*LOS PERSONAJES DE INUYASHA NO ME PERTENECEN, SON DE LA GRANDIOSA RUMIKO TAKAHASHI
**ESTA HISTORIA SE ENCUENTRA EN OTRA PÁGINA BAJO LA AUTORA KARY_0295, QUE POR CIERTO, ES MI PERSONA, POR TANTO NO ES PLAGIO, DECIDÍ COMPARTIRLA EN ESTA PÁGINA TAMBIÉN.
Gracias por sus comentarios, me alegra mucho que les hayan gustado los capítulos anteriores.
Favor déjenme saber si este les agradó también.
CONOCIENDO TU MUNDO
El día comenzaba, los pájaros cantaban, los habitantes de la casa se despertaban e iniciaban sus labores, sin embargo un Youkai de gran orgullo parecía una roca en un profundo sueño.
- Sesshomaru… - lo llamó Kagome un poco sorprendida y hasta podría decir que preocupada, ella jamás había visto a Sesshomaru dormir tan profundamente – ¡Sesshomaru! – ya estaba inquieta… hasta que abrió sus ojos dorados como el oro.
- ¿Qué ocurre Miko? ¿Por qué hueles a angustia? ¿Acaso vino el híbrido? – hablaba pero su voz era como si hubiese estado durmiendo por mil años…
- ¿Que qué ocurre? ¿Acaso no estás escuchando como hablas? ¿Te sientes bien? – Kagome se acercaba estando a la altura del Youkai que aún estaba sentado en el piso, su madre la veía desde la cocina junto a su hermano que tenía que ir al colegio, Rin aún dormía.
- Ignoro completamente la razón de tu preocupación, miko, deja de mirarme así… - a pesar de sus palabras el comprendía, hacía un par de siglos que no dormía como lo había hecho, incluso para él era extraño, sin embargo al haber estudiado el área y ver la tranquilidad de esa época, se dio el lujo de dormir como se debe, después de todo regresarían pronto a su acostumbrada vida en la era feudal.
- De acuerdo, te creeré… - Kagome se levantaba y se dirigía a la cocina a desayunar - ¿Tienes apetito? ¿Te gustaría probar lo que comerá Rin cuando despierte? – Kagome sabía cómo hacer que él diera su brazo a torcer, al ser Rin su protegida, cada cosa que provenía de sitio desconocido él la probaba antes, sólo por preocupación aunque no lo admitiese.
- Hmph – se levantó de donde estaba y caminó hacia el pequeño cuarto donde había un comedor y donde se encontraban Souta y su madre.
- ¿Desea un poco de jugo? – le preguntó la madre de Kagome, tranquila con una gran sonrisa.
- Sólo que no sea cítrico mamá, y dale a probar los pancakes sin sirope, no es amante de lo dulce… - decía Kagome con gran normalidad, su par de años con Sesshomaru, le permitían saber un poco de los gustos respecto a la comida de humanos, que sin embargo, aún repudiaba, pero con menos intensidad.
Sesshomaru sólo se limitó a tomar asiento, aquella mujer le hacía más fácil el tener que gastar sus palabras con su madre, que por cierto aún no sabía su nombre, solo el del chico hermano de la miko.
- Humana, ¿cuál es tu nombre? – pregunto a la madre de Kagome.
- Oh… me llamo Naomi, Señor Sesshomaru – le respondía mientras colocaba un plato con los pancakes y jugo de manzana frente al demonio.
- Naomi – repitió Sesshomaru mirando el plato cuando un olor desconocido para él, mezclado con una fuerte esencia a Rin, llegó a su nariz. Pero cuando estuvo por levantarse, unas manos lo detuvieron manteniéndole donde estaba.
- Rin ya despertó, ¿recuerdas que te dije que ella pronto entraría en una nueva etapa Sesshomaru? ¿Y que tú lidiarías con ello? - seguía con su manos sobre los hombros de él, pero su toque no transmitía miedo ni nada por el estilo.
- Recuerdo, déjate de rodeos, ¿qué le pasó a Rin? – se estaba alterando por la conducta de Kagome.
- Mamá, necesitamos ir a comprar ropa para Rin y… otras cosas… - ignoró completamente la pregunta de Sesshomaru, pocos se atrevían a tal falta de respeto ante él, sin embargo ella era una de esas pocas…
- Kagome… - sabía que al llamarla por su nombre le respondería.
