Trataré de ponerme al corriente con esta historia aquí.
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La suerte del novio
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«Después de todo lo que habíamos escuchado de parte de la Señora Sullivan y de mi madre sobre el chico más problemático de los Luthor teníamos muchas expectativas sobre lo que nos iríamos a topar, y sin duda alguna el chico era, en efecto, especial.
A diferencia de Jason con su atlético aspecto Lex tenía una figura delgada y angulosa, apenas difuminada la carne por la ropa porque su delgadez se acentuaba. Era blanco como leche recién ordeñada, con un matiz casi transparente, sonrojado y despeinado por la carrera a caballo. Estaba enfadado con su escolta, se mantuvo con una actitud regia frente a nosotros.
—Hey Lex, ¿perdiste la noción del tiempo?
Al chico le salían chispas de los ojos contra Jason.
—Dejaste mi reloj en la cabina, para mí esta carrera no tiene ningún sentido—, mantenía reservas en su caballo —pero te presenta como un insolente
—Oh, ¿insolente yo Lex?
—No quiero hablar contigo
Jason seguía divertido regalando sonrisas fáciles.
Lex saludó a sus abuelos, a sus anfitriones y a su prometida. No reparó mucho en Connor y en mí salvo la cortesía habitual.
Sus rasgos podrían ser tan delicados que se le daban de fantasmales, manos de dedos afilados, pómulos marcados por la superficie superior de sus mejillas alzados muy levemente, una nariz fina de tabique nada pronunciado, cejas poco pobladas y unos ojos de los que no alcanzaría a dar una descripción fiel resaltando una amplia frente de intelectual. Sin embargo, tengo que priorizar, las expresiones que era capaz de reproducir por más inofensivo que luciera denotaban una personalidad que de mostrarse con fuerza se volvería una tempestad.
Todo en él le daba un aura ligera de problemas relacionados a otro ser humano que no fuera de su interés, pesada de emociones. Llevaba un rostro serio y furibundo al haber sido humillado por Jason. Lex parecía ser pelirrojo como su abuela, de un color que a la brisa aparecía cual lumbre en su cabeza, sin embargo dependiendo de la luz lucía o rubio o castaño. Daba la sensación de tratarse de un ser mítico vagando por Auslandshire, de alguna mitología celta o nórdica, rusa o quizás más exótica, Lex podía ser eso pero no un niño normal.
—Digas lo que diga yo he ganado esta carrera
Lex le miró con arrogancia.
—¿En qué momento acepté yo competir?
—Admírenlo— le señaló Jason —qué sepa escoger negocios favorables para él es una ventaja nativa
Mi padre se acercó con respeto y amabilidad.
—No los esperábamos antes, creímos que vendrían con sus padres joven Teague
—Oh, eso ha sido culpa mía Lord Kent —se disculpó Jason —cuando emprendí mi carrera le dije a Lex que la meta era Shuster y no Swann, me temo que aún no me he familiarizado con Auslandshire. Mis padres vendrán en la tarde para la reunión formal. Y Lex, tu reloj lo tengo yo
—Lo sabía… ¡Devuélvelo miserable ladrón!
Entrando a Shuster Connor se acercó a platicar solo entre nosotros sobre Lex cuya conversación se podría resumir en una sola frase: "Se ve cómo si fuera a la horca ¿no es verdad?"
En el salón Este nos reunimos después de que Jason y Lex se refrescaran en sus habitaciones, volvieron sin color en los rostros en un aspecto enfermizo más natural. Jason galante flotaba brillando en el ala, Lex trataba de pasar desapercibido ayudado por la señora Sullivan que evitaba la cercanía de Lucy con él. Su tía Lena estaba comprometida a servir de barrera entre Lex y cualquier otro que quisiera acercarse. Los Luthor no se encontraban a gusto en Shuster Hall y debíamos soportar la convivencia como efecto de las acciones de Lex y Lucy.
Nuestra prima no le quitaba los ojos a Lex. Milton Fine desviaba la atención para que no se les molestara a la futura pareja que competía visual y físicamente a descubrirse como el más mimado, en quién tenía las manos más finas y tersas o quién llevaría peor el matrimonio.
Quedaba claro que el evento no sería público llevándose a cabo bajo un velo de secretismo intenso. Era una barrera incorruptible llevada a cabo con sumo cuidado para no llamar miradas curiosas. En cuanto el padre los declarara marido y mujer los embarcarían a Escocia o Alemania a mantenerlos en secreto un año antes de volver a Auslandshire o a otra parte de Inglaterra, probablemente Londres.
