Antes de nada decir que los personajes de Glee no me pertenecen. Aleena es invención mia pero todos los demás son obra de los genios que conocemos como Ryan Murphy, Brad Falchuck y Ian Brennan. No gano nada con esta publicación a excepción de dejar suelta un poco de mi loca imaginación.

Yo estaba tan feliz escribiendo este capítulo cuando la promo de 'Dynamic Duets' llegó a mi. si no la habéis visto os recomiendo que lo hagaís, es bastante entretenida. En fin, no quiero daros mucho el coñazo antes de empezar con el capítulo. Este segundo capítulo es mucho mas introductorio que los anteriores. Digamos que aquí ya vamos conociendo a ciertos villanos (Kurt no será un villano, lo advierto) y vamos centrándonos en la situación que tiene cada uno en la historia. También vemos mas la relación que existe entre Sebastian y Blaine. También la evolución del personaje de Brittany.


Blaine sacó las fotos del cajón. Hacer limpieza no le gustaba especialmente pero comenzaba estar algo descuidada la casa y la salud de Aleena dependía de que el nivel de ácaros se mantuviera en el mínimo. Limpió el fondo del cajón y antes de sacar el trapo chocó con una foto que se había quedado enganchada al final. Tiró de ella y la extrajo, su corazón por primera vez no se contrajo al ver esa foto. Una cabecita morena apareció a su lado, fijando sus traviesos ojitos verdes en la foto que el sujetaba.

- ¿Tu no deberías estar con Sebastian en el parque? -El susodicho entró en su campo de visión, cogiendo sin ningún miramiento la foto de sus manos.- Reformularé la pregunta. Sebastian ¿Que hacéis aquí? Aun no he acabado.

- Hemos decido ayudarte.

Blaine alzó una ceja y Sebastian simplemente se encogió de hombros echando la culpa sobre el engendrito malvado de su hija. "Ella" se había empeñado en que tenían que hacerse cargo todos de la casa, no solo papa Blaine. El moreno rodó los ojos antes de besar en los labios a su querido novio. Estuvieron ocupados alrededor de dos horas mas, ordenando y limpiando el salón y la cocina. Ante la insistencia de la pequeña en ayudar habían buscado una mascarilla que la protegiera en el caso de que se levantara algo de polvo. Ambos se habían opuesto a que ella levantara un dedo en su día de descanso del cole, pero la niña era muy cabezota. Se notaba que tenía la misma sangre que Blaine.

Pararon al medio día para comer algo mientras miraban las viejas fotos que Blaine había encontrado. Muchas de ellas eran las pocas que había podido recolectar de su infancia la última vez que había pisado el hogar familiar de los Anderson. Casi todas eran de Blaine con sus hermanos. Algunas cuando eran pequeños, otras justo antes de que Thomas se marchara de la casa. Muchas de los años siguientes, de las visitas de Coop y de las actuaciones de los Gorriones y de Nuevas Iniciativas. Todas eran recuerdos que no quería perder. Aleena sujetó con sus inocentes manitas la foto rebelde. La que no había querido salir de cajón hasta que Blaine la había expulsado a la fuerza.

- Papi ¿Quien es? -La niña alzó los ojos y Blaine sujetó la foto con una sonrisa.

- Es Kurt Hummel, el primer novio de papa.

- ¿Papi Bas no fue tu primer novio? -Sebastian rio suavemente y fue el quien contestó.

- Oh no pequeña, al principio no quería ni ver a tu papa pro tras su insistencia tuve que concederle una cita.

Blaine sabía que estaba mintiendo, las cosas no habían sido así ni de lejos, pero quería ver la "bonita" explicación que le daba a su hija de la primera cita que habían tenido.

- ¿Te pidió una cita? ¿Como en los cuentos de princesas? -Seb sujetó la foto de Kurt y Blaine. Después les miró a los dos con los ojos cargados de amor.

- Digamos que se presentó frente a mi casa con un precioso regalo y ya no pude separarme de el.

Capítulo 2: The Phone call

Llegó a casa pasadas las seis, sus padres no acaban hasta las nueve así que como cada día se sentó en la mesa de la cocina para adelantar sus deberes. Queria tener tiempo después de cenar para ver alguna película con su padre Blaine o practicar con Sebastian los pasos para el estatal que le había prometido repasaría. Habían sido una semanas realmente ajetreadas en la firma de abogados y los echaba mucho de menos.

La primera hora paso muy rápida, matemáticas y biología eran asignaturas que le gustaban por lo que estudiarlas era mas una diversión que una tortura como suponía para ella química. Acabó de repasar su tarea a las siete y media, al ver que tenía tiempo de sobra decidió tomar un relajante baño para aliviar un poco el dolor de espalda que tenía desde hacía unos días. Estaba apunto de meterse cuando el teléfono comenzó a sonar. Pensó en no cogerlo, quien fuera podía dejar el mensaje, lo revisarían mas tarde y ella no tendría que correr por la casa. Sin embargo recordó que algunos de los clientes VIP tenían el número de casa y cada llamada importante debía de ser contestada. Se cubrió con la toalla y corrió por el pasillo. Descolgó a tiempo.

- ¿Si?

- Hola, mi nombre es Nico y estoy buscando a Sebastian. -Aleena no reconoció el nombre, aún así buscó un papel.

- Dime tu número y tu nombre completo. En cuanto llegue del despacho se lo daré.

- Dile que Nico "el gorrión" le ha llamado, no necesitará mas información. -Los ojos de Aleena se iluminaron.

- ¿Eres uno de los ex compañeros de mi padre de Dalton?

Aleena había oído hablar mucho de aquel grupo tan peculiar. Cada uno de sus padres trataba de contarle las experiencias que habían tenido allí, los buenos amigos que habían conocido. La chica siempre había adorado cantar y que su padre no lo hiciera ya le había resultado un golpe duro que digerir. Había intentado que alguno de los dos se subiera al escenario con ella, pero ambos se negaban. LA música ya no está en nuestra vida era lo que siempre le contestaban cuando ella trataba de hacerles cantar, aunque fuera en la comodidad del salón.

