Sam no dejaba de observar como Dean daba vueltas a la habitación con el rostro con una mezcla de rabia y decepción. Podía entender su posición en esta pelea, pero eso no quitaba que entendía por qué Evelyn no había dicho nada.
A veces deseaba desesperadamente tomar el lugar de Dean en estos casos, era mucho más fácil enfadarse y no atender a razones como hacía Dean que hacer de intermediario y escuchar las dos versiones.
- Es que no puedo explicármelo Sam, todo este tiempo y no ha dicho ni una palabra sabiendo que su vida corre peligro, cuando lo sepa papá… - Sam miró a los ojos a su hermano viendo cómo hablaba en serio y planeaba meter a John en todo este asunto.
- Dean, ya sabes qué haría papá. - comentó nervioso, él no quería tampoco que le pasase nada a Evelyn, pero la obsesión de John por Azazel haría que dañara a Evelyn si veía que dejaba de ser una aliada.
- Es por eso que quiero llamarlo Sammy, sabes que él tiene la suficiente sangre fría como para acabar este trabajo. - dijo frustrado. Él era cazador y se le daba bien el trabajo, entonces ¿por qué sencillamente no había visto nada raro? pensaba en las salidas nocturnas sin explicaciones de Evelyn y las asociaba con encuentros demoníacos que en el fondo esperaba que no fuera así.
- Le tienes tanto cariño como yo, hablemos con ella, podemos solucionarlo. - comentó saliendo de la habitación.
Dean se sentó en la cama apoyándose en la pared y cerrando sus ojos, odiaba a los demonios más que a nada, le habían arrebatado a su madre cuando el sólo era un mocoso y ahora que la niña a su cargo se le iba de las manos tenía que… omitió la palabra, ya era duro el hecho de tener que guiarse por la mente en vez de las emociones que podía permitirse unos segundos de debilidad estando totalmente sólo como ahora.
Evelyn había salido de la casa tras aquello, tenía ganas de golpearse a sí misma por haber bajado la guardia delante de los Winchester. ¿Para qué mierda había dicho nada? podía haber hecho como si no supiera nada y esconder lo que sabía.
Pensó en llamar a Azazel pero sería arriesgado, no sabía si habían decidido seguirla o la habían dejado volver a irse sin más, por lo que tenía que tener cuidado.
- Viéndote parece que el Apocalipsis está mas cerca de lo que he escuchado… - dijo una voz femenina.
Se giró para observar a la dueña de esa voz y vio a una mujer adulta pelirroja de ojos claros, era alta, aunque con estatura normal y delgada.
- ¿Ahora es cuando me dices que eres un tío, me ofreces emborracharme y vamos a tu casa? - contestó irónicamente pensando en esas escenas de películas, aunque la diferencia de edad era mucha.
La mujer la miró indiferente, pero contestó.
- Vine porque estás en peligro, los ángeles te buscan y créeme, pueden ser eficaces cuando se lo proponen. - comentó sin cambiar su rostro al mirarla.
- Llegas tarde, ya estoy avisada. Así que puedes decirles a tus amigos que si quieren guerra pueden buscarme, no me ocultaré de ellos como una maldita rata asustada porque créeme tu también, no lo soy en absoluto. - contestó clavando sus ojos en los de ella y con bastante seriedad.
Se preguntó si a la ángel le sorprendió que ella supiera que era una de ellos, pero por cómo había hablado lo había supuesto.
Se alegró internamente de no haber avisado a Azazel para que viniera, no era buena idea juntar ángeles y demonios.
Cuando levantó la vista pudo ver que la mujer había desaparecido, se preguntaba si antes de irse había meditado, aunque sólo fuese un segundo, su respuesta.
Siguió su camino intentando quitarse la nostalgia, pero era muy difícil, estaba más sensible de costumbre aunque no llorara. Se le hacía muy difícil llorar salvo en excepciones como hacía poco con los Winchester.
Aquellos hermanos… podía recordar su primer encuentro, cuando sólo tenía cuatro años, era una edad muy temprana pero tenía memoria de aquello.
