojos de los puritanos. Zero prefería ser hoja de un anónimo.

Era sencillo para Takamiya abrir el libro en el capítulo exacto, pasar sus dedos sobre las líneas correctas para elevar la temperatura, descubrir el subtexto de cada gesto y meter mano para crear el espacio de nuevos diálogos. Luego con la pluma inscribía sobre el papel presionándolo y dejándolo de presionar, también sacudía el instrumento de tanto en tanto, hasta que al final la tinta se corría.

Toda esa escritura metafórica le parecía bella, aunque no entendiera lo que quería decir, aunque entre más intentara encontrarle un sustento real, más se perdía. Le daba igual, pues con significado o sin él, sonaban encantadoras sus palabras.

Abrió los ojos con pesadumbre aunque de inmediato sus sentidos se agudizaron, era de noche, lo sabía aunque las cortinas estuvieran cerradas, el poder de la oscuridad corría por sus venas. Kaito estaba en la cocina, buscando algo en el refrigerador. Kiryuu se levantó, creía que le dolía la cabeza o al menos algún malestar similar tenía. El cuarto apestaba a alcohol, sudor, saliva, ropa sucia, sábanas sudadas y aire encerrado, debía hacer el aseo antes de pensar en pasar la noche en esa habitación, pero primero se daría un baño, sentía todo el cuerpo pegajoso, además le picaba el cabello que tenía tieso ¿cómo había permitido semejante desastre?

El teléfono sonó, se enredó una de las sábanas en la cintura, sólo podía ser una llamada urgente de la Asociación, nadie más les podía marcar. Fue hasta la sala pero Kaito ya había contestado, se había llevado el inalámbrico a la cocina. La casa olía a whiskey, tendría que lavar el piso, limpiar la mesa de centro ¿en qué estaban pensando cuando se les ocurrió dejar que el alcohol se derramara por donde quisiera?

—Uhm, ¿en dónde viste a Yagari? —preguntó su compañero quien salía de la cocina con el teléfono en una mano y en la otra tenía un cup noodles humeante.

—En la estación de trenes del sudoeste —respondió, evidentemente no le podía decir que lo había visto en la casa de Kaien, eso suscitaría una serie de preguntas incómodas, además, la estación del sudoeste no estaba tan lejos de la casa de Cross—. ¿Qué sucede? —No le había gustado la manera en la que el cazador de mayor edad había fruncido el ceño.

—Lo están buscando, debería estar al norte de Aeglos. ¿Te dijo porqué estaba en la estación?

—No —se apresuró a negar Zero—, sólo nos vimos por unos cuantos minutos. —Eso no era del todo una mentira—. ¿Por qué lo está buscando la Asociación? El Presidente prefiere tenerlo lo más alejado posible de la central.

—El sangrepura loco acaba de atacar una ciudad al norte de Aeglos —manifestó con tranquilidad—, Yagari debería haber estado ahí, inclusive pudo haberlo asesinado…

—¡¿Qué? —casi gritó Zero.

—No le hubiera dando tiempo al sangrepura de hacer toda esa masacre, seguro que de un par de tiros lo mata —le aclaró Kaito.

—Eso ya lo sé —replicó Kiryuu—, me refería a lo del sangrepura ¡¿qué hizo qué?

—Mató a una familia entera, una pareja con tres niños, bastante brutal por lo que comentan. Algunos nobles estaban tratando de arreglar una simple detención para sangrepura una vez que lo encontraran, y no la muerte. Lo que acaba de hacer, ha terminado con su única esperanza.

—Espera… ¿estás diciendo que en Aeglos, el sangrepura asesinó brutalmente a una familia esta noche? —insistió Zero, estaba tratando de ordenar sus ideas. La casa de Cross se encontraba a unas cuantas horas de la estación del sudoeste, el tren era la vía más rápida para viajar de continente a continente, asumiendo que Kuran fuera el asesino, le hubiese tomado por lo menos tres días de viaje.

—Sí, unos cazadores novatos le vieron cometer esas fechorías, miembros volando, sangre en las paredes… todo un festín macabro.

¡Es una mentira! Quiso gritar el chico de ojos lilas. En la remota posibilidad de que Kuran se hubiera escapado de Kaien y Yagari, no podía imaginarlo cometiendo ese tipo de fechorías, él era demasiado… pasivo. Sus movimientos eran lánguidos, perezosos, como si quisiera que cada uno de ellos durara una eternidad.

—¿Cómo sabían los novatos que era el sangrepura que buscamos? —le cuestionó Kiryuu a su compañero. —Kaito frunció el ceño—. Quiero decir —se aclaró la garganta Zero— ¿Cómo saben que es el sangrepura loco y no uno que se estaba haciendo pasar por él?

—¿Por qué alguien querría hacer semejante locura? —profirió Takamiya—, No sé, cómo determinaron que era el sangrepura, pero el Presidente ha ordenado que nos reunamos en equipos para ir a cazarlo.

¿Reunirse en equipo? ¿Estaba el presidente hablando en serio? ¿Estaban preparando grupos de caza sólo para ir en busca de Kuran Kaname? No podía terminar de creérselo, ¿cómo era posible que la sociedad armara tanto revuelo por un simple adolescente, que tenía la pinta de apenas saber cómo cruzar la calle? Definitivamente algo truculento se escondía detrás de tan peculiar sangrepura, Cross y Yagari estaban jugando con fuego.

—A mí me parece extraño —murmuró Zero mientras Kaito comía sus fideos—, aparece un sangrepura joven, descendiente de los Kuran y nos dicen que está loco, ¿cómo podemos estar seguros de ello? Hay un ataque que fue visto por novatos ¿cómo saben ellos que no fueron engañados por otro sangrepura? Ahora todos los cazadores deben darle caza, pero ¿por qué?

Dígame, Señor Cazador, usted que lo juzga todo con rectitud ¿cuál es la ofensa que le he hecho? Las palabras del vampiro le golpearon la mente con fuerza, sus ojos borgoña le cuestionaban con sinceridad.

