Amor ciego.
Disclaimer: Star Trek no es de mi propiedad.
2. El trabajo.
Bones se despertó a causa de unos golpes dados en la mesita de noche de al lado de su cama, desorientado ante el ruido incorporó medio cuerpo, apoyándose en su costado derecho. Alzó la mirada soltando una maldición, encontrándose con el rostro sonriente de Jim que le instaba a levantarse para recibir el nuevo día.
—Arriba Bones, es hora de levantarse. —Le instó alejándose de la cama, cogiendo su chaqueta del uniforme.
Leonard se sentó en la cama, pasándose una mano por el pelo un poco confuso. Sin duda le había ocurrido algo, bueno sin duda, pero algo al fin y al cabo. Jim y madrugar en la misma frase solo se veía bajo la premisa de: «Jim ha madrugado porque no ha dormido por la noche».
—¿Puedes explicarme cómo es posible que a la persona que siempre se le pegan las sábanas esté felizmente despierto?
—Ya te lo dije, hoy voy a mi entrevista de trabajo. —Explicó poniéndose las botas y tarareando una canción. —Además no es culpa mía que las sábanas se me peguen, son ellas las que se pegan a mí. Me quieren demasiado.
—Ya claro, como no. —Masculló Bones mientras tomaba el despertador para ver la hora. —Jim es muy temprano, aún quedan más de dos horas para que empiecen las clases. Vuelve a echarte, anda.
Jim negó.
—Lo sé, pero antes quiero que vayamos a desayunar con Scotty y Keenser, seguro que me acaban animando aún más.
Bones se levantó finalmente, mascullando un «ya voy», mientras que Jim continuaba tarareando aquella canción. A Jim le encantaba la música y las películas sobre todo, porque no tenía que leer descripciones sobre un cielo que no veía ni de árboles que tan solo podría tocar.
Por ello Leonard se había acostumbrado a escucharle tararear, tocar la guitarra, poner música de todo tipo (básicamente de rock clásico) y canturrear en voz baja de tanto en tanto… vivir con Jim era como haberse caído en una película de adolescentes americanos: canción tras canción combinados con sentimientos.
Ya vestidos salieron del cuarto que compartían, tomando el desayuno preparado a medias. Atravesaron los dormitorios, pasaron dos edificios más hasta entrar en ingeniería y llegaron hasta donde estaban Scotty y Keenser; dormidos en la zona de trabajo y quejándose de la mala comida que les llevaban sus compañeros de jornada.
—¡Buenos días! —Exclamó Jim, sentándose en la silla que Bones había retirado para él, tras haberse dejado caer en la continua.
Kenseer les miró, bajando del reactor donde le había dado por sentarse ahora, Scotty metió un bote, frotándose los ojos desorientado. Les miró con el ceño algo fruncido, pero al ver el desayuno enseguida se le fue cualquier tipo de molestia. La comida, la buena comida, era capaz de quitar cualquier malestar en el escocés.
—Venimos a celebrar que voy a una entrevista de trabajo. —Dijo triunfante Jim, tomando un sándwich por cortesía de Bones, que mascullaba algo acerca de que no debía celebrarlo aún sin saber cómo le iría.
—¿Sobre qué? —Preguntó el ingeniero, devorando la magdalena que le habían llevado.
—Es, básicamente, de secretario con algunos tintes de becario y segundo ayudante. Han descubierto dos sistemas planetarios y necesitan una clasificación para los planetas. —Explicó con el vaso de café en la mano. —Lo importante es que me pagarán y, cuanto antes y mejor salgan los proyectos, más me darán.
—Aún no es seguro.
—No seas así, seguro que lo consigues. —Apoyó Scotty mojando la tostada con mermelada en el café.
Bones rodó los ojos, Jim rió y agradeció el apoyo.
—¿En qué trabajas hoy? —Preguntó tras mirar a Bones con cara de «yo gano».
Scotty señaló los padd y piezas ante él, dejando a un lado el vaso de café al que había echado un chorrito de medicina de la petaca que escondía, entiéndase alcohol como medicina.
—¿No lo ves? —Preguntó. —Pensé que eras más listo.
Bones fue a decir algo pero Jim lo paró, poniéndole una mano sobre el antebrazo con una sonrisa reconciliadora. Porque se negaba a que supiesen que era ciego, lo tratarían como a un tullido, con pena, no le gritarían a la cara ni le insultarían de la misma forma que se le insulta a alguien que ves igual a ti.
—No, no lo veo. —Contestó con una sonrisa divertida.
Sin mayores incidentes terminaron el desayuno, despidiéndose de Scotty y Keenser, a los que Jim catalogaba como un matrimonio de ancianos (donde Scott era la mujer) debido a sus constantes peleas. Salieron de ingeniería, rumbo al edificio central otra vez, pese a que Bones seguía un poco molesto.
Aunque no era culpa de nadie: Bones tenía complejo de padre protector y él nunca había tenido un padre que le protegiese.
—¿Cómo es Spock? —Preguntó para romper el hielo, tras haber pensado mucho en ello.
—Un duende verde de orejas puntiagudas. —Respondió de inmediato, haciendo a Jim reírse fuertemente pues se había imaginado un duende de Papá Noel verde con cara y gesto serio.
—Esa ha sido buena, pero quiero saberlo. —Pidió. —Se que tiene el pelo corto, las orejas puntiagudas, es de mi estatura o más alto (unos insignificantes centímetros) y, deduzco, que dices que es verde por su sangre ya que he leído que son de color carne.
Bones rodó los ojos, pensando en que le hubiese salido mejor a ver recogido un perro callejero abandonado, aunque no hubiese mucha diferencia entre Jim y estos.
—¿Cómo sabes todo eso?