Lucy era diestra el piano pero respecto a la voz el verdadero pájaro cantor era Lena Luthor que dejó a Lucy en un nivel muy inferior si se trataba de entretener una audiencia por la tarde.
Caída la noche los Teague se nos unieron. Milton Fine mantenía un discurso de emoción brindando por los futuros novios, Lucy permanecía radiante, Lex serio y los Luhor incómodos. Lena y Lillian permanecían serenas, Lionel no terminaba por sentirse bien como invitado. Milton trataba de enredar el asunto para hacernos creer que la pareja sería feliz.
—¡Oh! Pero qué volátil es el corazón joven y tierno, en un instante te ama y al siguiente sus ojos buscan la aprobación de otro
Lex bajó el cejo con las palabras de Milton, juntó los dientes y se colorearon sus mejillas, un sonrojo tan marcado que subió por sus blancos oídos haciéndolos de un rosado e inocultable rubor. Lucy aunque sonrojada sonrió ladina y orgullosa de su tropiezo. Fue regañada por Sullivan.
—¡Pero qué está diciendo Fine! —le cayó el abuelo del aludido, el conde habló pidiendo recato. Cambiamos de tema al instante.
Connor no me dijo comentario sobre la alianza Luthor-Kent, no había necesidad de decir nada.
Esa semana según recuerdo, llegó el martes una carta de Cara, mi madre nos dio la noticia, llegaría para la boda, unos días antes, quizás el viernes mismo para amanecer a las nupcias, aguardaba cumplir con su itinerario porque estaba hasta Calcuta. Sus cartas venían llenas de descripciones de sus aventuras tan llenas de arrojo y curiosidad entre animales feroces e idiomas impronunciables, sobre los nativos que conocía y algunos dibujos que anexaba. Connor compartió conmigo la añoranza de tenerla tan lejos.
Extrañamos por un instante nuestra infancia donde corría por los pasillos persiguiéndolos a Cara y a él haciendo travesuras, era un momento al que no podíamos volver salvo en nuestras mentes por más que camináramos los mismos sitios de nuestros recuerdos. Se tornó amargo.
Era una lástima tener a Cara tan lejos.
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De las partes más bellas de Shuster Hall era su solario, un cuarto de amplios claros y alturas inalcanzables hecho entero de cristal y hierro colado, moderno con sus figuras sinuosas femeninas y vegetales, caracterizado por su mayólica, mosaicos, vitrales y lámparas Tíffany que a mi madre tanto le gustaban. Los muebles más nuevos de la casa habían sido comprados del Priorato de Gótica donde se había visto un fugaz movimiento de artesanos ebanisteros y de otras artes y oficios patrocinados por el Visconde Wayne, todos ellos provenientes de Italia y otros lados donde abundaban los expertos en su arte.
En este solario habían dos pisos y un recorrido de pasarelas donde colgaban las flores orientales que procuraban los jardineros, abajo las fuentes y bancos maravillaban, en ambos pisos habían mesas y sillas para tomar el té en hermosos pabellones rodeados de esculturas de bronce. Este se volvió el lugar favorito de reunión de los chicos Luthor cuando sus padres se dedicaban a los condes y no disfrutaban lo suficiente de la galería de la Swann Manor. Lionel Luthor por petición de su hijo Alexander mandaría a hacer reparaciones, y colocar un invernadero a petición de su señora durante el año que estuvieran fuera Lucy y Lex y que a su vez se extendería el ala sur. Según palabras de Lilly Luthor los chicos no volverían hasta que la casa fuera apropiada para ellos si los Luthor eran burgueses del tipo que preferían la Belle Époque. La irían a llenar de todos los lujos de ciudad que tanto caracterizaban sus casas.
Lex por su parte le tenía predilección a su tía Lena, ella le vigilaba con cuidado acompañados de cuando en cuando porMilton. Par Lex su actividad favorita era hacer que su hermana les leyera alguna poesía o un pasaje de algún libro. Connor y yo nos enteramos que en cuanto a idiomas Lena era la enseñante de sus familiares si se trataba de francés o ruso puesto que hablaba ambos con fluidez al haber vivido en ambos países un tiempo gracias a su educación y los negocios de sus padres. Lena se había apegado mucho a su hermano con ayuda presta. Lex Jr. era su último alumno.
Fue una única vez que vi solo a Lex Luthor en el solario de Shuster Hall sentado en una fuente con una flor recién cortada que dejaba sin pétalos mismos que lanzaba hacia un rosal. Se la pasaba en sus propios pensamientos huyendo de Lucy que no era dejada a solas con él por su guardián —la señora Sullivan— si así se había iniciado aquel embrollo que los había llevado a su compromiso. Fui ahí cuando Milton Fine llegó a acompañarlo.
