II

Finalmente nuestras operaciones terminaron y regresamos a Neo-Ponyville. Luego de pasar por mi chequeo médico obtuve una incapacidad de dos meses pagos. Aquello mientras lidiaba con las jaquecas, los problemas de vista y equilibrio. Y así empezó una de las épocas más felices de mi vida.

Aún no me había dado por vencida en mi condición. Busqué por toda la ciudad un buen oftalmólogo que estuviera al alcance de mi presupuesto. Fue así que yendo de consultorio en consultorio llegué a ti: Doctor Whooves. En esos días aún no te habías vuelto famoso, sólo te preocupabas por sacar adelante tu consultorio para seguir trabajando en tus experimentos científicos.

Nunca entendí qué fue lo que viste en mí. Yo llegué con el orgullo hecho pedazos y una apariencia descuidada luego de varios días de preocupaciones. Creo que simplemente fue tu personalidad, la forma en que fuiste atento conmigo y tu hermosa sonrisa. Luego de que revisaras qué podrías hacer por mis ojos, me dijiste que tomara una cita para psicología. Te hice caso. No sé si estoy alterando mis recuerdos, pero ya desde la primera vez que te vi deseaba volver contigo.

Sin embargo, esa cita no fue nada agradable para mí. Contarte acerca de mis preocupaciones me ponía inestable, pero necesitaba sacar lejos de mí todo ese temor que se manifestaba en las noches como oscuras pesadillas. Al final, me regalaste la consulta. Dijiste que lo hacías como agradecimiento por el servicio que había prestado. No sólo eso, sino que insististe en que debía continuar un tratamiento psicológico para deshacerme del trauma.

Algunas veces fui para que revisaras mi ojo, ya no había mucho que hacer, pero eso dejó de importarme mientras más tiempo pasaba contigo. En un día común, iba a tu consultorio, aunque poco a poco me empezaste a recibir en tu sala de estar; era más cómodo para ambos. Te contaba sobre cómo iban las cosas en casa y con mi trabajo. Al principio, nuestras charlas eran muy específicas, pero recuerdo que en cierto punto sentía como si te lo hubiese contado todo; claro, todo lo malo. Siempre me dejabas ejercicios. Nunca las hacía, de todos modos las pesadillas empezaron a desaparecer con el tiempo.

Paralelamente, averigüé el nombre del orfanato donde vivían las pequeñas y empecé a visitarlas casi a diario. En poco tiempo me encariñé con ellas. Me enamoré de la inocencia y el derroche de dulzura de Dinky, y la inteligencia y astucia de Ditzy. No obstante, no estaba preparada para la sorpresa que me tenían preparada.

Al cumplirse el mes de mi incapacidad, Ditzy me hizo ir hasta la habitación que compartía con su hermana. La noté nerviosa desde que me vio llegar. Cuando llegamos, ella se sentó en la cama y me dijo con un tono serio:

— Mira, Derpy, organicé esta reunión para hablar de un tema muy serio. Dinky y yo ya lo estuvimos hablando, y luego de analizarlo mucho llegamos a la conclusión de que tú debes ser nuestra mamá adoptiva.

Sentí esas palabras como un golpe en el estómago. Con un eufemismo, la vida me había dicho: decide. Mi expresión debió haberla asustado porque en ese momento ella se revolvió en su asiento.

—Sé que eres una adulta ocupada y con un trabajo, así que mi hermana y yo compartiremos los deberes para ayudarte en casa. Y si tu casa no es muy grande, no importa; nosotras no ocupamos mucho espacio, con un sofá podemos compartir— Yo no hallaba la manera de salir de aquella situación, pero eso sólo hizo que ella desesperara—. No, no, está bien. No necesitamos nada de eso, con un colchón como el de nuestra cama podemos, y te prometo que no te molestaremos ni haremos mucho ruido.

—Ditzy, yo quisiera— La interrumpí—; pero… no puedo cuidarlas. Nunca he tenido niñas, sencillamente no puedo llevarlas conmigo.

