Disclaimer: Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto, yo sólo tomé prestados a sus personajes para tener contenta a la Musa y a éste corazoncito caprichoso de fangirl.
3. Atrapado
Tarareaba una canción de promesas a olvidar, una melodía triste y de caminos distintos para dos, mientras recogía unos lirios de un estante y los llevaba al pequeño montoncito de flores sobre su escritorio de trabajo; pese a todo, no se hallaba deprimida y quería sacarle el mayor provecho a su momento de inspiración matutina. Había aprendido a ignorar las despedidas amargas que evitaban acabar con un beso a no ser que la urgencia de sus pieles encendidas hiciera el intento de tregua temporal, ya que admitía que era más difícil separarse cuando al amanecer yacían en la misma cama.
Sopló el flequillo que caía sobre la mitad de su rostro y luego buscó las tijeras para recortar el exceso de tallo y que las flores se pudieran acoplar a su nuevo diseño. La noche anterior había sido particularmente inquietante. Gaara, dos días antes, le había puesto sobre alerta de lo que estaba planeando con Naruto para sacar a Uchiha de la prisión, aunque no llegó a creer posible que sus influencias movieran tanto a los ancianos de la aldea para que fuera tan pronta su liberación.
Mentiría si dijera que cuando lo vio por primera vez después de 10 largos años su corazón no había empezado a latir con un ritmo diferente, más presuroso, como el de un colibrí en vuelo. Jamás se imaginó que en el momento en que el negro y el azul colapsaran entre ellos su alma se remontaría a aquellos días en la Academia, haciéndola ejercer todo uso de autocontrol para no saltarle encima y abrazarlo como siempre solía. En ese momento ni siquiera pensó en su forma de actuar y quiso dejar cualquiera que fuera la explicación que se inventaría a sí misma para después, cuando se encontrara a solas con sus pensamientos.
Tomó una cesta de mimbre del suelo y la subió al escritorio; cada flor que limpiaba, quitándole los pétalos maltratados y las hojas rotas de sus tallos, la fue colocando dentro.
¿Era acaso que quedaban residuos de aquel amor juvenil? Compuso una media sonrisa, algo melancólica. Quizá sí, pero se asemejaban a un buen recuerdo, uno donde ella se divertida a costas de las interminables disputas que causaba Sasuke Uchiha con su frentona amiga.
La campanilla de la entrada tintineó anunciando a un nuevo cliente. Ino alzó la vista y de forma automática dio la bienvenida.
—¡Ino! —la voz de Naruto sonó animada, tanto o más que siempre. Venía solo, con el cabello alborotado.
—¿Qué hay, Naruto?
—Te tengo una nueva misión.
—¿Enserio? ¿Tan urgente es? — cogió el bote de basura y arrojó los desechos de las plantas dentro.
—Sí, verás, ¿Gaara te comentó del caso de Sasuke baka?
Ino se encogió de hombros. —Muy poco, la verdad.
—Bueno, pues una de las restricciones es que no podrá tener misiones más allá del rango D por un tiempo, entonces en lo que se cumple el plazo pensé en asignarlo como maestro en la Academia bajo tu supervisión, será el suplente de Natsuki sensei en lo que nace su bebé.
Ino se cruzó de brazos, mirándolo con cara de circunstancias. —¿Estás bromeando, cierto?
—¡Para nada! Eso ayudaría al dobe, si se relaciona con los niños puede ablandarse su carácter de perros.
—O traumar a los pobres chiquillos de por vida y que la aldea de la Hoja se quede sin shinobis.
—Puede que sea estricto, pero por eso te quiero a ti para nivelar la situación, tendrás mi autorización para regañarlo cuando se pase de la raya con los chicos.
—¡Jah! ¿Y crees que me hará caso? —Ino rodó los ojos.
—¡Trabajaste 5 años para Morino! Eres la mejor en el arte del convencimiento y la seducción, manipulas mentes como nadie en el Clan Yamanaka —trató de convencerla.
—Con Sasuke nunca he podido, tú lo sabes, ¿Y qué rayos estaba pensando Sakura cuando no detuvo tu maquiavélica idea?
—Al principio casi se cae de espaldas, pero luego supo que era una gran forma de reintegrarlo a la sociedad.
—¿Sasuke aceptó? —dijo escéptica.
Naruto titubeó antes de responder un rotundo no. —Pero puedo obligarlo, por eso soy el Hokage.
