Gracias por sus reviews en el prefacio a:
gaby twirocker
. Addiction Studio
Alejandra de Cullen
maje. wolf

Gracias por sus reviews en el cap. anterior a:
maeling
maje. wolf
Alejandra de Cullen
gaby twirocker
Erandi Evans Cullen
Ellizzle


Summary
Alice: Edward y Bella presenciaron la muerte de ambos en Italia, juraron volver a encontrarse para seguir amandose. ¿acaso se verán en el cielo?
Bella: Esme y Carlisle Cullen apostarian su existencia a que Edward y yo somos sus hijos reencarnados. Segun ellos murieron hace 18 años...¿como es que murieron? y ¿como es que estoy tan interesada en el chico de cabello cobrizo?
Edward: Desde que se mudaron mis primos, tanto los Cullen como los Hale se han convertido en mis mejores amigos. Siento como si los conociera desde hace mucho tiempo. Ellos siempre dicen que soy identico a su difunto hermano y que Bella lo es a la novia de el. ¿que tan cercano es el parecido? y ¿por que me pierdo tan facilmente en los ojos achocolatados de esa chica tan torpe, la mejor amiga de Alice?
Disclaimer: (xq toda la gente pone esto?... si estamos en FanFiction??? y obviamente sabemos que el autor es alguien mas y que...) nada de esto me pertenece los personajes son de Stephenie Meyer.

Historia dedicada a Daddy's Little Cannibal, porque ella fue, es y será una de las grandes por siempre.

"We all die. The goal isn't to live forever, the goal is to create something that will."
-Chuck Palahniuk


2. NUEVOS AMIGOS

ISABELLA MARIE SWAN.

"El tiempo pasa incluso aunque parezca imposible, incluso a pesar de que cada movimiento de la manecilla del reloj duela como el latido de la sangre debajo de un moretón. El tiempo transcurre de forma desigual, con saltos extraños y treguas insoportables, pero pasa. Incluso para mí."

Corría para salvar algo mas valioso que mi propia vida, los pulmones me dolían por la falta de aire, pero no importaba porque me tenía que dar prisa, tiempo era lo que necesitaba, y era justo lo que ya no tenía. Me sentí aliviada al notar que en medio del gentío en la abarrotada explanada había un espacio vacío, me abalance con urgencia para llegar a tiempo, las campanas rugían feroces ahogando todo sonido; me golpeé la espinilla con los ladrillos de la fuente que no había notado y trastabille hasta caer de bruces dentro de la fuente; di un manotazo, furiosa por mi propia torpeza y me puse en pie con la peor perspectiva posible, lo había arruinado y lo sabía. Yo acababa de destruir toda esperanza posible gracias a mi infinita estupidez.

Seguí mi carrera, la pierna me dolía mucho y note que estaba sangrando pero no me importó. Mi único deseo era poder estar cerca de él otra vez, una última vez, había fallado y ya no tenía ganas de seguir viviendo.

Entonces escuche jadeos, murmullos y exclamaciones de sorpresa, las miradas se dirigían hacia la entrada de un callejón, señalaban destellos multicolor, iguales a los de un prisma. Una campanada causo estragos en mis oídos y en mi interior. ¿Era posible que un sonido destrozara un corazón?

— No — jadeé mientras corría.

Entonces lo vi, el era lo que buscaba con tanta desesperación. Era el ser más hermoso que existía en el planeta, en el universo entero. Estaba inmóvil como la escultura de algún dios pagano de la belleza, su piel era pálida como (inserte cosa blanca) sus ojos cerrados, marcados por unas profundas ojeras purpuras, tenía el cabello de un extraño pero hermoso tono cobrizo y los brazos relajados a ambos lados del cuerpo, con las palmas vueltas hacia arriba, era delgado, pero musculoso. La palabra que mejor se me ocurría para describirlo solo podía ser una: perfecto. Una máscara de sufrimiento cubría sus facciones pero paulatinamente se convirtió en una expresión de tranquilidad.

Grite algo pero sin estar segura de haber producido sonido alguno. El chico perfecto elevo ligeramente la comisura de sus labios produciendo una sonrisa torcida robándome aun más el aliento, si eso era posible; con una zancada me estrelle directo contra su pecho, el me rodeo con sus brazos protectores y mi cabeza quedo echada hacia atrás, sus largas pestañas negras se elevaron, revelándome sus hermosos ojos de topacio liquido, me dedico una sonrisa que me dejo completamente... deslumbrada.