- Cambio de vida, oh gran Lord Sesshomaru… como es que le dicen ustedes… a ver… ¡ah sí!... Rin está en su primer celo… - apretó el agarre sobre el hombro de él, en señal de que se mantuviera tranquilo.
- ¿Celo? Por suerte eso se presenta cada 6 meses, ¿no? ¿miko? – le preguntaba Sesshomaru, ya que así era en su especie, o al menos eso era lo que lograba recordar, nunca le había prestado atención, a pesar de sus siglos de vida, se consideraba un joven aún que no buscaba pareja.
- No – al fin soltó a Sesshomaru y se ubicó en una silla frente a él - a nosotras se nos presenta cada mes o luna, mi estimado Sesshomaru – sonrió.
-¿Qué? – su reacción fue de asombro, no sabía mucho de humanos, menos de sus ciclos reproductivos y ahora Rin pasaba por el primero de ellos… se encontraba sumido en sus pensamientos.
- Vamos Sesshomaru, ya mi mamá le dio un par de consejos y algo de ropa limpia para ir por algunas cosas al mercado, termina de desayunar, actúa como si no supieras nada, es algo… penoso para nosotras que se enteren que estamos en ese estado, más aún si eres primeriza– le guiñó un ojo y se levantó para servirle el desayuno a Rin.
- Bu-Buenos días, amo Sesshomaru –saludaba Rin a su amo, un poco temerosa, ella sabía que él tenía buen olfato y sabría que algo le estaba pasando.
- Come – la miró – Naomi quiere comprarte unas cosas e iras con la miko – tomo un sorbo de jugo.
- ¡Sí! – Rin se sentía aliviada por no tener que dar explicaciones de su estado a su amo, Sesshomaru sentía como se dispersaba el temor de la ahora Señorita Rin – Pero, ¿No vendrá con nosotras? – preguntó.
- Hmph – fue lo único que respondió, lo cual para ella, era un sí.
- ¡Qué Bien! – no cabía en su emoción.
Kagome había salido de la casa para darle un pequeño espacio padre-hija a Sesshomaru, pues después de tanto, eso eran.
Se dirigió al pozo para cerciorarse si aún funcionaba, se acercó y sí, estaba abierto, pero para estar aún más segura, se lanzó. Una vez estando del otro lado, verificó la barrera que había dejado, aún no entendía cómo había pasado Sesshomaru, si ella la hizo para que ninguna alimaña maligna o cualquier tipo de ser vivo pudiese llegar al pozo, a excepción de Rin… Pero su barrera había dejado pasar a más que una alimaña… dejó pasar a un orgulloso demonio completo… vaya… sin más que observar reforzó la barrera dándole un simple toque y regresó a su mundo.
- ¿Tanto quieres ver a esa basura de ser que dices llamar "prometido"? – Sesshomaru se encontraba sentado en las escaleras que bajaban al pozo dentro del templo.
- Para nada, aún tengo cosas que hacer… Ayúdame a salir de aquí… - a pesar de solo haber estado observando del otro lado, el estar aferrada a unas enredaderas le había cansado los brazos y le dolían un poco… - Bien, ahora confirmo que debo entrenar físicamente – En eso Sesshomaru con su velocidad demoníaca, ya estaba frente al pozo y con ambos brazos tomó a Kagome como si fuera un bebé y la sacó. – Gracias – le sonrió.
- Vamos por las cosas que quiere comprar tu madre – sin decir más salió del templo seguido por Kagome.
- Sesshomaru… - él se detuvo.
- ¿Y ahora? – olía ansiedad de parte de Kagome.
- No puedes ir así… - lo tomó por un brazo y él la miró incrédulo, cada día era más atrevida ante él - Hay que ocultar un par de cosas – puso su mano sobre las marcas de su brazo y estas desaparecieron al igual que sus garras, lo soltó para comprobar si entendía el mensaje.
- ¿Tengo que parecer humano? – dijo con algo de odio.
- Dejaré cierto rasgos, sólo quitaré las garras y marcas, nada más – lo miraba expectante – y respecto a la ropa, mi mamá tiene un atuendo para ti.
- De acuerdo, pero en cuanto lleguemos aquí de nuevo, me regresas a la normalidad y nadie, absolutamente ¡NADIE! Sabrá de esto o te desgarro miko – ahí estaba el imponente demonio.
- Sí, sí… claro… Señor Sesshomaru – apartó un poco la ropa del pecho de Sesshomaru, sin descubrir demasiado y una corriente pasó por su maligno ser.
