Distancia
Por Hibari Zhang
Capítulo 3: "Silencio"
Aquel día se levantó un poco más tarde de lo normal, cuando bajó de su alcoba al comedor ya no había nadie. Se encontró con unas criadas que realizaban el aseo diario de la casa:
– Buenos días señorita Kinomoto ¿Desea desayunar? – preguntó la misma joven que anoche se había encontrado chismeando en el pasillo antes de llegar a las cocinas.
– Buenos días – saludó con una amable sonrisa la castaña – creo que sí – respondió Sakura refiriéndose a que sí desayunaría. La joven la ayudó a tomar asiento en la mesa y se retiró a la cocina.
Luego de unos minutos la misma muchacha regresó con una bandeja en las manos.
– Aquí tiene – comenzó a servir lo que había traído – ¿Desea algo más? – Preguntó a la joven de ojos verdes – Si no necesita nada más yo me retiraré, tengo que asear la mansión antes de que la señora Yelan Li llegue de las oficinas.
– ¿La señora Yelan Li no está en casa? – preguntó Sakura levantando la vista de su desayuno y observando con más detalle a la joven que iba a retirarse, era una muchacha delgada, de rostro pálido, con anteojos y cabellos negros sujetos en su nuca.
– Salió hoy muy temprano en la mañana. No estoy segura, creo que son asuntos relacionados con la empresa de Hong Kong y Estados Unidos. – murmuró.
– Gracias, puedes ir a hacer tus tareas tranquila, estoy bien así. – sonrió Sakura y se dispuso a terminar luego su desayuno. La muchacha se retiró.
Luego de haber terminado se limpió con la servilleta y se levantó de la mesa del comedor solitario. Sakura caminó con calma hacia los dormitorios, en el camino saludó a un par de mujeres que limpiaban y atendían las plantas que habían en los pasillos. Tras llegar a su alcoba se detuvo, miró a ambos lados: no había nadie.
– La habitación de la señora Yelan Li... ¿Dónde estaba? – se preguntó en un susurro.
Siguió caminando y luego de un momento se detuvo frente a una puerta levemente distinta a las de las otras habitaciones de la casa, era una puerta doble y alta. Sakura posó sus dedos sobre el pomo y la giró, asomó una cabeza, como imaginaba, no había nadie adentro. La cama estaba hecha, las cosas en orden y todo limpio. Se aseguró de que nadie la había visto llegar hasta ese lugar, entró y cerró la puerta.
– Increíble – murmuró.
Sakura vio enormes cuadros en las paredes, eran pinturas tradicionales chinas hechas con acuarela, unas cuantas fotografías de la familia, unos muebles de madera fina, un enorme escritorio y un librero con todas las cosas en su sitio, sin ninguna capa de polvo. La habitación representaba tal cual era el carácter de esa mujer exigente, fría y reservada. El ventanal de la habitación tenía las cortinas corridas, la fina tela de la segunda cortina blanca dejaba que los rayos solares se filtraran entibiando y dándole luz a las paredes coloreadas de un blanco impecable. El piso era de madera flotante y el centro de la habitación estaba cubierto por una alfombra. Sakura se acercó a una cómoda, sobre ella había algunas velas aromáticas, pero su atención fue captada por una fotografía:
– Este debe de ser Shaoran pequeño – sonrió con ternura, pero esta se apagó cuando notó que en la fotografía Shaoran estaba siendo cálidamente abrazado por una joven que no había visto nunca, no se parecía a ninguna de sus cuatro hermanas, tenía el cabello negro y sus ojos eran de un marrón rojizo. La joven giró el marco y lo abrió por la parte posterior, al abrirlo leyó una pequeña nota – Li Xiao Lang y Li Meiling, una foto de hace diez años – susurró. Sus ojos se abrieron de la sorpresa, cerró el marco y volvió a mirar la foto, aquella niña que abrazaba a Shaoran tan cálidamente era... Meiling.