- ¡Culpable! me temo -Ambos rieron.- ¿Con quien tengo el placer de hablar?

- Yo soy Aleena, la hija adoptiva de Sebastian.

- ¿Eres tu la famosa Aleena Anderson? ¡Es un placer conocerte! -La chica se emocionó ante el entusiasmo de ese gorrión.

En ese momento la puerta de entrada se abrió. Aleena se asomó y le sonrió a Sebastian, después, al ver que llevaba un cigarrillo en los labios rodó los ojos. Aquel vicio era el peor de todos los que había adquirido su padre en todos esos años. El estrés de los juicios, de su trabajo en general le habían obligado a adoptar esa extraña compulsión. El hombre al ver la mirada reprobatoria de su hija se acercó a la cocina y apagó el cigarro con agua. Ella sonrió, al menos conseguía que no fumara demasiado en casa.

- Nico, papa acaba de llegar. Te lo paso. -le informó.

- ¡Gracias preciosa! A ver si convences a tus padres y te pasas a saludar este Viernes a Dalton, tenemos muchas ganas de conocerte.

- Lo intentaré. -le dijo justo antes de pasar el teléfono a su padre.

Sebastian le dio un beso en la mejilla y se marchó a la terraza para hablar con su antiguo amigo. Aleena volvió al baño y finalmente se pudo relajar tumbada en la enorme bañera que tenía en el lavabo conectado a su habitación. Había sido un ostentoso capricho y lo sabía, pero había sido lo único que realmente deseaba de la nueva casa. Una bañera en la que poder pasar las horas relajándose entre espuma. Su oasis de paz particular. No llevaba ni diez minutos bajo el agua cuando su padre llamó a la puerta.

- Nena he de salir, es importante. -le dijo sin abrir.- Dile a Papa que intentaré estar aquí a la hora de dormir. -la pequeña se preocupó.

- ¿Ocurre algo papa? ¿Nico está bien?

- No te preocupes. Adiós preciosa.

A pesar de que sus palabras habían sido cordiales, el tono no le gustaba para nada. Sebastian podía ser un abogado frío pero jamás lo era al llegar a casa. Cuando sus pies cruzaban la puerta de entrada se convertía en un cálido padre. El que Aleena adoraba cada día de su vida. Su voz, aun a través de la puerta era de todo menos cálida. Aleena se estremeció aun sumergida en el agua caliente, algo había ocurrido.

OoOoOoOoOoOoO

Blaine colgó el teléfono con una buena impresión. Aquel caso estaba apunto de acabar y la adorable señora Winchester, Claire para los amigos, al fin iba a recuperar a su familia. Se permitió tomar aire por unos minutos. El despacho de Blaine, como era de esperar no era para nada similar a los aburridos despachos de los abogados normales. Sebastian muchas veces había bromeado diciendo que mas que una firma de abogados aquello parecía la sede de algún tipo de galería de arte. No le faltaba razón en realidad. Al recibir esos comentarios Blaine siempre sonreía ya que secretamente no le estaba elogiando solo a el. Los cuadros colgados por todo el edificio pertenecían solo a una persona.

El despacho del moreno parecía una sala de exposición ya que se había empeñado en colgar cuatro de los maravillosos cuadros que Aleena se dedicaba a pintar desde los doce años. La niña era una amante de Bouguereau y había tratado de imitarlo desde que Sebastian, sabiamente, le había puesto un pincel en la mano. Blaine pensó en uno de sus cuadros favoritos mientras observaba el de "la niña y el violín" que había colgado el anterior invierno. El mas hermoso de los que Aleena había pintado, el llamado "cupido", estaba en el despacho de Sebastian. Había sido el primero y el mas espectacular en el momento de estar acabado, una obra de arte. A pesar de que el también se había enamorado del cuadro Bas no había cedido a la hora de apropiarse de el.

Se levantó de la silla de su despacho y comprobó en el tablero que había colgado en la pared la fecha de los juicios mas cercanos. No tenía nada hasta finales de la siguiente semana por lo que podía perfectamente pasar todo el fin de semana en la casa familiar de los Smythe, en Westerville, como habían planeado el y Sebastian. Se alegró al pensar que finalmente habían podido coincidir con Nicole Smythe, la encantadora madre de Sebastian.

Aquella mujer había sido algo mas que una madre para Blaine cuando la había necesitado tanto tiempo atrás. Le había acogido en casa y cuidado en uno de los peores momentos de su vida. Enseñándole como, realmente, debía amar una familia. Por eso se apenaba tanto al pasar mucho tiempo sin verla, la quería con locura y las pocas veces que estaban en su compañía se convertían en una auténtica familia. Pero al menos tenía el consuelo de que era por una buena razón. La firma de ropa que había creado la juvenil 'abuela' estaba triunfando en Europa, lo que mantenía a la matriarca de los Smythe alejada de sus tres hijos, su adoptado y su queridísima nieta. La mujer viajaba mucho y en pocas ocasiones coincidían en el mismo estado. Las veces que Aleena había visto a su abuela habían sido pocas en los últimos dos años, muchas menos de la que todos ellos hubieran deseado, pero siempre eran intensas, llenas de risas y con una infinidad de buenos momentos que recordar.

Cuando hubo comprobado que no tenía mas trabajo que realizar aquel día salió de su despacho en busca de su marido, dudaba que aún estuviera en el trabajo, pero no perdía nada por mirar. Tim le saludó con la chaqueta puesta, aquel muchacho solía esperar a que Blaine abandonara el edificio para encaminarse a casa, sin embargo había un día al mes que se marchaba antes.

- Que vaya bien la reunión. -le dijo Blaine mientras se colocaba la chaqueta. El despacho de Sebastian estaba vacío.

- Gracias jefe. -Le contestó mientras se colgaba la mochila al hombro.