John la había recogido y la había llevado a casa después de tranquilizarla por aquella explosión. No sabía qué había pasado exactamente pero la niña seguía viva y no estaba poseída, era ella. Lo había comprobado anteriormente.
Cuando llegaron a la casa, John avisó a sus hijos que estaban jugando en el interior y Sam había roto un cristal cuando apuntó mal a la supuesta portería de Dean, por lo que Evelyn tuvo cuidado en no pisarlos.
- Chicos, les quiero presentar, ella es Evelyn y se quedará un tiempo con nosotros - dijo John con su rostro serio, advirtiéndoles de que se portarán bien con ella, era una invitada especial.
- Evelyn, estos son Sam y Dean, espero que te lleves bien con ellos - comentó observándola, no sabía cómo iba a criar a Evelyn sin meterla en la cacería.
- Mucho gusto - dijeron Evelyn y Sam al mismo tiempo. Dean sólo levantó la mano en forma de saludo, no le gustaban mucho los extraños pero era una orden de su padre que no podía desobedecer.
Un tiempo… sólo había sido temporal hasta que John le pasó la tutela a Dean para adoptarla.
Pero su apellido nunca había sido Winchester, sino Anderson. Evelyn Anderson. Le gustaba como sonaba, pero no sabía el nombre de sus progenitores, ni siquiera la historia sino fuera porque había oído a escondidas cómo John le contaba a sus hijos cuando la había rescatado.
Sintió una extraña sensación y se detuvo, realmente no sabía hacia dónde quería ir o por qué seguía caminando y no se detenía a pensar.
Supo la respuesta en la misma frase: no quería pensar. Volvía a tener esa sensación esta vez más fuerte cuando fijó su vista al frente y vio como un coche iba hacia ella a toda prisa, no tuvo tiempo de reaccionar ni ver a su posible asesino cuando sintió el golpe y posteriormente su caída dejándola inconsciente.
Sólo una palabra salió de sus labios, más parecida a un ruego o una pregunta.
- Mamá… -
Dean despertó en la cama y vio que ya había anochecido, se maldijo por haberse quedado dormido y salió de la habitación llamando a Sam, éste no contestó por lo que dedujo que había salido sin él.
- Sammy, como te hayas ido a cargar a unos malditos demonios o de fiesta sin mi, te mataré yo mismo con mis manos - murmuró con un poco de aburrimiento.
Inspeccionó la sala y vio las armas en su sitio pero con una nota.
Dean:
¿Has escuchado la radio? bueno, para qué pregunto… tu sólo escucharás Metallica. Alguien ha visto el cuerpo de una chica que coincide con la descripción de Evelyn y ha dado aviso a la policía, en estos momentos estoy yendo para allá y quiero que te quedes en casa por si acaso descubres algo.
Sam.
Suspiró. No podía hacerle eso acabado de levantar, era una injusticia, se sentó en el sofá y encendió la televisión poniéndolo en el canal de noticias.
Lo escuchó atentamente hasta que se distrajo cuando pusieron otra noticia, la policía había ido y no habían encontrado cuerpo ninguno ni huellas de nada, Sam estaba perdiendo el tiempo. Era obvio que fue alguna broma de algún gracioso que se aburría, apagó la televisión y se levantó del sofá para volverse a caer de la impresión.
No podía creerse que precisamente él estuviera ahí, él… que tanto daño le había hecho y que se había asustado con lo del accidente inventado por su culpa.
- Escucha, sólo quiero hablar - Dean lo miró furioso, era increíble como tenía ese rostro sereno después de todo.
- Pues yo no, así que ya te estás largando de aquí, porque estoy furioso y soy capaz de cualquier cosa, porque nos has enfrentado y como no te vayas ahora mismo echaré tu bendito trasero de mi casa, Castiel -
Notas de la autora: Hacía mucho que no lo continuaba, pero hoy tuve un hueco libre y decidí escribir esto, es más corto que los capítulos anteriores pero bueno, espero que les guste!
Saludos!