Sakura sintió que el corazón le pesaba, era una presión extraña, sus ojos y sus manos temblaron cuando empezó a notar que los personajes de la fotografía empezaban a moverse junto con la habitación: Meiling tomaba el rostro de Shaoran y lo giraba hacia ella, una mano de la joven acariciaba la mejilla del castaño, sus labios se acercaron, la chica de cabellos negros entreabrió su boca y extendió su lengua para lamer los labios del chico y luego sellarlos en un beso, Sakura retrocedió un paso y la fotografía se estrelló en el piso de madera, cerró los ojos con fuerza, sentía la cabeza pesada, el estómago revuelto, se acercó una mano al vientre, sentía un dolor agudo, los ojos se le humedecieron y las piernas le flaquearon, cayó sentada en el piso, no podía más, iba a vomitar, abrió los ojos y buscó una puerta que parecía ser la del baño, se levantó como pudo y corrió con una mano sobre los labios.
– Ah... – jadeó. No se sentía muy bien, se lavó la boca y la cara, tras mirarse al espejo se asustó de su propia imagen, estaba pálida y su labio inferior temblaba, tenía los ojos enrojecidos. Sakura salió del baño y cerró la puerta, observó el cuadro de la fotografía en el piso, la levantó y notó que tenía el vidrio trizado – Dios, lo quebré ¿Ahora que hago? – notó que la imagen detrás del vidrio trizado no había cambiado, el beso entre esos dos niños había sido sólo producto de su imaginación y el mareo que había tenido recién.
Sakura dejó la fotografía en su lugar y abrió la puerta con cuidado, observó que nadie estuviera por ahí y salió hacia su habitación para descansar.
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Sakura no bajó para el almuerzo, Wei subió a su habitación con un caldo, había avisado que no tenía ganas de comer. En su habitación revisó su correo electrónico, según su bandeja de entrada no había recibido ningún mensaje nuevo, era extraño, hace unos días le había escrito un correo como respuesta a todos los mensajes que había recibido de su marido, pero luego de eso, Shaoran no mandó más y sólo quedaba una semana para que volviera.
– Quizás tiene mucho trabajo – pensó mientras dejaba la cuchara en el plato vacío. Se levantó de la cama y dejó la bandeja en el escritorio, Wei vendría más tarde a retirarla.
Dejó escapar un suspiro y fue hacia el ventanal de la habitación, la abrió y salió al balcón que daba al jardín trasero de la casona, se apoyó en el barandal y observó el paisaje: a lo lejos se veían los edificios de la ciudad, debajo de ella se veía el área verde de aquella casa delicadamente cuidado por los jardineros, el invernadero estaba a un costado y la fuente de agua en el centro. Respiró hondo y el aroma a hierbas mojadas invadió su olfato. Sakura decidió quedarse un rato más observando el paisaje y tomando el sol de la tarde, aquello la revitalizaba.
El llamado de la puerta hizo que volviera a entrar en la habitación, de pronto la encontró oscura, había estado mucho rato tomando sol en el exterior, tras un par de parpadeos se volvió a acostumbrar y avanzó hacia la puerta, tras abrirla se encontró con el viejo mayordomo de la familia:
– ¿Wei? – Preguntó la joven, el viejo mayordomo asintió. Sakura se acordó de la bandeja de plata – pasa, está en el escritorio.
– La Señora Yelan Li me ha dicho que para la cena, la quiere abajo, en el comedor. – le comunicó Wei.
– ¿Por qué? – preguntó Sakura distraída, nunca antes le había exigido bajar a comer, es mas, la madre de su esposo prefería no verla. El mayordomo no contestó, se limitó a hacer una reverencia y se retiró con los platos. La joven castaña se sentó en la cama, y decidió intentar distraerse con un libro, pero al cabo de unos minutos, el sueño se apoderó de ella:
Tocaron la puerta, abrió los ojos, se había quedado dormida con el libro en la mano, se levantó de un salto de la cama y giró a su derecha para abrir la puerta, en el umbral se encontró con una mujer de rostro suave, sus cabellos eran negros, ondulados y largos, sus ojos verdes:
– Hija ¿No ibas a salir con Shaoran? ¿Qué haces aún en tu habitación? ¿Estabas durmiendo? – la mujer acercó su mano y acarició el rostro de su hija, con al otra trató de ordenar el cabello de esta.
