Desde Venezuela hasta Australia

Por edwinguerrave

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El Copyright y la Marca Registrada del nombre y del personaje Harry Potter, de todos los demás nombres propios y personajes, así como de todos los símbolos y elementos relacionados, para su adaptación cinematográfica, son propiedad de Warner Bros, 2000

La "Sorg-expansión" del "Potterverso" es una idea de Sorg-esp, fortalecida y aumentada (entre otros) por Fiera Fierce, Cris Snape, Neevy Ambr Du, Muselina y Graystone, del Foro "La Noble y Ancestral Casa de los Black" de ffn. Este relato forma parte del aporte que tengo el gusto de llamar "Magia Venezuelensii".


Capítulo 3:

La Graduación Académica

San Diego, Venezuela; jueves 21 de Junio de 1.994, 9:15 a.m.

La alegría era indescriptible, pues "luego de cumplidos los requisitos académicos y legales", Salvador y María Inmaculada recibirían ese mediodía los títulos que los acreditaban como Licenciados en Administración Comercial, egresados de la Ilustre Universidad de Carabobo.

Salvador ya conocía como se desarrollaban los actos académicos en la UC, pues había asistido al de su hermana Gabriela y su cuñado Adalberto, graduados como Licenciados en Educación, mención Orientación y Educación Física respectivamente, hacía apenas quince días. Sabía que los nervios afloraban con cualquier "chispazo", por lo que le había aceptado a su mamá una taza de infusión de hojas de tilo, antes de buscar a María Inmaculada, ya su novia, para ir, junto a sus respectivos padres hacia el Anfiteatro de Bárbula, o Teatro "Alfredo Celis Pérez",(1) para la imposición de medallas y conferimientos de títulos.

—¡Por todos los cielos, Salvador! ¿Podrías calmarte? ¡Ni que te fueras a casar! —bromeaba Gabriela, consciente del cúmulo de nervios que invadían a su hermano—; sí, es un acto impresionante, y si siguen tan nerviosos —ahora se refería directamente tanto a Salvador como a María Inmaculada—, no lo van a disfrutar.

—Bueno, eso sí es verdad —sonrió María, también presa de los nervios—, tenemos que relajarnos e ir saliendo, porque el acto está para comenzar a las once.

Gustavo y Vicente Bordones, el padre de María Inmaculada, conversaban sobre sus respectivos empleos, cuando se dejaron ver los graduandos junto a sus madres y a Gabriela, quien cargaba al pequeño Gabriel Alejandro, de poco más de siete meses de nacido.

—¿Listos? —preguntó el padre de Salvador—, porque la Universidad no va a esperar por ustedes.

Luego de un rápido trayecto, llegaron al Anfiteatro, donde estacionaron los vehículos en un terreno lateral, usado por la Escuela de Fútbol menor de la UC cuando no se utilizaba como estacionamiento alternativo del teatro. Enseguida, Salvador y María Inmaculada se reunieron con sus compañeros de promoción a las puertas del "foyer" del teatro, mientras los invitados esperaban en el pasillo lateral el momento de entrar al edificio.

—Ay, Salvador, estoy nerviosa —reconocía María Inmaculada mientras se terminaba de abrochar la toga, ayudada por Salvador y por Alegría Mendoza, compañera de promoción.

—Tranquila, muchacha —le respondió su amiga, acomodándole el birrete—, yo no estoy tan nerviosa —pero no podía disimularlo. La voz le temblaba.

Apenas Salvador se colocó su birrete, se oyó la poderosa voz del "maestro de ceremonias" de los actos académicos, Pedro Bello, llamando a los graduandos a formar según la lista del acta de grado, dándole indicaciones al grupo y advirtiéndoles que no aceptaría "otra manifestación que no fuera el aplauso o el silencio", tal como se lo había mencionado durante el ensayo del acto de grado.

—Manténganse en sus posiciones —esta sugerencia le pegó a María Inmaculada, pues lo que más deseaba era estar junto a Salvador, su amigo y ahora novio, pero la disposición por orden alfabético había colocado al menos dieciocho compañeros entre ellos—. Así como están, así deben ubicarse en las butacas y así subirán al escenario…

Salvador recordó el comentario que Gabriela le había hecho del desnivel del escenario justo frente al puesto principal del presídium, que le había jugado malas pasadas a varios graduandos, haciéndolos trastabillar frente al Rector y las demás autoridades. Vio a María Inmaculada, que respiraba con algún grado de agitación y al ella fijar su mirada en él, le hizo un movimiento de manos como recordándole que respirara profundo, calmado y lento, lo que hizo, suspirando y sonriéndole a su amado.

