Capítulo 3

Al día siguiente de anunciado su compromiso con Margaret Hale, John Thornton tomaba el último tren del día hacia Milton, desandando el camino que había emprendido unos pocos días antes. Pero si aquel viaje hacia Londres había estado marcado por la desdicha ante la situación y la vergüenza de tener que admitir su fracaso, este regreso estaba signado por la redención. Y todo se debía a su amada Margaret, esa joven mujer que lo había desafiado, haciendo tambalear sus más profundas convicciones, incluso poniendo en duda su caballerosidad. Margaret lo había juzgado mal, lo sabía y ella también, pero no todo era infundado. Había sido orgulloso, prejuicioso e inflexible gran parte de su vida y aunque quien conociera su historia no lo juzgaría mal, se alegraba de haber abierto los ojos a tiempo para cambiar.

"Margaret…" suspiró. Ese día apenas si habían podido verse. Por la mañana habían ido juntos al despacho del Sr. Lenox para firmar los papeles de la transferencia del dinero y aunque éste se comportó con gran corrección, era más que evidente su disgusto ante el curso de los acontecimientos por lo que todos hicieron lo posible por terminar el trámite lo más rápido posible. Esta salida les habría dado oportunidad de estar a solas si la Sra. Shaw no hubiera insistido en que Dixon oficiara de chaperona. Viendo que les sería imposible tener siquiera unos momentos de intimidad durante el noviazgo y considerando que realmente era necesario que John regresara pronto a Milton para reabrir la fábrica, decidieron que él partiría esa misma noche. A ninguno de los dos le agradaba la idea John estaría ocupado prácticamente cada hora de los días subsiguientes y Margaret viajaría a Milton con su tía en una semana para arreglar los detalles de la boda con la Sra. Thornton.

'Cómo se lo diré a mi madre?' pensó John con preocupación. A su madre nunca le había gustado la Srita. Hale, menos aún desde que había tenido el descaro -según ella pensaba- de rechazar la mano de su hijo. El incidente de la estación, había empeorado todavía más su concepto de ella y ni siquiera la compasión que sintió por Margaret cuando perdió a sus dos padres en pocos meses, logró hacerla cambiar de opinión. 'Pues se tendrá que acostumbrar!' desafío John, pero en realidad deseaba que se llevaran bien. Eran las dos personas más importantes en su vida y las amaba a ambas. 'Será mejor que descanse un poco antes de llegar porque no podré evitar hablar con mi madre esta misma noche. Seguro estará esperándome.' Con este pensamiento se acomodó para tratar de dormir y sonrió pensando en que la tarea de convencer a la orgullosa Sra. Thornton de aceptar su matrimonio sería, sin dudas, mucho más ardua que la de reabrir la fábrica.

………………………………………………................................................................

En cuanto terminó la cena Margaret se retiró a su cuarto, tenía mucho en que pensar y quería leer la nota que John había deslizado en su mano cuando se despidieron en la estación.

"Queridísima Margaret,

Cuando te conocí, en ese vergonzoso incidente en la fábrica, estaba muy lejos de pensar que cambiarías mi vida de esta manera. Desde ese momento llenas mis pensamientos y si al principio tu presencia en ellos era más bien molesta, debes admitir que me desafiabas constantemente, muy poco tiempo después comenzaste a invadir mis sueños hasta robarme por completo el corazón.

Te avergüenza saber que invadiste mis sueños? Pues lo hiciste. Te he soñado viniendo hacía mí vestida de blanco. Será que mi inconciente supo antes que yo que nos encontraríamos en el altar.

Soñaste algunas vez conmigo, amada mía? Mejor no me lo digas, prefiero imaginar que sí. De cualquier forma, lo que realmente quiero, es que sueñes conmigo de ahora en adelante, que pienses en mí, que imagines nuestra vida juntos. Yo la imagino larga y feliz.

Me siento algo tonto escribiendo estas palabras. No parecen mías, verdad? Creo que la felicidad me convirtió en poeta, aunque dudo que se repita muy a menudo, es uno de esos milagros que sólo suceden una vez.

Ve a descansar ahora amor. Contaré las horas hasta verte otra vez.

