Capitulo 3.
Nadeshiko dio un giro a la derecha. Caminó de frente por el pasillo similar al de un hotel y tuvo suerte, encontró el ascensor y tocó el botón para bajar. En su espera rememora lo sucedido: en un día descubre que su amiga vivirá con no sabe cuántos chicos en una casa que está justo al frente de la suya y para terminar con todo, ellos la miraban como atontados… ¿Cuánto pasará para que uno de ellos la empiece a acosar y tomar fotos de cuando duerme? Ese último pensamiento le provoca un escalofrió que recorre toda su columna vertebral; eso sólo ocurrirá bajo su cadáver, no dejaría a su mejor amiga en las manos de ningún infeliz desesperado ni aunque se tratara de la propia familia de la castaña. El ascensor se abre y Nadeshiko entra en el mirando el piso con cara fruncida pensando en las molestias que le causaran los hermanos de Ema. Da un paso al interior y en ese instante observa unos tenis rojos. Su mirada sube por unos pantalones negros, una camisa roja rodeada por una chaqueta negra para finalmente dar con la cara de su compañero de clases.
— ¡Tú!— grita Asahina Yuusuke al reconocer a Nadeshiko— ¿Qué haces aquí?
La mano del chico toma con fuerza el brazo de Nadeshiko que frunce el ceño mientras es arrastrada a dentro del ascensor. Ambos se miran con odio mientras Yuusuke aprieta el botón de planta baja sin preguntar. El silencio y las malas vibras se presentan en la trayectoria de descenso a la salida. Es casi como si hubieran encerrado un perro y una gata y no a dos jóvenes en el ascensor.
— Ya habíamos hablado de esto: ninguno de los dos diría que es vecino del otro con la condición de no molestar en la casa del otro. ¿Por qué estás aquí?
Nadeshiko de pronto muestra una sonrisa maliciosa al saber cómo tratar de molestar a su compañero y se pone en acción.
—Tu hermano, el de anteojos y rubio, usurpó la tranquilidad de mi hogar.
Yuusuke frunce el ceño enojado.
—Eso no tiene nada que ver con que estés aquí. ¿Acaso le has dicho a alguien que nos conocemos?
—Idiota, es obvio que nos conocemos; somos vecinos.
—No hablo de eso.
—Ah, tienes razón— Nadeshiko se cruza de brazos despreocupada irritando aun más a Yuusuke—. Bueno, lo cierto es que vine para ver cómo estaba mi amiga.
Silencio. Una sonrisa de satisfacción. Engranes encajando y funcionando. Mirada de incredibilidad.
— ¡Diablos!
Yuusuke da un grito golpeando la pared del ascensor y Nadeshiko lo mira maliciosamente.
Nunca se llevaron bien desde que la muchacha empezó a relacionarse con Ema. Obviamente ella se había percatado de las miradas que le dirigía el chico a su amiga y, cada vez que se formaba un grupo, se interponía entre él y Ema. Ser vecinos no facilitaba las cosas; las empeoraba. Más de una vez Nadeshiko volvía tarde a casa por la noche y Yuusuke hacía el ruido suficiente para alarmar a su padre y delatarla. También había casos en que la chica alardeara ir a la casa de su amiga a estudiar dando grandes celos al muchacho. En fin, era una guerra de la que Ema nunca estuvo cerciorada.
El ascensor finalmente se abre y la chica sale de el meciendo sus plateados cabellos con aire de superioridad imitando a las modelos que a veces mostraban en la televisión. No se despide del muchacho aún en shock. Sus pasos son elegantes mientras se dirige a la puerta de entrada. Al cerciorarse mirando sobre su hombro de que el ascensor se haya cerrado, empieza a correr.
—Me van a matar. Me van a matar. Me van a matar.
Nadeshiko corre y jala la puerta de vidrio a una velocidad peligrosa para echar a correr apenas logrando abrirla lo suficiente para pasar por la abertura. Cuando estuvo en el elevador miró su reloj pulsera y casi se le escapa su corazón del pecho al ver que casi era hora de que su padre volviera del trabajo. Ella recorre el oscuro jardín de sus vecinos, al llegar a la acera da un salto y casi olvidándose de ver ambos lados antes de cruzar la calle, entra por el jardín sacando las llaves de su bolso y abriendo la puerta.
— ¡Ya estoy en casa!
—Tranquila, papá aun no ha llegado— dice la voz de su hermano Yuki casi inaudible por el televisor.
Nadeshiko respira profundamente.
Cómo odiaba correr.
Pero odiaba más el estar castigada y no poder salir de compras.
Al poco tiempo, mientras Nadeshiko limpia las sobras de la cena, se escuchan el tintineo de unas llaves y seguido a eso la puerta se abrió dando a presenciar un hombre alto de cabello negro algo desprolijo con la corbata un poco suelta y con cara de cansancio.