En ese instante, el personal de protocolo, entre los que se encontraban jóvenes estudiantes que ya Salvador y María habían visto en los pasillos de la Facultad, se preparaban para guiarlos a sus butacas en las primeras filas del Anfiteatro.

—Muy bien, ¿preparados? —gritó uno de los chicos a los primeros en la larga fila de graduandos, entre los que se encontraba María Auxiliadora, quienes asintieron nerviosos; al recibir esa respuesta tímida, les dijo—: ¡Muy bien, graduandos, felicitaciones, vayan pasando, sigan por este pasillo!

Cuando comenzaron a pasar al auditorio, bajo los acordes de la marcha académica, Salvador se transportó mentalmente no al día en que su hermana Gabriela se graduó, sino al día de su iniciación como "brujo marialioncero" en las montañas de Sorte, en octubre de 1.992, percibiendo esas mismas sensaciones, esa misma energía. De pronto vio frente a él, más allá de un par de chicas de protocolo que les señalaban las escaleras de paso hacia las plateas del Anfiteatro a sus abuelos, Francisco y Amalia Hernández, ya difuntos, saludándolo emocionados. Esa visión le hizo perder unos segundos, que tuvo que recuperar apurando el paso y, dejándose arropar por los aplausos de los invitados, logró ver a sus padres en el momento que buscaba sentarse, por lo que le hizo una rápida seña a su padre, quien le afirmó con la cabeza mientras aplaudía. Él también los había visto.

Cuando tomó asiento, aún con el rostro de sus abuelos en la mente, se dio cuenta que María Inmaculada estaba en la fila frente a él, a su derecha, por lo que se inclinó, y acercándose a su oído, le susurró:

—Hola, licenciada.

—¡Ay, muérgano! —sonrió María luego de brincar del susto—, ¡me asustaste!

—Y como no estás nerviosa… ¿para qué?

—Sí… ¿Sabes algo? —le dijo al voltearse ligeramente y verlo al rostro— Siento como si mi abuelito y mi primo estuvieran acá conmigo, acompañándome.

—Seguro, seguro están —le contestó Salvador, acariciando la ceja y mejilla bellamente maquillada de María Inmaculada—, de hecho mis abuelos están también. Los ví.

María sólo tuvo un momento para abrir sus ojos tan grandes como la emoción y el asombro le permitía, pues justo cuando iba a replicarle, el maestro de ceremonias pidió a los graduandos y asistentes levantarse para recibir al Claustro Universitario, y posteriormente a las autoridades de la Universidad de Carabobo.

Una hora y media después, embargados de la emoción, María Inmaculada y Salvador correteaban entre compañeros, ya colegas, familiares y fotógrafos, tanto oficiales de la Universidad como externos, que aprovechaban para fotografiar en cualquier área no habilitada. Enseguida se encontraron con Gabriela, Adalberto y el pequeño Gabriel Alejandro, que ya estaba despierto y reclamaba la atención de su madre, intentando tomar la medalla de Licenciada en Educación que ella había prometido llevar ese día para tomarse las fotos con su hermano. Justo cuando estaban esperando el turno para las fotos, junto a Alegría y sus familiares, llegaron Gustavo, Trinidad, Vicente y Carmen Bordones, los padres de María Inmaculada, y comenzaron los abrazos, besos, miradas a los títulos y, por supuesto, las fotos.