—¿Por qué cazarlo? —repitió Takamiya asombrado, como si su compañero acabara de decirle que le había hecho amistad con un sangrepura—. ¿Qué te sucede? —Zero se encogió de hombros—. Algo raro tienes el día de hoy —sentenció—. En cuando a tu pregunta, no me interesa —Kiryuu le observó de soslayo—, claro que es extraña su aparición. Imagino que Rido Kuran sólo quiere deshacerse del cachorro que había estado guardando por tanto tiempo; tal vez a petición del Consejo… y ahora que tiene una oportunidad para deshacerse de él, sin duda la aprovechará, así dejará de tener una competencia para el trono.

»No es extraño que todo el mundo quiera darle caza, considerando lo inestable que es, aunado al hecho de que puede acceder al trono, yo no me arriesgaría a dejarle volver a casa, seguro se come al tío. —Dicho esto se llevó a la boca varios fideos.

Claro, el joven sangrepura se había convertido en una molestia para Rido desde que se había escapado, algo siniestro ocultaban esos dos, cualquiera podía adivinarlo. Sin embargo, Kuran Kaname no parecía del tipo de vampiro que destazara a sus víctimas a sangre fría, tampoco iría en contra de su tío, parecía tenerle una gran aprecio.

—¿Intentas decir que no deberíamos cazarlo, porque es una víctima? —Kaito se rió—. Se te subió el whiskey a la cabeza —Zero desvió la mirada intentando olvidar ese tema—, quiero decir que el sangrepura loco no es una verdadera amenaza, aunque lo que hizo con la familia demuestra que es un terrorista en potencia. En cualquier caso ¿desde cuándo les tienes clemencia, Zero? Lo quieren muerto, el motivo es lo de menos, deshacerse de ellos es lo único importante.

Asintió con la cabeza aunque por dentro no estaba seguro de lo que debía contestar. Era verdad que buscaba la manera de asesinar a los sangrepura, sin embargo, lo que Asato Ichijou planeaba hacer era mucho más aterrador, si para evitar una catástrofe tendría que jugar con la nueva adquisición de Cross por un rato, era un precio que podía pagar.

—Pero… ¿deberíamos obedecer a los vampiros sólo porque sí?

Kaito frunció el ceño, parpadeó antes de dejar de comer.

—¿Qué quieres decir con eso?

Zero movió los labios.

—Pues… ellos dicen: maten a éste y nosotros vamos a hacerlo ¿cuál es la razón? No la sabemos, pero lo hacemos —comentó el joven cazador.

El chico de cabellos castaños deambuló por la sala.

—Cazamos de acuerdo a la lista, Zero. No es lo mismo matar a un sangrepura que a un nivel E o algún noble. Las razones no son importantes, acabar con todos ellos es nuestra prioridad. Si entre ellos tratan de matarse no es de nuestra incumbencia, algún día caerán en sus propias redes, entonces podremos matarles. Sólo debes sospechar un poco, encontrar evidencia concreta y asestar el golpe, ese es el poder que nos ha dado el presidente.

La situación no era tan fácil como Kaito la planteaba, al menos Kiryuu no podía verla desde ese punto de vista. Los cazadores estaban siendo manipulados, creían estar trabajando para proteger a la humanidad, cuando en realidad trabajaban para Asato Ichijou.

—Pero no todos opinan lo mismo que nosotros —rebatió Zero.

—¿Y? nadie ama a los vampiros, matamos a aquellos que podemos bajo las leyes que nos amparan. Nadie se posicionaría de su lado… ¿estás hablando de los cazadores que buscan alargar su vida? —Bueno, el muchacho de ojos lilas, no sabía que buscaban los cazadores que se aliaban con los vampiros, pero para el caso se dejaban seducir por la longevidad de la noche, así que asintió con la cabeza—. Mmm… Rido Kuran es el tipo de vampiro que se involucraría con eso. ¿Quieres decir que Kuran está manejando a Ichijou? Quizás ambos están en esto, pero ¿qué cazadores estarían involucrados? Un sangrepura loco, que no está loco; un ataque que no fue perpetrado por el autor que anuncian; cazadores que no quieren cazar a los vampiros. ¿Por qué huiría de casa? ¿Qué le hizo salir de su celda? ¿Qué desean encubrir? Ahora veo porqué tienen tanta desesperación por encontrarlo —parloteó Kaito más para sí mismo que para su compañero—. Sin embargo, ¿cómo estás seguro que él no está loco, Zero?

No estaba del todo seguro, después de todo, Kuran Kaname actuaba raro aunque no lo hacía de forma violenta.

—¿Por qué no asesinó en el primer pueblo por el que pasó?

—¿Me estás preguntando por qué un loco no asesina en el primer pueblo que pasa, pero sí en el tercero? —soltó Takamiya desconcertado—. ¡No lo sé! Tal vez no estaba tan aburrido. Eso no prueba nada, bueno… sólo que se debe a sus caprichos y ya. Recuerda que los asesinos tienen un tiempo de enfriamiento, en ese tiempo llevan una máscara de tranquilidad, hasta que algo saca a flote, una vez más, su verdadera naturaleza. Algo hizo la gente de Aeglos que sacó a relucir la naturaleza del sangrepura.

Por la cara que tenía Zero, Kaito sabía que no estaba conforme con su explicación, había algo que no le estaba diciendo, lo sabía, jamás había hecho tantos cuestionamientos a la hora de ir de caza por algún vampiro. ¿Qué lo estaba deteniendo?

—Es una buena teoría, pero no tengo más tiempo para especular, tampoco serviría de mucho —sentenció el cazador veterano. Kiryuu frunció el ceño—. Maebara me ha dicho que debo unirme a su grupo, iremos al noreste en busca del sangrepura, no tenemos tiempo que perder, tal vez si me encuentro con el sangrepura le haga un par de preguntas antes de matarlo.

—¿Y si es el único testigo de las fechorías de Rido? —le interrumpió Zero.

—Llevaré una grabadora, tendremos una prueba fehaciente, luego lo mataría —sentenció—. El proceso legal para enjuiciar a su tío llevaría mucho tiempo, lo cual le daría tiempo de que escapara. Y lo más probable es que de alguna manera encuentren víctima al sangrepura loco, así lo pondrían en libertad. Si tengo la información, lo mato y luego mato a su tío, serán dos sangrepuras menos en este mundo.