No se dijeron nada, Milton abrazó a Lex acariciando sus rizos, susurró algo a su oído, besó su frente, y Lex se puso de pie exasperado soltando quejas en ruso que Milton le devolvía en un francés poco practicado.
No entendí bien lo que decían pero reconocía que discutían algo sobre una farsa y otras cosas sobre una cuestión de honor o responsabilidad. Al cabo de esa discusión Milton abrazó a Lex con precaución y no volvieron a decir nada. Lex se quedó llorando en su pecho unos minutos más de los que yo no quise seguir espiando.
Era media semana, los días seguían corriendo para la boda.
Algo apestaba en todo ese asunto.
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—¿Una periodista?
—No solo una periodista, una columnista londinense, Lois Lane, la de la pluma por espada. La llaman amazona como a la Princesa Diana de Grecia
Connor me trajo noticias de las que no tenía idea en casa, sus amigos estaban más al pendiente del mundo que yo porque en cuanto puse un pie en Shuster Hall no volví a pensar en aquello que no incluyera mi familia. Connor fue el de la audacia para investigar si el conde no lo haría.
—¿Comprendes el panorama Clark? Nuestra prima Lucy viene de una familia respetable de hombres belicosos y mujeres rebeldes
—No veo que tenga de malo que la señorita Lane quiera desarrollarse en el periodismo y la opinión pública, ¿de qué habla?
—Deberás sentarte —me dijo mi primo —la noticia te quitará el equilibrio
De una mirada exigí que me contara.
—Muy bien, lo pediste. Ella habla de política, ¿no es inconcebible? —hablaba sobre el tema con más emoción que reproche, podría asegurar que se le veía jactancioso—. Ah, primo, inhala la delicia de las noticias. Nuestra desconocida prima de tan lejana casa viene a casarse con el hijo de un industrial tan adinerado, sí que darán de qué hablar…
El tema del que Connor hablaba era otro más severo. Algo de antes de que naciéramos.
Nuestra familia ya era señalada.
Las líneas de los Kent se habían acabado en Inglaterra tanto que cuando el mayorazgo necesitó herederos los buscaron en América a donde había migrado una rama con el apellido buscando tierras, calma y paz que solo podrían encontrarse en el campo. Como resultado Jonathan y Martha Kent, los únicos sobrevivientes con rezagos de abolengo por sus venas, pasaron a convertirse en nobleza pese a quererse negar al principio. Yo vine después.
Mis razones para no querer heredar tenían fundamento. Connor y Cara las conocían también porque estábamos en el mismo barco y yo realmente no quería heredar Shuster si en cuanto el chotacabras que atrapó el alma del antiguo conde Kent se elevó al cielo llevó con él toda la sangre noble pura que podía haber para el título noble que dejaba sin herederos. Jonathan recién casado había vivido el yugo de tener que aprender maneras y etiqueta para ser digno de su futuro puesto en su juventud, Martha lo acompañó en ese procedimiento. Por ese rigor conmigo, con Cara y Connor fueron más flexibles, no querían hacernos sentir rechazados como ellos. Solo que yo era un exiliado desde que nací teniendo a los Kent como mis padres para educarme.
Pese a todo el amor de nuestra familia la parte secreta de mi pasado no dejará de perseguirme.
—¿Clark?
Connor me hizo volver de mis cavilaciones sobre el título nobiliario. Aún no había querido afeitarme la barba ni lucir pulcro todavía. Mi vello facial tenía el largo de la mitad mis dedos.
—No es nada —le dije —me atravesó otra idea, eso es todo.
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Para acostumbrarnos a ver a Lucy y Lex juntos los Luthor preferían tener a su nieto del infortunado incidente de faldas bajo la vigilancia de los Kent en Shuster Hall, pero no volverían a repetir el error anterior. La señora Sullivan le pisaba la sombra a Lucy y Lex jamás abandonaba la compañía de alguien conocido fuera su familiar o amigo de su familia.
La verdad Lex lo hacía porque no soportaba ver a Lucy ni en pintura.
Lena celaba la compañía de su sobrino, ninguno agradaba de estar con Lucy a quién no consideraban tonta sino pretensiosa. Los hermanos hablaban entre ellos a sus espaldas en otros idiomas a sabiendas que Lucy no comprendería; solo ahí eran honestos dando rienda suelta a sus comentarios y verdaderas opiniones que con su tono eran humorísticas y de odio. Palabras que podían ser entendidas universalmente llegábamos a captar Connor y yo, y los dos sabíamos que como una Luthor Lucy no la pasaría bien una vez casada.
