Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Marvel.
Capitulo 3
—El mágico reencuentro.
—Con que reunión, ahora le decimos así.
Sí Raven logró escucharlo, obviamente lo ignoró. La música estaba sacudiendo las paredes. Una suerte que ninguno de los cuadros, máscaras o chucherías de su hermana, no se hayan desmoronado en el suelo a esa altura.
Charles, se limitó a mirar cómo era abandonado por la mujer de su vida y como un par de chicos de aire bohemio inundaban la cocina con humo de cigarrillos. Por favor, que sean Malpolvo.(*)
Definitivamente se sentía tan fuera de lugar, con su chaleco de muñeco y su camisa almidonada, que saltaría por la ventana de no ser porque estaban en el sexto piso. Y porque el seguro de vida por supuesto, terminaría por alimentar aún más, las estrafalarias fiestas de Raven.
Estaba buscando algún lugar, lejos de las risas y los tintineos de cerveza, cuando lo vio.
Oh, y que visión.
Ese… ese… ¿Ese era el tipo atractivo del subterráneo? ¿El modelo con personalidad horrible?
Okay, Charles. Compórtate.
No lo mires.
No lo mires.
Bueno, míralo. Pero disimula.
Alto. Ojos tremendamente preciosos. Camisa oscura, pantalones al tono. Chaqueta de cuero. Sagrado corazón de Jesús. En esas pintas, era aún más impresionante. Con esa boca podía gruñirle todo lo que quisiera, pensó Charles con las mejillas encendidas por su propio descaro.
Era atractivo. Más que eso. Sólo necesitaba pararse en la sala llena de gente de su hermana, para hacerlo sentir tan extraño. De nuevo.
Desde un poco más cerca, podía notar su boca, en un gesto recto. Interesante. Si continuaba su mirada, descubriría a que— o a quien observaba… pero por ahora, debía aprovechar para seguir contemplándolo. No dejas de contemplar una obra de arte, por mirar al decorado.
Fue cuando notó la mejilla hinchada, los nudillos rojos. Una pelea, que aparentemente no hizo más que darle ese toque rudo a su aura de hombre ogro. Charles estaba bastante mal de la cabeza, por encontrar aquello fascinante, pero no le podía importar menos.
¿Qué haría alguien como él, aquí? No aparentaba ser del ámbito del arte. No era algún cliente de la cafetería de Víctor. Tampoco amigo de Raven— Por favor, si ella tuviera un amigo así lo habría visto alguna vez en el sofá del departamento. Aquel pensamiento pareció acumular puntos en una cuenta imaginaria.
Oh, tenía el cabello un poco revuelto. Y había cierto perfume a… ¿Salsa? Eso sí era desconcertante.
Tan hipnotizado por descubrir al sujeto que permaneció en pensamientos intermitentes durante esas semanas en su mente, que sus pies tomaron el mando de todo su cuerpo. De forma tal que sin percatarse, acabo a menos de un metro de su espalda, mirándolo como un completo baboso.
Y fue cuando el cartel luminoso de "acoso" se encendió, que toda la alborotada cabeza de Charles dejó de pensar estupideces. ¿Qué estaba haciendo?
OH CARAJO.
ABORTAR. ABORTAR MISION.
Y como su suerte apestaba, justo cuando posaba sus pecadores ojos en ese trasero—¡No pueden culparlo, era casi automático!—Bueno, el hombre no tuvo mejor idea que voltear.
¡OTRA VEZ, NO!
—¿Se te perdió algo?
Esa voz. Dios, mátenlo. Estaba actuando peor que un adolescente de trece años. Charles no sabía a dónde meter la cara. Sólo sentía una especie de calor desde el interior de su cuerpo, como el camino de lava ardiendo desde las entrañas del infierno, ríos deslizándose justo sobre sus mejillas, en su cuello y provocando que las palmas de sus manos sudaran a mares.
Se moría.
Raven, esto era su culpa. Oh, juraba que vendría como un maldito espectro a joderla por el resto de su existencia. Haría pedazos cada maceta horrible que había decorado. Lo juraba.
—Entonces, esto de quedarte mirando gente es algún tipo de costumbre.
¡¿QUÉ?!
Sí alguien le hubiera dicho a Charles, que así terminaría la noche, luego de otro revote en una entrevista laboral, era probable que se hubiese negado y en ese momento, su yo alterno, el de las decisiones sensatas estaría en Queens comiendo helado, teniendo algún tipo de deprimente conferencia con Bruce y Tony, sobre lo poco genial que era ser adulto desempleado.