Vi como los ojos de Ditzy se empezaron a llenar de lágrimas. Ella salió corriendo de la habitación tan rápidamente que no pude atajarla. Salí detrás de ella y la seguí por el pasillo hasta un apartado rincón. Detrás de mí llegaron la voluntaria y la maestra. Estaba a punto de acercarme a la pequeña cuando la maestra me apartó.

—Disculpa todo esto, querida, pero ya llevamos varias semanas sin recibir la medicación de Ditzy. Si no la toma, puede ponerse algo violenta.

No lo podía creer; no tenía ni idea. Según me contó, había experimentado una mezcla de depresión e histeria desde el primer día que llegó. La mantenían medicada para que no se saliera de control, pero su medicina era difícil de conseguir.

No me pude despedir de ella ni de Dinky. Esa tarde caminé cabizbaja de vuelta a casa. Me sentía miserable, sucia y egoísta. En el fondo deseaba haberle dicho que sí, pero pensaba en mi casa, en mi salario y en mis capacidades. Cuando llegué a casa, me recosté sobre la cama y me puse a pensar con dolor en ella. Me parecía imposible que, siendo tan pequeña, tuviese que estar medicada. No, mis niñas no podían continuar así.

Aquel instante fue como una revelación. "Mis niñas". Medité esas dos palabras por varios días. No se trataba de si estaba diciendo algo incorrecto, sentía que salían desde mi corazón. Pensé en ellas y en mí. Me concentré tanto en ellas que, eventualmente, mis problemas no parecían ser verdaderos obstáculos sino simples excusas.

Regresé al orfanato en mis últimos días de incapacidad. Dinky me recibió alegre como siempre, pero Ditzy no quiso ni siquiera saludarme. Sin embargo, ya lo había decidido. Pasé una petición al ejército en la que sacrificaba hasta el último minuto de mis vacaciones a cambio de poder dejar mi puesto durante las tarde, para poder tener tiempo para las niñas. Compré un colchón con el dinero que tenía ahorrado y empecé a buscar colegios por toda la cuidad, pero me dijeron que no podía adoptarla si ella se negaba.

Fui a buscarla hasta su habitación. Estaba cabizbaja, sentada en el piso. No deseaba verme pero no podía dejar las cosas así.

—Hola princesa. — La saludé mientras me acercaba.

—Vete. Si no nos quieres, es mejor que no nos molestes. — Me contestó.

—No digas eso— Le dije de la manera más dulce que puede—, yo te quiero. Las quiero a las dos y también quiero ser tu mamá

—Tú no eres mi mamá— Dijo mientras empezaba a llorar—. Mamá y papá están muertos— Ya no me quedaban más palabras. Me senté a su lado y la abracé. Todo lo que deseaba en ese instante era que dejara de sufrir—. Los extraño mucho, Derpy. ¿Por qué tenían que morir?— Aquella pregunta resonó en mi cabeza, me pareció oírme a mí misma cuando tuve que asistir al funeral de mi padre

—Mi niña—Le dije—, hay ciertas cosas que no podemos controlar. Sé que es difícil quedarse atrás, pero piensa en todo lo bueno que aún conservas. Tu hermana te quiere y te admira mucho. Ella se entristece por ti. Debes ser fuerte por ella. Podemos empezar a vivir como una familia pero no me vuelvas a ocultar tus sentimientos, ¿está bien?

Hubo un silencio durante el cual sólo sentí su respiración en mi cuello.

—Me siento sola, no me gusta cómo se siente. Prométeme que no me abandonarás. — Me dijo con un tono inexpresivo.

—Te lo prometo, mi niña. — Fue lo que le contesté

Ese día terminé de arreglar los asuntos de la adopción. Sin embargo, al ser madre soltera quedé en un periodo de prueba, durante el cual debía recibir un delegado en mi casa y el decidiría si las niñas estabas viviendo en condiciones adecuadas, y si podrían permanecer conmigo.

No mentiré, hice lo que hice con un profundo cariño. Lo hice porque sabía que, en el fondo, las tres nos necesitábamos; pero aquella primera noche en que las niñas compartieron mi cama mientras yo me quedaba en el colchón, no fui capaz de conciliar el sueño. Estaba aterrada ante el drástico cambio que le había dado a mi vida.