Capítulo 3:

Tal vez no durmió mucho pero logró descansar lo suficiente como para levantarse 11 en punto e irse a bañar, a afeitar y a tomar un desayuno mientras lee el periódico. Mientras se vuelve a cepillar los dientes, piensa en ella, escucha su risa y puede sentir de nuevo sus labios.

Se ve en espejo de cuerpo entero, no se le notan mucho las ojeras y como siempre su nuevo terno es impecable, su camisa negra lo hace ver maduro.

Puntualmente Edward baja a las 12, evitando a los paparazis, llega al auto y se van directo a la oficina.

-¿Edward, sabes que todo empieza a la 1 verdad?- pregunta Janine por el teléfono luego de darle una gritoneada por no haber contestado el teléfono en toda la noche.

-Estoy llegando, ¿ya están mis papás?-

-Si toda tu familia está aquí incluyendo a tus tíos preferidos- Vulturi, un dolor de cabeza. Sus primas eran geniales y siempre se había llevado muy bien pero con Aro y Marco era otra la cosa. Pura envidia porque la empresa Cullen tiene el triple de ganancia que la de ellos.

-Esta tarde va a hacer fatal-

Es el primer sábado de Diciembre, y como es costumbre se hace un almuerzo con todos los empleados, luego a eso de 6 empieza una recaudación de fondos para orfanatos y niños con enfermedades terminales.

-¿Traes acompañante?- la pregunta sorprende a Edward, Janine sabe muy bien que él no relaciona mujeres con negocios.

-Sabes que no, ¿Por qué preguntas?-

-Te olvides que te tengo un detallado informe de todos tus pasos Edward-

Bella, el pensamiento lo hace sonreír, fue un tonto en no pedirle su número si lo hubiera hecho podría haberla invitado a venir con él.

Edward termina de hablar con Janine y guarda su celular, abre la ventana para poder sentir el aire y ve algo que lo sorprende. A Bella con una señora. Ambas cargan muchas bolsas de ropas, atuendos costosos. La señora le dice algo a ella y Bella pone cara de incomodidad y eso es todo lo que Edward alcanza a ver. ¿Ese era Bella?, pero Bella vivía en los peores barrios de Nueva York, aunque él también notó que en la noche ella se supo desenvolver en el ambiente y que su ropa no se veía ni de segunda. Esta noche le preguntaría que se supone que significa lo que acababa de ver.

El carro se estaciona y tiene que bajarse quiera o no quiera.

Varios empleados los saludo y él les sonríe con sinceridad, la mayoría les cae muy bien.

Se acerca su familia y todos se saludan.

Primero están Rosalie y Emmett.

Emmett lo mira como lo ha estado mirando todos estos tres años, con agradecimiento y preocupación infinita. Rosalie, es Rosalie, una mujer maravillosa de pies a cabeza, hermosa en un vestido morado que realza su larga cabellera rubia.

Luego esta su prima preferida y su esposo, Alice y Jasper.

Alice quedó huérfana a los 15 y Esme con Carlisle se hicieron cargo de ella, en memoria de la hermana de Esme, Elizabeth. Ella conoció a Jasper en un concierto, él tocaba la batería y Alice no pudo despegar sus ojos de él. Jasper, con su terno plomo y Alice, con su vestido celeste se veían enamorados y felices después de un año de matrimonio.

Y por último, están Carlisle y Esme. Carlisle no paraba de hablar con todo el mundo, recordando con añoranza sus 30 años de trabajo y Esme conversaba con su gran amiga, Sue, la secretaria de su esposo por muchos años.

El almuerzo empezó con las palabras de Carlisle, quien siempre promovió los derechos para todos y hasta en los tiempos difíciles los empleados venían a trabajar con mucha disposición.

Se sirvieron platos que Janine escogió con mucho cautela, se puso música y todos salieron a bailar.

Edward se sentía muy incómodo porque varias señoritas lo miraban de forma no muy discreta y faltando poco para que el evento terminara, se retiré a la terraza.

Ahí se respiraba un aire muy limpio, se veía Nueva York entera. El único lugar de todo ese edificio donde se sentía tranquilo.