Con el paso del tiempo en nuestra reuniones —porque hablar con la señorita Lena era la presencia Luthor más deliciosa de la familia pese a hacer de niñera de Lex—, fue notorio que el único que podía arrebatar a este de su familia era el excéntrico Milton Fine con sus pláticas sobre sus aventuras, negocios y geografía. Nos habíamos enterado adoraba viajar documentando lo que encontraba en diarios de viaje personales que compartía verbal y en papel solo con el futuro marido de Lucy, con nadie más.
Cuando esto pasaba Lena suspiraba y los miraba irse a platicar en privado sobre lo que solía complacer a Lex o tomar por completo su atención. Muy pocas personas lograban esto.
Mi indiscreción me llevó a preguntarle a Lena una vez que Connor nos dejó a solas qué tenía Milton para que Lex prefiriera la compañía de Fine más que la de cualquier otro, solo para que Lena Luthor me mirara con piedad y asombro dispuesta a hablar sincera.
—¿Quieren saber la verdad, aún cuando su familia sea la deshonrada?
Su advertencia no me amedrentó. Le pedí que me contara.
La de rizos pelirrojos como Lex y Lily Luthor —según le había empezado a decir mi madre—, comentó: "¿Sabe usted que este asunto se llevó a cabo en nuestra casa en Londres?".
—Estoy al tanto de ello
—Bueno. Yo soy de las pocas que vio lo que pasó. Lex no fue el varón que Lucy invitó a su cuarto, ese escapó y nadie conoció su rostro, no se podía señalar a cualquier invitado de la casa porque podría condenarse a un inocente. Una vez se calmaron los ánimos el que dio la cara por ella fue Lex, y cómo Lucy está enamorada de él no dijo nada
La nueva información la guardé durante un día más asimilándola. Era una sorpresa, no podía decir que agradable. Según me había sido contado por Lena que encarecidamente me encargó la seguridad y protección de su sobrino adjudicando que yo sería el próximo Conde de Kent, los únicos bajo el techo de los Luthor en Londres habían sido los Teaghe, Milton Fine y los propios habitantes de la casa, pocos blancos para que el General de Brigada Lane padre de Lucy quisiera confrontar a todos en duelos a muerte.
En cuanto compartí lo que Lena me había dicho con Connor él se vio satisfecho por la información después de su descontento de que no saliera con él, Lionel Luthor, Jason y Milton de caza. Me dijo con una parsimonia odiosa: "¿Lo ves? ¿Qué no te lo dije en el tren antes? Esta boda será de lo más entretenida".
Pasó una tarde a unos cuantos días de la boda que en una cabalgata por la tarde visualicé entre el verdor de Auslandshire a Lex Luthor mirando hacia el valle a mar abierto abstraído en sí mismo.
No había nadie más con él, ni Milton ni el peligro de Lucy para acosarlo. El sol y la brisa lo recorrían cual si fuera otra piedra en la tierra. Me acerqué por mera comunión sabiendo su secreto.
—De todos los lugares que existen el altar pagano de esta colina tan lejana y alta es de mis favoritos. La mejor vista al fiordo, ¿no le parece joven Luthor?
Lex volteó a verme, el viento movía sus rizos hacia su cara sobre sus ojos grisazúleos enfadados y tristes. Retornó la vista hacia el valle que se abría al mar por el lago. No se movió de su sitio otra vez.
—No había escuchado de un altar pagano en este lugar. Hay mucho que desconozco del condado. Aún no he viajado a ver el mundo y ya sé que viviré aquí toda mi vida
Su destino, es verdad, daba pena a cualquiera.
—No es tan malo como lo ves Lex. Nací y crecí en Auslandshire, lo recomiendo fervientemente
Lex trató de no burlarse de mi entusiasmo.
—Tan breve es tu recomendación que saliste huyendo de aquí para vivir en otro lado. No eres el mejor para dar consejos
De su treta no hallé respuesta pronta.
—No se debe a lo que la gente ve— le dije — Mis motivos son ulteriores
El muchacho Luthor no quería compañía.
—¿Por qué vino aquí?
Sobre mi caballo le sonreí confiado.
—Es mi vista favorita de Auslandshire, ya lo había dicho
El joven Luthor no se molestó en seguir hablando, no había ido tan lejos para hacerle conversación al supuesto futuro conde Kent, lo que menos quería era entablar conversaciones con los Kent si estaba por casarse con una de esa familia. Yo solo no quise dejarle solo.
