Después de días sin internet D= (una horrible tortura) les traigo un nuevo capítulo...xD

Gracias a las lindas, bellas y hermosas personas que han dejado reviews, que gracias a ellos continúa esta historia ^^

PASTAAAAAAAA ~~~ (¿Qué diablos hace eso ahí?)

EDIT: capítulo escrito en su mayor parte por mi amiga Lysiabelle. perdón por olvidar escribir eso! lo siento muchísimo! el crédito es tuyo, baby ;)


Capítulo III:

El ático estaba más iluminado que toda la casa, algo que sorprendió un poco a Ludwig. El lugar era pequeño, con unos pocos muebles esparcidos por la habitación. El piso, a diferencia de toda la casa, lucía limpio, sin el polvo acumulado característico de casas abandonadas. El rastro de algo sobre el suelo llamó la atención de Ludwig; se agachó para examinarlo y el color le advirtió su procedencia: era sangre, fresca aún… Su corazón se detuvo unos segundos cuando descubrió pequeñas gotas en la pared, esparcidas como si formaran una especie de adorno macabro…

Definitivamente quienes se hubieran llevado a Lovino habían planeado que lo encontraran, que viajaran a esa antigua y abandonada casa y que investigaran el lugar. No había otra explicación para lo que Ludwig encontró después.

Una mesa metálica llamó la atención de Ludwig cuando quitó la vista de las manchas de sangre. Sabía que se encontraría algo mucho peor, su mente no dejaba de barajar brutales posibilidades hasta que pudo comprobar los contenidos de la mesa. Unos pequeños frascos con un líquido transparente, una jeringa, algo que parecía ser una uña…sangre, la mesa estaba teñida por un rastro débil, como si alguien hubiese limpiado la mayor parte de ella. Ludwig imaginó el rostro de Feliciano cuando le diera las noticias de lo que había hallado y se sintió sumamente abatido. Lo más probable es que aquél líquido fuera alguna clase de droga y que la uña perteneciera a Lovino, así como la sangre. No quería darle esa noticia al pequeño italiano, no quería verlo sufrir y menos por una información que saliera de sus labios, pero era su deber hacerlo…

Cuando bajó las escaleras se encontró con Antonio, cargando el cuerpo del que parecía ser Lovino, dirigiéndose a toda velocidad a la salida, y Feliciano, siguiéndolo como un autómata.

-Feliciano ¿Qué sucedió?-Sabía que la pregunta era inútil pero sólo quería que Feliciano respondiera.-¿Feliciano?-Preguntó nuevamente al no obtener respuesta.

Feliciano lo miró fijamente, sus ojos abiertos al máximo, lágrimas cayendo libremente por sus mejillas, sus labios pálidos como si fuera a desmayarse en cualquier momento.

-Ludwig…-Susurró débilmente y lo abrazó con una fuerza inusual. Intentó hablar pero su voz era apagada por incontrolables sollozos.

-Feliciano, vámonos de aquí.-Pasó una mano por sus suaves cabellos, intentando calmarlo un poco. Ver a Feliciano en ese inusual estado le partía el corazón. Se vengaría de quienes habían sido responsables.

Antonio casi había olvidado la presencia de Ludwig y Feliciano, hasta que el primero se había ofrecido para conducir. Y es que realmente estaba haciendo un pobre intento de conducir en ese estado, abrazando al cuerpo de Lovino aún, olvidando hasta dónde se encontraba.

Se quitó la chaqueta cuando volvió a mirar el cuerpo desnudo de Lovino y lo envolvió delicadamente. Era tan bello y tan frágil y encajaba perfectamente en sus brazos, Antonio había soñado con tenerlo así muchas veces, pero nunca imaginó que aquél momento llegaría, y menos que Lovi estaría en ese estado…se estremeció al pensar que Lovi podría morir y todo sería su culpa, por no haber estado ahí, por no haberlo protegido…y peor aún, que nunca le había dicho cuánto lo amaba…

El viaje hasta el hospital pasó rápido, afortunadamente. Los médicos se llevaron Lovino, y Antonio, Feliciano, y Ludwig, luego de entregar los datos requeridos por los doctores, fueron obligados a quedarse en la desesperante sala de espera.

