~ Como Una Familia ~
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Capitulo 3
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El sonido de pasos que se mezclaban con el eco de seis voces femeninas y una masculina que conocían bastante bien, les hacía saber que en segundos tendrían a sus princesitas con ellos.
Los Vongola tragaron duro muy disimuladamente al momento que sus facciones se tensaban en nerviosismo, a excepción de Hibari que se mantenía tan estoico como siempre, pero para quienes sabían mirar bien podían notar la fina capa de sudor en su frente. Por su parte, Yamamoto sonreía tan idiota como siempre, no es que no estuviera nervioso, su esposa era una mujer y las mujeres son de temer tengan sangre mafiosa o no, pero confiaba en su buen juicio. Lambo seguía sentado cómodamente en uno de los sofás, no tenía nada que temer. Mukuro reía burlón en espera del espectáculo mientras Chrome veía a su Jefe y compañeros con pena, solo esperaba que las chicas no se precipitaran. Reborn seguía parado, ocultando bajo la sombra de su Fedora su expresión burlona y divertida.
Los niños seguían expectantes y curiosos; las esposas de la Decima Generación debían ser mujeres admirables para tener en ese estado a los mayores.
Las voces se oían ya fuera de la habitación, los pasos pararon y entonces la puerta se abrió.
-¡Estamos de vuelta! – anunció Haru abriendo la puerta de golpe.
-Ya llegó por quien lloraban – canturreó una alegre castaña.
-Por fin estamos en casa - suspiro una pelirroja.
-¿Ya puedo irme? - preguntó, tan monotono como siempre, Fran.
Ser guardaespaldas de esas mujeres no era bueno para la salud y no es que extrañara a sus extravagantes sempais, pero ya quería regresar al castillo Varia y ser felizmente ignorado y apuñalado sin la preocupación de ser asaltado por unas locas que lo trataban como su muñeco.
-Todavía no - dijeron las tres.
-Siempre tan animadas – rió divertida Kyoko, quien recién entraba en compañía de Hana.
-Son mujeres adultas, deberían comportarse como tal – vio a las aludidas que solo le sonrieron.
Los hombres no decían nada, solo veían como sus respectivas esposas y Fran platicaban sin percatarse, aun, de los niños… quienes, por cierto, veían curiosos a las recién llegados preguntándose quién era la esposa de cada Guardián.
Mientras sus protegidas discutían entre ellas Fran decidió pasear su vista por el lugar hasta que recayó en el grupo de niños, los examinó por segundos, cosa que no pasó desapercibida para los mayores. Levantó ambas cejas, sin cambiar su semblante inexpresivo.
-Estimada Primera Dama y respectivas esposas de los Decimos Guardianes, dejen de parlotear y vean esto – habló igual de monótono, pero con cierto tinte de sorpresa y ¿diversión?
-¿Qué pasa? Fran – volteó la pelirroja de ojos verde/azulados, que respondía como Primera Dama, seguida de las demás.
-Nada, solo que al parecer sus esposos se han estado divirtiendo – contestó viendo el rostro desencajado de los aludidos.
-¿De que habl… - la castaña oji azul no terminó su pregunta cuando notó a los infantes.
-¡Hahi! – exclamó Haru.
Los mayores vieron con expectación y cierto espanto a las mujeres, no esperaban que Fran dijera aquello, ahora sería mas difícil explicarse.
¡Maldito seas, Fran! Pensaron todos.
Las señoras pasaban su vista de los niños a sus esposos, como si estuvieran analizando su parecido; hicieron eso un par de veces hasta que pararon su atención en los adultos, quienes se estremecieron al ver la extraña tranquilidad que emanaban.
-¿Los matamos ya? – preguntó Fran haciendo apaecer algunas armas frente a las mujeres - ¿Rápido o lento? – siguió.
Los Vongola lo vieron acusadores y todo reclamo murió al oír a las mujeres.
-Quieto, nadie matará a nadie – la voz firme de la castaña sedejó escuchar, sin despegar la mirada de Hibari quien le correspondía.
-A excepción de nosotras, claro – le siguió la pelirroja.
-¡Cassio! – exclamó Tsuna con un estremecimiento por las palabras de su pelirroja esposa.