—Si no le molesta Lex podría mostrarte el altar, no está lejos, está en una foresta cercana, podríamos regresar para ver la puesta de sol. El sol se pone en el agua haciéndolo ver cual cetro devorado por el mar
Él trató de cambiar de actitud.
—Perdí mi caballo —puso primero como excusa.
—Iremos caminando, volveremos a Shuster Hall para la cena
—No quiero ser una molestia, vino a disfrutar la vista no a darme un recorrido
—No tengo nada mejor que hacer
El adolescente se dio por vencido. Desmonté para guiarlo. Caminamos los primeros metros. Mi caballo relinchó.
—Los caballos de Auslandshire no me quieren— soltó de pronto— Me aborrecen tanto que huyen de mí. Es el tercer caballo que pierdo en cinco días en Swann
Yo estaba de buen humor.
—Quizás no son los caballos ¿ha considera la posibilidad de que se trate del jinete? Le aseguro que un cambio de actitud mejoraría
—Cambiaré de actitud cuando vea un mejor futuro en la distancia
—No son las mejores palabras provenientes de un joven tan pronto a casarse
Lex siguió caminando con las manos en la espalda, soltó un suspiro lamentándose.
—No, no lo son
—Lex, sé que no tuviste nada que ver con Lucy, ¿por qué mentir?
Las mejillas de Alexander Luthor se pintaron de un escandaloso rojo arándano por lo que dije.
—¿Dónde escuchó eso?
Confiado, le contesté: "Acaba de confirmar mis sospechas con vuestra cara. Eso era todo lo que necesitaba".
Lex tuvo un súbito cambio. Me rogó que no le dijera a nadie lo que pasaba.
—Tiene que guardar silencio señor Kent, no deben saber lo que estoy haciendo
—¿Por qué hacer de chivo expiatorio? —Lex se vio compungido —descuide, no diré nada si es lo que me pide. Solo podría pedir una explicación
—Eso es peor
—¿Por qué? —quise saber.
Lex se giró en sus talones exhausto de tener que ordenar sus ideas.
—Se debe a lo absurdo de su origen, la razón es tan tonta y pecaminosa que la vuelve innombrable.
Su severidad me alteró. No quise hacer demasiada presión. Acaricié mi barba pensando hasta volver a hablar cambiando la dirección de nuestra charla.
—Bien. Entonces pediré algo que sí pueda darme
El adolescente solo mantuvo los brazos cruzados mirando más a mi caballo que a mí. No obstante dejó que me explicara, era mi silencio el que quería comprar.
—En vista que podríamos vernos tan seguido en Auslandshire pediré su confianza y amistad aunque la primera me la tenga que ganar con el tiempo
El pelirrojo se giró aturdido, no comprendió mi petición.
—¿Para qué quería mi amistad Clark?
Yo dejé mi barba en paz mirándole. Le regalé una sonrisa y un suspiro.
—Solo pensaba que tal vez eso nos haría hombres menos solitarios ¿no le parecería justo?
Sus ojos me miraron con una sobriedad traslucida, se transparentó un solo segundo de debilidad y me negó la vista de su rostro.
—De acuerdo —restregó sus brazos con frío —podemos intentar ser amigos
Retomamos la caminata por las colinas superiores. Lo llevé entre varios fresnos a ver el altar pagano cuyas ruinas fueron de su agrado. Era un trabajo romano devorado por la maleza. Le acabó por gustar más de lo que esperaba. Pude haber cambiado su opinión sobre el condado solo un poco.
Lex y yo vimos el atardecer después de nuestro recorrido, gustó de la vista sentándose a verla durante los minutos que duró y aún se quedó un poco más a señalar estrellas conmigo, las constelaciones que podían ser vistas en verano en Auslandshire y que le decía lo acompañarían por siempre viviendo en Swann.
Él callaba resignado y receptivo a mi amabilidad. Intentaba desanimarlo de su mentira para forzar el que dijera la verdad y por consiguiente la boda se detuviera. No conseguí lo uno ni lo otro pero ese día logré acercarme a él.
Era solo un niño, su situación era alarmante. No merecía una carga tan pesada si la culpa no era suya.
Para cuando el día de la boda llegó yo puse otra sobre mis hombros con su nombre grabado en letras de oro.
Lex Luthor me iría a perseguir toda mi vida quizás porque fui yo quién lo alienicé antes de llegar al altar.»
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