Pero no. Aquí estaba, indignado ante el hombre que estaba catalogándolo como voyeur o acosador.
Guapo, pero no para justificar semejante vergüenza.
—Tiendo a perderme cuando encuentro personas con horribles modales.
Chúpate esa.
—¿Modales? ¿Quién es el acosador aquí?
¡Hijo de…!
—¡No te estoy acosando, maldición! ¡Tú estás atravesándote en mi camino!
—Por supuesto. Por eso estabas acechándome por la espalda.
—No soy el que está en medio de una fiesta a la que no fue invitado.
Obviamente ambos estaban elevando el tono, como si fuera cosa de todos los días. Charles ardía de vergüenza y rabia, no retrocedería solo porque su dignidad necesitaba ser salvada. Y porque ese tono de señor superior estaba poniéndolo de mal humor.
Peor aún. El bastardo, no hacía más que mantenerle la mirada.
Era estúpidamente guapo.
—Bien. Como quieras, acosador.— Se encogió de hombros como si nada, y luego continuo buscando por encima de su hombro.— De todas formas, vine como acompañante.
Si Tony le viera, diría que en menos de un segundo, el niño bueno de Xavier se convirtió en la maldita niña del exorcista al girar el cuello de esa manera, para poder ver lo que el otro estaba buscando.
Casi se cae de espaldas.
Era una niña— ¡Una criatura de no más de diecisiete años, a cuanto mucho! Un vuelco en su estómago, lo indignó al límite.
—Eres un pervertido.
Su voz adquirió el sonido del hielo cristalizándose, antes de darle una mirada de pies a cabeza con total desagrado. Charles Xavier podía pecar de muchas cosas, pero jamás avanzaría a un terreno como ese.
Sin esperar respuesta— dudaba que algo sensato saliera de la forma en que el tipo se le quedo mirando, dio media vuelta con toda la intención de ir por su abrigo y marchar a casa. Suficientes decepciones en un día.
[•]
A ver, tiempo fuera. ¿Qué demonios acababa de pasar?
Erik trataba de retroceder y analizar cada palabra de la extraña conversación con el acosador del tren. Sí, ese hombre. El de la etiqueta de elegancia pegada a la frente y ojos malditamente azules, que parecía tenerle menos temor y más ganas de golpearlo. Intereante.
En serio ¿Qué, cómo, y por qué había llegado a eso?
Si era sincero, encontrarlo allí, en medio de ese nido de hippies, era la cosa más inesperada que le ocurrió en su vida. Incluso, era cercano al sentimiento del alivio. Ni siquiera estaba seguro si lo de segundos atrás, no había sido una alucinación inducida por todo ese jodido humo en la sala.
—¡Charles, si vas al armario, por favor trae esos sombreros de fiesta que puse en la parte de arriba!
La rubia que estaba gritando aquello por encima de la música y el gentío, era la misma que les abrió la puerta. Wanda no dudó en abrazarla y contarle de la aceptación en la universidad, todo con risa y chispas de cariño. Erik se sintió algo descolocado cuando fue presentado, con una sonrisa extraña por su hermanita a la mujer.
Raven Xavier, recordó. Estudiante avanzada de Artes escénicas y ayudante en el proyecto de Orientación a los novatos. A su juicio, la chica parecía lista, demasiado con esos ojos azules.
Oh. Ese fue un clic para el denso de Leshnerr. Más allá, en el pasillo que conducía al baño, el hombre del tren se desvanecía detrás de una puerta.
Así, que Charles.
—Bonito nombre.
—¿Quién?
Por poco Wanda le provoca una embolia cerebral. ¡¿Qué pasaba con ese sigilo?!
—Pensé que no estabas divirtiéndote… así que si quieres ir a casa, no tengo problemas.—Ella sonreía, con un destello malicioso que reconocería en la línea femenina de su familia.— Pero, a mi me gustaría quedarme un poco más.
Pronto los sistemas de hermano mayor sobre protector se pusieron a trabajar. De una sola pasada por la esquina de donde su hermana había estado hacia pocos minutos, divisó la amenaza. No le gustaba para nada.
—¿Qué es? ¿El sujeto del suéter rojo que no ha dejado de mirarte toda la noche? ¿O la chica de las mil pulseras?
Claramente su humor estaba fluctuando entre la molestia y la incertidumbre. El acosador, aún bailando en su mente con esos comentarios tan ridículos. ¿A qué se refería con lo de pervertido, ese enano insolente?
—Compórtate. Dijiste que serias agradable.
—No necesariamente, sólo civilizado.
—¡Hermano!
—¿Cuántos años tiene ese idiota?
