Dos semanas habían pasado desde que los nuevos vecinos se mudaron a la casa de alado.
No los he conocido, pero tampoco me interesa, entre menos contactó tenga con ellos, será mejor. Desde hace 2 años y medio vivo prácticamente aislada ya que los únicos vecinos que tenía antes de los nuevos vecinos, murieron, era una dulce pareja de ancianos, los señores Longoria ellos aparte de Jacob son a los únicos que les confié mi secreto por el cual vivo atemorizada. Entre menos gente sepa esto estarán más seguros, no puedo dejar que más personas inocentes mueran por mi causa.
Esta mañana me desperté un poco tarde, me levante y fui directo al baño para lavarme los dientes y bañarme, después baje a desayunar y por supuesto alimentar a tara. Después de dejar todo limpio en la cocina, Salí al jardín delantero para regarlo, estando ahí me encontré con uno de los nuevos vecinos. Un hombre rubio de unos cuarenta años, tal vez un poco más, supuse que era el patriarca de la familia y me sonrió en forma de saludo yo solo pude asentir a modo de respuesta.
Entre a mi casa y fui a prepararme el almuerzo. Estaba a punto de tomar el primer bocado cuando el teléfono sonó, lo cual rara vez lo hacía, y como siempre un poco de miedo se instaló en mí.
-¿Hola?
Salió en pregunta nerviosa.
-Hola señorita, habla Ness su secretaria.
El alivio lleno mi cuerpo.
-A, sí ¿Qué pasa Ness?
-Le hablo para comunicarle que los ejecutivos convocaron a una junta urgente, al parecer hay problemas con unos distribuidores y es indispensable su presencia.
-Hum… No puedo creer que aun pasen estas cosas, está bien arreglare unas cosas e iré para allá. ¿Me puedes preparar el avión privado?, y me llamas para informarme la hora de salida.
-Por supuesto señorita, en unos momentos le llamo de nuevo.
Después de la llamada de Ness me puse a preparar mis maletas que solo eran dos ya que no pensaba quedarme por mucho tiempo por allá. Solo habían un pequeño problema no podía llevar a tara con migo, tampoco quiero dejar sola mi casa, ya que ellos podrían saber de esto y aprovecharse de la situación.
Así que necesito que alguien esté en mi casa unos días mientras yo estoy de viaje y tenía a la persona perfecta para eso, solo esperaba que no estuviera ocupado. Tome el teléfono y lo llame.
-Hola Bells
-Hum… Hola Jake
-¿Cómo estás?
-Bien hum… me preguntaba si me podías hacer un favor muy, pero muy grande.
-Claro Bella ¿De qué se trata?
-Pues veras tengo que salir de viaje y me preguntaba si podías quedarte en mi casa unos días mientras yo regreso
-¡Ay! Bella. Lo siento pero no puedo, esta semana tengo la exposición de las nuevas casas, en verdad me gustaría ayudarte
-Entiendo, no te preocupes.
-Tal vez te consiga a alguien que te ayude.
-En verdad te lo agradecería mucho, pero ya sabes que…
-Si Bella, ya sé, no te preocupes ellos no te encontraran.
-Está bien, bueno te dejo la llave en donde siempre, me voy, ya es hora que me vaya.
-Okay, que tengas un muy buen viaje.
-Ojala Jake, ojala
Y corte la llamada, Salí al patio a dejarle agua y comida a Tara, la llame para despedirme, pero no venía. La busque en sus escondites favoritos pero tampoco estaba ahí, vi la puerta que separa los patios y estaba entre abierta, de seguro se volví a salir por ahí. Estuve pensando mis opciones: Esperar hasta que la encuentren y vengan a entregármela, ir yo por ella o entrar como si nada al patio.
La primera, posiblemente tarde bastante tiempo y ya casi es hora de mi vuelo.
La segunda, me hace tener que conocer a mis vecinos y es lo que menos quiero.
Y por último, Ya no puedo entrar como si nada, me podrían ver y serio lo mismo que la segunda, solo que con más preguntas e incomodidad.
Así que tendré que ir por ella ¡genial mi intento de no hablar con nadie da frutos!
Pensé con sarcasmo.
En fin salí de mi casa, cuando llegue a la de mis vecinos llame a la puerta y me abrió la mujer de cabello caramelo que supuse era la mamá de los chicos y esposa del señor rubio.
-Hum… Hola, solo quería saber si me podría dejar pasar a su patio trasero es que mi mascota no está y a veces suele escabullirse en su patio, quisiera saber si está ahí.
-Hola querida, claro pasa, no hay problema.
Me indico con la mano
-Gracias.
Pase directo a la cocina no necesite que me guiara yo conocía esa casa de principio a fin.
-¿Ya habías estado aquí?
Pregunto un poco dudosa la señora.
-Si señora.
-No me digas señora, por favor llámame Esme.
Me limite a asentir. Al salir al patio de Esme puede ver a Tara echada en el pasto durmiendo tranquilamente.
-Que hermosa perrita tienes.
-Gracias, la tengo desde que ella era bebe.
-Se ve muy tierna.
Me sentí incomoda, además necesitaba salir de ahí, se me hacía tarde.
-Bueno, gracias por dejarme entrar a su casa.
-De nada, ¿te puedo preguntar algo?
-Hum… Sí.
-¿Tú sabes quién decoro la casa?
-Sí, yo decore la casa, pero si desea cambiarlo está bien.
Ya que no tenía nada que hacer le pedí permiso al encargado y gustoso me lo concedió para así tomarle fotos y ponerlas en la página de la empresa que vende las casas y se vendiera rápido.
-La verdad es que me encanto el diseño hiciste un buen trabajo y quisiera conservar la casa así, si no te importa.
-Para nada, bueno me voy.
-Querida ¿Porque no te quedas a cenar con nosotros?
-Sería un honor pero ya me tengo que ir, pero en otra ocasión tal vez.
No quería ser tan directa con Esme, ella me inspira mucha confianza.
-Okay, pero cuando quieras venir eres bienvenida.
-Gracias Esme, ya me voy.
Camine directo a la salida.
A penas abrí la puerta me topé con una chica un poco más baja que yo, llevaba un vestido casual color rosa con estampado, su pelo era corto levantado en puntas de color negro, me sonrió, con ella se encontraba un chico más alto que nosotras dos, de cabellos cobrizos alborotados; llevaba una camisa azul de mangas largas ya que estábamos a principios del otoño y algunos días empezaba hacer un poco de frió a causa de las lluvias que de vez en cuando había aquí, él también me sonrió, pero yo no pude corresponderles.
-Hola mi nombre es Alice y él es mi hermano Edward, tus nuevos vecinos– me dijo muy sonriente
-Hola mucho gusto, me tengo que ir, si me permiten.
-claro– contestaron los dos.
Se hicieron a un lado para que yo pudiera pasar, llegue con prisa a mi casa, deje a tara en el patio y cerré la puerta para que no se pudiera volver a meter al patio vecino.
Recogí mis maletas y me subí a mi auto conduje directo al aeropuerto. Solo espere unos minutos que el avión estuviera listo para despegar.