Dos figuras negras se materializaron de la nada y separaron nuestro abrazo, el gritaba... le estaban causando dolor. Entré en pánico, no podía hacer nada para defenderlo, el sufría y yo era inútil. Nos arrastraron a un callejón, le decían cosas que no entendía y el seguía gritando, el dolor estaba impreso en su rostro. Entonces el tipo que lo sujetaba mordió su cuello y yo grite de horror, el otro sujeto me dio un golpe y caí al suelo.
— ¡Bella! — gritaba el desgarrado mientras todo se volvía negro...

Abrí los ojos y me encontré con el techo de mi habitación, me talle los ojos que estaban completamente empapados al igual que mi almohada. Suspire y fruncí el ceño, mire a través de la ventana, aun no amanecía, de hecho faltaban varias horas para que lo hiciera. Dirigí la vista hacia la puerta de mi habitación, mi mamá me observaba con ternura y preocupación en los ojos. Me senté en la cama.

— ¿Estás bien? — preguntó en un cálido susurro.
— Supongo — me encogí de hombros y busque mis gafas en la mesita de noche — ¿Estaba gritando? — me coloque los lentes, mordí mi labio inferior avergonzada.
— No, querida — mamá se acerco y tomo asiento en mi cama, la miré con aprehensión, sabía que mentía — bueno, un poquito — acaricio mi cabello mientras yo me frotaba los ojos.
— Lo siento — musité y ella me abrazó.
— No te preocupes mi cielo — le respondí el abrazo — me gustaría poder hacer algo para ayudarte.
— Y a mí me gustaría hacer algo para evitarte esto todas las noches — detestaba tener que despertar a mi mama a mitad de la noche por una pesadilla.
— Cariño, no te preocupes por eso, lo importante eres tú. — Me dio un beso en la cabeza — cuéntame que fue.
— Ya lo sabes de memoria — suspire desesperada — esta vez tenía los ojos color topacio — sonreí, los ojos del chico perfecto de mi sueño a través de los días cambiaban de color, iba desde el dorado hasta el negro azabache, pasando por el tono de la miel y del caramelo derretido. Pero sin salirse de ese esquema de color.
— Que hermoso — sonrió acariciando mi mejilla — me gustaría conocerlo algún día.
— Y a mi — reí sin ganas — creo que mejor volvemos a dormir o papá nos regañara a ambas cuando regrese — sonreí ante la posibilidad
— Tienes razón, además mañana es tu primer día de clase en este curso.
— Hum. — gruñí para mis adentros.
— Vamos, anímate, supe que van a entrar 4 estudiantes nuevos a tu escuela, alguno de ellos irá en tu curso. — Genial. Más gente frente a la cual sentirse incomoda. — Bueno, descansa — repuso en cuanto vio que no ponía entusiasmo. Salió de mi cuarto dirigiéndome una última sonrisa.
Me dejé caer en la cama y le di vuelta a la almohada empapada. Mañana seria un largo día. Le dirigí un vistazo a la ventana, al menos mañana estaría nublado, no sabía porque, pero el sol y yo no éramos amigos. Deje que mis parpados se vencieran para obtener un poco de sueño.

...

La alarma de mi reloj sonó, tome mis anteojos, me puse en pie y tome mis cosas de aseo personal, ropa limpia y me encamine al tocador. Me mire en el espejo: mi cabello era una maraña, definitivamente había pasado una mala noche; desenrede mi cabello, cepille mis dientes y me vestí deprisa mientras recordaba mi sueño, alguien como yo nunca estaría a la altura del protagonista; tenia la piel muy blanca, el cabello café y los ojos color marrón, era delgada, pero debilucha, además mis labios estaban mal proporcionados, el inferior era más grande que el superior. Yo era exactamente lo que podría considerarse una persona normal, quizá demasiado, con las excepciones de que estaba ciega como un murciélago, era más torpe que una tabla y la cuestión de socializar no se me daba para nada bien.