Zero dudaba que a quien estuvieran cazando fuera a Kaname, él estaba custodiado por Cross y Yagari. Aunque Kaito lograra atrapar al verdadero asesino de la familia del norte, pudiera sacarle la verdad y después lo matara, no sobreviviría para el siguiente paso. Cazar en grupo significaba que irían en grupos de seis, los integrantes normalmente eran designados al azar. Claro que, alguien del rango de él, probablemente tuviera derecho a decidir los integrantes de su grupo, aun así ¿qué garantías existía de que uno de su grupo no fuera un traidor? Al matar al asesino, todos bajarían la guardia y…

—Iré…

—No, tú no puedes ir detrás del vampiro loco, esa fue la orden de la Asociación —anunció. Zero no podía creer lo que acababa de decirle—. Deben temer la influencia que el sangrepura pueda tener sobre ti. —El silencio se hizo sobre la habitación, afuera ya no había tormenta—. Bueno, las palabras que usó Maebara fueron: Kiryuu sigue sin tener permiso de ir de caza, no debe involucrarse en esto. Maldito idiota, sé que lo estaba disfrutando. En general no es tan mal chico, pero no le agradas para nada, ¿Zero?

—Ellos no quieren que me involucre con el sangrepura —repitió lentamente. Primero lo envían esperando que se mataran mutuamente, luego lo quieren lejos ¿qué sería lo siguiente?

—Bueno… ellos nunca dijeron que no podías salir de casa, si te lo encuentras por casualidad ¿tendrías que defenderte, no? —comentó Kaito como si estuviera hablando del clima.

Sonrió, mientras toda la burocracia de la Asociación se estaba comiendo hasta la corbata esperando encontrar a Kuran Kaname, Zero iría a buscar la basura que habían estado tirando desde las sombras, para cuando se volvieran a preocupar por él, tendría algo con que regresarles toda la mierda que habían estado esparciendo. Kaito no ayudaría a Kaname ni aunque de eso dependiera su vida, pero reconocía que existía algo extraño en todos los eventos recientemente acontecidos. Por el momento, sólo tenía un camino que podía recorrer.

—No confíes en ninguno de tus compañeros de viaje —era lo único que Zero podía decirle.

Kaito le sonrió con sorna.

—¿Cuándo he confiado en alguien?

•••

Jugueteó con la copa de vino en su mano. Las parejas danzaban sobre la pista al ritmo de Bizet. Carmen Prelude era una pieza inapropiada para esa noche, a la familia Urasawa parecía no importarle ese hecho, después de todo, sus vínculos con los nobles era por un parentesco lejano y si se seguían codeando con la nobleza, se debía a su magnífica producción de vino. Hechos como que un sangrepura demente andaba suelto, realmente no les afectaba. Masao Urasawa, el líder de esa casa, se dedicaba por entero al perfeccionamiento del vino, no le interesaba la política, el dinero o la posición social, aunque su hija no estaba muy de acuerdo con eso y por ello siempre intentaba atrapar a algún noble de poca monta.

No tenía idea de cómo había terminado siendo arrastrada hasta esa fiesta, los Touya no eran nobles de renombre, sin embargo, guardaban mejor estatus que los Urasawa. La chica suspiró, tenía la esperanza de encontrarse con los primos de la familia Aidou, pero al parecer el berrinche de Hanabusa todavía no había acabado.

Se sentó en la silla de hierro y dejó la copa en la mesa, la familia debía tomar una copa de vino en esa mesa a la media noche, la vista que tenía hacia el jardín era hermosa. Un sonido metálico sonó a sus espaldas, giró la cabeza para encontrar al causante. La cazadora se estaba acomodando las correas que sostenía la ballesta de su espalda, las flechas brillaban sobre la correa que atravesada en su pecho. Sus fríos ojos castaños la escudriñaron, como si de pronto Rima se fuera a convertirse en un nivel E y la fuera a atacar. La vampira estaba aburrida, pero no iba a ser tan tonta como para atacar a una cazadora. Aunque le hubiese gustado decirle que su corte de cabello era bonito; era moderno y aunque fuera muy corto, no daba la apariencia de ser un hombre.

—Rima, te están esperando —su madre la regañaba con una mano en la cadera. Ella quería que bailara con el hijo de los Mihara, el chico no le caía mal, tenía la decencia de no atosigarla, pero no deseaba entablar ninguna especie de relación con él—. No debes hacer esperar a los hombres, al menos no demasiado tiempo, creerán que no tienes interés. —Y la chica no lo tenía.

Se levantó de la mesa, un segundo cazador apareció en el lugar, debían estar nerviosos por el sangrepura, ¿acaso esperaban que se apareciera en un baile de tan poca presencia social? Ni siquiera saldría en el periódico local.

—Podrías haber escogido un mejor lugar para holgazanear —le regañó al cruzarse con el cazador quien entrecerró los ojos al verlas—, aquí hay un pésimo ambiente.

El cazador alzó la nariz y su madre apretó el abanico que portaba en la mano.

—No tenían porqué venir, no es una gran reunión y aquí no hay niveles E —susurró. Rima puso los ojos en blanco, no le interesaba lo que su madre tuviera que decir al respecto—. He escuchado que sólo están buscando la oportunidad para asesinar a cualquiera que se les cruce en el camino, con el pretexto de encontrar información del sangrepura demente. No andes por ahí sola, ojalá Aidou-san estuviera por aquí… o al menos ese Shiki.

Rima miró de mala gana a su madre, ya sabía que desaprobaba su amistad con Shiki o el mismo Ichijou, pero no tenía que decir su nombre de esa manera, quizás él fuera el hijo no reconocido de Kuran-sama, aún así, sería el heredero de su tío y tomaría asiento en el Consejo de Mayores en un par de centurias. Eran aspectos reprobables desde el punto de vista de una familia que apoyaba la monarquía, pero al menos tenía mayor rango que ese Mihara.

—¡Ah! Ahí está, será mejor que vayas a él… has como si tuvieras sed, entonces entablas una conversación —le ordenó sin mayores miramientos—. Está entusiasmado con la idea de bailar contigo, ya lo creo.