Blaine observó a su pupilo con orgullo, en días como aquel olvidaba las constantes bromas y las insinuaciones fuera de lugar. Tim un día al mes acudía a la parroquia de su barrio para ayudar en las reuniones mensuales a las víctimas de violación. El se encargaba de hablar con los familiares. Trataba de explicarles la situación con buenas palabras y darles las pautas necesarias para que comenzaran a cuidar de sus seres queridos. Se despidieron en el ascensor y Blaine bajó por las escaleras hasta el cuarto piso. Se asomó y le pregunto a Miracle, la secretaria de Brit si la rubia había acabado.

- Sigue en su despacho señor Anderson.

Agradeció con un gesto de cabeza la información y llamó a la puerta con total confianza. En aquel despacho siempre era bienvenido. Una dulce voz le invitó a pasar. Britt estaba sentada tras su mesa, con el teléfono en la oreja y un aspecto concentrado. Le pidió unos segundos con un gesto, al parecer la llamada era importante. Blaine se sentó y observó el sobrio despacho de la mujer. Al contrario que el suyo y el de Sebastian, ese era todo formas y oscuridad. Los muebles eran de roble oscuro , colocados de una manera sencilla. Nada de diseño, simplemente funcionalidad. Todo estaba en orden, sin un papel fuera de la vista, justo como la mente de su dueña.

Bliane pensó en el momento en que la ayudaron a escoger la decoración. Basándose en la siempre imaginativa mentalidad de Brittany en el pasado había traído muestra de colores pastel y demás cosas de chicas, lo que solía gustarle. Aun podían recordar perfectamente la campaña electoral de Kurt, llena de miles de colores y algo de purpurina. Sin embargo, como todos ellos, Brittany S. Pierce había cambiado. Ya no era una niña, les había mirado a la cara y había dicho dos colores: Blanco y negro. Ni siquiera una escala de grises.

- Así que se marcho y dijo que estaría a la hora de irse a dormir. -Blaine escuchó con atención.- Lógico que estés preocupada... Creí que solo había un Nick en los Gorriones. Si, bien, se lo diré. Adiós Cielo.

Britt colgó y se quedó un segundo en silencio, con la mirada de Blaine atenta a sus movimientos. Se acarició la barbilla y descolgó de nuevo marcando rápidamente.

- Miracle, necesito que me localices algo. -Blaine comenzó a inquietarse.- Un Mustang Rojo, matríc... si, el de Sebastian. Dime donde esta lo mas rápido que puedas. Habla con Marina , quiero saber si le ha dicho a ella donde iba. Gracias.

Ese fue el momento de Blaine de descubrir que algo andaba mal. La primera pista se la había dado la extraña conversación que estaba teniendo con Aleena (solo a ella la llamaba 'cielo'). Lo siguiente había sido que preguntara por el excéntrico coche de su marido. El golpe final, no saber donde estaba. Britt era la encargada de cubrir sus pasos y debía saber donde estaban en cada momento. Nadie se marchaba sin avisarla antes.

- Britt ¿Que pasa?

- No lo se. -Le dijo mientras sacaba un cigarro de su tabaquera de plata.- Aleena me acaba de llamar preocupada, Sebastian se ha marchado después de hablar con Nico "el gorrión". ¿quien es Nico? -le preguntó confusa mientras prendía el cigarrillo.

- Nicholas Hutson, un buen chico. -le informó Blaine.- Entró en Dalton el mismo año que yo. Su padre estaba en la Marina, por lo que les trasladaban con mucha frecuencia. Dalton fue el último y definitivo destino del Coronel. -sonrió.- Es un buen chico.

- Eso me tranquiliza pero no me explica nada.

- ¿Que te ha dicho Aleena?

- Que Nico ha llamado, Sebastian ha llegado en ese momento, se ha ido al balcón y ella se ha metido a la bañera. A los diez minutos la ha avisado disculpándose y diciendo que llegaría a dormir. Que no se preocupara.

- No entiendo... -El teléfono de Britt comenzó a sonar.

Blaine le indicó que contestara. La mujer estuvo unos minutos escuchando lo que su interlocutor tenía que decir, seguramente sería Miracle con la información que le había pedido que consiguiera. Blaine aprovechó ese tiempo para pensar en lo que podía estar pasando. Debía ser un problema grave si Nico estaba recurriendo a Sebastian. El gorrión lo había hecho dos veces en el pasado, la primera cuando había tenido problemas en la escuela con un chico que había decidido que acosarle era divertido. La segunda vez había sido en el segundo año de universidad, de nuevo cuando se complicaban mucho las cosas.

- Esta en Lima. -le informó Britt.- Marina no sabía siquiera que se ha marchado. Esto no me gusta nada.

- Confío en Sebastian, si se trata de Nico será algún problema grave y sabes que cuando le den permiso nos lo contará.

- Eso espero Blaine... Aunque he de decir que ese estúpido código de "los asuntos de los gorriones los resuelven los gorriones" no me gusta nada. -Blaine sujetó la mano de la mujer entre las suyas.

- Confía en él Britt. Yo siempre lo he hecho.

- Confío en el, en quien no confío es en Eli.

El semblante de Blaine cambió. Eli C. había sido el único error que había cometido en su vida. No solo le había costado su primer amor adolescente, sino también había estado apunto de costarle su matrimonio. Había llegado cuando el moreno creía haber superado todo lo relacionado con aquel hombre. Había sido inesperado, el día que realizaban las entrevistas de trabajo para los puestos que habían abierto en su recién estrenada empresa. El muchacho llegó audicionando para un puesto de secretario. Blaine lo había entrevistado y Eli había pensado que tratar de acostarse con el jefe era un seguro para conseguir el trabajo. Nadie sabía realmente que Sebastian y el estaban casados, así que había supuesto que seguía tan libre como había aparentado en el instituto. Con lo que no había contado era que Sebastian abriera la puerta justo cuando Blaine le estaba gritando que se alejara de el. El rubio era celoso y no iba a permitir que alguien tratara de siquiera intentar manosear a su marido.