—Sí, claro, entonces no tengo nada de que preocuparme —Ino cortó el tallo de un tulipán amarillo.
Uzumaki se cruzó de brazos —Como sea, quiero que el lunes antes de clases vayas a mi oficina para que te encuentres con él y lo guíes en su primer día, además de que te daré su horario.
Yamanaka suspiró —No creo que él se presente, pero ordenes son ordenes, ahí estaré.
Naruto la abrazó con alegría —¡Gracias Ino chan! Él nos necesita.
—Por cierto ¿dónde está ahora?
—En alguna parte de Konoha dejando en claro que está en desacuerdo. Peleamos un rato, pero después me dejó hablando solo y se marchó con el humo saliendo de sus orejas por el coraje, asegurando que jamás aceptaría.
—Ok. Suerte, que la necesitarás. Por mí no te preocupes que aunque no esté totalmente de acuerdo haré mi mejor esfuerzo.
—Cuento contigo… ¿irás a despedir a Gaara?
Ino se encogió de hombros. Un mensaje de texto por parte de Temari la había despertado muy temprano, diciéndole que partirían al medio día y que esperaba estuviera ahí (en realidad era una orden), de lo contrario el camino de vuelta a Suna sería una mala copia del escenario del infierno de Dante.
—A ese idiota no, quizá vaya a despedir a mis cuñados exclusivamente.
Naruto sonrió de forma burlona. Cuando se había enterado por accidente de la relación del Kazekage con su amiga de la infancia casi muere en el acto, literalmente, ya que hacia unos cuatro meses los antiguos novatos habían tomado unas vacaciones en la playa. Terminó con unas quemaduras horribles en la espalda a mitad de la primera semana al olvidarse de untarse protector en esa parte; Sakura había ido de compras con Hinata y la única doctora que estaba a la mano era Ino, se apartaron del grupo y fueron al cuarto donde se hospedaban casi la mitad de los hombres.
Naruto se tumbó boca abajo sobre su cama e Ino se sentó en la orilla para estar más cómoda en su labor. La medicina refrescaba cada parte de piel afectada conforme hacía contacto, pero la presión de los dedos de Ino le incomodaba con un dolor punzante que aumentaba el picor; segundos después, acabó quejándose y dificultándole la tarea a la Yamanaka cuando se movía de allá para acá diciendo que era mejor que se curaran solas.
Él era un escandaloso de todas a todas, por lo que varias frases como "Más abajo", "Ahí, ahí" u "Oh, que rico" quedaron flotando en el aire de toda la estancia, entre más repertorio de gemidos y la voz de Ino llamándolo por su nombre para regañarlo de que se estuviera quieto para que pudiera acabar pronto. Como último recurso la rubia quedó sobre su trasero para inmovilizarlo. Todo ese ambiente en definitiva no era una buena combinación para mentes cochambrosas y mal pensadas.
Lo que ambos no sabían era que Kankuro le había tirado encima y por accidente un refresco a su hermano menor, así que había tenido que ir a cambiarse de bañador al departamento que compartía con el Hokage; para empeorarlo todo, fue antes de ver que ellos subían a curar las quemaduras al mismo lugar, por lo que no tenía ni idea de por qué ambos creaban esos sonidos tan perturbadores a metros de él.
Al principio el pelirrojo lo dejó pasar al escuchar la risa de Ino, pensando que eran bromas gastadas por los hiperactivos y ocurrentes rubios, pero después unos celos ardientes le recorrieron las venas y algo en su interior lo movió a querer estrangular a su supuesto amigo. Cuando la vio a ella encima del Uzumaki sus ojos se quedaron cegados de rabia, omitiendo los detalles de la pomada que la chica tenía en la mano o lo feo que lucía la piel de Naruto con el verdoso remedio.
Una trampa de arena viajó veloz hacia la cama, apartando a Ino de encima y atrapando a Naruto en ella, advirtiéndole que jamás se volviera a acercar a SU Yamanaka o pagaría caras las consecuencias. Los ojos de Naruto quedaron en blanco y al procesarlo, no importado que lo estuvieran estrangulando, echó a reír. Ino había corrido hacia Gaara para detenerlo y explicarle que era un mal entendido y luego de varias peticiones Uzumaki quedó libre. Al final, Gaara se vio avergonzado y tuvieron que aceptar a regañadientes que Naruto había sumado uno más uno y que ahora sabía que eran pareja desde hacía medio año, mas o menos.
