Capítulo 03- Casa temporal de relajación.
A petición del joven, ambos permanecieron a unos metros de la torre. Realizaron cada quien sus ejercicios de calentamiento y se prepararon para iniciar. Eijirou decidió no convertirse en dragón y utilizó su apariencias de híbrido, la misma que usó cuando frustró los planes de Momo el día anterior.
—¿Acaso me subestimas tanto que no pelearás con tu verdadera forma? —exclamó aferrándose a su espada al sentirse ofendida.
—Si la subestimara, pelearía contra usted en mi forma humana —respondió con una pícara sonrisa.
La princesa sonrió ante las palabras de él, se puso en guardia dispuesta a pelear por su libertad.
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Exhausta cayó de rodillas al suelo, hundiendo las uñas en él para recuperar el aliento perdido. Aquel arduo enfrentamiento había sido muy reñido, por poco la princesa derrotaba al joven, pero éste, había aumentado aún más su tamaño y por ende, su masa muscular. En su piel se podía percibir cómo poco a poco parecía cubrirse de escamas y sus ojos habían cambiado a un color miel con una fina pupila negra, igual que la de una bestia.
Su respiración era inestable, de sus fosas nasales salía un rastro opaco de humo cada que exhalaba. Su pecho estaba tan acelerado que sentía que perdería el control, no obstante, mantenía su mirada clavada en Yaoyorozu para convertirla en ese factor que mantuviera su cordura cerca de él. Entonces, con mucho esfuerzo volvió a tranquilizarse y lentamente volvió a su apariencia de híbrido, la que era menos intimidante.
Momo estaba tan agotada que lo último que miró fue a Kirishima que poco a poco se veía borroso hasta el punto, en el que no podía distinguir nada.
—Todoroki... —susurró antes de caer dormida.
Eijirou se arrodilló frente a ella y con el pañuelo que llevaba en el cuello le limpió su manchado rostro.
—No cabe duda que es una guerrera poderosa, su alteza —la halagó con esperanza de que su voz pudiera alcanzarla hasta la realidad onírica donde se encontrara—, creo que me dejé llevar un poco, lo lamento —se disculpó cargándola en sus brazos con sumo cuidado, como si estuviera sosteniendo una pieza invaluable de arte—. Peleó hasta dar el último aliento, sin duda, usted se ha ganado mi respeto. Así que no dejaré que su derrota sea en vano y la protegeré con todas mis fuerzas, lo juro.
Eijirou permaneció mirando su rostro por un rato más, se veía tan tranquila cuando dormía, se preguntó cómo sería su mirada cuando estuviera en libertad, aunque lo más seguro sería que jamás lo supiera. El día en que eso ocurriera, el hombre que se casaría con ella debía de matarlo o dejarlo gravemente herido.
—Todoroki —murmuró ella en sus sueños. Refugiando su rostro en el pecho del joven.
Eijirou sonrió un poco, tratando de imaginar qué estaría mirando la princesa en sus sueños. Sin más, haciendo aire con su boca despejó el rostro de la chica de su propio cabello y posó con respeto sus labios en su frente.
—Bueno, tenemos que regresar —cantareó flexionando sus rodillas y con un brinco, emprendió el vuelo.
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Cuando Yaoyorozu despertó, sentía su cabeza arder en dolor. Realmente había sido una caída dura para ella el haber perdido el combate, pero aún así, se levantó del colchón dispuesta a escapar. Nuevamente cruzó con cautela los pasillos, buscando cualquier apertura que le sirviera para salir, era imposible que cualquier estructura construída en tan solo cuatro días y cuatro noches no tuviera una especie de falla.
—¿Puedo preguntar: por qué desea escapar con tanta urgencia? —preguntó Eijirou mirándole con los brazos cruzados.
—Una jaula no es lugar para alguien como yo —respondió con tranquilidad volteando a verle.
En sus ojos, Kirishima logró captar una luz. No era púrpura como las leyendas decían, era más bien, de un rubicundo matiz de pasión que lo hizo sentir anonadado. Pensó en hacer un comentario respecto a eso, pero prefirió dejarlo para después.
—Bueno, no lo considere una jaula, su alteza, considere que es una especie de... Casa temporal —sonrió de nueva cuenta acercándose a ella.
—¿Una casa de la cual no puedo salir? —rió arqueando una ceja.
—Bueno, una casa temporal de relajación. Eso suena mejor.
—No me parece muy relajante.
—Podemos cambiar eso —chasqueó los dedos—. ¿Qué tal si... ?
—¿Salimos? —preguntó con ironía.
—Bueno, a todo esto. ¿Por qué quiere salir por su cuenta? Si se me permite opinar, creo que está tomando las cosas de forma errada —elevó los índices de forma paralela a la altura de su pecho—. La torre no fue construida para privarla de su libertad —explicó—, fue construida para poner a prueba el amor de su novio, si no me equivoco. Así que, él vendrá por usted y le demostrará a todos que es digno de pedir su mano.
—Pero yo no concedí formar parte de esto. El encierro, la torre, todo está ocurriendo en contra de mi voluntad.
—Bueno —suspiró y se encogió de hombros—, a veces las cosas no siempre son como uno desea. Quiero pensar que este tipo de situaciones ocurren independientemente de lo que deseamos y se ajustan a lo que realmente necesitamos.
—¿Para qué necesitaría yo ser encerrada?
—Tal vez esta prueba es para hacer que el pueblo habra los ojos y se percate de que el príncipe Shouto, es el indicado para usted —hizo una pausa, bajó la mirada y entrecerró los ojos. Inexplicablemente no le gustaba lo que acababa de decir—. O tal vez es usted quien necesita abrirlos.