Feliciano había abrazado a Ludwig, que acariciaba su cabello de manera ausente. La mente de Antonio estaba en blanco, atrapado en la incertidumbre, en la culpabilidad, las ansias de ver a Lovi nuevamente y poder hablar con él y confesarle todo lo que sentía…

-¿Vienen con Lovino Vargas?-La voz del médico lo sobresaltó.

Los tres asintieron con la cabeza, expectantes.

-¿Quién es el pariente más cercano?

-Yo soy su hermano.-La débil voz de Feliciano se alzó.

- Necesito que me acompañe a mi oficina.

Feliciano se puso de pie, evidentemente sin mayores deseos de dejar a Ludwig atrás. Antonio hizo lo mismo, pero el doctor negó con la cabeza.

-Sólo puede ir una persona.

-¡Pero yo soy como su familia! Por favor, doctor, déjeme ir con usted también. Quiero saber cómo está Lovi…-El tono bajo de su voz reflejó la angustia que sentía.-Por favor, doctor, yo lo crié…quiero saber cómo está…

El doctor suspiró y asintió con la cabeza.-Está bien, puedes venir también.

Antonio tenía un mal presentimiento. El doctor parecía incómodo, leyendo los papeles que tenía a mano una y otra vez. Feliciano miraba el suelo fijamente, su rostro usualmente evidente en lo que estaba pensando, ahora era una máscara ilegible.

-Tengo malas noticias.-Habló finalmente el doctor.-Aunque ahora el señor Vargas se encuentra estable, sufrió un severo maltrato...-Su mirada se clavó en la de Antonio y luego en la de Feliciano.-Tiene una muñeca rota, hematomas en el torso, algunas uñas le fueron arrancadas, hay cortes en diversas partes de su cuerpo, pero no son de mayor consideración…encontramos restos de algún tipo de droga, casi en el borde de la sobredosis-Se detuvo nuevamente y continuó leyendo los papeles.-Y lamento decirles esto pero presenta signos de abuso sexual…

-¿Abuso sexual?-Las palabras sonaban como si fuera un idioma desconocido para Antonio. ¿Lovino, su pequeño Lovi, había sido violado?

-Me temo que la evidencia es bastante clara. Los daños producidos fueron críticos, presentaba desgarros internos...Ahora estamos haciendo pruebas para saber si le fue transmitida algún tipo de enfermedad. Lo lamento mucho.

-¿Cuándo podremos verlo?-Feliciano había comenzado a llorar nuevamente.

-Por ahora hemos decidido mantenerlo sedado. El daño psicológico puede ser severo. Quizás en un par de días…

Antonio sentía como si todo fuera una pesadilla. Lovi había sido maltratado, violado, abusado por algún grupo de psicópatas desconocidos que ni siquiera habían tenido consideración cuando habían profanado su cuerpo, manchándolo con sus fluidos, sus sucias manos, retorciendo su mente y su inocencia. No fue consciente de que las lágrimas habían escapado de sus ojos hasta que el doctor habló nuevamente, un dejo de lástima en su voz.

-Normalmente no hago esto pero parece muy afectado.-Se dirigía a Feliciano. Le entregó un frasco de pastillas que recibió con aire ausente.-Debe tomar una por la mañana y otra por la noche.-A continuación, clavó su mirada en Antonio y le entregó una caja de pañuelos, la comprensión reflejada en su rostro.-Sé que es difícil para ustedes, pero ahora el señor Vargas necesitará todo el apoyo posible…

Antonio abandonó la oficina del doctor sintiéndose derrotado. Sólo podría ver a Lovi en un par de días, tiempo que parecía una tortura y no sabría cómo soportarlo, pero debía mantenerse fuerte por Lovi, luego encontraría a los responsables de su estado y se vengaría, de eso no había duda.