Salí del baño y me encontré con mi papá que había llegado de trabajar hacia dos horas aproximadamente, era doctor y por ahora le tocaba la guardia nocturna.
— Isabella, mi niña, supe que pasaste una mala noche — entrecerró los ojos dando un largo suspiro.
— Supongo que fue por los nervios, ya sabes los inicios de curso son como mi tortura personal — sonreí ligeramente — ¿todo bien en el trabajo?
— Si, estuvo tranquilo, por fortuna no hubo ninguna emergencia. — Asintió muy feliz — parece que ya tendré compañía, otro colega se acaba de mudar y acepto gustoso la guardia nocturna.
— Ah, bueno — me alegre por ello — ¿es agradable?
— Según lo que he escuchado si lo es, no lo conozco personalmente... — soltó una risa como si recordara algo divertido — pero las enfermeras que lo han visto ya están enamoradas de el — enarque una ceja, incrédula — lo siento por ellas, está casado y tiene cuatro hijos.
— ¿Cuatro? — inquirí mientras nos dirigíamos a la cocina
— Si, de hecho van a asistir a tu escuela — mamá ya nos había servido el desayuno a ambos — alguien me comento que es primo lejano del Sr. Cullen.
— Hum. — desayunamos en silencio y cuando termine subí a lavarme los dientes.
Mi papá siempre me llevaba a la escuela, me despedí de mamá que me deseo un buen primer día de clases. Esperaba que su deseo fuera escuchado en el cielo. Llegamos al instituto sin contratiempo alguno, baje del auto y mi papá me aseguro que tendría un buen día. Sonreí y también quise creer en ello.

Mi primera clase era inglés con la señorita Gómez. Llegue temprano y busque un asiento disponible al final del salón, tuve suerte al encontrarlo. Me senté y saque un libro que conseguí en las vacaciones. Minutos después el timbre sonó y la profesora entró. La clase fue sencilla, solamente recordamos algunas cosas del año anterior minutos antes de finalizar la clase la profesora tomo asistencia.
— Presente — una voz de soprano respondió al nombre de Alice Cullen, una de los chicos nuevos.
Volteé a verla con discreción y mi mandíbula cayó, era pequeña pero era la muchacha más hermosa que había visto, tenia cabello negro y corto, con cada punta apuntando hacia un lugar diferente, sus facciones parecían haber sido esculpidas por un gran artista.
Un silencio predomino en el aula, los demás también la observaban embobados, y el hecho de que el alumno que seguía en la lista estuviera ausente no era de gran ayuda. Ella pareció ni siquiera inmutarse por ello.
— Dowling, Ashley. — la profesora repitío, sacandonos de nuestra distracción y Ashley trató inútilmente de imitar el tono musical de Alice.
Dirigí otro vistazo a Alice, que parecía consternada por algo, ella observaba con los ojos entrecerrados un asiento vacío a su lado izquierdo. Finalmente soltó un bufido y cruzo sus pequeños brazos sobre su pecho.
— Swan, Isabella Marie — la chica nueva: Alice se puso rígida, volteo a verme y una sonrisa cruzo sus labios. Saco un pequeño celular plateado, escribió rápidamente lo que supuse era un mensaje de texto y lo envió.

La clase termino y recogí mis cosas lentamente, mi libro resbaló, pero unas níveas manitas lo salvaron de caer. Levante la vista y vi a su salvadora, si, era hermosa; ahogue un grito al ver sus ojos, eran como el topacio liquido y brillaban con emoción.
— Alice Cullen — me acerco mi libro y me dio una sonrisa que le llego hasta los ojos. — Soy nueva y espero que podamos ser amigas — dijo con una risita que asemejaba el sonido de campanillas.
— Isabella Swan — respondí con otra sonrisa — un placer Alice, ¿te acabas de mudar?
— Sip, mi papá fue transferido al hospital central — nos encaminamos a la puerta.
— Es el nuevo colega de papá — sonreí
— Supongo que sí — seguía mirándome con alegría — disculpa, ¿te puedo decir Bella? — me sorprendió, todos me decían Isabella, no era que me gustara pero me daba pena pedirles que me llamaran así, solo mi mamá lo hacía.
— Claro — respondí sonrojándome — me gusta más.
— Bella, ¿te molestaría mucho si te presento a mis hermanos? — Entrecerró los ojos y puso cara de petición — tu sabes, como somos nuevos y no conocemos a nadie.
— No te preocupes Alice, te entiendo — tropecé con el borde de la puerta y me sonroje automáticamente — me encantaría conocer a tus hermanos
— Gracias Bella, les vas a encantar.
— Encantar son palabras fuertes — musite para que ella no me oyera.
— Lo sé y lo digo en serio. — respondió. — creo que no estaremos juntas en las siguientes dos clases — hizo cara de puchero.