Las marcas desaparecieron, dejando solo la piel pálida que lo caracterizaba, las garras se convertían en simples uñas de humano y sus colmillos se volvieron más pequeños, fuera de eso, todo en orden.
Kagome lo miraba, se veía extraño y no pudo evitar soltar una risita.
- Retráctate Miko… o te... –
- Me matas… sí lo sé, lo sé… jaja – Kagome no aguanto, pero antes que él hablara lo halo por su ropa y lo llevó de vuelta a la casa para que se cambiara.
Luego de unos minutos Sesshomaru, vestía un polo color turquesa y unos jeans negros, sencillo pero hacía más atractivo al Señor del Oeste, su cabello seguía plateado y sus ojos dorados, simplemente dirían que lo decoloraba y que usaba lentes de contacto, listo.
- Bien vámonos, decía Kagome mientras Rin tomaba su mano – ella vestía un pantalón que le llegaba sobre las rodillas una camiseta negra y un pequeño chaleco rosa, su cabello recogido en un moño alto. Mientras que Rin tenía puesto un short negro en "caso de accidentes" y un suéter verde claro, su cabello suelto, sólo que con una especie de tiara, en lo que respectaba a Sesshomaru.
Caminaron hacia el mercado, que no estaba muy lejos, además así Sesshomaru podría explorar el territorio fácilmente con sus sentidos.
En todo el camino y en sus entradas a los locales, Sesshomaru se mantuvo callado, pero no podía pasar por alto las miradas de todas esas mujeres, la fascinación en sus rostros, además de las veces que trataron de seducirlo, lo tenían al borde de querer matarlas a todas por su atrevimiento. Kagome se limitaba a verlo rodeado de damas y burlarse un poco de él por no saber qué hacer.
Habían pasado 5 años y sus amigos del colegio, según lo contado por su madre, ya no se encontraban en la ciudad, unos se habían casado y se habían ido a otros lugares, y otros fueron a estudiar al extranjero… todos se habían ido… todos a excepción de uno que por lo visto seguía preguntando por ella y para su mala suerte, venía en su dirección…
- Hola Higurashi – la saludaba Hojo.
- Hojo, ¿Cómo has estado? – ella le respondía con total naturalidad.
- Bien, ¿y tú? Me enteré que te comprometiste, pero no me han dicho nada de la boda – el joven se sonrojaba.
Sesshomaru se encontraba atento a la situación, aquél hombre tenía problemas con sus hormonas al estar cerca de la miko, tenía que saber de quien se trataba, pues Kagome lo trataba con mucha familiaridad.
- Kagome… - la llamó, sacando a la joven de la conversación.
- Oh… mira Hojo, te presento a Sesshomaru, un buen amigo que conocí en mi… ¿viaje? – su madre le había dicho a sus amigos que ella se encontraba viajando.
- Hola, mi nombre es Hojo – extendió su mano a Sesshomaru, quien la miro y luego repitió el gesto entendiendo que un saludo de los humanos, lo había visto a lo largo de su caminata por los locales.
- Sesshomaru, un gusto – miró a Kagome – veo que se conocen de hace mucho –
- Así es, íbamos a la misma escuela – respondió Kagome.
- Higurashi, disculpa la pregunta ¿Pero él es familiar de Inuyasha? Se parecen un poco – preguntaba un poco tímido el joven.
- Ah sí, son hermanos por parte de padre – respondió ella, sin mirar al demonio.
- Al parecer todos conocen al patético híbrido – pensaba cuando de pronto el agarre de Kagome lo sobresalto.
- Ya nos tenemos que ir, adiós Hojo – Kagome se llevo a rastras a Sesshomaru, quien volvió la mirada al joven y noto un deje de… ¿tristeza?
- Miko, ese hombre te quiere como su hembra – la miró.
- Ya lo sé, me sorprende que después de tanto tiempo no pierda la ilusión conmigo – hablaba Kagome sin detenerse.
- ¿Lo rechazaste por el híbrido? – demasiadas preguntas, ni él sabía por qué.
- Algo así – Kagome no le daba importancia al interés de Sesshomaru, quería llegar rápido a la heladería donde estarían Rin y su madre, se habían separado sin darse cuenta, por suerte Kagome llevaba consigo un móvil que su madre recién le había regalado.
- ¿Qué es ese artefacto, miko? – miraba como Kagome revisaba aquel trozo de plástico cada 5 minutos.