Si Sebastian hubiera sido cualquier otra persona, las cosas se hubieran quedado ahí, una advertencia y enviarlo a casa hubiera sido suficiente. Pero el Señor Smythe no se había convertido en uno de los abogados mas famosos del estado por ser una persona normal y corriente. Había conseguido, con cuatro frases acertadas en las típicas fiestas a las que los invitaban, vetarlo en Cincinnati y Columbus. El muchacho había tenido que volver a Lima por culpa de Sebastian y nunca lo había olvidado.

- No se acercará si sabe lo que le conviene. -le dijo Blaine unos segundos después.

- Se la tiene jurada, tu y yo le escuchamos aquel día. Cada vez que va a Lima tiene problemas con el. -Se inclinó en la silla.- No me quedaré tranquila hasta tenerlo de vuelta en casa.

- Lo se.

El tampoco se quedaría tranquilo.

OoOoOoOoOoOoO

Salieron del edificio y se encaminaron a casa sin hablar. La tensión estaba en el ambiente, ennegreciendo el que prometía ser un bonito día. Blaine se preguntó su alguna vez podrían ser completamente felices, si existiría un momento de sus vidas en que las cosas fueran bien. Sabía que era demasiado pedir, pero solo quería un día en el que no tuvieran que esperar que alguien llamara o les visitara. Estaba cansado de vivir en constante sufrimiento, aguardando por el golpe, el momento en que de nuevo tuvieran que luchar. Sonrió al pensar en lo que Sebastian seguramente le diría si le escuchara. "La vida es dura Blaine, y que todo fuera fácil la haría muy aburrida" . Así era su marido, coraje, determinación, burla y una pizca de esperanza que siempre prevalecía.

Abrieron la puerta y la sonrisa apareció en sus rostros de una manera automática. Aleena estaba bailando y cantando a todo pulmón en el salón, con los auriculares puestos y completamente ajena a su presencia. Divirtiéndose sin pensar en los problemas, libre como solo los adolescentes podían serlo. Blaine dejó el maletín en el suelo y la cazó en uno de los giros, la acompañó y su pequeña le sonrió cantándole. Bailar con ella era desestresante y le recordaba porque había dudado a la hora de hacerse abogado. El amaba las artes casi tanto como quería a aquella granuja morena de ojos verdes.

Había sido duro, pero cuando se vio en la calle con la pequeña tuvo que escoger entre un futuro que les diera de comer o cumplir su sueño. Había elegido sabiamente, como solo un padre podría hacerlo, siempre colocando frente a los suyos, los sueños de su hija. Había aceptado la cortesía de los Smythe y se había presentado a las pruebas de acceso a la universidad. La abogacía había supuesto para el una sorpresa. Desde el primer día, por suerte, había amado su carrera y ni un solo día se arrepentía de haber hecho las cosas de la manera en que las había escogido. Había decidido y el Karma, por una vez se había portado bien con el dándole el poder de ayudar a los demás en los peores momentos.

La risa de Britt se le antojó como una maravillosa melodía. La mujer se quitó los tacones y se puso a dar saltos al ritmo de "celebrity Skin". La niña olvidó el reproductor de música mas concentrada en ellos que en cualquier otra cosa. Era raro que ambos se relajaran lo suficiente como para tener uno de esos momentos de locura que tanto amaban. Su vida era estresante y sobretodo siempre llena de trabajo, sin prácticamente tiempo de disfrutar. Que se quitaran las caras series y de nuevo vistieran la sonrisa de los días de fiesta era una bendición. Cuando la canción acabó los tres cayeron sentados en el sofá.

- Había olvidado lo cansado que era bailar. -les confesó Britt sin borrar la sonrisa de sus labios. Ella también había tenido que sacrificar aquello que mas amaba por la realidad.

- Eso es porque te haces mayor tía Britt.

- Cuidado enana con lo que dices, yo estoy maravillosa. -le advirtió de broma.

- Eso nunca lo he dudado.

Cenaron algo tarde, Blaine se empeñó en pedir comida china mientras que ambas mujeres le suplicaban por Pizza. Al moreno no le entusiasmaba la comida Italiana, pero finalmente cedió por ellas. Las quería demasiado. Estaban recogiendo los envases cuando el teléfono móvil sonó. Blaine aceptó la llamada a pesar de ser un número privado. No estaba acostumbrado a hacerlo, Sebastian le advertía que podía tratarse de alguno de los que habían demandado con ganas de hacer daño o su padre, con ganas de joderle a tarde. Así que por regla general Blaine no solía descolgar si no conocía el número. Sin embargo esa vez lo hizo.

- ¿Si? -la persona al otro lado de la línea tardó unos segundos en hablar.

- ¿Blaine? Eres tu ¿Verdad? -El moreno respiró con fuerza. Aquello NO podía estar pasando. No precisamente el día en que Sebastian estaba fuera. No el día en el que estaba tan sensible.

- ¿Kurt?

- Si Blaine, soy yo y necesito hablar contigo.

El corazón del moreno decidió escoger ese momento para hacer un salto mortal directo a su estómago. No había escuchado la voz de aquel hombre en diez años. No desde que decidió que no iba a perdonar a Blaine por el pequeño escarceo sexual con Eli. Rompió a sudar sintiéndose estúpido, no debería de asustarle que Kurt Hummel le llamara, había pasado mucho tiempo y sobretodo había asumido que su relación estaba mas que acabada. En ambos sentidos, tanto la amistosa como la amorosa. Mucho mas la segunda que la primera.

Britt se acercó a el en el momento que escucho el nombre. Le miró con una duda pintada en los ojos y Blaine asintió, podía manejar aquella conversación telefónica. Los dos volvieron a sentarse en la mesa mientras Aleena recogía el resto de la cena, ajena a la extraña llamada

- Habla. -No había pretendido ser tan seco, pero aquello era demasiado raro.

- Bien, quería invitarte formalmente a la reunión anual de Nuevas Iniciativas. -aquello si que le pillo completamente de sorpresa.

- ¿Reunión?

- Si, ya sabes. Viejos amigos y muchas historias que contar.

- ¿Y eso? ¿Como es que os ha dado por hacer una reunión ahora?

- Esto... -Kurt suspiró.- No es la primera que celebramos...