– ¿Mamá? – preguntó desconcertada. Pero la mujer la empujó y ambas entraron en la habitación. Al entrar se dio cuenta que estaba en su pequeña alcoba, ubicada en la planta superior de su casa en Tomoeda, Japón.
– Date prisa, Shaoran está abajo esperándote ¿Saldrás con eso? – preguntó su madre. Sakura se miró a si misma, estaba aún en pijama. La mujer con un delantal de cocina se giró y empezó a buscar una ropa más adecuada para su hija – Ponte esto Sakura, te verás encantadora.
– Oh... – Sakura empezó a desvestirse y a colocarse la camiseta negra de mangas largas con un cuello grande que descubría sus hombros, luego se colocó el vestido que su madre le había dado de color pastel, mientras se abrochaba los botones en la parte delantera, la mujer de ojos verdes le cepillaba el cabello corto. Sakura se miró en espejo – ¿Mamá? ¿Cuántos años tengo? – la mujer que cepillaba sus cabellos se rió.
– Sakura ¿Pero qué pregunta es esa? 17, tienes 17 años ¿Ahora me preguntarás cómo te llamas? – la mujer bromeó. Sakura también rió, la pregunta había sido tonta.
Luego de unos minutos, Nadeshiko mandó a Sakura al baño:
– Lávate bien esa carita, a ver si con eso te despejas un poco y vuelve tu memoria, iré abajo a ofrecerle unas galletas y leche a tu novio – la mujer le guiñó un ojo y bajó las escaleras a paso rápido. Sakura sólo asintió.
Desde el baño escuchó las risas de su madre y la voz de Shaoran provenientes de la cocina de la casa, se lavó la cara y se miró en el espejo:
– Debo darme prisa – se murmuró a si misma, luego de secarse y revisar el estado de su cabello, corto hasta la altura de sus hombros, salió del baño.
Al llegar al comedor de la casa vio a Shaoran sentado frente a su madre con unas galletas de chocolate caseras entre los dedos de una de sus manos, Sakura se ruborizó, era un hombre definitivamente guapo, venía con esa camiseta negra estampado con el rostro de un lobo que tanto le gustaba, su cabello castaño oscuro, revuelto como siempre, le daba ese aire de rebeldía que le encantaba y esos ojos dorados que le sonreía...
– Buenas noches Sakura – el joven bromeó mirando el reloj de su muñeca izquierda y luego a la joven quien sintió que las mejillas y las orejas le quemaban de vergüenza. La madre sólo sonrió y trajo los obentos (cajas de almuerzos) para ambos que había preparado en la mañana. – Muchas gracias Nadeshiko por las galletas y la leche, le prometo traer a Sakura de vuelta antes de la cena. – la mujer asintió y Shaoran tomó a Sakura de un hombro junto con las cajas de comida y la guió hasta la puerta aun ruborizada. – Nos vemos.
– Adiós. – se despidió la madre.
– A... adiós mamá. – murmuró Sakura luego de colocarse las botas.
Tomaron el tren y luego de unas horas de viaje llegaron hasta la playa, para aquella época del año no había mucha gente, debido al clima frío. Aún así Sakura se quitó las botas y las medias para meter los pies al agua.
– ¡Está muy frío! – exclamó. Shaoran estaba a unos metros de ella con una de las manos en los bolsillos y la otra sostenía los obentos.
– No te vayas a enfermar, después Touya me asesina por no cuidarte como debía – bromeó Shaoran y se acercó más a la joven, Sakura giró y cuando Shaoran ya estaba más cerca de ella se agachó y con su mano libre, puesto que en la otra tenía las botas con las medias, echó agua a Shaoran, ambos rieron y el joven castaño se unió al juego.
Luego de correr, saltar y mojarse con el agua del mar ambos cayeron rendidos en la arena y con la respiración agitada aun reían:
– Esto ha sido muy divertido, jamás pensé que podría venir a la playa para esta época del año, estamos casi llegando a invierno. – habló Sakura. Shaoran no le respondió con palabras, simplemente se giró y apoyó su cuerpo sobre el de Sakura y se miraron a los ojos por un buen rato, el joven sobre ella le acarició el rostro, Sakura cerró los ojos ante aquel gentil gesto y murmuró el nombre de este – Shaoran...