Suspiró.

—No tengo ánimos —respondió con pesadumbre, pese a ello, su rostro siguió teniendo un gesto indiferente.

—Tienes ganas de bailar con él, Rima —aseveró la Señora de Touya—, y tendrás ganas de pasar gran parte de la noche a su lado. —Los ojos azules de la joven observaron a la dama de vestido verde que se abanicaba con pereza—. No me hagas repetir que es lo que deseas, Rima, no tengo mucha paciencia esta noche.

Lo que ella deseaba, si hubiese podido, hubiera reído, pero desde pequeña los modales que le habían inculcado dictaminaban que no debía expresar emoción alguna en rostro. Su madre siempre la arrastraba a todas las fiestas a las que las invitaban, generalmente le decía con quien hablar, con quien bailar y hasta lo que debía vestir para cada ocasión. Rima la dejaba hacer porque no tenía otra opción, además sería una deshonra no obedecer a sus padres, ella era una buena hija así que siempre obedecía… excepto cuando se trataba de no hablar con Ichijou y Shiki.

Dio media vuelta y camino hacia donde se encontraba Mihara. Impacientar a su madre terminaría en alguna clase de castigo adicional, no valía la pena pagarlo, sólo era una noche aburrida, no terminaría comprometiéndose con Mihara por bailar un par de valses. Varios vampiros de su edad le observaron pasar, los chicos se le hacían insoportables cuando no estaba sus conocidos a su alrededor, inclusive creía que eran más pesados los vampiros que sus fans humanos.

Llegó a la mesa en donde tomó una copa de mala gana, se sirvió ponche hasta la mitad y esperó a que se le acercaran.

—Señorita Touya —la saludó Takahashi Mihara mientras bebía el jugo—, ¿está pasando una agradable velada?

Tuvo ganas de decirle que parara la charla sin sentido, pero él sólo estaba siguiendo las normas de la sociedad.

—Sí —respondió sin emoción alguna.

El joven observó el techo como si estuviera buscando algún tema de conversación.

—¿Le ha gustado el vino de esta noche? —El chico podría haber preguntado del clima, era menos aburrido hablar de eso.

—Sí —volvió a decir.

—¿Qué tal la comida?

Eso requería romper los monosilábicos, de pronto los labios se le antojaron demasiado pesados. Articular frases era una tarea en exceso laboriosa.

—Buena.

—Los cazadores son una molestia. —Rima observó al vampiro que llegaba, no sabía su nombre ni a qué familia pertenecía, aunque su apariencia era agraciada, no tenía el más mínimo interés en él—. Sería peligroso ir al lago, oh… usted debe ser, la señorita Touya. —Eso era una afirmación más que una pregunta.

—Él es Amadeo Takamura —presentó Takahashi al recién llegado, y si él se llamaba Julio César a ella le daba igual, sin embargo, hizo la reverencia que una buena dama debería hacer a manera de saludo.

—Escuché que no nos dejarán salir a ningún lado —la que habló en ese momento era una chica de cabello pelirrojo. Detrás de ella varios jóvenes le seguían, debían ser algo así como el grupo de amigos de la región.

—Los cazadores están por todos lados —le aclaró Amadeo—, es por ese sangrepura, esperan que se aparezca por aquí de un momento a otro. —Todos rieron—. Bueno, al menos tendríamos algo con qué entretenernos. —Muchos de ellos no eran no nobles, sólo vampiros con alguna especie de soporte económico en boga, de lo contrario sabrían que decir eso era una grave ofensa. Uno debía tomarse en serio a los sangrepura.

—Uhm, pero no logro entender ¿cómo es que nadie sabía de su existencia? —dijo un vampiro de ojos cafés, sus ropas no era de buena calidad, aunque su vestir era pulcro.

—Mi tío escuchó que lo habían encerrado en un sótano, estaba encadenado en una cama porque no sabía controlarse, cuando lo alimentaban llevaban al humano hasta su cama y le acercaban el cuello. —Eso debía ser una completa mentira, simplemente, la idea era absurda. Sin embargo, muchos se creyeron las palabras del vampiro de cabello rubio.

—¿Qué clase de vida es esa? —cuestionó la menor del grupo, una vampira de cabello castaño y ojos negros.

—A los sangrepura les gusta estar aislados, no les interesa lo que sucede en el mundo, se aburren de todo con facilidad y tienen caprichos extravagantes —declaró el joven Takamura como si conociera a los sangrepura—. Les gusta beber la sangre de los vampiros que les atraen, también se entretienen seduciendo a cualquier vampiro, les encanta el placer.

Rima volvió a beber de su copa. No recordaba a Juri-sama y Haruka-sama, creía haberlos vistos una vez en una reunión en la mansión principal de los Aido, Claro de Luna, pero lo que había escuchado de ellos por parte de Aido, de Ichijou o de Cain, difería bastante de la descripción que los vampiros de ese pueblo decían. Claro, esas personas alegres y amables, se suicidaron de manera brutal, los sangrepura eran raros.

—Bueno, la pareja Kuran sólo salía a algunas fiestas, la mayoría de las veces cuando se daba en casa de los Aido, aunque, nunca fueron en exceso sociables —comentó Mihara—, mi padre dice que después del problema que tuvieron con Rido Kuran-sama se volvieron más distantes.

Eso definitivamente no era un buen tema de conversación ni siquiera entre los vampiros más grandes se comentaba. Era descortés sacar el tema a colación, sobre todo si estaba alguien del Consejo cerca, Rima divagó su mirada alrededor de los jóvenes como si estuviera buscando esos ojos de los cuervos del Consejo, que escudriñaban hasta los pensamientos. Pero las parejas seguían bailando al ritmo de Strauss y los vampiros se reían un poco sonrojados por el vino.

—¿Qué problemas? —pidió saber la vampira de cabello pelirrojo.

Takahashi miró de reojo a Rima, quien parecía haberle encontrado cierto encanto al pavo asado, el chico suspiró y observó a su alrededor.

—No lo sé, pero aparentemente hubo algo que los hizo distanciarse, una pelea entre la familia poco después de nacer el hijo de Haruka-sama y Juri-sama, al cual después se dio por muerto.

