3. El príncipe de los engranes

No le dejaba de parecer extraño, se había acostumbrado a ver su pelo ondear mientras caminaba; no era que le desagradaran los cambios, pero este era uno de tantos que le costaba trabajo entender.

—¡Hermano, deja de tontear y camina más rápido! —Le gritó la pequeñita que con todo y tener una zancada corta le llevaba ya un buen tramo de ventaja.

Clemont apuró la marcha, tanto que la pesada mochila que siempre llegaba consigo le hizo perder el equilibrio en más de una ocasión mientras corría para alcanzar a sus amigos.

Ash, risueño como siempre, mantenía una confianzuda sonrisa en su rostro.

—¡Seguro tú también te mueres de la emoción por nuestro futuro enfrentamiento! ¿No es así?

—Ah… ¡Claro, será un gran combate! —Exclamó el líder de gimnasio aunque no tan eufórico como su amigo y futuro contrincante.

En efecto, ahora Ash poseía las cuatro medallas que le había solicitado para poderse enfrentar a él y sus pensamientos habían rondado únicamente en ello… hasta la semana pasada.

Al terminar el espectáculo, el grupo se dirigió al camerino de Serena, era obvio que no se encontraba bien después de haber perdido de ese modo. Recordó lo quebrada que se escuchaba su voz y las palabras llenas de esperanzas rotas que de a poco se iban perdiendo entre los ánimos que Ash le daba; se volvió a mirar callado y observando cómo era su hermana quien la consolaba con un tierno abrazo.

No era que no le tuviese el más mínimo afecto, pero no estaba acostumbrado. Su mundo desde niño habían sido máquinas y lo más cercano a un amigo que había tenido era el Shinx que ahora era un Luxio. Cuando algo salía mal bastaba ir por sus herramientas, abrir la máquina, cambiar un par de cables y ¡listo! Pero la gente era bastante más complicada que eso, o al menos, siempre lo vio así… hasta que conoció a Ash. Sin duda ese chico tenía una habilidad que jamás había visto: en donde quiera que se presentara, le bastaban un par de palabras y una actitud siempre positiva para hacer buenas amistades… ¡Y ahora ellos eran amigos!

¿Cómo lidiar con esos problemas que implican a personas de carne y hueso? Quería hacer sentir mejor a Serena y quería sentirse mejor él mismo sin tener que luchar contra él. ¿Cómo se supone que se arregla el engranaje del corazón? Y los pensamientos no lo dejaron dormir en toda la noche.

Cuando despertó no encontró a su compañera de viaje, el chico de Kanto dormía como Snorlax sobre su cama. Después de un rato bajó a la sala donde se encontraba, daba la impresión de qué se preocupaba más por ver qué iba a desayunar que por lo del día anterior.

—Uh… Ash… ¿En verdad crees que Serena se encuentra bien?

—¡Claro que sí! —Respondió sin pensárselo dos veces—. Serena es una chica fuerte y confío en ella.

Tal vez todo se resumía a ello… Confiar… Tener fé en los demás y esperar que todo saliera bien… ¿Pero realmente era así? Lo calculador de su mente le decía que no.

—Tal vez… hay algo que podamos hacer… ¿no?

—¿Cómo qué?

Antes de poder responder, la joven dama apareció como una visión angelical, no sólo su aspecto había cambiado, sino también esa expresión de melancolía se había transformado en el rostro de quien cree que el mañana siempre será mejor. Intercambiaron un par de palabras y posteriormente ella fue a la cocina a preparar Pokélitos para festejar su cambio de look. Ash le siguió, posiblemente porque moría de hambre más que otra cosa, pero antes de perderlo de vista, este volteó y lo miró a los ojos.

—¿Ves? No había nada de qué preocuparse. Siempre cree en los demás.

Ash era de los que creía en muchas cosas y a él, como chico de ciencia, le costaba bastante más trabajo aferrarse a la idea de que a veces las cosas pasaban porque el destino quería que aprendieses una linda moraleja, y que con un poco de optimismo todo salía bien al final de la historia.

No, uno mismo debía tomar las riendas de su destino. Y lo que él deseaba era ser un buen amigo, para los dos.

—Ash… necesito hablar contigo un momento. —El resto del grupo paró en seco al oír a Clemont hablando tan seriamente.

—¿Qué pasa? ¿Es algo sobre el enfrentamiento?

—Sí… bueno, algo hay de ello. Ash, yo sé que no hay nada que desees más que tu próxima batalla y en verdad yo también muero de ganas por tener ese duelo.

—¡Yo también muero de la emoción! Pero debemos esperar a llegar al gimnasio, no creo que cuenten la medalla si peleamos aquí mismo. —¿En verdad ese hombre sólo pensaba en luchar?

—¡Ah! ¡No me refería a eso! —el entrenador del Pikachu al hombro quedó sorprendido por ello— Ash, creo que lo mejor será posponer nuestra batalla, al menos por un tiempo.

—¿¡Qué!? —En verdad no se esperaba eso—. ¿¡Pero por qué!?

—Hermano… ¿No me digas que te has vuelto un gallina?

—¡Bonnie, no digas eso! Ash yo… ¡Me niego a tener un combate contigo hasta que Serena tenga al menos una llave!

Serena también se asombró por la reacción del líder eléctrico, pero igualmente sintió bastante confusión… ¿Qué pintaba ella en ese asunto?

—Hay que ser justos, tú siempre has tenido tu sueño claro y ahora tienes cuatro medallas en tu poder… pero ella recién empieza y creo que es importante que la apoyemos a dar su primer gran salto.

—Chicos, chicos, no se preocupen por mí, no me gustaría ser un estorbo para nadie, en verdad estoy bien.

—¡Serena, Serena! ¡Yo quiero que ganes muchas veces y que seas muy feliz! —Animó la pequeña rubia y ella le agradeció con su mejor sonrisa.

Por otro lado, Ash no expresaba la misma alegría que el resto y ella lo notó. En el fondo eso le dolió. Se preguntaba si Clemont sabía -o al menos se sospechaba- algo sobre los sentimientos que le guardaba al azabache y si su idea era más un pretexto para… no, en verdad era preocupación genuina por querer que ella no se quedara 'rezagada' ante las constantes victorias del entrenador. Y en verdad le estaba agradecida por ello.

Una de las cosas que más admiraba de Ash era su dedicación y amor por los combates, y ella deseaba tener algo de esa valentía y fortaleza, pero a veces la invadía la duda si aquel mundo era en verdad lo más importante en su vida, como si toda a la gente a su alrededor no fuesen más que… instrumentos… para llegar a su objetivo.

Si Clemont lograba su objetivo, no sólo apoyaría a Serena, también tendría más tiempo para aclarar las dudas que él también tenía en su cabeza.

—Bueno, si esa es tu condición, entonces acepto. —¿En verdad esa había su respuesta? ¿Acaso ella no era una buena amiga sino una 'condición' para poder llegar a ser un Maestro Pokémon? La chica tragó amargo. Definitivamente el camino al infierno siempre está pavimentado de buenas intenciones—. ¿Tienes algo en mente?

—Por supuesto. —Clemont sonrió ocultando su mirada tras sus gruesos lentes, eso sólo podía significar algo… tenía un nuevo invento preparado.