—¿Qué estás tratando de decir?
—Nada, nada —elevó las manos e hizo ademanes de negación—. Sólo quiero ver la situación desde otras perspectivas.
Al ver que Momo no se mostraba complacida con su respuesta, suspiró y se llevó una mano a la nuca.
—Bueno, su alteza, la razón por la que dije esto es simple: quiero que nos llevemos bien. No tengo intenciones de ser el dragón desalmado del cuento que hace infeliz a la princesa. El príncipe Shouto, vendrá pronto, ya lo verá.
Yaoyorozu le miró en silencio, como si quisiera taladrarlo con la mirada. Sólo para después reír melodiosamente y dedicarle una afable sonrisa. Aquel joven le recordaba un poco a ella misma y a los niños del pueblo. Siempre tan optimistas y humildes.
Desde aquel día, la joven decidió dejar todo en manos del destino y mientras tanto, se dedicó a disfrutar de sus días entablando conversaciones eternas con Kirishima que la habían llevado a poseer un conocimiento vasto acerca de él. Sus manías y sus virtudes que después, la conllevaron a ver sus defectos, los cuáles —a su criterio— no eran nada perjudiciales. Kirishima poseía un autocontrol protentoso. Por eso mismo era una persona llena de paciencia y tranquilidad que le hacía las mañanas un sin fin de risas y bromas. Siendo que era estupendo en cocina pero pésimo cuando de postres se trataba. Irónicamente, dicho terreno era el soporte de ella. Pero el poco conocimiento que Eijirou poseía con respecto a eso, era compensado íntegramente con su talento innato para hacerla reír hasta el cansancio.
Kirishima también aprendió mucho de la princesa. Se dió cuenta desde el primer día que era una persona con suma entereza y fuerza de voluntad. Pero indagando más allá, era una persona cálida, dulce y humilde. También se percató de que podía mostrar muchos tipos de sonrisas: algunas nacían cuando reía sin control, otras cuando se encontraba en una tranquilidad inconmensurable e increíble que la hacían dibujar aquella línea curva en sus labios. Otras sonrisas salían cuando estaba estudiando o sospechaba que estaba tramando alguna pillería, en esas también entrecerraba los ojos, haciendo que sus mejillas lucieran más grandes. Pero algo que sabía con certeza, era que todas y cada una de sus sonrisas eran igual de primorosas, porque en todas, sus ojos emitían esa rubicunda y apasionada luz.
Una noche, ambos se preparaban para irse a sus respectivas habitaciones mientras jugaban aquél juego que habían creado. El chico estaba sentado en el suelo con las piernas entrelazadas y la chica en el sofá detrás de él.
—¡Ay! —se quejó Eijirou por el dolor.
—Lo lamento —se disculpó Momo y después continuó trenzando el cabello del joven.
—¿Por qué la princesa sabe hacer diferentes peinados? —continuó con el juego.
—Porque la princesa quería aprender para jugar con las niñas del pueblo —rió un poco—. ¿Por qué el dragón cuida de mí a pesar de no ser de mi pueblo?
—Porque el amo del dragón y el padre de la princesa llegaron a un acuerdo.
Kirishima sabía que era su turno para preguntar algo, pero al no saber qué más decir, apoyó el codo en su rodilla y el mentón en el puño antes de hablar:
—¿Por qué la princesa se ríe tan bonito?
Momo se sintió un poco extrañada, Eijirou ya tenía días haciendo esa clase de preguntas.
¿Por qué los ojos de la princesa son tan lindos?
¿Por qué la princesa se ve bonita estudiando?
¿Por qué la princesa tiene un cabello tan hermoso?
Ni siquiera Todoroki le hacía preguntas tan melosas.
—Porque la risa de la princesa se parece a la de la reina —explicó, y para poner fin a sus dudas preguntó—: ¿Por qué el dragón le pregunta esas cosas a la princesa?
—Porque el dragón cree que la princesa no sabe lo linda que es. ¿A la princesa le molestan esas preguntas?
—No —terminó de trenzar el pelo del joven y añadió—: ella cree que son muy dulces.
Ambos desviaron la mirada y la plantaron en las llamas de la chimenea. Miraban hipnotizados la forma en la que se movían y cómo unas minúsculas chispas brotaban de ellas y se extinguían en el aire. A Momo le recordó a la forma en que las flores se movían en el viento cuando éste se presentaba por los alrededores. De repente, un deseo inmenso por viajar invadió su cuerpo y por un momento, dejó de razonar sus acciones.
—¿Algún día, el dragón y la princesa saldrán a pasear?
Kirishima se sorprendió ante la pregunta y volteó a ver a la joven, quedando hechizado por la manera en que miraba con deseo las llamas de la fogata. Era una expresión que denotaba sus más sinceras intenciones de salir por lo menos un segundo luego de pasar ya treinta días en cautiverio. Kirishima pasó saliva e inhaló profundo dispuesto a responder, pero su amago fue interrumpido cuando ambos escucharon el ruido de lo que parecía ser un shofár anunciando una guerra.
—¡Shouto! —exclamó Momo con una sonrisa apresurándose a llegar a la ventana para ver al amor de su vida finalmente llegar por ella. Pero de inmediato, aquella sonrisa se desvaneció con la misma rapidez con la que había llegado. Sus ojos comenzaron a verse empapados cuando lo que miró, fue a un ejército que no lucía el uniforme de los guerreros de su novio.
—Mejor vaya a resguardarse —indicó Kirishima subiéndose al marco de madera para después saltar por la ventana y aumentar su tamaño para convertirse en aquel dragón para proteger a la princesa.