—Yo escuché que lo habían asesinado —dijo Amadeo pinchando un bocado del plato de carnes frías—. No estaba tan muerto, uhm.

—A partir de ahí, tanto Haruka-sama como Juri-sama no quisieron volver a estar cerca de Kuran Rido-sama, inclusive nunca iban a la misma fiesta. De alguna manera es irónico que quien haya terminado cuidando de su hijo, sea… él. —El silencio se hizo en el grupo, eran chicos buscando diversión en un baile aburrido, quejándose por no poder salir a divertirse a los alrededores porque los cazadores no se los permitían. Temas relacionados con la muerte o las relaciones extrañas de los sangrepuras no les importaban.

—Por lo menos podemos ir a los establos y alejarnos de aquí —sugirió el vampiro de cabello rubio—, no quiero tener que aguantar esta corbata toda la noche.

Rima supuso que hubo un , subliminal por parte de todos porque ya volvían a avanzar en grupo hacia las puertas del salón. Sería un escándalo si su madre se enteraba que se escapaba con un montón de muchachos y sin vigilancia, así que ella se quedaría, al menos tendría una excusa para decirle a su madre porqué no había bailado con el joven Mihara.

—¿Meharías el honor de bailar conmigo esta pieza? —por fin se atrevió a decir el noble.

Touya se aguantó las ganas de poner los ojos en blanco, se limitó a darle la mano, esperaba que al menos no fuera un mal bailarín. Su madre la miró con aprobación desde el otro lado se la pista, estaba haciendo lo que Rima deseaba.

•••

Dos mocosos corretearon a su alrededor, sin embargo una vez le vieron el rostro salieron despedidos hacia el otro lado de la acera; los jóvenes no tenían respeto por los adultos. El humo del cigarro se elevó de su boca al cielo, le dio la última calada al cigarro y lo apagó en uno de los maderos de la cerca, esperaba que Kaien no lo notara o le daría uno de sus aburridos sermones sobre lo terriblemente dañino que era el cigarro. Se guardó la colilla en la chaqueta, tampoco quería recibir un sermón sobre la contaminación del ambiente, abrió la puerta de la verja con una mano.

Revisó el perímetro escudriñando por todos los rincones, nada anormal parecía haber sucedido en su ausencia. Se buscó en las bolsas de los pantalones las llaves de la casa, encontrándoselas en el bolso trasero. Pasó la bolsa con alimentos que traía, de un brazo al otro, para tener mayor libertad al sacar las llaves del bolso. Abrió la puerta esperando encontrar un par de ojos curiosos observándole en la oscuridad, sin embargo estos no estaban, frunció el ceño y cerró la puerta detrás de sí. Escuchó las voces de la televisión relatando un partido de hockey sobre hielo, el sangrepura debía seguir pegado al televisor tratando de descifrar las reglas del juego.

No se había equivocado, Kaname se encontraba acostado, pecho tierra, sobre el piso con una almohada entre los brazos, observando a los jugadores pelear por el control del puck. Desde que había descubierto la televisión, se había fascinado con las diferentes cosas que encontraba en la programación. Yagari dejó las compras sobre la mesa, todavía no terminaba de creerse lo poco que les había contado en los pocos días que había pasado con ellos.

Aparentemente, su tío lo había mantenido confinado en un sótano, salvo las raras ocasiones en las que lo sacaba al jardín techado. Tenía poco contacto con el exterior o con personas ajenas a su tío y Asato. Su cuarto sólo contaba con una cama, una sala de estar en donde tomaba el té y un estante repleto de libros. Pasaba sus largas horas escuchando música en un gramófono ni siquiera cuando Yagari era niño se usaban esas cosas obsoletas; leyendo o releyendo los libros que le regalaban Asato y Rido, todos los títulos que había mencionado eran novelas de la literatura clásica de los años anteriores a la gran catástrofe del medio ambiente; también tenía una serie de juegos de destreza mental con los que se solía entretener, aparentemente sus carceleros sólo querían que su víctima fuera inútil, mas no idiota.

El cazador miró de reojo el boletín que le había llegado a Kaien Cross sobre el sangrepura, acusaban al muchacho de haber asesinado a una familia en la ciudad de Aeglos, la cual se ubicaba en la punta norte de las tierras sometidas al control del Consejo. Anunciaban con lujo de detalles que había desmembrado a todos los integrantes de la familia, iniciando con los niños y terminando con los padres, resaltaba eventos mórbidos como si estuvieran repartiendo un periódico amarillista ¿era necesario saber que los intestinos del hombre, se habían quedado colgados en las lámparas del techo? Le asqueaba encontrarse con ese tipo de relatos, no sabía quien había sido el autor de dicha fechoría, pero no tendría piedad cuando se lo encontrara, fuese vampiro o humano.

—¡Ah! Uhm… americano —exclamó el chico con un tono seco, cambiando el televisor de canal—, uhm… película en blanco y negro… uhm Doctor Who… uhm Star Treck… ah, History Chanel.

¿Cómo podía alguien creer que él era un asesino a sangre fría? Frente al cazador, estaba un simple adolescente entusiasmado por los novecientos canales a los que tenía acceso.

—¿Quién va ganando el partido? —le preguntó Toga.

Kaname giró la cabeza, aparentemente el televisor lo había absorbido tanto que no se había dado cuenta de que había alguien más en la casa.

—Los Steelers de Pittsburgh —respondió volviendo a cambiar el canal—. Tengo hambre.

En su encierro no todo había sido tan terrible, su tío le había dado una vida cómoda. Dormía cuando quería, se despertaba a la hora que quería, comía cuando quería pues tenía sirvientes que le llevaban comida en cuanto la pedía, jamás en su vida había tocado una escoba o un trapo para limpiar, no había tendido su propia cama ni siquiera le habían permitido vestirse solo y el colmo de los colmos, tampoco le habían dejando bañarse solo.

Yagari no tenía idea de a donde había querido llegar Rido al encerrar a su sobrino en un sótano y proporcionarle un estilo de vida tan extravagante, por un lado de brindaba todas las comodidades de un príncipe, pero por otro lado le quitaba toda la libertad que cualquiera debía tener.