– Shh... – el joven castaño se acercó a su novia y la besó para que no hablara más. Sakura dejó las botas a un lado y subió los brazos para rodear el cuello de Shaoran y acariciar su nuca enredando sus dedos en el cabello revuelto de él mientras le respondía el beso. – Te amo Sakura... cásate conmigo.
La joven abrió los ojos de la sorpresa encontrándose con los ojos dorados de él, ambos estaban de pie, sobre un viejo puente, aquel que estaba detrás del templo Tsukimine, ella vestía de un yukata, aún tenía el algodón de azúcar en su mano derecha y él frente a ella le ofrecía un anillo de compromiso, era de noche y sólo las estrellas, la luna y las luciérnagas eran testigos de aquel momento, observó a Shaoran, con su mano libre se acomodó el cabello castaño claro detrás de la oreja, lo mantenía suelto y este le llegaba hasta la mitad de la espalda, desvió la mirada nerviosa, pero luego la volvió a levantar y se encontró con los ojos de él, estaba esperando su respuesta. Sakura abrió la boca pero de ella no salió ningún sonido, luego sonrió y con las primeras lágrimas naciéndole de los ojos color verdes se acercó a Shaoran y lo besó colgando sus brazos en el cuello de él dejando caer el algodón de azúcar, nada importaba, aquel gesto era su respuesta: Sí Shaoran, no importaba cuantas veces se lo pidiera, en todas les daría un sí.
Los fuegos artificiales retumbaron en el cielo nocturno, ambos se separaron y se giraron para observarlos. Cuando se volteó para observar a Shaoran se encontró con un par de ojos castaños rojizos, el rostro de una mujer y su cabello negro, liso y largo.
– ¿Quién... eres? – la joven de cabellos negros se tomó el tiempo para contestar la pregunta formulada por Sakura, ambas estaban en un jardín sentadas en una pequeña mesa redonda, debajo de una sombrilla tomando té, se acercó la taza a los labios con los ojos cerrados y luego de bajarlo volvió a abrirlos para observar el par de esmeraldas de Sakura.
– Shaoran está conmigo – curvó suavemente sus labios – en el hotel – hizo una pausa leve para disfrutar el momento y luego continuó con calma – en la misma habitación – sus labios se curvaron nuevamente – no sabes todo lo que hemos hecho en estas tres semanas de viaje de negocios.
Sakura se colocó de pie y golpeó la mesa con ambas manos:
– ¡Cállate! – Exclamó – ¡Shaoran no es de ese tipo de hombres, Shaoran me ama, Shaoran es el padre de mi hijo, no tienes ningún derecho sobre él, él está casado conmigo! – sus ojos se humedecieron, pero no dejó que estas lágrimas se derramaran, las aguantó. La mujer de cabellos negros sólo se rió.
Un par de golpeteos contra la madera atrajo la atención de Sakura, cuando se volteó abrió los ojos, su respiración era rápida, la habitación estaba oscura, las cortinas se agitaban al compás del viento, sintió un poco de frío, se había quedado dormida y había dejado el ventanal abierto, se levantó pero la cabeza le pesaba. Nuevamente se oyó el golpeteo en la puerta:
– Señora Li – era Wei – la cena está servida, tiene que bajar, la señora Yelan Li la está esperando en el comedor.
– Sí... ya voy – respondió, encendió la lámpara y se dirigió al baño, se lavó la cara y trató de ordenar su cabello revuelto. Tras salir de este cerró el ventanal y corrió las cortinas, luego abrió la puerta de su habitación para bajar al comedor en compañía del mayordomo que se había molestado en venir a buscarla.
Al llegar se ubicó en su asiento de siempre, sin decir ninguna palabra, la cena fue servida y comieron en silencio, Sakura no tenía mucho apetito, pero creía que lo mejor era comer, tenía que hacer un esfuerzo por su hijo.
– Después de la cena quiero que me acompañes hasta el estudio – rompió el silencio Yelan – debemos hablar.