-Y claro que será lento, muy lento – apoyó Haru a la par de Kyoko y Haru asentían.
-Kufufuf~u como era de esperar – se burló Mukuro al ver el rostro de espanto de los otros Guardianes.
-Mukuro – Chrome lo vio resignada para luego dirigirse a las mujeres en un intento de ayudar a su Jefe y compañeros – chicas, primero escúchenlos – pidió.
-Así que ya lo sabías, Chrome-chan – Kyoko la vio dolida.
-No, no es así… - no sabía como explicarse.
-¡No es lo que piensan! – volvió a exclamar Tsuna.
-¿A no? – inquirió sarcástica Cassio.
-Nunca esperé esto de ustedes, en especial de ti, Kyoya – la castaña lo vio con dolida frialdad.
-No saques tus propias conclusiones, Rias – su voz no cambió a pesar de la pesada atmosfera.
-Realmente decepcionante, Hayato – la alegría había desaparecido de la voz de Haru.
-¡Primero escuchen lo que tenemos que decir, mujer estúpida! – bramó, no era bueno en casos como esos.
-Takeshi ¿Por qué? – Kyoko lo vio con tristeza.
-Kyoko, no… - no tenia palabras, le dolía ver a su esposa así aunque no hubiera razón.
-Después de todo son una panda de monos, esperaba más de ti, Ryohei – Hana pasó un brazo por los hombros de su peli naranja amiga.
-¡Esto EXTREMADAMENTE tiene su explicación! – gritó un tanto desesperado.
-Hay que admitir que lo más sorprendente es el caso de Lambo – señaló el rubio.
-¿Por qué tu, Lambo-chan? Siendo tan joven – Haru lo vio decepcionada.
-Momento, a mi no me metan en el mismo saco que ellos… ¡yo nunca tendría hijos y menos a esta edad! – se defendió.
-Buen punto, aun es un mocoso – Mukuro se estaba divirtiendo y mucho.
-¡Oye! – se quejó.
-Dejen ya el drama – la sobria voz de Reborn se hizo lugar y fue cuando los recién llegados notaron su presencia.
-Zio – la castaña y la pelirroja lo vieron aturdidas – tu… ¿lo sabías? – dijeron al mismo tiempo.
-Me enteré hoy – sonrió de lado al ver la expresión de su alumno y Guardianes – al igual que ellos – tampoco iba a soportar tanto drama.
Eso llamó la atención de las 'víctimas' que vieron nuevamente a sus esposos en espera de que hablaran.
-Es… esto tiene una explicación, ¡en verdad! – repitió Tsuna siendo apoyado por sus amigos.
Las mujeres los vieron analíticas, como pensando en si darles el beneficio de la duda y que se explicaran, aunque el enojo y la decepción eran mayores como para pensar serenamente.
-Nosotros no… - los niños se habían mantenido solo escuchando y viendo, pero ahora que veían como estaban las cosas, Giotto intentó dar su explicación, lo que menos quería era causarle problemas al Decimo y su Familia.
Las chicas los vieron al escuchar la vocecita del pequeño rubio, los analizaron por segundos y sus expresiones se suavizaron por momentos, ellos no tenían porque pagar por los deslices de los infieles.
-Tranquilos pequeños – Cassio se puso a su altura y les sonrió tranquilizadora - ustedes no tiene culpa de nada.
-En todo caso también son las víctimas de estos hombrezuelos – apoyó Haru viendo mal al peli plata.
-¿¡A quien le dices hombrezuelo, mujer!? – gritó indignado.
-Ahora no están en condiciones de reclamar ni hacerse los dignos – espetó Hana con una mirada que los hizo temblar.
-Esperamos una explicación, Takeshi – Kyoko se mostraba seria y aunque no expedía el aura asesina de las demás sabían que estaba furiosa.
-Bien, en lo que se arreglan yo me llevare a los chiquillo a comer algo – anunció Reborn yendo a la puerta en compañía de los infantes.
-¡Reborn! – Tsuna lo llamó indignado por dejarlos con todo el paquete.
El Hitman soltó una risita burlona al tiempo que cerraba la puerta.