De ahí en adelante, al ser un despistado y un bueno para nada con los secretos que se le confiaban, el Hokage se encargó de que Sakura se diera cuenta con un comentario echo al azar, pasando lo mismo con Sai, luego con Kiba y de ahí en fuera todo el secretismo fue caso perdido, aunque la pareja siguió siendo reservada con sus muestras de afecto en público.
—Está bien, nos vemos pronto, Ino chan.
—Bye, Naruto.
Ino suspiró y miró la hora marcada en el reloj que colgaba de la pared, eran las once con cuarenta minutos, tenía tiempo perfecto para llegar a la entrada de Konoha si se lo proponía, pero no lo haría. Era una chica orgullosa y Gaara no se merecía su presencia.
Volvió a su trabajo con las flores, pero su mente ya no logró concentrarse en el diseño. Lo intentó una y otra vez, pero sus ojos se desviaban al minutero a cada segundo, esperando a que las manecillas no llegaran a emparejarse en el número 12 y, cuando sucedió, tardó veinticinco minutos en decidirse tomar una bolsita morada que había en el cajón inferior del escritorio. Sopló su flequillo, exasperada con su corazón de pollo que deseaba verlo una vez más.
Giró el letrero de la entrada a cerrado y echó a correr lo más rápido posible hacia la entrada de la aldea.
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—Es inútil, no vendrá. ¿Podemos irnos ya? —dijo Kankuro ahogando un bostezo en la palma de su mano.
Temari frunció el ceño. —Tiene que hacerlo o se las verá conmigo.
—¡Ya ha pasado media hora de lo acordado y hemos estado aquí desde hace una! —se quejó.
—Por cinco minutos más no te morirás, Kankuro —Temari se cruzó de brazos.
—Tsk. Lo más seguro es que se haya retrasado por no encontrar el atuendo adecuado —Shikamaru intentó darle ánimos a Gaara. No era que se viera destrozado, ni mucho menos, pero estaba más callado de lo habitual, recargado sobre el tronco de un árbol junto a la estructura de la entrada y expidiendo un aura oscura y siniestra.
—O simplemente no quiere verlo —bufó el marionetista.
Gaara alzó la vista y una gotita de sudor resbaló por la nuca del castaño.
—Ya basta, vámonos —el pelirrojo dejó la fresca sombra que el árbol proyectaba y con un simple gesto de manos se despidió de Nara.
Temari dio un hondo suspiro y luego de un beso rápido al manipulador de sombras se alejó desganada. Sería un largo viaje.
Justo en el preciso momento en que el Kazekage pisaba el exterior de la aldea, una delicada mano lo tomó del brazo, sujetando con aprehensión aquella capa que describía al máximo líder de una nación y deteniendo su marcha. No giró, pero el aroma inconfundible a flores de primavera le confesó la identidad de su captor sin margen de error.
—Idiota, te irías sin decir adiós —farfulló la Yamanaka, jadeando en busca del aire que le faltaba. Apoyó su frente sobre la espalda del pelirrojo y esperó a que dijera lo que fuera. Eran tantas las despedidas y aún no había aprendido a dejarlo ir… ¿cómo podía Shikamaru lidiar con ese espantoso momento desde hacía cinco años? —Simplemente no puedo creerlo, ¡podías haber ido a la florería! ¡podías haber entrado a mi casa con la maldita llave extra y abrazado toda la noche! Pero no… el señor es un terco, un egoísta, ¡un panda desconsiderado!
Gaara arrugó la frente, ¿qué manía tenía esa mujer por llamarlo panda? Se dio la vuelta, Ino se había cruzado de brazos, con la vista fija a su derecha y en ningún punto en específico, enojada. Su pecho aún subía y bajaba de forma irregular demostrándole cuanto se había esforzado por llegar a tiempo y sus labios estaban fruncidos queriendo parecer indignada.
—Ino… — empezó, pero no sabía como continuar, en especial porque sentía tres pares de ojos sobre sí.
—Da igual —resopló luego de unos minutos y le extendió la bolsita morada que llevaba en la mano para que él la tomara —Es para ti, por nuestro aniversario o lo que sea que sea hoy.
Gaara asintió. —¿Puedo abrirla?
—Preferiría que lo hicieras después — admitió la kunoichi y, obediente, Gaara lo guardó dentro de su equipaje.
Al terminar, la tomó por el brazo y la atrajo hacia su cuerpo, besándola sin dale oportunidad a reclamar nada.