– Sí – respondió ¿Qué querrá la madre de Shaoran? A Sakura se le encogió el estómago, quizás se dio cuenta que había sido ella quien había entrado esta mañana a su habitación en su ausencia y roto el cuadro de la fotografía de su hijo y de Meiling. Sakura no habló más y sintió que la comida se volvía más pesada de lo que era y no le estaba cayendo muy bien.
La cena continuó hasta que Yelan terminó y se levantó de la mesa, Sakura no había podido ingerir más comida, la culpabilidad la carcomía por dentro y dejó también sus palillos. Ambas se levantaron y fueron al estudio, Sakura iba detrás de Yelan a paso lento y tímido.
La madre de Shaoran se ubicó en la silla de cuero detrás de aquel enorme escritorio que su hijo solía ocupar cuando estaba en casa. Sakura se sentó en el sillón, estaba demasiado nerviosa, sentía un dolor en el vientre que en cualquier momento se desmayaría, la cabeza le dolía como nunca.
El silencio entre las dos se volvía cada vez más incómodo, más tenso, esta se alivió levemente cuando Wei tocó la puerta y les trajo una taza de té a cada una, ambas lo agradecieron y el viejo mayordomo se retiró, en cuanto la puerta se cerró, el silencio volvió a reinar en la habitación, Sakura no sabía que decir, no podía adivinar las intenciones de Yelan con sólo mirar esos fríos ojos, pero no tuvo necesidad de abrir la boca, porque la mujer que estaba frente a ella lo hizo primero:
– Kinomoto – Yelan atrajo su atención, siempre la llamaba así, era como si quisiese recordarle siempre que ella jamás iba a ser aceptada como esposa de su único hijo varón – creo que esto te pertenece – Yela le mostró a Sakura un pequeño aro, Sakura abrió los ojos y se tocó las dos orejas con las manos, es verdad, le faltaba uno y no se había percatado en todo el día.
– ¿Cómo...? – empezó a preguntar Sakura pero Yelan la interrumpió.
– La encontré en mi habitación, hoy en la tarde ¿Me puedes explicar cómo llegó hasta ahí? – preguntó con voz fría. Sakura no sabía que decir ¿Mentir? Negarlo todo o exigir la verdad, tenía miedo, algo en su corazón le decía que en cuanto supiera la verdad, algo iba a cambiar.
Tragó saliva y decidió hacer la pregunta que durante semanas la tenía preocupada:
– ¿Quién es... – Sakura sostuvo con fuerza el plato y la taza de té – ...Meiling? – preguntó con cierta duda y temor, necesitaba saberlo. Yelan no se sorprendió, recordó la fotografía de su cuarto y el ruido que oyó hace unas semanas fuera del estudio. La mujer dejó escapar una sonrisa fría, el par de esmeraldas observaba atenta los gestos de esa mujer.
– De eso mismo quería hablarte hoy – tomó la taza de té y se lo acercó a los labios, bebió un sorbo de su contenido y volvió a levantar la vista, las fijó en Sakura quien la observaba fijamente con el ceño levemente fruncido, Yelan notó que los labios de Sakura estaban más pálidos que de costumbre pero las mejillas ruborizadas.
– Dígame, por favor – susurró Sakura, la calma de aquella mujer para decir las cosas la estaba desesperando.
– Es la prometida de mi hijo – contestó Yelan como si fuera la situación más natural del mundo, acercó su cuerpo al escritorio y apoyó sus codos sobre estos, entrelazó a su vez los dedos de ambas manos y apoyó sus labios sobre estos, estaba impaciente por observar la expresión que adquiriría aquella joven frente a lo que acababa de decir.
El labio inferior de Sakura tembló ligeramente, el contacto de la porcelana hizo un leve tintineo debido al choque de la taza con el plato debajo de esta, su boca se abrió y su rostro enrojeció más, después esbozó una sonrisa.
– Señora Yelan, creo que usted se equivoca. – Su voz era temblorosa, pero estaba segura que aquella mujer no lo había notado – es imposible, Shaoran está casado, es mi esposo, no puede tener prometida. – aquellas palabras parecían ser más bien para convencerse a sí misma, dejó escapar un suspiro, la situación era absurda.
