Hola chicos! He acá otro capi. Demoré un poco más en escribir porque ha habido bastantes réplicas del terremoto acá, y se va la luz de vez en cuando. Pero en fin, lo logré. ¿Qué tal va la historia? Debieran ser unos 3 capis más. ¿Se han preguntado el porqué de que esté calificado como M?

;)

Saludos!

Dejen reviews!

Acto 3.

Todo a su alrededor volvió a aparecer tras haberse metido en el vórtice oscuro, girando rápidamente. Cerca de su punto de aterrizaje, ambos soltaron la argolla de madera y descendieron por sí mismos, tocando el suelo con ligereza. Claire estiró las piernas, enderezándose de la posición arqueada que había adoptado para amortiguar el impacto del aterrizaje, y miró los alrededores. Neil también estaba mirando en todas direcciones; ambos tenían sus varitas listas.

No había nadie a la vista, solo un hermoso paisaje austriaco.

- Parece que está todo despejado. – comentó Claire. Claro, eran las 7.36 am; no esperaba que hubiera alguien además de ellos ahí, realmente.

Habían tenido que levantarse cerca de las 6.30 de la mañana, para poder prepararse y desayunar antes de partir con el largo y complicado trayecto que los llevaría hasta Albania.

- Así parece. – convino Neil.

Ambos estaban vestidos con ropas cómodas, pero adecuadas para las caminatas que tendrían que realizar; zapatos de suela especial para terrenos difíciles, pantalones de material grueso y camisetas deportivas térmicas para las temperaturas de aquellas horas tan tempranas, que podrían cambiarse si subía mucho la temperatura a medida que se acercaba el mediodía. También llevaban mochilas de campamento, aunque no muy cargadas; eran parte de sus disfraces de turistas. Alrededor de ellos había unos cuantos árboles, y el terreno era relativamente regular, salvo por algunas excepciones.

- Debemos ir al este. – recordó Neil. Claire asintió y se concentró en su varita.

- Allá es el norte. – dijo ella, una vez que su varita se moviera.

- Entonces, tenemos que ir para allá. – señaló él.

Y se pusieron en marcha. Claire se ajustó la mochila que llevaba y comenzó a caminar, con él a su lado. La temperatura acompañaba; no hacía frío ni calor, aunque seguramente el sol se encargaría de incomodarlos un poco a medida que la mitad del día se acercara. Pasaban árboles de hojas verdes y claras, completamente distintos a los oscuros árboles del Bosque Prohibido de Hogwarts, que era la última extensión vegetal de aquel tipo en la que había estado Claire.

De hecho, para la joven le recordó bastante a los bosques que rodeaban Blacksburg, durante la primavera. Su hubiera habido ardillas dando saltos por ahí mientras trepaban los árboles, podría incluso haber dicho que el parecido era total.

El suelo estaba húmedo por el rocío, que brillaba como pequeños diamantes sobre el claro césped que crecía, con poca densidad, entre los árboles. La luz del día aún estaba lejos de ser absoluta, pero la visibilidad era lo suficientemente buena para poder caminar bajo las copas de los árboles sin la necesidad de usar sus varitas para iluminar su paso.

El terreno comenzó a elevarse a medida que se acercaban a un desnivel ascendente, que formaba una pared inclinada de tierra surcada con unas pocas raíces gruesas. Tendrían que subir para seguir avanzando sin desviarse, lo que les ayudaría a rendir mejor con el tiempo de viaje programado. No podían Aparecerse en la parte superior, porque no querían ser detectados por las autoridades mágicas tan pronto, usando magia en un territorio muggle.

- ¿Puedes con esto? - preguntó Neil, medio en broma, medio en serio.

Claire lo miró, fingiéndose ofendida.

- Me insultas... - dijo, intentando no sonreír.

Comenzaron a trepar, ayudándose de las raíces para sujetarse. La tierra húmeda demostró ser algo inestable. Neil, valiéndose de sus extremidades más largas, subió con mayor velocidad, alcanzando la cima, a unos tres metros y medio de altura, antes que ella. Se volteó y estiró la mano para ayudarla con la última parte del tramo. Claire aceptó la ayuda y gracias a un tirón por parte de él, llegó arriba casi sin tener que usar su propia fuerza.

- ¿Todo bien? - preguntó él.

- Facilito. - respondió Claire, sonriente.

Ambos aplaudieron para soltar la tierra que se le quedó pegada en las palmas, y se voltearon para seguir caminando en la dirección correspondiente. El terreno seguía en aquel nivel durante algunos metros, antes de comenzar a descender suavemente a la altura anterior. Más adelante, pudieron observar nuevas elevaciones que tendrían que subir.