—Todavía es temprano, esperaremos a que llegue Cross —dijo antes de ponerse a alzar los alimentos en las gavetas correspondientes.

Sintió los ojos entrecerrados de Kuran sobre su espalda, no le agradaba el régimen que Yagari había impuesto en su vida. Tenía un horario para levantarse y dormirse, comer, ver la televisión, leer o cualquier otra cosa que quisiera hacer y que no implicara salir fuera de la casa. Los horarios nunca le habían gustado a nadie pero existían por un motivo, no era el primer adolescente enfurruñado por ver su tiempo sujeto a las órdenes de los mayores. Si no le agradaba, tendría que lidiar con ello.

El joven se levantó del suelo y se sentó en el sillón, observaba la ventana. Cuando Yagari le había preguntado por los motivos que lo llevaron a salir de la casa de su tío, el vampiro se había encogido de hombros para decir que: "quería ver el exterior". Podía pasar horas enteras contemplando el cielo, sobre todo cuando era el amanecer o el atardecer, o simplemente gastaba su tiempo viendo a los humanos ir y venir por la calles. En ese momento, los niños que habían correteado alrededor de Toga, estaban jugando en la acera aventándose bolas de nieve.

Kaien había insistido en que no corrían ningún peligro al dejar a Kaname observar las calles por las ventanas con cortinas, después de todo, el material permitía tener una visión aceptable desde adentro pero los de afuera sólo veían una silueta, si uno se acerca demasiado a la ventana. Cross ya había accedido a dejar que Yagari le pusiera un régimen al sangrepura en cuanto a sus actividades cotidianas, Toga tenía que dejarle hacer algunas otras cosas.

El cazador sacó una cerveza del refrigerador, la abrió y bebió un largo trago. Cuando Cross le había anunciado el desastre que había llevado a casa, no se esperaba enfrentarse a esta situación, pensaba que tendría un sangrepura furibundo, quizá incluso uno resentido buscando alguna especie de venganza o asilo político, pero lo que obtenía era un adolescente ignorante por entero de su propia situación. Habían logrado mantenerlo encerrado tras largas conversaciones sobre el peligro en el exterior, lo incapacitado que estaba para vivir por su cuenta, también debía añadir que el chico tenía una extraña docilidad y Kaien tenía la habilidad para engatusar a los niños. ¿Si Zero hubiese estado en las manos de Cross, las cosas serían distintas? En muchos aspectos su pupilo aún era un niño, al igual que el sangrepura se había encerrado en un mundo del que nunca salía, el problema era que el control del mismo estaba en manos de Kaito.

Dejó la lata de cerveza sobre la mesa, no había sentido pisca de simpatía al conocer al sangrepura, tras conocer su historia, sentía lástima, algo que jamás había experimentado por un vampiro. Una persona destrozada por lo que le han hecho, puede quebrarse y volver a levantarse, una persona ignorante del daño que le han hecho, no tiene esa opción porque para ellos nada malo ha sucedido.

—¿Qué buscas? —le espetó al ver al sangrepura abrir el refrigerador.

—Cross dice que tengo que comer cada cuatro horas, tres comidas fuertes y dos colaciones. Me toca la colación. —Yagari asintió con la cabeza, no había hecho nada para las colaciones, aunque podría darle al vampiro cualquier cosa. El chico agarró una naranja que se dispuso a pelar sentado en la mesa. Aquello no iba a ser suficiente, suponía había tomado la fruta por el placer de hacer algo.

Con cierta pesadumbre se dispuso a darle algo más al muchacho, si tenía ganas de fruta, fruta tendría. Por un instante creyó que inconscientemente se había convertido en uno más de sus sirvientes, sin embargo, el dejarle una tarea como cortar, podría ser algo peligroso. ¿Qué más daba relajarse por unos instantes?

—¿Quién es el vampiro que asesinó a la familia de Aeglos? —le cuestionó Kaname señalando el boletín de la Asociación que estaba sobre la mesa.

Toga había dejado el panfleto sobre la mesa y los ojos del vampiro leían a una gran velocidad. No tenía porqué responderle, pero él debía saber lo que sucedía.

—Tú —contestó secamente. Kaname frunció el ceño, no comprendía lo que sucedía—. Ellos dicen que tú eres el asesino, en este momento todo el mundo te busca para asesinarte. —Una de sus manos sostenía la naranja mientras la otra tiraba de la cáscara—. Asato Ichijou y Rido Kuran anunciaron hace días que eran un loco inestable, eso ya te lo habíamos dicho, aunque parece que todavía no lo crees. La Asociación ahora te inculpa de un asesinato que sólo un loco inestable pudo haber cometido. —Las rebanadas de melón siendo cortadas eran lo único que se escuchaba en la habitación.

—¿Por qué lo hacen?

Cross no le perdonaría el decirle toda la verdad, Kaname primero necesitaba aceptar que su tío no era del todo bueno, atosigarlo con las teorías que tenían, sólo lograría asustarlo.

—No estamos seguros, pero de algo no debes dudar, te quieren muerto.

El chico asintió, tal vez sólo por seguirle la corriente, a Yagari le inquietaba no saber qué pasaba por la cabecita del vampiro.

—¿Por qué me protege… s? —se corrigió asimismo al ver que el ojo entrecerrado del cazador—. Eres un cazador ¿no? Deberías entregarme.

Yagari suspiró, cortó un par de trozos más.

—Exacto, soy un cazador, no un militar ni un vulgar asesino —sentenció—. Mi deber es proteger a los humanos de los vampiros que atenten contra sus vidas o su integridad. Tú no lo has hecho… por el momento.

Kaname se sintió ofendido.

—No tengo la intención de hacerlo —Yagari alzó una ceja—, nunca —acentuó el joven. Terminó de pelar la naranja y comenzó a quitarle los excesos del recubrimiento blanco—. Pero yo soy un vampiro, no un humano… no tendrías que protegerme.

Esa era una buena.

—No te sientas tan importante, mocoso. —El chico frunció la nariz, no le había agradado el mote—. Tal vez por el momento no lo comprendas, sin embargo, al mantenerte a salvo estoy protegiendo a los humanos también.