– Sí es posible, Kinomoto – contestó Yelan, Sakura se levantó de su asiento y la enfrentó, la taza cayó en el piso y derramó su contenido quebrándose, pero ninguna de las dos le dio mayor importancia. Yelan también se levantó, pero esta dejó su taza de té a medio beber segura en el escritorio y apoyando ambas manos al lado de la fina porcelana habló con voz fría – mi hijo Li Xiao Lang se divorciará de ti.
– ¡No! ¡Shaoran no se divorciará de mí, no lo permitiré! – exclamó Sakura, esa mujer estaba loca.
– Meiling será su prometida, eso ya está decidido. – contestó Yelan con calma, pero con voz fuerte.
– ¿Qué ya está decidido? – Sakura soltó una risa – ¿Quién lo decidió? – El dolor de cabeza la estaba matando, sentía el rostro arder y el dolor en el vientre aún no cesaba.
– Yo lo he decidido – contestó la mujer. Sakura no lo podía creer.
– Mire, señora, yo comprendo muy bien que usted es la madre de mi esposo, que tiene cierto derechos sobre él – la joven de ojos verdes se pasó una mano por la frente y se revoloteó el flequillo y continuó hablando – pero jamás tendrá el derecho de controlar su vida – apretó los puños y los dientes, luego exclamó – ¡Ambos nos amamos! ¿Por qué no puede entender aquellos sentimientos? ¿Por qué se empeña en separarnos?
Sakura se dio vuelta con lágrimas en los ojos, no soportaba estar más tiempo encerrada en aquel lugar escuchando a aquella mujer sin sentimientos, al girar notó que el piso se desestabilizaba, las paredes perdían su rigidez y se alejaban, sentía el rostro caliente y la cabeza partirse en dos, un dolor más agudo que el de antes se apoderó de su vientre.
– ¡Ay! – se quejó agarrándose el abdomen con ambas manos.
– ¿Sakura? – el llamado de Yelan parecía muy lejano. Las luces de la habitación se iban apagando, primero sintió un golpe fuerte en sus rodillas, luego en la cabeza y todo oscureció.
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Los faroles de las solitarias calles de Tomoeda comenzaban a encenderse. Un joven de cabello castaños oscuro y revuelto tenía las manos metidas en los bolsillos y una gruesa bufanda cubría su cuello, las casas de aquel tranquilo lugar estaban adornada con luces de colores, cruzó una calle y atravesó el Parque Pingüino, era llamado así debido a la presencia de un enorme pingüino de color azul, lo observó unos segundos, estaba cubierto de nieve, esbozó una leve sonrisa y siguió caminando hasta que llegó a su destino, observó la casa de dos plantas, pintada de color amarillo, con un pequeño jardín delantero, estaba decorada con algunas luces de colores debido a la fecha, avanzó y tocó la puerta, luego de unos segundos esta se abrió y fue recibido.
– Pasa, pasa Shaoran – lo recibió una joven de cabellos castaños claros, tenía las puntas rizadas que caían graciosamente por el borde de su rostro. – te estábamos esperando. ¡Hace un frío horrible! – Ambos entraron a la casa – escuché que esta noche también nevará.
Adentro había una agradable temperatura, la joven de ojos verdes lo ayudó a quitarse la bufanda y la chaqueta, colgándolo en un perchero que había en la entrada, Shaoran se quitó los zapatos y se colocó las pantuflas para entrar a la casa de la joven.
– Buenas noches – saludó al ver el padre de Sakura, un caballero de rostro amable, con anteojos y el cabello algo canoso, pero aún castaño.
– Hola Shaoran – saludó el hombre – ven te haré un poco de chocolate para que entres en calor, toma asiento – extendió una de las sillas del comedor para que Shaoran se acercara – estás en tu casa, eres el novio de mi hija. – Fujitaka volvió a la cocina mientras se colocaba el delantal.
Sakura y Shaoran se miraron algo ruborizados, la joven siguió a su padre hasta la cocina:
– Espérame acá, iré a ayudar a mi padre – Shaoran asintió, luego miró su alrededor, ahí estaba la foto de la madre de Sakura, una mujer hermosa de cabellos negros ondulados, su novia había heredado sus ojos verdes. De pronto oyó la puerta abrirse y sintió como el calor de la casa escapaba hasta que escuchó la puerta cerrarse.