— Bienvenido papá— lo recibe Nadeshiko colocándole dos trozos de pizza en la mesa—. Hoy mamá vuelve tarde y le hice una ensalada, nosotros comimos pizza.
El padre de Nadeshiko sonríe. Desde que su mujer empezó su régimen de ejercicios había arrastrado al resto de la familia a seguir con ella su dieta, por lo que lo más grasoso y lleno de carbohidratos que había comido desde hace 3 meses había sido un sándwich de queso, beicon y mayonesa que él mismo se preparó a escondidas. Pero tanta amabilidad no le hiso bajar la guardia.
— ¿Qué me vas a pedir, Nadeshiko?
-¿Yo? Nada. ¿Por qué lo dices? — dice Nadeshiko intentando parecer indiferente, porque si mostraba interés, tenía un 80 por ciento de que su padre le denegara su petición.
—No andes con rodeos y ya dime: ¿qué quieres ahora?
Lástima que su padre la podía leer mejor que nadie.
—Pues…
—Ya lo sabía.
«Y yo que pensaba que eran las madres las que tenían ese sensor de "hija consentida"» piensa la hija mientras encuentra las palabras para empezar.
—Resulta que me invitaron a una pijamada…
—No.
—Pero es cerca…
—Dije que no.
Más que 80 por ciento, era 90.
Resignada a seguir intentando hacerle cambiar de opinión, Nadeshiko abandona el lugar dejando a su padre comer su cena para enviarle a Ema el siguiente mensaje:
"Misión fallida. Nos vemos mañana en la escuela."
Mandó el mensaje pensando en sólo una cosa: si alguno de esos hermanos le hacía algo a su amiga, les haría la vida imposible.
A la mañana siguiente Nadeshiko se vistió para la escuela. Al llegar al salón de clases interrogó a su amiga de cómo había pasado su noche y tras escuchar su historia, no fue necesario ser un genio para adivinar cuál fue la respuesta que le dio a Ema.
—Los asesinaré.
—Tr-tranquila Nanase-chan, no me ocurrió nada malo…
Nada malo. Eso si uno puede decir que ser acosada por un monje pervertido, haber visto a un chico semidesnudo cubierto sólo por una toalla y ser engañada por un par de gemelos practicantes de incesto podría no considerarse como algo malo; pues sí, Ema la había pasado de fábula en su primera noche con sus malditos nuevos hermanos.
Las clases trascurrieron con tranquilidad. Hoy no había historia, por lo que Nadeshiko pudo distraerse y meterse en su propio mundo con tranquilidad. Todo iba como de costumbre hasta que de repente Yuusuke dio un grito, alarmando a toda la clase que lo observaban cómo si estuviera loco. «Así que "no me daré por vencido" ¿eh?» pensó Nadeshiko quién era la única que había entendido aquella interrupción y quién fue la única que siguió mirando fijamente al chico Asahina aún después de seguir con la clase. No se había dado cuenta, pero el que Ema viviera ahora con él y sus hermanos le causaba problemas al chico: si era cierto eso de que los hermanos pueden compartir gustos, tendría más competencia, y también daba la posibilidad de que él no lograra contenerse frente a Ema…
Tras finalizar el horario escolar, ambas chicas fueron juntas a casa. Nadeshiko pudo lograr distraer a Yuusuke lo suficiente para que no las siguiera y así lograr tener un rato a solas con su amiga, ya que muy cómoda no estuvo en el relato de lo ocurrido ayer por culpa de ese par de ojos clavados en las nucas de ambas como dardos en un blanco. Ema estaba más que feliz en todo el trayecto, no dejaba de pensar en lo afortunada que era de poder tener una familia y que su amiga y ella pudiesen regresar de la escuela juntas, era como si de un manga de colegiales se tratase. Por su parte, Nadeshiko no compartía todo el entusiasmo de su amiga, sí estaba feliz de poder regresar todos los días de la escuela a casa con ella, ya no se aburriría en todo aquel viaje, pero estaba preocupada por su amiga. El que Ema pasara de estar sola a estar rodeada de hombres tan de repente de un día para el otro, cuando ni siquiera podía dejar de sonrojarse en la clase de biología cuando el profesor explicaba las funciones del aparato reproductor masculino, eso no podía dejar de estresar a Nadeshiko. Nunca había conocido al padre de Ema, por lo que no podía entender qué fue lo que se fumó cuando creyó que dejar a 13 hermanos hombres a cargo de su hija sería buena idea. Por lo menos contaba con que Juli repartiría unos arañazos a diestra y siniestra por ella en cuanto alguno de los chicos se les acercaran a Ema, aunque al fin y al cabo era sólo una ardilla, por lo que dudaba que lograse hacer poco o nada una vez que la encerraran en una jaula o algo parecido.
Proteger la inocencia de Ema sería más difícil de lo que Nadeshiko había imaginado.