La primera media hora pasó, con ellos alcanzando a recorrer cerca del primer kilómetro y medio; tenían que mantener un paso algo acelerado, pero ambos se encontraban bien para seguir así.

Los relojes digitales de pulsera de ambos emitieron pitidos, avisándoles del paso del tiempo.

- Ya podemos abrir el sobre. - dijo Neil, quien se descolgó la mochila de la espalda y la abrió.

Claire se detuvo a su lado y observó como sacaba el mapa de Austria y quitaba el primer sobre de su clip. Pudo abrirlo sin problemas. Del interior sacó una fotografía polaroid, que mostraba la imagen de un cenicero viejo de cerámica, cuadrado y picado en uno de sus lados.

- Será fácil de reconocer. - opinó Claire. Había estado preocupada de que los Trasladores fueran a tratarse de objetos que pudieran confundirse con los que naturalmente pudieran encontrarse en aquel lugar, como palos o piedras, que aunque tuvieran formas inusuales, podían camuflarse fácilmente en un bosque, lo que podría quitarles tiempo al buscarlo.

Neil asintió y volvió a guardar la fotografía en el sobre. Un segundo después, lo arrojó al aire y éste se envolvió en llamas, eliminando la evidencia de su contenido. Era una forma de evitar ser rastreados; ahora solo ellos dos conocían la identidad del Traslador. Bueno, ellos dos y quien lo había dejado ahí.

Comenzaron a caminar, nuevamente, siguiendo la dirección correcta, asegurándose cada pocos minutos con el Encantamiento de Orientación.

Poco a poco, el sol fue iluminando cada vez más, haciendo más fácil poder identificar el terreno más transitable, permitiendo que su ritmo de avance mejorara. A las 9 am, sus relojes volvieron a sonar, y Neil sacó otro mapa para determinar su ubicación.

- Pasamos este claro hace unos diez minutos. - dijo, mostrándole el mapa. - Lo que significa que deberíamos estar por aquí.

Marcó un círculo en una zona del mapa con un dedo.

- Lo que significa que el punto donde se encuentra en siguiente Traslador está a menos de quinientos metros de nosotros. - calculó Claire, y miró hacia delante.

Por entre los árboles no podía verse el lugar al que querían llegar, que según la descripción entregada por el contacto de Neil, era un claro con un árbol sobre una roca; imposible de confundir.

Volvieron a andar, y tras unos diez minutos de caminata notaron que la densidad de la población de árboles comenzaba a decaer, haciendo más visible el terreno al que se aproximaban. Y, abruptamente, la continuidad de los árboles se rompió, dándose acceso a un claro perfectamente demarcado e iluminado por el sol de la mañana.

El césped crecía libremente, cubriendo la mayor parte del suelo del claro. Cerca del centro, tendiendo hacia la orilla oeste, había un estanque natural, seguramente alimentado por agua subterránea, protegido por algunas rocas que se levantaban alrededor de la orilla. Y sobre la roca más grande, crecía un árbol juvenil solitario, fuertemente abrazado a la roca gracias a sus raíces, que se extendían hacia abajo y se sumergían en el estanque por un lado y en la tierra por el otro.

- Realmente es imposible de confundir, ¿no lo crees? - preguntó Neil, admirando el lugar.

- Es hermoso. - opinó Claire, con una inhalación.

El estanque refulgía al reflejar los rayos de luz solar, dándole un brillo especial al sitio. Neil miró su reloj.

- Tenemos quince minutos para encontrar el Traslador. - observó. - Dividámonos. Neil partió hacia el extremo noreste del claro, observando el suelo a su paso, registrándolo en busca de aquel estropeado cenicero que los llevaría hacia su siguiente destino. Claire comenzó a caminar hacia la dirección contraria, haciendo lo mismo.

La joven se preocupó de prestar mucha atención entre el césped. Por un tema de estrategia, dudaba que el Traslador hubiera sido dejado en un sitio accesible a los muggles, o demasiado fácil de ubicar, como por ejemplo justo a la orilla del estanque, pues aunque para cualquiera que no supiera la real naturaleza del cenicero no sería más que un pedazo de basura; aquella misma observación podría provocar que un turista se llevara el Traslador, para limpiar aquel hermoso sitio.

Estaba a punto de terminar el recorrido, rodeando la sección del claro que le correspondía, cuando Neil la llamó.

- ¡Lo encontré! - avisó el hombre, haciendo que Claire lo mirara y se dirigiera rápidamente hacia donde él estaba. Se encontraba justo a la orilla del claro, frente a un árbol, mirando hacia arriba. - Ahí, ¿lo ves?