Ino enredó sus manos entre los mechones rojos de su nuca y lo estrechó cuanto fue posible, intentando mitigar ese nudo en su garganta.
—Vuelve pronto ¿quieres? —susurró Ino, escondiendo su rostro en el cuello del Kazekage. Gaara la abrazó.
—Haré lo posible…
Ino le dio un fugaz beso en la mandíbula y luego lo miró a los ojos con un tono burlesco.
—Ya si no, Shika y yo nos veremos obligados a consolarnos mutuamente para olvidar nuestra trágica soledad.
Ni a Gaara ni a Temari pareció gustarles el comentario al arrugar la frente.
—Entonces habrá dos ninjas menos en la Hoja — advirtió la de cuatro coletas, emprendiendo el camino de regreso a su hogar.
—Adiós, Ino.
—Adiós, mi lindo panda de la arena —rió un poco, él suspiró resignado.
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Los dedos de Sasuke resbalaron lentamente por los viejos muros de la habitación, ensuciándose de la gruesa capa de polvo con la que el tiempo había tapizado cada rincón de la mansión Uchiha. Los muebles que quedaron después de su partida con Orochimaru permanecían cubiertos con sábanas blancas, ahora de un gris opaco y sucio, para evitar que se dañaran.
Sus pasos eran sigilosos, tratando de evitar que la bestia ambigua de sus recuerdos despertara y es que cada espacio seguramente rebosaba de emociones vengativas, de persuasiones que en su infancia lo habían llevado a darle la espalda a su mundo para terminar con la vida de su hermano.
La discusión con Naruto lo había dejado con la mente lejana, llena de musarañas de enfado, porque Uzumaki quería manipularlo, quería obligarlo a tener una vida ajena a sus deseos, quería decirle que debía y no hacer, limitando la libertad que ahora le habían concedido y odiaba eso, tanto que se le revolvía el estómago de sólo recordar que ahora el imbécil rubio era el Hokage y tenía el poder, la autoridad, para ordenar lo quisiese… eso sin contar que le debía la vida, no… le debía más que eso, sin embargo, no pensaba ceder tan fácilmente. Podía ponerlo como vil mensajero, como su asistente ordenando informes e incluso a limpiar las oficinas ¿pero como sensei? Era una abominación, era algo demente, era tan estresante ponerse enfrente de niños mal criados que no sabían ni sujetar un kunai en las manos y a cada pequeña herida se ponían a berrear y suplicar por su vida; no lo soportaría, entonces salió con un portazo y vagó sin rumbo fijo por las calles de Konoha, hasta que sus pies lo guiaron hasta ese lugar que creía jamás regresar.
Había sido curiosidad pura entrar cual ladrón y ver si algo le resultaba familiar, si ya había dejado atrás ese tormentoso pasado, pero ahora, a mitad de la estancia donde vio muerta a su madre, a todo su clan, esa insoportable punzada en su corazón le demostraba que no había podido olvidar ni un segundo esa masacre, que seguía viéndose como un estúpido niño sin la fuerza suficiente para avanzar, atrapado en esa mancha roja que había deformado todo su futuro.
Apretó sus dientes cuando bajó la vista al suelo y encontró una antigua fotografía de su familia, la alzó con cuidado, pero no soportó examinarla por mucho tiempo ya que la rabia volvió a él; rabia mezclada con tristeza, con el dolor de la perdida. La aventó lejos de él porque le quemaba.
Todo a su alrededor comenzó a tomar vida, tomar las voces de su hermano, de su papá, de su mamá, volviendo el tiempo cerca de veinte años atrás. Sus formas aparecieron frente a él tan nítidos como los vivos.
Fue en el momento en que Mikoto le sonrió con amor y quiso acariciar su mejilla sin efecto alguno, traspasando su piel, que perdió todo control de sí. Las ilusiones se fueron, el dolor sofocante se intensificó, consiguiendo que volcara los muebles, arrancara las sábanas, tirara las pinturas y prácticamente destrozara el lugar con un burdo chidori.
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Después de perder a lo lejos a los hermanos de Suna, Shikamaru acompañó a Ino de regreso a casa, empero se habían desviado un poco cuando ella quiso ir a comprar bolas de estambre de todos los colores para su espectacular regalo de las próximas fiestas decembrinas.