Por siempre tuyo, John"

Margaret sintió que su rostro hervía y cuando se miró en el espejo del tocador vio que estaba totalmente sonrojada. Entonces las novelas tenían razón 'Así que esto es lo que se siente cuando se recibe una carta de amor' pensó, sonriendo. Si bien leía las mismas novelas que todas las muchachas de su edad, Margaret no tenía una idea romántica del amor. Siempre había pensado que sería algo más racional, más maduro. No creía en el amor a primera vista, ni en las mujeres que se desmayaban ante la sola presencia del hombre de sus sueños, ni en los hombres que se batían a duelo por su amada, que retrataban los libros de moda. Y sin embargo, John había hecho mucho más que batirse a duelo por ella, la había salvado de la policía, y después de todo su romance, con tantos malentendidos y desencuentros, era digno de ser contado. Esa noche Margaret durmió con la carta contra su pecho y tuvo sueños muy bellos.

………………………………………………................................................................

El tren llegó a Milton a medianoche. John tomó su valija y decidió ir caminando hasta la casa, el aire fresco le haría bien. Cuando llegó vio a su madre observando por la ventana pero ella se ocultó en cuanto lo vio llegar, esperando no haber sido vista. La Sra. Thornton trató de ocultar su ansiedad concentrándose en el bordado y, por un momento, John consideró retirarse inmediatamente a su cuarto y dejar las novedades para mañana pero no le pareció justo, ella estaba preocupada.

"Buenas noches madre. Por qué estás levantada aún?" le dijo besando amorosamente su frente. "No tenía sueño hijo. Supuse que podrías regresar hoy." Dejó el bordado sobre la mesa y lo miró "No vas a decirme cómo te fue en Londres?"

John se sentó frente a ella y tomó sus manos entre las suyas. "En Londres vi a la Srita. Hale" dijo y la sintió tensarse. "Ah, si… Y cómo está ella? Supongo que se sentirá muy a gusto en Londres, verdad? Nunca estuvo cómoda aquí." Mientras hablaba, la Sra. Thornton trató de retirar las manos de entre las de su hijo pero él no lo permitió. "La Srita. Hale está muybien. Estuvimos hablando y… Madre, mírame." Cuando lo miró vio que ella ya lo sabía así que dijo directamente: "Margaret y yo vamos a casarnos. Me ama y por fin ha aceptado ser mi esposa. Tu sabes que nunca he dejado de amarla." La Sra. Thornton asintió "Cuando te fuiste a Londres sabía que probablemente la verías, después de todo es tu arrendataria, pero confieso que no esperaba esto." dijo con cierta amargura. "Nunca imaginé que si ella te había rechazado antes, ahora que lo has perdido todo, querría saber de ti." Ahora el tenso era él. "Madre, por favor no sigas."

John se puso de pie y se alejó intentando calmarse. No quería herirla pero tampoco iba a permitir que insultara a la mujer que amaba. "Voy a decirte algo acerca de Margaret Hale. Hace dos días ella me llamó, pero no para regodearse con mi fracaso como tú quisieras creer, sino para ofrecerme su ayuda. Mañana Malborough Mills volverá a trabajar y será gracias a ella." La Sra. Thornton lo miró con sorpresa. "Margaret me prestó el dinero necesario para reabrir la fábrica. Pero no creas que le ofrecí matrimonio por agradecimiento ni dudes de sus motivos para aceptar. Esta desgraciada situación nos ayudó a revelar nuestros verdaderos sentimientos y ya nada nos volverá a separar." John se acercó nuevamente a su madre que permanecía en silencio y la abrazó. "Madre, que me case con Margaret no quiere decir que deje de amarte. Siempre serás muy importante para mí. Madre, por favor, dale una oportunidad. Estoy seguro de que te agradará. Hazlo por mí." Su amorosa voz tranquilizó a su madre que, luego de unos minutos, dijo: "Hijo mío, no tengo derecho a entrometerme en tu vida. Sé que la amas y, si ella realmente te ama, me alegro por ti. Lo único que quiero en la vida es que seas feliz." "Gracias madre, soy muy feliz." "Bien, ve a descansar. Mañana tienes mucho que hacer, verdad?" "Sí. Mejor me voy a dormir. Hasta mañana madre. Te quiero." "Yo también te quiero hijo. Adiós."

Cuando su hijo se retiró a descansar, la Sra. Thornton supo que esa noche no podría dormir mientras trataba de asimilar el hecho de que no sólo tendría que aceptar a Margaret Hale como su nuera, sino que además debería agradecerle por el bienestar de la empresa familiar.