No hacía falta que acabara la frase, Blaine sabía perfectamente como continuaba, ...pero va a ser a la primera que te invitemos.

La rabia le corrió por las venas, estuvo apunto de colgar. Debería hacerlo, sería perfectamente comprensible que lo hiciera. Sin embargo no colgó. Debía aclara unas cuantas cosas antes de cerrar el capítulo que para el suponía la escuela secundaria McKinley. Comprendía porque el no había estado invitado años anteriores, el juicio con su padre había sido mediático y nadie invita a una fiesta a un supuesto "secuestrador de niños" pero ¿Y Britt? El era testigo de que ella tampoco había ido a ninguna clase de reunión del antiguo Glee Club.

- ¿Cuantos años habéis estado reuniéndoos? -le preguntó por curiosidad.

- Tres años sin contar este. -admiraba la sinceridad de Kurt. - Blaine, cometimos un error, he de admitir mi parte de culpa, pero al principio era simplemente una cena de viejos amigos. Después fuimos cambiando el formato y pedimos el gimnasio del McKinley para realizar la reunión. Hay muchas personas que olvidamos pero esta año hemos decidido hacer las cosas bien.

- Aplaudo tu sinceridad. No la esperaba.

- Es lo que te mereces Blaine, por todo el daño que se que te hemos hecho.

La disculpa le supo amarga. Ya no era tiempo para eso, el había asumido mucho tiempo atrás lo que había pasado así que en ese momento no le servía de nada las buenas palabras y las intenciones de los que siempre se había autoproclamado sus amigos. Dejó pasar el momento y se centró en el presente. Le hizo un gesto a las dos chicas para que se mantuvieran en silencio y conectó el manos libres.

- Así que una fiesta de reencuentro en el McKinley. -explicó, mas para las dos chicas que para Kurt.- ¿Cuando sería?

- Este viernes – perfecto pensó con ironía Blaine, justo el mismo día que la reunión de los gorriones.- Habrá cena y después una especie de discurso en el que cada uno subirá al pequeño escenario para contar que ha sido de su vida. -A Blaine se le escapó una risita.- Lo ha organizado Artie, esta muy ilusionado con que vayamos todos este año. Su primer hijo nació en Febrero y tiene ganas de contárnoslo. -Britt se llevó las manos a la boca para contener un grito de alegría. Artie se merecía mas que nadie tener una buena familia.- La asistencia ha de confirmarse.

- Te diré algo al final de semana ¿me llamas desde tu número?

- Así es. Por cierto... -notó que dudaba.- No creo pero... ¿Sabes algo de Brittany? -Blaine alzó la vista y la rubia negó con la cabeza. Aun no estaba preparada para aquello.

- No.

- Estamos tratando de localizarla pero es muy complicado. Santana ha tratado de hablar con sus padres, pero ellos se niegan a dar cualquier explicación, simplemente nos han dicho que un día se marcho. -Britt se movió imperceptiblemente ante el nombre de la mujer que había amado. Blaine lo notó.

- Haré un par de llamadas, pero no te prometo nada. -Kurt suspiró.

- Esta bien. -Una pausa de unos segundos.- Antes de colgar quiero decirte que se puede venir acompañado. -El tono de voz cambió.- De hecho la mayoría vendrán con sus parejas, algunos como yo seguimos solteros pero la mayoría traen a alguien... así que si hay un amigo o persona especial puedes... bueno y si no, siempre podemos ir juntos. Como amigos. -aclaró.- Claro. Por los viejos tiempos.

¿Kurt estaba coqueteando con el o tratando de ser amable? No lo tenía muy claro. Blaine contuvo la sonrisa, aquello era muy curioso. Aleena le miró con los codos apoyados en la mesa y una expresión extraña. Seguramente no estaba enterándose de absolutamente nada de lo que estaba pasando.

- No creo que vaya con nadie. -Aleena alzó una ceja, gesto sin duda aprendido de su otro padre.

- Podíamos ir al Lima Bean antes de la fiesta y ponernos al día de nuestras nuevas vidas. - ¿Aquello sonaba a una cita?

- Ya te llamaré al final de semana.

- Esta bien, estoy ansioso por verte Blaine.

- Nos vemos Kurt.

La comunicación se cortó y Blaine se quedó pensando en como podía cambiarte el día una llamada de teléfono de aquel modo. Aleena se sentó a su lado y le cogió una mano, el moreno no se había dado cuenta de lo que necesitaba el contacto hasta que sus pieles se tocaron. No había hablado mucho con Al de sus años en el McKinley, los recuerdos seguían siendo amargos y no tenía caso explicar aquello. Supo que había llegado el momento de explicarle todo y no tener a Sebastian alrededor quizás era mas un alivio que una ayuda. El hombre seguía odiando con la misma fuerza a los ex compañeros de Blaine que cuando era un adolescente.

- ¿Que vas a hacer? -le preguntó a la rubia.

- No lo se... supongo que iré si tu lo haces. -le contestó.

- ¿Podéis explicarle a la clase lo que se está perdiendo? -señaló Aleena, Blaine suspiró, había llegado el momento.

Comenzó a hablar. La situó en el año en que Kurt llegó a Dalton, había sido el principio de todo. EL momento en que se habían conocido y su vida había cambiado por completo. La manera de llegar del soprano había sido como el choque de dos mercancías, brutal e incontrolable. Kurt acabo por meterse bajo su piel, extrayendo los malos pensamientos, ayudándolo a luchar contra ciertos demonios y demostrándole que aún el podía enamorarse. Le contó como se cambió de instituto siguiendo a su corazón al año siguiente, como no había podido soportar la separación y había cedido a la petición de Kurt de entrar en Nuevas iniciativas. Le comentó los altos y bajos de ese año, la manera en la que se aproximaban y en ocasiones (como cuando Kurt conoció a Chadler) se habían alejado, siempre como dos planetas en órbita, contantes y a la vez cambiantes. La parte mas divertida sin duda llegó cuando le contó sobre los intentos de Sebastian de conquistarlo aquel año, la manera en la que había luchado y el incidente del granizado lleno de sal de roca. Aleena se rió con ganas al imaginarse los intentos de cortejo por parte del rubio, realmente sus padres no mentían cuando Blaine le decía que había sido un desastre.