—¡Vís no es de ese tipo de hombre!
Oh, por Dios. ¿Y cómo diablos sabía ella que tipo de hombre era realmente? Las mejillas rojas y la mirada baja, no estaban ayudando a su presión arterial. Su hermana lo haría cometer un asesinato.
—Es… no. Él… él sólo me ve como una niña. No tienes que preocuparte.
Aquello detuvo la ira. Erik frunció el ceño, antes de tomar con cuidado del brazo a Wanda para llevarlos a un lugar más privado. Moviendo a un par de idiotas de las puertas corredizas, encontró el balcón lleno de plantas más adecuado para hablar.
—Cariño…
Bien. Sí. Era un bruto con todo eso. Nunca supo manejar los momentos sentimentales. Aún con su madre y su predilección por oficiar de concejera sentimental sin título. Aún con Steve 'paciencia leyendaria' Rogers, como amigo. Quizás era momento de respirar y escuchar.
—Víctor tiene una cafetería en el centro, cerca del campus.— A pesar de que no había ningún hecho censurable, ella no elevó sus ojos al hablar. —Raven prepara muchas reuniones allí, para hacer recorridos y programas talleres. Yo… bueno, lo conoció allí, hermano.
Respira. Eso Erik, respira. Inhala, exhala.
—Es muy amable y educado.—Su tono se volvía dulce, al punto de que el pobre hermano, necesitaba afirmarse contra la barandilla del balcón, para soportarlo.—Ayuda a Raven para organizar espacios en su cafetería. Él… bueno, ama los libros y cuida de su padre enfermo. El negocio es de su familia ¿Sabes?
Era tanto el afecto en la voz de la castaña que no quedó más para el mayor que detenerla. Apenas procesaba toda la revelación, así que necesitaba controlar su carácter y no hacer o decir estupideces.
—¿Te confesaste, Wanda?—Con cuidado dejó salir la pregunta, esperando de todo corazón que la respuesta no acabara con su cordura.
Sin embargo, no necesito más que la cara granate y los labios a punto de hacer un puchero para unir los puntos. Mierda. Su hermana. Su hermanita bebé.
Erik acarició con ternura la cabeza llena de reflejos colorados, procurando transmitir su comprensión. Ella no necesitaba saber que se estaba muriendo por tener que enfrentarse a lo más aterrador para un hermano como él: verla como una mujer enamorada.
—No se lo digas a mamá, por favor. No soportaría oír sus planes. Pietro, lo prometió también.—Ahora sí que lo miraba, con cierta ferocidad por ser descubierta y ante la amenaza de ser regañada.
—Ni una palabra, cariño.
Ella por fin asintió, envolviendo a Erik en un abrazo sentido. Carajo, ¿Cuándo había crecido tanto? pensó.
—Me ofende que Pietro lo sepa. Pensé que confiabas en mí.
—Lo siento, de verdad… pero él oyó cuando habla con Ororo y pues, ya sabes. Alguien tenía que hacer sus estúpidos deberes de biología.
Ese pendejo. Oh, Erik pondría orden a esa cabeza revoltosa. Demasiado libertinaje. Tendría una seria charla con su hermanito.
—¿Crees que podría gustarle… alguna vez?
¿Por qué le ponían en esas situaciones? Erik tuvo que suspirar. Apartó con cuidado a la chica, para sonreírle con calidez.
—Si ese idiota no puede ver lo maravillosa y preciosa que eres, créeme, no vale ni un segundo más de tu tiempo, cariño.
Wanda a pesar de sus ojos acuosos, dio una sonrisa.
Nadie hacía sentir a su hermanita así. Ah, ese sujeto podía ir tomando su última taza de té, bastardo. ¡¿Cómo si quiera se atrevía a rechazarla?! ¡Le iba a enseñar a no despreciar a una Lensheer!
—Lamento interrumpir, pero Raven insiste en… Oh.
Y allí, para coronar la noche, el chico del tren.
Charles.
—Es increíble, ¿No tienes vergüenza?
Espera. ¿Qué?
¿Por qué ese enano le estaba mirando de esa manera? ¿Y qué pasaba con esos gorros de bonete ridículos que traía en sus manos, y en su cabeza?
—¿Se conocen?
Wanda se limpió disimuladamente los ojos, acción que no pasó inadvertida para el intruso. En serio, Erik comenzaba a preocuparse de encontrarlo cada dos por tres. Sobre todo con esas manera de increparlo que lo hacían temblar.
—¿Estás bien, cielo? ¿Te está molestando? Puedo sacarlo a empujones.