Dimos vuelta al edificio y Alice agito la mano para saludar a dos chicos y una chica, todos ellos sorprendentemente atractivos, se acercaron y Alice los presentó
— Mira, que suerte están todos, — sonrió y comenzó con las presentaciones — Emmett, mi hermano — de cabello negro rizado, era alto, musculoso y tenía un aspecto amedrentador — Rosalie y Jasper Hale, son mis primos, sobrinos de Carlisle — señalo al joven y a la chica rubios, corrección, Rosalie era la muchacha más hermosa que había visto en mi vida, ella a diferencia de Alice era alta y tenía un cuerpo escultural, Jasper, por su parte era más delgado que Emmett pero también era musculoso.
Los Cullen y los Hale me observaron interrogantes por unos segundos.
— Un placer — respondí sonrojándome por ser el foco de atención de tanta gente.
— Les presento a Isabella Marie Swan — continuo Alice con un tono que sería mejor empleado para decir: les presento la ciudad perdida de Atlántida — pero nosotras preferimos llamarla simplemente: Bella — Los Cullen abrieron los ojos desmesuradamente y una sonrisa atravesó sus rostros, al igual que un brillo en sus ojos.
— Un gusto Bella — Rosalie rompió el silencio incomodo, dio un paso enfrente y me estrecho en sus brazos.
Los chicos también me abrazaron, haciendo que me sonrojara mas, Alice le tuvo que pedir a Emmett que me soltara porque me costaba respirar. Mis lentes cayeron y escuche el jadeo de alguien.
— No puede ser — susurró Jasper — es sorprendente.
— ¿Qué? — Exclame nerviosa — ¿que pasa?
— No es nada Bella — Rosalie me dirigió una sonrisa y le dio un suave codazo a Jasper — es solo que a Jasper le recuerdas a alguien.
— No solo a Jasper — agrego Emmett que me acercaba los lentes — creo que es obvio el parecido que tienes con... ella.
Iba a preguntar a quien se referían pero me detuve al ver que la expresión de sus rostros cambio a una máscara de tristeza cuando Emmett dijo la segunda frase.
— Pero bueno, no hay que ponernos tristes — Alice le dirigió la mirada a Jasper.
Al parecer las palabras de Alice tuvieron el efecto deseado porque la felicidad se volvió a sentir en el ambiente. El timbre sonó y nos despedimos alegremente. La clase de Jasper estaba cerca de la mía por lo cual se ofreció a escoltarme hasta allí.

— ¿Cuando se mudaron aquí? — Le pregunte a Jasper.— Nuestras cosas llegaron el viernes en la mañana — respondió — y nosotros llegamos el sábado en la noche.
— Ah, ya — una chica me dirigió una mirada asesina al ver a mi acompañante — ¿Y desde donde vienen?
— De Alaska
— Debió ser un viaje muy largo — el asintió con una sonrisa — ¿Y porque se mudaron? — me sonroje por la curiosidad excesiva en mi pregunta.
— No te preocupes — rió por lo bajo —, nos mudamos porque Carlisle quería conocer a uno de sus primos — se detuvo en la puerta de mi salón y me dirigió una sonrisa — además el Hospital Central le ofrece muy buenas oportunidades.
— Hum. — Asentí — un gusto Jasper.
— Igualmente, señorita — me quede embobada en el tono caramelizado de sus ojos — supongo que nos veremos al termino de esta hora.
Dicho esto solo hizo un gesto con la mano y siguió a su clase. El señor Anderson entró a la mía y busque un asiento libre.

— Hola Isabella — me saludo Stephanie en cuanto me senté a su lado. — ¿que tal tus vacaciones?
— Bien, conseguí varios de los libros que quería — apunte emocionada — ¿Y las tuyas?
— Geniales, mi hermana y yo fuimos de vacaciones a Florida.
— ¡Que bien!, ¿sus padres no fueron?
— No, nos quedamos en casa de unos tíos. — me dio una amplia sonrisa.
— Genial, que bien que se divirtieron.
— Si, yo creo que regresaremos para las siguientes vacaciones. Y te reitero la invitación, deberías salir más, ¡divertirte!... la vida es corta. — su mirada se perdió un momento en el espacio...
— Si, lo haré— Necesitas un poco de carácter chica
— Steph... ¿te puedo pedir un favor? — ella volteo y me miro extrañada, nunca le pedía nada que no fuera estrictamente necesario — No me digas Isabella, no me gusta.
— ¡Oh, por Dios! — Abrió los ojos desmesuradamente y pensé en retractarme — no creí que funcionara... tan rápido — me dirigió una sonrisa — ¿Por que nunca me dijiste? nos conocemos prácticamente desde el jardín de niños. — me miro con una falsa indignación — ¿entonces como debo llamarte? — pregunto con una sonrisa.
— Pues... hace rato una de los chicos nuevos me llamó Bella y me gustó.
— Bella... me gusta — volvió a sonreír.