La verdad no tenía la menor idea de qué diantres estaba planeando su mejor amiga, pero esa sonrisa en su rostro no le auguraba nada bueno, ya que le recordaba al año donde había tejido esos suéteres horribles para Chouji, Sakura, Gaara y él, y prácticamente obligado a usarlos toda la noche pese a que el suyo tenía un ciervo con un collar de cascabeles que realmente tintineaba al caminar y podías prender su nariz roja; Temari casi se ahoga de la risa.
—Con unas simples tarjetas de papel nos daríamos por bien servidos, problemática —intentó persuadirla.
—¡Por supuesto que no! Acabo de descubrir como hacer unas cositas maravillosas con esto, ya lo verás —lo miró de reojo y al ver su aspecto preocupado, añadió —descuida, no es para vestir.
—Menos mal…
Una explosión cercana captó su atención al instante, cruzaron miradas y no tardaron mucho en ubicar que el estruendo había provenido de la residencia de uno de los clanes fundadores.
—Shika… ¿Naruto te mencionó algo acerca de una remodelación extrema de la mansión Uchiha?
—Por desgracia no.
—Lo que temía, vamos antes de que haya un alboroto mayor.
Ambos desaparecieron en el aire, rogando para que esa explosión no hubiera sido captada por algún informante de los ancianos de la corte, quienes buscaban cualquier mínimo error para volver a encarcelar al portador del Sharingan.
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La fuerza del chidori destrozó parte del techo y una pared. Seguramente Sakura le echaría bronca por su berrinche ¿pero ella que sabía de la forma tan miserable en que se sentía en esos momentos?
Ya no había nada para él en Konoha, ni siquiera un lugar al cual poder volver después de tantos años lejos. Era un vagabundo errando por esa supuesta redención. Era una maldita marioneta a manos del Hokage.
Tomó un viejo jarrón y lo aventó contra el suelo.
Se hizo añicos al instante.
Cayó de rodillas al suelo, con unas inmensas ganas de llorar por el resto del día, llorar incluso toda la noche y recuperar todos esos años en los que no había permitido que una lágrima rodara por sus pómulos, pues estaba harto de sí, de estar caminando en círculos de mierda que nunca iban a ningún lado y volvían a esa vieja mansión, a esos cuerpos cubiertos de líquido carmesí.
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Ino esperaba ver a un Sasuke demente, con el rojo de su técnica más letal activo sobre sus ojos, destruyendo todo lo que se interpusiera en su camino, pero cuando lo encontró tenía las manos sobre su rostro, doblado contra el suelo y de rodillas. Le desconcertó tanto que no supo como actuar. Se le veía débil, vulnerable.
Ni siquiera cuando Sasuke lo vio todo perdido en la batalla final había actuado de esa forma; recordaba que se había erguido con un gran esfuerzo, por mero orgullo, ya que sus heridas taladraban puntos delicados que podrían causar la muerte en segundos. Los había mirado con infinito odio antes de que fuera encadenado para ser llevado a las prisiones, se había reído con mofa de sus captores y de lo mal que acabaron todos.
El que tenía delante era un Sasuke diferente, uno que había perdido contra la vida, sin ánimos de continuar y estancado en el pasado.
—Sasuke.
Creyó que lloraba, por eso se aventuró a dar un par de pasos hacia él. Shikamaru le advirtió que no se acercara, pero, como de costumbre, no le hizo caso.
—Sasuke… —lo llamó, acuclillándose junto a él —¿Estás bien?
Shikamaru se colocó en una posición de ataque, tenía que estar alerta por la seguridad de Ino.
Uchiha no respondió, sólo continuaba respirando de forma entrecortada y jalando de sus cabellos, tratando rechazar la quimera de su familia. Estaba ofuscado en una burbuja donde las voces del equipo 10 no surtían efecto.
—Sasuke —Ino alzó su mano, acariciando su hombro.
El ex traidor apenas y sintió el tacto quiso alejarla con un chidori de baja intensidad, sin embargo, por más rápido que ella saltó hacia su costado, un rayo azul alcanzó su brazo, hiriéndola con un corte poco profundo. La escandalosa sangre recorriendo la piel blanca de Yamanaka alarmó a Nara obligándolo a realizar el jutsu de sujeción de sombras en contra del Uchiha.
Ino tocó su herida componiendo una mueca de dolor.
—¿Es grave? — gruñó el de la coleta. Su sombra se había fusionado con la del traidor, forzándolo a permanecer inmóvil contra el suelo.