Algo debió parecerle gracioso al sangrepura porque las comisuras de sus labios se curvearon hacia arriba. Un dato curioso que había notado el cazador, era que pese a que el joven actuaba de manera despreocupada y ligera, no expresaba sus emociones, ni con la voz, ni con sus gestos. Era como si todo el tiempo mantuviera una expresión neutral que de vez en cuanto se transformaba en pregunta y dos cejas alzadas significaban asombro.

—No hagas conclusiones raras. En cualquier caso, debes saber que ellos no irán de manera suave contigo, tienes a todo el mundo buscándote para acabar con tu vida —¿Cuántas veces se lo habían repetido a lo largo de los días?—. Aunque dudo que se acerquen mucho por aquí, pero —alzó el cuchillo y lo señaló como si estuviera amenazándolo— no se te ocurra hacer una tontería que ponga en riesgo la vida de todos. Créeme, el menor de tus problemas será el que te atrapen, no te gustará lo que te haré.

Kuran parpadeó rápidamente al ver la punta del chuchillo cerca, sin embargo, el cazador volvió a su labor de cortar la fruta en silencio.

—¿En verdad quieren matarme? —le preguntó Kaname una vez más.

Yagari le acercó el plato de melón recién cortado al sangrepura.

—Sí —contestó el Toga mirando a Kuran a los ojos.

Cuando el chico bajó la mirada, el hombre tomó el cuchillo y la cáscara de la fruta para dejarlos en el fregadero o la basura según correspondiera. Se enjuagó las manos, secándoselas en los pantalones. Dio media vuelta, encontrándose con el sangrepura muy cerca de él. Frunció el ceño e intentó articular una pregunta, pero las veloces acciones del vampiro lo dejaron helado. ¿Kuran lo estaba besando?

El cazador empujó al sangrepura tratando de entender qué rayos había sucedido Hace unos instantes hablaban de un tema serio y ahora el chico se le lanzaba de la nada. ¿Qué diablos tenía en la cabeza éste? ¿Tenía ganas de sangre? Aunque por lo hecho, parecía que deseaba… otra cosa.

—¿Te gusta iniciar las cosas? —inquirió el joven con el mismo tono indiferente y con un gesto tan parco, que pareciera estuvieran hablando del clima—. Bien…

¿Bien qué? Yagari se llevó una mano a la frente antes de observar el suelo, intentando encontrarle una lógica a la situación. ¿En qué momento las cosas se habían malinterpretado hasta ese punto? Estaba seguro que jamás había enviado señales de querer una relación sentimental con el chico, para empezar él no era uno de esos, le gustaban las mujeres.

—¡¿Kuran qué haces? —gritó alterado Toga—. ¡Ponte eso de nuevo! —le ordenó al ver que el chico estaba con la camisa casi en el suelo.

—Oh, te gusta hacerlo tú.

A Yagari no le gustaba hacer nada con los chicos, ¡por todos los cielos! Le gustaban las mujeres, M-U-J-E-R-E-S y hasta donde sabía Kuran era un hombre, biológicamente al menos. Además ¡que los ancestros lo protejan! ¡Tenía la edad suficiente para ser el padre del sangrepura!

—¿Prefieres la mesa o el sillón? ¿Quieres ir al cuarto?

¡¿Qué qué de qué? Toga estaba a punto de empezar a ver la vida a cuadritos.

—¡Para el carro, Kuran! —espetó—. ¿Qué crees que haces?

El chico frunció el ceño, como si la pregunta estuviera demás. Yagari tenía idea de lo que el sangrepura le estaba diciendo, pero no entendía como todo había llegado hasta ese extremo.

—Bueno… tú y Cross me han estado protegiendo, me han salvado la vida, tengo que compensarlo ¿no? —¿Y en qué cabeza cabía compensarlo de esa manera?—. Mi tío dice que el mostrar el cariño y el agradecimiento hacia aquellos que nos quieren o protegen, es importante para mantener buenas relaciones.

¡Pues vaya relaciones que tenían los vampiros!

—Así que estabas tratando de… —El cazador estaba buscando las palabras adecuadas.

—Agradecerte por lo que has hecho por mí —asintió el chico—, entregarse sincera, plena y completamente es lo mejor que uno puede hacer, ya que, bueno, lo mejor que alguien puede ofrecer es uno mismo.

—Eso te lo enseñó tu tío —terció Toga. Kaname asintió con la cabeza. Sólo un enfermo como Rido Kuran podía tergiversar nobles intenciones—. ¿Siempre lo haces con aquellos que te ayudan… protegen?

—Y con los que quiero, sí. Demostrar el cariño es algo importante. ¡Ah! A veces mi tío le demuestra amor a otras personas a través de mí.

Bastardo, no le era suficiente con quitarle al muchacho su libertad, sino que encima lo usaba para sus transacciones. No sabía que le daba más asco, el tío que engañaba al sangrepura o aquellos que se prestaban al juego. Enfermos, los vampiros estaban jodidamente enfermos.

—Y si tú no quieres… no te sientes con las ganas —No quería adentrarse en los detalles sórdidos, pero necesitaba saberlo.

El chico dudó por unos instantes antes de contestar.

—Yo realmente estoy agradecido contigo…

—No te estaba preguntando por mí —le aclaró de inmediato Yagari.

—¡Oh! Bueno, a veces es… uhm, difícil, aún así uno siempre debe esforzarse.

En pocas palabras, si el tío le ordenaba que abriera las piernas para cualquiera, él debía obedecer sin rechistar. Cabrón mal parido. El cazador suspiró, sintiendo que de pronto la casa se había vuelto demasiado pequeña, observó al chico que estaba delante de él, no quería imaginarse lo que había estado viviendo a manos del demente de Rido Kuran, realmente, esto último era toda una sorpresa, ni en sus más locas elucubraciones se le había ocurrido que Kaname había llevado ese tipo de vida.