- ¿Sal de roca?

- Me tuvieron que operar. Por eso ahora necesito gafas para leer.

- Papa era odioso. -reconoció la chiquilla aún sin borrar la sonrisa de sus labios.

- El año pasó y finalmente la distancia y...

Blaine dudó, los ojos cálidos de su hija le atendían, esperaban escuchar que había roto una relación tan aparentemente maravillosa. El moreno se sintió mal, no quería que su pequeña pensara mal, que le juzgara por algo que había hecho cuando era un adolescente. Para ella el era una especie de héroe que la había salvado de los servicios sociales. No quería hacerlo y sin embargo se lo debía. Blaine no mentía a no ser que hubiera una buena razón, una de peso como resguardar la inseguridad de Britt. Y mucho menos mentía a las personas que realmente le importaban como Al.

- Le fui infiel. -le confesó.- Me enrolle con un chico, Eli se llamaba.

- ¿Es el Eli de quien Sebastian siempre echa pestes cuando tiene que ir a Lima?

- El mismo.

- Así que tienes un pasado oscuro... -la niña le miró con sorna y se lanzó a su cuello para plantarle un sonoro beso en la mejilla.- Va a sonar muy cruel pero me alegro que lo hicieras. Sino, jamás hubieras recurrido a papa cuando necesitabas ayuda.

Y de nuevo, allí estaba Aleena con sus comentarios acertados y su buena intención. Siempre perfectamente plasmada en el lugar que correspondía. Solo ella podía ver la belleza en un acto tan deshonroso como aquel. La apretó contra el y se dejó envolver con su calidez. No le había rechazado y aquello le bastaba.

- Entonces vais a ir ¿no? -les pregunto.

- ¿Crees que deberíamos? -Fue Blaine quien mostró la duda que les carcomía a los dos.

- Habla con papa luego, pero pienso que es lo mejor. -Se encaminó a la puerta de la cocina.- Mas que nada para demostrarles que seguís aquí, de una pieza y ,como ha dicho tía Britt siempre, mas fuertes y hermosos que nunca.

OoOoOoOoOoOoO

Blaine despertó cuando el estridente pitido le obligó a ello. Abrió los ojos sintiéndose mal, no había pasado una buena noche, como siempre que Sebastian estaba de viaje. No solía dormir bien estando solo en la cama y la ansiedad que le había dejado la llamada aún atenazaba sus nervios. Se sentó en la cama y observó el sitio vacío a su lado. Sebastian no había llegado a dormir a pesar de haber dicho que lo haría. Buscó su móvil y algo asustado se levantó. No tenía ningún mensaje.

Salió de su habitación tras darse una rápida ducha y ponerse el traje. Entró en la cocina buscando a Aleena y se encontró con su marido sentado a la mesa. Suspiró aliviado y a la vez se enfadó por no haberle despertado. Se acercó y sin poder controlar el impulso le dio un ligero pero firme golpe en la nuca. Sebastian saltó de la silla y miró a su marido extrañado.

- ¿A que viene eso? -le preguntó mientras se rascaba la zona dolorida.

- ¿Porque no me has despertado en cuanto has llegado?

- Acabo de hacerlo Blaine, y me gusta que duermas todo lo que puedas. -Se acercó al moreno y le pasó un brazo alrededor de la cintura.- Además quería prepararte el desayuno.

Blaine alzó una ceja. Sebastian solo le hacía el desayuno en dos ocasiones muy concretas. El día de su aniversario o cuando hacía algo que a Blaine no le iba a gustar.

- ¿Qué mierda has hecho Sebastian? -el rubio alzó las manos.

- Algo bueno, lo juro.

- Escupe. -El hombre le miró con pena.

- No puedo... Nico me hizo jurar que no diría nada. Pero te prometo que ha sido algo bueno...

- ¿Ilegal? -le preguntó cediendo.

- Es mejor que no lo sepas... Lo que no...

- Si si... lo que no sepa no me hará daño. -Pasó los brazos tras el cuello de su esposo.- Espero que valga la pena.

- ¿La felicidad de nuestro Jeff? Siempre la vale.

Blaine supo mas o menos por donde iba los tiros. No quiso presionar mas al antiguo gorrión, sabía que siempre acababa contándole todo. La regla de "los asuntos de los gorriones los resuelven los gorriones" le resultaba curiosa y en muchas ocasiones útil, ya que gracias a ella había podido ayudar a Richard y a Trent cuando lo habían necesitado. Mas tarde o mas temprano le acabaría explicando, siempre lo hacía sin importar que fuera. Se puso de puntillas y se acercó a sus labios, había pasado una noche sin verlo, y le echaba de menos. Le acarició la nariz con sus labios para después fundirse en un beso. Sebastian enredó sus brazos alrededor de la estrecha cintura de Blaine y tiró de el acercándolo mas. Introdujo sin ningún pudor la lengua en la cavidad de Sebastian, debía al menos demostrarle que estaba un poquito enfadado con el aún.

Sus lenguas batallaron y finalmente Sebastian se rindió y dejó ganar a Blaine. LA dulce derrota llegó cuando las manos del moreno descendieron hasta el botón del cinturón.

- Viene Aleena. -Les advirtió Britt entrando por la puerta.- ¡¿Hay zumo recién exprimido?! Te adoro Bas cuando haces esto.

Bliane le dio un último y profundo beso antes de separarse. Aun era pronto para pervertir a su pequeña hija de diecisiete años. Sebastian tiró de el y le atrajo de nuevo para lamer sus labios, no había acabado. Le sujetó las nalgas y le aproximó a sus caderas, ambas erecciones chocaron mientras le metía la lengua en la boca. La rozó una y otra vez con la suya hasta que escucharon la melodía de algún canción a lo lejos. Se soltaron y el moreno tuvo que agarrarse a la mesa, tenía las piernas temblando.