La expresión de Erik debió ser increíble, porque su hermana rompió a reír con entusiasmo. Al menos la pena por el amor no correspondido, se tomaba una pausa. La tensión de golpear personas, bueno, eso no.
—Él único que debería salir eres tú, Charles ¿Qué pasa con tus malditos modales?
Por supuesto que tan embalado en esos ojos azules que lo fulminaban, Erik ignoró deliberadamente el codazo de su hermana en las costillas. El antes clima fraternal, ahora parecía lleno de electricidad.
—No te preocupes, mi hermano puede ser algo arisco, pero es buena gente. En el fondo.
—Si tu lo dices, pero parece tan grosero como un… espera ¿Dijiste hermano?
Pocas veces Erik presenció algo así. Las suaves mejillas, se colorearon con tal rapidez y a tal magnitud que temió que el pobre chico explotara en cualquier segundo. Quizás llevaba un detonador entre ese chaleco oscuro, que se ceñía a su cuerpo. Oh, bonita cintura...
—Sí, te presento a Erik Lenshernn.—Claramente aquí, alguien no leía los ánimos.— Hermano, este es Charles Xavier.
Por unos segundos el único sonido, era aquella canción de Billie Eilish resonando contra los cristales. Charles, simplemente se mantuvo con la cara roja, los labios sellados y la expresión de perrito apaleado más devastadora que alguien haya contemplado.
—¿Estás bien?—Finalmente Wanda percibió la extraña tensión reinante.
—Lo está. Tiene la costumbre de quedársela viendo a las personas, cosas de británicos supongo.
Oh. Eso no iba a ponerse mejor.
Lo próximo que Erik supo fue que algo lo jaló hacia abajo, un fino elástico se filtró en sus cabellos y un gorro con motivos de gatitos era su nuevo sombrero. De repente había un par de dedos largos, enredándose en sus mejillas y pestañas espesas, mirándolo de cerca.
Pecas. Ojos de océano.
Cayendo dentro de ese azul.
Tuvo que parpadear para saber si todo estaba siendo real.
—Realmente, eres de lo peor, Erik.
Ese beso, en su mejilla tenía que ser una alucinación.
En serio. Esa pequeña boca roja, era demasiado suave.
Por favor. No podía perder la cabeza, por esos labios.
La expresión ahogada, luego los chillidos y pequeños aplausos de Wanda, justo detrás de él, quizás decían otra cosa.
Los preciosos ojos de Charles Xavier, simplemente escaparon como una estrella fugaz del cielo. El sonido de Ocean eyes, lo perseguiría desde ahora y hasta volver a tenerlo enfrente.
—Pequeño descarado.—Murmuro sintiendo que su pecho rebosaba de un enjambre de sensaciones.
Una noche, definitivamente, memorable.
[•]
Más allá, precisamente en la entrada del edificio, un abogado desempleado, corría bajando los últimos escalones, como si el diablo lo persiguiera.
—Estúpido, estúpido, estúpido. ¡Carajo, qué acabo de hacer!
Charles estaba al borde del ataque. Corrección, el ataque estaba al borde de un Charles. Sinceramente la situación era horrible, no existía hueco en la tierra para morir de una vez y Raven seguro lo reprendiera por dejar su adoraba fiesta.
Sin importar algunas miradas indiscretas, encontró el subterráneo.
Llegaría a casa, se metería en cama y no saldría hasta que el maldito sol se congelara. Y así, el bello rostro de Erik Lensherr, se desvaneciera de su locura. Al igual que todas las patéticas palabras que le había dirigido al hombre. ¡Hermanos! La vergüenza estaba retorciendo su pecho de nuevo.
—¡Bonito sombrero!
Aquel comentario y las risas de un par de adolescentes que descendían en una estación cualquiera, le trajeron a la realidad. Una muy penosa.
Girando para mirarse en el reflejo de las ventanillas, su rostro ardió al reconocerse.
¡Corriendo por las calles con un bonete de moñitos! ¡Frente a Erik!
¡Ya, tengan piedad!
[•••]
(*) La marca esta escrita mal a propósito... porque no voy a ser auspiciante. Y porque fumar es malo :C Que se ve cool, pero el cáncer de pulmón no lo es.
¡Buenas pollitos! Como ven esto sigue, asi que oficialmente van a ser cinco capitulos. ¡YAS! Creo me ensañe con el pobrecito Charles ¿Pero no es mono pasando vergüenza? XD Prometo muchas más miel a partir de aqui. Nuestros tortolos deben hablar un poco ¿No creen?
¡Muchas gracias por leer!
(ノ*ヮ*)ノ:・゚