—Bien —titubeó, porque nada estaba bien—, hijo, las cosas aquí son diferentes. —No creía que fuera bueno decirle en ese instante que lo que su tío había hecho con él, se llamaba trata de personas y que básicamente, lo había estado prostituyendo—. No puedes ir… tocando gente sólo porque te ha ayudado. Un gracias por tu ayuda es suficiente o algún otro gesto que NO tenga que ver con… mantener relaciones sexuales con alguien —le remarcó sus últimas palabras para poner los límites claros.

—¡Ah! —exclamó—, lamento la confusión, entonces —se disculpó el sangrepura como si hubiera tirado el plato de fruta y no tirado los calzones(1).

—Porque no… vuelves a ver la televisión, Kaien no tardará en llegar.

El chico asintió llevándose la fruta a la sala en donde se sentó en el suelo para comer. Hasta entonces se dio cuenta de lo tenso que se le había puesto todo el cuerpo, trató de relajarse a pesar de sentir los mil pensamientos fluir en su cabeza. Todavía no terminaba de creerse lo que acaba de suceder. ¿Cómo le explicarían eso al joven? Estaba listo para decirle que su tío le había estado quitando su libertad, la oportunidad de expresarse, que había pasado varios años bajo un encierro injustificado… jamás se había preparado para decirle que aquel a quien quería, lo había estado violando, literalmente, y no sólo él, sino que encima había sido vendido por su mismo tío. Todos aquellos que le rodeaban, que decían amarlo y protegerlo, en realidad habían estado comprando su cuerpo.

El cazador se sentó en la silla pesadamente, bebió un gran trago de cerveza. Nunca había tenido un buen concepto de Rido Kuran, ahora sabía claramente que era un grandísimo hijo de puta.

(1) Tirar el calzón: Kaname no se los quitó y se los lanzó a Yagari *inserte risas*, al menos no literalmente. Es una frase cuyo sentido es: insinuársele romántica o sexualmente a alguien, en general siempre es usado para una insinuación romántica. Es el equivalente a frases como: tirar los tejos, tirar la onda, tirar los trastos, tirar los galgos, lanzarle los perros a alguien, etc. Pero en este caso, por el contexto, Yagari hace referencia hacia una insinuación sexual del sangrepura. Usé esta frase también por la frase que la precedía "tirarle el plato de fruta" para que hiciera una bonita comparación.

Tengo una invitación que hacerles a todas las fans del YAOI de VK, para más detalles seguir leyendo o leer hasta abajo si quieren saltarse las explicaciones siguientes.

Uhm, creo que tengo muchas cosas que decir ¡Es un capítulo espantosamente largo! Me parece que debo hacer varias aclaraciones.

Supongo que iniciaré diciendo ¿ahora ven por qué Kaname es TAN rarito? Personalidad que eventualmente se transformará… pero no será un salto drástico, como que de un capítulo a otro. Antes de que empiecen a protestar sobre la vida de Kaname, TIENEN un porqué todas esas cosas, NO son excusa de la autora para hacer tierno al sangrepura. Parecieran acciones absolutamente banales, pero cuando se estudian desde el punto de vista del desarrollo integral de la persona, adquieren un valor sorprendente. Asato y Rido, sabían MUY bien lo que estaban haciendo al darle una vida tan contradictoria a Kaname. Tampoco me estoy inventando estas cosas, se pueden leer en cualquier libro de psicología que hable sobre el desarrollo del niño en todos los niveles (social, motor, cognición y lenguaje).

Aquí me meteré en terreno movedizo porque involucra tocar temas sobre la crianza de cualquier niño, pero una cosa que pido es que tomen en cuenta el contexto: las personas o vampiros de los cuales se habla, el tiempo en el que se desarrolla la historia, las creencias de cada quien (por ejemplo, los vampiros se casan entre hermanos y está bien, a los humanos dependiendo de la sociedad a la que pertenezcan les puede parecer bueno o malo), aquello que los adultos deseaban inculcar y los métodos usados para lograrlo, las personas que rodeaban a las jóvenes, la sociedad, etc.

Otro punto que me parece importante mencionar: la percepción de una persona. Cada uno de nosotros tiene un punto de vista sobre algo, a veces encontramos gente que tiene más o menos la misma percepción que nosotros, a veces no. Esto es muy importante porque empezarán a notar como cada personaje tiene un punto de vista diferente. En este capítulo vimos por ejemplo a Lord Aido y a Kaito. Takuma tiene una percepción de Lord Aido, su hijo tiene una percepción de su padre y el lector podrá tener otra, todas son válidas. Con Kaito sucederá lo mismo, el personaje tiene su propia percepción de sí mismo, Zero tiene una, Yagari tiene una y el lector tendrá la suya, ninguna es más correcta que la otra.

Cualquier duda que les quede, por favor háganmela saber, a mí se me ocurre que debo aclarar docenas de cosas pero a la vez también creo que debería dejar que la historia lo hiciera por sí sola.

Inicialmente pensaba que Zero sería la "víctima" de Kaname para descubrir lo de Rido, pero tras meditarlo me di cuenta que el chico no hubiese podido tomar con calma el asunto y hubiese terminado hiriendo innecesariamente al chico. Le hubiera dicho directamente todo, quizá con un par de frases hirientes de por medio porque Kaname invade su espacio personal, en pocas palabras no tendría la madurez necesaria para manejar el asunto. Cosa que Yagari de inmediato comprende: El chico tiene una percepción diferente de la realidad, por el momento, no es menester cambiársela, aunque en algún momento se hará. También pensé en Cross, pero… mmm… uhm, capricho, capricho de la autora, sí.

INVITACIÓN

A dos eventos importantes. Uno es a la exposición de fanfics YAOI debido al torneo de fanfics que se está realizando en el coliseo (patrocinados por slash magazine), ¡Vampire Knight está presente! Y la otra es para el amigo invisible sin fronteras, en donde pueden pedir el one-shot que deseen si se anotan para participar. Más detalles, así como los links a estos eventos, por favor acudan a mi profile para que puedan conocer ambos eventos.

INVITACIÓN

Gracias solcithooh, laynad3, Sagakure, Anjitzuh y a Imaginary Fushia por sus reviews, ya lo saben, pero se los digo: sois lo mejor de es este mundo *chu~*

Atte: Kirsche.