¡Ras! Apreto los dientes mientras una mujer con el pelo verde y tatuajes que parecen hojas en la cara, me arranca una tira de cera de la pierna, llevándose con ella el pelo que había debajo.

- ¡Lo siento!- canturrea con su estúpido acento del Capitolio-. ¡Es que tienes mucho pelo en esta zona!

¿Por qué hablan tan raro? Parecen silbar cada vez que pronuncian la letra ese. Me retuerzo otra vez cuando la cera está en mi piel, antes de que me dé el tirón. ¡Vaya tributo que estoy echo si me duele la hacerme la cera! Pero es que yo siempre me he sacado el pelo con la cuchilla, si hacía falta y si no me lo dejaba crecer como hasta ahora estaba. Soy un chico. No necesito que me depilen los muslos. Total ¿para qué? La miembro de mi equipo de preparación está mirandome detalladamente las piernas de arriba a abajo intentando atrapar a todo pelo que se le haya escapado, como proclamando: ¡Aquí estoy yo, pelos de Cato, para eliminaros! Me da yuyu solo de mirarla.

- Te tengo una mala noticia.- Me dice mientras acerca la cera caliente a mis partes nobles.

- ¡Creo que es mejor que no me des esa mala noticia!- le comento en plan de broma. Ella sonrie pero se sigue acercando a mí. Me llevó las manos a la cara y me la tapo para no ver nada.

Veinticuatro tirones y ya no siento mi piel tan preciada. Solo queda uno, me dice. Claro. Veinticinco, ese es el número del golpe de gracia. Siento la cera caliente y me asusto de que esta vez me voy a quedar estéril. Da unos pequeños golpecitos y tira. Se me saltan las lágrimas y rio de dolor. Me han depilado los brazos, las axilas, las piernas, el torso y la espalda pero esta es la parte que sin duda más duele.

- ¿Ves como no ha sido nada?- me dijo con ese alegre tono suyo.

¿Nada? ¿Nada? ¡Por Dios, que alguien me detuviera que la estrangulaba! Pero no llegé a estrangularla porque un hombre de aspecto más horrible todavía se presentó ante mí. Ese era mi estilista, Mateos. Había oído hablar de él en ocasiones anteriores pero no pensé que fuera tan feo. ¿Como es que la gente del Capitolio no se da cuenta del ridículo que hace disfraznadose así? Tiene las pestañas de por lo menos y sin exageración, diez centímetros color azul cielo con pequeñas "nubes" ensartadas en ellas, azules claro igual que su pelo que tambien tenía reflejos blancos.

- ¿Listo?- Me preguntó con una voz que parecía la de una rana croando. Yo asentí enérgicamente con la cabeza, él solamente sonrió.

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..-...

Me encanta mi traje. En serio, es lo mejor que podrían haber echo. No tengo ni idea que tiene que ver esto con la albañilería, que es el tema de mi distrito, pero me siento bien, me siento un Dios. Un Dios todopoderoso que emergía del mismo cielo. No me gusta mucho el tema de la falda, pero mi estilista Gracius me dijo que se inspiró en la antigua Roma para el traje y allí los reyes vestían así. Mi traje parecía oro y no me extrañaba que lo fuese. Cuando gane los juegos seguro que rifarán el traje por mucho, mucho dinero, y parte de este me lo quedaré yo.

Salimos a la calle para montarnos en el carro que nos llevaba. Genial entre el carro y mi traje parecía un romano de cargo importante y con las alas en la cabeza parecía superior. Y entonces apareció ella. No llevaba las alas en la cabeza todavía pero estaba hermosa. Le habían rizado el pelo y le caía en bucles por sus hombros y el vestido la hacía parecer una princesa. Me volvió a encandilar con una sonrisa y yo se la devolví extendiendole la mano para que subiera al carro.

- Has echo un buen trabajo Gracius.- Dijo la estilista de Clove guiñandome un ojo.

Era la misma chica que antes me había depilado por lo tanto me enrojecí un poco por la verguenza de que antes me había visto desnudo y eso. Pero Clove me seguía con la mirada y no creo que dudara en otra cosa que no fuera la atraccion entre su estilista y yo. La veía.., ¿furiosa? Me encantaba. Me encantaba verla celosa y muerta de envidia. Miré al frente. Pronto vimos a los otros carros que se colocaban en sus puestos. Uno se colocó delante de nosotros. Eran dos tributos rubios y rosas. A la chica le sentaba bien, pero un chico rosa no pega ni con cola, parecía que tenía pluma, tanta pluma como la que llevaba sobre los hombros. Se giraron un poco para ver a todos sus tributos y tambien nos miraron a nosotros sonriendonos.

- ¿Vamos a hacer una alianza con ellos?- Me preguntó Clove. Yo sonreí.

- No lo sé, son del distrito 1, deberíamos esperar a verlos combatir a ver que tal se les da,- dije acercandome a su oreja para que los del distrito hablado no se enteraran y notando a la vez el rubor de la muchacha a la que le estaba susurrando, por lo que añadi para cabrearla un poco,- a mi no me importaría estar formando una alianza con esa chica.