Salvador y María Inmaculada sonreían, posaban solos, con sus familiares, y cuando decidieron tomarse fotos juntos, una simple mirada fue suficiente. Incluso el fotógrafo, uno de los de mayor experiencia en el equipo de trabajo de la empresa contratada por la Universidad, se dio cuenta de cómo sería la siguiente. Salvador tomó a María Inmaculada de la mano, la hizo girar hacia él y le estampó un beso en los labios, delante de todos. Luego del flash, le dijo, mostrándole el anillo de grado que en la sorpresiva acción le había sacado:

—María, mi querida María, mi colega María —y posando rodilla en tierra le tomó la mano, mientras todos al alrededor veían en silencio la escena— ¿te gustaría compartir tu vida conmigo, hasta que Dios y la Reina lo decidan? —mientras volvía a colocar el anillo de grado de su amada en el lugar de donde lo había tomado. María sonrió, miró a sus padres, quienes sonreían, y luego de ver lágrimas en el rostro de su madre y un asentimiento por parte de su padre, respondió:

—Mi colega Salvador, ¡Por supuesto que sí! —lo hizo levantarse, y abrazándolo le besó nuevamente, ante los aplausos y gritos de todos quienes vieron y las fotografías, no sólo del fotógrafo oficial, sino de muchos otros "fotógrafos improvisados".

Cuando bajaron de la zona de las fotos y fueron recibidos por sus familiares, el primero que comentó algo fue Adalberto, con su voz grave y una enorme sonrisa:

—¡Ajá, cuñadito! ¡Te lo tuviste bien guardado, ¿no?!

—Bueno —reflexionó Salvador, mientras abrazaba a María Inmaculada—, nos dimos cuenta con la tesis que nuestra amistad estaba convirtiéndose en algo más.

—Sí —afirmó María, para después apuntar directamente al pecho de su ahora prometido, justo donde colgaba su medalla de grado—, además, ¿Cómo es eso que me pides matrimonio con mi propio anillo de grado?

Todos se rieron, y cuando Salvador se disponía a responder, Alegría se acercó y, a gritos de emoción, les llamó:

—¡Vamos, nos vamos a tomar la foto todos los de la promo!

Enseguida corrieron hacia la puerta de la Capilla Universitaria, donde los 148 graduados se intentaban acomodar para la foto, junto con algunos profesores e incluso el decano de la FaCES, Ricardo Maldonado, quien se unió al grupo justo a tiempo para las fotos. Durante unos diez minutos estuvieron tomándose las fotos, para luego alegres, intercambiar números de teléfono y prometerse reunirse a celebrar. Al terminar, Salvador, María Inmaculada y Alegría se reunieron nuevamente con sus familiares, ya agotados por tantas emociones.

—Bueno, muchachos, vamos —comentó Gustavo, alegre por su hijo y futura nuera.

—Alegría —Salvador se le acercó a su colega, tomado de la mano de María Inmaculada—, el sábado nos vamos a reunir en la casa, en San Diego, para tener una fiestica y celebrar la graduación y, bueno, nuestro compromiso; para que te acerques por allá y compartamos —terminó de decir esto abrazando a María.

—¡Por supuesto, Salvador! —dijo Alegría, abrazándolos—, ¿no hay problemas si le aviso a los demás del grupo?

—¡Para nada, Ale! ¡Sabes que somos una familia! ¡Llámalos y nos avisas!

Con esa promesa, los Hernández-González y Bordones-Izaguirre se despidieron de los demás graduados y sus familiares, para regresar a San Diego, a disfrutar de un almuerzo (o quizás una cena) por las emociones vividas, tanto por el hermoso acto académico como por la solicitud de mano de Salvador a María Inmaculada.


Notas al pie:

(1) Este teatro está ubicado en el centro de lo que actualmente se denomina "Complejo Docente-Asistencial" de la Universidad de Carabobo, pero que en esos años se estaba recuperando del abandono en que había caído como parte del Hospital Psiquiátrico de Bárbula; ese espacio está ubicado frente a la Dirección de Información y Control Estudiantil de la Universidad de Carabobo, por lo que la primera función desde su recuperación en 1.992, con el centenario de la Universidad, es ser el espacio de desarrollo de los actos académicos y protocolares de la propia UC, y de otras instituciones, tanto públicas como privadas, de la ciudad.

Buenas tardes desde San Diego, Venezuela! A pesar de las dificultades, la alegría por un acto académico siempre se deja propagar, y sobre todo cuando el amor toma posesión de los pensamientos y deseos. Agradezco a todos y cada uno de quienes leen, comentan, siguen y tienen como favoritos a estos relatos de "Magia Venezuelensii", un pequeño y sincero aporte a la expansión del Potterverso... Salud y saludos!