—Porque en ningún momento le oí apartarse el pelo ni que este se moviese, además me has confirmado lo del color (que era una idea basada en los libros); igual que las orejas, rasgo común en los vulcanos. Y la estatura la deduje por el golpe.
—No sé qué quieres que te diga que no sepas ya. —Dijo mientras entraban en el edificio de las clases.
—¿De qué color son sus ojos? —Quiso saber antes de alcanzar el aula donde darían la primera clase del día.
—Oscuros. —Respondió sin más detalles, abriendo la puerta para que pasase de una vez.
—¿Solo oscuros? —Jim frunció el ceño. —Desde luego eres pésimo para las descripciones ¿cómo ligabas con las chicas?
—Sabía montar a caballo, ahora siéntate, soy médico por Dios, no poeta. —Masculló sentándose en su sitio acompañado por Jim, que reía suavemente.
Bones era genial, siempre le ayudaba, sin embargo no creía que los ojos de Spock fuesen solo oscuros, pues el cielo no era solamente azul. Estaba lleno de tantas cosas que la bóveda se hallaba a veces sobrecargada, por ello pensaba en cómo se verían los ojos de una persona que debía callar sus sentimientos.
¿Serían como el agua? Tal vez tranquilos, tal vez tormentosos, o tal vez una perfecta combinación de ambas…
La clase empezó puntualmente, como todos y cada uno de los días, con un profesor que explicaba quedándose pillado a ratos y siendo apasionado a otros. Sonaba como un disco rayado, aún así era un buen hombr… no era humano si mal no recordaba, así que mejor dejarlo en que era un buen macho, porque esperaba que lo fuese pues con esa voz…
Sacudió la cabeza, espantando las posibles ideas que asediaban su imaginación. Como siguiese así acabaría visitando al psicólogo y mandando a este al loquero de los loqueros.
Tras las clases Jim fue a la entrevista del trabajo, acompañado por un temeroso Bones que encontraba uno y mil fallos a la idea. Entraron en el despacho y a los oídos agudos del rubio llegó una voz conocida hablando neutralmente con dejes de ironía. Eso sí que era una gran coincidencia, pensó divertido.
—¿Señor Spock? —Preguntó con una sonrisa, oyendo como el aludido se giraba.
—Cadete Kirk. —Dijo como respuesta, preguntándose qué haría el muchacho ahí ¿buscar trabajo, tal vez?
Un sonido de sorpresa familiar llegó a sus oídos y Jim no pudo evitar mirar a otro lado, como disimulando que no había visto quien era y que, por ello, la otra persona no le había visto. Lástima que ese truco no funcionase.
—Jim, ¿qué haces aquí? —Preguntó el Capitán Pike mientras se levantaba de su silla y caminaba hasta él en grandes zancadas preocupadas.
No había hablado con el muchacho desde que le dijeron que con su ceguera no podía llegar a ser Capitán. Recordaba que Jim simplemente había asentido y pedido permiso para retirarse, tan formal y carente de emociones que se había sentido culpable en sumo grado.
—Vengo a conseguir el puesto de trabajo, Capitán Pike. —Anunció seguro, con una sonrisa de autosuficiencia pintada en su rostro.
Porque él podía hacerlo, debía de poder hacerlo.
—De acuerdo. —Cedió el Capitán. —Entrégame tu currículum y ve a sentarte con los demás, luego vendrás aquí para la segunda parte de la entrevista.
—Sí, mi Capitán. —Le saludó militarmente mientras que su mano izquierda se agarraba al antebrazo de Bones, quien le guió hasta los demás cadetes.
Una vez sentados Bones se le acercó al oído, sumamente nervioso y alterado, no era una buena idea.
—Jim estás loco. —Le espetó.
—No tengo otra opción, Bones, es esto o no me quedará nada en la vida. —Respondió decidido.
Bones bajó la mirada y negó sutilmente, con una conocida opresión sobre el pecho. Ese niño iba a matarlo cualquier día, lo veía en primera plana del periódico, sobre todo porque después Jim moriría haciendo una locura.
—Tú ganas, te ayudaré a dejarte en evidencia. —Sentenció al final, dándole un suave golpe en el hombro para que se sentase con la espalda recta.
Ser ciego no era excusa para no sentarse bien.
—Gracias Bones. —Susurró Jim divertido. —Creo que podremos hacerlo a lo grande, para que quede grabado en los anales de la historia de la Academia para siempre.
Jim río y Bones sonrió.
—Cadete Kirk, puede pasar. —Anunció una mujer a la que Jim reconoció a duras penas.
Bones lo acompañó hasta la puerta, le dio unas palmadas en el hombro y le dejó entrar solo, con el estómago hecho un nudo de nervios. Jim por su parte se sentó con una sonrisa, dando el número de pasos que el médico le había dicho que debía dar, ni uno más ni uno menos.
—Bien Kirk. —Empezó el Capitán, sentado al lado de Spock (por lo que Bones le había chivado). —¿Padece algún problema que debamos tener en cuenta o no parezca en los informes que ha dado?
Jim sonrió y negó con la cabeza. No había puesto que era ciego y no era nada a tener en cuenta para ese trabajo, por mucho que pudiese molestar a Pike.
—Nada relevante Capitán Pike.
Pike frunció el ceño, debatiéndose internamente. ¿Debería decir algo o callar? Era una decisión realmente difícil.
—Comencemos el examen entonces. —Zanjó Spock, ajeno a la mirada reprochadora del Capitán. —Responda con brevedad y acierto cadete Kirk.
—Lo haré encantado, señor Spock.—Dijo guardándose cualquier posible gracia que pudiese restarle puntos en la entrevista.
Ya jugaría a molestar a Spock luego.
Continuará...
Segundo capítulo listo, espero que os haya gustado.
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