Me mordí los labios seductoramente y la chica del distrito 1 que me había oído seguro, se giró y me dirigió una mirada pícara. Yo le sonreí. Se volvió a girar y miró hacia delante pues la puerta se estaba abriendo. Miré fugazmente a Clove y vi que la chica tenía los ojos en blanco y estaba agarrandose al carro peligrosamente. Miré al frente y supe que lo había conseguido. Había conseguido ponerla celosa. Bueno así sabría que no solo ella puede estar interesada en mi. Este juego me estaba empezando a divertir y mucho. La puerta se abrió de un tirón y se dejó ver al montón de bichos raros sentados en las gradas esperando con ansia poder ver a los tributos de este año. Me parecía un tanto patético pero me gustaba que me vitorearan.

Ya llegados a la rotonda de la calle y evitando durante todo el camino mirar a mi compañera alzé la mirada para ver al presidente Snow dirigirnos unas palabras:

-Bienvenidos. Bienvenidos tributos,- repitió tras unos segundos como si no le hubieramos oído,- os damos la bienvenida. Aplaudimos vuestro valor y vuestro sacrificio.- decía mientras la audiencia bramaba y se enorgullecía como si fueran ellos los tributos.- ¡Felices Juegos del hambre!¡Y que la suerte esté siempre de vuestra parte!

Sí, felices. Van a ser unos juegos muy felices. Miro a mi compañera y ella me mira a mi y siento que el rencor por lo de antes no ha desaparecido pero tampoco esta tan enfadada como antes. No para todos van a ser unos juegos felices. Voy a ver morir a la mujer que amo. Eso es lo que llenaba mi mente en ese momento, más incluso que la chica esa que andaba en llamas por el pasillo. La miré unos segundos con mi típica mirada burlesca y ella tambien me miró, solo que un poco intimidada y se fué con el borracho de su mentor. Me quedé mirandola. Te voy a plastar, chica en llamas, ya lo verás, pensé para mis adentros. Clove tambien la miraba alejarse pero yo no miraba ya a la del distrito 12, sino a la preciosidad del distrito 2. Le pasé un brazo por encima arriesgandome a que me rechazara pero no lo hizo, sino que me sonrió con cínismo y me miró con su mirada de reto que tanto me gustaba.

- La destrozaremos y no quedará nada de ella.- Le susurré cuando se quitó el casco para poder tocar su melena con mi naríz y aspirar su fragancia a madera y flores. Creo que ese era mi nuevo olor favorito. Le quité el brazo de encima pues cualquiera podría estar viendonos.

Llegaron de la nada Scorpious y Gracius, nuestros estilistas, que nos felicitaron y aplaudieron. Luego nos llevaron a nuestras habitaciones situados en la segunda planta de aquel edificio. Eran enormes, tan enormes que podrían vivir mi familia y algunas más del pueblo, pero poco me importaba porque durante esta semana será mia y de Clove. La miro otra vez con disimulo para que no se de cuenta de lo que hago y la observó, mientras ella con la boca abierta me toma de la mano y me pide que registremos las habitaciones. Esta entusiasmada y yo lleno de adrenalina por el paseo en carro por el Capitolio y por el reciente apreton de manos de mi compañera, la cual se pide rapidamente el cuarto de la derecha el que está pegado al baño y tiene esas vistas impresionantes. Sé que la otra es igual o parecida pero por diversión acabo peleandome con ella por la habitación.

- ¡Muchachos! ¡Dejad de pelearos, guardadlo para la arena!- Me dijo Lloyd que acababa de llegar. Aquella frase me dejó pensando. En ningún momento quería que nos pelearamos de verdad, solo picarla, tontear con ella. Para romper el hielo cojo a Clove por la cintura y me la cargo encima y ella suelta un gritito.

- ¡Sueltame Cato!- Me grita ella y patalea pero en realidad no quiere que la suelte pues está de verdad feliz conmigo aunque nunca lo afirmaría.

Yo subo la mano hasta algo por encima de su muslo y ya provocada la llevo a su habitación donde la suelto y la dejó suavemente en el suelo. Ella me mira como queriendo más diversión y la habitación que yo le había robado, por lo tanto se hacerca a la puerta e intenta pasar pero yo me pongo por delante. Mido un metro noventa y cuatro es imposible que una chica como Clove sea capaz de pasar por un lugar tan estrecho como la puerta estando yo por delante. Forcejeamos y al final nos quedamos en una posición un tanto incómoda si no queremos repetir el beso del dia anterior. Ella tiene sus manos posadas en mi pecho y yo sobre su cintura. Para romper la tensión la apreto hacia a mí y le susurro al oído:

- La habitación es mia.

Ella sonrie y me da un suave golpe en el hombro y se queda en esa habitación. Cierro al salir y me siento satisfecho. La he tocado, me ha tocado, ha temblado y la he ganado. Todavía quiero saborear otra vez sus labios sabor caramelo de fresa pero como no puedo permitirmelo me quedo con esto. Llegé a mi habitación, me quité la camiseta y me eché en la cama dispuesto a dormir.

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Y aquí se termina el capítulo 3. Ya estoy escribiendo el capitulo cuarto de esta historia y lo publicaré próximamente, aunque ya que ahora no me puedo conectar a fafiction supongo que al final los acabaré subiendo todos de golpe. Por favor, dejame un review, por si te ha gustado o por si no, pero dejame uno que me motiva mucho para seguir escribiendo. Apuesto a que tendré un montón de faltas de ortografía así que te pido que por un review (y si quieres) me las corrijas, por que escribiendo en el WordPad no se te corrigen las faltas automaticamente. Muchísimos besos a todos los que leen este fanfic y

¡Qué empiezen los septuagésimo cuartos Juegos del Hambre!