-¿Qué piensas hijo?- Esme Cullen avanza hacia él. Edward se voltea y le sonríe dulcemente a su madre.

-En nada- le dice él, Esme no se lo cree.

-Lo vi hoy, algo pasó-

-Janine te llamó-afirma Edward.

-Estaba preocupada por ti-

-¿Acaso no tengo derecho a salir a divertirme un rato?- Tenia 27 años, a esa edad sus papás ya tenían a Emmett y el ahora está casado y con dos hijos. ¿Y yo qué? ¡27!... ¡Y ni si quiera soy libre!

-Claro que si mi amor, eres joven y puedes hacerlo, pero debes avisarme-

Esto era lo que Esme temió desde que Edward tomó el cargo. Siempre supo que Edward no estaba hecho para una oficina, tal vez la compañía había logrado adueñarse de gran parte de Europa pero su hijo no lo valía.

-Entonces, te digo desde ahorita planeo salir todos estos días- el tono que usa Edward es duro, al segundo se arrepiente pero se siente frustrado.

-¿Tan serio es?- Buena pregunta. No se habían hablado desde ayer pero Edward sentía su corazón latir cada vez que pensaba en ella, mataría porque ya todo hubiese acabado y poder ir corriendo hacia ella.

-No tengo la menor idea pero sucedió demasiado rápido- esa fue la respuesta más sincera que pudo haberle dado a su madre.

-¿Me la presentarás?- la ilusión en los ojos de su madre no tenían precio.

-Ya veremos. Tengo miedo mamá- la abraza y Esme comprende a su niño.

-Solo sé tú mismo, si ella te ama de esa forma, ella es la indicada-

Salen abrazados de la terraza para continuar con la fiesta.

No estaba ni su prima ni su cuñada, ambos se habían ido a cambiar para la recaudación.

Alrededor de las 6, en la sala se había internado un ambiente tenso, esperando a los primeros hipócritas que llegarían a darle un beso a su familia, y a hablar mal de ellos a sus espaldas luego.

Increíblemente, sus tíos no habían hecho ni un solo comentario y se habían mantenido al margen.

Entran por la puerta principal Alice, con un vestido celeste con plateado que le quedaba maravilloso. –No hemos tenido tiempo de conversar, ¿Qué pasó con las ojeras?- Edward solo ríe y dice –Me salí a divertir un rato anoche- Alice lo mira fijamente y dice –No sé qué bicho te ha picado pero le preguntaré a mamá-.

Después entra Rose, quien cambió su vestido morado por uno azul corto. –Eddie, tienes una cara de querer salir de acá al instante- -¿Qué comes que adivinas cuñada?—No vuelvas a hacerle eso a Esme, estaba muy angustiada-.

La anfitriona de todos los años era Alice y como siempre todo iba muy bien. Por cortesía Edward tuvo que invitar a bailar a la hija de un odioso empresario y a la hija de una cantante famosa. Sonrió tanto que ya ni sentía su mandíbula pero si notó algo muy interesante, toda su familia lo miraba muy detalladamente, cuando tuvo que llamar a Janine, Alice no pudo evitar escuchar la conversación y a propósito tuvo que decir el nombre Janine fuerte. Luego cuando fue al baño, sospechosamente Jasper estaba ahí y lo miraba como si tuviera un tercer ojo.

Cuando el reloj dio las 11, Edward se levantó tratando de que no le vieran para llegar al auto que ya tenía estacionado afuera. Desgraciadamente, como siempre le pasa a él, su mamá no pudo evitar gritar a los cuatro vientos -¿Dónde vas, hijo?- y ahí estallaron las risas de parte de todos, -Ya me tengo que retirar mamá tengo otro compromiso- -¿Compromiso?, ¿escuchaste eso Emmett?- Emmett y Alice se empezaron a burlarse de Edward hasta que mi mamá se levantó y le dio un beso en la mejilla como despedida.

Logró cambiarse de camino al bar por algo más cómodo y guardó sus celulares en la guantera del auto le pidió a Jamie que, como ayer, los siguiera. Estaba más ansioso que un adolescente.