- ¿Alguna vez me explicarás esa extraña vena que tienes para el exhibicionismo Sebastian? -le preguntó Britt, quien se había dedicado a hacer café mientras tanto.

- Lo haría rubia, pero incluso a ti te temblarían las bragas.

- Y ahí se nota lo cultivada que está la educación de Sebastian Smythe señores y señoras. -le respondió la mujer.

Aleena entró en la cocina y saltó a los brazos de su padre. Blaine observó feliz a sus dos amores. Aquello si que era una familia. La niña se asombró ante el excelente desayuno que había preparado Sebastian, era justamente su comida favorita y había tenido el detalle de hacer zumo de naranja natural.

- Adoro cuando haces algo malo papa. -Le dijo al tiempo que se sentaba junto a la mujer. -Sebastian chasqueó la lengua irritado ¿Cuantas veces tendría que justificarse?

- No he hecho nada malo. Ha sido bueno, lo prometo. -Se sentó junto a la pequeña mientras se servía un poco de café. Blaine se apoyó en la mesa frente a ellos.- He ayudado a tío Jeff.

- ¿Esta en problemas? -El rubio negó con la cabeza.

- Simplemente es tonto.

Blaine se alejó sonriendo, aquella era una típica respuesta de Sebastian. Sacó las pastillas que debía tomar Aleena y se las entregó a pesar de que al verlas la niña torciera el gesto. Los complementos vitaminados eran necesarios y ella lo sabía. Aceptó las dos pastillas y se las tragó haciendo caras raras. Finalmente se sentó a la mesa y comenzó con el desayuno. Su móvil vibró y se extrañó al ver que había recibido un mensaje de un número desconocido.

De desconocido a Blaine: ¿Ya te has decidido?. Se que me dijiste al final de la semana, no quiero ser pesado pero tenemos muchas ganas de verte.

Era de nuevo Kurt. La noche anterior al final había olvidado guardar su número. Lo añadió a la agenda para que no pillara de nuevo. Alzó la mirada y se encontró con los ojos de Sebastian que tenían una coqueta sonrisa. Aquel era el mejor momento para plantear la situación, no quería ocultarle a su marido que Kurt había llamado. No tenía porque ocultarselo.

- Anoche me llamó Kurt.- Dijo sin mas. Sebastian escupió el trozo de tostada que estaba comiendo en ese momento. Britt le dio una palmaditas en la espalda y Aleena le alcanzó un vaso con agua. Una vez hubo respirado contestó.

- ¿Qué coño quería Betty?

- Invitarnos a Britt y a mi a la fiesta anual del McKinley. -Su rostro se tranquilizó.- Al perecer han pensado en hacer algo similar a lo de los gorriones. Un encuentro de los componentes de Nuevas Iniciativas.

- ¿Qué día?

- El viernes.

- Que casualidad.

- Aun no le he dicho si iré o no y me ha mandado un mensaje para preguntarme si me había decidido.

- Esta un poco ansioso ¿o me lo parece a mi?

Blaine respiró hondo. Estaba apunto de soltar lo demás, de decirle que quería que fuera con el y la supuesta reunión que quería en el Lima Bean. Blaine sabía que Sebastian no se tomaría bien esa parte, podía ser el mejor marido y hombre del mundo, pero era treméndamente celoso. Según el rubio, por que no le gustaba que tocaran sus cosas, en opinión del resto del mundo, porque era humano y tenía miedo de que alguien tratara de quitarle su familia.

- Quiere que quedemos antes de la fiesta para tomar algo en el Lima Bean. Recordar los viejos tiempos. -Supo que el mordisco estaba apunto de llegar.

- ¿Tiempos en los que te follaba?

- Sebastian controla tu vocabulario en presencia de Aleena. -le pidió.- Y no, no es para eso.

- A mi me lo pareció.

El moreno quiso estrangular a Britt. No podía haber elegido un momento peor para intervenir que aquel. Justo cuando la víbora que habitaba el corazón de Sebastian había salido a pasear. Vio los músculos de la mandíbula de Sebastian se tensaban, quería replicar y no lo hacía por la pequeña. Le hizo un significativo gesto y ambos se marcharon a la habitación. Sebastian se puso a dar vueltas como un león enjaulado en cuanto Blaine cerró la puerta, el moreno simplemente se sentó en la cama esperando la tormenta.

- No quiero que estés cerca de el. No quiero que vayas.

- ¿Me lo estas prohibiendo? -le preguntó, sabía que no, peor necesitaba escuchar la confirmación de los labios del hombre al que amaba.

- No, jamás haría algo así y lo sabes. Simplemente... -se quedó quieto, mirando a los ojos de Blaine.- No quiero que se acerque a ti... se lo que significo para ti y... no me gusta la situación.

Blaine se sintió conmovido. Habían muchas mas palabras bajo la confesión que acababa de hacerle. Simplemente tengo miedo era lo que no se había atrevido a decir nunca Sebastian.

OoOoOoOoOoOoO

Observó a Blaine, allí sentado, mirándole y sintió que necesitaba decir algo mas. La suerte se le estaba escapando de las manos y no podía dejarle salir de aquella habitación pensando que el tenía alguna culpa de su propia inseguridad. Sebastian se daba cuenta de sus carencias, de que realmente no tenía mucho que ofrecerle a Blaine, nada mas aparte de el en carne y hueso. No era una estrella de musical mundialmente famosa como su querido ex novio. El simplemente era un abogado con mala leche y muchas manías. Tenía miedo y a pesar de ser incapaz de reconocerselo al mundo, para si mismo estaba perfectamente claro. Si Blaine tenía que elegir entre los dos sabía que no tenía muchas posibilidades. El moreno le amaba, lo sabía, pero aún así la espinita del miedo quedaba en el. Había visto a los largo de su vida muchos matrimonios perfectos irse a la mierda. La prueba de ello eran sus propios padres, habían engendrado cuatro hijos y aun así no habían dudado en el momento de divorciarse.