- Es un celular, Sesshomaru, en esta época es lo que se usa para comunicarse con personas que tengas lejos, probemos, llamemos a mi mama para que escuches a Rin – y así lo hizo.
- ¿Hola? ¿Mamá puedes pasarme a Rin? – miraba a Sesshomaru – Rin saluda a Sesshomaru.
- ¡Señor Sesshomaru! ¡Tiene que probar los helados, están deliciosos! – la niña estaba emocionada.
- De acuerdo – respondió Sesshomaru mientras miraba con incredulidad tal aparato.
- ¿Ves? Interesante verdad, Sesshomaru –
- Hmph –
Llegaron a la heladería y vieron como Rin disfrutaba de un gran helado de Cereza, lo saboreaba al máximo. Kagome pidió uno de vainilla para ella pero antes le dio a probar a Sesshomaru, quien disimuladamente olfateo lo que se ofrecía y dio una lamida al helado…
- Entrégame eso miko – ordenó.
Kagome entre sorpresa y satisfacción le entrego el cono a Sesshomaru, quien empezó a devorar el postre, quedando con algo de helado por las mejillas, a lo cual Kagome con una servilleta le limpió.
- Para ser todo un Lord, te embarraste como un niño, Sesshomaru – terminando de quitar la última pizca de helado de la cara del lord, se rio por lo bajo.
- No juegues con tu suerte, miko – se sentía indignado, pero tal manjar, lo había hecho olvidar sus modales.
- Kagome, hija, no molestes al Señor Sesshomaru, tú a veces haces lo mismo con el helado de chocolate – su propia madre la ponía al descubierto frente al lord.
- Mamá… no era necesario - la joven se sintió avergonzada.
- Vaya miko, también te comportas como cachorra – una leve sonrisa se vio en los labios del demonio.
- Cállate, no molestes odioso demonio – se sentía ofendida, comparada con una… cachorra…
Rin y la madre de Kagome rieron por ver la infantil pelea de la sacerdotisa y youkai más poderosos de la era feudal.
Sin más retornaron a la casa, y como se le hizo prometer, Kagome rompió el hechizo y las marcas, garras y colmillos volvieron.
Era hora de regresar, Kagome había comprado una mochila nueva, para sus viajes, ropa y cosas que solía llevar antes que el pozo se sellara; pero ahora no era la única que llevaba una enorme mochila, Rin llevaba la suya, con las cosas que Naomi compró con la aprobación de Sesshomaru, ropa, unos juguetes y cosas de aseo personal, entre otros.
Cenaron todos juntos, Souta veía televisión con Rin, Naomi estaba recogiendo los platos, Kagome en su habitación y Sesshomaru afuera junto al árbol sagrado, meditando o teniendo su momento de paz acostumbrado.
Se giró hacia la casa y percibió un leve rastro de Inuyasha que se dirigía hacia una ventana, suponía que era la de Kagome, siguió el rastro y se vio en el cuarto de la joven.
- ¿Sabes que lo que acabas de hacer es una violación a mi espacio personal? ¿Qué se te ofrece Sesshomaru? – Kagome no lo volteaba a ver, estaba sentada en el piso con los ojos cerrados.
- Sentí el rastro del híbrido y lo seguí – respondió.
- Así es, Inuyasha solía entrar por mi ventana – sin remordimientos contestó.
- Miko, ¿tú y el híbrido?... – vaya, su curiosidad se estaba saliendo de control.
- No, para nada, tengo dignidad, ya te lo dije, es más, ¿acaso no puedes oler mi pureza? – se giró para verlo.
- Hmph – desvió su mirada de la de ella, sentía que se había pasado de la raya, que dilema – disculpa… -
Kagome en un rápido movimiento se encontraba de frente al demonio y nuevamente le puso la mano sobre la frente.
- No, no me has purificado y tampoco te has equivocado de youkai – dijo divertido por la acción de la humana.
- Lo que acabas de decir me preocupa aún más – ladeó la cabeza.
- Ya deja de molestar – se acercó a su rostro – Miko… in-so-len-te – con eso le dio a entender que todo estaba en orden.
Ambos rieron. Kagome siguió acomodando sus cosas para el viaje mientras el observaba la luna desde el marco de la ventana, asistiéndola con su ayuda de vez en cuando.
Al día siguiente regresarían al pasado, debía admitir que había sido grato estar en ese lugar con tanta tranquilidad, junto a Rin y a Kagome.