– ¿Qué haces acá mocoso? – Shaoran sintió un escalofrío recorrer su espalda y no era debido al frío, esa era la voz de la última persona que quería oír en esta casa.
– ¡Hermano! – Exclamó su novia – Su nombre es Shaoran – corrigió entrando con un plato de galletas caseras y su padre atrás con tres tazones de chocolate caliente sobre una bandeja.
– Touya ¿Quieres que te prepare también...? – Fujitaka no terminó de preguntar cuando su hijo lo interrumpió.
– No papá, gracias, sólo venía a buscar unas cosas y me voy a casa de Sayako, ya sabes, este año pasaré la navidad con su familia – Fujitaka asintió y tomó asiento al igual que Sakura. El mayor de los Kinomoto desapareció por el pasillo y subió por las escaleras no sin antes dedicarle una mirada de odio al joven de cabellos castaños oscuro que fue respondida de la misma manera.
– El año pasado, Sayako pasó la Navidad con nosotros. – le susurró Sakura. – este año le toca a él pasarla con ellos y así se van turnando.
– ¿Cuándo será la boda? – Preguntó Shaoran – tenía entendido que estaban comprometidos ¿No? – trató de hacer memoria. Sakura asintió.
– Creo que la fecha la tienen fijada para después de Año Nuevo – contestó el señor Kinomoto.
– Es verdad, Sakura – Shaoran extrajo de su bolsillo dos paquetes – para que vayas a dejarlo debajo del árbol. – La joven de ojos verdes dejó su tazón de chocolate sobre la mesa y con una sonrisa tomó los regalos de Shaoran y fue a dejarlos en el salón.
– Feliz Navidad – deseó Touya cuando apareció nuevamente en la primera planta de la casa, su padre y su hermana le devolvieron el mismo Feliz Navidad y con un bolso se marchó de la casa.
Shaoran suspiró aliviado, bebió un sorbo de su chocolate y tomó unas de las galletas caseras.
– ¿Te gustan? – preguntó Sakura refiriéndose a las galletas mientras volvía tomar asiento y bebía su chocolate.
– Sí, están muy ricas. – respondió después de tragar.
– Los preparó Sakura – agregó Fujitaka levantándose de la mesa para dirigirse nuevamente a la cocina – hay mas, si quieres puedes llevarte algunas luego, cuando te vayas. – Shaoran observó asombrado a Sakura ¿De verdad fueron hechas por ella? y esta asintió con una gran sonrisa.
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– ¿Yelan la había llamado por su nombre: Sakura? – pensó ¿O era otro sueño más? Abrió lentamente los ojos, estaba sobre algo blando, tras pestañear un par de veces identificó el techo blanco de su habitación y las paredes de color verde. Oía varias voces a su izquierda, cerca de la puerta.
– Absoluto reposo, Señora Yelan Li – era la voz de un caballero – No podrá levantarse de la cama durante varios meses, según se estime conveniente, hay que ver como avanza, pero por ahora, hacer el mínimo esfuerzo posible, queda estrictamente prohibido alarmarla con emociones fuertes. – enumeraba el hombre.
– Sí, entiendo – asentía la mujer. – Wei, acompañe al doctor hasta la puerta por favor. Muchas gracias por su visita, nos estaremos viendo.
– Señora – recordó el hombre que estaba por retirarse – la joven no se ha estado alimentando muy bien, cuide que lo haga de ahora en adelante. – recomendó el doctor, Sakura escuchó como se marchaban algunos pasos y luego la puerta abrirse, cerró los ojos haciéndose la dormida.
– Un nieto... – susurró la mujer que venía hacia Sakura. – un nieto ¿Por qué no lo dijiste antes? – Sakura decidió abrir los ojos, Yelan observó el rostro pálido de Sakura y sus dos esmeraldas entristecidos.
– ¿Qué... sucedió? – preguntó despacio desde la cama sin moverse aún.