Suspiró y se talló la cara con las manos. Blaine no tenía la culpa de la mierda sentimental que le circulaba en la cabeza. Se había portado como un gilipollas si lo pensaba detenidamente, Kurt era su amigo y el no debía de obligarle a no verlo. Eso jamás lo haría, el no era como su padre. Debía de comenzar a explicarse mejor o iba a estar muy jodido en el futuro.

- Blaine yo...

- No hace falta que digas mas... -el moreno se acercó a el sujetándole las manos para que parara de pasarlas frenéticamente por su pelo.- Bas, ¿recuerdas hace cuatro años cuando me dijiste si quería casarme contigo? Estabas nervioso y no parabas de dar vueltas en aquel aparcamiento.

- Si pequeño cabrón,-le recriminó.- sabías que iba a pedirte y me tuviste media hora esperando.

- Tenía que complicarte de algún modo las cosas. -Blaine rió.- Lo que te dije aquel día no ha cambiado. Soy tuyo y tu eres mio. Nadie y lo reitero, NADIE, va a cambiar eso. Kurt fue un buen amigo y mi primer novio, guardo un recuerdo maravilloso pero ahora no podría siquiera pensar en el de otra forma. Eres tu Sebastian, siempre has sido tu el que escogería.

- Lo siento.

- No te disculpes, -le sonrió juguetón.- pierdes encanto cuando lo haces.

- Ven aquí.

Lo atrajo de la cintura y lo apretó contra el. Le buscó los labios y con dulzura le beso, con la intensidad perfecta para transmitirle todas las cosas que no se atrevía a poner en palabras. Siempre había sido mejor explicándose con los gestos que con las palabras. Introdujo la legua en la boca de Blaine tras pedirle permiso, siempre lo hacía y el moreno enloquecía por esa pequeña consideración. Sebastian sonrió, su madre había criado a una caballero. Que el se malgastara por el camino era otro asunto.

Se separó y apoyó la frente en la de su marido. Estuvieron en silencio unos segundos jugando con sus manos, enlazándolas y observando lo hermosos que quedaban los anillos de compromiso. Sebastian jamás podría olvidar el día que fueron a buscarlos.

Estaban parados frente a una pequeña Joyería. Sebastian se había empeñado en ir a un lugar mas glamuroso, mucho mas acorde a su estilo, pero Blaine se había negado encantado con la pequeña tiendecita. La mujer mayor que había tras el mostrador les felicitó con una enorme sonrisa al enterarse que se habían comprometido.

- ¿De que material han pensado comprar las alianzas?

- Suelen ser de Oro, ¿no? -preguntó Sebastian algo confundido.

- Pueden ser. Sin embargo también hay otros tipos. -les informó la mujer.

- ¿Podría explicarnoslo? Por favor. -Blaine como siempre muy cortés.

- Esta el Oro, como bien ha dicho su prometido y después tenemos el Oro blanco y la plata. Hermosos también para una alianza. -les miró y sonrió enigmaticamente.- Sin embargo, ¿Puedo tutearos?- Blaine fue quien contestó.

- Por favor.

- No se porque pero creo que vosotros estáis buscando algo especial. Quizás... -Entró en la parte de atrás de la tienda y salió de nuevo a los minutos con una caja de terciopelo rojo.- Estas son alianzas de Titanio.

- ¿Titanio? -preguntó confundido Sebastian, nunca había escuchado hablar de que se utilizara ese tipo de material para fabricar anillos de compromiso.

- Si. No es tan famoso como sus hermanos, pero es perfecto. Es mas ligero que el acero pero igual de fuerte, resiste golpes o todo aquello a lo que se enfrente. Nada puede corromper su belleza. -La mujer destapó la caja extrayendo dos preciosos anillos.- En la naturaleza no existe en estado puro. Se consigue de las cenizas de animales y plantas. De la muerte puede nacer algo tan hermoso e inmortal como el Titanio... Maravilloso para representar un amor inoxidable.

Blaine sujeto los dos anillos que la mujer le ofrecía, eran bandas curvadas simples. Iguales que las alianzas de Oro y plata, pero con algo especial. El moreno se probó una y alzó la mirada a Sebastian. Quería aquellos anillos.

- Nos los llevamos.

En el próximo capítulo.

Era muy tarde y la reunión no decaía. Blaine estaba charlando animadamente con Artie sobre su nueva paternidad cuando la puerta del gimnasio se abrió. Ocho Gorriones entraron por ella, inconfundibles con sus chaquetas rojas y azules. Blaine miró a Sebastian y negó con la cabeza. Aquel hombre era muy cabezota y sin duda Wes no había podido resistir la cordial invitación de Artie de acompañarles cuando acabaran su reunión. Observó a Kurt y sintió que una batalla épica estaba apunto de comenzar, miraba a Bas lanzándole cuchillos con los ojos.


Hola hola, ya estoy aquí de nuevo con otro capítulo. Este ha sido ya mas introductorio en la historia que nos concierne. Poco a poco se va mostrando de que tratará. Aún no ha aparecido Hunter, lo se. Se perfectamente que en el resumen pone que es uno de los personajes principales, pero estoy esperando para que tengais perfectamente centrados a los demás personajes. Además quiero esperar a ver "Dynamic Duets" para acbar de remodelar su personalidad. ^^

Quizás sea algo aburrido este empezar, porque aparentemente estan felices y contentos pero la dicha no es eterna y las historias no serían emocionantes sin un poco de acción.

En el siguiente capítulo todo el mundo se mueve, tristemente se separan. Blaine y Britt se irán a Lima mientras que Sebastian y Aleena a Westerville. Eso no quita que Sebastian encuentre una manera de "darle amor" a su marido... muajajaja soy perversa. También os advierto que el personaje de Eli tiene mucho que decir aún en la historia.

Que por cierto, no se a vosotros, pero cuando he releido la escena de las alianzas me ha recordado a cuando Harry Potter va a buscar su primera varita... xDDD. Me imagino la tienda en plan esa, con la señora Olivanders detrás del mostrador. xD

Espero vuestros comentarios con ilusión! Vosotros me animaís a escribir.

Muchas gracias por leer.