-¿Y bien? – inquirió la castaña.
-Estamos esperando – apuró Hana.
Solo las vieron nerviosos y Tsuna tragó saliva pesadamente antes de empezar con su explicación.
-Jefe – Chorme lo vio apenada.
-Esto es divertido kufufuf~u – rió sin reparo Mukuro - ¿no lo crees? Fran.
-Si usted lo dice, Maestro – Fran solo quería irse ya a dormir.
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-¿Estarán bien? – preguntó de repente Giotto dejando la cuchara a un lado de su plato.
-No te preocupes, Giotto – animó G.
-Pero…
-Hazle caso a tu amigo – interrumpió Reborn, quien tomaba un humeante expresso.
-¿Cómo estas tan seguro? – preguntó Asari.
-Conozco a mi inútil alumno – se encogió de hombros – y a todos ellos – agregó.
-Pero ellas querían matarlos – Knukle le dio un mordisco a su pan.
-Mientras podamos quedarnos aquí – comentó el menor de todos.
-¡Lampo! – regañó el rubio y el otro solo se encogió de hombros.
-Estoy de acuerdo – apoyó Daemon – después de todo no tenemos donde quedarnos.
-Sin mencionar que no conocemos esta época – agregó Alaude como si nada.
-Aun así – Giotto no veía bien eso.
-Dejen de pensar tanto, niños – Reborn le dio un sorbo a su café – si ellas reaccionan como pienso todo resultará bien para ustedes y divertido para mí – sonrió escondiendo su mirada bajo su fedora.
Los niños lo vieron un tanto intrigados y asustados.
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-Así que era eso – dijo un tanto distraída la pelirroja tomando la mano de Tsuna que se sintió más relajado al ver que lo habían entendido.
-¿Por qué no lo dijeron desde el principio? – la castaña los vio tranquila provocando un ligero tic en la ceja de su esposo.
-¡Porque ustedes no nos dejaban! – bramó Hayato.
-Bueno, igual se aclararon ya las cosas – Haru lo tomó del brazo.
-Discúlpame por haber dudado de ti, Takeshi – Kyoko lo vio avergonzada.
-Está bien, Kyoko, ya todo se arregló – le sonrió mientras la abrazaba por la cintura.
-¡Tú que dudabas de tu extremo Esposo, Hana! – replicó Ryohei.
-Lo siento, pero ustedes no se apresuraron en aclarar las cosas – dijo siguiendo el paso del peli blanco.
-Las mujeres son demasiado problemáticas – Lambo chasqueó la lengua, era por eso que no tenía pareja.
-Mi Chrome no es común, es por eso que siempre se puede contar con ella – sonrió de lado haciendo que la aludida se sonrojara.
-Aburrido – musitó Fran al final del sequito.
Pararon sus pasos al llegar a la puerta que daba al comedor que en ese momento era ocupado por los infantes y Reborn; se quedaron observándolos por un momento, los mayores sentían raro la ver a sus ancestros ahí y en miniatura, mientras que las mujeres los veían de forma extraña, una mirada que no le daba buena espina a Tsuna.
Se acercaron donde los menores y ellas comenzaron una charla bajo la mirada de sus esposos, sin duda era una linda imagen, pero había algo extraño, algo en la forma de actuar de sus princesitas les decía que algo sucedería.
-Ya que todo está aclarado, creo que no habrá ningún problema con la estadía de los niños – Tsuna llamó su atención.
-No hay problema… – y entonces se miraron las unas a las otras con complicidad y asintiendo entre ellas la pelirroja tomó la palabra.
-Porque los adoptaremos – sentenció.
Pasaron segundos en los que tanto los mayores como los niños se quedaron helados tratando de procesar las palabras.
-¿¡Que!? – gritaron a la vez al caer en cuenta de lo que significaba.
Nadie fue capaz de decir nada, la mirada de sus princesitas les dejaba claro que no había manera de que se retractaran. Reborn sonrió satisfecho, ya era tiempo de que cada pareja formara su familia y sin duda, eso le traería una considerable diversión.
-¿Ahora si puedo irme? - Fran quería regresar ya y de paso contarle el chisme a sus sempai-tachi.