Sasuke alzó la vista hacia la rubia y en esos ojos negros se notó la sorpresa del daño que había causado. Ino lo descubrió pese a ser meramente un soplo.
—No, estoy bien Shika, déjalo —le pidió.
Entonces escucharon el crujir de la madera, delatando al menos a cinco shinobis avanzar hacia la habitación.
Sin dudar un segundo Yamanaka se abalanzó sobre Sasuke, tomando su brazo y utilizando el jutsu de sustitución en el acto, quedando en su lugar un único tronco viejo.
Shikamaru suspiró resignado. En el momento en que los vio desaparecer, varios Jounin lo rodearon, empuñando sus kunai en señal de defensa.
—Falsa alarma, chicos —dijo, metiendo sus manos en los bolsillos.
—Pero hubieron explosiones —reprochó uno de ellos, señalando los daños en la propiedad.
El moreno frunció el ceño, ya que al volver su vista había descubierto un par de gotas de sangre que habían terminado en el suelo. Fingiendo despreocupación caminó hacia las manchas rojizas y las cubrió con sus sandalias de la vista de sus subordinados.
—Lo sé y yo mismo informaré al Hokage en su debido momento, mientras tanto quiero que ustedes se olviden de este pequeño incidente y se enfoquen en las misiones prioritarias — fue su palabra final y con un vago movimiento de cabeza todos se marcharon.
Shikamaru recogió las bolas de estambre que se habían caído de la bolsa de plástico y que la problemática había tirado, y rogó para que no cometiera ninguna imprudencia.
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Lo llevaba jalando con su mano derecha, apresurándolo a que no se quedara atrás; de vez en vez sentía como Sasuke se tropezaba con sus pies, demostrándole que aún no regresaba a sus cinco sentidos, pues de ser así seguramente también se negaría a seguirla y soltaría su agarre con palabras hirientes.
Corrieron por varias cuadras antes de que Ino decidiera detenerse en un callejón estrecho y de edificios altos, y que ya no había peligro de sus mismos compañeros shinobis.
Cuando usó el jutsu de sustitución lo único que pasaba por su mente era protegerlo de sí, de sus arrebatos, pero ahora no estaba muy segura de que hubiera sido lo mejor, porque para empezar su brazo izquierdo aún se contraía por la descarga eléctrica que había recibido y al momento de quejarse Sasuke había arrugado su frente en una mueca de asco… suponía que aún la veía inferior, bueno, Sasuke veía inferiores a casi cualquiera, pero Ino no tenía ánimos para que sus actos de buena fe fueran reducidos a basura.
La rubia recargó su espalda sobre el muro y, conteniendo el aliento, tocó su herida con el índice y el anular.
—Au, au, au, maldición… — gimió. Era algo muy simple de solucionar, a decir verdad. Activó su chakra envolviendo su mano con un resplandor verdoso y aliviando el adormecimiento de su extremidad.
Sasuke dio tres pasos atrás hasta toparse con la pared y resbaló la espalda para quedar sentado en el suelo. Sus cabellos negros cubrieron sus ojos, ocultando la culpa, la confusión en ellos.
La piel quemada poco a poco fue adquiriendo una tonalidad saludable y dejó de sangrar. —¡Mucho mejor! —sonrió —Aunque me debes una blusa ¿sabes lo difícil que es sacar la sangre de la ropa? ¡era nueva!— pero esa curva optimista terminó al ver el aura negra alrededor de su acompañante —Ya, no fue grave —dijo, Sasuke no respondió.
Ino tragó saliva, dándose valor para sentarse junto a él. Lo hizo con calma, como si se tratara de un animal asustado a quien no quisiera ahuyentar.
—¿Todo bien, Sasuke-kun? —le dio un pequeño codazo, él gruño, pero la miró a los ojos… igual que la noche anterior.
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Continuará…
Nota: Ojalá haya sido de su agrado :) ¡Nos vemos en el próximo! Y muchas gracias a todos por sus lindos comentarios, son la alegría de mi corazoncito de escritora.
Si tienen alguna duda, aquí ando para resolverla.
¡Coman mucho chocolate y a darle con todo porque ya viene el fin de semestre (al menos en mi caso)! jaja así que enciendan sus cosmos y... ¡dame tu fuerza Pegaso!... ok... no, activen su chakra mis pequeños shinobis.
Un beso para todos mis lectorcitos fantasmas y ojalá algún día me deleite al ver sus lindas letras en un review.