Apuntó hacia una de las ramas más bajas, pero que seguía estando fuera de su alcance. Claire enfocó su vista en el punto en que la rama emergía del tronco, y vio ahí, acomodado cuidadosamente, el maltratado cenicero cuadrado.

- Lo veo. - dijo Claire, y sonrió.

- ¿Cómo lo bajamos? - preguntó Neil, que aunque era alto no podía alcanzar la rama saltando. Tampoco podían convocar el objeto, por sus deseos de no emplear magia si no era estrictamente necesario.

- Es obvio, ¿no? - dijo Claire. - Debo subirme sobre ti.

Neil la miró un segundo antes de sonreír, de lado.

- ¿Así sin más? ¿Ni una invitación a cenar primero? - preguntó, bromista. Claire reprimió una risa.

- Solo dame un impulso, ¿vale?

Neil se agachó y juntó las manos a la altura de su rodilla para hacerle un escalón. Claire se sujetó de sus hombros y acomodó su pie sobre sus manos.

- Apoya tu rodilla sobre mi hombro. - le dijo Neil, quien entonces la levantó sin ninguna complicación.

Claire dobló su otra pierna para apoyar su rodilla sobre el hombro de Neil, y apoyó su mano izquierda contra el tronco del árbol para darse estabilidad.

- Espera a que le digas a tus amigas del colegio que estuviste encima de mi. - bromeó Neil, manteniéndose en su lugar.

- Calla y quédate quieto. - dijo Claire, con su voz cargada de humor y una media sonrisa divertida en el rostro, mientras estiraba su mano libre hacia el cenicero.

Logró coger el frío objeto, aún algo húmedo por el rocío de la mañana, y lo sostuvo con fuerza entre sus dedos.

- Lo tengo.

- Bien, ahora coloca tu mano en mi hombro y baja la rodilla. - indicó Neil. Y cuando Claire lo hubo hecho, soltó su pie y la sujetó rápidamente por la cintura, manteniéndola a su altura con facilidad.

Ella se encontró con su rostro a pocos centímetros del de él, mirando sus ojos claros de cerca, notando el jaspeo gris en sus iris azulados.

- Así que... así se ve todo desde aquí arriba, ¿huh? - dijo ella, por decir algo para evitar que un indeseado sonrojo se propagara por sus mejillas. - Vaya que eres fuerte.

Neil rio con suavidad.

- Es más que tu eres ligera. - dijo, y la bajó con cuidado.

- Bueno, gracias. - sonrió Claire, satisfecha.

Aún tenía el cenicero firmemente sujeto en su mano derecha. Neil lo miró junto con ella; definitivamente era el cenicero de la fotografía. Él miró su reloj, entonces.

- Y con siete minutos de adelanto. - dijo, sonriendo. - Si seguimos así, no tendremos ningún problema para llegar a Albania y regresar a tiempo.

Claire asintió.

- Mantengamos el ritmo. - dijo, optimista.

Y caminaron hacia el centro del claro, para admirar el estanque. Aprovecharon de beber un poco de agua de las botellas que llevaban en sus mochilas, y de hacer un muy breve descanso sentados sobre una de las rocas. Sus relojes volvieron a sonar, indicando que solo les quedaba un minuto antes de que el Traslador partiera.

- Treinta segundos. - indicó Neil, observando su reloj unos segundos después. Claire le tendió el cenicero para que lo sujetara con ella. - Cuatro... tres... dos...

Y el vórtice negro los envolvió, provocando aquella sensación de ser jalada por el ombligo.

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El hermoso río tenía su superficie completamente tranquila; parecía más un lago pequeño que un río, y Claire sonreía mientras miraba el paisaje. Las orillas del cauce estaban protegidas por árboles inclinados hacia el agua, como si quisieran mojarse sus copas. Una variedad de plantas acuáticas se elevaban desde el lecho del río, otorgando un color verde único que se mezclaba con el azul del cielo que se reflejaba en el río.

Neil y ella acababan de encontrar su siguiente Traslador; una bandera de Austria con la punta inferior derecha cosida hacia atrás. Estaba amarrada a un pequeño poste improvisado, entre unos juncos. El calor del mediodía ya se hacía notar; el sol los calentaba sin problemas, lo que sumado al calor de la caminata hacía que que ella deseara cambiarse de ropa por algo más fresco. Pero lo primero había sido encontrar su transporte.

- Bien, nos quedan unos quince minutos. - comentó Neil, quien tenía la bandera cosida en la mano.