– Te desmayaste, el doctor ya vino a verte, síntomas de pérdida – habló la mujer de forma seria, al ver que Sakura iba a levantarse de la cama alarmada, se acercó y la tomó de los hombros para que volviera a acostarse – Sakura, no te muevas, no debes esforzarte mucho, sólo descansa, el bebé está bien – agregó lo ultimo al ver que el par de esmeraldas temblaba.
– Lo siento... – se disculpó y volvió a acostarse, al menos su hijo estaba bien. Yelan negó con la cabeza.
– Sakura – la joven aludida alzó su mirada y se encontró con los ojos de aquella mujer que tanto daño le había estado haciendo durante todos estos meses, aquellos ojos estaban en calma, no mostraba la frialdad que solía mostrar – ¿Por qué no nos lo dijiste antes? – luego recordó: – Aquella visita al médico que hiciste hace un par de semanas atrás era por esto ¿Verdad? – preguntó la mujer sentándose en la silla que tenía al lado de la cama. – Sakura asintió en silencio.
– Quería que Shaoran fuera el primero de esta casa en saberlo. – murmuró desviando nuevamente la mirada mientras apretaba con fuerzas las sábanas. Luego de un silencio volvió a hablar: – ¿Qué dijo... el doctor? – Yelan suspiró y le contestó:
– Absoluto reposo, en estos meses que te queda de embarazo, estás muy delicada, te has alimentado mal, tas recibido muchas emociones fuerte. – Sakura se quedó callada. – Ahora mismo tienes un poco de gripe. Los tres primeros meses de embarazo son los más delicados, por favor, tienes que cuidarte más. – la mujer se levantó y dio media vuelta, Sakura la observó marcharse y cerrar la puerta de la habitación.
Yelan detuvo a Wei, quien llevaba una bandeja de plata y sobre esta iba un vaso de agua y una pastilla recetada por el médico para Sakura:
– No le digas que Shaoran estará más tiempo fuera de casa. – ordenó con voz seria.
– Pero, Señora Yelan, Sakura se dará cuenta tarde o temprano – la mujer negó con la cabeza.
– Yo misma se lo diré en unos días más, cuando se encuentre mejor. – Wei asintió y tocó con suavidad la puerta de la habitación de la joven enferma, tras escuchar el consentimiento de Sakura, entró.
– Debe tomarse su medicamento Señora Li – Wei dejó la bandeja en el escritorio y se acercó para ayudar a Sakura a incorporarse sobre la cama, le acomodó la almohada y le entregó el vaso de agua y la pastilla. Vigiló que la joven se lo tomara y luego se retiró.
– Shaoran... – con el susurró de aquel nombre Sakura volvió a acomodarse en la cama y cerró los ojos para descansar, luego de un par de minutos se quedó dormida.
...Continuará.
Notas de la Autora: Bien... y aquí seguimos ¿Qué tal está quedando? Parece que no es una historia muy feliz ¿La madre de Shaoran habrá aceptado por fin a Sakura? ¿Qué pasará con él? ¿Su viaje tardará en concluir? ¿Cuánto? ¿Qué pasa realmente con Meiling? Gracias por todos los reviews que me han dejado, los que he podido responder, los he respondido y los que no, van a continuación:
Insisto: Por cada REVIEW que dejan, tipeo una letra (?)
Respuesta a algunos Reviews del capítulo anterior que no pude responder:
xXx: Gracias por leer y comentar, que bueno que te haya agradado la historia XD!
Rubi: Gracias también por leer y comentar, ahaha... sí, está muy pesada la suegra, que feo vivir con alguien así :P.
Próximo Capítulo: "Lejos"
(...)
– ¿Qué... sucede? – preguntó Sakura preocupada, aquella mujer no solía hacer lo que estaba haciendo en estos momentos: venir a conversar con ella.
– Sakura, me temo que te tengo una mala noticia. – la joven se alarmó ¿Qué sucedía? ¿Tan mal estaba su hijo? ¿Algo pasó con su familia? ¿Sus amigos? ¿Shaoran? ¿Era Shaoran? ¿Le sucedió algo? Muchas dudas invadieron su cabeza, se sintió de pronto mareada (...)