Stephanie era mi mejor amiga desde que éramos niñas, ella solía defenderme cuando los otros niños me hacían bromas pesadas o se burlaban de mí. Un día en la escuela primaria mordió a Lilian, una niña que me había pegado y roto mis anteojos. Lilian salió corriendo y gritando que Steph se iba a comer su brazo y cada vez que la veía le decía caníbal. Desde entonces Jo, su hermana gemela y sus amigos le decimos así. "Canibalito" no podía estar más lejos de ser mala persona, ella era la chica más dulce, solidaria, divertida y buena amiga que alguien pudiera imaginar.
Y por otro lado Lilian, la chica insoportable seguía siendo nuestra compañera de curso, y si, seguía siendo insoportable, bueno ahora más porque se había convertido en la líder del equipo de porristas, lo cual la elevaba aun más en la escala de "popularidad" y presunción en la escuela. Y, si, ella nos seguía odiando y molestando.

— No se necesita cerebro para agitar los brazos — había dicho Steph un día que veíamos una de sus prácticas.
— Supongo — musité — pero si coordinación.
— ¿En serio te gustaría ser una de ellas? — las señalo con un dedo.
— No... Bueno, quizá sería divertido. — ella puso los ojos en blanco y soltó una risa.
Se había puesto de pie y empezó a imitarlas frente a mí con una sonrisa completamente falsa.
— Muy bien, entendí — solté entre risas — no sería buena idea.

...

Cuando termino la clase Jasper me esperaba afuera del salón. Steph me dio un codazo juguetón y lo señalo.
— Nos vemos Bella — Stephanie se desvió para darnos "privacidad"
— Si, adiós canibalito — me sonrió, abrió la boca y cerro la mandíbula, haciendo que sus dientes sonaran.
— ¿Canibalito? — inquirió Jasper después de que Steph se fue.
— Si, larga historia, Steph es mi mejor amiga.
— Me agrada, parece una persona feliz.

Su teléfono vibró, saco un celular muy parecido al de Alice, leyó un mensaje y sonrió.
— Muy interesante — vio mi rostro interrogante y solo dijo: —. Nunca apuestes contra Alice.

Jasper y yo caminamos hacia mi salón mientras que le contaba acerca de Steph y el parecía divertido y feliz de que tuviera una amiga tan buena.

Mi siguiente clase fue realmente detestable, no porque fuera mala en español o porque el profesor Smith me desagradara, sino porque Lilian estaba en ella. Cada vez que se ponía de pie, cosa que hacia seguido, pasaba a mi derecha, me empujaba, señalaba y cuchicheaba cosas sobre mí. Salí de esa clase profundamente estresada, pero cuando Jasper apareció todo volvió a la normalidad. Me acompaño a mi siguiente clase, divertido con mis expresiones frustradas y haciendo de vez en cuando algún comentario al respecto.
Llegamos a mi salón, Alice ya estaba sentada, ella agito su brazo en el aire y Jasper sonrió, le hizo un gesto con la mano y se despidió.
— Bella, ya aparte tu asiento — Alice hacía señas señalando un asiento a su lado.


Reviews???

Por favor???... por favor... por Edward??

Capitulo 3: Edward Cullen
"— Edward Cullen — se inclinó sobre la mesa y me extendió la mano.
Voltee a verlo y me perdí por un momento en sus ojos, tenía un cierto brillo que me resultaba extrañamente familiar.
— Isabella Swan, solo Bella — enarcó una ceja y me dedico una sonrisa torcida.
Extendí mi mano para estrechar la suya y en ese momento una sensación de calor recorrió las puntas de mis dedos, me sonroje instantáneamente y sus ojos se ensancharon, separo lentamente su mano de la mía...
Y entonces mi mundo se empezó a venir abajo"


Atencion:
Visiten mis otros fics... por favor... por favor, por Edward!!!
Nessie tenemos que hablar
(en receso... por bloqueo cerebral) (perdon!)
Otros Besos (one-shot... o quiza no?)
Desiciones (nuevo!... serie de one-shots independientes)

ʍou ǝɟıן ʎɯ sı ʇɥƃıןıʍʇ
hany Cullen