Claire se estiró; podrían descansar un poco más. Aquella caminata había sido más corta que la primera, pero la búsqueda del traslador había sido más larga, porque estaba más escondido.

- Creo que me cambiaré ya; el calor apremia. - comentó Claire, agitando el cuello de su camiseta.

Neil asintió y, quitándose la mochila de la espalda y dejándola en el suelo, fue a pararse a la orilla del río, mirando el agua para darle privacidad. Claire sonrió y se quitó la mochila de la espalda, registrando su interior para sacar una camiseta de algodón, bastante más fresca que la térmica que llevaba puesta. Se volvió para mirar a Neil, por si acaso, y notó que éste se había quitado su camiseta y se mojaba el cuello con el agua del río. Se quitó la camiseta térmica, dándole la espalda a su compañero. Se ajustó el sujetador y se colocó la camiseta de algodón, un poco menos ajustada que la anterior.

Dejando la camiseta dentro de la mochila, que dejó en el suelo junto a la de Neil, fue a reunirse con él a la orilla del lago. El hombre seguía con el torso desnudo, disfrutando del agua que acababa de aplicarse y del sol. Claire notó que también se había quitado los zapatos y los calcetines.

Neil la escuchó acercarse y se volteó, sonriéndole por sobre su hombro.

- El agua está deliciosa, deberías aprovechar de refrescarse un poco. - dijo él. Claie asintió y se quitó los zapatos también, y los calcetines. Fue a meter los pies en el agua, sorprendiéndose con lo firme que era en suelo de la orilla, y emitió un suspiro de alivio cuando tocó el agua con los pies. Estaba helada y le alivió el calor de inmediato.

- Está rica. - comentó, adentrándose un poco más, queriendo pararse junto a él.

Su pie izquierdo topó con algo duro, que la hizo perder el equilibrio por algunos momentos, pero adelantando el pie derecho rápidamente pudo sostenerse, evitando caer al agua. - Estuvo cerca...

Miró hacia delante y notó que Neil se había acercado, seguramente para intentar sujetarla antes de que cayera. Y sonrió al ver que estaba mojado con algo de exceso; el chapoteo que había hecho para mantener el equilibrio había logrado que el agua cayera sobre él, y ahora la miraba con los labios fruncidos. Luego, una sonrisa malévola se dibujó en su rostro.

- Con que esas tenemos, ¿eh? - comentó Neil, acercándose peligrosamente.

Claire fue atacada por una risa nerviosa.

- No, espera... no fue a propósito... - dijo entre risas, dando un paso atrás, con las manos por delante a modo de escudo. No podía dejar de reír.

- No te creo. - dijo Neil, simplemente, sonriendo, y agachándose para meter una mano en el agua. - enfrenta tu castigo...

- No. No lo hagas, Neil... - reía Claire, divertida. Sabía que no lo haría, pero la expectativa le daba risa anticipada. - Por...

Y le llegó el agua en el rostro. Claire se frotó los ojos y miró, sorprendida, a su compañero, quien la miraba con una sonrisa satisfecha en el rostro.

- Ahora estamos a mano. - comentó él. Claire, quien no pensó que en verdad fuera a mojarla, tardó unos segundos en reaccionar, y sonrió.

- Ya verás. - advirtió, y se agachó para lanzarle agua con las manos.

Neil se protegió con los brazos, aunque era imposible que no se mojara, y rió al ser alcanzado por el agua fría. Claire volvió a agacharse, despiadada, y le volvió a lanzar agua.

Neil se hizo a un lado para evitar mojarse más, y respondió con una suave patada al agua, salpicándola. Claire rió, también intentando escudarse tras los brazos. Y siguieron chapoteando en la orilla del río, riendo y salpicándose, hasta que sus relojes les advirtieron que les quedaban cinco minutos para que el traslador se activara. Estaban empapados a esas alturas; la camiseta de Claire se le ceñía al cuerpo, un poco transparentada, y las gotas de agua recorrían el torso desnudo de Neil. Ambos sonreían abiertamente.

- Tenemos que prepararnos ya. - dijo Claire, jadeando por todo lo que había reído.

- Si. - dijo Neil, simplemente. - Vamos.

Salieron del agua juntos, y se pusieron sus calcetines, con bastante dificultad debido a sus pies mojados, y sus zapatos. Neil sacó su camiseta de reemplazo de su mochila y se la puso, la tela quedó impregnada con el agua de su cuerpo. Sus relojes les advirtieron que solo quedaba un minuto. Se pusieron sus mochilas y esperaron, y cuando llegó la hora, los dos sujetaron la bandera y el vórtice los rodeó.